jack wapeton

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(quitad los espacios que he dejado entre medias).

Carolin se despertó sobresaltada, el tiempo se la acababa, y en la oscuridad oía la respiración tranquila de Will, que tiró de ella hasta volver a tumbarla sobre él y la acarició el pelo, besándola la frente y murmurando palabras tranquilizadoras, entonces, mientras la respiración de Carolin se relajaba tomó una decisión, se casaría con Will.

Jack seguía tumbado, la verdad es que estaba algo cansado de estar en esa posición, entonces se le ocurrió preguntarle algo a Elizabeth:

Elizabeth querida, ¿podrías aclararme al menos una duda, si es que vamos a casarnos?.

Claro que sí maridito.

Futuro… futuro…- dijo el pirata suspirando.- ¿cómo es que estás maldita?.

Mmmmmmmmmm es una larga historia.

Verás, hace unos meses, encontré una preciosidad entre los regalos de mi boda con Will, era nada más y nada menos que esa daga. Tras llevarla a mi cintura durante aproximadamente un mes, mientras viajábamos en tu busca, descendimos en una isla, y mientras vosotros ibais a emborracharos, yo consulté a una curandera. Cuando ella vio mi puñal, me recomendó que me deshiciera de él inmediatamente, me contó su tétrica historia; y entonces decidí hacer algo, entregarle el puñal a Will. Al fin y al cabo tenía que hacer algo con él, pero tampoco quería perdelo de vista, era tan bonito… después, nos besamos, te llevó el Kraken, capitaneamos junto con Barbosa al fin del mundo, te sacamos de allí… en definitiva, esa historia ya te la sabes.

Sí cielo, pero aún no me has contestado a la pregunta.

Lo sé. Pues bien, el día que heristeis a Carolin…

No, solo la hirió Will nena.

Me es indiferente. El día que heristeis a Carolin y la llevasteis a la isla, yo estaba allí, en el pueblo. Observé desde lejos toda la fiesta, como Will bebía como un cosaco, y tú aparecías y desaparecías como por arte de magia. De hecho, en un momento en el que William se escabulló para ir… digamos que a hacer sus necesidades.- Jack frunció el ceño, fuera lo que fuese, Elizabeth seguía hablando como una señorita de Port Royal.- Me aparecí ante él, y…le besé, aunque creo que con lo borracho que estaba, pensaría que era un sueño. De todas maneras, el beso no fue muy fructífero, porque Will cayó al suelo, medio inconsciente. Fue cuando aproveché para revolver sus ropas…- Jack la interrumpió.

Elizabeth- dijo fingiéndose escandalizado- ¿cómo pudiste?. De todas maneras sabes que el joven Turner se abría mostrado gustoso de procurar tu placer de otras maneras.

JA-Ja-ja, Jack cada día eres más agudo. En fin, rebusqué entre su ropa, con tan mala suerte, que la hoja del puñal rozó levemente mi mano.- Le mostró la palma de la mano a Jack, desenvolviendola de una sucia venda. Estaba como la herida de Carolin, de un verde cetrino y reluciente.- Cuando quise arrancarselo del cinto, unos pasos se oyeron cerca, y no tuve tiempo suficiente para robárselo porque un par de fuertes marineros aparecieron con antorchas y no podía dejarme ver. En esos momentos, perdí el puñal, pero aún tengo dos días para recuperarlo. No creas que he estado tan lejos de vosotros Jack, os hemos seguido casi durante toda vuestra travesía, solo a unos pocos metros.- Diciendo esto, bebió un trago de una copa cercana y acercándose a la cama, se sentó a horcajadas sobre el pirata y se acercó a su boca peligrosamente.- Muy cerca.- Lo que no sabía Elizabeth era lo cerca que realmente se encontraban. Le besó, abriendo sus bocas, el sabor de Elizabeth era extraño, ron… pero también tenía algo muy dulce. De pronto Jack, se quedó laxo, su tensión, su resistencia desparecieron… cuando Elizabeth se separó de él, le pareció la mujer más atractiva del mundo y… la única.

La tripulación de El Neptuno, (barco de Barbosa), se alejaba entre las sombras de la madrugada del islote más cercano a la isla de plata (Quiquimánua), se habían parado tras saquear la isla en busca del oro, de las cantidades casi indencetes de oro que habia en las paredes de esa cueva.

Elizabeth había seguido el mandato de la maldita, que también se había introducido en su alcoba y allí bajo las estrellas, se estaba casando.

Barbosa se hallaba al frente del barco, Elizabeth vestida de blanco a su frente y Jack, sin ninguna atadura, completamente tranquilo a su lado:

Bien, Elizabeth, ¿quieres a Jack como tu legítimo esposo, para amarlo y respetarlo en la riqueza y en la pobreza, todos los días de tu vida, hasta que la muerte os separe?.

Sí quiero.

Jack… lo mismo…

Sí quiero.

Yo os declaro

Alguien interrumpió la maravillosa ceremonia.

Will y Carolin habían zarpado de Quiquimánua en busca de una isla cercana para poder casarse. Ambos estaban muy ilusionados, más él que ella, pero intentaba mostrarse totalmente alegre. Will la besaba y la abrazaba con ternura cada vez que la veía por el barco. Habían pasado solo un par de horas desde que habían salido de la isla (Qm) cuando en el horizonte avistaron un barco. El Neptuno. Tras un par de minutos, se acercaron a ellos en son de paz, pero entonces estos les abordaron, la lucha fue encarnizada, unos contra otros, de las espadas saltaban chispas y los trabucos disparaban con saña. Cuando la pelea terminó, los prisioneros fueron llevados al Neptuno. De nuevo la Perla quedaba a la deriva. Cuando llegaron a cubierta, Carolin observó a Jack, ausente, de la mano de Elizabeth. Will no podía dar crédito. De nuevo su exprometida. Los prisioneros fueron atados al palo mayor y Carolin observó con lágrimas en los ojos como el pirata se casaba

- Como decía, yo os declaro marido y mujer, puedes besar a la novia.

Jack se giró hacia Elizabeth que se abalanzó sobre él, besándole apasionadamente. Ya eran marido y mujer.