DISCLAIMER: TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A J. K. ROWLING

* CAPITULO REEDITADO *

ONÍRICA

Epílogo

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Sintió que paulatinamente sus sentidos despertaban, poco a poco, aún presas del sopor matutino. La fría mañana comenzó a colarse a través de la tela de su gruesa y confortable pijama de franela; y ella, buscando recuperar un poco del calorcito que acompaña al sueño, se enredó en sus sábanas y giró su cuerpo hasta volver a una posición confortable. Como no queriendo admitir que había despertado, abrió uno solo de sus ojos en una rendija, apenas perceptible a través de las pobladas pestañas, pero los rayos de luz que se colaban por la persiana la hicieron cerrarlo nuevamente.

Aún no quería despertar; era tan bueno dormir… soñar. Cómo le hubiera gustado poder continuar soñando al menos un par de horas más.

Hizo caso omiso a los gorjeos de las aves madrugadoras y, enterrándose nuevamente entre sus cobijas, se tapó el rostro con la primera almohada que encontró a mano e intentó volver a conciliar el sueño. Era en vano, lo sabía… pero incluso eso se sentía mejor que aterrizar de bruces en la realidad de la vida cotidiana.

Recordaba su sueño; bueno, en realidad sólo recordaba El sueño; porque sueños comunes y corrientes tenía todas las noches, momentos antes o después de su encuentro con Draco en Onírica, pero eran olvidados tan pronto comenzaba a desperezarse. Le parecía curioso, pues la diferencia entre sus sueños comunes y los sueños con Draco era abismal. Pesadillas, sí… aún tenía de esas de vez en cuando, pero al igual que le había ocurrido toda la vida, formaban parte de un sub-mundo efímero y brumoso que desaparecía instantáneamente con el primer rayo de luz.

Esa noche no había sido la excepción. Recordaba, muy vagamente ya, algo relacionado a una carrera por un bosque desierto… ese sueño por fortuna no duró mucho, pues Draco llegó e inmediatamente ella reapareció en Onírica.

Una sonrisa escapó de su rostro al recordar su sueño.

Suspiró y decidió que ya era hora de ponerse en pie. Quitó con un movimiento malhumorado la almohada que cubría su rostro y se estiró con parsimonia para retirar los últimos rescoldos de somnolencia de su entumecido cuerpo mientras alejaba las sábanas y cobijas que la cubrían.

—Buenos días.

El saludo la tomó por sorpresa. Se abstuvo de gritar únicamente porque la saliva se atoró en su garganta, haciéndola toser un par de veces hasta recuperar el resuello. Instintivamente volvió a cubrir su cuerpo con las sábanas, pero entonces, al ver a la persona frente a ella, todo rastro de miedo se disipó para transformarse en un gesto radiante de felicidad.

—¡Draco! ¿Qué haces aquí? —La chica brincó de la cama y en dos zancadas estuvo sentada encima de las piernas del rubio, que permanecía sentado en una silla solitaria en el rincón más apartado de la habitación de Hermione. Ella lo abrazó con ansias incansables, como tratando de recuperar el tiempo perdido, como si intentara absorberlo por ósmosis, por mero contacto, mientras dejaba que su olfato se llenara de aquel aroma que aún rememoraba a pesar del tiempo transcurrido.

Después del prolongado abrazo, y aún agazapada en su regazo, la chica lo miró con dulzura y acarició su rostro lentamente. Entonces recordó que no había soltado aún su maremoto de preguntas, y como si hubiera encendido el botón "ataque" en su cerebro, comenzó con la estampida

—¿Cuándo llegaste? ¿Por qué no me despertaste? ¿Desde cuando tienes planeado esto? ¿Porqué no me lo dijiste anoche, en Onírica? ¿Saben en tu escuela que has venido...? Un momento, ¿el ministerio sabe que has viajado?

Draco la hizo callar con una caricia sobre el rostro y, mirándola directamente a los ojos le dijo

—No te desperté, por una sencilla razón. A pesar de haber compartido contigo todas mis noches, por casi 3 años, nunca te había visto dormir.

La chica acomodó ruborizada su indomable cabellera detrás de su oreja y miró un poco cohibida al rubio, quien ante tal demostración de vergüenza no pudo más que sonreír.

—La respuesta a las otras preguntas es: "Hace un momento" "Desde hace mucho" "Porque la idea era sorprenderte" "Sí" y "Sí" —Completó el chico y se acercó para besar la frente de Hermione—. ¿Sabias que ni dormida te callas?

