-¿Piensas en un futuro conmigo?- Preguntó Regina muy sorprendida.
-Sí- Contestó con simpleza la mujer pasando la mano por la mejilla de la morena para que girase su cara y la mirase a los ojos.- Sé que es demasiado pero la última vez que me enamoré sufrí como nunca pero no por eso quiero pensar que eso se volverá a repetir. No quiero presión ni expectativas pero me gustaría tener ese futuro en mente.- Dijo entonces Emma besando suavemente los labios de la morena con un cariño infinito.
-¿Cómo eres tan madura?- Preguntó entonces Regina sorprendida al oírla hablar de esa forma y a la vez se sentía cómoda con todo eso.
-No soy una de tus alumnas veinteañeras, Regina.- Dijo la rubia casi en tono de broma.- He vivido mucho y sufrido también.- Dijo entonces de nuevo Emma dándole un beso en los labios dulcemente.
-Las dos hemos sufrido.- Aseguró entonces Regina cogiendo las manos de la rubia para relajarse un poco.- Sé que le he puesto muchos obstáculos a nuestra relación pero ahora estoy cansada de luchar contra esto.- Dijo entonces la morena tomando las riendas de la situación.- Quiero esto y lucharé por ello, no quiero decir que eso sea fácil. Tengo muchos fantasmas que espantar y muchos miedos que superar pero me gustaría hacerlo, o intentarlo por ti, por David y por mí. Creó que me merezco una segunda oportunidad y deseo que sea contigo.
-Será conmigo.- Aseguró entonces Emma besando apasionadamente a la morena.
Emma tiró de Regina y ambas cayeron en la piscina. Regina comenzó a reír a carcajadas mientras que Emma se deshacía de la bata que estaba empapada para después comenzar a besar de nuevo sus labios y su cuello, estaba cómoda haciendo eso. Deseaba muchísimo estar con la morena pero a la vez un miedo irrefrenable la hacía detenerse antes de continuar. No lo entendía pues ya había aceptado sus sentimientos para con la morena pero no podía dejar de pensar y eso la refrenaba. Volvía a la última vez que había estado con alguien y eso le provocaba un pánico irrefrenable que ni ella comprendía.
-No tenemos prisa.- Le murmuró la morena al notar la batalla interna que estaba librando la rubia.
-Gracias.- Dijo Emma nadando junto a la morena hacía una de las esquinas de la piscina para sentarse en un pequeño banco que había allí.
-Quiero que esto se haga bien.- Aseguró entonces Regina sentándose a la espalda de Emma para poder abrazarla.
-Se hará bien, conseguiremos que nos vaya bien.- Dijo Emma convencida disfrutando del abrazo de la morena.
-Prométemelo.- Murmuró Regina demostrando una debilidad que Emma nunca había visto en la morena.
-No puedo prometerte que sea fácil pero sí que voy a luchar por ello.- Dijo Emma pasando sus manos por los muslos de la morena intentando reconfortarla.
-Sabes siempre lo que debes decir, Emma Swan.- Aseguró Regina dándole un beso en la mejilla.
-Es parte del encanto, Swan.- Dijo en tono irónico la rubia sin poder esconder su gran sonrisa.- Ya vuelvo.
Emma salió de la piscina rápidamente y corrió hacía donde estaba su ropa, su móvil había empezado a sonar. Regina se quedó dentro del agua mirando como la rubia sonreía y hablaba por la forma de hacerlo estaba casi segura de que era la madre de Emma la que estaba al otro lado de la línea.
Emma colgó el teléfono unos minutos después y volvió corriendo hacía donde estaba la morena y tras meterse en el agua se volvió a colocar entre sus brazos para sentir esa paz.
-¿Quién era?- Preguntó Regina más por sacar un tema de conversación que por curiosidad.
-Mi madre.- Dijo Emma confirmando la idea de la morena.
-¿Le pasa algo?-Preguntó entonces Regina dejando besos sobre los hombros de la rubia.
-Creo que quería saber si estaría sola con James esta tarde.- Dijo sin darse cuenta de eso hasta ese momento. - ¡Mierda!- Espetó totalmente perdida en sus pensamientos.
-Esa lengua, Swan.- Le regañó Regina que seguía con sus caricias.
-Mi madre y ese hombre…. Joder…- Dijo de nuevo separándose un poco del cuerpo de la morena con cara estupefacta.
-Por dios, Emma no es tan grave.- Aseguró Regina sonriendo al ver la cara de la rubia.
-Claro que es grave… es decir, no es grave pero si algo… ¡Dios!- Gritó entonces bastante molesta.
-Emma es normal que tu madre quiera intimidad con ese hombre. Además parece una gran persona, no tienes que preocuparte.- Dijo entonces Regina cogiendo a Emma de nuevo para pegarla a su cuerpo de nuevo.
