Capítulo 25: Principio de la historia (parte III)
La mujer caminaba en dirección a su casa, agotada por el trabajo y de mal humor por culpa de su hija. Ya era la tercera vez desde que el curso había empezado que Misao se había metido en una pelea y, por mucho que aprobara y se comportara bien en casa, la pequeña tenía que aprender a controlarse.
Tokio Makimachi no lo había tenido muy fácil siendo madre soltera, aunque nunca se había arrepentido de alejarse de aquel hombre, del padre de Misao, por el bien de ambas. Estaba segura de que, si siquiera a su lado, en aquel preciso instante Misao ni siquiera estaría en el instituto.
- ¡Hola, mamá!- la saludó su hija, escuchándola entrar en casa- ¡He hecho la cena! Espero que te guste.
- Vaya, qué casualidad que hagas la cena cada vez que me llaman del instituto- puntualizó su madre.
- Ya, bueno... Verás, es que...
Tokio no escuchó ni una sola palabra de su hija, aunque seguramente su nueva mentira no tuviera desperdicio. La mujer simplemente se contentaba con observarla; a pesar de tener sólo quince años, ambas eran casi idénticas, tanto física como mentalmente. Tal vez Misao tuviera peor carácter y modales que su madre, pero Tokio en el fondo se alegraba de que su hija fuera así; daba alegría a la casa. Sin embargo, para ella, la mayor alegría era observarla día tras día y darse cuenta de que no lo estaba haciendo del todo mal.
- ...y entonces todos ellos vinieron a por mí y claro, tuve que defenderme.- concluyó la pequeña su increíble relato.
- Por supuesto- agregó Tokio- pero estás castigada toda esta semana.
- ¡Pero, mamá...!
- Deja de quejarte y enséñame lo que has hecho para cenar. ¡Me muero de hambre!
Tokio y Misao se complementaban perfectamente; no sólo eran madre e hija, sino también amigas. Sin embargo, la mujer notaba que faltaba algo en la casa, algo que contrastara con la rebeldía de Misao: la presencia masculina. Por desgracia, sus últimas conquistas habían fracasado estrepitosamente y no por ella, puesto que Tokio era una mujer bellísima y con un buen trabajo, sino por las circunstancias. Tokio quería encontrar a alguien que fuera capaz de entender y cuidarlas a ambas, algo bastante complicado. Además, Misao seguramente no lo aceptara; conocía demasiado bien a su hija.
De cualquier manera, la mujer no tenía prisa en buscar a esa persona, pues tal vez apareciera cuando menos se la esperaba.
- Cuatro hermanos -
El hombre llegó a su casa, cigarrillo en mano y totalmente cansado por su trabajo. Ser policía en Tokyo no era nada fácil y menos teniendo a tres bestias esperándolo en casa. Bueno, quizá Saito exagerara en cuanto a sus hijos, pero no en cuanto a lo difícil que había resultado compaginarlo todo. Desde que su mujer muriera, el policía se había tenido que encargar de sus hijos solo, siendo ellos bastante pequeños. Con apenas ocho, diez y catorce años, Kaoru, Sanosuke y Aoshi apenas podían valerse por sí mismos, así que Saito tuvo que ingeniárselas para criarlos solo. De hecho, pensándolo bien, resultaba bastante triste que ni siquiera hubiera podido llorar la muerte de su esposa en condiciones, puesto que no podía derrumbarse, precisamente por ellos tres.
Por suerte, Aoshi, el mayor de los tres, había comprendido la situación al instante y se había hecho cargo de la casa a falta de su madre, cuando Saito tampoco pudiera. En realidad, habían sido tanto él como su hijo quienes habían cuidado de los más pequeños, algo que le agradaba pero también entristecía. Saito siempre se había sentido culpable por el comportamiento tan responsable que adquirió Aoshi, nada acorde con su edad, cuando la tragedia sucedió. Naturalmente, el chico jamás se lo había dado a entender, pero el policía tenía la idea fija y nada podría borrársela.
Había pasado ya mucho tiempo desde entonces y, por suerte, sus hijos habían crecido bien y con un futuro seguro. Incluso se enorgullecía de la madurez de Sanosuke, que empezaba a prestarle más interés a las cazadoras de cuero, a las motos y a no ir a clase que a los estudios.
