Hola chicos ¿Cómo están? Como siempre solo les quiero aclarar que los personajes de CCS no me pertenecen, pero si los otros personajes que vayan apareciendo al transcurrir la historia y que esta surgió de mi completa y entera imaginación….

De consecuencias y decisiones

Capítulo 25 – El equipo ganador

Sakura

Las últimas semanas habían sido bastante… podría decirse que incomodas y agotadoras… y eso que aún no tenía a Ying Fa en brazos. No me quejaba en lo absoluto, porque todo estaba dentro de la experiencia del embarazo, pero a medida que pasaban los días, mi hija se movía con mayor intensidad, en especial durante las noches y casi no podía dormir.

A Ying Fa no le agradaba cuando yo me recostaba e inmediatamente comenzaba una batalla feroz contra el colchón, empujándolo con toda su fuerza cuando estaba acostada de lado y no se calmaba hasta que me levantaba… y dormir boca arriba era misión imposible. Aun así, era absurdo quejarme cuando podía ser testigo de las pequeñas montañitas que se formaban en mi panza cuando ella empujaba con alguna de sus manitas o piecitos… era simplemente hermoso y me hacía estar más consciente de que había una pequeña personita viviendo allí adentro.

Caminé hacia la que sería su habitación y la contemplé ya lista. Al principio, Shaoran había odiado el color amarillo, pero a mí me gustaba como se veía. Todo se complementaba perfectamente y estaba segura de que a mi hija le encantaría. Kero era el único peluche que estaba en la habitación, aguardando a que su compañera de juegos naciera y lo había colocado cerca de la cuna (era especial para bebés y no habría problemas). Debido a su color amarillo, combinaba perfecto con los muebles y la decoración.

—Ya falta poco para tenerte con nosotros, hija —dije acariciando mi pancita y ella, enseguida, respondió a mi caricia moviéndose.

Me senté en la pequeña mecedora que estaba en una esquina, donde seguramente pasaría interminables noches sentada, tratando de dormirla o amamantándola… y dejé que todos los recuerdos me invadieran, los buenos, los malos… todos y cada uno de ellos. Lo que había pasado desde que me enteré de mi embarazo no había sido sencillo, empezando por el desprecio de Ren y de mi propio padre… pero gracias a Dios, personas maravillosas me habían tendido su mano cuando más lo necesité y gracias a ellos, Ying Fa y yo estábamos aquí hoy.

La primera había sido Tomoyo, mi querida hermana, porque ya no podía llamarla mi amiga cuando había demostrado ser mucho más que eso al ayudarme cuando más la necesite. Luego… estaba Shaoran, no cualquiera era capaz de tender una mano a un completo desconocido, aun estando en la situación triste en la que estaba… y luego… sin esperarlo, sin quererlo realmente, Shaoran se convirtió poco a poco en el hombre del cual estaba enamorada… Dios… no tenía palabras para agradecerle todo lo que había hecho y seguía haciendo por nosotras. Me sentía tan afortunada al tenerlo a mi lado y… gracias a todos estos sentimientos me sentía tan llena de vida y de amor… y todo era gracias a mi pequeña hija.

Por ella, había conocido personas nuevas y maravillosas que hoy eran importantes para mí, como Meilin y Eriol… y también debía agradecerle la unión que ahora teníamos mi hermano y yo… y ni que decir de mi madre… todo sería perfecto si mi padre también estuviera incluido en el cuadro.

—Pero ya veremos que nos depara el futuro con respecto a tu abuelo Fujitaka, cariño —dije sonriendo… porque aun guardaba las esperanzas de que mi padre en algún momento se acercara a mí.

Suspiré y miré la hermosa cuna que habíamos comprado para ella. Un ligero temblor me recorrió el cuerpo entero al ver su ropita ya limpia y perfectamente doblada, las cobijitas, los pañales en su sitio y hasta los biberones organizados por tamaño… Absolutamente todo estaba listo para recibirla y con cada día que pasaba me sentía más y más nerviosa… o más bien, estaba aterrada. A pesar de haber madurado mucho, aún tenía dieciocho años y… realmente me daba terror hacerlo mal como madre.

El curso prenatal me había servido muchísimo y por lo menos ya sabía cómo cambiar un pañal, bañar a un bebé o hacerlo eructar después de comer… pero eso no lograba calmar mis nervios. Shaoran, en todo momento, me recordaba que no existían manuales para padres y que aprenderíamos poco a poco, juntos… pero esas palabras tan lindas no lograban calmar mi ansiedad.

A veces lo envidiaba. En todo momento se veía calmado y muy seguro de sí mismo… Como si ya tuviera asimilado el hecho de que iba a ser padre y ya estuviera programado para ello… pero… ¡Dios! Solo había que mirarlo en el curso prenatal, era el papá más aplicado, él que hacía todo de maravilla a la primera… desde la limpieza y preparación de teteros, hasta el cambio de pañal, y ni siquiera quería hablar del baño. Shaoran lo hacía todo a la perfección y yo en un principio era un completo desastre.

Me había costado muchísimo adaptarme y aprender, a pesar de que él me explicaba todo con paciencia… y eso me molestaba aún más porque muchas de las mamás del curso estaban embelesadas con él y eso me fastidiaba horrible y obvio que a los demás papás también… y todo empeoró cuando a la profesora se le escapó decir que Shaoran pronto se convertiría en pediatra ¡En ese momento se volvieron como locas! Todas y cada una de ellas le hicieron saber cuan maravilloso sería como pediatra y dos hasta le pidieron su número de teléfono para que, al graduarse, atendiera a sus hijos ¡Pero que excusa tan barata!

Peor fue una que nos confundió como hermanos ¡Hermanos! ¿Cómo diablos nos hacía pasar por hermanos si Shaoran y yo no nos parecíamos en nada? ¡Estaba loca!

Tu hermanita es muy dulce y tú más por acompañarla —había dicho la mujer.

En ese momento juro que vi rojo. No estaba segura si eran las hormonas o quizás me había convertido en una celópata compulsiva, pero si Shaoran no hubiera aclarado el asunto, le saltaba encima. Aunque lo único bueno de todo, fue que Shaoran, utilizando un tono de voz un poco alto (cosa que había hecho a propósito, estaba segura), dijo que yo era su esposa.

Al recordarlo, los dinosaurios de mi estómago despertaban y hacían competencia con Ying Fa a ver quién causaba más revoloteo dentro de mí. Sabía que lo había dicho para que nos dejaran tranquilos, pero era una idea hermosa y el solo pensarla… me hacía suspirar y sonreír como tonta.

—¿Qué sucede, amiga? ¿Por qué estas solita aquí? Te hacía durmiendo —dijo Tomoyo entrando a la habitación.

—Los nervios no me dejan dormir… —dije tratando de levantarme.

Tomoyo negó con su cabeza riendo y se acercó para ayudarme… ahora que mi vientre estaba tan grande, me costaba un poco levantarme sola y ellos se la pasaban protegiéndome de todo esfuerzo.

