TSUKIAKARI NI KAGE
(Sombras a la Luz de la Luna)
-por Jinsei no Maboroshi-
parte XXV
Fecha de publicación: 10 de marzo de 2007 - Corrección: Ogawa Saya.
-"Ya me cansé de los regaños de mama. Ya no insisto en comprarme la mochila azul de Kenshin. Mama prefiere la roja de Sailor Moon. Y bueno, es ésa la que me ha comprado a mi pesar. Yukki: ¿conoces a Kenshin?"
-Vaya... ¡pobre Nijichan! –suspiró Ken, extendido en la cama, al lado de su amante, quien leía en voz alta los mensajes de su amiga en la pantalla de la computadora portátil. El guitarrista descansaba la cabeza sobre sus brazos cruzados que se hundían en la almohada. Yukihiro, a su costado, apoyado sobre el cabezal, ubicaba la notebook en sus rodillas.
-Mn. Megumi está haciendo todo lo que quiere con ella.
-Mnnn...
-Hyde, a pesar de todo, le ayudaba a mantener esa libertad...
-Mnnn...
-¿Ken? ¿Me estás escuchando? –le regañó molesto. El guitarrista, si bien lo oía, no podía soportar la satisfacción de aquel suave rasguño de Victoria sobre su torso desnudo.
-Mnnn... sólo que... ¡ahh! ¡Eso me da cosquillas! –sonrió de ojos cerrados, al sentir la húmeda lengua de la minina sobre su piel. La gata, ya ubicada sobre el abdomen de Ken, lamía los pequeños rayones que sus garras habían generado en su amo, tras el 'ablandamiento' de la zona escogida para futuro descanso.
-¡Vaya! Con Vikkutoria no me pidas nunca más que te toque... ¿ne?
-¡Já! ¿¡Celoso! –abrió un ojo, y miró a su amante divertido.
-Te estoy hablando, ¡Ken! ¡Al menos escúchame! –sonrió Yukihiro, continuando aquel amable y usual trato que siempre los había caracterizado.
-Neee... eres mi ex... definitivamente...
-¡Ya! –le golpeó dócilmente la cabeza, y continuó leyendo, mientras la felina, apoyada en el torso de Ken, finalmente se acurrucaba para dormir–. "Mama me ha mandado a clases de cocina, y ya no sé cómo evitar no ir. Quise ir a kung fu, como había hecho papa, pero me lo prohibió. Prefiere que vaya a baile flamenco, ¡pero no me gusta! ¿Qué puedo hacer, Yukki?" ¡Ay! Me da pena, Ken...
-Mn –sin bromear, el guitarrista contempló a su amante, acariciando la gata sobre su estómago.
-¿Pasa algo, Ken? Estás... extraño... –sospechó, al advertir que la ardua personalidad del alto japonés que se encolerizaba ante aquellos relatos de su pequeña damita, se mantenía ausente a pesar de lo ya leído.
-Yukki... no te preocupes por Nijichan... ya va a estar bien...
-¿Mn? ¿Por qué? ¿Qué sabes? –inquirió con extrañeza. El suave maullido de Victoria le llamó la atención, y le acarició la cabeza. Era el típico llamado de la felina para que ambos la sometieran a excesivos mimos por todo su pelaje.
-Hace una semana hablé con Tetchan... y... Hyde...
-¿Problemas?
-No exactamente... Tetchan no aguanta ser el culpable de que Nijiko no esté aquí en Tokyou, y se someta a Megumi. Lo mismo que tú acabas de decir, Yukki... por eso... lo convenció de regresar con Megumi... mañana se irá a Yokohama...
-¿¡Qué! ¿¡Esto es una broma! Primero la estupidez del programa aquél de hace años cuando Hyde se casó con ella... ¿y ahora esto? ¿Pero esta vez el desatino es de parte de Tetchan?
-... –suspiró resignado. Pensaba igual que su amante–. ¡Ne! Ni me lo digas. ¡Son dos estúpidos! Todo estaba bien... pero... no. ¡Les gusta ser infelices! Par de imbéciles... –manifestó rencoroso. Yukihiro percibió aquel extraño estado anímico en las palabras de su amante, y frunció el ceño curioso.
-¿Ken? ¿Por qué lo dices así? Suena a envidia...
-Pues... lo es... –respondió con molestia, sin dejar en ningún momento de acariciar a su mascota, y aprovechando el movimiento, rozaba la mano de su amante, el cual también mimaba a la felina. Ken gustaba de aquel toque tan casual, tan inadvertido, que le permitía notar una y otra vez la presencia de su amante, vivo, a su lado, durmiendo todas las noches con él, desde hacía casi más de 10 años. Y en ese hilo de pensamientos, volvía a sombrarse de sí mismo: nunca había conservado una relación por tanto tiempo. Yukihiro le había transformado.
-¿Mn? ¿De qué?
-Ellos finalmente están bien... y se empecinan en buscar las formas de desencontrarse...
-¿Y les envidias? ¿Acaso nosotros no estamos bien?
-Claro... –susurró no muy convencido, tras una soslayada mirada a su amante. Estaban bien, pero el tiempo de duración de aquella amable sensación le afligía. El final era insospechable y sería súbito. ¿Cuándo? Era incierto.
Yukihiro, en silencio, le contempló más curioso que antes, pero no tardó muchos minutos, hasta percibir el dolor que había empañado la personalidad desfachatada de su amante, y le había generado una profunda sensibilidad emocional, quizás demasiada.
En mudez, contestó el mail de su amiga, mientras Ken, pensativo, reflexionaba en aquel silencio, acariciando a su mascota, la cual no tenía pensado moverse de su estómago y había comenzando a ronronear suavemente.
El murmullo de aquel sonido hizo sonreír al baterista, recordando una extraña similitud entre la gata y Ken, cuando éste, por la mañana, se desperezaba realizando un arrullo análogo.
Cerró la computadora portátil tras finalizar el mail, y dejándola al costado de la cama, apagó el velador, y se deslizó por entre las sábanas, acercándose a su amante, para acariciar a la gatita que aún dormía sobre su compañero.
-¡Vaya! –interrumpió el silencio Yukihiro, con fingido fastidio, tratando de iniciar una broma.
-¿Mn? ¿Qué pasa, Yukki?
-Esta gata está usurpando mis lugares... –manifestó sonriendo, sabiendo que aquel chiste esbozaría una alegre mueca en su amante.
-¡Ah! ¿Problemas de territorialidad…? Sí. Lo tuyo es increíble, ¡Yukki…!
El baterista, sonriendo, se incorporó un poco de la cama, y besó a Ken, dejando que su largo cabello generara suaves cosquillas en el rostro del guitarrista. Éste, sin más deseos que estar con su amante, gozándose mutuamente hasta que el tiempo acabase, rodeó el cuello del callado japonés con un brazo, para profundizar su beso, y con el otro, lentamente colocó a Victoria sobre su canasta roja, ubicada al costado de la cama, para que en las noches apasionadas no molestara en el lecho de sus amos.
Sin dilaciones, se dejaron llevar por sus ardores, notando una vez más la sensibilidad que padecía el guitarrista y la profunda confianza que Yukihiro se había permitido readquirir con aquellos años de perdón y reconstrucción de los destrozos generados por los errores del ayer.
