Espejos del alma
Por Yoali Iizax Luin
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Capítulo 25. De nuevo tú.
Estaba exhausta.
¿Quién lo diría?
Tomo su cabeza con ambas manos y luego masajeó sus sienes en un inútil intento de quitarse el dolor de cabeza. Esto era más de lo que hubiera esperado, pero emprendido el camino no hay marcha atrás, tomo una decisión y la llevaría al final, con todas las consecuencias.
Escucho pasos acercase pero no se movió continuó con su mirada en el jardín.
Habló con el hombre recién llegado no más de dos minutos para quedarse solo de nuevo.
Ni siquiera podía tener cinco minutos libres, a cada momento llegaban personas preguntando sobre lo que había decidido sobre uno u otro problema.
Había pasado cuatro largísimo meses desde que venció a Eriol, días de ser el único regente de todo el continente y de sus habitantes. Sinceramente no entendía porque todos perseguían el poder, si era tan complicado mantenerlo, arreglar desacuerdos y conflictos a cada instante, sin matar a alguien.
Al principio se enfrentó a un sin numero de rebeldes que buscaban derrocarlo, discutía, negociaba y peleaba si era necesario para mantenerlos bajo control, pero lo estaba logrando. O eso deseaba creer.
- Necesito vacaciones - regreso a su masaje de sienes.
- Sí, lo necesitamos - le contestó una voz conocida.
- Isil ¿qué haces aquí? - el chico cayó de un árbol cercano - creí haberte enviado lejos...
- Envié a alguien más, no te preocupes es de confianza. Además no me iré mientras a cada momento llega alguien queriendo cortarte la cabeza.
Había tenido tantos atentados que eran ya una rutina, hechiceros solitarios, uno que otro ser oscuro y más de una docena de ingenuos humanos, incluso un sílfide. La mayoría eran detenidos por los guardias del palacio pero más de diez fueron tan eficaces que llegaron a Sak.
- Puedo cuidarme muy bien solo, sabes que me he recuperado y además - sacó su espada - soy muy fuerte - dijo con una media sonrisa.
- Sí claro - dijo Isil rodando los ojos - el último hechicero casi te hiere.
Sak sonrió - no subestimes el poder de piedra.
Fue uno de los primeros atentados cuando Sak aún no se recuperaba, el hechicero por poco le atraviesa el corazón cuando lo encontró desarmado, pero Sak encontró una piedra y se la lanzó a su agresor, cuando llegó Isil el hechicero lloraba de dolor pues la piedra había ido a dar al lugar más sensible de su cuerpo.
- Eso dolió - Sak sonrió al recordarlo.
- Sólo una vez y por poco logras que te maten. No me volveré a separar de ti, no puedes vivir sin mí - dijo levantándose el cuello.
- Creo que no - dijo sonriente.
- Señor - un nuevo mensajero llamo a Sak.
Sak sonrió - te lo dije - y fue a atender al hombre, mientras Isil sólo observaba.
Ella había recobrado un poco de su vitalidad y fuerza, siempre estaba en movimiento y cómo no, con un continente que gobernar. Él no se había separado de ella, aún consideraba que era su deber cuidarla.
- Prométeme algo - Sak lo sacó de sus pensamientos, el mensajero ya se había marchado.
- Lo que quieras, mientras no sea dinero estoy en banca rota, mi jefe no me ha pagado en meses.
- Lo haré - dijo segura - algún día.
- ¿Qué quieres que te prometa?
- Que algún día nos iremos de viaje, por todo el continente, libres, solos con la naturaleza, como viajeros errantes. Quiero sentir de nuevo un poco de libertad.
- Suena bien, pero...
- Señor - llamó otro mensajero a Sak.
- Sí, creo que ya sé que quieres decir, si me disculpas - se fue a atender al mensajero.
Y esa era la vida Sak, defender su vida por las mañanas (¿acaso no había otro momento mejor para intentarlo matar? tenían que interrumpir su sueño o su desayuno) en las tardes reuniones, muchas reuniones con algunas personas con cargos importantes, por las noches entrenamientos intensos y de vez en cuando viajes.
- ¿Cómo va todo? - pregunto cuando Sak regreso.
- Todo listo, estamos listos para recibir las visitas.
- Mañana volveremos a verlos, quiero saber como va todo - sus verdes ojos se iluminaron levemente.
Sak muy conciente de la carga que enfrentaba decidió que los anteriores reyes ahora se encargarán de lo que fue sus reinos, así mantenían la fidelidad de sus pueblos, pues quién sino ellos para saber sus necesidades y sus fortalezas. Sólo que ahora no tenían tanto poder, quien tenía el poder de las decisiones más importantes era Sak, así que sabía todo lo que sucedía en cada lugar, todo el tiempo.
El único reino que cambio de manos fue el reino de los Sen que pasó a manos de Yue ¿quién lo diría? En realidad era lógico pues nadie, y nadie es nadie, podría manejar a esos sujetos.
Ahora vivía en el palacio de Dhirtya, era mucho más sencillo y austero que antes. Todos luchaban por volver las cosas a la normalidad, de borrar las huellas del pasado, muchas cosas habían cambiado.
- Debes descansar es tarde y mañana será un largo día.
- Lo sé, los veré de nuevo - dijo Sak sin poder evitar una sonrisa nostálgica.
- Así es y deben verte como lo que eres.
- ¿Cómo lo que soy? - preguntó levantando una ceja.
- Claro, su único e indiscutible jefe. El más feroz en la batalla, el más poderoso ser de este planeta, el... - y siguió con los halagos mientras hacía movimientos con las manos.
Sak sonrió de buena gana, por eso le gustaba la compañía de Isil, la mantenía de buen humor y optimista.
- Buenas noches - cortó la lista de su amigo.
- Buenas noches - contestó el chico.
Isil sólo se aseguro que la decena de guardias estuvieran en su lugar, para después ir a descansar.
Sak entró a su habitación y vio al pequeño Kero dormir, ese pequeño animalito no se había separado de ella desde que la vio. El único problema era que el guardián resulto ser muy holgazán y era extraña la ocasión cuando estaba despierto sin estar comiendo.
A la mañana siguiente los soldados lograron contener al asesino en turno y Sak e Isil durmieron un poco más.
La vigilancia se había redoblado por el evento del día.
A las diez de la mañana comenzaron a llegar los carruajes, provenientes de todos lados, rodeados de una buena cantidad guardias y guerreros.
Sak lo observo desde la que se había vuelto su oficina, en la parte superior del palacio.
- Tranquilo, todo estará bien - Isil podía leer la preocupación en su rostro.
- Eso espero.
Apareció un carruaje en la entrada del palacio y ella casi grita de alegría.
- Llegaron - salió disparada y fue la primera en la fila de recepción.
- Papá - se arrojo a sus brazos con alegría.
El hombre estaba mucho mejor desde la última vez, había recobrado su color y parte de su poder.
- Sonomi - también la abrazo.
- ¿A mi no me abrazas? - esta vez era Tomoyo quien había bajado.
