Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.


-Epílogo-

No pude evitar emocionarme cuando Edward y Bella recitaron sus votos frente al pequeño grupo creado por toda su familia y sus amigos, que los observaban en silencio y con expectación. Yo me encontraba cerca de Edward, sentado en mi silla, y Alice estaba al lado de Bella con los ojos llenos de lágrimas. Sabía que tarde o temprano mi novia acabaría sucumbiendo al llanto, y por eso llevaba un par de paquetes de pañuelos en los bolsillos.

Aquel día hacía bastante calor y como estábamos en el exterior, pues nuestros amigos habían decidido casarse en el jardín de los padres de Edward, sentía que me sobraba la americana. Alice, después de todo lo que le había costado encontrar un traje para mí que le pareciera perfectamente adecuado, se había empeñado en que no me la quitara durante toda la ceremonia, pero me estaba asando de calor. Claro, ella con su vestidito turquesa sin mangas que le llegaba por encima de las rodillas y que se alargaba por detrás no pasaba calor, desde luego. Sin embargo, no podía negar que aquel día estaba preciosa y que apenas podía apartar la mirada de ella ni del collar de la bailarina que se había puesto.

Mientras el reverendo les daba la bendición a nuestros amigos, Alice me miró y me sonrió cálidamente, sonrojada por culpa de las lágrimas que estaba a punto de derramar. Yo le devolví la sonrisa y le guiñé un ojo justo cuando el reverendo dictó que Edward podía besar a la novia, momento en el que los presentes se pusieron en pie y comenzaron a aplaudir. Emmett, que se encontraba en la segunda fila, me miró y yo asentí, por lo que nuestro amigo se levantó sin dejar de sonreír ni de aplaudir y se acercó a mí. Con su ayuda me puse en pie con bastante facilidad, pues aquello ya lo tenía casi dominado. Lo que aún me costaba era caminar, pero todo se daría, estaba seguro. Comencé a aplaudir junto a los demás y volví a sonreírle a Alice, que ya se estaba secando las lágrimas con cuidado de no estropearse el maquillaje.

Cuando nuestros amigos se separaron sonriendo ampliamente y más felices de lo que los había visto nunca, me miraron y me abrazaron con fuerza, saltándose casi todo el protocolo. Aquella era la primera vez que me veían de pie, pues quería darles una pequeña sorpresa por mi parte.

–Enhorabuena –me dijo Edward al oído, rodeándome fuertemente con sus brazos.

–Creo que eso debo decirlo yo –bromeé.

Él me sonrió y me palmeó cariñosamente el hombro para después volver a abrazarme. Sabía que me había echado de menos durante todo el tiempo que habíamos pasado separados, pues yo también lo había echado de menos a él, y por eso que pudiéramos vivir aquel momento juntos era tan especial y tan importante para ambos.

Le di un beso en la mejilla a Bella mientras me abrazaba, y después ambos se dirigieron a abrazar a sus familias, que los esperaban con los brazos abiertos.

Alice casi correteó sobre sus tacones para llegar a mi lado, y sin pensárselo dos veces también me abrazó justo antes de darme un beso en los labios.

– ¿Por qué todo el mundo me abraza hoy? –pregunté a modo de broma mientras rodeaba a mi novia con mis brazos.

Sabía que pronto debería volver a sentarme en mi silla, y por eso estaba aprovechando el momento de estar en pie el máximo tiempo posible.

–Porque estás guapísimo –me respondió ella.

–Bueno, pero guapísimo lo está siempre –le siguió el juego Emmett, parpadeando coquetamente en mi dirección.

Me eché a reír.

–Como se entere Rosalie de que te me insinúas…

–Ella no es celosa. Pero silencio, que ahí viene –continuó con la broma cuando su novia llegó hasta nosotros.

–Ha sido una ceremonia preciosa, ¿verdad? –preguntó secándose los ojos del mismo modo que lo había hecho Alice anteriormente.

–Con tanta lágrima dudo que hayáis presenciado algo –las pinchó él, recibiendo una dura mirada por parte de su novia y de la mía.

–Ya veremos si tú no te echas a llorar cuando nos casemos –le aclaró Rosalie cruzándose de brazos después de haberle arreado un manotazo a su novio.

– ¿Es eso una proposición formal?

–Ni lo sueñes.

Rosalie nos sonrió cariñosamente a Alice y a mí, y se marchó después de dedicarle una mirada enfurruñada a Emmett. Nuestro amigo se encogió de hombros, resignado, y a continuación me ayudó a sentarme de nuevo en la silla.