Con el pasar de las horas, se entregaron uno al otro, haciéndose el amor mutuamente, suspirando y gimiendo sus descontrolados sentimientos, en un incesante vaivén de sensaciones, de necesidades. Se fundían en alma dejando de percibir el resto del mundo por unos breves segundos, logrando el éxtasis quimérico que habían perfeccionado a lo largo de los años, y que nunca les resultaba aburrido. Era como siempre: Único en cada vez, perpetuamente presente en el otro, mixturándose sus almas cegadas por los errores de la carne humana, pero que advertían, alcanzaban la perfección en ese momento de tan bajo instinto con el que, a su vez e irónicamente, sacralizaban con sus espíritus, con su manera de ver aquella unión contra natura desde tan alta y esencial perspectiva.
Sólo almas desesperadas en la soledad de la calle, que reencontradas, buscaban ser siempre y único en cada vez.
Despertó sobresaltado. Su corazón latía fuertemente.
Suspiró con pesadez, intentando calmarse. El cálido cuerpo de Yukihiro estaba sobre él, aún compartiendo el íntimo resto de aquella pasión nocturna que no se había detenido hasta altas horas de la noche.
Miró el reloj con extrañeza.
6. AM.
Era temprano.
Debían reunirse para despedir a Hyde, quien partiría a Yokohama.
Cerró sus ojos, y respiró profundamente. Movió sus manos por la espalda tibia de su amante.
No estaba cálida como siempre.
Frunció el ceño.
Zarandeó un poco al baterista, y le llamó por su nombre, intentando despertarle. Pero no reaccionaba.
Su propio corazón latió con más fuerza.
Se sentó en la cama, advirtiendo de inmediato aquel dolor mañanero que recorría su espina, y que por esta vez, no le produjo satisfacción.
Otro tormento más pesaroso se cernía sobre él.
Moviéndose con lentitud, colocó a Yukihiro en su regazo. Como siempre, desmayado, completamente inmóvil, pero a diferencia de tantas otras veces, una leve rigidez complicaba el movimiento de sus brazos y piernas.
Ken tragó con dificultad.
Extendió su mano sobre las piernas de su amante, notando la frialdad en su piel.
Creyó que su propio corazón se detenía ante aquel toque.
Lo abrazó con fuerza, y comenzó a frotarle el pecho, buscando conservar en vano la calidez que se deslizaba por su piel.
-¡Yukki! Despierta...
Pero no reaccionaba.
Ken, desesperado, se puso a reflexionar. Sólo era más de lo mismo: horas en ese trance tan alejado de su amigo, tan ausente, para despertar desconociendo lo ocurrido, ignorando el dolor que había hecho pasar al guitarrista.
Era en esos momentos, cuando Ken prefería la violencia de aquellas noches del pasado, que aunque le herían en alma y carne, le permitían tener conciencia de que su amante estaba vivo.
Esa inactividad presente, tan prolongada en las horas, le hacía dudar, y su mente divagaba en mil direcciones, desgarrándole. Era también una tortura, pero a otro nivel.
Las horas empezaron a pasar, y el sol invernal surgía por el marco de su ventana, iluminando tenuemente el demasiado pálido rostro del baterista.
Los labios de aquel japonés callado estaban apenas rosados, y su semblante mostraba una excesiva paz.
El guitarrista se contrajo en espasmos temblorosos.
No podía ni quería afirmar lo que se evidenciaba. Su temor más profundo, su horror principal, su pesadilla en vida se estaba haciendo realidad.
Abrazó a su amante, y lloró desquiciado, más que aquellas veces en el solitario pasillo del hospital, pues empezaba a reconocerse como un perro perdido...
Porque ahora regresaba a su antigua situación existencial, a la primera casilla del juego, a esa impresión de pérdida absoluta, de demasiada libertad, sin amante, sin ese cariño, sin ese lugar al cual regresar siempre, y dejarse dormir sin recelos.
Todo su mundo se desmoronó en aquel pálido semblante...
Sollozaba angustiado, gritaba el nombre de su amante, para no olvidarlo, para despertarle, para que sucediera lo mismo que había acontecido la primera vez de aquel episodio cataléptico. Pero no despertaba.
No quería que Yukihiro le olvidase. No quería caer en el abandono de la muerte, de la ausencia. No quería volver a caminar en soledad, el cruel camino de un mundo que sólo había adquirido significación gracias a aquel callado japonés, que con sonrisa tímida, le había enseñado lo que era sentir hacer el amor.
Una vez más un perro extraviado en la gran ciudad, con sus cadenas preferidas destrozadas por el hoz de la parca, regresándole el mayor albedrío de ese mundo superficial, mas negándose a aceptarlo.
Sólo quería a su dueño, a su amigo, a su amante, a quien había descubierto como su alma gemela.
Victoria, simplemente subió a la cama, y quizás, comprendiendo el duelo, respetando el lloro amargo de su amo, se sentó a su lado, y apoyó su cabeza en el muslo, quieta, sin generar sonido alguno, dejando que el eco de la habitación apagara esa voz quebrada que repetía en vano el nombre de su ser especial, del único que había llenado por completo su existencia.
12.38 P.M.
Tetsu y Hyde tocaron el timbre del departamento, pero nadie parecía escucharlo.
Habían esperado en la estación de tren la llegada de sus dos compañeros para despedirse, pero no habían aparecido, y, motivados por el presentimiento de la enfermedad de su amigo baterista, decidieron postergar aquella partida, dirigiéndose ambos a ese departamento.
Aterrados por el grito de un hombre destrozado, intentaron abrir la puerta, que carecía de llave.
Ingresaron a rápido paso hacia la habitación, y perplejos, observaron la desnuda espalda de Ken, quien abrazaba a Yukihiro en su regazo, llorando angustiado como nunca Tetsu le había escuchado, ni aún en la mayor desesperación de aquellas épocas de crisis.
-¿Ken? –preguntó Hyde, acercándose al guitarrista, sentándose a su lado, mirando con horror la palidez nunca antes vista en el callado japonés.
-¡YUKI! ¿¡Por qué! ¿¡Por qué! –gimoteaba desesperado, sin escuchar a sus amigos.
-Ya, Ken, ya despertará... –Hyde intentó calmarle. Apoyó su mano sobre la sábana que cubría a Yukihiro, pero la sacó de inmediato al percibir la frialdad de la rodilla de aquel hombre.
-Desde las 6 de la mañana. Me desperté no sintiendo su corazón... y aún no ha reaccionado... –Ken miraba con la vista ida el cada vez más blanco semblante de su amante. Todo su mundo se desmoronaba silenciosamente.
-Llamaré a lo médicos... –dijo Tetsu tan adolorido como sus dos compañeros, mientras marcaba el número en su celular.
-Yukki, me estás dejando... Yukki... –las lágrimas caían de sus mejillas, mojando el helado pecho de su amante. Se inclinaba sobre él, e intentaba en vano frotar su pómulo con el de su compañero, besarle la frente, pretendiendo desesperadamente mentirse, buscando una excusa para creer que aún ese cuerpo podía mantenerse cálido. Hyde observaba a su mejor amigo con sorpresa. Nunca había visto esa necesidad, esa desconsolada sensibilidad. Ken había cambiado mucho, en el mejor sentido de su existencia. Sin embargo en ese momento, esa nueva esencia adquirida le obligaría a sentir más desgarradoramente la situación que era inevitable.
-Tranquilo, Ken. Cuando vengan los médicos... –Hyde intentaba ser percibido por los oídos sordos del aquejado ser.
