Clasificación: M


Traición

::


Él sabía que algo andaba mal. No tenía pruebas ni tampoco a alguien que le dijera algo concreto, simplemente su instinto le estaba advirtiendo que algo no estaba bien.

La mansión Vongola estaba en silencio a pesar de ser medio día, a lo mejor era por eso que se sentía tan inquieto. No había gritos, plegarias o disparos que se lograran escuchar. Podría decirse que el ambiente era tranquilo. La calma antes de una tormenta.

Cuando entró al comedor, vio a sus compañeros sentados en la mesa. Algunos estaban comiendo, otros leían o escribían sus reportes de misión. Nada fuera de lo común, tristemente.

Así que cuando se sentó para comer la sopa ya servida, se fijó en el asiento vacío que estaba frente a él. Nadie había salido de la mansión el día hoy. Sintió su sangre helada y bajó la cuchara antes de siquiera probar el alimento.

―¿Dónde está Chrome? ―preguntó Mukuro sonando algo preocupado.

Gokudera, quien se encontraba sentado en la silla enseguida de la cabecera con una taza de café a un lado mientras se encontraba escribiendo, alzó su vista para mirar a Mukuro.

―Creímos que estaba contigo―fue lo que contestó con voz seria.

Todos dejaron de hacer lo que sea que estuvieran haciendo y miraron al ilusionista. Normalmente, Chrome y Mukuro siempre se encontraban juntos cuando estaban en la mansión.

―No la he visto desde anoche―siguió Mukuro y luego se llevó una mano a su cabeza―No está en su habitación, por lo que supuse que ya había llegado aquí.

Mierda.

―No... ¿N-no creerán que...? ―tartamudeó Lambo sin siquiera lograr terminar la oración.

No hacía falta, la verdad, pues Mukuro mostró un rostro de espanto al interpretar lo que Lambo quería decir y salió corriendo del comedor, siendo seguido por Ryohei y Yamamoto. Haru ya se había puesto de pie también, pero Gokudera se le adelantó primero y se puso frente a la puerta.

―Ustedes quédense aquí―les ordenó el Guardián de la Tormenta y cerró la puerta con fuerza.

Mukuro iba a toda prisa por toda la mansión, abriendo puerta por puerta y esperando encontrar a Chrome en alguna de ellas. Él sabía que algo andaba mal y odiaba tener razón.

Cuando abrió la puerta de aquella habitación a la que tenían prohibido acceder, un grito quedó atorado en su garganta y lo único que pudo hacer fue abrir lo más que pudo sus ojos y apoyarse en la perilla de la puerta para no caerse de rodillas.

―¿Qué parte de "no pueden entrar aquí" no es lo que entienden? ―preguntó Tsuna sonando algo irritado.

El castaño estaba sentado en una silla recargada a la pared, con una botella de cerveza en una mano mientas que en la otra tenía un cuchillo. La cama de la habitación estaba cubierta de sangre y había un cuerpo en un estado similar ahí.

―M-Mukuro...

De la boca de Chrome, brotó algo de sangre antes de que lograra articular otra palabra. Mukuro reaccionó entonces y fue hasta la chica, desatándole las manos y comenzando a hablarle en voz baja.

―Está bien, está bien―le decía el ilusionista. Aquellas palabras eran más para él que para la chica―Te sacaré de aquí.

Un cuchillo fue aventado y se quedó clavado en el marco de madera de la cama, logró rosar su mejilla y un hilo de sangre se deslizó. Mukuro alzó su vista y vio a Tsuna sonreír y dejando la botella de cerveza en el suelo.

―¿Y quién te dijo que ibas a hacer eso?

Cuando Yamamoto y Ryohei llegaron a la habitación, por poco y no respiraron cuando vieron el desastre que había en el lugar. Tsuna había agarrado de nuevo a Chrome como su mascota, probablemente torturándola a deshacer sus ilusiones de órganos de nuevo. El Guardián del Sol se acercó a ella y la comenzó a examinar.

―Necesita un trasplante de sangre urgentemente―dijo Ryohei alarmado.

Mukuro cargó a Chrome y estaba dispuesto a irse ya, cuando Tsuna se interpuso. Yamamoto, desesperado, se puso frente al ilusionista al igual que Ryohei. Por más serios que sus rostros se vieran, Tsuna podía detectar esos pequeños temblores que sus cuerpos daban. El chico sonrió un poco con burla.

―¿Qué importa si ella se muere?

Yamamoto apretó sus dientes y por un momento vio rojo. Estaba listo para irse contra su Jefe, cuando una mano se puso en el hombro de Tsuna.

