~.~...*...*...: Capítulo 25: Ninguna mentira es eterna. :...*...*...~.~
Pov Edward:
Sacudí mi mano después de haber estampado mi puño contra el engreído rostro de Michael Newton. El dolor que sentí en mis nudillos no fue más que parte de la recompensa que sentí tras ese golpe. Llevaba mucho tiempo reteniendo las ganas de darle su merecido, y si Bella no se hubiera puesto delante de mí hubiera encestado otro gancho contra aquel idiota.
—¡Detente ya! —Chilló ella. Sonreí con satisfacción al ver a Michael apretar el punte de su nariz. Borgoñas gotas de sangre fluyeron entre sus dedos, acrecentando mi victoria.
—¡¿Qué problema tienes?! —Gritó Michael en cuanto volvió en sí.
—Te lo merecías estúpido. —Contradije, sintiendo la rabia bullir dentro de mí.
—Las cosas no quedarán así Cullen. —Le hizo una seña a Laura y un par de guardias aparecieron frente a nosotros en cuestión de segundos.
—Lévenselos, a los dos. —Michael me sonrió con superioridad. Quise volver a acercarme a él, pero uno de los guardias sujetó con fuerza mi brazo.
—Muévanse. —Jaló de mí y el otro arrastró a Bella con poca delicadeza.
—No la metas en esto.
—Ella está de tu parte, que asuma las consecuencias. —Antes de poder contestarle nos jalaron con vehemencia y pronto nos vimos dentro del ascensor. En cuanto este se detuvo jalaron de nosotros para sacarnos del cuadrado cubículo y nos llevaron hacia una pequeña sala amueblada solo por un par de bancos largos.
—No intenten hacer una estupidez. —Amenazó uno de los guardias antes de salir y dejarnos solos.
—¿Bella? —La llamé al ver que ella tenía la mirada perdida. Estaba sentada en el otro extremo del asiento que yo ocupaba. —¿Bella? —Sacudí su hombro y ella pareció volver en sí. Parpadeó con fuerza y me miró con atención.
—¿Por qué has hecho eso? —Susurró.
—No pude controlarme, lo lamento. Él se veía tan arrogante, ha hecho tanto daño que…
—Está bien, entiendo tu punto de vista. Solo… No sé que pasará ahora.
—No dejaré que te pase nada. —La atraje hacia mí y deposité un suave beso sobre sus temblorosos labios. —Tranquila, yo asumiré la culpa. —Ella negó con vehemencia.
—Estamos juntos en esto, ¿de acuerdo? —No me dio tiempo a asentir antes de que la puerta fuera abierta con un fuerte golpe. Esta rebotó contra la pared y volvió a ser empujada por el par de guardias que acababan de entrar.
—Edward Cullen, ¿cierto? —Asentí.
—Y tú eres… ¿Isabella Swan? —Bella pronunció un imperceptible "sí". Apreté su mano al ver que no podía dejar de temblar. Estaba realmente nerviosa. —Ustedes están metidos en un buen lío. —Un guardia, el más alto, quitó sus gafas del sol y nos miró con el rostro serio. —No pueden ir por ahí agrediendo a quien les de la gana y menos al dueño de una empresa privada como esta.
—Ella no ha hecho nada, pueden dejar que se marche. —El guardia la miró y alzó una ceja al ver que Bella negaba con la cabeza.
—¿Es así? —Le preguntó.
—No, yo me quedo. —Me miró con el ceño fruncido mientras le hablaba al guardia.
—Bien. —Aceptó más sereno de lo normal. —Si el señor Newton decide poner una denuncia por agresión contra ustedes serán llevados a comisaría y ahí se decidirá su penitencia. Lo más probable es que tengan que pagar una multa. —Ambos asentimos al unísono. —Ahora que eso quedó aclarado quiero una declaración completa de lo que ocurrió.
—Hemos tenido algunos roces, supongo que tan solo perdí los nervios. —Decidí elegir el camino rápido. Cuando el guardia quiso volver a hablar la puerta se abrió nuevamente.
—Señor Newton.
—Déjenme solo con ellos. —Ambos guardias asintieron y salieron rápidamente. Michael cogió una silla y se sentó frente a nosotros. Su pómulo izquierdo estaba empezando a hincharse y su nariz estaba roja y un poco amoratada.