—Y me imagino que también está el tema de los celos que discutimos anoche —dijo sonriendo.

—Ya no quiero seguir asistiendo a esas estúpidas clases, Tomoyo —dije resoplando—. Estoy casi segura que esas mujeres solo van para devorar a Shaoran con la mirada.

—¡Vamos, Sakura! Déjalas —dijo riendo—. Ellas son las que se están martirizando al ver y no comer. Es como cuando estas a dieta y babeas por un postre.

Ya lo sabía, pero aun así me molestaba. Solo quedaban dos clases más, pero de verdad ya no quería asistir.

El teléfono de casa sonó y enseguida Tomoyo fue hacia él para tomar la llamada. Fui hasta la sala y noté que Tomoyo aún no acababa con el árbol de navidad. Poco a poco íbamos decorando la casa, aunque lo único que me dejaban hacer era pasar las bambalinas… ¡Qué emocionante! Nótese el sarcasmo. Ya sabía que el asunto de mis contracciones tempranas era serio, pero en mi opinión, todos estaban exagerando… en especial Shaoran.

Tomoyo parecía conversar con normalidad con la persona al otro lado de la línea, pero de un momento a otro, su rostro perdió todo el color. Me acerqué asustada y comencé a preguntarle qué había pasado en voz baja, pero ella solo respondía con monosílabos a la persona con quien estaba hablando.

—Sakura… es para ti. —dijo de repente y me tendió el teléfono.

—¿Quién es?

—Es el… padre de Tsuna.

Nunca había tenido la oportunidad de conocer a los padres de Ren, ni siquiera sabía cómo lucían porque nunca me interesé realmente en saber de ellos… lo único que sabía era lo que se decía en la preparatoria, que su padre era un político importante. Tomé el teléfono con manos temblorosas al recordar la conversación que había tenido con Ren la última vez, donde me había hablado acerca de las intenciones de sus padres… pero al pasar el tiempo realmente pensé que las cosas habían quedado allí…

«¿Cómo consiguió mi número de teléfono?» me pregunté asustada, levantando el teléfono hacia mi oreja.

—Buenos días, habla Kinomoto. —Traté por todos los medios de que mi voz sonará tranquila, pero fallé al notar un ligero temblor en ella.

Buenos días, señorita Kinomoto. —Su voz sonaba grave, evidenciando que se trataba de un señor de edad, mucho mayor que mi padre—. Lamento llamar justo ahora… pero hemos tenido varios viajes de negocios y…

—No se preocupe, señor Tsuna… —dije interrumpiéndolo—. ¿Puedo preguntar el motivo de su llamada?

Mi hijo habló con usted antes de irse a América ¿Cierto? ¿Le comunicó nuestros deseos de… conocer a nuestra nieta?

Al escucharlo, sentí algo que se removió mi interior… no estaba segura si era o no agradable… pero me hacía sentir inquieta, y más aún porque el señor Tsuna había dicho "nieta", así que, necesariamente, Ren les había hablado de Ying Fa. Un suave "Sí" salió de mi boca y el señor Tsuna suspiró.

Sé que… no lo esperaba, señorita Kinomoto, y puede que tampoco desee tener ningún tipo de relación con nosotros, pero… créame, si hubiéramos sabido de esto… jamás le hubiéramos dado la espalda.

—Su hijo me lo dijo…

Tampoco buscamos que la niña nos reconozca como sus abuelos… solo deseamos estar presentes en su vida… Sakura, entienda que es nuestra primera nieta y no podemos hacernos los desentendidos simplemente.

—Sí… puedo entenderlo…

Hemos comprado un montón de ropa para ella durante nuestro viaje y… nos gustaría poder llevársela uno de estos días…

Suspiré intranquila. No estaba preparada para ver a los padres de Ren porque seguramente me harían preguntas que no estaba dispuesta a responder acerca de su hijo y seguramente de mi padre… pero no podía ocultarme de ellos toda la vida y mucho menos negarles el derecho de conocer a Ying Fa y ser parte de su vida, yo no era nadie para impedírselos.

—Claro… cuando quieran…. —murmuré.

Me alegra escucharlo… le dejare mi número y podemos planificar cuando puede recibirnos. No queremos incomodar a su novio con nuestra presencia, sabemos que puede resultar… un poco perturbador.

—Él no tiene problema, señor Tsuna —dije sonriendo—. Fue mi novio quien me dijo que mientras más abuelos tuviera Ying Fa sería mejor.

Es… un hermoso nombre el que han escogido. Por favor anoté mi número y estaremos en contacto.

Le pedí a Tomoyo que me acercara mi celular para registrar su número y quedamos en que le avisaría cuando podríamos vernos. Vaya vueltas que daba la vida, siempre creí que Ren había reaccionado de esa forma por miedo a su padre, y había sido así hasta aquel día en que nos vimos y me habló de ellos, pero ahora podía comprobar por mí misma que el señor Tsuna era una persona amable, o por lo menos por teléfono lo era.

—Nunca pensé que el padre de Tsuna fuera a llamar —dijo Tomoyo, sentándose a mi lado.

—Ni yo… —Sobé un poco mi panza y me moví incomoda.

De vez en cuando sentía las contracciones que nos había alarmado hace tantas semanas, pero últimamente se hacían más fuertes y me incomodaban cada vez más.

—¿Estás bien?

—Lo estoy… —dije sonriendo.

No quería alarmar a nadie por tonterías que seguramente eran normales. Ying Fa ahora estaba más grande, más pesada y necesitaba más espacio, quizás por eso los dolores eran mucho más frecuentes y realmente no quería que Shaoran se preocupara más de la cuenta.

—Vamos a terminar con el árbol —dije tratando de levantarme.

—Querrás decir que yo voy a terminar con el árbol. Tú puedes quedarte sentadita mientras me ves.

—No es justo, Tomoyo —dije haciendo un puchero—. Por lo menos déjame pasarte las bambalinas que faltan.

Al tratar de levantarme, sentí una punzada más fuerte, pero la disimulé para que Tomoyo no se alarmara. Poco a poco, el árbol fue llenándose de bambalinas y cuando menos nos dimos cuenta, estuvo terminado.

—No quiero quitarlo hasta que Ying Fa nazca —dije mirándolo fascinada.

—Entonces, no lo quitaremos hasta enero —dijo Tomoyo abrazándome.

Otra punzada más y esta no pude disimularla porque, literalmente, me hizo encorvar. La presión era fuerte y mi panza estaba completamente dura.

—¿Sakura?

—¡Oh… Dios! —Eso fue lo único que pude decir.

Un calambre me recorría la espalda completa y se concentraba en mi vientre. Tomé la mano de Tomoyo con fuerza e intentaba respirar para ver si pasaba, pero el maldito dolor no quería cesar.

—¡No! No, no, no —dije al sentir un líquido escurrirse entre mis piernas—. Aun no es tiempo… ¡Tomoyo! ¡Aun no es tiempo! —grité desesperada.

—¡Oh Dios! ¡Oh Dios! ¡Aún faltan cuatro semanas! —gritó aterrada.

