Capítulo 19: Medalla de honor.

Llameante estrella de fuego, brilla en el cielo
por las vidas de grandes hombres que están a tu lado.
Cuando la noche caiga nosotros cabalgaremos.
Ningún alma perdida vivirá por
siempre.
ZP Theart

Cabo Calavera, Isla de la Muerte, Protectorado de Costas del Cráneo. Han pasado tres días desde que los cañones y las bombas hicieran estremecer las olas frente a Cabo Calavera. Hoy, en el penúltimo día de su estadía en esta ciudad costera, las chicas y chicos de Monster High se prepararan para asistir a una importante ceremonia cívico-militar en el Castillo Rojo. Abbey y sus amigas se arreglan en el hotel, cada una luciendo sus mejores galas para un evento tan importante. La Sra. Wolf entra velozmente a la habitación a apresurar a las jóvenes; el autobús ya esta esperándolas y no deben llegar tarde a la cita.

— ¡Vámonos que se hace tarde! — les dice ella.

— ¡Ya vamos! — Le dice Frankie — Sólo falta Abbey.

— Por cierto ¿Dónde está? — Pregunta Draculaura — se está tardando y ya casi es hora.

— Aquí estoy — dice Abbey saliendo de su habitación.

— Wow. Es hermoso — dice Clawdeen al ver su vestido.

Abbey lleva un vestido tradicional de la cultura yeti. Un par de botas de pieles de yak blancas y adornadas con hilos multicolores calzan sus pies. Los calentadores, también de piel de yak, abrazan sus pantorrillas y una falda azul añil con motivos rojos y pequeños holanes en el borde se ciñe a su cintura y baja más allá de sus rodillas. Lleva también un cinturón de piel blanca bordada con hilos de colores y un cuchillo enfundado en cuero. La blusa va a juego con la falda, del mismo color y con bordados de figuras de dioses del hielo y las montañas. Un chal de lana tejida y bordada con distintos dibujos de la cultura yeti cubre sus hombros y un ushanka[1] blanco de la marina rusa remata su cabeza. Un par de aretes con forma de copos de nieve cuelgan de sus orejas y el cristal de crionita ocupa su respectivo lugar en el cuello.

— ¡Te ves increíble! — le dice Frankie al mirarla.

— Ser el vestido tradicional de mi aldea — le explica Abbey — Nosotras usarlo en fiestas importantes como el Bershkan.

— Vámonos ya — les dijo Cleo.

Las chicas subieron al autobús y partieron hacia el castillo sobre la colina. Todos los buques que habían logrado sobrevivir a la batalla estaban amarrados en los atracaderos o fondeados en la bahía. Eran casi las seis de la tarde cuando llegaron a la ciudadela. La ceremonia se celebraría en el patio principal, que había sido acondicionado para ello con sillas, toldos y un estrado para el presídium. Uno de los marineros que habían sido asignados a tal acto condujo a todo el grupo hasta el lugar en donde se ubicarían. Los hombres iban de un lado a otro en sus uniformes de gala blancos y poco a poco las tropas y el resto de los invitados a tal ceremonia iban reuniéndose en el jardín central del castillo.

Justo a las seis de la tarde con treinta minutos, el comandante de la MPTT, gran almirante John Cook, dio inicio a la ceremonia.

— Buenas tardes honorables miembros del presídium, tropas y personal civil que el día de hoy nos acompañan — Comenzó el oficial — Es para mí y para todos nosotros un gran honor reunirnos este día para celebrar el triunfo indiscutible de nuestras fuerzas armadas sobre los enemigos de la libertad, la igualdad y la fraternidad que el Tratado de Transilvania procura entre monstruos y humanos. Esta victoria no es más que otra muestra del gran esfuerzo que nuestras tropas hacen día a día para asegurar los derechos de todas las especies monstruosas del mundo. Este día será recordado en los anales de la historia universal como aquel en el que monstruos y humanos dimos un paso más en el camino hacia una sociedad más justa para todos. Invito a todos los presentes a ponerse de pie y descubrirse la cabeza para llevar a cabo la respectiva ceremonia de honor a nuestra insignia.