—Sí, ya lo sabia —Contestó con un fruncimiento de ceño—. Ginny no paraba de burlarse de mí por eso. De hecho, gracias a mi nula capacidad de mutismo nocturno fue que descubrió todo el asunto de nosotros y Onírica…

—Es cierto… aún no me he cobrado aquella interrupción —recordó Draco—. Tal para cual esos dos, de sólo recordar aquella vez en la biblioteca, con Potter en el papel estelar del entrometido del año... No quisiera estar en los zapatos de sus futuros hijos...

Hermione no pudo evitar reír a carcajadas por el comentario del rubio.

—Hablando de ellos —comentó el chico, una vez que Hermione pudo respirar correctamente—. ¿Lograste encontrar algo en la biblioteca sobre su caso? Nunca logré entender la razón por la cual sólo nosotros pudimos acceder al mundo de los sueños… Digo, era comprensible que no entraran a nuestra Onírica, pero…, ¿por qué no pudieron crear su propia realidad? —Preguntó Draco, aún intrigado después de tanto tiempo.

—Pues, de hecho sí encontré algo, pero no estoy del todo segura… es un poco ambiguo —contestó la chica con el seño fruncido.

—¿Y qué era?

—Algo referente a la afinidad de almas, al anima offundo…Por lo que decía aquel libro, sólo dos almas complementarias pueden unirse, y la unión es requisito para el hechizo de vinculación. Pero te digo, no estoy del todo convencida, porque eso implicaría que ellos dos no son compatibles del todo.

Draco la corrigió en el acto —Compatibles son, de eso no hay duda… Complementarios es distinto. Y yo sí lo encuentro plausible, incluso tú y yo somos el mejor ejemplo. Somos opuestos: blanco y negro, luz y oscuridad, ying y yang… nos complementamos. Ellos son afines, pero definitivamente no son complementarios.

Hermione lo pensó un momento y asintió. Eso tenía lógica, hasta cierto punto… Nunca lograría entender los extraños caminos de la magia, o las razones por las cuales algunos hechizos antiguos eran tan excluyentes; pero decidió que poco le importaba en esos momentos, pues de lo único que tenía ganas era de besar a Draco hasta que sus labios se entumieran. Su necesidad de Draco era apremiante, así que sin postergar ese deseo ni un segundo más se acercó a él y lo besó.

Así permanecieron largo rato, besándose incansablemente, acariciándose, mirándose… recuperando de a poco cada contacto perdido en los últimos dos años de ausencia del rubio. Las palabras no hacían falta, pues podían decirse muchísimas más cosas con una sola mirada.

—¿Ya me vas a decir cómo lograste venir sin que el ministerio se opusiera? —preguntó la chica al cabo de un largo rato de silencio, mientras descansaba su rostro en el pecho del chico—. Aún faltan 2 meses y medio para que se cumpla tu sentencia.

—¿Y que recibiré a cambio de tan valiosa información? —preguntó el chico, con toda la intención de ocasionar alguno de aquellos sonrojos que tanto le gustaban.

—No lo sé, ¿qué quieres?

Draco rió a carcajada tendida —Vaya, realmente quieres saberlo, ¿cierto? No es común escucharte ceder tan fácilmente.

La chica lo miró expectante, por lo que Draco no pudo hacerla esperar mucho más.

—La razón principal es la liberación de mi madre. Me han permitido estar aquí para encargarme de la mansión y activar nuevamente las cuentas, recontratar a los elfos y recibirla. Saldrá de Azkaban en 2 semanas.

Hermione, que ya había escuchado algunos rumores inciertos, abrazó a Draco con fuerza, hundiéndose en su cuello para que no pudiera ver la mueca ligeramente apesadumbrada que comenzaba a dibujarse en su semblante —Me da tanto gusto por ustedes, Draco…

—¿Pero...? —preguntó el rubio, tomándola por los hombros para alejarla y poder ver su rostro—. ¿Pasa algo Hermione?

—No, nada. Estoy muy feliz por ti, es todo —contestó la chica rehuyendo su mirada.

—No me mientas Hermione, algo te molesta, ¿qué es?

Hermione suspiró y lo miró a los ojos; tenía la esperanza de que Draco no notara su preocupación, pero aparentemente el chico había llegado a conocerla hasta el punto de adivinar su pesar en una simple inflexión de voz.

—Es sólo que… Es una niñería, no tiene importancia Draco, en verdad… —suspiró—. Sólo tengo un poco de miedo, pues ahora que tu madre salga, y si llega a enterarse de lo nuestro, tal vez se moleste…

—¿Y qué si se molesta? —preguntó el rubio con intención.