-Supongo…- Dijo sin más relajándose al notar de nuevo sus brazos alrededor.
-Te puedes quedar aquí esta noche.- Soltó Regina sin pensarlo demasiado.
-¿Qué propone profesora?- Preguntó Emma pícaramente.
-Cena, película con tu hijo y una buena copa de vino.- Dijo entonces Regina dándole un beso en la mejilla y apretando el abrazo.
-Me parece un buen plan aunque lo de que James pase la noche en mi casa no sé si me hace mucha gracias.- Dijo medio en broma medio en serio la rubia.
-Déjale un poco de espacio a tu madre.- Soltó Regina enternecida al notar la molestia de la rubia, que realmente no era sino la muestra de que se preocupaba por su madre.
-Eso haré, cuando salgamos le mandaré un mensaje.- Dijo Emma relajándose un poco.
-Así me gusta que te relajes un poco.- Soltó la morena pasando sus manos por el abdomen de la rubia para después besarla tranquilamente.
-Así no me estoy relajando mucho.- Dijo Emma notándose cada vez más excitada por los movimientos de la morena.
-¿A no?- Jugó un poco la morena bajando sus besos al cuello.
-No.- Murmuró Emma girándose rápidamente para unir sus labios con los de la morena.
Emma estaba totalmente desatada, había olvidado todos sus miedos y se había dejado llevar, las suaves manos de la morena le provocaban esas sensaciones. Emma besaba los labios de Regina con pasión y devoción, sus lenguas jugaban intensamente y sus cuerpos se calentaban rápidamente.
Regina pasó sus manos por la espalda de la rubia hasta llegar a su culo, una vez que puso sus manos en él Emma se dejó abrazar apretando el cuerpo de la morena con sus piernas. Regina mantuvo sus manos allí mientras Emma se enganchaba al cuerpo de Regina. Las dos gemían y disfrutaban de sus movimientos. Emma sabía que no sería capaz de llegar a más, pues a pesar de haber dejado a un lado sus miedos en beneficio de esa preciosa mujer que tenía enfrente, Regina no le iba a permitir seguir. Notaba como la morena se reprimía para no presionarla.
-Mami.- Dijo entonces David apareciendo en la piscina con los ojos entrecerrados.
-Cariño.- Soltó entonces Emma alejándose de los labios de la morena pero sin separarse de ella.
-¿Puedo bañarme?- Preguntó entonces David bastante tranquilo.
-Claro, quítate los pantalones.- Dijo entonces Emma viendo como David se quedaba en calzoncillos.
-¿Ya puedo?- Preguntó acercándose a las dos.
-No llevas manguitos así que te tengo que coger.- Dijo Emma acercándose al bordillo para cargar a su hijo.
-Vale.- Contestó él mirando a Regina y sonriéndole.
David se bajo lentamente y se dejó caer sobre los brazos protectores de su madre mientras que Regina se alejaba un poco. A pesar de sentirse bien no le gustaba interferir en esos momentos madre e hijo. Emma se percató entonces de ese movimiento y se volvió a acercar a ella.
-No hagas eso.- Aseguró entonces la rubia viendo como la morena alzaba una ceja.- No te alejes de nosotros.- Dijo mirándola fijamente a los ojos antes de darle un suave beso en los labios.
-¡Qué asco!- Espetó David haciendo una graciosa muesca que hizo reír a ambas.
-Espero que sigas pensando eso dentro de unos años.- Dijo Emma dándole un beso en la mejilla al niño.
-Caro que sí.- Aseguró el niño entonces.
-Claro, cariño, se dice claro.- Le corrigió Emma.
-Eso.- Dijo él sin más.- ¿Vamos a pintar? –Le preguntó entonces a la morena que asintió con la cabeza.
-¿Quieres aprender a nadar?- Preguntó entonces la rubia que no quería dejar la piscina tan pronto.
David asintió contentó y comenzó a patalear rápidamente para no hundirse. Emma sonreía al verlo esforzarse por hacer las cosas bien. Regina estaba algo asustada pero se alegraba de encontrarse cerca de ellos.
-Ven aquí.- Le dijo Regina abriendo sus brazos para recibirlo.
-Voy.- Dijo él que nadaba como un perrillo seguido de cerca por Emma para evitar que se hundiese.
-Muy bien.- Soltó Regina al verlo llegar a sus brazos y abrazarse a su cuello.-Eres muy bueno. Ahora en dirección a mama.- Dijo la morena soltando el niño para ayudarlo a nadar un poco más.- Cierra la boca que tragas agua.
David obedeció a Regina y cerró la boca para alcanzar a Emma sin tragar agua. El niño pataleaba fuertemente salpicando mucha agua pero conseguía no hundirse que era el objetivo.
-Un poco más.- Dijo entonces Emma que le tendía las manos para que se agarrase cuando llegase.
-Voy.- Dijo David y en ese momento dio un gran trago de agua y comenzó a toser fuertemente.