—Este espectáculo no te servirá de nada Cullen. —Apreté mis puños ante la arrogancia que resonaba en la voz de Newton. —Ahora mismo quiero una maldita explicación sobre quien demonios es esa tal Tanya.
—No te hagas Newton, sabes perfectamente quien es.
—¿No te quedó claro o qué? No conozco a ninguna Tanya. —Respiré profundamente, tragándome todas las palabras que quería decirle.
—Es alta, esbelta, con una larga cabellera rubia, ojos azules… —La voz de Bella rompió el silencio. Michael la escuchó con atención y pareció pensar en lo que ella le dijo.
—Hace un tiempo conocí a una mujer con esa descripción, pero no se llamaba Tanya.
—¿Hace cuánto?
—Unos meses.
—¿Cómo se llamaba?
—Espera, espera… Si queréis más información tendréis que decirme de qué va todo este tema. —Miré a Bella indeciso, no sabiendo que hacer en ese momento, no sabiendo si sería correcto contarle todo a Newton. Ella asintió imperceptiblemente y yo apreté su mano entre la mía.
—Hace pocos meses los dos nos encontrábamos en un pub-discoteca junto con otros amigos. Todo estaba yendo perfectamente bien, pero yo salí fuera y Bella se quedó junto a los demás. Mientras estaba fuera me encontré con Tanya y ella me pidió de favor que acercara a su casa a una amiga suya que no tenía como regresar… —Respiré hondamente, sabiendo que contarlo era tan horrible como recordarlo. —Supongo que ver la desesperación de aquella chica y el miedo que tenía de llegar tarde porque sus padres la castigarían fue lo que me llevó a decirle que sí. El camino se alargó bastante porque era lejos y había mucho atasco… El tema es que cuando regresé no encontré a ninguno de ellos, busqué por todos los lados y no vi a nadie. En ese momento Tanya me dijo que me tenía que mostrar algo sobre Bella y yo, aunque con renuencia, acepté. —Apreté mi mano fuertemente alrededor de la de Bella.
—Ella me mostró un vídeo, asegurando que pertenecía a las cámaras de seguridad de las habitaciones del pub. Al principio creí que era una especie de broma macabra pero en cuanto encendió una de las pantallas y el vídeo comenzó a reproducirse erróneamente creí que era verdadero. Allí salía una mujer completamente idéntica a Bella. Llevaba su misma ropa, su mismo peinado… Todo… Era increíblemente parecida… Después entró un hombre, al que ella llamó por tu nombre y bueno ellos comenzaron a… tener sexo. —Cerré los ojos y sacudí mi cabeza, intentando vanamente eliminar los recuerdos de mi mente. Quería borrar ese vídeo de mi cerebro, quería eliminar todo el dolor que sentí en mi cuerpo cuando lo vi. Giré mi rostro y vi a Bella completamente lívida y con la mirada perdida. Nunca hablamos sobre este tema tabú para ambos, y supongo que le afectaba tanto o incluso más que a mí recordar. Para ella sería doblemente duro.
—¿Qué hiciste después? —Noté a Newton muy impresionado.
—Yo bueno… Todo me pareció tal real y estaba tan dolido y enfadado que me fui prácticamente corriendo de esa sala llena de televisores. Fui de nuevo al interior del pub y comprobé que efectivamente ella no estaba ahí. Subí a las habitaciones y sobornando al guarda me dijo que la habitación que yo había visto, la número treinta y cuatro, estaba ocupada y volvió a decirme tu nombre. Todo coincidía, por lo que me lo creí inmediatamente. —Vi como Bella se llevaba ambas manos a los laterales de su cabeza y cerraba los ojos con fuerza. Sus labios estaban fruncidos, como si estara acallando un grito de lo profundo de su garganta. Su cuerpo estaba crispado y tenso. Me asusté automáticamente, no sabiendo que es lo que le ocurría.
—¿Bella, Bella? —La llamé mientras sacudía con delicadeza su cuerpo. —¡¿Bella?! —Segundos después su cuerpo se relajó y suspiró hondamente. —¿Qué ha pasado? —Abrió los ojos con suavidad, parpadeó y me miró con la mirada aún un poco perdida. Su rostro destilaba dolor.