- Tomoyo - se abrazaron para después entrar al palacio.
Antiguos sirvientes del reino compartieron la alegría de ver de nuevo a Fujitaka.
Después de recuperarse de la batalla, Sak los había enviado a un lugar secreto, para protegerlos de Eriol o de cualquiera que quisiera chantajearla con sus vidas. Estarían a salvo mientras ella intentaba que todo estuviera estable, ellos no estuvieron de acuerdo, pero al final cedieron.
Mando por ellos porque deseaba verlos, además con todos los guerreros más poderosos reunidos nadie iba a tratar de hacer algo, después los regresaría al lugar seguro.
- Hola Isil - saludó la chica de larga cabellera negra - ¿has cuidado bien a Sak? - saludó al chico mientras adelante de ellos Sak hablaba animadamente con su padre y Sonomi.
- Claro que sí, sólo le cortaron dos cabellos, pero creo que crecerán.
- Eso espero.
- ¿Como va Fujitaka? – preguntó él pues había visto la casi milagrosa recuperación del hombre.
- Muy bien, ya parece el rey que fue. Vivimos tranquilos, humildes pero tranquilos, aunque no nos parece que Sak no haya alejado de él.
- Fue por protegerlos.
- Lo sé, pero lo extrañamos.
Les mostraron sus habitaciones, que por supuesto eran las que antes ocupaban.
- Disculparán que no los atienda mucho pero...
- Señor - lo llamaron una vez más.
- Con su permiso ¿qué pasa Yamazaki?
- Hay un problema, es que...
Yamazaky se había vuelto uno de sus hombres de confianza y junto con Chiharu se ocupaban de las cuestiones del palacio.
Sak hablaba con Yamazaky mientras movía desesperadamente los brazos, estaba tan nerviosa que deseaba que todo saliera a la perfección, Yamazaky sólo sonreía y trataba de calmarla.
Se trataba a Sak con respeto pero eran innecesarios todos los protocolos.
- Bien, creo que deben acostumbrarse - dijo Isil con una gota en la cabeza como el resto que los observaban, todos asintieron.
Sak se aseguro que no les faltara nada y luego se fue. Sería un laaaargo día.
Tomoyo no quiso descansar mucho esta ávida de hacer algo, ya extrañaba el palacio. Estaba decorado sobriamente, parecía un lugar diferente al reino o a la prisión que fue, recorrió sus pasillos y se encontró que muchas habitaciones estaban vacías.
Más adelante todo parecía sucio y descuidado, recorrió todo el lugar y a medida que avanzaba parecía más solitario, a excepción de la gente de confianza de Sak y muchos soldados, no vivía nadie, con regulares intentos de conquista o atentados, nadie quería hacerlo. La restauración estaba costando, pero se veía el avance, su amiga hacía un estupendo trabajo, sólo era cuestión de tiempo para recuperar la tan ansiada paz.
¿Quien lo diría? Al mandarla lejos Sak la había apartado de todo eso que una vez la preocupo.
Llegó al jardín trasero que crecía como maleza, no había tiempo para arreglar todo, recorrió el lugar con un aire melancólico.
Sólo unos pasos adelante y se quedo sin respirar.
- Oh no, ahora no - se dijo internamente - no de nuevo.
Hay unos metros adelante estaba él, si él.
Tenía una espada frente a él y la movía con lentamente simulando una pelea, sus ojos fijos en el filo. El sudor cubría su rostro haciendo relucir su bronceada piel donde algunos de sus cabellos se pegaban, firme, varonil tal y como lo recordaba.
Tuvo que cerrar la boca para no babear, que estupendo paisaje.
Como estaba a una distancia considerable, dio unos pasos atrás arrepentida de haber salido de paseo.
Se dio media vuelta y comenzó a caminar lo más despacio que pudo, pero...
- Tomoyo - ella se quedo de piedra.
Escucho sus pasos a sus espaldas, se estaba acercando.
- Recuerda que tenemos algo pendiente.
Y entonces tuvo toda la energía para salir disparada del lugar. Touya no hizo por seguirla, no era el momento ni el lugar. Le había parecido mucho tiempo sin verla.
Rayos.
Tomoyo regreso a donde estaban su madre y Fujitaka no se despegaría de ellos, no hasta que pudieran regresar, no quería nuevos encuentros con viejos problemas.
Después de un tiempo sin algo que hacer termino por observar por la ventana, viendo como cada cierto tiempo un nuevo carruaje llegaba. Le parecía que la batalla en la que Sak venció a Eriol había sido ayer, todas las imágenes y los sentimientos estaban muy frescos en su memoria.
Se sobresalto al ver llegar el carruaje de Narwain y después el de Vidya, ya estaban todos.
Sak también los vio llegar desde la ventana de su habitación, con un poco de nerviosismo vio la figura alta de Shaoran bajar del carruaje, reprimió un suspiro y regreso a ultimar detalles. No recibió a nadie durante ese tiempo, se la paso encerrada en su oficina con Isil arreglando los papeles que se firmarían.
- ¿Nervioso? - preguntó Isil cuando el reloj marcaba 15 minutos para la hora de la reunión.
Ambos estaban ataviados con sencillos pero elegantes trajes.
- Sólo un poco. Estaré bien – todos seguían con la creencia que era un hombre muy poderoso y eso aún no debía cambiar. Seguía actuando, hablando y pareciendo un hombre, ahora con ayuda de algunos hechizos.
Se armo de todo el valor del mundo y salió de su oficina para dirigirse al salón donde llegarían los demás en cuestión de minutos.
El lugar estaba vacío, así que se quedo en pie en la cabeza de la gran mesa, Isil se coloco a su lado derecho, como siempre. Segundos después entro Touya, estaba vestido con sobriedad y con su acostumbrado carácter serio.
- Espero que termine pronto - dijo a modo de saludo.
Sak sonrió levemente.
Después de todo, su hermano había permanecido a su lado. Le sorprendió a todos que quedará con Sak, pero no dio explicaciones, sólo se convirtió en colaborador de su hermana. En ocasiones iba a combatir rebeldes que no querían negociar, después de todo para eso había sido educado. Sak tenía que rogarle que no matar a nadie y él de mala gana aceptaba.
Estaba claro para quienes los veían convivir que peleaban cada vez que se veían, pero Touya comenzaba a dar ciertas señales de simpatía. Cada vez que podía le decía "monstruo" y la hacía enojar por cualquier detalle.
Touya se coloco al lado izquierdo de su hermana de brazos cruzados y aspecto de pocos amigos.
Las puertas del salón se abrieron de par en par, era hora de recibir a los invitados.
Sak suspiro, y se irguió mostrando una gran seriedad y autoridad.
El soldado en la puerta anunció al primero en llegar.
- Gobernador de Amaya, Yue - el angelical hombre entro acompañado de Kaho, y de un ser de pequeña estatura, los tres saludaron y entraron a ocupar sus lugares.