Sin embargo, estaba claro que faltaba algo: una mujer. Tal vez fuera un poco tarde para pensar así, porque los chicos ya eran mayores y no hacía falta que alguien a parte de él cuidara de ellos, pero él sentía esa necesidad más por él mismo que por sus hijos. Ya había superado la muerte de su esposa y deseaba encontrar a alguien, no simplemente para mantener una relación, sino para estar con ella de verdad, comprendiéndose y queriéndose. No obstante, dado su trabajo, las posibilidades de encontrar a alguien así eran notablemente escasas.
- Hola, papá- saludó la única voz femenina, desde la cocina- ¿Qué tal el día?
- Mucho trabajo, como siempre- contestó el padre, sin ganas- Ya podíais haber limpiado la casa en mi ausencia; da asco.
- A mí no me lo digas- continuó la chica, cocinando- Hoy le tocaba a Sanosuke. Y no, no está en casa.
- Será posible...- maldijo el padre, sacando otro cigarrillo- ¿Por qué este chico sale tanto últimamente? Tendré que hablar seriamente con él...
Justo cuando iba a encenderse el cigarrillo, su pequeña se lo quitó de la boca. Desde hacía más de diez años, la norma estaba clara: en casa no se fumaba.
- Bueno, esto ya está- concluyó la chica, acercándose a la escalera- ¡A cenar!- gritó a lo alto.
A los pocos segundos, un chico muy atractivo apareció en lo alto de la escalera. Vestía ropa de estar por casa y, pese a tener un aspecto muy desaliñado, su fría expresión acentuaba su belleza.
- Hola- saludó el joven, a su padre- No te he oído llegar.
- Me lo imagino. Deberías tomarte algún descanso de tanto estudiar, Aoshi.
- Es verdad- puntualizó su hermana- Eres de los mejores estudiantes de la Todai; no hace falta que te esmeres tanto.
- Será mejor que te preocupes por tus estudios y no por los míos- comentó fríamente Aoshi.
- ¡Oye, no te pongas borde! ¡Lo digo por ti!
- Vale ya- terció el padre- Por cierto, ¿cuándo piensa aparecer vuestro...?
Justo en ese momento, un joven totalmente vestido de negro y con los pelos de punta apareció por la puerta. Tenía medio labio sangrando y uno de los ojos color morado. Al verlo así, Kaoru saltó sobre él.
- ¡Sanosuke! ¿Qué ha pasado?
- Nada. Sólo le he enseñado cuál es su lugar a un cretino- aclaró, guiñándole el ojo a su hermana.
- Pues deberías aprender cuál es el tuyo y dejar de meterte en peleas- lo apuñaló verbalmente el mayor.
- ¡Tú a callar, empollón!
- No me hables así.
- ¿Queréis callaros de una vez? Me está doliendo la cabeza... Y, por cierto- añadió el padre- ¿Por qué la sopa de miso está tan espesa, Kaoru?
- Huele mal desde la calle- bromeó Sanosuke.
- ¡A callar y a comer! ¡Encima de que os preparo la cena...! ¡Sois unos desagradecidos!- se enervó ella.
- Si a esto lo llamas «cena»...- ironizó Aoshi.
Aquellas discusiones tan típicas demostraban a Saito dos cosas: la primera era que sus hijos no eran tan mayores como él creía y la segunda era que, efectivamente, necesitaba una mujer más en esa casa.
- Cuatro hermanos -
- Hoy también voy a llegar tarde... Maldita sea- se quejó Tokio, bajando con prisas las escaleras del metro. Sin embargo, nada más llegar, observó cómo su tren echaba a andar, mientras ella lo contemplaba con desesperación- ¡Estupendo!- ironizó ella.
- No te muevas- le susurró alguien al oído, mientras le clavaba algo puntiagudo en el costado. Tokio sintió que su sangre se helaba, pero conservó la cabeza fría- Ahora acompáñame a los servicios sin hacer ruido.
Al sentir que el objeto punzante se clavaba más en su carne, produciéndole más dolor, la mujer decidió hacer caso a aquel ladrón. Sin embargo, nada más girarse en dirección a los lavabos, recuperó el valor que le quedaba. El hombre fue incapaz de ver a la mujer volviéndose hacia él y propinándole una patada en su entrepierna. El alboroto que causó el acosador logró llamar la atención de los hombres de seguridad que había alrededor, pero Tokio no vio difícil disculparse.