–Si me disculpáis, debo pedirle perdón a mi dama –nos comunicó con una sonrisita de niño pequeño haciéndonos reír a ambos.

–Nosotros también vamos adentro, no queremos quedarnos sin banquete, ¿verdad? –me preguntó Alice, a lo que yo negué rotundamente.

Después de la comilona y de que mi madre me obligara a comer dos trozos más de carne (igual que si fuera un niño pequeño), los novios abrieron el baile a pesar de la vergüenza y la torpeza de Bella. Al fin y al cabo, no lo hizo tan mal como para avergonzarse. Poco después se fueron uniendo algunas parejas más, incluidos mis padres y Emmett y Rosalie, que al parecer ya habían hecho las paces, pues no dejaron de reír mientras bailaban.

– ¿Me concede este baile, señor guaperas? –me preguntó Alice colocándose delante de mí con la mano extendida.

–Por supuesto, señorita –le respondí con una sonrisa.

La seguí hasta el centro de la pista, y una vez allí entrelazó mis manos con las suyas para después comenzar a moverse al ritmo de la música. Yo no podía hacerlo tan bien como ella, pues a mis piernas aún les costaba moverse, y bailar en una silla era algo complicado pero me dije que no importaba, que sólo importaba la mujer que se encontraba delante de mí.

Estar así con ella me hizo recordar una de las tardes en las que permanecí observándola bailar cuando aún no nos conocíamos. Había cerrado los ojos y había soñado con poder llevarla en nuestro baile, con poder entrelazar su mano con la mía y rozar su cuerpo con el mío mientras bailábamos al ritmo de la música. Y lo que estábamos haciendo en aquel momento no distaba mucho de aquel sueño que en su momento me había parecido inalcanzable.

– ¿Qué pasa? –preguntó ella cuando me vio ausente.

–Ah, nada. Sólo estaba recordando.

– ¿Cosas buenas?

–Desde luego –le respondí con una amplia sonrisa.

Aquellos recuerdos eran un preludio del inicio de mi felicidad junto a Alice, pues en su momento jamás habría imaginado poder ser tan feliz como lo era en aquellos instantes. Tenía todo lo que quería: una familia cariñosa, una novia que me amaba y a la que amaba y unos amigos estupendos. ¿Qué más podía pedir? Claro que cada día echaba de menos a Peter, pero había aprendido que nadie se iba para siempre mientras continuase queriéndole y recordándole, por lo que mi hermano jamás me abandonaría del todo.

Cuando el cielo se tornó naranja anunciando la llegada del crepúsculo, Alice y yo decidimos salir fuera de la carpa que se había montado especialmente para el banquete de boda de nuestros amigos. Ambos paseamos por el jardín hablando de la ceremonia y de lo estupendo que había sido el día cuando me dije que el momento estaba llegando. Alice se apresuró a sentarse en uno de los bancos del jardín, se descalzó y apoyó los pies en la hierba fresca, suspirando sonoramente y haciéndome reír.

–Parece que te duelen los pies –comenté con una risita provocada por los nervios que comenzaron a acecharme.

–Y que lo digas… Creía que me iban a explotar.

–Pensaba que te encantaban los zapatos.

–Y me encantan, pero son una máquina mata-pies.

Me eché a reír entre dientes y después la miré fijamente.

–Oye, Alice… tenemos que hablar de algo.

Ella frunció el ceño y se inclinó hacia mí; parecía preocupada.

–No me gusta ese tono serio. ¿Es algo malo?

–Podría ser.

–Ay, Jasper, no me asustes… ¿qué pasa?

Agaché la cabeza y rebusqué en el bolsillo de mis pantalones hasta que di con lo que estaba buscando. Aquella caja había permanecido todo el día en mi bolsillo y me había recordado constantemente que debía dar un gran paso. Bien, pues aquel era el momento. Saqué la caja y la abrí delante de Alice, que parpadeó y después abrió los ojos como platos.

–Aún no puedo arrodillarme, pero has de saber que si pudiera hacerlo ahora mismo estaría de rodillas –ella se tapó la boca con las manos después de soltar un jadeo ahogado. –Quizá es un poco precipitado, pero estoy loco por ti y necesito saber que vamos a estar juntos para siempre. Así que… ¿te casarás conmigo algún día?

Alice permaneció en silencio durante unos largos segundos, observando simultáneamente el contenido de la caja y mi rostro.