Regina fue la primera en cogerlo, se sobresalto al verlo toser y hundirse levemente. La morena lo cogió en sus brazos y lo llevo al bordillo donde lo sentó para después salirse ella también y sentarse a su lado dándole unos cuantos golpes en la espalda para que soltase todo el agua que había bebido.
-¿Estás bien?- Preguntó Emma que seguía en el agua pero a los pies del niño.
-Sí.- Contestó él ahora mucho más tranquilo.- Sólo he bebido un poco de agua.- Soltó haciendo que Regina sonriese.
-Me has asustado.- Dijo Regina pasando su mano por la espalda del niño.
-Lo siento.- Se disculpó realmente apenado por ello.
-No tienes que sentirlo, no es tú culpa pequeño.- Dijo Regina volviendo a meterse en el agua cogiéndolo y abrazándolo suavemente.
Emma se había quedado embobada al ver la interacción entre Regina y su hijo. Ambos parecían cómodos con la presencia del otro y eso le llenaba el corazón de felicidad, esa compenetración haría todo mucho más fácil.
-David… -Murmuró Emma acercándose a ellos lentamente.- ¿Te quieres quedar a dormir?- Le preguntó viendo la cara de preocupación de Regina.
-¡Sí!- Gritó entonces el niño abrazándose al cuello de la morena.- Quiero dormir aquí.- Persistió él.
-Entonces pídele permiso a Regina para quedarnos.- Dijo Emma guiñándole un ojo a la morena.
-¿Nos podemos quedar?- Preguntó mirando tiernamente a los ojos de la morena.
-Claro que sí.- Dijo entonces Regina notando el abrazo del niño en su cuello.
Los tres pasaron un rato más en la piscina divirtiéndose y riéndose tranquilamente. David cada vez estaba más cómodo y feliz con Regina y el pequeño enfrentamiento de unos días anteriores estaba totalmente olvidado.
-Deberíamos salirnos.- Dijo entonces Regina.- Mira.- La morena cogió la mano de David y se la enseñó para que la viese.- Estas arrugado como un garbanzo.
-Es verdad.- Confirmó el niño riéndose.
Emma seguía nadando tranquilamente ajena a la conversación que tenían ambos morenos. La rubia llevaba más de media hora nadando mientras los otros dos jugaban y charlaban. La joven disfrutaba enormemente haciendo ejercicio y no todos los días tenían la oportunidad de hacerlo en una piscina.
-Emma.- La llamó Regina pero no la escuchó.
-Mama esta sorda.- Bromeó David entonces.
-Eso parece. Vamos a salirnos nosotros y luego que lo haga ella, ¿Te parece?- Le preguntó Regina acercándose hacía la escalera.
-Vale. – Dijo él saliéndose del agua.- Tengo hambre.- Añadió una vez que los dos estaban envueltos en una toalla.
-¿Qué quieres comer?- Preguntó entonces Regina secándole la cabeza al niño.
-Pizza.- Gritó el contento.
-Está bien, pizza.- Confirmó Regina a pesar de que esa no era la mejor opción para ella.
-¿Por qué os habéis salido?- Preguntó Emma que se había dado cuenta en ese momento que está sola en la piscina.
-Estamos arrugados.- Contestó David enseñándole la mano a su madre.
-Puedes quedarte un rato más si quieres, nosotros nos cambiaremos e iremos a pedir pizza.- Aseguró entonces Regina con una sonrisa en su cara.
-Ven aquí.- Dijo Emma acercándose al borde.
Regina miró a David y este se había distraído por lo que ella se agacho para quedar a la misma altura de la rubia que unió sus labios con los de la preciosa morena.
-Quédate si te apetece, yo me hago cargo de David.- Dijo entonces Regina separándose un poco de los labios de la morena.
-No pasa nada, me salgo y os ayudo.- Aseguró Emma sentándose en el bordillo de la piscina para poder mirar a Regina a los ojos.
-No te preocupes. Yo me ocupo de David, pediremos pizza y pintaremos.- Dijo entonces Regina dándole un beso.
-Gracias, la verdad es que hacía mucho tiempo que no hacía deporte.- Aseguró Emma con una sonrisa.
-No lo parece.- Dijo Regina pasando sus dedos por la barriga tonificada de Emma antes de levantarse y salir con David de la piscina.
Emma se quedó sonriendo, estaba totalmente encantada con esa pequeña rutina que se había instaurado entre los tres. Regina era cariñosa y preciosa lo que a Emma la tenía totalmente cautivada.
Regina cambió de ropa a David para después cambiarse ella. El niño estaba contento de poder pasar la noche allí, le encantaba estar con la morena. Tras pedir la pizza se marcharon al que era el despacho de la morena para poder ponerse a pintar tranquilamente.
Espero que os estén gustando estos momentos juntos. Quiero compensar la espera.
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