- Señores, hagan el favor de detener a este imbécil que ha tratado de llevarme a los servicios a la fuerza.
- Señora, ¿se encuentra...?
- Estoy bien- aclaró Tokio. Sin embargo, a su pesar, al contemplar el pinchazo del hombre observó que había mucha más sangre alrededor de la que ella se imaginaba- Estoy bien... Tengo que... coger el... tren...
Mientras sentía que se desvanecía, la mujer fue capaz de divisar la silueta de un hombre, con un cigarrillo en la boca, que echaba a correr hacia ella.
- Cuatro hermanos -
Saito Shinomori caminaba tranquilamente por los pasillos del hospital. En un principio, el policía había pensado que su viaje a Kyoto sería inútil, pero había resultado ser justo lo contrario. Como uno de los mejores comisarios de la capital, la policía de la ciudad vecina había solicitado su ayuda para vigilar a uno de los miembros de la yakuza más importantes de todo el país: Makoto Shishio. A pesar de estar en prisión, había sospechas de que su mafia se estuviera reorganizando.
Aunque no creía que pudiera aportar nada nuevo, las cosas se habían puesto interesantes; no sólo había presenciado cómo una mujer había conseguido dejar K.O a un triste ladronzuelo, sino cuando descubrió que, además, dicha mujer era la ex pareja del señor Shishio.
- ¿Cuándo podré marcharme de aquí?- preguntó la mujer, incorporada en su cama- Me encuentro perfectamente y tengo que ir a trabajar.
- Ya hemos avisado a su trabajo- aclaró el policía- y creo que no pasará nada por que la directora de recursos humanos de una importante multinacional se pierda dos días de trabajo.
En ese momento, Saito sacó un cigarrillo de su paquete.
- No debería hacer eso- aconsejó la mujer, enfadada por tener que quedarse en observación.
- Bueno, confío en que no se lo diga a nadie- añadió Saito, en un tono de... ¿flirteo?- La verdad es que me ha impresionado con su actuación de hoy. Ha sido... increíble- dijo con sinceridad.
- ¿No se imaginaba que una mujer pudiese deshacerse de su atacante?
- No en esas circunstancias, la verdad. Pero no he venido aquí sólo por eso. La verdad es que me han hecho venir desde Tokyo por otro tema. Algo que tiene relación con...
- Ya. Ya sé de qué quiere hablarme. Pero- la mujer trató de hacer esfuerzos, pero al ver que no podía, se dio por vencida- ahora que está en la cárcel es problema suyo, ¿de acuerdo? Así que déjenme en paz. No estuve casada con él y me alejé de él hace tiempo; no tengo nada que aportarles.
- ¿Y no cree que el ladrón de hoy tuviera alguna relación con él?
- ¡¿Qué?- se indignó Tokio- ¡Oiga, si eso le pasa a cualquier otra no estaría aquí, así que márchese! ¡Igual que yo, me voy de aquí ahora mismo!- estaba claro que la terquedad de Misao se le estaba pegando.
- No hace falta que se ponga así, señora. Sólo hago mi trabajo.
- ¡Y yo haría el mío si me dejaran marcharme!
- ¿Cree que me gusta estar aquí, haciéndole preguntas?
- ¡Ni lo sé ni me importa!... ¡Joder! Mire, agente...
- Shinomori.
- Eso, Shinomori. Tengo una hija y me gustaría avisarla de que hoy no podré ir a casa, así que...
- Ya lo hemos hecho, señora. No nos tome por incompetentes.
- Ya...- ironizó ella.
Saito fumó el resto del cigarrillo con tensión. ¿Quién se había creído que era? ¡Suerte había tenido de que un policía la hubiera sacado de la estación, con todo el revuelo que se había montado! ¿Encima de que la salvaba... se comportaba así? ¿Cómo podía seguir habiendo mujeres tan soberbias por el mundo? Ciertamente, era muy guapa, pero eso no le daba derecho a hablarle como si fuera un imbécil.
- Oiga... siento haberme puesto así- se disculpó la mujer- Es que no me gustan los hospitales...
- Bueno, entonces tal vez pudiéramos hablar en otro lugar- comentó Saito, pareciendo desinteresado mientras se encendía otro cigarrillo. Sin embargo, la mujer estaba atónita...
- ¿Me... Me está invitando a salir?- preguntó ella, ruborizándose ligeramente.