Respiré una, dos… diez malditas veces y por fin sentí que el dolor comenzaba a cesar… muy poquito, pero era lo suficiente para poder pensar con más claridad.

—Tomoyo… la maleta… llama a Shaoran… —dije sin dejar de realizar mis respiraciones.

—¿Cómo vamos a llegar al hospital? ¡Yo no sé manejar!

—¡Maldita sea, Tomoyo! —grité y ella me miró con sus ojos completamente abiertos—. ¡Busca la maleta y llama a Shaoran!

Tomoyo asintió rápido y tomó mi celular para llamar a Shaoran, mientras iba a la habitación por mi maleta. Menos mal, mi madre había insistido desde la semana pasada en que la tuviéramos preparada en caso de emergencia.

Eres primeriza, cariño —había dicho, mientras metía la ropa de Ying Fa—. Generalmente los partos de las primerizas se adelantan un par de semanas, por eso debemos ser precavidos.

«Dios, cuánta razón tuvo mi madre»

— ¿Qué diablos voy a saber, Shaoran? —dijo cuando apareció de nuevo y me traía otra muda de ropa—. Sí, ya rompió la fuente… ¿Qué si estoy segura? ¿Te mando una maldita foto?... Amiga, quítate eso y ponte este vestido… —me dijo—. Bien, esperaremos abajo… —dijo y colgó.

—¿Qué… pasó?

—Llamará a Eriol para que venga por nosotras, la librería está más cerca y él preparará todo en el hospital —dijo ayudándome con el vestido y la ropa interior—. Bien, vamos a bajar con calma y esperaremos a Eriol, no debe tardar más de cinco minutos…

—Tengo miedo, Tomoyo…

—No más que yo… Dios, si algo les pasa me muero… —dijo llorando.

—Se supone que debes calmarme… —dije riendo.

—Cierto, cierto —dijo limpiando sus lágrimas—. Todo saldrá bien, solo que Ying Fa es demasiado impaciente… como su tía. Por eso quiere salir antes de tiempo y hacer una entrada triunfal.

—Cierto… mi hija es una diva como su tía…

Ambas reímos y salimos del apartamento. Al llegar a la planta baja, el vigilante en seguida nos ayudó y a los pocos minutos, Eriol estaba estacionándose en frente del edificio.

—¿Cómo estás?

—No… no quiero ser grosera… pero solo quiero llegar al hospital, Eriol —dije respirando entrecortada.

Eriol me subió en la parte de atrás de su auto y Tomoyo se sentó a mi lado, sin soltar mi mano.

—¿Cuántas contracciones has tenido? —preguntó mirándome por el retrovisor.

—Dos…

—No sé mucho de partos, amor, pero creo que al romper fuente no hay vuelta atrás —dijo Tomoyo en tono irónico.

Vi la mirada de Eriol brillar con picardía y se concentró en el camino. Aún sentía una ligera presión en el vientre y entre mis piernas, pero al menos el dolor había disminuido del cielo a la tierra.

Cuando llegamos al hospital, Shaoran y Nakuru ya nos estaban esperando en la entrada. Apenas me vio bajar del auto de Eriol, Shaoran corrió hacia mí y tomó mi mano libre, ya que Tomoyo no estaba dispuesta a dejarme sola.

—¿Qué pasó? —preguntó Shaoran apenas estuvo a mi lado.

—Ya te lo dije por teléfono —dijo Tomoyo sin darme chance de hablar—. Estábamos hablando y de repente comenzó a sentir mucho dolor y luego se rompió la fuente.

—¿Hace cuánto tuviste la última contracción, cariño?

—Hace… hace como diez o quince minutos, no estoy segura —dije.

—Vamos a monitorear eso a partir de ahora y también necesitamos saber cómo está la bebé —dijo Nakuru y enseguida una enfermera se acercó con una silla de ruedas.

—Todo estará bien, princesa —dijo Shaoran dándome un beso en la frente y me ayudó a sentarme en la silla.

Todo iba bien… hasta que de repente otro calambre volvió a recorrerme la espalda hasta el vientre y la presión se intensificó, haciéndome sentir un dolor más fuerte y horrible. Grité con todas mis fuerzas y Shaoran apresuró el paso.

«¡Dios! ¿Acaso el dolor iba empeorando cada vez más?»

Llegamos a la habitación y en seguida, Shaoran me ayudó a acostarme en la cama. El dolor había disminuido, pero aun podía sentir la presión entre mis piernas y vientre.

—La duración de la contracción fue de sesenta y cinco segundos —dijo Nakuru—. Vamos a realizarte un tacto para ver si tienes dilatación y también debemos hacerte un eco para ver a Ying Fa.

«¿Tacto?» pensé contrariada.

Vi a Shaoran con vergüenza y seguramente mis mejillas se habían encendido, pero él simplemente me regaló una dulce sonrisa y me dejó un ligero beso en mis labios que me hizo suspirar.

—¿Quieres que salga?

A pesar de sentirme avergonzada, apreté el agarré alrededor de su mano y negué con mi cabeza. Tomoyo me ayudó a quitarme el vestido y evité por todos los medios posibles mirarlo mientras lo hacía. Me coloqué la bata que Tomoyo sacó de la maleta y me acosté de nuevo en la cama.

—Por favor, abre las piernas, Sakura —dijo y con toda la pena del mundo obedecí.

Una enfermera entró en la habitación trayendo consigo el ecógrafo y un tensiómetro.

—Tenemos tres centímetros… Esto apenas está comenzando, querida.

—Entonces si se ha adelantado el parto —dijo Shaoran frunciendo un poco su ceño.

—Sí, alertaré a la unidad de neonatología por si llegamos a necesitarlos —dijo ella—. Vamos a ver a esa pequeña que nos quiere dar un susto a todos sus tíos —dijo dándome una sonrisa conciliadora.

Al colocar la sonda, la imagen de Ying Fa apareció en el monitor, pero esta vez no lograba comprender nada de la imagen.

—Está completamente encajada en el canal de parto —dijo moviendo la sonda—. Quiere nacer y conocer a mami y papi, de eso no me cabe duda.

Otra contracción se vino y dejé de escucharla. Dios, el embarazo era hermoso, ver a mi bebé en el monitor del ecógrafo era hermoso… pero este dolor era horrible… y cada vez empeoraba.

—Respira, Sakura —dijo Tomoyo y comencé a realizar las respiraciones, tratando de calmarme… pero no podía hacerlo, era imposible.

—Siete minutos desde la última —dijo Nakuru—. Rika, por favor tómale una muestra de sangre, una de orina y toma su tensión. Luego de eso, colócale el monitor fetal y avísame cualquier cosa. Estarás bien, Sakura.

—No me preocupo por mí, Nakuru, me preocupa mi hija —dije a punto de llorar.

—Tranquila, recuerda que ella siente todo lo que tu sientes —dijo sonriéndome—. ¿Me acompañas un momento, lobito? Necesito que llenes algunas cosas.