―Juudaime, tienes una llamada del capo de la famiglia Estraneo―informó Gokudera con calma y su rostro no se inmutó ni un poco cuando vio a la pobre chica―Dice que es urgente.

Tsuna chasqueó su lengua.

―Maldición, justo cuando iba a ponerse esto interesante―se quejó el chico y miró a su Guardián de la Tormenta―A veces odio que seas tan devoto, Hayato.

―Soy tu mano derecha, así es como debo ser.

Yamamoto, Ryohei y Mukuro no entendían la tranquilidad con la que su amigo siempre trataba a ese bastardo y eso les hacía hervir su sangre.

―Bien, bien. Ya que el deber está llamando, pueden llevarse a esa inepta de aquí.

Tsuna pasó por un lado de ellos y se marchó.

Yamamoto quiso entonces golpear a Gokudera en la cara, pero él detuvo ese golpe con facilidad.

―¿No tienen que llevársela a atender? ―les preguntó a Ryohei y Mukuro.

Estos dos salieron rápidamente de ahí, llevando Mukuro a Chrome entre sus brazos. Gokudera soltó el puño de Yamamoto y éste lo miró de muy mala gana.

―Eres un maldito, Gokudera―le dijo Yamamoto dejándolo solo en la ensangrentada habitación.

Gokudera cubrió su boca para que un sollozo no se escapara. Esto se estaba saliendo fuera de control.


Cuando abrió sus ojos, Tsuna se quedó quieto en la cama. Jamás le ha gustado esa sensación de desorientación que le da después de despertar.

―Tsu-kun, ya es hora de levantarse―oyó el grito de su madre.

Entrecerró un poco sus ojos y luego se incorporó. Miró sus manos detenidamente y se fijó que se había quedado dormido con su anillo Vongola Gear puesto.

―¿Qué tanto te miras?

Sin dar ninguna especie de brinco o grito, Tsuna se giró tranquilamente hacia Reborn, quien estaba sentado en la orilla del escritorio con sus piernas cruzadas. Reborn logró ver una especie de exaltamiento en la mirada de Tsuna.

―Nada realmente―dijo el castaño sonriendo. Tomó su celular y buscó entre sus contactos hasta dar con el número que deseaba. Y marcó.

Reborn simplemente miraba sus acciones y no decía ni una palabra. Vio a Tsuna marcar varias veces y en todas el número lo envió al buzón.

―¿A quién llamas? ―le preguntó Reborn interesado.

―Gokudera-kun―respondió Tsuna con simpleza―Quería preguntarle si podía venir antes de que se fuera a la escuela.

―¿No crees que es mejor después de la escuela? Después de todo, estás suspendido.

Tsuna dejó de mirar el teléfono y volvió a ver a Reborn.

―Tienes razón.

Tsuna salió del cuarto. Reborn se quedó ahí unos momentos y luego lo siguió.

Cuando bajó las escaleras, Tsuna se encontraba ya sentado junto con todos los demás inquilinos de la casa, incluso Lambo estaba reunido.

―Hoy me levanté de muy buen humor―dijo Nana sonriendo mientras dejaba el plato de Tsuna en la mesa, el cual consistía de un par de huevos estrellados y tocino a un lado―Así que quise ahcer un desayuno occidental.

Tsuna sonrió con calma al ver el platillo y comenzó a comer sin agradecer por los alimentos.

―Reborn-chan, si sigues ahí parado, tu desayuno se va a enfriar.

Reborn tomó asiento quedando enfrente de Tsuna y comenzó a comer con lentitud. Bianchi estaba a un lado del castaño y ella tenía a I-pin y Futa del otro, quienes estaban comiendo animadamente y sin molestar. Lambo también estaba frente a Tsuna miraba el platillo sin tocar nada.

―¿Qué ocurre, Lambo? ―le preguntó Tsuna con voz preocupada―¿No te gusta lo que preparó mamá?

Lambo elevó su mirada para encontrarse con la del chico, y en cuestión de segundos, se levantó y salió de ahí. Nana fue detrás de él y todos se quedaron en silencio y dejaron de comer.

―¿Acaso dije algo malo?

Reborn tomó un huevo con el tenedor y se lo aventó al castaño, dándole directo en la cara.

―¡HIEEE! ¡Está caliente, está caliente! ―chilló Tsuna mientras se ponía de pie para ir al baño y quitarse el huevo, pero el chico tropezó con sus pies y cayó al suelo, pegándose justo en la barbilla.

I-pin y Futa se rieron al ver a Tsuna en el suelo. El chico se quitó el huevo estrellado de la cara y miró a Reborn con cierto enojo y unas cuantas lagrimitas en sus ojos.