- Si quiere llamarlo así...
Después de unos segundos de incómodo silencio y temiendo que la joven lo rechazara, Saito lanzó un suspiro de resignación.
- De acuerdo- aceptó ella- Entonces hagamos las cosas bien- añadió, tendiéndole la mano- Soy Tokio Makimachi.
- Yo Saito Shinomori- contestó él, cogiéndole la mano.
- Cuatro hermanos-
- Así que vives con tu hija y tu padre- aclaró Saito, habiendo pasado al tuteo desde el principio de la cena.
- Así es. Okina no vive exactamente con nosotras, pero pasa en casa gran parte del tiempo. ¿Y tú tienes tres hijos? Tiene que haber sido muy difícil criarlos...
- La verdad es que sí, ha sido complicado.
- ¿Y cómo son?- se interesó Tokio.
- Pues Kaoru, la pequeña, tiene dieciséis años y es muy responsable. Sanosuke, el mediano, está un poco más rebelde de lo que me había imaginado y Aoshi, el mayor es lo más serio que puedas imaginarte.
- Bueno, no creo que los estudiantes de la Todai tengan mucho tiempo para divertirse- bromeó ella- Pues Misao es... bueno, digamos que una es una adolescente a la que le encantan las peleas. Si no llega magullada a casa no es feliz.
- Me recuerda a alguien...- añadió Saito, acordándose de Sanosuke.
La pareja se divirtió bastante en la cena; ninguno sabía muy bien porqué, pero ambos sentían que habían congeniado al momento. Quizá las difíciles circunstancias por las que habían pasado hubieran conseguido acercarlos más... pero, fuera lo que fuera, tanto Saito como Tokio agradecían haberse conocido.
- Entonces, ¿mañana vuelves a Tokyo?- preguntó la mujer, a la salida del restaurante.
- Sí. Aquí ya lo tienen todo controlado y no me necesitan más, así que volveré.
- Pues, en ese caso... Espero que te vaya todo muy bien.
- Lo mismo digo- después de unos instantes de silencio, Saito retomó la palabra- Si volviera algún día... Me gustaría mucho que nos viésemos.
- A mí también. contestó ella, sinceramente.
Sin más dilación, ambos se despidieron con la mayor cortesía que pudieron. Saito se ofreció a acompañarla a casa, pero Tokio rechazó la oferta; era mejor así. No quería hacerse esperanzas y, aunque aquel hombre le hubiese provocado algo que hacía tiempo no sentía, prefería dejar las cosas así. Tal vez, la próxima vez que se vieran, si dicha vez llegaba, las cosas cambiarían.
- Cuatro hermanos-
Sin saber muy bien porqué, Saito empezó a llamar a Tokio asiduamente desde su vuelta a casa. Las conversaciones eran largas y profundas, además de que ella solía devolverle las llamadas. El policía se sentía distinto; sentía una pequeña esperanza, aunque no conociera su origen, que se avivaba cada vez que hablaba con ella.
Finalmente, sin poder aguantarlo más, Saito decidió pedir otra semana de permiso para viajar a Kyoto. No podía esperar más; necesitaba hablar con ella cara a cara, verla, sentirla. Aunque en un principio su físico la hubiera impactado, el hombre sabía que había mucho más detrás; Tokio era una mujer fuerte, independiente e inteligente. Y quería tenerla cerca.
- No destrocéis mucho la casa esta semana. Sobre todo tú, Sanosuke.
- ¡Déjame en paz y márchate ya!- nada más despedirse su padre y, esperando unos instantes de rigor, el joven retomó la palabra- ¿No os parece que ocurre algo raro?
- ¡Come bien, Sanosuke!- le riñó su hermana- Pero creo que tienes razón... Es raro que papá se marche dos veces de casa. Creo que en todo este tiempo no ha salido... ni una sola vez.
- Me pregunto qué le ocurrirá- pensó el mediano, en voz alta.
- Tal vez allí haya mucho trabajo- sugirió Kaoru, con mucha ingenuidad.
- Lo más probable es que Saito haya conocido a alguien- sentenció Aoshi, sin levantar la vista de su libro- Sólo puede viajar tanto por un motivo: una mujer.
- ¡¿Qué?- preguntaron sus hermanos pequeños al unísono- ¡Imposible!
- ¿Por qué?- preguntó Aoshi- Yo lo veo muy normal. Si es lo que él quiere, adelante.
