CAPÍTULO 25
¿Cómo está Bill? – preguntó Klaus cuando entró en el departamento de Caroline la noche del viernes
Caroline había visitado a su padre como cada día del último mes, pero el estado de salud del hombre no variaba.
- Igual – suspiró la chica dejándose abrazar por su novio
- Lo siento, amor – dijo acariciando su espalda consoladoramente
- Temo que nunca mejore
- Lo sé
- No quiero parecer una desalmada pero pienso qué querría él.
- ¿A qué te refieres?
- Los médicos dicen que podría seguir así durante años y me aterra.
- Hey, amor, todavía es pronto para pensar así. Sólo lleva poco más de un mes
- Lo sé, sé que tengo que esperar. Pero cuando hoy su médico me dijo que podría estar así durante años, pensé qué es lo que yo quisiera para mí. Vivir en coma durante años. No creo que le desearía eso a la gente de mi entorno.
- Hey, Care, no pienses en eso, ¿quieres? No puedo siquiera imaginar que te sucediera algo así.
- Es mi padre, Klaus. Yo tampoco podía imaginar que le sucediera algo así, y mírale ahora
- Hey, basta – la cortó incómodo – Entiendo cómo te sientes, pero por alguna razón que no comprendo, siento que mejorará.
- Ojalá tengas razón.
- La tengo – sentenció – Verás que sí.
Klaus se marchó a la mañana siguiente al despacho mientras Caroline trabajaba desde casa en la fundación que últimamente tenía un poco desatendida.
Pero contaba con Wes y Connor que manejaban todo de la forma en que ella desearía hacerlo.
El timbre la sobresaltó cuando se servía una taza de café en la cocina antes de sentarse frente a su portátil.
La inesperada visita de su cuñada la sorprendió.
- Rebeca – saludó nerviosa
- Buenos días, Caroline. Espero no molestarte.
- Oh, no, desde luego que no. Pasa – dijo alejándose de la puerta para dejarla entrar - ¿Un café? – ofreció después de colgar el abrigo y el bolso de Rebeca en el guardarropa de la entrada
- Oh, sí, gracias. Está helado allí afuera.
- Sí, lo está. Toma – dijo entregándole una taza cuando Rebeca se sentó frente a la isla de la cocina, junto al taburete en el que Caroline había estado sentada
Caroline se sentó a su lado nerviosa, después de dejar un plato con galletas frente a ellas.
- Klaus no está, si le buscabas a él.
- No, en realidad venía a verte a ti. Aunque sé que mi hermano pasa muchos días aquí – sonrió
- Oh, sí, algunos – reconoció sonrojándose
Ambas dieron sendos tragos a sus cafés claramente incómodas.
- No sé si has visto las revistas de estos días – comentó Rebeca ganándose una mirada extrañada de Caroline
- Mmm, no, ¿por qué?
- Klaus está en la portada de Star
- ¿Ah, sí? – exclamó sorprendida – No lo sabía. En realidad no acostumbro ver estas revistas. ¿Algo violento, incómodo?
Rebeca se levantó y fue hasta el vestíbulo. Cogió el ejemplar que guardaba en su bolso y volvió a la cocina entregándoselo a Caroline.
En la portada había una foto de Klaus abrazado a Hayley en la acera frente al Starbucks.
"¿Dónde está la heredera?" rezaba el titular
- Ya veo – comentó Caroline con desgano
- No es lo que parece – excusó Rebeca rápidamente
- Oh, lo sé – sonrió la chica – Puedes estar segura de que lo sé
- Sí, lo imagino. Es raro para nosotros, ¿sabes? Mi familia nunca ha salido en las revistas y menos para insinuar que uno le pudiera ser infiel a su novia.
- Tranquila, Rebeca. De verdad que no tienes que explicarme nada.
- ¿Sabías que Klaus y Hayley se habían visto?
- Sí. De hecho, yo misma le sugerí a Klaus que lo hiciera. Ya sabes, por los artículos de la otra semana que hablaban de ella. Es totalmente injusto que ella se vea involucrada en este tipo de cosas.
- Ella tuvo una relación con Klaus.
- Lo sé, pero no creo que le haga mucha gracia que personas que no saben nada de su vida, estén desmenuzando su vida o su relación.
- ¿Cómo lo soportas tú? – indagó Rebeca intrigada
- No lo sé – confesó – Al principio buscaba y releía todo lo que se decía de mí. Me indignaba con las mentiras que eran capaces de inventar y sugerir. Al final te das cuenta que ya no puedes con eso y simplemente lo ignoras. Dejas de responder a las acusaciones y que cada uno piense lo que quiera. Debes aceptar que no le gustarás a todo el mundo, es lo normal. Y te preocupas sólo por aquellas personas que realmente te importan. Te preocupas por hacer que te conozcan realmente las personas que son importantes para ti. El resto... bueno, el resto que piensen lo que quieran.
- Sabes, yo siempre creía todo lo que leía. Siempre pensaba, ya sabes, "cuando el río suena..." Algo de cierto habrá, me decía. Pero ahora que he visto cómo son capaces de desfigurar la relación que hay entre Klaus y Hayley, creo que tal vez todo sea mentira.
