¡Waaaa! ¡De verdad lo lamento muchísimo! ¡Por Kami, ya no tengo uñas a causa del estrés por el que estoy pasando al no saber si promoveré este año!
Ya con mi mente más calmada y tranquila y aprovechando que fue mi último día de clases aprovecharé para actualizar, seguramente me habrán querido matar por lo del capítulo anterior.
Disclaimer: La imagen de la portada (O como gusten llamar) no es de mi autoría, el juego [ www . rinmarugames game / ?game_id=462] de donde esta proviene le pertenece a Rinmaru.
Los personajes utilizados en esta historia son de la propiedad de Rumiko Takahashi.
Frunció el entrecejo, la luz que se colaba por la ventana comenzaba a incomodarle, aún así sonrió tranquilamente, el roce de su cuerpo desnudo con las suaves sábanas se sentía magnífico, esbozó una sonrisa felina antes de acurrucarse en la fuente de calor a su lado, sintió un peso sobre su cintura y una pierna colarse y enredarse entre las suyas. Abrió los ojos de repente y su mirada chocó con el pecho desnudo de alguien, de inmediato su rostro se tiño de rojo hasta las orejas, se separó un poco y admiro con sorpresa el rostro adormilado de Inuyasha, sus largas pestañas, sus labios entreabiertos y su cabello desparramado por el edredón, alzó una mano con sosiego y acarició con sutileza su mejilla, con temor de perturbar su tranquilo dormitar. Apartó un mechón de cabello travieso que caía frente a sus ojos, sonrió repentinamente, con tristeza, seguramente estaba decepcionado, lo entendía… Ella lo estaba también. Le debía una gran disculpa a Inuyasha por causarles tantos problemas, era una pésima novia. Un nuevo movimiento a su lado la alarmó, el poseedor de aquel par de hipnotizadores ojos ámbares había movido su cuerpo entero quedando así su rostro cómodamente sobre los pechos de la joven, masculló algo entre sueños, esbozó una sonrisa y volvió a descansar con tranquilidad, mientras, la de cabello azabache solo pudo enmudecer y sonrojarse hasta la médula al sentir cierta parte de la anatomía del chico dar de lleno contra su pierna.
Kagome's POV.
— "Ohh, ¡Por Kami!... ¡Está duro!"—No podía creerlo, ¡No podía ser cierto!... Bueno, en realidad si, Inuyasha era un chico después de todo. Suspiré tratando de calmarme y ver la forma de zafarme de su agarre, tomé su brazo y traté de levantarlo, mas solo logre que aumentara su agarre sobre mi cintura.— "¡Por favor, ya despierta!"—Grité en mi mente exasperada, baje mi vista a sus cabellos platinados, quería despertarlo y salir corriendo, pero algo en mi interior no me lo permitía… Se le notaba tan tranquilo, libre de prejuicios, independiente de lo que las malas lenguas dijesen. Acaricie su antebrazo tratando de imaginar su dolor ante todo lo mal que se había hablado sobre él.— "Me quedaré a tu lado todo el tiempo que tu me permitas… No volverás a estar solo"—Sonreí vagamente y bese su cabeza llenándome de la embriagante fragancia que desprendía su cabellera. Lo oí murmurar algo parecido a 'Que suave' antes de sentir algo húmedo y suave pasarse por el espacio entre mis senos. Minutos después levantó su cabeza y fijó sus ojos aún entrecerrados y adormilados en mi, parpadeo una, dos, tres veces antes de abrir los ojos por completo y comenzar a decir incoherencias mientras su rostro se ruborizaba.
— Y-Yo lo siento, Kagome.—Murmuró sin despegar la vista de mis ojos.— Pensé que era un sueño.—Murmuró muy bajo, pero aún así logré escucharlo, sonreí y sin poder evitar la ternura que me causaba tome su cabeza entre mis manos y atraje sus labios a los míos, ladeé mi cabeza y cerrando mis ojos disfruté del suave contacto. Como adoraba aquel cosquilleo en el estómago cuando besaba los labios de Inuyasha, era una sensación indescriptible, entreabrí lentamente uno de mis ojos y note ambos soles contemplándome atentamente, con ternura. Mediante una sonrisa rompí el momento de afecto para depositar un suave beso en su frente, sien, mejillas y deposité un rápido beso en su cuello antes de volver a observarlo.