–Sí, por supuesto que sí –respondió en voz baja justo antes de echarse hacia delante para abrazarme.

Se sentó en mi regazo escondiendo el rostro en mi hombro, y yo me limité a envolver su cuerpo con mis brazos para mantenerla cerca de mí.

–Sabes que vamos a estar juntos siempre, Jazz, no necesitamos casarnos para asegurarnos de eso –me dijo en voz baja sin apartarse ni un milímetro de mí.

–Lo sé, pero quiero casarme contigo porque te amo. ¿Es que tú no quieres?

–Claro que quiero. Y yo también quiero casarme contigo porque te amo.

Le acaricié el hombro justo antes de darle un beso en el cuello.

–Podemos casarnos cuando quieras: mañana, el año que viene, dentro de veinte años… No me importa. Yo sólo quiero casarme contigo y pasar el resto de mi vida a tu lado.

Ella se echó a reír temblorosamente y apoyó su mejilla en mi hombro. Había flexionado sus rodillas y se encontraba totalmente encima de mí, pero no me importaba; al contrario, me encantaba poder sujetarla tan cerca de mí, sabiendo que nada ni nadie podría hacerle daño.

–No puedo creer que acabes de pedirme matrimonio –murmuró con la voz entrecortada. –No me lo esperaba de ninguna manera.

Me reí entre dientes antes de darle un beso en la frente.

–En ese caso, me alegro de haberte pillado por sorpresa.

Ella asintió en silencio, pero después alzó la cabeza mirándome con el ceño fruncido.

– ¿Por qué me has dicho antes que lo que me tenías que decir podría ser algo malo? ¿Pedirme matrimonio es algo malo?

–No, en absoluto, pero me refería a que podría haber sido algo malo si hubieras rechazado mi proposición.

Ella ladeó la cabeza y me miró con los ojos entrecerrados.

–Jazz, ¿de verdad has pensado por un solo segundo que iba a rechazarte?

Me encogí de hombros.

–Tenía que tener en cuenta todas las posibilidades.

Ella negó lentamente con la cabeza, riendo suavemente.

–Seré feliz el día que te des cuenta de lo mucho que te amo y de las pocas ganas que tengo de separarme de ti.

–Eso ya lo sé, pero… podrías cambiar de opinión.

–Jamás cambiaré de opinión respecto a lo que hay entre nosotros –su seguridad me sorprendió muy gratamente. –Pero quizá seas tú el que cambie de opinión.

Aquel fue mi turno para separar un poco mi rostro del suyo y para mirarla con el ceño fruncido.

–Alice, sabes lo que siento por ti. Y sabes que jamás encontraré el tiempo necesario para agradecerte todo lo que has hecho por mí, desde soportarme hasta ayudarme con la rehabilitación. Y si algún día consigo volver a caminar, será gracias a ti. Lo que pasa es que ése es uno de los motivos más pequeños que tengo para amarte. Te amo por cómo eres, por quién eres… te amo porque conseguiste sacar de mí toda la oscuridad que me invadía, porque me convertiste en un hombre mejor y te amo por haberlo intentado cada día.

Ella parpadeó seguidamente para evitar las lágrimas, pero fue inútil. Al mismo tiempo, sus mejillas se tiñeron suavemente de rojo.

–Ay, Jazz… No digas eso.

–Pero es la verdad y quiero que la sepas. Quiero que sepas que el hombre con el que te vas a casar está loco por ti y que para mí jamás habrá otra mujer. Sólo existes tú, Alice. Ahora y siempre.

Su labio inferior tembló el segundo antes de que sus lágrimas comenzaran a rodar por sus mejillas. Sin embargo, sorbió por la nariz y comenzó a hablar con la voz entrecortada:

–Supongo que sabes que yo siento exactamente lo mismo por ti. Te amo como nunca he amado ni amaré a nadie, y ningún hombre me hará sentir por él lo que siento por ti. Tú eres el único al que quiero y al que querré siempre, y espero que jamás dudes de mis sentimientos.

Aquellas palabras me hicieron sonreír, y la alegre música proveniente de la carpa se sumó a aquella felicidad y a aquella calidez que acababa de instalarse dentro de mí.

–Nunca lo haré, prometido –le di un cariñoso beso en la nariz y luego sequé sus lágrimas con mis dedos. –Y ahora, señora futura esposa, ¿le apetece que regresemos y que bailemos un poco más? Espero que recuerde que me enamoré de usted gracias a lo bien que baila –le dije acariciando suavemente el colgante de la bailarina que descansaba sobre su clavícula.