Todos los ahí presentes se levantaron y se pusieron en firmes dispuestos a entonar el himno de Costas del Cráneo, que es también el de la OTT. Ninguno de los monstruoamigos conocía la letra, pero guardaron el respeto que debían durante la ceremonia. Abbey prestó mucha atención a la lírica del himno, tratando de recordarla y guardarla en su corazón como un valioso tesoro.

La banda orquestal de la Marina ejecutaba la música y sus instrumentos de viento resonaban por todo el recinto como un canto glorioso a todos aquellos que habían luchado por la equidad y la libertad de los monstruos en el mundo. El himno terminó justo cuando la bandera negra de Costas del Cráneo, con la silueta de la isla de la muerte y una calavera en el centro, ondeaba en lo alto del asta del castillo y en todos los barcos de la marina que descansaban abajo en el puerto.

— Pero hay también muchas pérdidas que lamentar. — Dijo el contraalmirante Jones, quien tomó el micrófono cuando el himno terminó — Aquellos caídos en batalla serán recordados por su heroica epopeya en la memoria de las generaciones futuras y tendrán un lugar irremplazable en el santuario de la inmortalidad. Por ellos, y por las víctimas del cobarde atentado al pueblo de Cabo Tormenta, solicito un minuto de silencio a todos los presentes.

El mutismo que en ese momento inundó el gran patio central del castillo cayó como una ola dentro de una cueva marina. Ni siquiera el barullo de la ciudad llegaba hasta allá. Las chicas y chicos de Monster High callaron por un minuto, acompañando a Abbey en su propia pérdida. Cuando el tiempo se terminó, el almirante Mick tomó el micrófono y anunció:

— A continuación, como una ofrenda de honor a la lealtad, la 5a compañía de fusileros paracaidistas del 13er batallón de infantería, en coordinación con el acorazado Cipactli, ejecutarán una salva de honor.

El almirante se acercó a los soldados que estaban formados a un costado del patio, desenfundó su espada y saludó al capitán comandante de la compañía. Los dos oficiales se colocaron al lado de la formación y los soldados se prepararon para disparar.

— ¡Fuego! — ordenó el capitán de la compañía.

Abajo, en medio de la bahía, el Cipactli hizo detonar los tres cañones de su torreta no 1.

— ¡Fuego! — ordenó de nuevo el capitán.

Un segundo disparo retumbó potentemente por todo el patio. La segunda torreta del acorazado hizo fuego abajo en la bahía.

— ¡Fuego! — se ordenó por tercera vez.

La tercera torreta del Cipactli disparó y el estallido resonó por toda la ensenada de Cabo Calavera. Al terminar la salva de honor Mick regresó a su puesto en la mesa del presídium. El conde Dracula, presente en la ceremonia, se levantó hacia el micrófono y comenzó:

— Honor a quien honor merece. — Dijo el conde con solemnidad — El día de hoy estamos aquí no solo para recordar a aquellos que dieron sus vidas en nombre de la libertad y la igualdad para todos los seres racionales y sensibles de este mundo. Estamos también para honrar a aquellos que con valentía y heroísmo defendieron nuestros derechos frente a quienes osaron quebrantar la paz por la que tanto hemos luchado.

Un cadete de la Escuela Naval Militar se acercó al conde con una pequeña caja que al parecer contenía algo importante. El conde tomó una medalla de dentro de la caja de madera y se giró hacia el almirante Mick, quien ya lo esperaba de pie. El almirante lo saludó con su espada desenfundada, y el conde comenzó su discurso:

— Almirante Mick Thlan: — dijo con grandilocuencia — la medalla de la Orden de los Caballeros de la Oscuridad se concede por actos de valentía e intrepidez, con riesgo de la propia vida, más allá de la llamada del deber, estando en combate contra un enemigo de la Comunidad Monstruosa Internacional. Para un soldado de las Fuerzas Armadas de Protección al Tratado de Transilvania no puede haber una distinción mayor.