— Te amo.—Dije firme y sin dar lugar a dudas, noté su sonrojo y su sonrisa de alegría pura.— "Nota mental, hacer saber mas seguido a Inuyasha cuánto lo amo"—Me dije a mi misma, no había nada que me agitara tanto el corazón como la sonrisa de mi adorado ojidorado, ni hablar de aquel colmillo travieso.
— Yo también, Kagome.—Contestó mientras me observaba atentamente, alzó una mano y rozó mi mejilla con suavidad, descendió hasta mi cuello y siguió bajando hasta llegar a mi pecho, inmediatamente me sonroje ¿Me pediría volver a intentarlo?
Cualquier pensamiento sugerente se vio interrumpido cuando Inuyasha comenzó a observar su cuerpo y el mío sucesivamente. Note su prominente sonrojo y yo le igualé.— "Por Kami ¡Seguimos desnudos!"—Pensé con la mente turbada. Sin decir palabra prácticamente saltó fuera de la cama y se precipitó hacia el baño gritando algo parecido a "¡Lo siento, no me había dado cuenta!"
End Kagome's POV
— ¡No voy a dejarte sola!— Exclamó el albino zarandeando el cuerpo menudo de la chica.
— Todo estará bien.— Contestó la ojiazul con tranquilidad.— Si no vuelvo ahora mis padres se preocuparán.— Trató de hacerlo comprender mientras lo abrazaba y enterraba su rostro en su pecho. A las diez de la mañana en punto habían sido prácticamente arrojados a la calle fuera del motel, no pronunciaron palabra en el transcurso del camino, solamente caminaron ensimismados en sus pensamientos.
— Déjame acompañarte.— Rogó el chico sujetando con fuerza el cuerpo entre sus brazos, no quería por nada del mundo que volviera a ser golpeada y denigrada de esa manera. Apretó sus puños y recordó con cólera como su propio abuelo había golpeado de semejante manera, sin rechistar, sin culpa, sin dar lugar a palabras...
— Si me acompañas ahora, solo habrá más problemas.—Contestó con firmeza la chica apartándose de la comodidad de sus brazos para observarlo con cierta tristeza en los ojos.
— P-pero.— Tartamudeó, pero su discurso sobre que —Era su deber como novio acompañarla en sus momentos difíciles, aconsejarla, cuidarla y protegerla de todo aquél que quisiera dañarla— Se vio interrumpido por el delgado dedo de la joven que se había posado con delicadeza sobre sus labios obligándolo a enmudecer de inmediato.
— Debo enfrentarme a esto yo sola.—Soltó como única contestación antes de elevar su cuerpo y capturar por un efímero momento los labios del de ojos ámbar antes de salir corriendo escaleras arriba en dirección a su hogar, dejando atrás a un desolado y sorprendido Inuyasha.
— T-Tadaima.— Saludó con suavidad, sintiéndose patética por haber dejado que su voz temblara de aquella manera. Quitó sus zapatos con lentitud tratando de aplazar lo más que pudiera el inminente choque con la realidad. Apenas terminar soltó un largo y cansado suspiro, rezándole a todo Dios existente, pidiéndole su protección y consejo.
— ¿Ne-neesan?— Llamó el adolescente acercándose a la pelinegra, inmediatamente esta corrió en su dirección estrechándolo entre sus delgados brazos.
— ¿Estás bien?— Preguntó alejándose un poco para observar el rostro tranquilo del chico.— ¿Cómo está Otoosan? ¿Y Okaasan? ¿Están enfadados conmigo?—Soltó una pregunta tras otra, se encontraba demasiado alterada en ese momento.
— Están bien, no te odian, están preocupados pero no enfadados.—Contestó el castaño con tranquilidad tratando de calmar a su agitada hermana.
— ¿O-Ojiisan?— Murmuró casi con miedo. Inmediatamente el muchacho dejó de sonreír, preocupando aún más a la azabache.
— No voy a mentirte neesan, está furioso, desde que te fuiste se encerró en su habitación.—Comentó soltando un suspiro agobiado. Sintió a su hermana temblar y notó con tristeza cómo sus ojos se humedecían.— ¿Dónde está Inuyasha?—Preguntó con cierto enfado, él debería estar al lado de su hermana en este preciso momento ¡Lo necesitaba!— ¿Acaso te abandonó a tu suerte?— Preguntó furioso al notar el silencio de su hermana.