–Lo recuerdo, señor futuro esposo, igual que espero que recuerde que yo me enamoré de usted cuando me miraba mientras bailaba. Y sí, me encantaría regresar para bailar un poco más con usted.

–Eso está hecho, entonces.

Esperé hasta que se puso en pie, recogió sus zapatos y comenzó a caminar descalza a mi lado mientras me miraba con una hermosa sonrisa en sus labios; esa sonrisa que había iluminado mis días cuando pensé que ya estaba sumido en la oscuridad.

Dos años más tarde…

Escuché el sonido del timbre justo cuando cerré el libro después de haberlo acabado. Sonreí y, ayudándome de mis brazos, me puse en pie lentamente.

– ¡Ya voy! –exclamé para dejárselo claro tanto a Alice, que estaba terminando de vestirse, como a las personas que se encontraban tras la puerta.

Tabby, que había crecido considerablemente desde que Alice la trajo a casa siendo una cría, alzó perezosamente la cabeza del sofá y maulló en dirección a la puerta. Después bostezó y volvió a acurrucarse sobre el cojín en el que se encontraba dormitando. Aún era una gata joven, pero a causa del calor que hacía se pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo.

Dando pasos cortos pero certeros llegué a la puerta y la abrí, encontrándome con Emmett y con Rosalie al otro lado.

–Hola, chicos –los saludé con una amplia sonrisa. Me eché un poco hacia atrás y abrí un poco más la puerta. – Pasad. No creo que Alice tarde mucho.

–Uy, eso significa que estaremos aquí hasta mañana –rezongó Emmett entrando en el piso justo antes de darme una palmada suave en el brazo.

Le di un beso a Rosalie en la mejilla cuando hizo lo mismo y después cerré la puerta.

–Que sepas que te he oído –le respondió Alice con una ceja alzada, apareciendo de repente. –Y para tu información, ya estoy lista.

–Entonces, ¿podemos irnos ya? –pregunté yo.

–Ajá. Te vas a llevar la silla, ¿no?

–Claro.

Caminé de nuevo hacia el salón con lentitud, pues ese era el ritmo que mejor aguantaba mi cuerpo. Hacía varios meses que me pasaba la mayor parte del tiempo caminando, pero tampoco me forzaba demasiado ni le exigía a mis piernas más de lo que podían soportar. A veces Alice y yo dábamos la vuelta a la manzana con tranquilidad, íbamos a dar paseos cortos y continuábamos yendo a rehabilitación. Yo no me obligaba a caminar siempre porque era consciente de que no podía hacerlo, pero cuando sentía que mis piernas estaban dispuestas, no había nadie que consiguiera sentarme en mi silla.

Sin embargo, aquella mañana que íbamos a hacer un picnic sí que me la iba a llevar porque no quería arriesgarme a cansarme demasiado. Además, la silla no me molestaba en absoluto. Había comprendido que era un objeto imprescindible en mi vida, y no iba a abandonarla sólo por orgullo. Mi salud era lo más importante.

Así que me senté en la silla y todos bajamos a la calle, dispuestos a pasar un gran día de picnic. Emmett había traído su Jeep, por lo que, tras guardar la silla en el maletero, me ayudó a subir en el asiento de copiloto. Sentí la mano de Alice, que estaba sentada en los asientos traseros junto a Rosalie, que me acariciaba la parte posterior de la cabeza, y sonreí levemente.

– ¿Estás bien? –me preguntó acercándose al asiento delantero.

–Sí. Perfectamente. ¿Y tú?

–También. Con ganas de pasar un buen día.

Asentí en silencio y con una sonrisa, y después miré a Emmett sentarse en el asiento del conductor. Nos dedicó a Alice y a mí una mirada de fingida reprobación.

–Espero que no estéis haciendo manitas en mi coche.

Aquel comentario me hizo sonreír.

–Tranquilo, esperaremos a llegar al parque para hacerlas.

Escuché la risita divertida de Alice y también la de Rosalie en los asientos traseros.

–Con que sí, ¿eh? Rosalie, hemos traído la cámara de fotos, ¿verdad?

–No seas pervertido –le riñó ella sin dejar de sonreír.

Llegamos al parque en menos de un cuarto de hora, y allí, en una de las zonas más apartadas donde la gente solía hacer picnics, nos encontramos con Edward y con Bella. Nos saludamos todos entre abrazos cariñosos y sonrisas sinceras, y no pude evitar quedarme embobado con la imagen de Alice acariciando cariñosamente la prominente barriga de Bella, que estaba embarazada de seis meses.