-Yukki... se te ha olvidado despertar… -murmuró hundiendo su rostro en el cuello de su amante, besándolo, sin importarle la presencia de sus dos amigos. Hyde y Tetsu, incomodados por aquel comentario doloroso, prefirieron dejar la habitación, y esperar la llegada de los facultativos. Optaron permitirle iniciar el duelo a su amigo, en la soledad de aquel cuarto, pues comprendieron demasiado bien el estado vacío al que súbitamente se había sometido el alto japonés, pues las manchas rojas en las sábanas, evidenciaban cuan fuerte estaba siendo para Ken esa situación. Una noche celestial, una mañana infernal.
Los médicos llegaron en pocos minutos, y tras revisar el cadáver, dieron su veredicto con angustia, concediéndole al alto japonés romper en llanto más cruento, destrozando su alma en gritos de imposibilidad y repudio.
Finalmente aquél estado inconsciente se había dado en el mismo momento de un ataque cardíaco.
El doctor dejó la habitación, escuchando la negación reiterativa del guitarrista. Se dirigió al salón, donde halló a los otros dos japoneses tristes y preocupados sentados en el sillón central. Se contemplaron por un segundo. Quizás sus miradas buscaban en la del médico, la esperanza que era desdeñada por el llanto que se encerraba en aquella habitación.
-¿Señores? –llamó la atención el médico.
-¿Mn? –preguntó Tetsu, aún impactado por la noticia evidente y aún callada.
-Tienen que hacer algo. Su amigo no está bien.
-... –el bajista miró el suelo, perdido absolutamente. Más dolor para el grupo. Más dolor para su alma que cada día tenía menos de infante.
-¿Quieren que le sede? –preguntó el profesional, y Hyde en silencio, asintió con su cabeza.
El medico ingresó de nuevo en la habitación, y en pocos minutos, el llanto destrozado se aminoró progresivamente.
Con Ken calmado, Tetsu y Hyde se encargaron de los preparativos fúnebres que se hicieron a las pocas horas. *71
Un cajón fúnebre cerrado, con la foto en blanco y negro de un Yukihiro sonriente era lo único que decoraba el salón.
Ken estaba completamente ido, acariciando con languidez a su gata, dormida en su regazo. Sus pensamientos se enrollaban y mezclaban, y el pasado doloroso con sus propios errores sólo le obligaba a rumiar la culpa.
Los amigos de Yukihiro ingresaban y salían de aquel salón atormentados. La gran cosecha en amistades del baterista demostraba cuán valiosa persona el mundo acababa de perder.
Sin embargo, a pesar de que la noticia probablemente ya se hubiera difundido por todo Japón gracias a los medios, los padres de Yukihiro no se habían presentado. Y eso lastimaba en profundidad a Ken.
Ni en aquella última despedida los padres se habían conmovido... ni siquiera una llamada telefónica... nada.
A pesar del sedante, Ken tenía el espíritu sumido en la más insondable tristeza. Todos los presentes lo advertían, pero callaban, entregándole al guitarrista un formal respeto a su dolor, sin que ninguno de ellos comprendiese la real relación que había compartido con el baterista.
Cuando el gran tumulto de gente comenzaba a abandonar el lugar, y transformaba con lentitud el murmullo instalado en un sepulcral silencio, una mujer vestida completamente en negro, ingresó al salón. Tetsu la miró, y frunciendo el ceño al reconocerla, contempló inmediatamente a su amante.
-¡Hyde! ¿Por qué mierda le has avisado?
-Si no lo hacía ahora, Nijichan no nos lo perdonaría... –respondió a su amigo, ambos hablando en susurros.
Fue cuando la pequeña damita, sin su sonrisa usual, vistiendo una gran túnica negra, se acercó al ataúd de su amigo más cómplice y silencioso, el que le había ayudado a superar tantas crisis, el que le hablaba en tan secreto código común, y besó tiernamente la fría madera.
Estaba perdiendo a un ser que había tenido el mismo tipo de magia que ella...
Acarició la foto que se hallaba sobre la gran caja de muerte, y a paso tranquilo, se dirigió al guitarrista, quien sentado en el sillón, no había apartado su vista de la pequeña.
-Kenchan... –susurró parada a su frente, mirándole con las cejas alzadas, observando el estado devastado de su profesor de guitarra, sintiendo en carne propia esa ausencia que tanto la marcaría, temiendo por el futuro de su entrañable maestro Ken.
-Nijichan... –dejó caer unas cuantas lágrimas.
-No llores... –comentó la niña, sin detener sus gotas de dolor que mojaban sus mejillas. En su mente sólo una pregunta se repetía: ¿quién cuidaría de Ken?
-No llores tú... bruta... –su voz se quebró acongojada.
-Yukki siempre me dijo que era feliz contigo... tienes que sentirte bien... por Vikkutoria... Yukki me ha contado mucho de ella... –susurró abrazándose al alto japonés, quien le retribuyó el gesto y sin poderse contener ninguno de los dos, rompieron en llanto amargo.
Megumi levantó una ceja, extrañada por aquellas palabras. Hyde y Tetsu, que habían presenciado la escena, miraron hacia un costado, y Tetsu, apartándose para sentarse en un lejano sillón, sacó un pañuelo para contener su incesante llorar.
Hyde observó a Tetsu, y luego miró a su ex esposa, la cual, apenas captó la mirada del vocalista, le llamó la atención.
-¿Hyde? Vendrás con nosotros cuando todo esto pase... ¿verdad? –Hyde suspiró, y, soslayando su mirada triste hacia el bajista, se contemplaron un segundo en la distancia. Ahora más que nunca, Nijiko debería estar con Hyde. Ahora más que nunca, Tetsu le necesitaba. Ahora más que nunca, su mejor amigo Ken precisaba un apoyo con el cual recuperarse. No quería elegir, pero era imposible no hacerlo.
-Dame un par de semanas, ¿sí? Ellos están muy lastimados con todo esto...
-Nijiko también...
-Megumi, por favor... detente... ¿no puede regresar a Tokyou? Por favor. Al menos, por un año... Nijiko necesita de los tres, y los tres la necesitamos... ayudará a Ken...
-No. ¡No pienso dejarla con otro pervertido! –replicó escandalizada.
-¡Megumi! –gritó con voz indignada. Tetsu y Ken, que hasta ahora percibían con disimulo aquella charla, miraron a la pareja de súbito ante aquel ronco repudio por parte del vocalista.
-No creí que esos dos... ¡mierda! Mi Nijiko ha estado muy metida con pervertidos…
-¡Humanos! –rectificó, mirándola con el ceño fruncido, sin poder identificar qué sensaciones le embargaban en aquel arremolinado sentir.
-¡Enfermos! Y no quiero que ella se enferme... hoy regreso a Yokohama. Si quieres venir, hazlo, sino... quédate con estos anormales...
-No lo puedo creer –Hyde negó con la cabeza, sólo conteniendo el odio porque la tristeza le superaba–, me parece increíble que aún existan personas como tú, Megumi...
-... –la cazadora lo observó con rostro desafiante, esperando el remate, sabiendo que todo estaba en su poder.
-No sabes cómo me arrepiento de saber que eres la madre de Nijiko... no te haces una idea...
Megumi resopló sin dar importancia al comentario, y arrebatando a la pequeña de los brazos de Ken, se encaminó hacia la salida.
Sólo se detuvo en el umbral, volteando para ver al guitarrista, quien le miró con infinito dolor, en una secreta súplica para que su damita le acompañara en tan duro momento, un ruego desesperado que Megumi comprendió.
Ken parpadeó dos veces, creyendo que la esperanza de una posible evolución en la mente de aquella mujer era posible. Tragó con dificultad, pues advirtió que tanto él como Megumi habían recordado en ese instante, el día en que Nijiko había sido salvada de las manos de Sakura, a costa, casi, de la vida del alto japonés.