El conde le colocó la medalla en el pecho al almirante y éste lo saludó alzando su espada. La medalla consistía en una estrella de cinco brazos y diez puntas, teniendo cada brazo la forma de una flecha que apuntara hacia el centro de la estrella. Los rayos del astro eran rojos y en cada una de sus puntas había una perla blanca. Entre los brazos había ramas de laurel y arriba de la estrella estaba un murciélago que sostenía un ancla marina. En el centro de la estrella estaba también la figura de un murciélago grabada en altorrelieve en el oro que conformaba toda la condecoración. Luego de recibir la medalla, Mick tomó esta vez el micrófono y continuó con la ceremonia.

— Pero un héroe no es sólo aquel que blande una espada, empuña un arma o dispara un cañón. — Dijo Mick mirando a los chicos y chicas de Monster High y a los padres de familia que estaban presentes ese día. — Un héroe es aquel que permanece de pie hasta el último minuto, y hace lo correcto sin importar lo adversas que sean las circunstancias que le rodean, permaneciendo al frente de cualquier batalla hasta su último aliento.

Un cadete se acercó a Abbey y le indicó que ya era su turno. La chica se levantó con orgullo y caminó hasta el estrado con gallardía y determinación.

— Abigail Bominable: — dijo Mick mientras sostenía una medalla en su mano — la Cruz de la Orden de la Sangre se concede a aquellos héroes civiles que desempeñen los más altos y puros valores de la tradición militar en tiempos de guerra y paz; aún estando fuera de las filas de las fuerzas armadas. Para un ciudadano de la Comunidad Monstruosa Internacional, es uno de los más grandes honores a que se puede aspirar.

El almirante le entregó la medalla a la muchacha y ella la prendió en su pecho, justo al lado de su corazón. Aquella medalla no era solo para ella, era también para su hermana y para su pueblo, quienes le habían dado el coraje necesario para librar aquel combate. Abbey bajó del estrado y recibió un cálido abrazo de parte de sus amigas, que la esperaban abajo.

Pero había otra medalla más en la lista de condecoraciones de aquel día. El Sr Stein subió al estrado y saludó a Mick mientras éste le entregaba otra condecoración como la de Abbey. Su esposa y su hija lo miraban con orgullo desde abajo y lo saludaron cuando recibió la Cruz.

— Felicidades ingeniero — dijo Mick.

— Gracias almirante.

El Sr Stein bajó del estrado y se reunió de nuevo con Frankie y con Viveka. Ambas le dieron una felicitación y volvieron a sus lugares. Un grupo de cadetes de la escuela naval entró y se formó justo delante de los chicos de Monster High.

— De la misma manera — dijo el almirante — Se entrega la Estrella al Valor Civil a cada uno de los monstruos que defendieron con valentía a la ciudad de Puerto Escorpión del ataque de los Cazadores.

Conforme los cadetes iban entregando las medallas a los chicos, el almirante iba pasando la lista:

— Dana Jones, Francesca Stein, Venus McFlytrap, Lagoona Blue, Operetta Leroux, Spectra Vondergeist, Rochelle Goyle, Robecca Steam, James Warren, Heath Burns, Jackson Jekyll, Deuce Gorgon, Ronald Reynolds, Maurice Deadovitch, Ada Zimmer, Clawdeen Wolf, Ghoulia Yelps, Laura Dracula y Cleopatra de Nile.

Al caer ya la tarde la ceremonia terminó y los monstruos se quedaron a contemplar la puesta de sol desde el alcázar del castillo. Todas las chicas querían ver la medalla de Abbey, así que ella accedió a mostrárselas junto con el reconocimiento enmarcado que le dieron con el galardón.

