"Es una sorpresa. ¿No me digas que no te gustan las sorpresas?"

"Lo que no me gusta es que me saquen del reino con los ojos vendados y ni siquiera me digan donde vamos." Protestó Merlin, sin mucha convicción en sus palabras, porque si era Arthur le que lo sacaba de casa, el que se acercaba a él por detrás y le vendaba los ojos, mientras le besaba el cuello y el que le susurraba, que quería darle una sorpresa, la cosa cambiaba bastante.

"Confia en mi, por favor, se trata de algo que hace días que quería hacer, pero he tenido que esperar a que Gaius me dijera que estabas bien para poder llevarlo a cabo."

Arthur sujetó con fuerza el cuerpo de su compañero y lo apretó contra su cuerpo. No era el mejor camino para ir dos personas sobre un caballo, pero el príncipe quería asegurarse que no le ocurría nada a Merlin.

"No estoy del todo de acuerdo con esto señor." Recordaba perfectamente las palabras de Gaius, que sin duda se comportaba como un padre para Merlin. "Ha pasado por mucho últimamente y todavía no esta del todo recuperado. Preferiría que estuviera aquí."

"Por favor Gaius, solo quiero pasar un día tranquilo y estoy seguro que le vendrá muy bien alejarse de todo esto. Tiene miedo de que m padre nos descubra y yo quiero pasar un rato con él, sin presiones, solo nosotros dos. Te prometo que no pasará nada."

Gaius miró al príncipe, su pensamiento seguía siendo muy claro, había estado a punto de perder a Merlin, lo había visto llegar a casa, en brazos de Arthur, empapado, temblando y con una fiebre terrible, había pasado los peores días de toda su vida tratando lo que parecía ser una terrible pulmonía y por un momento, durante la primera noche, había llegado a pensar que lo perdería.

No podía imaginarse ahora lo que ocurriría si Uther se enterara de su relación. Ya le había visto hacer cosas horribles cuando la gente le llevaba la contraria, por no hablar de lo que haría si se enteraba que Merlin tenía magia. Su relación con el príncipe era realmente peligrosa, pero el muchacho parecía feliz, Arthur estaba feliz y desde luego le estaba protegiendo mejor que nadie.

"Muy bien, pero quiero que estéis de vuelta antes de que anochezca. Todavía hace frío cuando es de noche y no quiero que vuelva a recaer." Arthur sonrió y estrechó la mano del médico como si estuviera cerrando algún tipo de importante trato.

"Vale, te lo prometo y también te prometo que Merlin va a tener un día inolvidable."

"Contando con lo que ha pasado últimamente, no se si eso es buena idea."

"Vamos Gaius, ¿de verdad piensas que podría poner en peligro la vida de Merlin?" Gaius lo miró como si el muchacho ya tuviera que saber la respuesta a esa pregunta. "No de forma intencionada, claro. Le quiero ¿de acuerdo? Le quiero de verdad, como no he querido a nadie y no podría soportar verle sufrir por mi culpa otra vez."

Gaius no se había esperado aquello, siempre había creído que aquello que sentía el príncipe por su sirviente, era algo pasajero, algo que se marcharía cuando conociera a otra persona. Jamás hubiera pensado que le amara, pero lo estaba, realmente estaba enamorado de Merlin.

"¿Por qué no me dices donde vamos?"

"Porque entonces no sería una sorpresa." Le susurró una vez más al oído. "Además, estamos a punto de llegar."

"¿Llegar a donde?"

"¡Merlin!"

"Lo siento, ya no diré nada más."

Arthur le besó en la mejilla y le miró sonriente. A veces se preguntaba como podía quererle tanto, como podía haber estado ciego tanto tiempo, viendo a Merlin, tratándole como a un sirviente más y no ver que tenía delante a la persona más maravillosa del mundo a su lado.

"Ya hemos llegado." Dijo el príncipe unos minutos más tarde. "Si, justo como lo recordaba, temía que después de tanto tiempo, no estuviera igual." Bajó del caballo y colocó las manos en la cintura de Merlin. Le ayudó a bajar del animal e impidió que se quitara la venda. "Todavía no, no seas impaciente." Merlin protestó ligeramente, pero esperó, en el fondo aquel juego de misterio le gustaba. "Ven, coge mi mano y sígueme."

Se movieron lentamente por un suelo en el que Merlin reconoció el contacto de hierba bajo sus pies, unas pequeñas rocas y agua, también había agua fresca. El lugar olía realmente bien, le hacía sentir bien.

"Aquí es."

Notó que Arthur se colocaba tras él, que deslizaba sus manos por su espalda, subiendo hasta su cuello y deshacía lentamente el nudo del pañuelo que cubría sus ojos. La luz de la mañana llegó hasta él y durante un momento le cegó, esperó a que sus ojos se hubieran acostumbrado y por fin, comenzó a ver lo que tenía delante.

"¿Qué te parece?"

No había palabras que pudieran describir lo que estaba viendo, tan sólo escuchaba el rápido latido de su corazón y los nervios en todo su cuerpo. estaba viendo un auténtico sueño, un lugar verde, lleno de árboles de hermosos colores por la llegada del otoño y un pequeño lago en el centro. Todavía quedaban algunas flores en los alrededores, con sus colores vivos e intensos aún delante de él.