—Pues que no me gustaría causar un conflicto ahora que va a salir de prisión. Necesitan tiempo para estar juntos. Seguro tu madre muere por estar a tu lado… y yo no quiero ser un motivo para que tengan alguna disputa.

El chico la miró por unos momentos para después sonreír abiertamente

—Creo que no tienes nada de que preocuparte, mi madre ya está enterada. No voy a negarte que le causó cierta sorpresa, pero al final lo ha aceptado… No puedo decir lo mismo de mi padre; pero con él aún tengo mucho tiempo para prepararme antes de encararlo.

Hermione parpadeó confundida

—¿Y cómo se enteró? ¿Desde hace cuanto?

—Hablé con ella hoy, justo antes de venir aquí contigo. Necesitaba decírselo antes de que saliera… y antes de que, bueno; antes de que saliera.

Ella no podía creer que Narcissa Malfoy, de buenas a primeras, hubiera aceptado la relación de su hijo con una Sangre Sucia. Tal vez Draco intentaba suavizarle un poco la información para no hacerla sentir mal, mientras su madre asimilaba la noticia. De cualquier manera se sintió aliviada al saber que al menos estaba enterada. Así que decidió cambiar de tema.

—Entonces, supongo que el ministerio te permitirá quedarte estas dos semanas. ¿Qué opinan en tu universidad de eso? ¿No irás a retasarte, o sí?

Draco sonrió de lado, comprobando que Hermione nunca cambiaría. La educación era prioritaria para ella, por lo tanto no podía concebir el saltarse dos semanas de clases… Casi preferiría atravesar en hipogrifo el Canal de la Mancha todos los días.

—Eso ya está arreglado —contestó evasivamente el chico.

—¿A que te refieres? ¿Cómo que arreglado?

—Bueno, ¿es que no puedes aguantar la curiosidad un solo minuto?

—¡No!

—Bien, gracias por arruinar la sorpresa —Dijo el chico fingiendo molestia—. Está arreglado, porque ya no voy a regresar a Francia; me quedo aquí.

Draco se puso en pie y comenzó a explicar a la chica lo que había escuchado: —El Ministerio ha decidido que puedo permanecer aquí, pues al parecer, los miembros que habían votado por mi traslado han sido sorprendidos en medio de negocios algo turbios… sobornos y ese tipo de cosas. Los nuevos miembros del comité, al revisar mi caso, no encontraron fundamento para mantenerme en Francia, por lo tanto se pusieron en contacto conmigo y me ofrecieron la posibilidad de regresar… Ese mismo día hablé con el Director de mi Universidad y arreglé un traslado al Colegio Avadon. Ellos no tuvieron inconveniente, así que… comienzo el lunes.

Hermione no cabía en sí de felicidad. Draco había regresado, y ya no tendría que irse nuevamente… Ahora podría verlo todos los días, en el mismo campus de su Universidad, y recuperar los dos años que les habían sido arrebatados. Poco le importó ya lo que había comentado sobre los negocios turbios, aunque tenía una idea bastante aproximada de lo que había ocurrido en verdad… Entonces se formó en su mente el rostro descompuesto de Daphne Greengrass y sonrió victoriosa.

—Ya imagino lo bien que se lo tomó tu amiguita Greengrass… Seguro empaca sus maletas para regresar también.

—Hubieras adorado la expresión en su rostro cuando me vio salir con todo y maletas hoy por la mañana. Claro que las amenazas y juramentos no se hicieron esperar, pero preferiría no repetirlos… Por lo demás, dudo que se atreva a venir hacia Inglaterra nuevamente, pues dejé en claro de una vez y por todas un par de cositas que seguramente hirieron su orgullo.

Hermione sonrió intentando mostrar algo de compasión —Espero que no hayas sido muy cruel con ella... —Bueno, realmente sí lo esperaba. Pero él no tenía porqué saberlo…

—No más de lo necesario —Contestó el chico y volvió a aproximarse a la castaña para besarla.

—Entonces, es un hecho, al fin estaremos juntos.

—Esa es la idea, y la razón por la cual estoy aquí. Hay algo que aún no te he dicho…

Hermione se preocupó al ver el rostro de Draco, que repentinamente había demudado de una expresión sonriente a una seria y ¿nerviosa?

—¿Qué cosa? —preguntó la chica intentando disimular su nerviosismo.