- No, no puede ser eso- negó Sanosuke.
- Seguro que sí.
- Apostemos, si estás tan seguro- sugirió Sanosuke, sonriendo ligeramente, como si tratara de ligarse a alguna chica más.
- De acuerdo. Pero vas a perder.
A pesar de la carcajada que soltó su hermano a continuación, Aoshi tenía razón; su hermano estaba a punto de perder la apuesta.
- Cuatro hermanos-
Tokio se dirigía a su cita, mucho más elegante y nerviosa que las otras veces. Saito la había llamado estando ya en Kyoto y había sido bastante claro: quería verla y no en cualquier sitio, sino en el restaurante del hotel en el que él se alojaba.
La llamada le había pillado totalmente de sorpresa; en pleno trabajo, Saito había llamado a Tokio y había sido muy sincero. La verdad era que ella también deseaba verlo, no podía negárselo, pero no sabía si querría llegar a ese punto
Estaba claro lo que la cena significaba; al menos, lo que podría significar. Pero... ¿estaba preparada? Hacía mucho tiempo que no estaba plenamente con un hombre, ¿de verdad quería dar ese paso con Saito? ¿Sería él el indicado?
Finalmente, Tokio decidió dejar de hacerse tantas preguntas y disfrutar de la cena, alejando sus posibles miedos de la cita que tanto esperaba.
- Cuatro hermanos-
La cena había estado perfecta, aunque no tanto como ella. Saito jamás se había imaginado que una mujer tan guapa como ella pudiera estarlo aún más, pero el nudo que se le había formado en el cuello al verla, había sido bastante claro. Hacía mucho tiempo que no se fijaba sexualmente en una mujer, pero el vestido negro que llevaba Tokio lo estaba volviendo loco. Toda ella lo estaba volviendo loco y sentía que no podría parar, si la situación se descontrolaba.
En un principio pareció que ella no estaría dispuesta a dar ese paso, pero cuando Tokio finalizó la espléndida cena con un beso, Saito se aclaró las ideas a momento. Casi sin preámbulos, la pareja se dirigió a la habitación del policía y disfrutó como nunca. Sólo al acabar, siendo conscientes de lo que aquello significaba, ambos retomaron la palabra.
Las siguientes citas repitieron aproximadamente la misma rutina y, por mucho que ambos desearan no despertar nunca de ese sueño, al final tuvieron que recuperar la cordura y hablar seriamente.
- Saito, ¿qué es esto?- comenzó ella.
- ¿El qué?
- Esto. Lo nuestro. Lo que tenemos... sea lo que sea.
- No lo sé, la verdad.
- Sólo quiero saber... qué quieres conmigo. Si solamente quieres esto o si... por el contrario, pues...
Al notar que la mujer se ruborizaba, el hombre se incorporó y le acarició la mejilla.
- Claro que no quiero sólo esto. Quiero más. Te quiero a ti. A ti y a Misao y nada me gustaría más que formar una familia. Pero no quiero pedirte eso; no quiero presionarte así.
Aquella vez, la despedida fue más desesperanzada que la anterior. Sin embargo, algo se había despertado dentro de Tokio; ya no sólo deseo o esperanza, sino también motivación para dar un cambio importante en su vida.
- Cuatro hermanos-
Había pasado un tiempo desde que la relación entre Saito y ella se hubiera formalizado y, cuanto más pasaba más tiempo, más pensaba en su futuro. Y la mujer necesitaba tomar una decisión cuanto antes.
Después de darle muchas vueltas al tema, Tokio decidió recurrir a la única persona que verdaderamente podía comprenderla: Okina. Al hombre le sorprendió que su hija se presentara en su casa sin avisar, pero entendió que se trataba de algo urgente. Por ello, decidió no interrumpirla mientras le contaba todo lo ocurrido recientemente: desde que conociera a Saito hasta que decidiera irse a vivir a la capital.
- El trabajo no es problema- aclaró Tokio- La empresa madre está en Tokyo y pueden trasladarme allí sin problemas.
- La verdad es que el trabajo no es lo que más me preocupa- opinó el hombre- ¿Qué dice Misao? ¿Has hablado con ella?
- No, la verdad es que no. Quería hablarlo contigo antes... para ver qué consejo podías darme.