Shaoran asintió y se acercó a mí para besarme nuevamente.

—Ya regreso, princesa. Llamé a tu hermano y a tu madre y ya deben estar en camino. Mei viene con ellos —volvió a besarme y salió junto a Nakuru de la habitación… y en ese momento, me sentí sola y aterrada.

Shaoran

Pasé mis manos por mi cabello y lo alboroté aún más de lo que ya estaba. Nunca me esperé que el parto de Sakura se adelantara tanto y estaba asustado… ¡Maldita sea! Estaba aterrado, pero sabía cómo disimular muy bien mis nervios delante de los pacientes y eso me ayudó a ocultar mi miedo de Sakura.

—Respira, lobito —dijo Nakuru, colocando sus manos sobre mis hombros—. Ella necesita que estés calmado.

—¿Crees que mi hija esté bien? —pregunté con voz temblorosa.

—Lo único que me preocupa es la madurez de sus pulmones, pero no es nada que no pueda resolverse en dado caso… Ying Fa estará bien.

Respiré una, dos, diez mil malditas veces y no podía calmarme.

—Eriol, llévalo a tomar un café para que se calme.

—Soy partidario de que se tomé un té —dijo sonriendo.

—Tú y tu maldita afición por el té, estúpido inglés —dije caminando hacia la cafetería.

—Tendrás que aceptar mi maldito té porque esta vez yo invito —dijo colocando su mano en mi hombro.

—Puedo comprarme yo mismo el café —dije resoplando.

—Te tomaras un té, te relajaras y volverás con Sakura sonriendo como el gran novio que eres ¿Entendido?

No quise aceptarlo, pero esta pequeña conversación me había calmado un poco… aunque no estaba dispuesto a aceptarlo frente a él. Me acerqué a una de las mesas de la cafetería y me senté, mientras Eriol compraba el estúpido té. Coloqué mis manos sobre mi cara y resoplé. Aun no podía creer que mi hija nacería dentro de poco…

¡Dios! ¡Aún no estaba listo! Pensé que tenía por lo menos un mes más para mentalizarme, para asimilar todo lo que había aprendido… pero estaba malditamente inseguro de todo…

—Creo que voy a vomitar… —dije colocando mi cabeza en la mesa.

—Pues avísame para irme de nuevo —dijo una voz que reconocí enseguida.

Moví mi cabeza hacia mi lado izquierdo y allí estaba Kinomoto, sentado a mi lado mientras me miraba con una maldita sonrisa socarrona.

—Te gusta verme sufrir ¿Verdad, cuñado?

—Para nada —dijo riendo, mientras palmeaba mi espalda—. Me caes bien, Li, pero esto es algo que no podemos evitar, reírnos del compañero que se está desmoronando de los nervios porque su mujer está por dar a luz.

—Pues mi mujer es tu hermana —dije sonriendo y el frunció su ceño. Su broma le había salido mal.

—Por lo menos sé que no le has tocado ni un pelo.

—Aun —completé y reí al ver su expresión.

—Aquí está tu té —dijo Eriol y le agradecí.

Dejé que el suave aroma invadiera mi nariz y luego tomé el primer sorbo que suavemente se deslizó por mi garganta. El agradable calor parecía llevarse poco a poco mis nervios y debía admitirlo, el maldito había tenía razón al decir que el té calma más que el café.

—¿Cómo te sientes ahora? —preguntó.

—Siento que he olvidado absolutamente todo —dije con sinceridad y volví a colocar mi cabeza en la mesa.

—Pues debes buscar una cura para tu amnesia, cuñado. Porque mi sobrina ya viene en camino.

«¡Gracias! Ahora las náuseas regresaron»

—¿Dónde está tu madre y Mei?

—Con Sakura —dijo—. Ya había muchas personas en la habitación y no pude entrar.

—No tenemos experiencia en cuanto a bebés —dijo Eriol—. Pero puedo decirte lo que algunos amigos me han dicho.

—¿Acerca de qué?

—Acerca de cómo te sientes —dijo—. Los nervios, el miedo, la incertidumbre, todo eso es absolutamente normal sentirlo… pero te aseguro que… al sostener a esa pequeña bebé en tus brazos, recordaras cada cosa que aprendiste durante el curso y también lo que pensaste que no sabías.

—Además, no estarán solos —dijo Kinomoto—. Ying Fa tiene muchos tíos que desean mimarla y abuelos, ni se diga.

—¿Aun no sabes nada de tu padre?

—En realidad… hablé con él hace dos días —dijo, sorprendiéndome—. Fue una conversación completamente de trabajo… pero al final, se quedó callado como si estuviera dudando en preguntarme algo… y asumí que quería saber de mi hermana.

—¿Y qué le dijiste?

—Le dije que Sakura quería verlo… y que pronto nacería su nieta, pero no dijo nada al respecto y cambio de tema —dijo.

—Espero que tu padre pueda reconocer su error y se acerque a Sakura.

—Todos esperamos eso, cuñado.

—Lo mejor será volver —dije levantándome—. Ya estoy más tranquilo y Sakura debe estar esperando por mí.

—Nosotros estaremos en la sala de espera —dijo Eriol y me encaminé solo hacia la habitación.

Aun no podía creer que mi hija estaba por nacer, pero a diferencia de hace un rato, ahora me abordaba era la emoción de poder tenerla en brazos al fin.

Entré en la habitación y en seguida Mei se acercó para darme un abrazo y un beso en la mejilla.

—Voy a salir —dijo—. Sakura estaba preguntando por ti a cada rato, te necesita.

—Por favor, llama a mi madre —dije—. Ella está al pendiente de Sakura y estoy seguro que se emocionará al saber que Ying Fa está por nacer.

Mei asintió y salió de la habitación. Sin esperar más, me acerqué a ella y tomé su mano para besar sus nudillos. Nadeshiko me sonrió y se sentó a un lado para darnos algo de espacio y se lo agradecí.

Sí me preguntaran en este momento ¿Cómo te sientes, Shaoran? Lo único que podría decir es… "No tengo ni una maldita idea de cómo me siento" No podía usar una sola palabra para describirlo porque lo que sentía era un condenado torbellino de emociones que no me dejaba concentrarme del todo. Emocionado, feliz, asustado, curioso, preocupado… y la lista seguía.

—¿Estás bien? —preguntó mirándome con esos ojos que me hipnotizaban.

—La que esta por dar a luz eres tú, princesa —dije riendo—. Cómo me sienta yo no es importante.

—Para mí lo es —dijo frunciendo su ceño—. Y quiero que seas sincero.

—¿Cuándo no he sido sincero contigo? —le pregunté levantando mi ceja derecha—. Bien, estoy feliz, pero a la vez estoy aterrado… aun así sé que todo estará bien.

—Yo también… estoy igual —dijo—. No puedo creer que en pocas horas la tendremos con nosotros.

—Y lo bueno es que será nuestra primera navidad juntos —dije sonriendo—. Qué mejor regalo que tener a mis chicas entre mis brazos.

