Holaaaaa!


Trauma

It's ok. You're safe now

Capitulo 25: Sonrisas

-Matthew, necesito que respires, ¿sí? ¿Podrías hacer eso por mí?

Matthew quería reir ante la pregunta. Reír por lo patético que era. Dios, haría cualquier cosa por Alfred.

Y ni si quiera sabía porque tenía esa idea tan clara en su mente.

Solo sabía que lo sabía.

-Lo siento, lo siento-murmura por novena o décima vez.

-Esta bien, esta bien-le responde Alfred igual que cada vez.

Siguen abrazados, la gran altura del Jeep les favorece para estar cómodos, y ninguno de los dos tiene ningún apuro en separarse. Unos minutos después, Matthew logra calmarse y respirar normal, pero aun así no corta el abrazo.

-Quieres contarme que sucedió-pregunta el estadounidense, su voz sonando tan suave que el estómago de Matthew da dos vueltas completas.

Muy pocas veces se lo escucha a Alfred hablando con tan bajo volumen. Es todo un privilegio presenciar tal hecho.

Pero a pesar de la linda sensación que el tono dulce le produce en su interior, las palabras en cambio le hacen volver a los nervios.

-Nothing. -murmura y se separa

Comienza a secar su lágrimas medio para esconderse, y nunca ve la forma en que Alfred se muerde el labio inferior. Pero el mayor prefiere no insistir y en cambio le toma la cara entre las manos, forzándolo a detener el posiblemente peligroso refriego de sus ojos, y lo atrae hacia él. El corazón de Matthew se detiene por unos segundos mientras su cerebro intenta procesar la situación, y pronto siente su frente arder allí donde Alfred situó sus labios para besarlo suavemente.

-Vamos adentro, ¿te parece?


Arthur miró impaciente su celular mientras si pie golpeaba el piso una y otra vez. Francis lo miró con un poco de cautela, preguntandose como era que su pierna no se cansaba del movimiento que llevaba más de 15 minutos sin pausa.

-Los odio-concluye Arthur guardando su celular en bolsillo de su pantalón.

-Calma, si algo malo hubiera pasado alguno nos hubiera llamado-dice Francis intentando apaciguarlo desde una distancia prudente.

La mirada asesina del inglés le hace reconsiderar si la distancia mencionada es suficiente o no.

-Alfred nos llamó aquella vez. En su momento. Y no dijo mucho. Pero al menos llamo.

-Cállate. No estás ayudando-lo cortó Arthur y empezó a caminar.

Francis quiso señalar que técnicamente él tampoco hacía nada útil, pero prefirió omitir eso.

-Si no responden es porque están juntos-le dijo en cambio caminando a su lado-Alfred tiene que haberlo encontrado y estén hablando o algo. Sus celulares deben seguir en silencio por la reunión a la que se suponía que tenían que venir.

-No está ninguno de sus autos-murmurá Arthur más para si mismo observando por la ventana que daba hacia el estacionamiento.

-En serio, ¿miraste dos segundos por la ventana y ya sabes que no están?

-Un bloody jeep y un bloody corvette rojo son autos que resaltan un poco.

-Bueno, considerado que el corvette tiene estrellas azules en el techo...De todas formas, no significa que haya que preocuparse.

-Un maldito mensaje, es lo único que pido.-masculla el inglés de nuevo más para si mismo.

Francis no va a decir que está preocupado. Pero un poco lo está. Solo que intenta no hechar más leña al fuego. Saca su propio celular e intenta por su cuenta, marcando el numero de Matthew de memoria.

Dos tonos y se escucha un estridente "Hello, french fries" que hasta Arthur escucha. La cara de enojo del inglés al ver que al otro le atienden y a él no podría espantar a varias personas, pero Francis intenta no prestarle atención en los pocos segundos que dura la conversación.

-Era Alfred-le informa-están en su casa. Están bien, pero parece que Matthew tuvo una especie de ataque de ansiedad o algo así.

-Oh my god-murmura Arthur olvidando su enfado al instante-Nunca tendríamos que haberlo dejado venir solo. Vamos, antes que empiece a llover y-...-

Arthur empieza a caminar pero el francés lo detiene tomándole el brazo.

-No, no, no. Ellos se quedarán allí, almorzarán tranquilo y vendrán para reincorporarse a las sesiones de la tarde.

-Pero, Matthew-...-

-Estará bien, y tiene a Alfred para cuidarlo. Eso es más que suficiente. Ahora tu y yo, a almorzar, ya. Sin discusiones, vamos, vamos.