Conectados por ese fugaz momento, absolutamente unidos por esa memoria, se mantuvieron la mirada, expectantes, silenciosos.
La esperanza brillaba en los ojos rojos y cansados de Ken.
Megumi bajó la vista por un segundo, y sin más dudas al respecto, se dio media vuelta y, arrastrando a la pequeña Nijiko, se alejó definitivamente del salón, atravesando la puerta de salida.
El guitarrista pestañeó muchas veces, intentado en vano aliviar el ardor de sus ojos agotados, y suspiró buscado el alivio que ya nunca más obtendría.
La joven modelo era una persona que no podía distinguir las cosas. Y aún a pesar de haber salvado a su hija, no fue capaz de darle ese agradecimiento a Ken con la permanencia de la pequeña a su alrededor, sabiendo lo mucho que le hacía falta. Suspiró una vez más, y miró a su pequeña gata ronroneante en su regazo.
-Ken... no te angusties por ella... –manifestó Hyde con tristeza.
-No. Sólo... que a veces... uno espera demasiado de los otros... –musitó lúgubremente, cerrando sus ojos, apoyándose sobre el respaldo del sillón.
Con el pasar de los días, advirtiendo la recomposición de las cosas a sus estados nuevos y aparentemente normales, Hyde partió hacia Yokohama, dejando en Tokyou a su mejor amigo y a su amante. Para no perder aquel contacto, para no destruir la relación que finalmente se había establecido entre ellos, el cantante se había prometido escribir asiduamente con su compañero, utilizando para ello el correo electrónico.
Mientras tanto, Tetsu, adquiriendo conciencia de la soledad en que ese departamento le sumía, obligó a Ken a vivir con él, quizás, como en los antiguos tiempos de raruku, tal vez, como en los peores momentos de crisis que habían atravesado.
El guitarrista, tan afectado por la ausencia de su amante, no había dudado demasiado en aceptar la oferta, temeroso de las últimas ideas que le atacaban por la noche, torturado por los recuerdos y los aromas que marcaban con mayor énfasis los vacíos, completamente perdido en su extenso mundo de libertad.
Su departamento, lleno de recuerdos aún patentes, exhibía en cada rincón fragmentos sepias de nostalgias, que le dejaban sin aliento, que le rasgaban el alma a cada minuto que el retumbante tictac de aquel reloj de alta resistencia marcaba con lentitud dentro del cuarto, realzando la tan marcada soledad.
Toda la libertad, con toda su soledad.
De esa forma, el pasar tranquilo de los días se sucedía, y tal como había acontecido hacía años, Tetsu suspiraba con desánimo al ver a su compañero arrojado a su desdén, hundido en el sofá, donde perdía las horas mirando el TV, en una actitud absoluta de derrota.
Sólo que aquella situación les dañaba un poco más: A Ken, porque la ausencia era verdaderamente irremediable, y a Tetsu, porque todo el ambiente tenía aroma a Kaori. Sus dos abatidos corazones, siempre se habían contrastado con el depresivo de la joven, la cual ahora, sólo era reemplazada por el vacío.
El pasado y el presente, se mezclaban una vez más, contrastándose irónico, notando la espiral tétrica de la existencia, con sus leves variables.
Con el paso de los meses, Tetsu comenzó a realizar sus producciones individuales, motivando a Ken para hacer lo mismo con las propias, mas éste se negaba. Intentaba socorrer a su amigo de la profunda depresión a la que se había sumido voluntariamente. Sería un largo y gradual camino.
La pequeña gata que habían incorporado a sus vidas, ayudaba a que aquella esencia del baterista no se olvidara por completo, y mansamente, el dolor se transformara en suave melancolía, en tranquila nostalgia, que invadía las charlas de ambos con anécdotas graciosas, con chistes del pasado, donde todos los muertos aún vivían, donde las ausencias no eran advertidas, donde las cosas aún tenían un bello curso.
Aquel día conmemoraban la muerte de Yukihiro.
Un año ya había pasado, y la ausencia de Hyde llevaba 10 meses.
Mas Tetsu no estaba completamente decaído. Sabía que su decisión -la de ambos- no era un ilógico capricho, sino la más urgente necesidad de una niña cuya inocencia peligraba, cuya personalidad estaba amenazaba. Y con esa vaga justificación, podía aliviar su entristecida alma.
El guitarrista, que había vuelto a retomar el vicio con mayor énfasis que nunca, fumaba tranquilamente frente a la urna de su amante, donde descansaban sus cenizas.
Tetsu, al lado del alto japonés, se arrodilló para realizar un suave rezo, tras el cual, le permitió al guitarrista encender un nuevo cigarro, y hundirlo en el pequeño pedazo de tierra.
-¡Ne! ¡Yukki! Ahí tienes. Al fin ya puedes volver con el vicio... –sonrió con melancolía.
Ambos japoneses unieron sus manos en una apacible oración, y tras el murmullo, contemplaron en silencio la foto sobre la tumba, que se confundía en el gran cementerio: Yukihiro apenas curvando sus labios, en un gesto tímido de sonrisa.
Sin más dilaciones, con el corazón lastimado por la añoranza y el recuerdo, buscaron la salida de ese grisáceo lugar y se encauzaron hacia aquel bar que había sido muchas veces, el iniciador y la cura de tantos problemas.
Apenas llegaron, se sentaron en la mesa de siempre, dejando vacías las dos sillas restantes: una que nunca más sería ocupada, y la otra, que a lo mejor, en Yokohama, tenía un espacio análogo ocupado en simultáneo por ese molesto japonés.
Ken prendió un nuevo cigarro, y pidió dos cervezas.
Miró la barra de aquel lugar, y suspiró.
La desdicha presente sólo había tenido origen allí.
Dio tres sosegadas caladas a su cigarro.
No haría lo que le había dicho Yukihiro, no buscaría a Rena, porque no quería regresar con sus culpas. Ya no podría querer por descarte a alguien que tanto había hecho por él: le había redimido.
-¿Ken? ¿En qué piensas? –preguntó Tetsu, contemplándole con una suave sonrisa. Al menos, sentía que su esencia regresaba: ayudar a sacar de aquel pozo profundo a su guitarrista era la mejor muestra de que él, en el fondo, aún podía ser un buen amigo.
-En nada... –miró el cenicero sobre la mesa, evadiendo el rostro de Tetsu.
-¿Mn? Vamos...
-¿Qué harás con Raruku? –interrogó directamente. El tema había sido evadido por todo un año. Tetsu se detuvo, y levantó una ceja extrañado. Suspiró con angustia.
-No lo sé. ¿Tú que dices?
-¿Mn? ¿Yo? ¿Y yo qué debo decir? ...tú eres el líder...
-Sabes... volver a buscar baterías... me es... algo... molesto... aunque ésa no sea exactamente la palabra.
-Mn. Lo sé. Con Sakura había sido un verdadero problema... ¿lo recuerdas? –observó hacia un costado, y un recuerdo súbito torció su rostro en una mueca simpática.
-¿Mn? ¿Y esa sonrisa?
-Hablamos como viejos... ¿te das cuenta? –le miró con la nariz arrugada. Gestos que antes hubieran hecho sonreír con más alivio a Tetsu, pero Ken ya no hacía sus bromas como antes. Los restos de aquel humor tan desfachatado se habían entristecido desde lo más profundo de su ser, y sólo emergían sombras de lo que había sido su jovial personalidad. ¿Algún día se recuperaría? ¿Algún día alguien le ayudaría a suplir con calidez aquel gran vacío dejado por esa ausencia?