"Dios mío Arthur, ¿Dónde estamos?" Se dio la vuelta y observó la radiante sonrisa en los labios del príncipe. "Este lugar es maravilloso."

"Lo se, solía venir cuando era más joven. Antes de convertirme en el primer caballero del reino, pasaba aquí muchas horas. Me dejaba caer encima de la hierba y pensaba en lo que me esperaba en el futuro." Apoyó la cabeza sobre el hombro de su compañero y suspiró. "No sabes la cantidad de historias fantásticas que inventé aquí yo solo, las aventuras que me imaginé que viviría."

"Y lo has hecho, has vivido mil aventuras."

Arthur cogió la mano de su compañero y lo guió por el pequeño claro de bosque que parecía sacado del mejor de los sueños. Le dio un beso, intenso, largo y apasionado, como hacía días que no se lo daba. Se sentó con él en el césped, se tumbó y cerró los ojos.

"Pero ahora quiero que vivamos esta aventura tu y yo, solos… en este lugar que nadie más conoce en todo el reino. Quiero que tengas un día realmente especial e inolvidable. Han sido unos días realmente malos y solo quiero pedirte perdón."

"¿Perdón? ¿Por qué lo dices?" Los ojos de Merlin brillaron con fuerza mientras miraba a su compañero, se mordió el labio y le acarició la mejilla. "Vamos, no me digas que todavía te sientes culpable por lo que pasó el otro día. Fue un accidente y ni siquiera tuviste la culpa."

Arthur abrió la boca para decir algo, pero Merlin colocó un dedo sobre sus labios, con una graciosa sonrisa en los labios.

"No tuviste la culpa, lo digo en serio." Merlin se estremeció, temblando ligeramente; mentir no era su verdadero fuerte. Volvió a mostrar una sonrisa forzada y volvió la mirada.

"¿Qué pasa?"

"Nada, solo tengo un poco de frío, supongo que todavía no estoy bien del todo."

"Merlin…" Sin decir nada, Merlin miró al pequeño lago que estaba tras ellos. "Oh dios mío no había pensado en ello, soy un completo estúpido. Estuvieron a punto de matarte, te estaban ahogando y yo te traigo aquí con ese lago." Arthur se pasó las manos por la cara y protestó en voz baja, sin que Merlin pudiera comprender lo que decía.

"Lo he dicho en serio, tu no tienes la culpa de nada, esa gente me secuestró ¿de acuerdo? Me usaron como cebo para intentar matarte. Así que podría decir que yo soy más culpable que tu, por dejarme coger."

Volvió a estremecerse, una cosa era no querer hacer pasar a Arthur un mal trago y otra que hubiera olvidado ya lo ocurrido en aquel otro lago. Se acurrucó contra el príncipe, en silencio, sentía que estando con él todo lo demás podría desaparecer y así era. Arthur le hacía olvidar, le hacía pensar que lo demás no importaba, simplemente quería estar con él.

El príncipe le besó en la cabeza.

"Lo siento mucho." Susurró una vez más, no creía que nunca fueran a ser suficientes veces las que se lo dijera. "Lo siento."

"No."

"Tengo que decirlo, lo siento."

Merlin se movió con rapidez, no tanto como le gustaría, pues todavía no estaba al cien por cien y se sentó sobre su vientre, cogió sus manos y las apretó contra el suelo. Arthur intentó levantarse, pero Merlin volvió a apretarle contra el suelo. el joven hechicero sonrió y le dio un beso.

"Me encanta este sitio."

"Pero te da miedo."

"No me da miedo, no es lo que piensas, no es que ahora me de miedo el agua ni nada parecido. Es sólo que no había estado en un lugar parecido al otro lago hasta ahora. Te prometo que no me echaré a correr la próxima vez que tenga que prepararte el baño." Arthur sonrió con picardía. "¿Qué pasa?"

"¿Te darías un baño conmigo? Como aquel que nos dimos, ¿recuerdas?" Merlin se ruborizó, sin que Arthur pudiera estar seguro si era por cierta vergüenza o por el miedo al lago. "No quiero forzarte a hacer nada, te lo prometo, si no quieres hacerlo no tienes porque, es solo…"

"Quiero hacerlo, siempre y cuando sea contigo."

"¿Estás seguro?" Merlin asintió, sin apartar los ojos del príncipe, se recostó sobre él y le dio un tierno beso en los labios.

Quería darle las gracias por todo lo que había hecho por él; llevaba días sin estar al frente del ejército y apenas había atendido las obligaciones como príncipe, casi sin darse cuenta había estado todo el tiempo con él y ahora quería tenía que agradecérselo.

Siguió besándole, los labios, la mejilla el cuello. Merlin no era un muchacho atrevido, pero sentía bien, estaban solos, Arthur era todo suyo, completamente suyo y nada de lo que pasara en el resto del mundo, podría impedir que fuera feliz.

"Quiero hacerlo." Le dijo al oído. "Quiero estar en el agua contigo, darme ese baño contigo y quiero volver a hacer el amor."

Se incorporó una vez más, alargó la mano y esperó a que Arthur la tomara, se desnudaron, sin quitar la vista de encima del otro y caminaron lentamente hacia el agua. Aquel día sería perfecto, los dos lo sabían, sería como borrón y cuenta nueva, lo demás daba igual.

Para Morgana también iba a ser un gran día, cuando hablara con Uther sobre lo que había visto, las cosas se pondrían realmente interesantes.