Toda la genialidad de Twilight es obra de Stephanie Meyer, mal que me pese. Edward, Jasper y todo lo que conocen es de ella. Sólo la locura y la trama me pertenecen.
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"No es tan fácil ser niñera"
By LadyCornamenta
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Capítulo XXV: Caminos inciertos.
"Para todo problema hay una solución fácil, que suele ser ingeniosa, plausible… y equivocada"
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Bella se sorprendía día a día tras cada nueva conversación que mantenía con Edward. El joven Cullen estaba lejos de ser ese prototipo de muchacho simple que ella había creído que era la primera vez que lo había conocido. Lejos de ser un simple mujeriego lleno de hormonas, Edward tenía motivaciones, problemas y sentimientos mucho más profundos que los de cualquier otro hombre que hubiese conocido antes. Él se había comportado como un imbécil durante un largo tiempo, pero todo parecía haber tomado un nuevo sentido después de la última charla que habían tenido.
Edward Cullen era tan humano y vulnerable como cualquiera. Y le parecía mucho mejor de lo que hubiese podido ser aquella triste figura de hombre conquistador y casi perfecto.
Su charla se limitó a aquel asunto sobre Victoria y el pasado de Edward, pero el muchacho parecía reacio a seguir hablando del tema. Por lo que, sin querer presionarlo, Bella propuso aprovechar la candidez del momento para disfrutar de una tranquila velada en la casa, por lo menos hasta que los demás regresaran. La joven Swan estaba interesada por el pasado de su compañero, pero no deseaba presionarlo hasta el punto de tener que sonsacarle hasta el último detalle, ya que era un tema delicado. Sin demasiado para hacer, Bella se encargó de preparar algo de comer mientras Edward buscaba alguna película para ver en la televisión.
—¿Titanic? —preguntó la joven Swan, alzando una ceja—, ¿enserio?
Edward rió con ganas mientras Bella se sentaba a su lado, con dos recipientes llenos de sopa bien caliente.
—¡Oye, los clásicos nunca pasan de moda! —se defendió Edward con una sonrisa—. Además, puedo apostar que Leonardo Di Caprio es de tu agrado.
—Por supuesto, ¿cómo adivinaste? —preguntó Bella irónicamente.
El muchacho la abrazó por los hombros, atrayéndola contra su cuerpo y dejando su boca cerca de su oído, para agregar en tono confidencial:
—Soy su hermano menor no reconocido.
Bella rió, mientras negaba con la cabeza. Ambos se dispusieron, después de todo, a mirar aquella vieja película, abrazados y disfrutando de una comida ideal para el clima helado que hacía fuera. La muchacha, que ya se sabía la historia de memoria, no se quejó y se hundió en los brazos de su pareja. En algún momento, se preguntó cuándo había sido la última vez que había estado tan a gusto disfrutando de algo tan mundano como ver una película acompañada. Era una felicidad simple e inexplicable, pero una de las mejores sensaciones que había tenido en años.
Edward y Bella se quedaron dormidos en el sofá sin que nadie los despertara, por lo que fueron los primeros en levantarse al día siguiente. Una alacena llena fue la excusa perfecta para que Bella preparara un abundante desayuno, observada minuciosamente por Edward, que parecía desesperado por probar alguna de las tantas cosas que estaba preparando. De hecho, la joven pensó que su compañero se había dado por vencido después de unos diez minutos insistiendo en degustar algo, cuando sintió sus brazos alrededor de su cintura. Abrazándola por la espalda, el adolescente apoyó su mentón sobre el hombro de la muchacha y, después de darle un cariñoso beso en la mejilla, preguntó juguetonamente contra su oído:
—¿No vas a darme nada?
—No intentes deslumbrarme, Cullen —pidió Bella, haciendo gran acopio de su fuerza de voluntad—. No vas a tocar esta comida hasta que acabe con ella.
—¿Y quién dijo que yo hablaba de comida?
En un rápido movimiento, el joven la hizo girar y apoyarse contra la encimera, teniendo así un perfecto acceso a su boca. Bella apoyó sus manos en el pecho de su compañero, casi como un acto involuntario. Sus labios sobre los de ella se sentían casi como un estado natural; no podía creer que hubiese postergado eso por tanto tiempo, cuando el deseo y el cariño estaban allí, tan claros como el agua. Edward la cogió de la cintura con más fuerza, cerrando sus brazos en torno a ella y dándole a la joven la sensación de que nunca la dejaría ir. Y Bella, más que nada en ese mundo, deseaba que así fuera.