-Eee. Ya pisas los 50, Ken... este año, tienes medio siglo... –rió divertido.
-Mn. ¡Ne! Pero tú vas para 49... ¡no te hagas el disimulado!
-¡Ah! No, ¡si yo apenas este año cumplo los 19!
-¡Bah! Tú y ese cuento... ¡a ver a quién le dices que tienes 19 con esas patas de gallo!
-¡Oye! ¡No tengo!
-¡Ne! ¡Cómo no! –bromeó el guitarrista, apretando su cigarro en el cenicero, y permitiendo al mesero acomodarles los vasos y las cervezas. Apenas retirado el empleado, Ken volvió a prender otro cigarro. Se mantuvieron en silencio unos minutos, y retomaron el tema.
-Ken... sólo daría regreso a Raruku si tú lo quieres así...
-¿Mn? ¿Yo? –levantó una ceja, acomodando su cigarro a un costado de la boca, y apoyando ambos brazos sobre la mesa, observó el cenicero una vez más–. Yo realmente quisiera regresar con Raruku, pero con el baterista que nos ha dejado...
-Ken... –su voz mostraba lástima, y profunda comprensión de aquel dolor que atormentaba a su amigo.
-Ya sé, ya sé... eso es lo que 'yo querría'. Pero es 'imposible'. Lo sé –suspiró, tomando unos breves segundos de silencio, en los cuales caló el cigarro-. Nos haría bien a todos regresar... y a ti... –desvió el tema. A pesar de su propia tristeza, podía ver en Tetsu cómo el dolor le opacaba la mirada.
-¿A mí? ¡Yo no estoy mal!
-Tú y Hyde están haciendo esta estupidez... realmente sería bueno regresar... por ustedes dos, ¡par de imbéciles! –comentó con evidente molestia, divisando al bajista, quien le sonrió amable. Tetsu sabía que aquella rabieta no era más que los reproches de un buen amigo.
-Ya Ken, tú sabes por qué lo hemos hecho...
-Par de estúpidos, ustedes dos... finalmente cuando todo estuvo bien, se separan... los dos son unos imbéciles...
-Ken, es mejor que Nijiko tenga su padre...
-¡Las pelotas! *35.2 La niña sabe muy bien que se quieren ¿por qué se empecinan? Ustedes son como esas relaciones que no pueden vivir ni juntas ni separadas... son tremendos imbéciles. Podrían vivir tan bien... malditos desgraciados... tienen la posibilidad y la desperdician...
-Tranquilo, Ken, sabes que es por el bien de Nijichan... Hyde le ayuda a ser libre, y le protege... debería importante eso...
-¡Bah! Ustedes dos están cometiendo el segundo error de sus vidas... *72 y sólo se arrepentirán cuando ya no haya cura... eres igual a mí, Tetchan, eres un estúpido...
-Basta, Ken, no te culpes –le musitó con suave gesto, mirándole con una sonrisa.
-No me culpo, digo la verdad. Si yo no hubiera hecho lo que hice, Yukihiro nunca habría tenido el problema de corazón que tuvo, y ahora estaría vivo...
-Pero tampoco hubieras alcanzado a comprender lo que ahora sabes –aclaró Tetsu, y Ken levantó una ceja, fumando con calma.
-¿Mn?
-Lo pasaron bien los últimos años... –explicó con nostalgia.
-¿Y? ¿De qué me sirve eso ahora? ¡Ahora yo estoy aquí, solo, tragándome la angustia! Y viendo a ustedes dos, estúpidos, perder la oportunidad de sus vidas para que les dejen en paz... ¡no lo puedo creer! Lo que daría por estar en sus lugares... ¡par de tarados!
-Es mejor así...
-¿Para quién? –Tetsu tragó molesto de que tantas veces el déjà vu le atormentara con la reiterada pregunta en tan diversas bocas.
-Para Nijichan...
-¿En serio? Ver a su padre evasivo de su madre, compartir una casa en cuartos separados, notar la indiferencia que se tienen...
-Ya no es tan así, Ken. No. En cuartos separados, no... –Tetsu bajó la vista con tristeza, ahogando su dolor. El guitarrista, frunció su ceño, y apenas interpretó el mensaje, puso los ojos en blanco, recargándose contra el respaldo de la silla.
-¡Genial! ¡Pedazo de pelotudos mal paridos! ...seee, Tetchan: '¡esto es lo mejor!' –comentó irónico, dando una calada a su cigarro, sin moverlo de sus labios.
-No. No es tan así. Convencí a Hyde de tratar bien a Megumi delante de Nijichan. La pequeña tiene derecho a una familia feliz...
-¿Feliz? Por favor... –criticó tomando su cerveza tras quitarse el cigarro de sus labios.
Se quedaron callados, tomando sus bebidas con tranquilidad, reflexionando la estupidez de la situación, y aun así, la imposibilidad voluntaria de no cambiarla. En aquel mutismo, Tetsu observó al alto japonés en su imparable fumar, torciendo su boca cada vez un poco más, pronunciando gradualmente el hoyuelo en su mejilla.
-Ken... te hará mal tanto cigarro...
-¡Bah! ¡Qué importa…!
-¡No quisiera quedarme sin guitarrista! –le sonrió con amabilidad–. ¡Ni Vikkutoria sin amo! –continuó.
-Bah... -suspiró sin miramiento.
-Ken, ¿por qué no regresas a tus producciones individuales? ¿Mn?
-Tengo muy malas canciones... –respondió sin pensar. Su eterna excusa de 'carencia de inspiración' finalmente había cambiado, sorprendiendo a Tetsu de inmediato.
-¿¡Ah! ¿Has compuesto y no me has dicho?
-Algo así...
-¡Cuéntame! Vamos... Ken, sabes que es necesario salir... no me hagas sentir como tú cuando yo estaba mal... –le presionó con una sonrisa. Conocía la bondad del alto japonés. Sin embargo, Ken sonrió negando en silencio con la cabeza.
-Mn. ¡Estúpido! ¡No tienes ni idea! ...yo no te hago sufrir ni la cuarta parte...
-¡Ne! Seguro... –aseveró chistoso, al encontrar a Ken demasiado similar a Hyde, tras tanto dolor. Sus quejas eran permanentes, y aquel perpetuo berrinche ya formaba parte de su personalidad. Ese detalle le hizo sonreír. Sólo podía contrarrestar el mal humor aparente de su amigo con la afirmación complaciente y sin sentido, como si de un loco se tratase, estrategia que siempre había utilizado con Hyde y Nijiko.
-Mira... y fíjate por ti mismo... –Ken le extendió una hoja borroneada y desprolija, sacada de su bolsillo, con un pentagrama improvisado en lápiz, y tachones por todos lados.
-¿Mn? ¿Es una canción? –preguntó, bastante decepcionado de la presentación.
-¡No molestes con tu mierda de pulcritud! –rezongó el guitarrista de inmediato-. Es una canción doble.
-¡Ah! ¿Y qué quieres que vea?
-Verás que ya no es mi estilo...
-¡Oh! –sonrió el bajista, contemplando a su amigo. Sabía lo que aquel comentario significaba, comprendía lo mucho que el dolor podía cambiar a una persona, incluso hasta el punto de evidenciarse en su propio arte. Él había atravesado el mismo camino, ya había estado allí.
Bajó su vista hasta la hoja, que desdoblándola, leyó con atención. Sus ojos se agrandaron ante los primeros renglones, y tras finalizarla, miró con rostro serio y sorprendido a Ken.
