La encubierta
De buena mañana Joo Dee se presentó ante las puertas del consejo. Ella siempre era puntual como la aguja de un reloj. Luego de ella venían los dos generales Shu y Fiu junto al ministro de exteriores. Ellos entraban y diez minutos más tarde entraba el ministro de defensa Sung. Éste no decía se sentaba y escuchaba, a penas hablaba.
- Siempre llegas tarde, ¿no te da verguenza? -Se quejó el ministro de exteriores.
- Oh, debe ser que mi reloj de sol no va con el vuestro, lo siento.
Joo Dee sólo sonreía. Aunque podía interpretarse como una burla, se aceptó como su cara normal. Todos sabían por lo que había pasado Joo Dee con Long Feng y es por eso mismo que pensaban que estaba de su parte en la revolución, como venganza, que sinceramente la propia Joo Dee no entendía como razonamiento pero le iba bien.
Las reuniones eran aburridas. Se reunían mucho para no aclarar nada a pesar de estar de acuerdo, un poco contradictorio. Su afán de organizar todo creaba un efecto contrario. Sung aceptaba todo lo que le dieran siempre y cuando su familia o su posición no se vieran afectadas. Se había vuelto un poco vago ante los demás pero lo mantenían como cebo en caso de emergencia. Realmente ninguno de los generales sabía lo que realmente pensaba pero no les había dado motivos para sospechar. Además se veían tranquilo.
Ese día discutieron sobre las notas enviadas por el Señor del Fuego Zuko. Se estaban dando cuenta que ya no podían continuar de esta manera, se tenían que movilizar para atacar. Por desgracia también se daban cuenta de que tenían muchos puntos en contra. Ahri había sido pillada y, para la desgracia de los presentes, el Dai Li no pudo seguirle el rastro. La daban ya como perdida. Otro tema que les reconcomía era el propio Avatar. Él tenía una fuerza aérea que Ba Sing Se carecía. No tenían infraestructura para crear un ejército después de la posguerra, no al menos directo y visible. Y por último, no habían obtenido mucha colaboración de otros pueblos del Reino de la Tierra. Con los que habían contactado era a través de los correo-águila, sólo pequeños poblados aislados que ni siquiera habían sido colonias de la Nación del Fuego daban el visto bueno. Los generales no se habían atrevido a enviar a nadie a hacer los pactos ni a ir personalmente. Eso los hacía muy débiles y perder credibilidad ante las amenazas que decían.
Cuando salieron de la sala Joo Dee se quedó al lado de Sung, sonriendo. Fiu y Shu los miraron extrañados. Esos podían parecer sospechosos hasta que...
- Joo Dee, ¿te apetece un té?
- Oh, sí, encantada, ministro Sung.
Y se fueron.
Joo Dee seguía al ministro hasta una de las teterías del anillo superior. Cuando entraron él se sentó y le dijo al camarero:
- Hoy no tendréis más clientes, ¿verdad?
El camarero miró a su jefe y éste se acercó.
- Venid, os enseñaré mi selección de tés y podréis escoger el que deseáis para tomar.
El hombre les dirigió hasta una puerta trasera de la tetería, luego cerró la puerta dejándolos solos en una sala pequeña pero acogedora y con dos tés en la mesa.
- Hablemos, ministra de cultura Joo Dee.
- Claro, estaré encantada de hablar con usted...
- Si no quieres sonreír no te fuerces delante mío -dijo Sung con tranquilidad.
Joo Dee se sorprendió ante el comentario y no sabía qué hacer. Sung lo notó y prosiguió.
- Los generales Fiu y Shu me tienen hasta las narices. No van a lograr nada con lo que están organizando, ¿coincides conmigo?
Joo Dee se mantuvo callada.
- Veo, que eres prudente, -y metió un sorbo de té-, no te preocupes. Yo también estoy de parte del Avatar Aang. No me parece bien lo que quieren hacer.
En ese momento Joo Dee tuvo miedo pero sintió alivio al mismo tiempo. Su rostro se destensó y su cara dejó de mostrar la falsa sonrisa de siempre. ¿Cómo es que él lo había notado?
- Cuando sea el momento ayudaré en lo que pueda, pero ahora mismo no quiero arriesgarme a nada.
Aunque Sung no lo pareciera, era un hombre tranquilo y sabio. Había aprendido cuándo actuar, para algo era el ministro de defensa.
- Pero comenzarán a sospechar si nos ven juntos hablando. Somos los que menos aportamos en las reuniones.
- No te preocupes. Yo voy a proponer una táctica de defensa que les va a parecer buena pero fallará. -Miró atentamente a la mujer.- Tú informarás dónde está el punto débil al avatar. Y cuando averigüemos también el fallo táctico del ataque, también.
Joo Dee afirmó con la cabeza. Luego decidió preguntar otra cosa que le carcomía, la misma duda que a los chicos en Omashu.
- Escuche, ¿usted no sabrá por casualidad lo que le pasó al Rey de la Tierra o al Señor Long Feng?
- Que me preguntes por el Rey Kuei lo entiendo pero ¿por qué quieres saber sobre Long Feng? Te hizo mucho daño.
- Lo sé, pero me carcome el no saber dónde está. ¿Y si sigue vivo y no lo sabemos y está también detrás de esto?
Sung bajó la mirada.
- No, ya te digo que no está detrás de esto y al ritmo que va dudo que vaya a seguir vivo por mucho tiempo. -Respiró-. Long Feng fue aprisionado en el Lago Laogai y allí se está pudriendo literalmente. No le dan apenas comida ni agua. Debes pensar que es considerado un traidor y a su vez un mediocre. El grupo Dai Li que lideraba tenía más ansias de poder. -Hizo una pausa- Y al Rey Kuei también lo tiene aprisionado, en caso de emergencia saben que pueden utilizarlo contra el Avatar, pues son amigos. Me sorprende que no se te haya informado, supongo que no les interesaría que lo supieras.
Joo Dee bajó la mirada. El consejo la consideraba la tonta que a todo le decía que sí, que era fácil de manipular. Pero eso le iba estupendo ahora mismo.
Al salir acordaron un pequeño teatro por si los vigilaban. Sabían que dentro de los 5, ellos eran los que menos confianza inspiraban. Joo Dee empezó a reír de un chiste imaginario del ministro Sung. Llegaron de nuevo a palacio y allí se fueron a despedir. Joo Dee se rió por última vez apoyando su mano sobre el hombre del hombre y al darse cuenta se apartó un poco inquieta.
- Lo siento... general Sung. -Dijo con una falsa sonrisa y con un falso sonrojo.-
- Joo Dee... ya lo hemos hablado, no podemos estar de esta manera. Tengo mujer e hijos.
Joo Dee juntó la manos y se disculpó.
- Tiene razón, disculpe.
Sí, los espías que habían puesto encima de ellos ya lo habían visto. Era perfecto. Ahora los dejarían en paz pues habrían pensado que se veían porque eran amantes.
En cuanto Joo Dee entró a casa, empezó a escribir una nota hacia Omashu. Con suerte en dos días llegaría.
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Comentarios de la autora:
Ya falta poco, ya falta poco... se está liandoooooo!