—Muchachos, es demasiado temprano para este tipo de espectáculos —comentó la voz grave y jocosa de Emmett—. ¡Hay menores en la casa!
Bella se separó de Edward, sonrojada, encontrándose con el rostro divertido de Emmett y la cara de pocos amigos de su hermosa y soberbia novia.
Desayunaron bajo el sonido del monólogo de del joven McCarthy, que se encargó de contarles los atractivos de la ciudad y todas las cosas que se habían perdido la noche anterior por quedarse allí «haciendo quién sabía que cosas», según palabras del enorme muchacho. Mientras Emmett describía una bonita cafetería en la que se habían detenido, Angela y Jasper se sumaron al desayuno, hablando animadamente. Poco tiempo después apareció Alice, con el mismo rostro adormilado con el que apareció Ben cuando ya eran casi las diez.
—Esto está delicioso, Bella —comentó el joven Cheney, mientras cogía una de las tortitas que la muchacha había preparado.
Después de una larga charla, con la lluvia de fondo aún golpeteando suavemente contra las ventanas, todos se dirigieron a la sala. El paisaje gris les dijo que aquel no era un día para barbacoa y deportes, por lo que se sentaron a debatir que podían hacer.
—¿Qué tal ir a la ciudad? —propuso Angela.
—Oh, no —dijo Emmett—. En un día lluvioso, cuando una mujer dice ir a la ciudad, está diciendo ir de compras.
Todos los hombres de la casa secundaron la idea, e incluso Bella se acopló a ellos. Rosalie y Alice hicieron mohines de disgusto, e incluso la joven Swan pudo ver la tenue desilusión en el rostro de Angela. La ciudad no era una opción, ya que no había demasiado para hacer, y la muchacha de cabellos castaños se negaba a ser sometida a una tarde dentro del centro comercial. Ni por asomo.
Finalmente, y después de un largo debate con unas cervezas y peleas de por medio, los jóvenes decidieron recorrer un poco el lugar y almorzar en un parador cubierto situado en medio del bosque, incluso cuando ya eran más de las cuatro de la tarde. A pesar de la lluvia, tenían sus autos y algo de ropa impermeable, que les permitiría hacer un viaje tranquilo por el enorme complejo —o aquellas habían sido las palabras de un entusiasta Ben. Por eso todos acordaron tomarse un rato e ir a prepararse para la expedición con ropa cómoda y botas de lluvia. Alrededor de treinta minutos después, Bella bajaba lista para la pequeña aventura. Las chicas aún se estaban preparando y se sorprendió al encontrarse sólo con Jasper en la sala, mientras el joven Cheney salía apresuradamente por la puerta principal. Luego lo pensó unos instantes y consideró que, posiblemente, Emmett y Edward eran tan quisquillosos con su apariencia como un par de chicas coquetas.
Bella se sentó en silencio junto a Jasper y sintió la necesidad de romper el hielo de alguna forma. Con una sonrisa comprensiva, preguntó:
—Así que compromiso, ¿eh?
El joven de rebeldes cabellos rubios le devolvió el gesto amistoso, mientras asentía. Sus antebrazos descansaron sobre sus rodillas por unos cuantos minutos, después que un traicionero suspiro de cansancio escapara de sus labios.
—¿Y por qué? —preguntó la muchacha. No había agresividad o prejuicios en su voz, sólo inocente curiosidad.
El joven Whitlock sonrió tristemente.
—Quiero que Alice sepa que volveré; es una promesa de mi amor hacia ella, a pesar de todo —explicó con parcimonia, como si pensara las palabras exactas que decir—. No me importa si ella se enamora de otra persona. Yo estaré siempre aquí y, si está dispuesta a esperar, siempre estaré junto a ella.
—Eso… eso es muy noble.
—La quiero —aseguró él, con la mirada perdida—, y haría cualquier cosa por ella… incluso si eso significa no tenerla.
—Ella parece muy entusiasmada por el compromiso.
—Lo sé; después de todo, así es Alice —afirmó, con una sonrisa llena de cariño—. Mientras siga ilusionada con ello, yo seguiré feliz.