-¿Ves? –comentó el alto japonés, tosiendo hacia un costado. Años de cigarro ya afectaban sus bronquios.
-¡Mierda, Ken! ¡Esto es la mejor canción que he leído en toda mi vida! Si la cantas, si la promocionas en un single... ¡superarás incluso la trilogía de Hyde de hace cinco años!
-Tetchan... esa canción es la única que pude escribir en todo este tiempo... está dedicada... no es mercantilera...
-¿Mn? –bajó su vista y leyó por segunda vez todos los versos. Sí, era verdad. Una dedicatoria escondida, evidente sólo para aquél que supiera la verdad del guitarrista. Sólo una palabra le llamó la atención–. ¿Sur? ¿Por qué el sur?
-El sur de Osaka. Allí había nacido...
-Mn.
Se sumieron en un lánguido silencio.
Dobló de nuevo la carta, y la apoyó sobre la mesa. Ken ya prendía el cigarro de la tercera caja que consumía en el día.
-¿Tetchan?
-¿Mn?
-¿Realmente no piensas hacer nada con Hyde? –insistió una vez más, exhalando el humo.
-No hay nada que hacer.
-¡Mierda! ¡Tetchan! ¿Eres tú?
-Sí, lo sé, Ken. Nijichan está a salvo. Tal vez, algún día, cuando Hyde esté libre de sus producciones, regrese con ella a Tokyou... él sabe que lo extrañamos... además, no hemos perdido el contacto... por mail...
-Mn. Pero no es lo mismo... además... ¿sigue acostándose con Megumi? ¿Que le pasa al infeliz ése? ¿No sabe decidir? –su tono enojoso, fue interrumpido por una tos molesta.
-Mn. Sin embargo... no me siento mal...
-¡Vamos, Tetchan! ¡A mentirle a tu abuela! –replicó con berrinche, haciendo reír a Tetsu.
-Ja ja ja. No. No mal en aquel sentido. Siento la nostalgia, pero al menos, la separación tiene causa...
-... –Ken levantó una ceja, torció su boca, aún con el cigarro en sus labios, y lo miró con desconfianza. No comprendía cómo su amigo podía llegar a aquella resignación. Un súbito recuerdo de su antiguo amante atravesó su mente, provocándole un escalofrío, que le obligó a bajar la vista hasta el cenicero. La separación con su baterista no tenía causa alguna, y eso le dolía, pues carecía del mero consuelo.
-Ken... prométeme que harás esa canción en un single. Yo seré tu bajo, ¿quieres? Es más, podríamos hacer un dúo, ¿qué te parece?
-¡Bah…! ¡Tú y tus invenciones…! –dijo con fingido desinterés pero la idea le había parecido atractiva. Una nueva forma de resurgir entre las cenizas, de ayudarse mutuamente en aquel vacío que de a poco les carcomía el alma y les hacía perder el sentido de la existencia.
-Vamos, Ken, hay que salir, hay que continuar viviendo...
-¿Viviendo? –le miró a los ojos, y el bajista, golpeado por la repetición eterna del tiempo, desvaneció su sonrisa. Prefirió callar. Extrañamente, tomó un cigarro de la caja de Ken, y lo prendió.
A veces las cosas no tenían sentido. Sólo ocurrían, sólo acontecían. *73
Y a pesar de aquella extraña tranquilidad en que la tristeza les había sumido, continuaron con sus producciones individuales. Tal vez el futuro les encontrase igual, quizás el futuro les haría comprender con madurez el transcurso de la vida y de los hechos. Probablemente, en tanto dolor, la pureza de una niña estaría siendo resguardada. Tal vez.
-¿Ken? –comentó Tetsu antes de salir al escenario de Tamori, sujetando su bajo, en la presentación de aquella canción hecha single tras el acoso del bajista por mas de tres meses. Sería una presentación sorpresa para el público.
-¿Mn? –dijo tirando el cigarro al suelo, y pisándolo. Ya podía oír el monólogo travieso del maduro japonés que daba inicio a un relato, el cual desembocaría en la presencia de ambos ex raruku.
-Nunca te lo pregunté...
-¿Qué? ¡Vamos, Tetchan, no vengas a hacerte el tímido conmigo! –sonrió, pasando su mano pos su cabello, ya sujetando la guitarra.
-¿Por qué le has puesto ese nombre a la canción?
-¿Por qué supones?
-¿El año de su nacimiento…?
-Mn.
-¡Ah! Sou –sonrió–. Lo había sospechado...
Y, tras un silencio mutuo, tras un fiel reconocimiento de cada uno en el pasado, con su dolor marcado en el mirar, sacudieron sus cabellos levemente, y caminaron decididos a continuar con lo que restaba.
Solamente el futuro les diría lo que les depararía. Sólo resistir para no perderse en el vacío mar de los olvidos. Sólo dar pasos como ciegos, como náufragos, esperando lo que la marea les trajese, aguardando que la esperanza renaciera tras tanto dolor. ¿Podría ser posible?
Al menos lo intentarían.
Porque la soledad, era lo único que les quedaba.
Y fue cuando escucharon la voz de Tamori, dando inicio a su primera presentación de aquel dúo, que no era más que los restos de aquel flamante grupo de los 90.
Sin demoras, caminaron al escenario a mostrar sus figuras castigadas por el tiempo, a exponer aquellas cáscaras que nunca las fans percibirían como falsas. Y con algarabía, se ubicaron sobre el tablado, comenzando a tocar con maestría, y el alto japonés, acercándose al micrófono, finalmente dio voz a su dolorosa creación.
oooo-oooo
1968
I
Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.
II
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina. *74
oooo-oooo
Tetsu estaba en la cama, mirando el techo, incómodo.
Un suave maullido llamó su atención. La puerta abierta de su habitación permitía el paso de una felina sensual, que le contemplaba cariñosamente.
El hombre le sonrió.
Se sentó en la cama, y le hizo un gesto a la minina, que corriendo, saltó sobre las mantas y se colocó en su regazo.
El bajista, con languidez, con nostalgia, acariciaba el pelaje sedoso de la felina. Ken, buscando su mascota, se asomó por el umbral de la puerta e indagó cauteloso. Tetsu le sonrió, y le invitó a sentarse a su lado.
El guitarrista caminó con quedo paso, y ubicándose al lado de su gata, le mimó melancólicamente.
Perceptivo, Tetsu le contempló en amable expresión.
-¿Ken? –llamó su atención. El silencio, que se había vuelto habitual en aquel desfachatado japonés, ya no le extrañaba como al principio. Ken había cambiado demasiado, y el ya no tan joven bajista, lo advertía. Nunca más encontraría a aquel guitarrista de los años 90's. Ese desfachatado japonés había muerto junto con el baterista.
-Mn. Tetchan, perdona que Vikkutoria te haya despertado...
-No, no lo hizo... –le sonrió, y bajó su vista hasta la felina. Ambos le acariciaban el pelaje, y de vez en cuando, sus manos se rozaban, suave y cariñosamente. El guitarrista, nostálgico, sintió un escalofrío al percibir la cruda realidad: aquellas manos que solían acariciar a la minina, y que cosquilleaban las suyas, ya no eran las mismas. Levantó su rostro y contempló pensativo a Tetsu.
-¿Mn? ¿Pasa algo? –preguntó el bajista, sin observarle, percibiendo aquella penetrante mirada sobre su semblante.