Después de muchas discusiones, Yue había aceptado la tarea de gobernar Amaya. A los Sen no les pareció la idea y junto con Touya tuvieron que "convencerlos". Fue un evento muy polémico, pues Sak decidió arreglar el asunto por la fuerza, cuando se suponía que buscaba la paz.
En aquel momento Sak sólo dijo - la paz es la única razón por la cual vale la pena pelear - y es que en Amaya había tal desorden y seres poderosos que el único capaz de mantenerlos a raya era Yue con la ayuda de Kaho, para satisfacción de todos.
Amaya se había vuelto un lugar donde muchos de los seres especiales habían ido a vivir con buenos resultados, Yue contaba con los consejos de Kaho y eso ayudo a la estabilidad del lugar.
Un segundo anuncio y esta vez entro Clow, seguido de cerca de Meiling y Eriol. Se dieron un breve saludo y se colocaron en su posición.
Narwain, otro caso polémico. Pues Sak le confió el gobierno de lo que fue su reino a Clow, pero Eriol gobernaba al lado de su padre, Shaoran fue el primero en protestar por su decisión, pero tuvo que callar al ver la firme determinación de Sak. Pero ella aún no confiaba del todo en el chico y le puso sobre él un hechizo que le impedía utilizar todo su poder.
A pesar de todo, la fidelidad de Narwain aún estaba con los Hiraguizawa, los soldados sólo le eran fieles a Eriol. Él acepto la derrota y trabajar del lado de Sak, pero nadie tenía mucha confianza en su persona. Incluso su padre Clow rechazó la idea, pero Sak lo había decidido y no había marcha atrás.
En este corto tiempo Eriol había hecho mucho para redimirse pero nada parecía suficiente, muchos aún desconfiaban de él, pero Sak mantenía un estrecho vínculo.
El hecho de ser gobernadores no les daba demasiados derechos, no gobernaban solo ellos sino dos personas más, casi siempre de una raza diferente. Así Sak buscaba asegurarse que ninguno pueda hacer nada si no era con el consentimiento de los otros dos y de ella misma. Era una extraña forma de gobierno que al parecer estaba dando resultados, decía que sólo era temporal hasta que pudieran encontrar otra manera de impedir que se repitiera el pasado.
Los siguientes en entrar fueron los gobernantes de Dhirtya, Shaoran, Haydee y un alto y joven hombre. Sak los recibió como a todos los demás sin dar señales de ningún trato especial.
No se habían visto desde mucho tiempo atrás después de haber discutido por la decisión de Sak sobre Eriol, mantenían una estricta relación de trabajo. Ninguno de los dos había hecho alusión alguna a lo que había pasado entre ambos.
Finalmente entraron al lugar llegados de Sideris la exprincesa Hortensia, seguida de cerca de Atzin y una un hombre ya entrado en años. De inmediato los ojos de Hortensia y Atzin brillaron de alegría de ver a Sak, pero él sólo les dedico una leve sonrisa.
Prácticamente tuvieron que arrastrar a Atzin para separarlo de Sak, pero era uno de los pocos que conocían a la perfección los asuntos de los Sílfide y tuvo que colaborar con Hortensia para los asuntos de gobierno. Sin embargo no perdía ocasión para visitar con cualquier pretexto a Sak, pero tan ocupada como estaba sólo lograba brindarle unos minutos.
Una vez reunidos todos, la reunión comenzó.
Había muchos problemas, Shaoran no perdió tiempo de acusar a Eriol sobre algunos sucesos extraños en su territorio, pero él se defendió. Otros problemas más con el reino de Sideris que eran menores.
Habían firmado varios tratados comprometiéndose a dialogar antes de atacar, a respetar los derechos de todos y de colaboración con una momentánea escasez de comida.
Dhirtya que gobernaban Sakura, Touya e Isil, tenía agua suficiente para abastecer a Amaya y Sideris que tenían problemas con el líquido vital.
Después de una larga discusión y balance de los meses pasados, todos estaban algo cansados, después de cinco agotadoras horas de discusiones y acuerdos, en la que Sak tuvo que intervenir para calmar los ánimos, la reunión se dio por terminada.
- Esta noche, a las ocho habrá una cena y un pequeño baile para convivir un poco. Mañana habrá otra reunión a las tres de la tarde. Es un placer tenerlos aquí, siéntanse en su casa, con su permiso.
De inmediato Sak salió por una pequeña puerta seguida de Isil.
Hortensia, Atzin, Shaoran se trataron de acercar pero demasiado tarde, la alta figura de Touya impidió el paso.
En el salón quedaron los demás, las miradas desconfiadas cruzaban de un lugar a otro, sin la presencia de Sak todo el ambiente parecía hostil. Kaho que observaba todo, sólo pensaba que aún les faltaba mucho para alcanzar el ideal de Sak.
Todos se retiraron después de no poder dirigirse palabra alguna que no fuera de reproche.
- Te lo dije - dijo el sonriente Isil, cuando por fin tuvieron unos segundos de paz.
- Esta bien, ganaste – dijo soltando una bocanada de aire - pensé que todo saldría mejor.
- Por eso te recomendé lo de la fiesta, esas cosas logran calmar los ánimos - Isil parecía bastante confiado y nada preocupado por la reunión.
- Esto es aún más difícil de lo que imagine – en cambio ella sólo deseaba que termine, podía sentir claramente como las energías a su alrededor no eran nada conciliadoras.
- Llevará un poco de tiempo, pero lo lograremos.
- Quiero creerlo.
- Ahora arréglate que faltan unos minutos para el baile es hora de divertirse - hizo alguno pasos de baile.
- Te ves ridículo - dijo con leves carcajadas.
- Claro que no, soy un excelente bailarín.
- Sí claro ¿acaso no fuiste tu quién se cayo tres veces por tratar de ensayar un vals?
- No, dos veces tropecé con tus pies y sólo me caí una vez y fue porque me empujaste.
- Claro que no, si te empuje fue porque sentí a mi hermano acercándose, estaba salvando tu vida.
- Tu hermano no me da miedo, me dan miedo tus pies no son muy ágiles ¿sabias?
- Es mentira, es sólo que yo estoy acostumbrado a bailar como hombre no como... ya sabes. Deja de quitarme en tiempo me voy a cambiar.
- Claro.
Eran esas pequeñas e infantiles discusiones las que hacían sonreír a Sak y olvidarse de sus kilométricos compromisos y preocupaciones.
- Ha llegado alguien más - dijo Isil viendo por la ventana.
No tardo mucho y Sak recibía con alegría a quienes faltaban en esa reunión. Yukito, Nakuru, Rika y Terada.
- ¿Cómo es que no llegaron antes? - comenzaba a inquietarse por su demora.
- Lo siento es mi culpa - se disculpo Nakuru, luego acarició su vientre ya en crecimiento, este bebé es tan comelón como su padre - dijo la feliz mujer.
Yukito se sonrojo y los demás sonrieron.
Al igual que su familia, habían sido llevados a un lugar secreto para vivir.
- Ahora si puedo estar feliz - dijo Sak.