Sakura sonrió y la besé. Era médico y sabía que un trabajo de parto era terriblemente agotador y doloroso. No podía ayudarla, pero por lo menos podía darle mi apoyo y mi compañía para que no estuviera sola.

El tiempo pasó y con él vinieron un montón de contracciones dolorosas que me hacían el alma pedazos al verla sufrir. Le dije varias veces que se colocara una epidural para reducir el dolor, pero Sakura era terca y no estaba dispuesta usar la anestesia a pesar de explicarle que eso no le haría daño a la bebé.

Luego de cinco horas martirizantes, Nakuru nos dijo que por fin había alcanzado los diez centímetros de dilatación necesarios para comenzar a pujar. Le pidieron a Tomoyo que saliera de la habitación y solo nos quedamos Nadeshiko y yo. Prepararon todo y el médico neonatólogo entró por si era necesario que actuara rápido. Respiré profundo y tomé la mano de Sakura entre las mías.

—Estoy aquí, contigo —dije y ella me sonrió.

—Bien, Sakura, como te lo explicamos, respiraras profundo y comenzaras a pujar cuando te diga mientras retienes la respiración —dijo Nakuru colocándose entre las piernas de Sakura que estaban ya abiertas—. Contaremos hasta diez y luego, relajas y respiras ¿Entendido?

Sakura asintió repetidas veces y tomó mi mano con fuerza. Sus ojos estaban llenos de temor y seguramente los míos estaban iguales. Por eso sacudí mi cabeza un par de veces y pegué mi frente a su cabeza para susurrarle al oído cuan valiente era y lo mucho que la amaba.

—Bien ¡Puja ahora!

Sakura se inclinó un poco hacia adelante colocando su barbilla en el pecho, inhaló profundo y comenzó a pujar mientras Nakuru contaba hasta diez. Su rostro lucía rojo por el esfuerzo que estaba haciendo, aun así, no se quejaba. No dejé de susurrarle palabras bonitas al oído y en todo momento rogaba a Dios para que por lo menos eso estuviera ayudándola en algo.

—Bien, cariño. Lo has hecho muy bien —dijo Nadeshiko—. Respira.

—Bien, Sakura. Vamos de nuevo ¡Puja!

No estoy seguro de cuánto tiempo pasó o de cuantas veces Sakura pujó hasta el agotamiento, solo me concentraba en susurrarle palabras al oído y apretar su mano con fuerza. De un momento a otro, Nakuru anunció que ya veía su cabeza y solo faltaba una más. Sakura obedeció, pujo con todas sus fuerzas y apretó mi mano con una fuerza que desconocía que tenía y cayó en la cama de nuevo agotada. La habitación quedó sumergida en un silencio total por unos segundos, hasta que un llanto fuerte y potente lo sustituyo y automáticamente mis ojos se llenaron de lágrimas.

—Problema de pulmones mis polainas —dijo Nakuru riendo—. No fui yo quien te sacó antes de tiempo, señorita diva ¡Bienvenida al mundo!

La enfermera se acercó con rapidez y tomó a la pequeña entre sus brazos para envolverla en una mantita. La acercó a nosotros para mostrársela a Sakura y ¡Dios! No tenía palabras… por primera vez me había quedado sin palabras.

Yo era médico, había visto un montón de bebés y más en mis prácticas de pediatría… pero jamás había visto una bebé tan hermosa como mi hija. Sus enormes y redonditos cachetes estaban rojitos y sus ojitos estaban cerrados porque estaba llorando a todo pulmón. Una mata de cabello castaño cubría su cabecita y se veía suavecito. Sakura lloraba mientras la veía y con su mano libre acarició el suave cachete de nuestra hija… este momento quedaría grabado en mi memoria para siempre.

—Debemos llevarla a examinar para descartar cualquier problema —dijo el neonatólogo—. Pronto la traeremos de nuevo.

Le hizo señas a la enfermera y se la llevaron lejos de nosotros ¿Cómo diablos podía amar tanto a una pequeña personita que acababa de conocer? Era increíble el sentir que parte de mi corazón se iba con mi chica más pequeñita y entre en un dilema… ¿Ir con ella o quedarme con Sakura?

—Ve… —dijo Sakura completamente agotada.

—Pero…

—No la pierdas de vista ¿Entiendes? —dijo apretando mi mano—. Confió en ti.

Asentí y salí corriendo de la habitación, persiguiendo al pequeño pedazo de mi corazón que apartaron de mí.

Sakura

Dios… estaba agotada. Era como si toda mi energía hubiera sido absorbida, pero estaba feliz. No tenía palabras para describir lo que sentí al ver la dulce carita de mi niña. Era preciosa, hermosa… una bebé muy, muy dulce y esperaba… rogaba a Dios que fuera sana.

—¿Cómo te sientes, hija?

—Cansada… pero satisfecha.

—Lo hiciste muy bien, cariño. —Se acercó a mí y me dio un beso en la frente—. Estoy muy orgullosa.

—Solo quiero tenerla entre mis brazos, mamá.

—Pronto la traerán. Nació cuatro semanas antes, por eso deben revisarla para asegurarse que todo está bien con ella.

Los segundos se convirtieron en minutos y no tenía ninguna noticia de mi hija. Tomoyo y Meilin entraron a la habitación diciendo que pudieron ver a mi hija en el retén de bebés y que era la niña más bonita de todo el lugar.

—Soy una tía orgullosa —dijo Tomoyo—. Y ya hasta tengo pensado varios disfraces para ella ¡Se verá preciosa!

—Y yo puedo verla como mi compañera ideal de compras —dijo Meilin—. Tardes divertidas, llenas de ropas, accesorios y helados… simplemente perfecto.

Tomoyo y Meilin eran casos imposibles… pero si no fuera por ellas seguiría comiéndome las uñas por el miedo y los nervios. Unos suaves golpes en la puerta se escucharon y enseguida la cabeza de Shaoran se asomó por ella.

—Buenas tardes, he traído a una pequeña personita que quiere conocer a la persona más importante de su vida —dijo y en seguida mis ojos se cristalizaron al verlo atravesar la puerta con un pequeño bultito entre sus brazos.

¡Dios! Esa era la imagen más conmovedora y dulce que mis ojos podrían ver. Shaoran con nuestra hija en brazos… mi corazón comenzó a bombear con tanta fuerza, que me asustaba.

—Hola, mamá —dijo colocándola entre mis brazos—. Saluda a nuestra pequeña princesa.

No pude evitarlo. A pesar de querer retener las lágrimas, no pude hacerlo. Lloré al verla… lloré de alivio, de emoción… de alegría… Besé su linda carita por todos lados y la apretujé contra mi pecho con cuidado. Me sentía orgullosa, por primera vez en mi vida me sentía muy orgullosa de mi misma porque lo habíamos logrado… gracias a mi persistencia, a mí valentía… y al apoyo de las personas que estaban a mi alrededor, Ying Fa estaba aquí hoy, entre mis brazos.