-Nada… sólo recuerdos... –negó con su cabeza, y volvió a fijar su vista en la felina que ronroneaba gozosa de tanto mimo.
-Mn... Ken... Yukki me había hablado acerca de ciertas cosas... antes de que nos dejara... parecía que lo había presentido... –comentó vagamente.
-Mn. Lo sé. Yo lo sentía a cada momento. Solamente una eterna despedida...
-Ken... ¿por qué no vas a China?
-¿Eh? –levantó su rostro parpadeando, con un gesto de consternación indefinible.
-Busca a Rena. Yukki me pidió que te animara. Supongo que ya has cumplido tu duelo...
-¡NO! –pronunció en una voz casi ronca, que aumentaba el significado determinista de la respuesta.
-¿Mn? Ken, ¿por qué no te das una segunda oportunidad?
-Ya la he tenido... y la he disfrutado... *75
-Vamos, Ken... errores los comete cualquiera...
-Pero yo sabía dónde me estaba metiendo, y sólo por mi culpa, Yukki sufrió lo que sufrió... no me puedo permitir más estupideces... no quisiera lastimar a nadie más...
-Vaya –Tetsu sonrió–, Yukki tenía razón...
-¿Mn? ¿Qué? –preguntó receloso, con una ceja levantada, tras reestablecerse de un leve ataque de tos.
-Te cierras a segundas oportunidades, a nuevos comienzos, sólo por el temor de malograrlos, pero en el camino, te pierdes el disfrutarlos...
-¡Mierda! ¿Yukki te dijo eso? –inquirió con fingido fastidio, con profunda aflicción. Sólo su amante le leía tan profundamente.
-Mn. Y no ha estado errado.
-Pero ya no más… no quiero volver a despertar con mi amante muerto a mi lado... además, lo único que hago es acumular culpa de esa situación con Rena... mi culpa, la única que provocó todo esto... estoy cansado...
-Yo también... –le sonrió amable. Se miraron por unos segundos, en silencio, como dos desconocidos, como dos seres demasiado golpeados. Suspiraron–… aún así, Ken… ¿Por qué no te das otra oportunidad?
-¿Y tú? ¿¡Tú me vienes a decir eso a mí! ¿¡Justo tú! –sonrió irónico. Apoyó su mano sobre la de Tetsu, la cual se mantenía aún en el lomo de la felina que se hallaba sobre su regazo. Se contemplaron penetrantemente.
-Bueno... ¿por qué no nos damos una segunda oportunidad? –sonrió, corrigiendo su discurso.
-No lo sé. Veremos, Tetchan...
-Mn. Veremos...
Y en silencio, ambos se quedaron mirando mutuamente, contemplándose, desnudando sus almas de las profundas cicatrices que les marcaban. Nada más que la quietud, interrumpida levemente por un suave ronroneo felino.
Owatteshimattana!
~Fin~
Notas:
-Já: esta expresión tiene que ver con una exhalación de incredulidad, más que una risa. Me olvidé de aclararlo en la secuela anterior, pero por las dudas...
-Eee: es el equivalente de 'hai' pero informal (afirmación: sí)
-Mn: es el típico sonido informal de afirmación (muchos lo escriben 'un'). Cuando es alargado, implica el de duda, y el de interrogación estará acompañado por sus correspondientes signos.
71) En este hecho me salteo la parte evidente de la autopsia, puesto que la muerte de Yukihiro debería ser corroborada, pero me dije 'Jinsei, no seas tan cruel, ya con muerto duele... no hace falta abrirle al medio,' así que, bueno, opté por olvidarme de la autopsia. Miren qué buena que soy. ñ_ñU
72) El primer error fue por parte de Hyde en aquel programa de TV cuando le propuso casamiento a Megumi.
73) Notar que Tetsu toma la misma actitud que Kaori había tomado con él en el final de Tsukiakari ni Jinsei, y, como inevitablemente se esperaba, recibió de Ken la misma respuesta que él le había dado a la chica en su momento.
74) Canción: en realidad es una poesía de Borges titulada '1964', y en este caso, al igual que en los anteriores, se puede considerar como 'la traducción' de una canción japonesa escrita por Ken. ^^ (¡Jinsei plagiadora! ¡Qué estafadora, sin vergüenza! XD)
75) La segunda oportunidad a la que se refiere Ken es la que Yukihiro le dio tras del engaño con Rena.
Neee... finalmente acabado. Tardé más en corregirlo que en escribirlo... esto de corregir tres veces el fic completo, más una adicional de mi querida líder Saya Ogawa, vuelven irritable a cualquiera! XD.
¿Qué decir? Espero que les haya gustado, y principalmente, que envíen muchos comentarios, sean de críticas o de apreciaciones personales, y si es posible, de contrastes con el Tsukiakari ni Jinsei, si notáis mejoras, nuevos vicios y demás, así voy viendo dónde corregir y dónde no. ^^
Creo que es todo. Ahora pasemos a las Notas de Autora propiamente dichas:
¿Quién es ese niño abusado por el tío?
No es ni más ni menos que Sakura, y su tío Saburou Sakurazawa. Aquí se puede percibir que el victimario no es cruel por hobby, sino que en su espalda tiene una causa/marca que lo lleva a donde él ha llegado. No por nada, la crueldad de Sakura tiene una analogía con la de Hyde. Hyde aprendió de éste todo lo necesario para odiar al mundo y a los supuestos 'seres queridos'. Aquí espero se entienda por qué Hyde hizo lo que hizo con Tetsu. Es simplemente que no sabe cómo actuar con las personas que ama, porque aprendió de Sakura lo que éste, a su vez, había aprendido de su tío. Es una cadena perversa, en donde cada víctima buscará su venganza a futuro, si no 'implota' antes. Hay que notar que Sakura en el Tsukiakari ni Jinsei actuaba con Hyde como su tío lo hacía con él.
Y es que un niño que pierde así su infancia, con tanta crueldad y sin comprender aún, y lo que es peor, sin asumirse él mismo, sin liberarse ni buscar ayuda, sino continuar sometiéndose por años a esa misma tortura (recuerden que Sakura aceptó en su adolescencia, por supuesta 'propia' voluntad continuar viviendo con su tío) finaliza en un ser cuya adultez será muy desequilibrada, porque ha perdido toda la etapa de la infancia que necesitaba para desarrollarse. Espero con esto resarcir a las pro-Sakura, demostrándoles que a pesar de que es el perverso de la historia, no lo es por naturaleza maligna, sino por tragedia personal. Sepan disculpar mi predilección por Sakura para hacerlo Malo...U.U
Ya lo explica Hyde en su charla con Ken cuando éste va a su estudio de trabajo: "soy el Sakura de ellos... pero les sufro. Porque en el fondo, aún el más perverso, sufre." Quise darle a Sakura la complejidad y la explicación suficiente de verle como un ser torturado y compensado en su enfermedad.
El primer encuentro de Sakura y Tetsu.
Si Sakura es un hombre tan enfermo, ¿cómo no abusó de Tetsu en ese preciso momento? Pues bien. Sakura está enfermo, y en aquel entonces, estaba recientemente libre del incesto del que había sido sometido por años –largos años– desde sus tiernos 6 años.