Eran las ocho y media de la noche y los invitados estaban reunidos en un enorme salón decorado sencillamente, sólo con algunos adornos naturales como flores frescas y uno que otro árbol exótico.
La cena había sido servida, los comensales apenas y tocaban la comida. Miradas retadoras cruzaban por todas partes, los rencores aún prevalecían y parecía que todos querían asesinar a Eriol, pero nadie se atrevió a decir nada pero la tensión en el aire aumentaba.
Sak ordenó que tocaran los músicos algo suave y tranquilizante y así lo hicieron, pero los ánimos estaban igual.
Eriol se veía levemente incomodo, era el precio de sus errores y esta dispuesto a enfrentarlos. No era fácil, nada fácil cuando todos lo observaban con odio creciente en sus miradas, pero decidió continuar, después de todo su gente aún lo apoyaba. Al final, su padre había logrado darle una segunda oportunidad y con el apoyo de Sak y su padre trataría de redimirse.
Su mirada no estaba con aquellos que lo querían fuera de ese lugar, sino en la mesa central sobre una jovencita que reía mientras hablaba con Sak, Fujitaka, Sonomi, Isil, Yukito y Nakuru. Se veía muy hermosa, sus mejillas habían recuperado su color y su cabello su sedosidad o por lo menos eso parecía a lo lejos, no sabía si acercarse o no.
Después de la batalla Tomoyo lo visito algunas ocasiones mientras se recuperaba, después simplemente desapareció, sin el anillo no supo como hacer para encontrarla y hasta ahora la volvía a ver.
Shaoran y Atzin también observaban la mesa discretamente, sólo que a Sak era el objeto de su atención. Se veía mucho más delgada que antes, algunas ojeras estaban dibujadas bajo sus ojos, pero su mirada había recobrado vida y fuerza.
Sak sonreía, ataviado con un traje sobrio que aumentaba su autoridad, hablaba amenamente con Isil y luego todos reían. Era la única mesa donde alguien parecía alegre.
- Tenemos que hacer algo, esto parece un funeral - le susurró Isil a Sak y ella asintió.
- Al finalizar la cena comenzara el baile y espero que eso ayude.
Por fin termino y muchos platos apenas habían sido tocados.
Los músicos tocaron algo más alegre, esperando que alguien comenzara a bailar, pero nadie tenía interés alguno.
- Bailaría contigo pero se vería muy raro dos hombre bailando - dijo sonriendo Isil.
- Esto es insoportable, dos bellas melodías y nada - Tomoyo tomo la mano de Sak y lo llevó al centro de la pista atrayendo la mirada de todos.
- Pero... - Sak no tenía muchas ganas de hacerlo.
- Nada de peros, eres el anfitrión, eres el ejemplo a seguir ahora sólo sonríe y todo saldrá bien.
- Bien - no le quedo de otra y pronto comenzaron a desplazarse con la música. Mientras todos observaban con sumo interés.
Sak se bochorno, todos lo observaban como esperando a que hiciera el ridículo.
- Tranquilo - le sonrió Tomoyo, concéntrate en mí. ¿Recuerdas como nos divertíamos en las fiestas reales?
Comenzaron a hablar en voz baja y pronto se vieron divirtiéndose con sus recuerdos y la música.
A más de uno le dieron celos.
Los siguientes en unirse en la pista de baile fueron Yukito y Nakuru, irradiaban felicidad. La espera de un hijo no era para menos, estaban felices con la noticia y esperaban que el pequeño naciera en un lugar sin guerras.
En la siguiente pieza también se animaron a bailar Terada y Rika, habían comenzado una relación, ella era mucho más joven que él pero se estaban adaptando bien, si todo salía bien se casarían en unos meses.
Las tres parejas sonreían y hablaban mientras bailaban.
El ambiente denso comenzó a cambiar lentamente y pronto se unieron otras parejas, tal vez por el efecto del vino.
- Te lo dije - sonrió Isil a Sak mientras descansaban de tanto bailar.
La música continuaba y pronto Hortensia se acercó a Sak, él termino por invitarla a bailar y ella no podía estar más feliz.
- ¿Cómo ha estado señor? - dijo con algo de timidez, hacía mucho que no lo veía y después saber lo que había pasado en el campo de batalla, se sentía más atraída al chico de mirada verde.
- Bien gracias y ¿usted? - dijo con toda caballerosidad.
- Bien, gracias - estaba sonrojada y no despegaba su mirada - ¿sabía que Li y yo ya no estamos comprometidos? - dijo para aclararlo, pues no sabia si se había enterado de la noticia.
- En serio, espero que encuentre a alguien más - la verdad es que no sabía de esa noticia.
- Sé que lo haré - dijo aún más sonrojada.
A Sak le salió una gotita cuando vio que la chica se acercó aún más.
- Je, je, si me permite creo que me hablan por allá - perdió a la chica entre los que bailaban, buscando hacer conversación con alguien.
Sak deseaba que llegará pronto el día que anunciará públicamente que era mujer, para evitar esas escenas tan incómodas.
Mientras tomaba una copa de una sola vez, pensaba que debía esperar un poco más. Buscó con la mirada a Tomoyo, tal vez todo estaría bien si lograba bailar sólo con ella.
Pero ella tenía sus propios problemas.
Estaba bailando con Isil, cuando Eriol se acercó y pidió la mano de la chica.
Isil muy considerado acepto y ahora bailaba con el chico, estaba muy nerviosa y no lo podía disimular.
- Tranquila ¿acaso me tienes miedo? - preguntó Eriol sintiendo el frágil cuerpo estremecerse ante la pregunta.
- No, no tengo miedo. Sak me ha dicho que cambiaste y ahora estas de su lado, ya no hay nada que temer - dijo más para sí misma que para él.
- No quiero que tengas miedo de mí, no volveré a dañar a nadie - dijo sonriendo con sutileza – lo prometo.
- Me alegra - y ya no pudo decir más, sólo se quedo bailando con seriedad evitando a toda costa encontrarse con su mirada azul.
- ¿Recuerdas de lo que hablamos? - preguntó de pronto.
- Sí - dijo con voz trémula apenas sosteniéndole al mirada.
- La propuesta aún esta en pie, pero lo entenderé si no aceptas.
Ella no encontró que decir y sólo sonrió levemente - lo siento, perdí el anillo.
- Lo más importante ya lo encontré - dijo él y ella se sonrojo.
Tomoyo estaba confundida, sintió una extraña calidez en su cuerpo al estar en sus brazos para bailar y sentía el sonrojo en su rostro. Era incomodo, muy incomodo y lo más extraño era que también era reconfortante, ambos al mismo tiempo.
Dio gracias al cielo que Touya no había aparecido por el lugar. Al parecer el chico no era muy sociable y no le gustaban ese tipo de eventos, en cuanto la música paro ella se disculpo y se alejo enseguida.
Eriol sabía que no sería fácil, pero debía darle un poco de tiempo más mucha suerte y terminaría aceptándolo, por ahora creía que la única manera de recuperarla era corrigiendo sus errores.