—¿Y si ella… crece y bueno… tú sabes…?
—Sólo quiero que esté bien y que nunca pierda esa energía que tiene. Debe seguir con su vida, incluso si yo estoy o no en ella.
Bella pensó que posiblemente ella no tendría la fuerza de hacer algo tan sensato como lo que Jasper se había decidido a hacer. La joven no podría soportar que otra persona fuera feliz junto a Edward, mientras ella se encontraba al otro lado del país. Era difícil darse cuenta de ello en un momento tan poco trivial como aquel, pero así era. Ella no podría aceptar la idea de separarse de Edward sin haberle dado una oportunidad a lo que ambos tenían, sin intermediarios que pudieran fastidiarlo.
Después de otra pequeña espera, finalmente todos se encontraban listos para partir. Ben había regresado del exterior, mojado de pies a cabeza y con una enorme sonrisa, asegurando que había un camino bastante práctico para llegar hasta el mirador al que quería llevarlos, ubicado prácticamente al otro lado del complejo. Bella cogió un bolso con algo de comida y algunos manteles y frazadas por si refrescaba más por la noche, a pedido de Angela.
—Al, Jazz, venid en mi jeep —pidió, dándole un guiño a Edward—. Dejemos a la parejita feliz en paz.
Bella rodó los ojos, mientras corría hacia el Volvo. El comentario de Emmett era incómodo, pero no por eso molesto. Si ellos querían darle un poco de tiempo con Edward, ella no se opondría. No cuando las cosas parecían marchar de maravilla.
Ben volvió a encabezar la expedición y Edward quedó detrás de todo, manejando con extraña lentitud y permitiéndole a Bella que fuera ella quien eligiera la música. El paisaje y el clima incitaron a Bella a poner una tranquila música clásica, que acompañó el trayecto con una inusitada paz. La joven Swan cerró los ojos y creyó que se quedaría dormida, cuando el vehículo frenó, unos cuantos minutos después. Cuando sus párpados se levantaron violentamente, su mirada se dirigió hacia Edward de forma automática. El muchacho tenía medio cuerpo fuera de la ventana, apoyado en el asiento sobre sus rodillas. Segundos después volvió a meter la cabeza, que se encontraba completamente empapada. Una radiante sonrisa se adhirió a sus labios, al igual que aquellas grandes gotas de lluvia lo habían hecho a su cabello.
—Parece ser que este camino está bloqueado —comentó.
—¿Y estás sonriendo porque…?
—Ellos quieren volver —explicó—, pero yo creo que podríamos dar una pequeña vuelva antes de regresar, ¿no te parece?
—Mientras no tengamos que bajar del auto…
Edward sonrió.
—Es un trato.
Efectivamente, el joven Cullen retomó el recorrido por el lugar, alejándose poco a poco de los otros automóviles. Mientras una familiar melodía de piano flotaba amenamente por el aire, Edward tomó una curva, metiéndose por entremedio de los árboles. Bella no estaba del todo segura si aquel camino estaba permitido —en realidad, no estaba segura que fuera un camino—, pero el atractivo y húmedo follaje la silenciaron con su misterioso encanto. Las pesadas gotas de lluvia sobre las hojas parecían producir un deslumbrante brillo sobre la superficie verde. Incluso cuando Edward iba a una velocidad descomunal, favorecido por los amplios y despoblados terrenos, el viaje era sensacional.
El encapotado cielo comenzó a cubrir la visibilidad, a medida que los árboles pasaban con rapidez por los costados del automóvil. Bella le dio un rápido vistazo al paisaje, con una creciente preocupación por la lluvia, que caía cada vez con mayor intensidad. Se volvió hacia Edward, que parecía encantado con la velocidad y el horrible clima que los rodeaba. Parecía sumido en su propio mundo.
—Oye… ¿no crees que sería mejor volver?
El muchacho sonrió suavemente, mientras disminuía un poco la presión sobre el acelerador.
—Vale.
Edward cumplió con su palabra y dio un veloz y violento giro de ciento ochenta grados, con la intención de regresar por el camino por el que habían llegado hasta allí. Sin embargo, su trayecto no se extendió más allá de unos metros, porque poco a poco el automóvil fue perdiendo aquella alocada velocidad a la que iba. La joven Swan giró el rostro hacia su compañero, agarrada fuertemente del asiento, pensando que estaba haciendo gala de su usual personalidad bromista. Grande fue su sorpresa al toparse con la mirada contrariada que lucía Edward. Mientras ellos se observaban lo que sucedía, completamente confundidos, el auto fue frenando poco a poco hasta quedar inmóvil.