- Mira, Rebeca. Yo personalmente no puedo opinar sobre los demás, pero basada en lo que yo he vivido en carne propia, siempre pienso que es probablemente lo mismo que le sucede al resto. Este tipo de publicaciones hacen una foto y se inventan a su alrededor la historia que más pueda vender. Algunas veces la historia acaba siendo cierta y otras tantas veces, no.
- Después de que tú y yo tuviéramos aquella conversación en casa de mis padres, no voy a negarte que no quedé muy convencida de lo que me habías dicho. Creo que ver a mi hermano enamorado y creer que podrías estarle engañando, me preocupaba. Pero ahora de verdad me gustaría poder confiar en que eres sincera.
- Intento serlo, de verdad. – aseguró
- Nunca me gustaron las chicas guapas. Me llevaron a sitios que me costó mucho dejar atrás. Creo que por eso estoy predispuesta a pensar mal sobre las chicas así, y tú eres preciosa. Eso, sumado a las ganas que tenía de ver a Klaus con Hayley, mi mejor amiga, no actuó en tu favor.
- Lo entiendo, Rebeca, de verdad que lo entiendo, pero deberías saber que nunca fue mi intención lastimar a Hayley ni a nadie. Lo que sucedió entre Klaus y yo fue sorpresivo para mí. Klaus es mi primer novio – confesó ruborizándose – y simplemente me sentí así, sin buscarlo.
- Lo entiendo. Y ver a Klaus como lo veo contigo, me basta para aceptarlo y sentirme mejor con ello.
- Gracias, Rebeca. Sólo deseo que Klaus pueda ser feliz conmigo.
- Por alguna razón, estoy segura de que lo será. – sentenció Rebeca sonriendo
Cuando entró al loft de Klaus esa noche, su novio ya sabía sobre la visita que le había hecho su hermana.
- Buenas noches, cariño – la saludó algo temeroso
- Hola – respondió con una sonrisa que borró toda su preocupación
- ¿Todo bien, amor? Tengo entendido que Rebeca te visitó hoy
- Sí – reconoció divertida por la ansiedad que adivinó en su semblante
- ¿Debo intervenir?
- No, claro que no – reconoció acercándose para besarle – Está todo perfectamente bien. Rebeca y yo podría decirse que ya no tenemos diferencias
-¡Gracias a Dios! – exclamó levantando la mirada al techo a la vez que la rodeaba con sus brazos apretándola contra él
- ¿Imagino que también te contó que eres portada de Star?
- Lo hizo, sí, pero no hacía falta porque ya lo sabía
- ¿Compraste la revista?
- No. Hayley me llamó y me lo dijo
- ¿Hayley?
- Sí. Estaba preocupada por haber podido generar algún problema entre tú y yo.
- ¿De verdad?
- Sí – asintió con solemnidad
- Muy considerado de su parte
- Realmente, sí. Es una buena chica.
- Sí. Veo que lo es.
Caroline se inclinó sobre él para chocar sus labios.
Las manos anchas y firmes de Klaus subieron hasta los hombros de Caroline, metiendo los dedos bajo las solapas del abrigo que aún no había llegado a quitarse, para despojarla de él lentamente.
Caroline se estremeció y cerró los ojos al sentir sus manos sobre su grueso jersey.
Klaus subió la prenda por su cuerpo para quitárselo por la cabeza y dejarlo caer al suelo.
- Eres preciosa – comentó mientras las manos le recorrían los costados y se detenían para acariciar con suavidad el nacimiento de los pechos bajo la camisa – me encanta desvestirte para encontrar el sexy cuerpo que esconde tu ropa – murmuró sugerente estremeciéndola.
Caroline rió suavemente arqueándose contra él.
- ¿Qué te parece tan gracioso? – preguntó Klaus subiendo las manos hacia el cuello.
- Llevar tanta ropa no es sexy – admitió – No soy muy sexy en invierno – reconoció Caroline
- Lo eres conmigo.
Klaus dejó quietas las manos acariciando su garganta, subiendo y bajando por su cuello.
Cuanto más la acariciaba, más necesitaba ella que le desabotonara la blusa. Quería sentir sus fuertes manos en los pechos. Y también quería allí su boca.
Cuando Klaus comenzó a desabotonar su blusa, Caroline ya palpitaba de deseo.
La abrumaba intencionadamente. Abría un botón, luego la besaba en la boca, abría otro, y la besaba en el cuello, una y otra vez, con inquietante lentitud, hasta que la prenda desapareció y ella quedó delante de él con el sujetador de encaje escondiendo los erectos pezones.
Se agitó espontáneamente cuando la acarició en las costillas con las manos, excitándose aún más ante la sensación de calor que la recorrió hasta instalarse entre sus muslos, cuando los dedos masculinos empezaron a juguetear con sus pezones a través del encaje.
- ¿Te gusta? – susurró él contra su cuello.
Sólo pudo asentir en respuesta.
- ¿Qué más quieres que te haga? – preguntó presionando la boca contra el pecho derecho.
El delicado tejido que había entre la boca y la piel era como una barrera infranqueable.