«8 de diciembre… el día que mi vida se hizo perfecta»

Shaoran

Ver a mis chicas juntas me hacía sentir una calidez indescriptible en el pecho. Nadie podría quitarme la enorme sonrisa que tenía en mi rostro y me juré a mí mismo, al contemplarlas juntas, cuidarlas por siempre.

Mi celular sonó y al ver la pantalla vi el nombre de mi madre en ella. Me aparté un poco y contesté la llamada. Meilin me dijo que había hablado con ella para avisarle que el parto de Sakura se había adelantado y me comentó que se había quedado muy preocupada.

—Sí, lo siento, madre. Con todo lo que pasó olvidé llamarla para avisarle que todo está bien.

¿Ying Fa cómo está?

—Todo bien. El neonatólogo me dijo que es una bebé muy sana y no tiene ningún problema.

Por favor, envíame fotos cuando tengas oportunidad —dijo suspirando—. Intentaré preparar todo para viajar en cuanto pueda.

—No necesita hacerlo…

Pequeño lobo… —Allí estaba mi maldito sobrenombre, pero no tenía ánimos de discutir, ni de molestarme—. Es mi primera nieta, claro que es necesario.

Toda señal de incomodidad desapareció cuando la escuché decir esa pequeña frase. Aun no los perdonaba por completo, pero cada vez que mi madre o mi padre llamaban para saber cómo estábamos o decían cosas como esa podía sentir como se iba borrando la gran brecha que nos separaba.

—Bien… cuando tenga todo arreglado me avisa para estar pendiente.

Dale mis felicitaciones a Sakura, por favor, y recuerda enviarme las fotos para presumirla con todos.

A veces no sabía si mi madre había cambiado o solamente se había mantenido oculta durante todo este tiempo.

Me acerqué a mis chicas y me senté a su lado para observar como Sakura intentaba amamantar a Ying Fa por primera vez con la ayuda de una enfermera. Mei y Tomoyo lloraban emocionadas y tomaban muchas fotos, luego se las pediría para enviarle algunas a mi madre.

—Se ven felices —dijo Nadeshiko a mi lado.

—¿Cómo no estarlo? —dije, sin desviar mi vista de mi sonriente novia—. Siento que mi vida está completa ahora.

—Bueno… puedo entender eso, querido —dijo con una mirada llena de diversión—. Pero espero que luego le den a mi querida nieta un hermanito con quien jugar.

Sakura y yo nos sonrojamos a más no poder y su madre se rio de nosotros. El tener otro hijo no lo tenía contemplado, o por lo menos no de momento. Solo quería enfocarme en la familia que hoy, 8 de diciembre, iniciábamos juntos y ya luego la vida nos diría cuando sería el momento oportuno para expandirla, pero eso no indicaba que no podríamos tener unas buenas prácticas para lograrlo… ¿Qué podía decir? Era hombre y tenía una novia condenadamente sexy… era obvio que la deseaba y estaba seguro que no pasaría mucho tiempo para llevar nuestra relación a otro nivel… mi autocontrol estaba demasiado debilitado.

Eriol y Kinomoto entraron en la habitación y Nadeshiko aprovecho para ir a la cafetería con las chicas. El tipo serio y duro se ablandó cuando su pequeña sobrinita apretó su dedo y sí, Touya Kinomoto estaba llorando como nena y obviamente aproveché la oportunidad para tomarle fotografías y videos.

—No todos los días se ve a Touya Kinomoto llorando —dije con malicia a Eriol.

—Y seguramente lo usaras en su contra.

—Como me conoces, amigo.

Eriol sonrió y colocó su mano en mi hombro, apretándolo suavemente y susurró un amable "Felicidades, súper papá". Sí, ya era papá y estaba jodidamente feliz.

Me acerqué a mi novia y le di un ligero beso, queriendo transmitirle con esa caricia cuanto la amaba y cuanto le agradecía por dejarme ser parte de esto… porque si no fuera por mis chicas, yo seguiría hundido en mi miseria.

«Gracias, hermana. Gracias por haber enviado a mis chicas hasta mí»

.

.

.

.

.

.

.

Un mes después

Sakura

—¿Preparaste todo?

—Pañales, dos mudas de ropa de emergencia, cremas, una sábana y aquí está mini Kerberos —dijo Shaoran.

Ya había pasado un mes desde el nacimiento de nuestra hija. No podía decir que todo había sido de color rosa porque esa sería una vulgar mentira y aquel que dijera que la vida de padres era como andar en una nube de algodón era un cínico y un mentiroso. No solo se trataba de las incontables noches sin dormir o el cambio de pañales… se trataba de que todo era terriblemente nuevo y atemorizante tanto para Shaoran, como para mí… aunque más para mí porque él estaba habituado a tratar con bebés, pero, aun así, se le veía nervioso a veces.

A pesar de contar con el apoyo de mi madre, de las chicas y hasta de mi nana que había venido varias veces con mi mamá, esté había sido un periodo de adaptación sumamente largo… pero habíamos superado la prueba del primer mes como todos unos campeones.

Ying Fa era una bebé muy impetuosa y demandante, pero también era muy dulce y nos dejaba descansar cuando realmente lo necesitábamos. Y con un mes de vida ya nos habíamos dado cuenta que esa pequeña bebé amaba más a su amigo amarillo que a nosotros. Salir sin él era imposible porque lloraba y lloraba sin parar, por eso decidimos comprarle una versión en miniatura para cuando tuviéramos que salir.

Shaoran tomó la pañalera y juntos salimos del departamento. Hoy celebraríamos el primer cumplemes de nuestra pequeña en el restaurante de la familia Li, Stradivarius, junto a toda la familia.

Coloqué a mi pequeña hija en su silla de bebé en el auto y me senté a su lado para que no sintiera solita… aunque estaba más pendiente de Kero que de mí… Sí, estaba celosa de un peluche… y también de Shaoran porque esta niña tenía preferencia por su padre.

Apenas llegaba a casa y Ying Fa escuchaba su voz, comenzaba a balbucear emocionada y, aunque la pediatra nos dijera que los bebés en realidad no se reían a esta edad, mi bebé pintaba una enorme sonrisa cuando lo veía.

¿Qué te puedo decir? El primer amor de una niña es su padre —me dijo una vez que le hice saber de mis celos… y como siempre, me besó para ablandarme.

—¿Estás bien, cariño? Todo está muy silencioso allí atrás —dijo mirándome por el retrovisor.

—No te preocupes, estoy bien —dije sonriéndole.

Habíamos superado el primer mes como todos unos campeones y no podía estar más contenta… celosa, pero contenta. Llegamos al centro comercial y saqué a Ying Fa de su sillita para cargarla y salir del auto. Shaoran me abrazaba por la espalda y al pasar por una de las vitrinas, donde nos reflejamos perfectamente, sonreí. Lucíamos como una familia feliz y completa.

Mis ojos se aguaron un poco y me detuve. No estaba triste, pero mis lágrimas no dejaban de correr y me sentí frustrada.

—Dijiste que no pasaba nada —dijo Shaoran limpiando mis lágrimas con sus pulgares y me obligó a levantar mi mirada hacia la suya.