A continuación, Emmett colocó al lado de la que habían traído Edward y Bella la manta de cuadros adicional que habíamos llevado para que pudiéramos caber los seis, y acto seguido nos sentamos formando un círculo, yo con la espalda apoyada en uno de los árboles. Después, entre todos sacaron la comida que habíamos traído y la distribuyeron por todo el espacio que quedaba libre en el centro. Alice se encontraba en uno de mis costados y me sonrió cálidamente cuando se percató de que la estaba mirando.

–Bueno, ¿cómo está el pequeñín o la pequeñina? –le pregunté a los futuros padres, que habían querido que el sexo del bebé fuera una sorpresa.

–Perfectamente, todo va muy bien –me respondió Bella colocando su mano sobre su vientre. –Ahora está tranquilo, diría que dormido.

– ¿En serio? –preguntó Alice, que se entusiasmaba cada vez que Bella hablaba de lo que sentía al tener un bebé dentro.

No obstante, no era la única, porque Rosalie también estaba más que emocionada con la noticia, y más de una tarde habían desaparecido las tres por ir a comprar ropita y accesorios de bebé a pesar de que a la futura mamá no le entusiasmaban las compras.

–Sí. Muchas noches apenas puedo dormir de lo que se mueve, pero ahora está tranquilo.

Rosalie se acercó a Bella y le colocó la mano en la barriga, gesto que Alice no tardó en imitar, consiguiendo que pusiera los ojos en blanco. Siempre estaban igual.

–Será un niño –comentó Emmett tranquilamente.

Y yo, por llevarle la contraria, me negué:

–No, será una niña.

–Qué va.

– ¿Y tú qué sabes?

– ¿Y qué sabes tú?

Edward se echó a reír entre dientes mientras se comía un trozo de queso.

–Chicos, no discutáis. Sea lo que sea, lo querremos igual.

–Eso no lo dudamos, pero es una cuestión de principios –le aclaró Emmett. –Si yo digo que será un niño, es que lo será.

–Ya, claro, habló el experto.

– ¿Sí? Pues mírate tú.

Alice ladeó la cabeza y me miró con una expresión divertida. Ella sabía que sólo lo hacía por fastidiar a Emmett y que lo estaba consiguiendo, cosa que me divertía sobremanera.

Cuando terminamos de comer, Edward y Bella se tumbaron un rato para descansar, y Emmett y Rosalie fueron a dar un paseo, aunque yo estaba convencido de que eran ellos los que iban a hacer manitas en algún lugar recóndito del parque. De mientras, Alice y yo nos acercamos cogidos de la mano y caminando sin prisa al lago artificial que se encontraba en el centro del recinto. Nos detuvimos en la orilla y observamos a los patos flotando plácidamente sobre el agua.

Alice se acercó a mí, rodeó mi cintura con uno de sus brazos y apoyó la mejilla en mi pecho. Yo aproveché aquella postura para acariciarle el cabello suavemente mientras inclinaba la cabeza para darle un beso en la nariz.

– ¿Te lo has pasado bien hoy? –le pregunté.

–Mucho, pero siempre me lo paso bien contigo.

Aquella respuesta me hizo sonreír.

–Lo mismo digo, señorita. Y hablando de pasarlo bien… ¿cuándo nos vamos a casar?

Hacía casi dos años que le había pedido matrimonio, y a pesar de que me había dicho que sí, aún no habíamos fijado una fecha concreta. Sin embargo, ni Alice ni yo teníamos prisa por unirnos en matrimonio.

Ella alzó la cabeza y me miró fijamente.

– ¿Cuándo quieres casarte?

Fingí pensármelo durante unos segundos mientras miraba fijamente el agua del lago. Después clavé mi mirada en la de Alice.

–No me importaría casarme pronto.

–Pero pronto… ¿sería el año que viene? –aquella respuesta me hizo abrir mucho los ojos. –Sabes lo perfeccionista que soy, y quiero que mi boda sea perfecta, así que necesitaré tiempo para organizarla.

Su respuesta me hizo reír a carcajadas, pues no me sorprendía en absoluto. Sin embargo, quise picarla:

–Pensaba que tu boda sería perfecta solo porque te vas a casar conmigo.

Ella entrecerró los ojos y me dio un golpe suave en el pecho.

