Día 24: Pintaúñas

El Lucky Item de hoy fue un pintaúñas.

Por lo general a Midorima no solía importarle mucho qué fuera el Lucky Item exactamente. Nunca se había sentido avergonzado y solía cargar con él indistintamente y convencido de que si era la voluntad de Oha Asa, entonces estaba haciendo lo correcto. Sin embargo, cuando aquella mañana se dio cuenta de qué, cómo y dónde debía comprar, no pudo evitar avergonzarse.

La imagen no era precisamente la mejor: un chico de más de metro noventa entrando solo en un centro de estética y comprando un pintaúñas… Sacudió la cabeza. Mejor no pensarlo y actuar tan rápido como pudiera. De hecho, tenía que comprarlo antes de que Takao lo interceptase. Aunque recientemente Takao no podía caminar hasta el instituto, así que en la última semana había cogido el autobús y no se encontraban hasta que llegaba a clase.

Pero bajo ningún concepto podía permitir que Takao lo encontrarse allí.

Justo antes de entrar al local resopló con autosuficiencia y se subió las gafas. Algo como eso no podría con su determinación. Entró, escogió el primero que le vino a la mano, pagó por él y salió por patas del lugar.

Una vez se hubo alejado lo suficiente deceleró el paso y continuó su camino hacia el instituto como si no hubiese pasado nada. No fue hasta ese entonces que se dio cuenta de que llevaba varios minutos mirando a su alrededor en busca del pelinegro, y ya no estaba seguro de si era porque tenía miedo a que apareciese, o si por el contrario estaba esperando a que lo hiciese para que empezase a hacer el idiota como todas las mañanas con el Lucky Item.

Llegados a esas alturas no sabía si se le había ido la olla o es que la enorme cantidad de olores distintos de los perfumes que había en el centro de estética le había afectado.

Como era de esperarse, ese día Midorima volvió con una mancha en la mano de color verde (porque el pintaúñas había resultado ser de ese color), y no es que fuera porque Takao hubiera querido hacer una de sus jugarretas y pintarrajearle la mano, sino que, tan pronto como vio el pintaúñas se emocionó y se empeñó en probarlo. Midorima cedió por culpa de esa extraña presión que últimamente había en su garganta cada vez que Takao jugueteaba con su Lucky Item, pero lo que no se dio cuenta es que el pelinegro planeaba algo: cuando dijo probar el pintaúñas era, por supuesto y valga la redundancia, para pintar las uñas, pero nadie dijo que iba a pintar las suyas propias.

Y así fue cómo la mañana se volvió en un tira y afloja entre los dos jugadores de baloncesto, uno intentado hacer que el otro bajase la guardia para pintarle una uña, y el otro tratando de recuperar su Lucky Item.