El encontrar en Tetsu demasiada inocencia le shockeó –no sólo eso, sino que, en cierto grado, le irritaba que Tetsu mostrara tan desenfadadamente y sin conciencia, toda su vasta gama de inocencias y picardías de tono infantil-. Un ser atormentado como él, cree que las personas de aproximadamente su edad, son de su misma calaña, y como no puede ver más que a través de su propio dolor, el hecho de descubrir en Tetsu el reflejo de lo que habría sido él si su tío no lo hubiera vejado, le chocó de sobremanera. Digamos que vio en Tetsu su 'futuro alternativo', eso mismo de '¿cómo sería hoy si no me hubiera pasado tal cosa?' Justamente esta extraña identificación con el bajista es lo que le detuvo de forzarle, generándole un profundo respeto para con Tetsu.
Lo que sucedió luego, pasados los años, es que su enfermedad se agravó. Ya estaba muy enfermo para cuando Hyde se metió en su vida. Y más aún cuando atacó a Hyde en aquel estudio de grabación, enfrente de Tetsu y Nijiko. Su primera intención había sido abusar de Tetsu frente a Hyde, agregando con esto ese plus de placer que hallaba en su definición de 'disfrute' que mal le enseñó su tío. Con tal grado de padecimiento, ya no respetaba a Tetsu, pues ni el propio baterista se respetaba. Es decir, cuando decidió atacar a Tetsu, perdió el último resto de autoestima que pudiera tener, porque el amable japonés era su reflejo, su deseo de 'haber querido ser' sin poder. Por ello, el ataque a Tetsu demuestra que Sakura ya se había perdido en su propia enfermedad.
En el fic, Yasunori es un ser perverso, cuya causa se llamaba 'Sakurazawa Saburou'. Muchos de los p e d e r a s t a s fueron abusados en su niñez, y no fueron tratados. Sakura no iba a ser la excepción.
Ken y sus besos en Rena: frente y escote.
Tiene que ver con la necesidad de redención. Le besaba de esa forma –en la frente y en el escote, donde estaba las cicatrices-, casi como un religioso a su discípulo, con esa carga de cariño, que no es amor pasional, pero que, en el caso de ambos, se confunde con éste. Besos castos para la traición y el pecado. Me pareció un buen contraste.
Además, el hecho de que Ken bese las cicatrices de Rena, también es un gesto de redención, una expresión oculta de pedir disculpas por las atrocidades que su género –el masculino– ha hecho en la vida de la actriz.
Las palabras de Ken
Ken es un osakeño bien warro. Simplemente utilizo un equivalente español igual de guarro y pícaro. ^^ Disculpen las que no gusten de las malas palabras y demás, pero... si existen, ¡es para usarlas! ^.^
Sakurazawa Saburou:
Estaba metido en la Yakuza como traficante de drogas y de infantes. Este hombre fue el demonio de Sakura, quien, en venganza por haber sido maltratado por tantos años, finalmente destruyó a su tío. Esta es la explicación a aquella extraña muerte que aparece en el fic. Con este personaje intenté quitarle un poco de malicia a Sakura, por una cuestión de que 'los malos no son malos –por lo general– por simple capricho'. Responden a un complejo o una naturaleza castigada, y en cierta forma, si uno se pone a pensar en Sakura –este personaje– a los seis años, siendo abusado por su tío a lo largo de tantos veranos -toda su infancia y adolescencia fue destrozada diariamente por ese perverso- resulta que Sakura era en realidad víctima -como lo es Hyde en el fic Tsukiakari ni Jinsei- pero que, lamentablemente, sus duras vivencias les transforman en seres que lastiman, aun sin tener mucha conciencia de ello, o en el caso de tenerla, siéndoles imposible detenerlo.
Kaori y Religión. Dios y mártir.
Pues sí. Kaori, tal como es, con esa capacidad de idealizar todo ser humano, transformó a Tetsu en su propio Dios –secuela anterior- y en 'Tsukiakari Ni Kage', vislumbró el mártir en la actitud de Ken.
Kaori y el sauceSí. Si ya lo venías sospechando no te sorprenderá, pero ese sauce eterno en el solitario jardín no es ni más ni menos que la representación de Kaori en el 'jardín de la vida'. Así como es representación de lo triste, lo solitario, y lo pasivo –que se deja llevar por el viento, que acepta sin mayores rebeldías– también resultó siendo la visión futura del final de la joven, pues en el desenlace, Kaori termina como un sauce: colgante, y dejándose mecer por el viento.
Hyde-Tetsu. ¿Qué pasó con ellos?
Neee... ni me lo pregunten. Yo juro que tenía planeado un final feliz para ellos en esta segunda parte, pero... siempre un personaje se me sale de las manos, y en este caso fue Nijiko. En conclusión, es una pareja que en este fic tiene algo de condenante: Tetsu es el 'todo es mi culpa' y Hyde es el 'yo nunca he tenido la culpa'…
Muy contrastantes ambos, y por eso, imposible de que pasen mucho tiempo juntos, supongo U.U (Todos: Excusas! Jinsei! excusas! Jinsei: ¬¬U)
Hyde y El merodeador de la casa de TetsuPues como se ha aclarado, Hyde era el ser que escapaba de su casa cuando podía, y espiaba la residencia de Tetsu. Una actitud muy poco madura, pero en el extravío emocional en el que se halla este hombre durante el fic, es lo único que puede hacer: mirar a su amante en la lejanía, en el anonimato, con esa sensación de prohibido, de doliente, de haber hecho lo debido, pero aún así, lamentándolo. Es la imagen de un ser mirando al que ama, al que le cura, a través de una jaula transparente, incapaz de hacer nada más que contemplar.
Y justamente esto, y no otra cosa, es lo que hace suponer a Megumi que Hyde la está engañando. Lo está haciendo de una forma extraña: desde la lejanía, desde lo intocable...
La discusión de Hyde y Ken en el estudio:
Esta disputa es un gran contrastante de la historia. Aquí se intentó mostrar cuán cambiado está Ken –cuánto más esencial es ahora gracias a Yukihiro- y cuán destrozado está Hyde.
Se puede ver cómo, gracias al dolor del pasado y la violencia sufrida por Sakura, no puede ser libre, a pesar de desearlo con toda su alma. Sin embargo, aun como víctima, Hyde sabe que Sakura no hubiera hecho lo que hizo si no hubiera sido una criatura atormentada. Extrañamente, aquí es donde intenté mostrar el contraste Sakura-Hyde. Hyde en esta actualidad, resulta ser la misma calaña de Sakura, demostrando que aquél, en realidad, era una buena persona, pero que la vida lo enfermó al haberle hecho vivir las penurias a las que fue sometido. Es aquí donde la víctima y el victimario se identifican, y, como suele suceder con la psiquis humana en un intento por superar el complejo –cuando es mal tratado- el enfermo resulta ser el reflejo de aquél que le ha dañado. De igual forma, Hyde es, en esta actualidad, un verdadero perverso.
Todo ello está resumido en la frase: "Por supuesto... soy el Sakura de ellos... pero les sufro. Porque en el fondo, aun el más perverso, sufre..."
Detalle final:
Si vuelves a leer todo el fic, sabiendo ya el final, descubrirás detalles que siempre habían estado velados, redefiniendo un nuevo final. Además, se notarán todas las 'visiones a futuro' esparcidas por el fic. Y hasta incluso, se pueda ver más allá. ^^
En fin. Esto es todo. Ojalá les haya gustado, y ya saben: críticas, comentarios, percepciones, delirios, preguntas, todo a mi mail o a la sección de Reviews o donde esté. ^^
Muchas gracias por leer este fic, por haber gastado tu tiempo en él, y por el apoyo.
Especial agradecimiento a Saya Ogawa, la muchacha que ha corregido por 'cuarta' vez este intento frustrado y frustrante de fic. ^^. Muchas gracias, Sayachita. Bechos.
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