— No, no… Él quiso acompañarme, no lo deje.— Contestó con rapidez. Se percató de que su hermano no se encontraba muy convencido ante sus palabras y quiso seguir excusando la ausencia de Inuyasha pero se vio interrumpido por una voz en la sala le heló la sangre por completo.
— ¡Hiroto!— Exclamó la voz con enojo.
— ¿Está… Está realmente aquí?— Murmuró la pelinegra, el chico simplemente asintió y observó a su hermana salir disparada en dirección a la sala.— ¡Kaede-Obaasan!— Exclamó antes de arrojarse a los brazos de la anciana que la recibió con una sonrisa.
— ¿Ahora te dignas a aparecer?— Habló el hombre de mayor edad frente a ella. La joven lentamente se despegó de los protectores brazos de su abuela para observar con temor al hombre que se mantenía frente a ella, lo único que atino a hacer en ese momento fue arrojarse al suelo y clamar perdón.— ¿¡Crees acaso que eso será suficiente para recompensar tu deshonra!?— Gritó el anciano y en ese mismo instante Sota ingresó a la sala como alma que lleva al Diablo y se arrodillo junto a su hermana tomándola por los hombros tratando de protegerla.— ¡Déjala!— Exclamó al notar la desvergüenza y la mala educación de sus nietos.
— Por favor abuelo, no se tan cruel con Kagome.— Pidió el muchacho con la cabeza gacha.
— ¡No tengo porque ser suave con una joven tan insolente!— Contestó en respuesta mientras volvía a tomar asiento en el tatami.
— Hiroto.—Llamó con voz amenazante la mujer de avanzada edad tras los dos muchachos.
— No te atrevas a defenderla mujer.— Expuso mordaz en dirección a su esposa, estaba perdiendo el respeto de su familia y eso lo ponía de un humor de perros
— O-Ojiisan.—Trató de hablar la azabache elevando medianamente su vista, su corazón latía demasiado rápido en ese momento y se le dificultaba el respirar.
— No te he dado el permiso de hablar.—Contestó con enojo notando como la chica se encogía y abrazaba su cuerpo que parecía temblar.— En cuanto a tu castigo.— Comenzó a hablar con más tranquilidad.— He decidido que volverás a China con tu abuela.— Anunció y comenzó a levantarse de su asiento dando por zanjado el tema.
— ¿¡Qué!?—Gritó la chica conmocionada, abrió sus ojos de par en par y se arrastró por el suelo hasta aferrarse a la hakama del anciano.— N-no puede hacerme esto abuelo, ya tengo mi vida establecida aquí, las clases comenzarán en breve, ¡No puedo irme ahora!
— ¡Basta!—Gritó fuera de sí, y en un arrebato de cólera le encestó un golpe a la chica en la mejilla pero esta no retrocedió, tanto la anciana como el muchacho soltaron una exclamación de sorpresa y preocupación, mientras que la joven simplemente se aferró más fuerte a la tela gris.
— Por favor.— Murmuró en un sollozo.
— El único motivo por el que quieres quedarte aquí es por ese muchacho albino.— Escupió como veneno.— ¡Solo Kami sabe que cosas hiciste con él cuando te escapaste!—Vociferó mientras trataba de zafarse del agarre de la muchacha.
— Abuelo, Inuyasha y yo nunca… Nunca.—Trataba de excusarse cuando siente la pierna del susodicho impactar con fuerza en su costado logrando que cayera de espaldas al lado de Sota quien inmediatamente la cubrió con su cuerpo a la vez que la detenía de volver a intentar acercarse al viejo.
— ¡Tonterías! ¡Todo este tiempo te has comportado como una simple ramera!—Gritó mientras se acercaba a grandes zancadas a su nieta dispuesto a golpearla una vez más, su paciencia había alcanzado su límite y no soportaría una próxima falta de respeto, su familia le debían respeto y si no lo conseguía por las buenas tendría que mostrar su autoridad mediante la violencia. Alzó su mano y noto como su nieto cubría el cuerpo de su hermana con el suyo.
— ¡Ya basta!—Gritó Kaede antes de levantarse y cubrir a ambos de sus nietos evitando que siguieran recibiendo el desprecio de su abuelo.