—Aguarda aquí —pidió.
Bella respetó las palabras del muchacho, estirando el cuello para observarlo mientras él salía del auto con rapidez. El joven levantó el capó y se quedó allí detrás, fuera del alcance de los ojos de la castaña. Pasaron unos pocos minutos antes que regresara, empapado y con una mirada abatida y levemente culpable. Su cabello, apelmazado y húmedo por la lluvia, cubría sus ojos decaídos, pero Bella lo conocía lo suficientemente bien como para saber que algo andaba mal.
—¿Qué sucede?
—¿Recuerdas aquella vez que me encontrarte en la estación de policía? —preguntó inocentemente.
La joven Swan quiso corregirlo, recordándole que en realidad ella no lo había encontrado como quien halla un dólar por la acera, sino que había sido despertada en plena madrugada para ir a buscarlo. Sin embargo, se contuvo y sólo asintió, frunciendo el ceño. Aquella primera proposición no lucía nada bien…
—Bueno… resulta ser que había forzado demasiado el motor —explicó—. Y… se supone que debía hacerle una revisión, pero como no iba a volver a ir tan rápido…
—¡No! ¿Eso quiere decir que…?
—El motor está fundido, sí.
Bella dejó caer la cabeza hacia atrás contra el respaldo del asiento, completamente abatida. No sólo tendrían que volver caminando quién sabía cuántos kilómetros, sino que además se mojarían hasta los huesos, se llenarían de barro y posiblemente se pescarían un resfriado; agregando, por supuesto, que no tenían ni idea dónde se hallaban. La joven Swan, en medio de aquel silencioso lamento, se preguntó por qué demonios seguía apoyando las ideas de Edward a pesar de saber que siempre había sido un sinónimo de problemas para ella.
Se volvió, encontrándose con el rostro de su compañero más cerca de lo que esperaba, luciendo una mueca de arrepentimiento.
Ah, sí, recordaba por qué siempre estaba allí, junto a él. Porque le quería, quizás más de lo que debía.
—Podríamos quedarnos aquí adentro y esperar a que pare la lluvia —comentó casualmente.
—Edward, estás empapado —murmuró Bella, señalando sus ropas con un acusador dedo.
—La calefacción está encendida —replicó—. Se secará pronto.
Bella no estaba realmente convencida con la idea, y mucho menos cuando Edward decidió que era una mejor idea quitarse la camisa y esperar a que secara en el asiento trasero. El espacio reducido y el torso desnudo de su compañero no eran la mejor combinación para la joven Swan. Hacía ya tiempo que sus hormonas conspiraban en su contra y se le pasaban por la cabeza demasiadas cosas como para tener que soportarlas allí adentro. ¡Y para colmo con la calefacción encendida!
—Oye, ¿qué es eso? —preguntó Edward, sacándola de sus vergonzosos pensamientos.
La muchacha siguió la dirección a la que el joven apuntaba a través del empañado cristal de la ventana. Después de pasar su mano unas cuantas veces para observar mejor, la muchacha vio una gran vivienda refugiada bajo algunos árboles de frondosas copas. Pegando la frente al vidrio, intentó fijarse en algo que le llamara la atención, más parecía una simple casa aislada, tal y como la de la familia de Ben. Estaba por responder algo, cuando Edward decidió que era buena idea salir de automóvil. Antes que pudiera preguntar a dónde iba, el muchacha había abierto la puerta del copiloto y arrastrado a Bella fuera de su puesto.
—¡Genial, ahora yo también me estoy mojando!
—Calla y ven aquí —pidió Edward, tirando suavemente de su mano.
Los dos corrieron torpemente, con la lluvia y la tierra mojada como claros impedimentos. Intentando refugiarse un poco bajo los árboles, ambos bordearon la gran casa que habían observado antes desde la lejanía. Consiguieron llegar hasta la puerta, ya con las ropas empapadas y algo embarradas y respirando agitadamente. Lo único que resaltaba, más allá del aspecto refrescante y natural de la casa, era el enorme letrero que señalaba que la propiedad estaba en alquiler.