Clawdeen la miraba atentamente junto con Cleo. El oro del que estaba hecha llamaba la atención de ambas chicas, a la vez que les despertaba una ligera envidia. Se trataba de una cruz de malta con láminas de rubí rojo incrustadas en cada brazo. En las aristas tenía perlas y entre los brazos había ramas de laurel. El brazo superior estaba coronado por un murciélago y en el centro de la cruz había un círculo dorado que en su interior tenía una piedra de rubí con la forma de una gota de sangre. "Valor" se leía dentro del redondel.

— Es magnífica. — Le dijo Frankie mientras la miraba — Te mereces eso y más.

— Gracias — le dijo Abbey.

— Oiga, — le dijo Clawdeen al almirante — si el Cipactli es tan poderoso como usted dice ¿cómo es que lograron hundirlo?

— Oye, — le dijo él — fueron once torpedos y ocho bombas ¿acaso tu casa resiste eso? Es tan hundible como el Titanic, pero es completamente indestructible.

— ¡Estas fueron las mejores vacaciones de mi vida! — Le dijo Spectra a Operetta — ¡Tengo ya la historia más grande que jamás haya publicado!

— Cuéntele al mundo del heroísmo del que fuimos testigos y partícipes — le dijo el contraalmirante Jones.

— Felicidades, marinera de agua dulce. — le dijo Dana a Abbey, dándole un cálido abrazo.

— Gracias — respondió la yeti con una sonrisa.

— ¡Adiós chicos! — les dijo Dana antes de dejar el castillo. — ¡Nos vemos!

— ¡Adiós Dana! — Dijeron a coro — ¡y gracias por todo!

— ¡A ustedes también! — Contestó ella — ¡Son la mejor tripulación con la que haya navegado!

La chica pirata se retiró del castillo y volvió al Holandés Errante con su padre.

— Aún debemos hablar de lo que hiciste con el Cirein-cròin ¿eh? — le dijo Jones a su hija mientras se retiraban.

— ¡Pero si recibí una Estrella! — le dijo ella como tratando de evitar el regaño.

— Hablaremos cuando lleguemos al barco jovencita. — le dijo él.

— ¡Papá!

Abbey los vio alejarse por la calle y luego miró de nuevo al horizonte. El dorado del sol bañaba toda la ciudad y la hacía resplandecer como un tesoro: un tesoro que ella había ayudado a proteger.

— ¿Y bien? — le dijo Mick acercándosele — ¿Ya tomó su decisión?

— Sabe, almirante, — le dijo ella con un suspiro — yo pensar bien lo que suceder los últimos días y creo que necesitar algo más de tiempo para elegir mi camino. Hay momentos en los que yo pensaba que muerte de mi hermana ser la única causa por la que yo querer entrar a la Marina, y ahora que eso ya acabó… no lo sé.

— Tome todo el tiempo que necesite, timonel; — le aconsejó Mick — aunque si me lo permite: a la marina le hacen falta monstruos como usted. Realmente me gustaría un día verla en un barco a su mando hacerse a la mar.

Abbey seguía sin despegar la vista del horizonte. Veía al Cipactli descansar plácidamente amarrado a las aguas de la ensenada. Entonces, como un recordatorio o un indicio del destino, volvió a sonar en sus oídos el latido del corazón de aquel barco que ahora era como un ángel de acero para ella.

"Boom-boom"

— ¿Sabe qué? — Dijo ella volteando a ver a Mick — ¡Olvídelo, yo enlistarme hoy mismo!

El almirante la miró con una sonrisa, la saludó militarmente y le dijo:

— Según nuestra posición…

Abbey completó la frase y respondió el saludo:

— ¡Todos, sin excepción!

Notas del autor:

1.- Un Ushanka es un sombrero de orejeras flexibles, hecho de piel y altamente relacionado con el folclor ruso.

2.-Si el lector desea ver una imagen de las medallas puede visitar mi perfil y usar los hipervínculos que aparecen en la sección "Galería de imágenes".

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¡Hey! ¡Esperen, esto no se acaba hasta que se acaba! A continuación están el Epílogo y los agradecimientos especiales.