— Mañana por la mañana volverás a China con Kaede.—Expresó observando los ojos de su esposa con rabia.— Aún hay tiempo de inscribirte en un buen colegio, te aconsejo que comiences a empacar.— Expuso de forma tranquila mientras comenzaba a dirigirse a la puerta de la sala pero se vio interrumpido por su propio hijo.
— Chichi-ue, le ruego sea más condescendiente con Kagome, ella es una buena niña, les suplico que le permita quedarse y no la aparte de nuestro lado.—Pidió el hombre con nerviosismo pero a su vez firme, no soportaría ver los ojos de su propia hija al saber que su padre no la había siquiera defendido.
— ¡Silencio! Estoy harto de que mi propia familia no me respete, ¿Acaso debo recordarte a ti también quién es el que manda en esta casa, Akira?— Gritó a los cuatro vientos notando como su hijo parecía reacio a obedecer sus palabras.— Lo que digo es una orden, Kagome partirá mañana mismo hacia China. O juro por mi vida que tanto tu esposa e hijos serán la deshonra de la familia Higurashi.—Aseguró y sonrió internamente al notar la repentina palidez en el rostro del hombre. Cansado se alejó de su problemática familia y subió a su habitación ignorando a su nuera quien lloraba desconsoladamente en la cocina.
— Perdóname, Kagome.— Se disculpó el hombre avergonzado y arrepentido.
— No te preocupes padre, entiendo.— Contestó la de negros cabellos con una sonrisa triste.— Iré a empacar mis cosas.— Murmuró antes de alejarse lentamente de su familia y subir corriendo a su cuarto.
— S-Sango, ¡No quiero irme!—Exclamó mientras se arrojaba a los brazos de su amiga y comenzaba a llorar.
— Ohh Kagome, cuanto lo siento.—Contestó la castaña con lágrimas en los ojos mientras abrazaba fuertemente a la pelinegra que en breve partiría. Había recibido su llamado a altas horas de la madrugada y se extraño por este hecho, mas nunca se espero que esta le diera la noticia de que partía hacia China y que no sabía si podría volver a Japón. Como una loca había saltado de su cama y se había puesto lo primero que encontró fuera de su armario para posteriormente salir de su casa y correr desesperada hacia el templo Higurashi.
— No quiero dejarlo, no ahora.—Gimoteó en su cuello mientras comenzaba a temblar.
— ¿Por qué no le has dicho?—Preguntó de repente la castaña apartándose de su abrazo y limpiando las lágrimas de la chica.
— No podría haberlo hecho Sango, me rompería el corazón despedirme de él, no podría soltarlo, huiría con él de ser necesario.— Afirmó con seguridad mientras sus ojos se opacaban más y más.
— Entonces…
— Mi padre, no podía permitir que se sintiera deshonrado… Solo traería más problemas a mi familia.— Contestó con tristeza y volvió a romper en llanto cuando escuchó la femenina voz sonar por los altavoces anunciando que debería abordar su vuelo. Abrazó por última vez a Sango y corrió en dirección a su familia, beso con rapidez la frente de su hermano y abrazó con fuerza a sus padres pidiendo perdón por todos los problemas que había causado.
Mientras la azabache desaparecía por el largo pasillo junto a la mujer veterana tanto Sango como Sonomi rompieron en llanto siendo consoladas por Sota y Akira respectivamente.
En el avión la azabache se dejó caer pesadamente en su asiento tratando de contener las inminentes lágrimas que bordeaban sus ojos, su abuela tomó su mano y no lo soportó, se aferró a su cuerpo y lloró como no la había hecho en su vida...
Lo se, lo se, mi retraso más el no lemmon, multiplicado por que Kagome se va de Japón abandonando a todo mundo da como resultado a un intento de escritora quemada viva en la hoguera.
Se que seguramente me odien y al abuelito también, entenderé si me odian o se sienten desconcertadas en cuanto al final de este capítulo.
Las AmoDoro… ¡Gracias por los reviews!
Anuncio aqui que quedan nada mas y nada menos que tres capítulos para terminar este fic que me tuvo de rehén como 3 años.
[Lo siento si hay errores ortográficos, ¡Me están corriendo y quiero publicar lo antes posible!]
Att: PockyGame.