El ambiente era más relajado y Sak bailaba con Nakuru quien había dejado exhausto a Yukito.
Ya pasarían de las diez de la noche cuando finalmente Shaoran se levanto a bailar una pieza con Haydee, Sak lo observó de reojo, había estado muy serio sólo hablando en voz baja con Haydee o con el otro acompañante.
Sak siguió con la conversación con Nakuru sobre los preparativos para la llegada del bebé. La mujer estaba feliz con eso, ropita, pañales, juguetes y claro el nombre.
Fujitaka estaba ya algo cansado cuando decidió retirarse, por supuesto se despidió de su hijo y acompaño a la agotada Sonomi a su habitación. Camino por el pasillo hasta llegar a la puerta de su alcoba, pero luego paso de largo y desde la ventana del pasillo, divisó el palacio desde lo alto. Había cambiado y mucho desde la última vez que lo vio. Sak estaba haciendo un estupendo trabajo, por lo que sabía y sólo podía sentirse orgulloso de su hija.
La carga de la culpa aún no desaparecía en su interior, pero había logrado disminuir el dolor gracias al apoyo de Sonomi, de Tomoyo y por supuesto de Sak. Ella siempre parecía optimista, se parecía tanto a su madre.
- Nadeshiko - dijo al viento.
- Ella estaría orgullosa - dijo una voz grave tras el.
- Touya - se dio vuelta un tanto intimidado.
La última vez que lo vio, su hijo parecía querer matarlo sin embargo no lo hizo. Fue entonces que se dio cuenta de que Touya lo sabía, sabía toda la verdad sobre Sak, tenía toda la razón por odiarlo. En aquel momento no le dirigió palabra alguna y evitaba estar en la misma habitación.
Su hijo lo observo sólo unos segundos con aparente indiferencia y fijo su mirada en el oscuro cielo.
- Estaría orgullosa de Sak – dijo Touya, algo que definitivamente no pensaba decirlo frente a ella.
- Hijo yo... - se atoraron las palabras en su garganta, quería decirle tantas cosas.
Le habló, realmente sucedió.
- Tranquilo, no quiero hacerte daño - le dirigió una mirada neutra - no lo haré.
- Espero que me perdones, algún día - dijo con verdadero arrepentimiento - todo el daño que le hice a tu madre, a tu hermana, a ti mismo, yo... - sus ojos se comenzaron a nublar con lágrimas.
- No es necesario, esta en el pasado. El odio sólo lastima a quien lo genera. Sólo ocúpate de no hacerlo de nuevo, padre... - fueron sus últimas palabras antes de dejar a Fujitaka solo en la oscuridad.
Después de quedarse al lado de su hermana, recibió una visita inesperada. Pudo ver el espíritu de su madre, que le rogó perdonase a su padre y cuidará de su hermana.
Touya intentaba perdonar a su padre, no odiarlo cuando lo había hecho por años, no era fácil pero aceptaba que después de todo era un ser vivo con errores, hechicero, Sílfide, Geo, humano o lo que sea, tenía derecho a equivocarse.
Aunque tal vez si fuera responsable indirecto de la muerte de su madre, había algo más importante, tenía una hermana, una hermana que le devolvió las ganas de vivir, el retoño de su madre. A quien protegería como no pudo hacer con su madre, no supo de donde habían salido esos sentimientos fraternales, sólo sabía que iban reemplazando poco a poco esa sed de venganza.
El antiguo rey, sólo dejo caer unas lágrimas ¿Podría ser tan afortunado de tener a esos dos maravillosos hijos?
- Gracias - dijo a la noche, a su esposa que se los había dado, a su hijo por finalmente escucharlo decir... padre.
Sólo por ellos decidió vivir, y así pudo recuperar su salud, tener firme la idea en todo su ser que debía estar bien, para estar al lado de ellos, para estar ahí cuando lo necesitaran.
Ahora tenía que trabajar en ganar el cariño de ambos hijos y si lo lograba haciendo se a un lado, lo haría, haría todo por su vida, que eran sus hijos.
En el baile, poco a poco todos comenzaron a retirarse estaban cansados por el viaje.
A media noche ya no quedan muchos, sólo Atzin, Tomoyo, Nakuru que tenía más energía que el sol e Isil que estaba igual de animado. Y por supuesto los pobres músicos y algunas personas que ayudarían a recoger el desastre, algunos ya cabeceaban de sueño.
- Es suficiente Nakuru, debes descansar - dijo Sak.
- Una pieza más, por favor ¿sí?
- La última.
- Gracias - jalo al agotado Yukito y comenzaron a bailar la última pieza
Isil bailó con Tomoyo.
- Todo salió bien - Azin se acercó a Sak.
- Sí, me alegro.
- ¿Sak?
- ¿sí?
- ¿Estas bien?
Sak lo observo sin comprender.
- Disculpa, es sólo que la última vez que te vi estabas aún débil.
Ella negó sonriendo - estoy, gracias por preocuparte.
- Sak yo... - comenzó a decir en un susurró.
- Se ven muy bien ¿no crees? - ella interrumpió y le señalo a Yukito y a Nakuru - su hijo será el balance perfecto, con una madre tan extrovertida y alegre y un padre calmado responsable. Su hijo será perfecto - sonrió Sak, tomo una copa llena y se la bebió de un trago.
Atzin la observo algo preocupado.
- Tranquilo, sé beber - dijo convencida, pero el sonrojo en sus mejillas decían otra cosa.
La música termino y Sak mando a todos a dormir, sin replicar todos obedecieron.
El palacio estaba en silencio casi total, a fuera sólo se escuchaban los sonidos de los grillos.
Sak había subido a su habitación, pero después de algunos minutos salió. Se sentía mareada y la habitación daba vueltas y vueltas, así que salió a tomar aire.
Llegó al jardín central, vio con agrado como los guardias estaba atentos a lo lejos, vigilando el lugar.
Se sentó en el jardín y bostezo.
- Deberías dormir - fue más una orden que una sugerencia.
- Estoy bien, gracias Isil. No quiero ser grosero pero podrías dejarme sola unos momentos.
- Bien, estaré cerca.
- Mejor ve a dormir.
Se quedo en silencio, se acostó en la hierba, la noche brindaba una fría calidez, locuras del verano o de su cuerpo. Poco a poco el mareo ceso.
Sintió a alguien sentarse a su lado.
- Te dije que te duermas.
- Preferiría estar contigo - abrió los ojos al reconocer la voz.
- ¿Qué haces aquí? Deberías dormir.
- Tu también.
- Aún no - dijo como niña pequeña.
- Creo que no sabes beber - dijo él.
- Vamos Atzin, no quiero que me regañes mi padre ya lo hizo.
Se sentó y así permanecieron un rato.
- Sak hay algo que debo decirte...
Ella sólo guardo silencio.
- Yo... Sak yo te amo.
Ella le sonrió sutilmente.
- Disculpa, sólo tenía que decírtelo, desde hace ya mucho tiempo.