Francis avanza hacia el lado contrario que Arthur pretendía ir, arrastrándolo sin importarle sus quejas.

-Wait, wait. Las cosas de Alfred deben seguir tiradas en la sala de reuniones, deberíamos recogerlas, y llevárselas para las sesiones de esta tarde, tiene reunión de las Américas en el decimosexto piso después del almuerzo y seguro ni va a saber donde tiene sus papeles.

Francis le mira y sonríe. Cuando el otro le increpa de porque la mirada de tonto solo ríe y le revuelve el cabello al pasar en camino de vuelta a la sala de reuniones. Sigue sonriendo todo el camino, pensando en quien sabe que cosa, hasta que a centímetros de las puertas se detiene con un inglés seguido muy de cerca. Hay voces saliendo del interior, y parecen enojadas.

Son voces alemanas, las reconocen fácilmente, son Prusia y Alemania, y más alla de lo agresivo que puede sonar el alemán a veces, se nota claramente que están discutiendo. Ninguno de los dos entiende una palabra, los germanos hablando tan rápido y cerrado que probablemente ni Austria ni Suiza les entenderían tampoco. Francis y Arthur se miran un momento, y de la nada, la acalorada discusión termina, y sin que puedan reaccionar la puerta se abre y tienen a los dos hermanos en frente de ellos.

Las caras de enojo en ellos se nota a leguas, y sorprendentemente (o quizás no) ambas cambian a una de leve nerviosismo al ver al francés y al inglés parados afueras de la habitación.

Nadie dice absolutamente nada, y después de unos segundos de mirarse los unos a los otros, con un poco de incomodidad los germanos siguen su camino.

-¿Acaso dijeron...Canada? ¿Más de una vez?-susurra Francis

-Y creo que escuche America también.-susurra en respuesta el inglés.

Francis quiere ir tras ellos, pero Arthur lo detiene.

-¿A donde vas?-le pregunta con un tono de reprimenda

-A preguntar porque estaban discutiendo sobre mis hijos-responde con el mismo tono

-Wha-wha-whats? Tu-tu-tus hijos-...-Matthew y Alfred son, fueron y siempre serán mis-...-

Francis rompe a reír al instante. Arthur parece que está por detenersele el corazón.

-Honhonhonhonhon en serio, L'Anglaterre, tu est trés facile.

Aun riendo, Francis se encaminó hacia la sala de reuniones deleitándose en el camino con la roja cara del otro.


Hamburguesas con queso, jamón, lechuga, tomate, baco, huevo frito, mostaza, ketchup y cebolla. ¿Quién podría estar deprimido con algo así en su estómago?

Claramente Matthew no, porque estaba sonriendo y riendo sin cesar.

Bueno, quizás las persistentes idioteces que Alfred estaba haciendo para hacerle reír tuvieran algo que ver. Pero mayormente seguro era la hamburguesa. Era hermoso verlo sonreír así, tan ampliamente. Alfred podía pasarse la vida haciendo y diciendo tonterías por verlo así.

-No, pero en serio-dijo el de ojos celestes tomando un sorbo de su gaseosa.-¿has visto como se pone Ivan cuando Bielorrusia si quiera respira cerca de él? Pufff, y superpotencia le dicen los tontos. No saben nada. Su cara es algo como asi

Y a continuación hace una exagarada representación de dicha reacción. Matthew vuelve a reír, Kumajiro en sus piernas decide bajarse antes que las risas lo terminen tirando por los aires.

Alfred sonríe mirándolo. Esto era muy agradable. Siempre era agradable pasar tiempo con Matthew. Y a solas , en la comodidad de su hogar, con privacidad y seguridad. No podía pedir más.

Bueno, sí. Quizás podría pedir que el maldito timbre no sonara en ese preciso momento. Pero pedirlo no iba a cambiar el hecho que ya habia sonado.

-Oh mon Dieu, ¿esperabas a alguien? Oh, lo siento tanto, Alfred, me iré si lo necesito.

-Wow wow, calma. No, no esperaba a nadie. ¿Y tú?

-Nnn-no que yo sepa.

Alfred se levantó y fue a la puerta con un mal presentimiento. Su semblante se puso serio, y sacando la traba abrió de un tirón.

-Al fin, te tardaste años. Y no te atrevas a decirme que Matthew no está aquí porque ese es su adorado Jeep con patente canadiense.-dijo el Prusia parado en el portico con cara de pocos amigos.

Continuará


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