Hermione conocía Draco, sabía cuales eran sus gestos cuando estaba molesto, confuso, alegre, preocupado… Sabía leer su mirada casi con precisión matemática. Pero a pesar de todo ello, la actitud que mostró en ese momento le pareció de lo más extraña. Y es que nunca, jamás, lo había visto nervioso… Nunca había percibido un solo atisbo de indecisión en sus movimientos o un temblor involuntario. Pero en ese momento, lo estaba presenciando por primera vez.

El chico intentaba sacar algo del bolsillo de su túnica con manos temblorosas, pero lo que fuera que estuviera ahí, parecía negarse en redondo a salir. Al final, y después de varios jalones y un par de palabras altisonantes susurradas con molestia, logró extraer una caja alargada forrada de terciopelo negro.

Entonces el chico la miró nuevamente a los ojos.

—Hermione, he venido hoy para pedirte… —su mano, aún insegura, se posicionó sobre el estuche negro y lo abrió—. Para decirte que no hay nada en el mundo que me gustaría más… —La castaña comenzó a temblar al identificar un par de destellos ocultos tras la tapa de aquella caja. Su respiración se paralizó momentáneamente al verlo acercar su mano al interior de ella y extraer algo con suma delicadeza.

—… Que me harías el hombre más feliz si me hicieras el honor… —Draco sujetó la rosa por el tallo y se la ofreció a la pálida chica, que permanecía con los ojos exorbitados y tan estática como una estatua frente a él.

—... De casarte conmigo —terminó con un timbre de voz una octava más grave de lo normal.

Hermione contempló embelesada la hermosa rosa de diamante que Draco le estaba ofreciendo, tan impresionante como aquellas que el chico había creado en Onírica; pero ésta vez, con el añadido de que era algo real, algo tangible… Hermione la tomó con manos vacilantes, con temor a romperla por su delicada apariencia, y la acercó a ella para poder apreciarla mejor. Era perfecta, hermosa, impresionante. Cada uno de los pétalos refulgía al mínimo movimiento, creando reflejos en toda la gama de colores del arco iris.

—¿Serías mi esposa, Hermione?

La chica volteó a ver a Draco, que permanecía parado frente a ella, y sin poder evitar su reacción impulsiva, brincó hasta quedar trepada en el pecho del rubio, con sus piernas rodeando sus caderas, y comenzó a besarlo una y otra vez, alternando entre cada beso un "sí", que iba acompañado de una lágrima de emoción.

—Sí, sí, sí… Te amo… Sí… Sí. Acepto.

Draco la bajó lentamente y tomando el capullo desde la base, a modo de soporte, tocó con su varita el centro de la flor en botón. Ésta se abrió ante el contacto, revelando en el interior de los pétalos un hermoso anillo de oro blanco engarzado con un diamante. Lo extrajo con cuidado y lo colocó con delicadeza en el dedo anular de la chica.

Hermione contempló su mano desde todos los ángulos posibles, con una enorme sonrisa en el rostro.

—Es hermoso.

—No tanto como tú —contestó el rubio mientras acariciaba su mejilla.

Hermione tomó la mano del chico y lo acercó a ella, lo rodeó con sus brazos y redujo el espacio entre sus cuerpos hasta volverlo inexistente, sacando enseguida una sonrisa seductora a los labios del rubio.

—Intenta seducirme acaso, futura señora Malfoy...

Hermione sonrió de lado, copiando magistralmente el sugerente gesto característico del rubio y contestó: —De eso puede estar seguro, futuro señor Granger…

Draco rodeó a la chica con sus brazos y la levantó en vilo para llevarla hasta la cama, donde la dejó caer con suavidad, colocándose sobre ella.

—Creo que te acabas de ganar el apellido por merito propio Hermione…

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En la oscuridad de la inexistencia, preso en la negrura del no ser, un ente tomaba forma en si mismo. Despertaba a la conciencia de su existencia dentro de lo inconcebible. Sin forma, ni cuerpo, ni entorno, pero seguro de quién era y lo que tendría que hacer…

Sabía su nombre, sabía su sexo, conocía a fondo sus fortalezas y sus debilidades. Y siendo quien era, nada ni nadie podría ponerle un alto.

Seguramente sería difícil, puesto que un antecesor había cometido un grave error de cálculo. Pero éste ser no cometería el mismo error que el otro, éste esperaría… el tiempo que fuera necesario.

Sí. Siente el aire penetrar tus fosas nasales y rozar la piel que envuelve tu cuerpo…

Y ahora, abre los ojos…

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FIN