–Claro que sí, sólo por eso ya será perfecta. Pero aparte de un novio perfecto quiero un vestido perfecto, un pastel perfecto, un lugar perfecto, una música perfecta, unas fotos perfectas, unos invitados perfectos…

–Un negligé perfecto para la noche de bodas perfecta –enumeré yo con una sonrisa traviesa en el rostro, consiguiendo que Alice finalizara su perorata de golpe.

– ¿Un negligé?

–El novio también tiene derecho a pedir algo, ¿no?

Ella entrecerró los ojos con una sonrisa en el rostro.

–Pensaba que tu boda sería perfecta solo porque te vas a casar conmigo –Repitió mi frase haciéndome reír.

–Y lo será, pero si mi novia perfecta se pone un negligé perfecto para una noche de bodas perfecta pues… el novio estará feliz de por vida.

Alice se echó a reír antes de rodearme con sus brazos y de ponerse de puntillas para poder darme un suave beso en los labios.

–Así que sólo quieres casarte conmigo por la noche de bodas –iba a contradecirla pero me detuvo. –No, ya te he calado, colega. Pero, ¿quién te ha dicho a ti que no puedo ponerme un negligé cualquier otra noche?

El movimiento sugerente de cejas que acompañó a su pregunta me dio a entender que quizás no me haría esperar casi un año para darme una sorpresa.

–Me parece que tú y yo nos vamos a entender mucho con este tema.

Alice se echó a reír de nuevo y asintió.

–Entonces, ¿te parece bien que nos casemos el año que viene?

Asentí en silencio. Me parecería bien cualquier fecha sólo por el hecho de que iba a casarme con ella. Nada más importaba.

– Sabes que te amo, ¿verdad? –tuve la necesidad de preguntarle.

–Claro. Y tú sabes que te amo, ¿verdad?

Sin contestarle, me limité a abrazarla con fuerza, uniendo todo su cuerpo al mío de modo que podía apoyar mi barbilla sobre su cabeza. Me encantaba poder abrazarla de pie, porque así podía cubrirla casi por entero con mi cuerpo, y aquello me daba la seguridad de que Alice estaba protegida a pesar de que sabía que no corría ningún peligro.

Cuando nos separamos, esperé a que alzara la cabeza para inclinar la mía y así poder besarla suavemente, diciéndole en silencio lo mucho que la amaba y agradeciéndole todo lo que había hecho por mí. Porque era probable que, sin ella, yo jamás hubiera vuelto a caminar. No obstante, y como ya le había dicho anteriormente, aquél era el motivo más pequeño por el cual la amaba.

Sabía que mi vida había cambiado desde la llegada de Alice, que no sólo me había ayudado a superar aquella etapa oscura de mi vida y no sólo me había ayudado a caminar, sino que también me había enseñado a amar.

FIN


*Mención especial para KlaudiaLobithaCullen, que hace unos días fue su cumpleaños y no pude escribirle nada, sorry! Así que aquí tienes, el último capítulo de mi fic va dedicado a ti, ¡espero que te guste! :D


Sniff, sniff... Ya hemos llegado el final de esta historia, y os lo digo con "tristeza" porque han sido 25 semanas en las que esperaba que llegara el viernes para poder mostraros un nuevo capítulo ;) Espero que os haya gustado muchísimo y que la hayáis disfrutado tanto como disfruté yo escribiéndola (aunque tengo que admitir que me costó bastante terminarla, incluso la abandoné por un tiempo para escribir otras cosas, pero finalmente aquí está). Espero también que como yo les hayáis cogido cariñito a estos personajes que me han acompañado durante tanto tiempo.

Pero no os preocupéis, estoy a puntito de terminar un short-fic de 6 capítulos y es muy, muy probable que empiece a subirlo el viernes que viene, así que todavía no os vais a librar de mí. Aparte de eso, estoy escribiendo otro fic largo (del que aún me queda un buen trozo para terminarlo xD) que también subiré en cuanto lo tenga más o menos listo :)

¡Ah! Quería hacer una aclaración, porque algunas de vosostras me dijisteis que no sabía quién era Federico Moccia, y os cuento que es el autor de "A tres metros sobre el cielo", "Tengo ganas de ti, "Esta noche dime que me quieres"... entre otros. No sé si os lo he aclarado o no, pero es lo que hay xD

Y nada más, esto es todo por mi parte. Espero recibir muchos reviews que me digan que os ha gustado el epílogo, y que continuéis acompañándome en mis futuras historias ;) Un besazo y hasta pronto! Xo