―¡¿Por qué hiciste eso?! ―se quejó el chico sobándose la cara.

Reborn sonrió de lado y luego dio una mordida al tocino.

―Nada más.

Tsuna rodó sus ojos y se levantó del suelo. Cuando Bianchi oyó la puerta del baño cerrarse, ella miró al hitman preocupada.

―¿Reborn? ―le cuestionó ella.

Reborn no dijo nada y siguió comiendo.


Eran ya las cinco de la tarde cuando Nana le pidió a Tsuna ir por unas cosas a la tienda. En todo el día, el chico se la había estado pasando jugando videojuegos con los niños o leyendo mangas, en lugar de estudiar las tareas que sus amigos le han traído como su madre se lo había ordenado.

Tsuna se quejó un poco pero al final se cambió de ropa y salió para ir a la tienda. Mientras iba por el camino, Tsuna continuaba marcándole a Gokudera y seguía mandándolo a buzón de voz. Suspiró con cierto fastidio y luego guardó el teléfono.

―¡Tsuna-san!

El mencionado se giró y Haru se le aventó sin mucha delicadeza, haciendo que se fuera hacia atrás y que casi cayera al suelo.

―Haru-chan―saludó el chico luego del abrazo.

―¡Es increíble que nos hayamos encontrado! ―le dijo la chica sonriendo algo exaltada―¡Este debe ser el destino!

Tsuna sonrió de lado y luego se rió.

―¿No has visto a Gokudera-kun hoy? ―le preguntó el chico con duda

Haru lo miró unos segundos y luego negó con su cabeza.

―¡Ni me quiero topar a ese idiota! ―se quejó ella mientras se cruzaba de brazos

―Si tú lo dices―le dijo Tsuna sin quitar su sonrisa―Mi mamá me mando a comprar algunas cosas, ¿quieres acompañarme?

―¡HAHI! ¿De verdad?

Haru tomó a Tsuna del brazo y siguieron caminando.

Iban platicando de trivialidades y cosas de la escuela. Tsuna cayó en cuenta que iban caminando por un parque que servía como atajo pero no había nada de gente. Haru soltó el brazo de Tsuna y se detuvo.

―Umm... Tsuna-san. Yo, eh... me gustaría decirte algo.

Tsuna ladeo su cabeza.

―¿Qué es?

Haru se sonrojó a más no poder.

―¡Me gustaría salir contigo, Tsuna-san!

Tsuna abrió sus ojos con sorpresa y miró a Haru. El sonrojo de la chica se intensificó todavía más y se lucía nerviosa. Tsuna sonrió con cierto cariño y tomó sus manos.

―Sería un honor.

―¿De verdad? ―le cuestionó ella luciendo esperanzada.

―Sí.

La sonrisa y el sonrojo de Haru desaparecieron de inmediato. Su rostro se tornó serio y tomó a Tsuna de la muñeca y con una increíble fuerza, ella lo cargó y lo aventó en contra del suelo. Toda esa acción tomó desprevenida a Tsuna y cuando dio el golpe contra el suelo en su espalda, sintió que le faltaba el aire.

―El Tsuna de este tiempo jamás hubiera aceptado salir conmigo―dijo Haru seriamente.

Ella iba a darle una patada, pero Tsuna rodó en el suelo y luego se puso en una posición donde una rodilla estaba contra el suelo mientras que la otra estaba levantada y sus manos estaban apoyadas en el suelo también.

Tsuna volvió a sonreír de lado pero ahora en forma de burla y luego se comenzó a reír de manera maniática.

―¡Mírate nada más! ―exclamó el castaño con una bizarra sonrisa y una mirada llena de locura―Debo admitir que fue mi error en creer que tú eras la Haru de este tiempo. Estaba seguro que podía reconocer una actuación tuya.

Haru frunció el ceño y se puso en guardia.

―¿Dónde está Hayato? ―le preguntó Haru seriamente―¡¿Cómo llegaste a este tiempo?!

Tsuna continuó sonriendo y se puso de pie.

―Yo también me pregunto en dónde está ese imbécil. Quiero matarlo antes de que todo este desastre ocurra.

Haru se tensó por unos momentos. Si él mata a Gokudera, entonces todo este plan jamás sería planificado y por lo tanto, ellos desaparecerían de inmediato de aquí y regresarían a ese maldito futuro.

Tsuna corrió hacia ella cuando bajó la guardia, pero antes de llegar hasta Haru, alguien más le dio una patada y no tuvo otra opción más que alejarse de ahí. Pero en lugar de enojarse o maldecir, siguió riéndose.