- Perdóname - dijo ella viéndolo a los ojos - pero no puedo corresponder tus sentimientos.
La desilusión en sus ojos fue obvia - ¿hay alguien... más?
- No - dijo desviando la atención - no lo hay, ni lo habrá nunca. Es sólo que una vez ame y mucho, y no estoy dispuesta a hacerlo de nuevo.
- Pero si intentamos...
- No Atzin, no es justo para ti. Estoy segura que encontraras a alguien más que te merezca, sólo tienes que abrir tu corazón un poco.
- Sak - dijo con ojos anhelantes.
- Perdona por decirlo tan directo pero no quiero engañarte.
- Pero...
- Discúlpame por ser tan brusca, pero no puedo permitir que sigas alimentando un sentimiento que debe pertenecer a otra persona que lo merezca en verdad.
Le sonrió, luego se levantó - y que no te quiera como desearías, no significa que lo haga con todo el corazón - regreso a su habitación sin permitirse ver atrás.
Atzin se quedo ahí lo que le parecieron largas horas y luego entro de nuevo, no podía hacer nada.
- ¿Estas bien? - preguntó al verla llegar a su habitación.
- Sí, lo estoy. Creí decirte que te duermas.
- Esta bien - Isil había escuchado todo.
Pasaron una noche tranquila.
Pero no muy lejos de ahí, Tomoyo estaba dispuesta a dormir como roca. Entro y se dio un pequeño baño, se pudo una bata y se dispuso a dormir.
Iba cayendo en los brazos de Morfeo, cuando sintió un escalofrío.
No le dio importancia y después de unos segundos.
- ¿Cómo estuvo la fiesta?
Se levantó asustada y vio la alta silueta frente a la ventana del balcón.
- ¿QUé…? - estaba dispuesta a gritar a todo pulmón, pero una gran mano le tapo la boca.
- Tranquila sólo vine a ver como les fue en la fiesta - dijo con voz suave sentándose en la cama.
Tomoyo luchaba por liberarse.
- Te soltaré si prometes no gritar - ella asintió y finalmente pudo respirar.
- ¿Cómo te atreves? - pregunto irritada.
- Tú misma me enseñaste a pronunciar los hechizos para estos trucos - dijo sonriente - no me haz dicho como estuvo la fiesta - hablaba con extraña amabilidad.
Tomoyo rápidamente prendió una vela y le iluminó el rostro.
- ¿Qué? - preguntó él cuando ella le revisaba el rostro sin creer, pero no había duda era Touya Kinomoto.
- ¿En realidad eres tú?
- ¿Por qué lo preguntas?
- Estas muy...
- Apuesto, hermoso, lindo, varonil, sensual, irresistible... - decía mientras esbozaba una sonrisa.
- ...extraño.
- ¿Qué? Vengo aquí con la intensión de ser un buen chico y tu me dices que soy extraño - frunció el ceño.
- Un buen chico no entra a la habitación de una chica sin consentimiento, tampoco la visita a media noche con una pregunta tan tonta.
Touya se enfadó - maldición mujer, trato de portarme bien y me sales con esas tonterías.
- Ahora si te reconozco. Ahora si no te importa quiero dormir, fue tu problema no ir a la fiesta, estuvo bien¿contento?, ahora sal de mi habitación.
- Vine por una respuesta.
- ¿Qué dices?
- Aún tienes que elegir. Soy yo o es Eriol, así de fácil. Tuviste tiempo suficiente, vine por una respuesta y no me iré sin nada.
- ¿Estas loco? la guerra acabo, no pueden obligarme a nada, soy libre ahora.
- Tal vez, aún así tendrás que elegir.
- No lo haré.
- Te obligaré.
- En serio¿cómo lo harás? no puedes apresarme, no tienes poder sobre mí - dijo segura de sus palabras.
Touya sonrió y se acercó más a ella - quieres ver que sí. No seas ingenua Tomoyo recuerdo muy bien como reaccionas ante mí, no soy ningún iluso.
- Eso no significa que sienta nada por ti. Puede ser que tengas razón mi cuerpo reacciona a tu presencia, pero también lo hace con Eriol - se tapo la boca al darse cuenta de lo que había dicho.
Touya frunció el ceño visiblemente molesto.
- Así que ya has "estado" con él - no había ni un rastro de amabilidad en sus palabras, sus ojos centellaron fuego.
- Eso no es de tu incumbencia - dijo arrepentida de sus palabras.
- Desde ahora si lo es, he decidido por ti querida. Me haz elegido a mí.
- ¿Qué?
- Quieres pruebas, te las daré - se acercó a ella y se apropio de sus labios de manera brusca.
Tomoyo intento resistirse empujándolo, pero pronto los brazos de el recorrieron los suyos y los inmovilizaron.
Aprovecho el movimiento y pronto se encontró sobre el cuerpo de la chica, ella intentaba desesperadamente por liberarse.
Pronto la necesidad de oxigeno obligo a separarse unos centímetros de sus labios
- ¿Qué estas haciendo? - exigió saber ella - ¿Acaso pretendes aprovecharte de mí? No creí que fueras tan... tan...
- Tranquila - dijo él con voz suave - no sucederá nada que tú no quieras.
- Por si no lo haz notado, quiero que te quites, si no lo haces gritaré - trataba por todos los medios de mostrarse firme, pero comenzaba a temer la mirada tan penetrante de él, jamás lo había visto así.
- Bien, hazlo, grita todo lo que quieras, sólo quiero que sepas que morirá cualquiera que entre por la puerta.
- No te atreverías.
- Si quieres intentarlo, adelante - lo decía de tal manera que Tomoyo termino por creerle.
- Por favor Touya sólo vete de aquí - no podía seguir con aquello.
- No.
- Touya por favor, estoy asustada - para ese momento su pecho subía y bajaba con gran rapidez.
- No tienes porque, jamás te haría daño alguno - al ver la mirada de miedo en sus ojos término por suavizar la voz.
Tardo varios segundos sólo contemplando su rostro con la tenue luz de la vela.
Ella comenzó a temblar de miedo y no pudo evitar unas lágrimas.
Touya se alarmo, no quería asustarla así.
Lentamente soltó sus brazos y se retiro un poco.
Tomoyo sintió alivio en la presión de sus manos y lo único que pudo hacer fue limpiar sus lágrimas.
- Jamás te haría daño, sólo quiero que me elijas a mí - dijo con sinceridad.
- Yo estoy confundida - controlo su llanto y ambos se miraron - no me forces por favor.
Touya se acerco de nuevo - como quieras - plantó un beso en su frente - será como tú quieras - luego en sus mejillas, recorriendo el camino que segundos antes habían cruzado las gotas salinas.
Ella sintió detenerse la respiración al sentir los masculinos labios recorriendo su sensible piel.
- Discúlpame - dijo finalmente tomando sus labios, ahora con suavidad.