—No sabía que aquí rentaran casas —comentó Bella. Luego se dio cuenta que su comentario, teniendo en cuenta la situación, había sido bastante fuera de lugar y tonto—, pensé que sólo las vendían…
—Venga, vamos —pidió Edward, tirando nuevamente de su mano.
Bella no comprendió a que se refería, incluso cuando lo vio bordear por segunda vez el perímetro de la casa; pero, cuando Edward comenzó a escalar un árbol, con su muñeca completamente recuperada, y a calcular la altura de la cerca que rodeaba la propiedad, su mente pudo deducir vagamente qué era lo que estaba planeando.
—¿¡Tú estás loco!? —chilló—. ¡Esto es una propiedad privada!
—Es un club privado también, y nosotros estamos dentro —replicó, como un sonriente niño travieso, mientras intentaba acomodar una rama para que pudieran pasar por sobre la cerca.
—De cualquier forma, estará cerrada —murmuró Bella… aunque, repentinamente, se había quedado hablando sola.
Intentando seguir de alguna forma la maniobra que Edward había hecho y tratando de olvidar lo que realmente estaba haciendo, la joven cogió la rama y se colgó de ella. Teniendo que soportar su peso, sumado al de la ropa mojada, la muchacha tuvo que hacer un gran esfuerzo para conseguir pasar sus piernas hacia arriba y conseguir subir a la rama. Después de ganarse un buen raspón en una de sus manos y un golpe en la rodilla, Bella consiguió sentarse sobre la rama, aunque ni con la mitad de gracia y agilidad con la que Edward lo había hecho. Desde su nueva posición, la joven pudo ver a su compañero, que estudiaba cuidadosamente una de las puertas traseras de fino vidrio.
—Edward, ¡vámonos!
El muchacho se volvió para mirarla y sonrió sorprendido. Se acercó a ella con un andar completamente desenfadado, como si no estuviera lloviendo, como si no estuvieran en una propiedad ajena y como si no estuviera sin camisa en pleno invierno. Se detuvo bajo el árbol, quedando justo debajo de la rama donde ella estaba sentada.
—Salta —pidió.
—No.
—No me hagas subir a buscarte —amenazó Edward con una pícara sonrisa.
—No.
—¡Vamos! —pidió él, comenzando a caminar hacia ella para obligarla.
—Dios, no puedo creer que realmente vaya a hacer esto —murmuró Bella, antes de saltar.
La caída fue un completo fiasco, ya que la joven Swan fue a parar justo sobre su compañero, quedando ambos tirados sobre el césped y mojándose y embarrándose aún más, si es que aquello era posible. Sin embargo, la reacción no fue la de dos personas normales, porque… bueno, posiblemente dos personas normales no hubiesen hecho lo que ellos estaban haciendo. En vez de preocuparse o gemir de dolor por la reciente y fuerte caída, ambos comenzaron a reírse como locos. Sólo minutos después lograron recuperarse y Edward volvió a tomar el mando de la situación, conduciendo a Bella por lo que parecía ser el jardín trasero de la vivienda.
—Estás completamente chiflado —murmuró ella.
—Oh, sí, sabía que lo descubrirías algún día.
Edward volvió a andar hasta el gran ventanal de vidrio, que cumplía la función de puerta y conectaba el jardín trasero con una bonita cocina, tal y como la casa de los tíos de Ben. Con una fuerte sacudida y un tirón, el joven logró que uno de los cristales se deslizara y cediera hacia la derecha. La joven Swan abrió los ojos como platos, intentando encontrarle una explicación a una entrada tan simple.
—Estamos en un club privado con vigilancia, Bella.
—No parece como si hicieras esto por primera vez.
—Oh, es que el Club Orange Hills tiene unas casas demasiado buenas para desperdiciar —aseguró él, con una pícara sonrisa, mientras la dejaba pasar.
Bella rodó los ojos, entrando con cautela. No era como si una respuesta de aquel estilo fuera difícil de esperar por parte de Edward. Después de todo, aunque todo hubiese sido miel y corazones en el último tiempo, él seguía siendo aquel adolescente travieso y pícaro que había conocido desde el principio. Su pasado era innegable, al igual que su personalidad.