―Vaya, vaya. Esta es toda una revelación.

Yamamoto tenía una mirada de miedo. Haru le agradeció por haberla salvado y ambos se pusieron en guardia. Detrás de ellos, Mukuro, Hibari y Kyoko estaban en igual posición.

―Te lo voy a preguntar otra vez―dijo Haru seriamente―¿Cómo llegaste a este tiempo?

Tsuna miró a todos con superioridad y no lucía asustado ni preocupado.

―¿Cómo se dieron cuenta que era yo? ―les preguntó el chico sin hacer caso a la pregunta de Haru.

―Lambo―Tsuna miró en dirección a un árbol y vio a Reborn trepado sobre una rama―Él notó que "este Tsuna" lo llamó sin ningún tipo de honoríficos.

Tsuna siguió curveando esa sonrisa.

―Debí suponer que para este momento tú ya sabrías algo. Debí matarte cuando te vi en la mañana―fue lo que le contestó―¿Quieren saber cómo llegué hasta aquí? Se los diré―Tsuna comenzó a caminar y todos lo seguían con la mirada―Digamos que tal vez yo le atravesé el estómago a Hayato antes de quitarle la bazooka.

―¡NO! ―gritó Haru desesperada.

Ella no esperó más tiempo y se fue contra él.

Estando atento ahora, Tsuna tomó a Haru de su coleta y la alzó hacia atrás. Haru soltó que queja y Tsuna simplemente se rió.

―Pasado, presente o futuro, ¡ustedes no me pueden hacer nada!

Tsuna aventó a Haru y ella chocó contra un árbol. Reborn bajó de donde se encontraba para ir a verla y Kyoko también fue hacia ella.

Los chicos, en cambio, fueron hasta Tsuna y el chico alzó su mano para activar su Vongola Gear. Pero entonces vio que ya no lo traía puesto.

―¿Qué? ―masculló confundido.

Tsuna miró en dirección a Haru y aún cuando ella se quejaba por el impacto, sonrió de manera triunfal y alzó su mano donde tenía el anillo del Cielo. Su rostro se tornó enfurecido y se movió justo a tiempo antes de que Yamamoto lograra atacarlo con una de las espadas.

―No es cierto―dijo Tsuna con cierto respeto.

―¿Acaso olvidaste que en este tiempo nosotros si tenemos nuestros Vongola Gear? ―le preguntó Yamamoto mientras se ponía en defensa.

Sin embargo, ninguno de ellos se movió cuando vieron que alguien había tacleado a Tsuna.

Gokudera estaba encima de él, con su rodilla en la parte baja de la espalda y un brazo torcido.

―¡La bazooka! ―les gritó Gokudera.

Haru ya estaba de pie y cuando vio a Gokudera, sus ojos se llenaron de lágrimas.

―Hayato...

―¡¿Qué no me oyeron?! ―volvió a decir Gokudera desesperado―¡Tienen que disparar la bazooka de Lambo! Es la única forma de regresar al futuro.

―¡No te atrevas, imbécil! ―le advirtió Tsuna mientras intentaba zafarse de él―¡Esta vez me voy a asegurar de que estés muerto!

―¡Muévanse! ―continuó desesperado el Guardián de la Tormenta.

―Pero Lambo no está aquí―dijo Kyoko―No tenemos la bazooka.

―De hecho...

Bianchi llegó hasta ellos y traía la bazooka en la mano.

―¿Cómo...? ―iba a preguntar Mukuro, pero Reborn lo interrumpió

―Yo la llamé. Supuse que la bazooka tenía algo que ver aquí.

Bianchi le dio la bazooka a Reborn y el hitman se acercó a los dos chicos que estaban en el suelo

―¡Espera! ―Haru se puso frente a Reborn antes de que disparara―¡Si disparas, entonces Hayato...!

―¡Haru! ―la mencionada se giró para ver a Gokudera, quien a pesar de estar haciendo un gran esfuerzo para sostener al castaño, le sonrió―Estaré bien.

Mukuro tomó a Haru del brazo y la quitó de en medio. Reborn estaba listo ya para disparar. Tsuna chillaba como un animal enjaulado y se retorcía para salir del agarre de Gokudera.

―Hazlo―dijo Hayato.

Reborn disparó la bazooka.


Comentarios: Sí.. no fue el mejor capítulo, pero no logré plantear esta idea como yo quería. ¡Gracias de nuevo a todos por sus reviews y mp! *reverencia* Ando ya con prisa, así que es todo.

Que tengan una muy bonita semana.

Saludos~