Tomoyo se quedo quieta, sólo sintiendo la dulce presión en su boca. Permaneció con los ojos abiertos viendo como él permanecía con los ojos cerrados y muy concentrado en lo que hacía. Tomoyo luchaba por no ceder, pero él se encargo de dar un ritmo sensual a sus labios y ella termino por permitirle la entrada, al tiempo que cerraba los ojos para profundizar las sensaciones.
El temor desapareció al sentir como ya no era brusco, era tierno con las caricias en los labios.
Finalmente él se separó de sus labios y ella permaneció aún con los ojos cerrados.
- No quiero que llores - le escucho decir, después sintió una dulce caricia en su mejilla - eres más hermosa cuando sonríes.
Al abrir los ojos se encontró con unos ojos oscuros que la observaban con cierta devoción.
Le sonrió levemente - debes irte.
- Pero...
- Sólo hazlo, por favor Touya.
Él no tenía pensado hacerlo, pero la pequeña mano de Tomoyo acarició su rostro con delicadeza - hazlo - ordenó con voz baja.
No tuvo opción, se alejo rápidamente y salió abriendo el balcón y desapareciendo en la noche.
Tomoyo dio un gran suspiro, noto como su corazón latía sin control y todo su cuerpo estaba sobresaltado.
¿Qué iba a hacer?
No durmió bien esa noche y no lo haría las siguientes.
Al día siguiente, la reunión se hizo a la hora indicada, de nuevo las discusiones no faltaron y de nuevo Sak tuvo que intervenir, al final se formaron menos acuerdos de los que esperaban pero no estuvo del todo mal.
Esta vez Sak se dio tiempo para hablar con todos y cada uno de ellos, en la mayoría de los casos fue sólo trabajo. Pero hablo largo y tendido con Clow, quien estaba repuesto de sus pesares, apoyando a su hijo, incluso le dio la noticia de haber encontrado a una mujer a quien amar.
Eriol estaba mejor pero aún arrastraba la etiqueta de asesino y miles de insultos más. Pero era alguien fuerte al fin y al cabo y no era fácil derrotarlo.
Kaho la felicito por su trabajo y le dio algunos consejos de gobierno, después de todo era su maestra y lo seguiría siendo.
Cuando habló con Hortensia ella fue directa al grano, ella aún seguía enamorada de él. Con suma suavidad la rechazo, como lo hizo con Isil, asegurándole que se merecía a alguien que realmente la amase con toda el alma.
La chica le partió el alma con su llanto, pero se mantuvo firme, tal vez si hubiese sido hombre lo hubiera doblegado y se hubiera quedado con ella, pero no lo hizo, no tenía nada que ofrecerle. Hubo un momento en el que quiso decir la verdad, pero desistió.
Cuando habló con Shaoran era como estar hablando con la misma pared.
- ¿Cómo haz estado? - preguntó ella observando por la ventana.
Él hacía lo mismo desde que Sak entro a la habitación.
- Bien - fue su seca respuesta.
- Veo que sigues enojado. Lo lamento pero no permitiré.
- Por todos los cielos Sak - el se enojo y busco su mirada - él daño a mi familia, a la tuya, a todos y tu lo defiendes, no permites que se haga justicia, él debe pagar - dijo con los puños crispados.
- La justicia se esta haciendo - dijo con tranquilidad finalmente conectando sus miradas - el desprecio que sufre todos los días es pago suficiente.
- No puedo creer que seas tan... – estaba exasperado.
- Dilo, hazlo – lo incitó Sak.
Frunció el ceño - a pesar de todo tienes un corazón débil, no dejas de ser... –
- Mujer, Shaoran soy una mujer – ella también estaba enojada - aún así, lo que tú quieres es acabar con Eriol, quieres la venganza por tu propia mano.
- Por su culpa mi padre murió Sak, así como muchos hombres que no han encontrado justicia. Y tú, tú sólo lo haz premiado con el gobierno en Narwain.
- No creí que fueras capaz de guardar tanto resentimiento en tu corazón – Sak se sintió triste de que no pudiera comprender sus razones.
- Maldición Sak, no puedo seguir con esto - sintió su energía aumentar levemente.
Salió de la habitación dando un portazo y ella se preguntó si hacía bien, si sus actos eran los correctos, pero no encontraba respuesta, sólo trataba de no dañar a nadie.
Además, lograba ver el sufrimiento de Eriol con las miradas de desprecio que le enviaban, la única manera de redimirse era con trabajo para reponer un poco de lo que había arrebatado.
Arrojarlo a los puños de Shaoran o a un calabozo sólo alimentaría la sed de venganza, y buscaría por cualquier medio, de nuevo, obtener el poder. Y no estaba dispuesta a arriesgarlo.
Por la ventana vio como abajo llegó Shaoran cruzaba algunas palabras con Haydee y ambos se retiraban.
- Tal vez sea mejor así – dijo para sí misma.
Creía en la justicia como reposición del daño, así había castigado a aquellas personas que cometían alguna falta, si lo hacia con todos los demás Eriol no debía ser la excepción.
Esa tarde partirían todos.
Lo primeros en irse fueron Yue, después Sideris, Hortensia estaba destrozada pero su orgullo de mujer pudo más y le despidió de Sak como si nada hubiera pasado, luego Shaoran y compañía, finalmente Clow y Eriol. Se volverían a reunir en seis meses.
Sak terminó cansada al ver partir el carruaje hacia Narwain.
- ¿Estas bien? - dijo alguien tras suyo.
- Sí, gracias por preguntar Tomoyo.
- No lo creo, no hablaste con Shaoran ¿qué ha pasado entre ustedes?
Ella permaneció en silencio unos segundos, con la mirada perdida en las lejanas montañas.
- Nada Tomoyo, no ha pasado nada.
- Pero...
- Espero que estés lista para regresar.
- ¿Qué¿Tan pronto quieres deshacerte de nosotros? - cambió la conversación, obviamente Sak no se sentía bien hablando de Shaoran.
Sak se dio vuelta - por supuesto que no, son mi familia y los amo, por eso deben estar seguros hasta que todo este más tranquilo, aún hay muchos que quieren matarme. No arriesgaré sus vidas.
- Entiendo, pero te quedarás sola.
- No estoy sola, tengo a mi hermano, a Isil y claro al todo poderoso guardián Kero, no puedo pedir más – dijo sonriendo.
- ¿Sigue igual de "activo"?
- Te sorprenderías.
- Sak – Tomoyo enserio su rostro.
- Tranquila, estaré bien.
Esa noche se despidieron de Sak, su padre y Sonomi le hicieron prometer que iba a cuidarse. Yukito, Nakuru, Terada y Rika fueron los primeros en marcharse, iban en carretas especiales con varios guardias, se internaban en la noche y con ayuda de los Geos desaparecían sin dejar rastro.
Tomoyo abrazo a Sak por última vez y entro al carruaje, no había visto a Touya desde la reunión y no lo volvió a ver, mientras veía a Fujitaka y Sonomi despedirse de Sak, recordó que Eriol no volvió a acercarse a ella. En cierta forma se sentía mal por él, nadie parecía perdonar lo que había hecho.
Todos entraron al carruaje y comenzó su viaje de regreso.