– Todo – confesó y extendió los brazos hacia atrás y con un movimiento desabrochó el sujetador.
Levantando la boca, Klaus le quitó el sujetador y lo dejó caer con el resto de su ropa.
Las manos le rodearon sus pechos.
- Sabes deliciosamente – gimió llevándose el pezón a la boca.
Caroline se arqueó contra él, mientras sentía su centro humedecerse y sus piernas debilitarse.
Enredó sus dedos en el pelo de Klaus, gimiendo mientras él le chupaba los pechos.
Empezó a temblar, despacio al principio y luego con más violencia según se acercaba más al orgasmo. Y justo cuando estaba casi allí, Klaus levantó la cabeza y sonrió con maldad.
- ¿Necesitas algo, amor? – preguntó con pasmosidad
- Creo que sí – gruñó Caroline, empujándolo contra el sofá y subiendo encima de él.
No estaba completamente desnuda pero necesitaba sentir su piel.
Extática, comenzó a quitarle el jersey, besando el cuerpo que se descubrió debajo. Klaus jadeó y esbozó una sonrisa de placer recostando la cabeza contra el respaldo del sofá.
Incorporándose un momento, se quitó el jersey y lo tiró al suelo junto a la ropa de ella.
- ¿Mejor así? – preguntó él
- Mucho mejor. – reconoció empujándolo para dejarlo acostado sobre el sofá
Caroline lo besó en el cuello, luego en la mandíbula antes de deslizar sus labios sobre el pecho.
Jugueteó con la lengua en sus pezones y les mordisqueó. Dibujó un recorrido con la boca desde la clavícula hasta la cinturilla de los vaqueros.
Klaus estaba duro. Duro y preparado.
Caroline se arrodilló para desabrocharle los vaqueros.
- Oh, no, no lo hagas – jadeó Klaus temeroso de perder el control
Con un movimiento ágil, la puso de espaldas y reanudó la deliciosa tarea de desnudarla.
- Estos pantalones sobran – declaró
Caroline levantó las caderas para que pudiera quitárselos
Le observó bajar sus pantalones, con especial cuidado al pasarlos lentamente por las caderas.
Klaus bajó la cabeza para besarle con reverencia los huesos de las caderas. Este gesto la enardeció.
El calor de la habitación los envolvió, calentando aún más el cuerpo ya ardiente de Caroline.
Klaus se acostó a su lado mirándola con ternura.
- ¿Y ahora qué? – susurró Caroline, entrecerrando los ojos.
- Ahora te torturaré hasta que me supliques.
Caroline se quedó sin respiración cuando Klaus comenzó a frotarle lentamente sobre la seda de las bragas.
Se sintió ávida, cuanto más la tocaba, más necesitaba que lo hiciera.
La mano de él se movía cada vez más rápido mientras una oleada de placer la envolvía. Finalmente, Caroline no pudo soportarlo más. Gritando, se dejó llevar sumergiéndose en el éxtasis que sólo Klaus sabía brindarle.
Caroline abrió los ojos, atrapando a Klaus mirándola con codicia. Sonriendo ampliamente pícaramente, ella se movió para agarrarlo.
- Supongo que debería darte las gracias – suspiró.
- No se merecen
Caroline sonrió girándose para quedar frente a él y tirar impacientemente de la cremallera de los vaqueros.
Klaus la ayudó quitándose los vaqueros y se deshizo de ellos, a la vez que ella se despojaba de la única prenda que aún la cubría.
Por fin, sin los pantalones, tomó a Caroline entre los brazos, abrazándola con fuerza.
Ella lo sintió duro contra su cuerpo y eso hizo que sus propias caderas se movieran involuntariamente.
El movimiento le enardeció.
- Te deseo – gruñó en su oído.
- Aquí me tienes. Tómame – demandó
La colocó sobre él para que quedara a horcajadas rodeándole las caderas.
Alzó las manos acariciándole los pechos, provocándole otra vez un deseo que la encendió.
Se alzó y lo introdujo en su cuerpo, oprimiéndolo con fuerza.
Klaus movió las manos para cogerla con suavidad por las caderas y ayudarla en sus movimientos.
Caroline se inclinó hacia delante para besarle mientras empezaba a moverse lentamente sobre él, arriba y abajo.
Se movió lentamente, con deliberación, aumentando el ritmo poco a poco.
Estaba ahora muy cerca de correrse.
Jadeando con fuerza, Caroline se enderezó, enlazando sus manos con las de él, moviéndose sobre él con abandono.
- Dios mío… - jadeó – Care...
La forma en que dijo su nombre, con tanta desesperación y fuerza, envió una oleada de placer por su cuerpo.
Con ansias comenzó a bombear las caderas.
Las manos de Klaus soltaron las de ella y le hizo bajar la cabeza para besarla salvajemente en la boca.
Caroline gimió, sintiendo espasmos de placer en todo el cuerpo.
Se dejó ir otra vez, cuando Klaus alzó sus caderas y con un jadeo lastimero se estremeció alcanzando el clímax justo después de ella.
Sólo entonces, se tumbaron desnudos sobre el sofá respirando entrecortadamente.
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