—Es que no pasa nada… solo estoy feliz.

No mentía, estaba demasiado feliz y no podía evitar llorar porque hoy… lucíamos como una familia unida, lo que siempre había soñado tener.

Shaoran era mucho más de lo que había soñado. Siempre me ayudaba con la niña, me dejaba descansar cuando me veía terriblemente agotada y había mejorado muchísimo en la cocina al punto de superar a Meilin… pero todavía no superaba mi comida… aunque no dudaba que lo hiciera en algún momento.

—Yo también estoy feliz y soy muy afortunado porque tengo a estas dos hermosas chicas a mi lado —dijo besando mi nariz.

—Nunca dejaremos de ser tus chicas ¿cierto?

—Lo serán siempre.

Me dio un corto beso en los labios y volvió a posar su brazo alrededor de mi cintura para seguir caminando hacia el restaurante. Al entrar, todos ya estaban allí, esperando por nosotros.

—Ya comenzábamos a preocuparnos —dijo Meilin acercándose.

Hace como quince días había tomado la decisión de buscarse un apartamento para ella porque, según sus propias palabras, no estaba dispuesta a regresar a Hong Kong, dejando a su cuñada y sobrina en las manos incompetentes de su primo… pero estaba segura que eso tenía que ver más con mi hermano y su "No relación" … ¡Vamos! ¡Era más que obvio que ya eran novios! Pero seguían empeñados en negarlo.

—Sabes que siempre debemos revisar dos y tres veces para estar seguros que no olvidamos nada —dije sonriendo.

—Y más cuando la pobre Ying Fa tiene unos padres tan despistados como ustedes ¿Verdad, cariño? —dijo ofreciéndole sus brazos—. Ven un rato con la tía Mei.

Meilin me la quitó y se acercó a la mesa donde estaban todos sentados. Era increíble y hermoso verlos a todos juntos en un mismo lugar. Tomoyo y Eriol estaban a un lado de Mei haciéndole caritas graciosas a Ying Fa y mi hermano abrazaba a su "No novia" por atrás. Nakuru y Yukito se acercaron a nosotros para felicitarnos y mi madre charlaba a gusto con los padres de Shaoran y, aunque fuera difícil de creer, el señor Hien tenía una sonrisa boba en su cara mirando a su nieta.

—Bueno, familia —dijo Nakuru cuando nos acercamos a la mesa—. Hora de celebrar el primer mes de Ying Fa.

Nos sentamos en la mesa y mi pequeña hija volvió a mis brazos. La pequeña manita de mi hija se posó sobre mi pecho y eso significaba una cosa… tenía hambre. Con disimulo, saqué mi pecho y ella enseguida se prendió de él. Nos había costado mucho adquirir la técnica correcta, pero ahora era sencillo hacerlo y ella encantada de comer. Mi hija era una pequeña y adorable bolita de cabello castaño y ojos verdes… como los míos, pero su cabello era mucho más oscuro y eso se debía a… Ren.

No había tenido noticias suyas, ni siquiera cuando sus padres nos visitaban para pasar un tiempo con su nieta. Eran excelentes personas y entendían que, de momento, no quería saber nada de su hijo, pero estaba segura que ellos lo mantenían informado de la bebé… una vez capturé a la señora Tsuna mandándole una foto de la niña y… aunque se disculpó muchas veces, no me molestó. No había sido yo quien le había negado su derecho de ser padre… él había tomado la decisión de alejarse, pero esperaba que, con el tiempo, Ying Fa y el pudieran acercarse y conocerse.

—Disculpe, señorita Kinomoto —dijo un mesero—. Esto se lo envían. —Me tendió un sobre en blanco.

Agradecí y extrañada lo tomé. Abrí el sobre y saqué la hoja que estaba perfectamente doblada en el interior. No necesitaba saber el remitente, porque había visto esa letra un millón de veces. Sentí un nudo en mi garganta y temiendo que pudiera soltar a mi hija por los nervios, se la tendí a Shaoran.

Me disculpé con los presentes y fui hasta el pequeño balcón que estaba no muy lejos de nuestra mesa, bajo la atenta de Shaoran. Desdoblé la hoja de papel y al leer mi nombre en ella no pude evitar llorar. No era muy largo, pero sí muy significativo.

Sakura:

Puede que te estés preguntando cómo te he hecho llegar esto, pero eso es lo que menos importa ahora. Recuerdo las exactas palabras que te dije cuando supe de tu embarazo… recuerdo cuan decepcionado me sentí y también puedo decir que sentí un miedo terrible por ti. Pero también debo decir que dejé que mi soberbia me dominara y oculté todo eso tras una máscara insensible que se ha ido destruyendo poco a poco, al ver como mi perfecta familia se ha desintegrado… pero al verlos a todos juntos, unidos… me di cuenta que esa niña ha traído más a tu vida de lo que te ha quitado.

No te escribo esto para pedirte perdón por lo que hice, porque al verte hoy tan feliz y tan fuerte, con tu hija en brazos, me he dado cuenta que eso te sirvió de experiencia para madurar y crecer… o quizás eso es lo que quiero creer para no sentirme tan miserable.

No sé cuándo será el día en que estemos frente a frente de nuevo, pero espero que no esté muy lejos y que pueda por lo menos acercarme a ver los ojos de mi nieta… que Touya me ha dicho que son como los tuyos.

Espero que seas muy feliz y, aunque aquel día dije que estaba decepcionado, hoy digo que estoy muy orgulloso de lo que has logrado y sé que lograras muchas cosas más porque cuentas con el apoyo de personas maravillosas… empezando por el hombre que ha notado mi presencia y no ha dejado de mirarme mientras escribo esta nota para ti.

No te escribiré la palabra "Perdón" porque es algo que espero poder decirte a la cara algún día, pero mientras ese día llega… se feliz, mi pequeño cerezo.

Fujitaka Kinomoto.

No podía dejar de llorar y ya había leído su maldita nota mínimo diez veces. Mi padre había estado allí, solamente mirándonos desde lejos y yo ni enterada. A pesar de ser sorpresivo, no me asustó el hecho de sentir unos brazos envolverme desde atrás, porque sabía muy bien a quien pertenecían sin mirarlo.

—Sabías que mi padre estaba aquí.

—Estaba sentado en el bar —dijo, apoyando su barbilla en mi hombro.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—Porque él no quería ser descubierto. —Shaoran suspiró entrecortado y continuó—. ¿Estás molesta?

¿Molesta? No, no lo estaba… solo estaba decepcionada porque mi padre no se había acercado hasta mí… pero como decía su nota, quizás no era el momento, ni mucho menos el lugar para encararnos mutuamente.

Me giré hacia mi novio y lo besé. No porque quisiera hacerle ver que no estaba molesta, ni mucho menos buscando algo más, lo besé porque simplemente quería sentirlo a mi lado, conmigo.

—Maldita cuarentena —dijo entre besos y me reí, mientras guardaba la nota de mi padre en uno de los bolsillos de su abrigo.