Sak suspiró al final del día, estaba tan agotada.
- Creo que tienes razón - dijo Isil que estaba a su lado.
- ¿En?
- Esto no será fácil.
- Hasta que estamos de acuerdo en algo.
- Claro que no - dijo él.
- Claro que sí - ambos sonrieron.
- Bien tenemos mucho trabajo.
- ¿En serio?
- Sip.
- ¿Cuál?
- Organizar la próxima reunión.
Ambos se fueron a dormir.
Esta vez Sak permaneció en su cama recordando la triste mirada de Atzin, en todo el día le dirigió pocas veces la palabra y se le notaba triste, le afecto mucho. En verdad odio rechazarlo, pero sentía que nunca jamás en la vida volvería a amar a alguien, su corazón estaba cerrado, en reparación en realidad.
Aún había un largo camino.
Tomoyo y compañía llegaron después de varias horas en el carruaje. Durmió un poco y al despertar el sol brillaba en el cielo y las montañas fueron conocidas, llegaron a casa. Una casa modesta a comparación del palacio, donde vivían tranquilamente con otras personas en un pueblo pequeño, cultivaban su comida y no había gran alboroto.
Una vida que Fujitaka llegó a amar, lejos de los papeleos, decisiones y peleas de los cortesanos, sólo un lugar tranquilo donde vivir, con ayuda de los Geos y algunos Sílfide permanecían protegidos. Sonomi también llegó a adaptarse aprendió a hacer panes caseros y a cocinar, el exrey termino por ayudar con cuestiones económicas del pequeño poblado, y Tomoyo encontró su talento en la confección y diseño de ropas para cada temporada.
Después de descansar y regresaron a sus labores, la chica salió del poblado, a un poco menos de un kilómetro cultivaba algodón que luego tenía que transformar en ropa. Tuvo un excelente maestro, un anciano hombre que sabía de todo aquello, le enseño desde como sembrar la planta hasta como utilizar la aguja y el dedal.
Aún no era temporada de cosecha, así que sólo vigilaba que la hierba inútil le quitara nutrientes a su preciada planta. Después de retirar las hierbas indeseables se dispuso a regresar, ya cansada.
- ¿Así que esto haces para entretenerte? - escucho la inconfundible voz.
- ¿Qué haces aquí? - preguntó asombrada.
- Sólo quise saber donde estaban.
- Pero ¿Cómo...?
Él le guiño un ojo - es un secreto.
- Sak se enojara por esto.
- Sak no tiene porque saberlo.
- Touya...
- Bien, sólo quería saber donde encontrarte. Te dije que no te haría daño.
Él se veía sumamente tranquilo, sus rasgos siempre eran rígidos ahora estaba relajados. Se veía tan diferente de cuando lo vio por primera vez.
- Ahora debo irme - recogió sus instrumentos con intensión de marcharse.
- ¿Volverás esta noche?
- ¿Para qué?
- No puedo quedarme mucho tiempo.
Tomoyo lo pensó¿qué se supone que se proponía? sólo había una manera de averiguarlo - esta bien, pero sólo unos momentos ¿esta bien?
- Bien.
Esa noche ella regreso, al llegar al lugar se preguntó ¿porqué rayos estaba ahí?
Toda la tarde no dejo de pensar en él y al final tuvo que hacer circo, maroma y teatro para salir de casa sin ser vista por su madre o alguien más. Pero estando ahí, comenzaba a tener dudas¿y sí quería terminar lo que empezó en el palacio? y ella iba a la trampa tontamente, pero ¿y si no era así?
- Me alegra que hayas venido - Touya se acercó a ella por la espalda y ella dio un leve brinco.
Controló su respiración y le hizo frente.
- ¿Qué quieres? - preguntó seriamente.
- ¿Quieres la verdad?
- Sí - dijo firme.
Lo siguiente que supo era que era arrastrada a sus brazos y a sus labios. Dios, tenía una manera de besar que no podía ignorar, que no podía evitar corresponderle, atrayendo su aliento, su cuerpo, todas esas sensaciones.
- A esto me refiero - dijo él acariciando su cabello cuando ambos recuperaban el aliento - sé que me elegiste por esto.
- Te equivocas - dijo al fin ella, dejando a Touya desconcertado - es cierto que provocas muchas cosas en mí, pero en cuanto puedo controlarme sé que no eres a quien yo quiero.
- ¿Qué dices?
- ¿No lo entiendes? lo que sentimos, es sólo atracción o pasión, llámalo como quieras.
- Quiero estar contigo.
- A eso me refiero, en cuanto pases unas noches conmigo el encanto desaparecerá, una vez que ambos estemos satisfechos no habrá más. Buscarás un nuevo reto y me dejarás en el olvido.
- ¿Cómo puedes saberlo?
- Porque no nos conocemos, porque no me conoces ni yo te conozco, porque lo que yo quiero es mucho más que unas noches de pasión y tu no me lo puedes dar. Y creo que tú lo sabes.
- Pero yo he estado pensando en ti todo este tiempo.
- Sólo un capricho Touya, sólo eso. Estoy segura que encontrarás a alguien más y entonces me olvidarás.
- Espera, no puedes adivinar lo que yo pienso o siento.
- Touya, eres un hombre.
- ¿Y?
- Así actúan los hombres.
- Pues dudo que hayas sido uno para saber a ciencia cierta lo que pensamos y sentimos, a menos que hayas hecho lo que Sak.
- No, es que sé que lo nuestro es sólo por un momento y nada más.
- ¿Así que crees que los hombres sólo buscamos sexo?
- Pues en realidad sí.
- En resumen, crees que una vez que me acueste contigo no me interesaré más en ti.
- Lo puedo asegurar.
- ¿Y si no es así? Y si lo que yo quiero contigo es mucho más que eso¿qué pasa si te quiero conocer más¿qué pasa si quiero formar una familia contigo¿qué si te amo?
- No creo que suceda – dijo soltando un suspiro.
- Sabes algo, dejemos la psicología varonil para otro día, tengo que irme pero volveré en una semana y quiero verte en este lugar a esta hora ¿entendido?
- Y si no vengo.
- Es tu oportunidad de comprobar tu idea de mí.
- Pero... - y una vez más lo hizo, le robo un corto beso.
- Tengo que irme mi pequeña - le dijo al oído - espero verte pronto - se separó y se perdió en la oscuridad de la noche.
Cielos, si tan sólo pudiera controlar esa calidez que subía por todo su cuerpo.
o0O0o·-.-·o0O0o·-.-·o0O0o
Hola, yo de nuevo.
Espero que les haya gustado. Tengo que decir que mi inspiración se fue de vacaciones y me dejo con la cabeza casi hueca jeje. Pero el deber llama.
Un millón de gracias por su apoyo y por los 200 reviews O.O! TOY FELIZ
-Luna-Box
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El siguiente, queridos lectores y lectoras, capítulo es el GRAN FINAL. Tengo que irme.
Saludos y hasta pronto.
Yoalitzin.