- Bueno...- Okina se lo pensó un poco, antes de proseguir- Creo que Misao te va a poner las cosas muy difíciles. Puede que incluso te odie en un principio, pero es normal; no va a tomarse muy bien separarse de su vida.
- Ya...- se deprimió Tokio.
- Sin embargo- continuó él- creo que el cambio puede ser bueno. Todos lo son. Además, hace mucho tiempo que no te veo así de feliz y si tienes que cambiar de ciudad para mantenerlo, adelante, yo te apoyo. Hace años que estás apagada y creo que esto puede sentaros muy bien... a las dos.
- Gracias. Muchas gracias.
Sin pensárselo dos veces, la mujer avisó a su pareja de los planes que tenía pensados. Ya sabía que Saito lo vería como un suicidio, pero le daba igual; necesitaba ese cambio de aires y la oportunidad era única. No por Saito, ni siquiera por el mejor trabajo que conseguiría, sino por ella misma y por su hija. Por eso y sólo por eso, nada más hablar con el policía, se fue directa al trabajo para comenzar el papeleo.
- Cuatro hermanos-
En cuanto supo la noticia, Saito sintió que todo daba vueltas a su alrededor. Ciertamente, deseaba que Tokio viviera cerca de él, pero no sabía si quería que el cambio se produjera tan pronto. La mujer no lo había presionado para nada; según le había dicho, ella y Misao vivirían a parte hasta que llegara el momento indicado.
Sin embargo, Saito quería hacer las cosas en condiciones. Ya conocía a Tokio desde hacía bastante tiempo, el suficiente como para formalizar su relación abiertamente. Precisamente por eso, decidió reunir a sus hijos e informarles de la situación.
- Bueno, veréis...- comenzó Saito, encendiéndose un cigarrillo para tranquilizarse- Es que desde hace un tiempo pues... bueno...
- Que tienes novia, ¿no?- preguntó Sanosuke, sin nada de tacto.
- ¿Qué...? ¿Cómo sabéis...?- respondió Saito, totalmente petrificado- Pues... sí, así es. He conocido a una mujer y...
- ¡Joder!- exclamó Sanosuke, mirando de reojo a su hermano mayor, que sonreía casi imperceptiblemente.
- Déjalo, papá- añadió Kaoru, tratando de calmar a su padre- Continúa...
- Pues, eso... He conocido a una mujer y... ella es de Kyoto, pero va a trasladarse aquí, a Tokyo. Así que he pensado que podríamos... irnos a vivir juntos.
Lejos de lo que se esperaba, los chicos aceptaron con ganas la propuesta. La verdad es que todos habían llegado a la conclusión de que su padre necesitaba compañía, aunque él no se lo hubiese dicho todo aún.
- Hay una cosa más- añadió- Tokio tiene... una hija. Así que creo que lo mejor será que nos mudemos a una casa más grande.
La noticia pareció trastornar algo más a sus hijos. En efecto, aquélla era la casa que Saito y su difunta mujer se habían comprado y en la que sus hijos se habían criado, así que comprendía que les costara hacerse a la idea.
- Bueno, si ésa es tu decisión yo la acepto- lo apoyó Aoshi, totalmente convencido.
- Yo también- añadió Kaoru- Creo que necesitamos un cambio y me parece una buena oportunidad para hacerlo.
- Opino lo mismo- ultimó Sanosuke- Ya era hora de que te echaras novia, viejo.
Saito aprovechó, después de haber reñido a Sanosuke, para explicarles por encima las circunstancias en las que había conocido a Tokio y había comenzado su relación. Poco después, entrada la noche, los tres hermanos coincidieron en el salón.
- Vaya, veo que vosotros tampoco podéis dormir- dijo Kaoru, bajando las escaleras.
- Por lo visto este tema nos ha trastocado a todos. ¿A vosotros que os parece?- preguntó finalmente Sanosuke.
- A mí bien, ya lo he dicho- contestó secamente Aoshi.
- A mí también- añadió Kaoru- Pero me da mucha pena marcharme de esta casa- se confesó, mirando las paredes con nostalgia- Después de tanto tiempo... Pero bueno, seguro que todo va a mejor. Después de todo, es raro que papá se equivoque en este tipo de decisiones.
- Supongo que tienes razón- comentó Sanosuke, con la mirada perdida- ¿Y qué os parece lo de la hija? Tiene quince años y, por lo visto, aún no sabe nada. La madre se lo dirá cuando vayamos a verlas. ¡Buf! Me pregunto cómo se lo tomará...
