Capítulo 24

"Pesadillas y reflexiones"

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Nosferatu estaba sumida en un profundo sueño, llevaba al menos tres horas en ese estado, y al parecer, el golpe de Fighter había sido bastante duro para dejarla inconsciente.

Las inners estaban más perdidas sin las others que ya habían pasado las horas y aún no habían vuelto de traer a Hotaru. Las Starlights volvieron a sus formas masculinas, ya estaban cansados.

Yaten fue el que expresaba sin tapujos sobre irse porque había compromisos que cumplir al día siguiente, pero Taiki ya le daba tirón de orejas cuando exclamaba que le parecía injusto hacerse cargo de todo esto.

Luego Seiya le sermoneaba sobre compañerismo y se le pasaba, incluso Minako le había dicho unas cuantas cosas antes de que se arrepintiese, Yaten le hacía demasiado a la diosa del amor, asique no valia la pena discutirle.

La más afectada aún era bombón, que no se recuperaba muy bien, y parecía todo lo contrario, como si se estuviera debilitando más. ¿Cuánto iban a demorar las sailors exteriores?

Pero encontraron a una Hotaru algo desmayada en la casa de su padre biológico. El hombre estaba sangrando, todo el cuarto lleno de sangre por todos lados. Michiru le tomó el pulso en su yugular, pero ya era tarde, el hombre al parecer estaba muerto. Llamaron a la policía y a una ambulancia, a la misma vez que tuvieron que volver a su forma civil para no ser descubiertas.

Pasaron la noche en el laboratorio, Minako se había acostado en el sofá, cerró sus ojos, e intentó descansar un poco, ya se habían turnado para hacer guardia con los demás.

Se volteo mirando al respaldo, unos brazos alrededor de su cintura la sobresaltaron, miró sobre su hombro, y encontró los ojos esmeraldas que le encantaban, que se habían vuelto una debilidad.

Sonrió.

Yaten solo frunció el ceño, y le beso castamente el cuello. No era de demostrar esos actos ante los demás, pero al estar el lugar despejado, solo pudo aprovechar ésta situación. Arropó a su chica con unas mantas gruesas. Sus cuerpos se apretaron.

Minako jadeo, Yaten respiró fuertemente sobre su cuello.

—Yaten... — la diosa del amor se arqueó, su respiración se aceleró.

El de pelo plateado le mordió el lóbulo de oreja, luego beso la mejilla de su novia. Quizá Aino estaba algo reticente a la idea que su cuerpo le estaba proponiendo, ya que también había más personas, no era lo más conveniente.

—No me voy a enojar si me dices que no — le habló roncamente. La rubia se estremeció entre los brazos de Yaten, pero no dejaba de mantenerse rígida.

La chica negó en silencio, y con sobre esfuerzo humano, se volteo a verlo.

—No es que no quiera... pero... ya sabes, el lugar, las chicas, tus hermanos. No quiero que mi primera vez, sea incomoda — le habló ella con sinceridad, a lo que Yaten acarició su mejilla suavemente.

Él le dio una sonrisa que le hizo derretir el corazón, de esas cosas que solo Yaten mostraba a Minako.

—Lo entiendo..., mañana, después de la cena con Koyomi, podría ir a buscarte, y pasamos algún momento solos—Yaten dejo de acariciar su mejilla, sus ojos por un momento se desviaron de sus ojos celestinos —, bueno, sí es que, por aquí, las cosas no se ponen peores— para decorar el momento, Yaten guiñó el ojo.

La diosa del amor se sonrojo.

—S-sí, claro que no tendría problema— respondió titubeante.

Él le dio un casto beso en sus labios, y Minako quería un poco más, pero no deseaba fastidiar a Yaten.

—Descansa — le dijo él, acurrucándola en su pecho, y abrazándola bien fuerte.

Seiya miraba desde uno de los balcones del edificio hacia la calle, pues, aunque era como las tres de la mañana, no lograba conciliar el sueño. Habían quedado cambiar de guardia cada dos o tres horas. Taiki y Makoto estaban vigilando a Nosferatu en esos momentos.

Pensaba en muchas cosas, pero sobre todo, en sus nuevos poderes. Se miró la mano y la apretó en un puño, una aureola dorada la envolvió. ¿Cuántas cosas podrá hacer con eso?

—Hola— la voz de Rei lo sacó de sus pensamientos, y frunció el entrecejo—. ¿Te molesto?

—Hola Rei-chan— él no se volteo, en cambio, la pelinegra se paró a su lado —. En realidad, no hay mucho que pueda hacer ahora.

—¿Ah sí? — ella dudo de sus palabras, pues podía percibir sus poderes más fuertes que nunca, pero decidió no decir nada de eso.

—Confieso que tengo miedo de lastimar a Usagi— ahora Seiya había apoyado sus brazos en la barandilla del balcón y se inclinó para ver mejor las calles desiertas—. Estos poderes, me están volviendo loco.

Hino miró a Seiya con cautela.

—Tienes que aprender a utilizarlos... deberías entrenarte quizá —ella se puso de costado, el de ojos zafiros la miró fijo a los ojos—, yo puedo ayudarte con tus energías, pero a manejar tus poderes...

—Yo puedo ayudarle — la tercera voz, les hizo abrir los ojos de par en par a los dos. Se voltearon a ver.

Haruka y Michiru estaban detrás de ellos.

¿Cómo Rei no se había dado cuenta de sus presencias?

Seiya infló sus mejillas, la ecuación no le daba. Él entrenando con Haruka...

—¿Tú?

Ella asintió con una sonrisa lacónica en sus labios.

—Sí, necesitas entrenarte. Yo diría que faltes a la escuela para empezar mañana temprano. Además, no podemos despegar nuestra atención de Nosferatu.

Faltar a la escuela para entrenar no era una mala decisión, excepto que Taiki lo iba a regañar y mucho si faltaba, pero...

—¡Está bien! — declaró él, asintió hacia Haruka—. Mañana a primera hora...

—... Nos vemos aquí — completo ella.

"—Tú tienes la culpa de todo. Tú, arruinaste mi futuro.

¿Yo? Yo no... hice nada.

Fuiste tú, y lo vas a pagar. Te voy a matar a ti y a todos los que quieres.

¡Espera! ¿Quién eres?

¡Ya verás, Usagi Tsukino!"

—¿Qué? — la princesa lunar se despertó de golpe. Su pecho se agitaba por la falta de aire, su cuerpo sudaba. Ami se acercó en ese instante.

—¿Te sientes bien Usgai-chan? ¿Quieres que le diga a Seiya?

—No, no le digas a nadie — se llevó una mano a su pecho, e intentó regularizar su respiración. Mizuno le alcanzó un vaso de agua fría de un dispense de agua que había en la habitación—. Estoy bien, Ami, gracias por preocuparte — ella le sonrió.

La peliazul le entendió, asique solo se sentó a su lado y espero a que Usagi se recuperara. La de cabello rubio aún no se recuperaba del todo, además que la voz de sus pesadillas resonaba constantemente en su cabeza.

Pero la de coletas, no dejaba de pensar en esa voz que atormentaba su mente. Incluso, podía apostar que esa voz era..., Rini.

N/A: ¡Disculpen la demora en publicar! Pero realmente, estuve bloqueada con éste libro, sé que es cortito, pero escribir a la fuerza no sirve tampoco. Prometo que el siguiente será más extendido.