—Quieres tomar muy en serio lo de darle un hermano a ying Fa ¿Cierto?

—De momento, solo me interesan las clases prácticas —dijo guiñándome un ojo—. En algunos años podemos ir por ello.

—¡Eres terrible!

—Y así te gusto.

—Y narciso, lo había olvidado —dije riendo para darle otro beso.

—Por cierto, hay algo que debo decirte —dijo poniéndose muy serio.

—¿Dónde dejaste a Ying Fa?

—Con tu madre, pero ahorita… quiero hablar de nosotros —dijo acariciando mi mejilla.

Eso me hizo sentir nerviosa e inconscientemente, tragué en seco.

—¿Qué será eso tan importante que tienes que decirme? —dije, tratando de relajar el ambiente, pero no me había funcionado porque su intensa mirada no abandonaba la mía.

—Sabes que te amo ¿Cierto? —dijo y sonrojada asentí—. Y sabes que amo a nuestra hija con locura ¿Verdad? —Volví a asentir.

Tomó una de mis manos y sacó algo del bolsillo de su pantalón. Era una pequeña caja de terciopelo vino tinto. Abrí mis ojos con sorpresa cuando él la abrió…

«Dios… esto no puede ser real ¡Jodidamente no puede ser real!»

Besó cada uno de los nudillos de mi mano izquierda y luego colocó el hermoso anillo en mi dedo anular. Era sencillo, pero a su vez, no había visto anillo más hermoso que ese. Era de oro, completamente lizo hasta la zona donde iba la piedra brillante. Yo no sabía mucho de joyas, por lo que no estaba segura del tipo de piedra que era, pero muy probablemente fuera una esmeralda pequeña que estaba posada sobre una flor de cerezo abierta.

—No te estoy pidiendo que nos casemos hoy, mañana, o dentro de un mes —dijo—. Este anillo solo representa la promesa de que algún día, cuando tu creas que sea el momento adecuado, daremos ese paso.

Algunas lágrimas cayeron por mis mejillas y reí. Reí feliz porque jamás me pasó por la cabeza que Shaoran iba a hacer algo como esto. Apenas iniciábamos como pareja, como padres, y había sido lo suficientemente considerado y dulce para dejarme a mí la decisión de cuando lo haríamos… porque si me hubiera pedido matrimonio, así como así… muy probablemente me hubiera negado porque no estaba lista para ese paso… o por lo menos no aún.

—Eres, terrible, narciso y muy listo.

—Y debes incluir sexy a la lista, porque sé cómo me miras cuando salgo de la ducha.

— Me declaro culpable.

¿Y cómo no hacerlo cuando parecía un Dios griego desfilando por el pasillo con pequeñas gotitas cayendo por su pecho? Imposible.

—Entonces…

—Entonces… digo que acepto el anillo y que un día no muy lejano… me encantará la idea de ser la señora Li —dije dándole un ligero besó que lo dejo con ganas de más, estaba segura.

—Solo faltan quince días, quince malditos días —dijo resoplando y me besó de vuelta, mostrándome todas las ganas que tenía de pasar un nivel mucho más profundo... y aunque me diera pena y vergüenza… yo también lo deseaba y estaría más que encantada.

Al separarnos volvimos a la mesa y todos dirigieron su mirada al hermoso anillo que ahora descansaba en mi dedo. La primera en preguntar cuando sería la boda fue la señora Li, seguramente haciéndose ya una lista mental de todo lo que debían preparar, pero fue Shaoran quien le dijo que todavía faltaba tiempo para eso, cuando Ying Fa estuviera más grande y nosotros ya nos hubiéramos adaptado a nuestra nueva vida de padres… y de pareja.

—Aun así, podemos ir viendo cosas… tu sabes hija, para que no nos agarré desprevenidos el momento. —Mi madre no iba a dejarme tranquila y seguramente ya Tomoyo tenía pensado el diseño del vestido.

No podía molestarme, más bien, estaba completamente feliz. Mi hija volvió a mis brazos y mi novio me abrazó, mientras le daba un dulce beso a la bebé en su suave frente. No, no podía quejarme de esto.

Recordé las palabras de mi padre y tenía razón. Todo lo que había pasado, lo malo y lo bueno, nos había traído hasta aquí. Había madurado como mujer y como persona, pero, sobre todo, me había convertido en una persona feliz.

Sentí un beso sobre mis labios y sonreí contra los labios de mi novio. Ambos miramos a nuestra hija y supe que él estaba pesando lo mismo. Ying Fa era el símbolo de nuestra unión y gracias a ella, hoy estábamos juntos disfrutando, divirtiéndonos, aprendiendo y con un futuro brillante por delante. Un fututo que estaría lleno de enseñanzas, pero si estábamos juntos, no había nada que no pudiéramos lograr, después de todo, Shaoran, Ying Fa y yo éramos un equipo ganador. Todo había comenzado como un error, pero gracias a que había confrontado las consecuencias con la cabeza en alto y que había tomado las decisiones correctas… hoy podía decir que estaba orgullosa de mí, muy orgullosa y feliz al ver a mi familia unida. Después de todo, la vida trataba de encarar las consecuencias de nuestros actos y de la toma de decisiones… o simplemente… de consecuencias y decisiones.

Bien chicos, triste, pero… capítulo final listo. No quiero extenderme mucho porque aún queda el epilogo, pero de verdad… al escribir y leer este capítulo me siento realizada. Me costó un mucho escribirlo, porque quería plasmar algunas de las cosas que yo sentí cuando tuve a mi hija, pero a la hora de describir un parto natural pues… San google para que te quiero porque yo tuve cesárea XD

Quiero agradecerles y dedicarles este capítulo a todos ustedes y en especial a aquellos que han seguido esta historia desde el inicio y que siempre estuvieron pendientes de ver si aún estaba viva, como muchos me llegaron a preguntar XD No solo soportaron el tiempo en pausa que fueron como dos o tres años, sino que también aguantaron que iniciara de nuevo la historia, editándola, y luego cada nuevo capítulo hasta llegar aquí ¡Muchas gracias!

Bueno… ya nos queda solo el epilogo y de momento me concentraré en ir escribiendo SLQTG y LQGEO. Quería preguntar si aún quieren la versión Shaoran de "Un novio falsamente verdadero" como para ir planificándola.

El próximo domingo subiré el epilogo y los nuevos capis de SLQTG y LQGEO los subiré el día VIERNES, sí, han leído bien, el día viernes subiré los capis para que tengan chance de leerlos diez mil veces y luego puedan leer con calma el epilogo de DCYD

Espero que la historia haya cumplido sus expectativas y, como dije anteriormente, NO me arrepiento de haberla retomado para terminarla… es una gran historia llena de muchísimo sentimiento, crecimiento y aprendizaje :)

Recuerden dejarme sus comentarios y nos leemos en el epilogo :) Sus reviews me brindan los ánimos necesarios para seguir escribiendo y si tienen algún consejo o sugerencia, con gusto la recibiré :)

Un beso para todos.