- A mí me hace mucha ilusión- dijo Kaoru, con una sonrisa- Siempre he echado de menos tener más chicas en la casa y me gusta que tengamos más o menos la misma edad.
- Pues yo preferiría que fuera pequeña o mayor- agregó Aoshi- Detesto esa edad. La adolescencia es lo peor y más cuando pasan este tipo de cambios.
- No seas tan dramático, Aoshi. Yo también soy una adolescente y me lo he tomado bien.
- Sí, pero tú no eres hija única- aclaró el mayor- Estoy seguro de que nos dará muchos quebraderos de cabeza. Pero bueno, tendremos que aceptarla.
- No me gusta cuando hablas así... Suenas más borde de lo que eres- se asustó Sanosuke.
Nuevamente, el hermano mayor volvía a tener razón, porque ninguno de los tres hermanos se imaginaba que la cuarta fuera a causarles tantos problemas; a uno de ellos en especial.
- Cuatro hermanos-
Tokio apenas había conseguido dormir aquella noche, la víspera de su cumpleaños. Aquel día no sería un cumpleaños normal, que pasaron juntas su hija y ella cenando tranquilamente, antes de ver a Okina. Aquel día, sería el inicio de su nueva vida; Saito había viajado a la ciudad, con sus hijos, dispuesto a presentarse oficialmente. Ella, por su parte, estaba a punto de anunciar que se marchaba de ciudad y su hija no sabía nada de eso.
Mientras tanto, su pequeña Misao preparaba ajena a todo eso, un álbum de fotos de ella y su madre, regalo especial para su cumpleaños. No obstante, la colegiala apenas se imaginaba lo que su vida estaba a punto de cambiar en apenas unas horas.
Fin del capítulo 25
¡Hola a todos! Cuánto tiempo! Pero bueno, mejor tarde que nunca! Espero que os haya gustado el capítulo, aunque supongo que esperaríais el desenlace de la historia. ¡En el próximo lo pongo, os lo prometo! XD. Creo que ya apenas quedan un par de capítulos para acabar la historia; qué pena... pero bueno, tengo nuevas ideas, así que espero que os gusten también mis nuevos fics. Siento haber tardado tanto, pero entre exámenes, verano y que ahora colaboro en algún fansub que otro, se me echa el tiempo encima... pero la historia quiero acabarla de cualquier forma, así que no pienso dejarla colgada! _
Respecto al capítulo, ¿qué os ha parecido? Tenía ganas de poner ya la tercera parte del principio de la historia, cómo se conocieron Saito y Tokio y las reacciones de los hijos. Bueno, las de Aoshi, Sanosuke y Kaoru, porque la de Misao mereció un capítulo a parte XD. La verdad es que tenía pensado cambiar un poco las circunstancias de cómo se conocieron, pero ha quedado así... espero que os haya gustado! Y espero no tardar demasiado con el próximo capítulo! Muchas gracias por esperar y hasta el cap 26!
yuki Ironhand: hola! Pues sí, parece que alguien les ha echado un mal de ojo... pero no te preocupes, que Misao y Aoshi están hechos para superar todas las barreras! Espero no tardar mucho con el próximo cap y espero meter más de Ken y Kao, que les tengo un poco olvidados. Un beso!
Misari: hola! Siento mucho el retraso, pero es que estoy muy liada con la universidad, trabajo, traducciones y fansub... y me falta el tiempo! Pero bueno, ya no queda nada así que acabaré la historia cueste lo que cueste! XD. Me alegra que ye haya gustado el cap; es verdad que la pobre Misao siempre sale de un problema y le viene otro, pero eso le ha servido para madurar con Aoshi y ella misma... pero bueno, te prometo que no la haré sufrir mucho más! Un beso!
PekeOtaku: hola! Gracias por los ánimos! Me alegra que te gusten las conversaciones porque, la verdad, me esfuerzo más en ellas que en las descripciones. Así que me alegro mucho de que te gusten. Un beso!
mayi: hola! Siento haber tardado tanto; pero bueno, mejor tarde que nunca, no? Ya quedan poquitos caps para que se acabe la historia, así que trataré de avanzarla cuanto antes. Me alegra que te siga gustando y espero que esperes con ganas el final. Un beso!