La cocina también se parecía bastante a la de los tíos de Ben, y ambos jóvenes no tardaron demasiado tiempo en descubrir que, en realidad, toda la casa tenía una construcción similar. Con muebles costosos decorando los ambientes y algunas sábanas cubriéndolos, todo lucía como si estuviera inhabitado pero realmente cuidado. Aquello dio mala espina a Bella, pensando que quizás los dueños podrían regresar y…
—¿Quieres comer algo? —preguntó Edward, sacándola de sus cavilaciones.
Bella parpadeó reiteradas veces, mirándolo con desconfianza.
—¿Acaso tienes una varita mágica escondida en el bolsillo y no me lo habías contado?
Edward sonrió de lado.
—No, pero hay comida en el auto que tú misma guardaste —recordó él, con un leve matiz de burla—. Iré a buscarla.
Ella pensó en insistir; en asegurarle a Edward que no necesitaban nada, ya que pronto se irían de allí y volverían a la casa. Sin embargo, el muchacho salió disparado y regresó con comida y los grandes manteles a cuadros y frazadas polares que la joven Swan había cogido de la casa de los familiares de Ben. Sin siquiera escuchar las tenues protestas de Bella, él se encargó de desenvolver la comida y dejarla lista para ambos sobre una de las mantas, como si fuera el dueño de la casa. Había desconfianza en cada uno de los movimientos de la muchacha, pero accedió a comer algo. Luego podrían irse, dejar el lugar completamente impecable y volver a su…
—Oh, ¿eso es nieve?
—¿Eh?
Bella siguió la dirección de la mirada de su acompañante, topándose con uno de los grandes ventanales de la cocina. Una fina y suave capa blanca comenzaba a adornar el suelo lentamente, mientras pequeños copos se arremolinaban con el viento y flotaban por lo alrededores.
—Oh, genial —masculló Bella.
…
Me reporto después de largos días desaparecida. He tenido algunas pequeñas cosillas que me han afectado a nivel personal, y los estudios y demases tampoco ayudan a que uno tenga ganas de sentarse frente a la PC a escribir, sabiendo que tiene pilas y pilas de cosas por hacer. Sin embargo, he venido lo más rápido que he podido, porque odio tener que hacerlos esperar. Espero que hayan disfrutado del capítulo; a mi me ha gustado como quedó, pero saben que aquí lo importante es lo que opinan ustedes.
Muchas gracias por los comentarios. Incluso cuando se han reducido considerablemente, me pone muy feliz recibirlos. Todas las noches me tomo mis diez minutitos para venir y revisar el correo, y es realmente gratificante encontrarse con los mails de la página que tienen tan lindos comentarios. ¡Gracias a todos los que se toman un tiempo para hacerme saber qué les parece! De verdad.
Quería comentar, aparte, que las votaciones del Darkward Fanfic Contest han comenzado. Mi historia Dangerous Animals está participando y me gustaría que se pasaran y evaluaran si merece su voto (la dirección para votar se encuentra en mi perfil). Estoy ansiosa, ya que he decidido hacerle una continuación si queda entre las tres primeras, y bueno… todo me genera impaciencia y me emociona, así soy yo jajaj. Espero le den una opotunidad (:
Ya que las notas son eternas, hagámoslas un poquito más largas: En el foro de Fanfiction Twilight ha comenzado a desarrollarse una zona de Beta Readers para quienes la necesiten. Si alguien está buscando un corrector para sus proyectos, para que les de una mano con cuestiones de gramática y demás, les pido que me lo hagan saber o que directamente se metan en la página y lo soliciten. Es genial progresar en la escritura y todos necesitamos siempre un poco de ayuda para ello. Sólo manden un PM, un review, un mail o lo que sea y yo encantada de darles la dirección para que ingresen y consigan un Beta.
La semana que viene será horrible, Alice me lo ha dicho… bueno, no, pero creo que no necesito una adivina para saberlo. Estoy en época de exámenes y, si ya de por sí el tiempo era escaso para escribir, ahora es prácticamente inexistente. Sólo les pido perdón y un poquito de paciencia; intentaré volver dentro de los ocho o diez días con un nuevo capítulo, ya que no es uno que sea particularmente fácil de escribir.
¡Gracias a todos nuevamente y perdón por los retrasos! Saludos.
Nos leemos más tarde.
Nuevo espacio de Betas para aquellos que los necesiten.
Espero que tengan una semana espléndida.
LadyC.