—Tan solo… —Su voz era entrecortada. —Re-recordé esa noche… Todo está tan confuso y oscuro… Cuando eso sucede siento que mi cabeza explotará de un momento a otro. —Masajeó sus sienes con la punta de sus dedos.
—Tenemos que ir al hospital.
—No, no… Nada de eso… Estoy bien… Es completamente normal… Mi cerebro necesita recuperar el orden. —Acaricié sus hombros y ella pareció relajarse más.
—¿Qué es lo que te ha pasado? —La voz de Newton hizo que dejáramos de mirarnos.
—Tuve un accidente.
—¿Fue muy grave? —Michael no salía de su asombro. Sus ojos estaban abiertos como platos.
—Estuve en coma por dos meses. —La respiración de Michael se cortó y nos miró como si tuviéramos cada uno tres cabezas más.
—¿En coma? —Preguntó incrédulo. —Pe-pero…
—No tuve ninguna secuela física, pero mi memoria… Se borraron algunos años de mi mente.
—Por eso no me recordaste. —Bella asintió. —¿Y ahora cómo estás? —Él se notaba realmente preocupado.
—Aparte de no haber recuperado aún la memoria completa todo lo demás está bien. Por suerte no me quedó ningún otro daño. Tan solo me queda esperar a ir poco a poco recordando hasta que mi memoria se recupere del todo.
—¿Y no sabes quién fue?
—No. Lo han estado investigando, pero no hay ninguna prueba. Nadie pasaba por ahí en ese momento, por lo que es muy difícil saberlo. —Contesté ante el desconcierto de Bella.
—Joder… —Pronunció Michael totalmente incrédulo. —Joder… —Repitió…
—Es importante que nos cuentes todo sobre esa chica… Sería de mucha ayuda para nosotros.
—Yo… Bueno… Tampoco sé demasiado. Hace unos meses conocí a una chica así en un bar. Empezó como una relación normal… Presentación, citas y demás… Estuvo desaparecida unos cuantos días, y cuando volvió a contactar conmigo me citó en esa habitación, la número treinta y cuatro. Puedo recordar eso perfectamente. Pensé que la encontraría a ella ahí adentro, pero la habitación estaba vacía y la cama ocupada por una botella fría de champán junto a una nota donde me pedía que la esperara, que me daría una sorpresa. Las horas pasaron y un par después me llamó para que la encontrara en la entrada. En cuanto bajé otra chica me esperaba en su lugar, según lo que me dijo era la recompensa porque la rubia tuvo que irse… —Michael respiró hondo.
—Supongo que fue el alcohol o no sé, pero no me importó en ese momento. Tan solo fuimos a la habitación que había estado ocupando minutos antes. No me importó su identidad, tan solo quería pasarla bien un rato. Yo no sabía que había cámaras ahí adentro… No le di mucha importancia al hecho de que ella supiera mi nombre, intuí que la otra chica se lo había dicho. Como no sabía su nombre me dirigía a ella como linda, pero me dijo que en su lugar la llamara Bella, porque amaba Italia… Como te dije en ese momento no pensaba con los cinco sentidos, luego ella me dio más alcohol y todo lo que pasó está borroso después, no puedo acordarme de nada más excepto de que me pedía que la dejara llevar el control, por lo que ella sabía perfectamente donde posicionarse. —Los ojos de Michael expresaban vergüenza.
—Está bien, está bien… Ahora sé que tú no eres el culpable. —Terminé aceptándolo, no podía seguir echándole la culpa de algo que no había hecho.
—¿Cómo se llamaba la rubia? —Preguntó Bella.
—Emm… Si no recuerdo mal creo que era Tatiana.
—Tiene sentido. —Pronunció Bella. —Eso no fue muy imaginativo de su parte.
—¿Por qué razón ha hecho una cosa así? Es algo realmente fuerte.
—No lo sabemos del todo, tan solo… Cuando lo aceptó y confesó lo que había hecho se excusó diciendo que Bella le había arrebatado su felicidad… Que juró venganza porque yo me enamoré de Bella y no de ella… Alegó que nadie la dejaba de segundona y bueno… Cosas así.
—¿Envidia?
—Lo más seguro es que sí, pero ha llegado a un extremo demasiado alto.
—No tiene sentido del todo. ¿Se puede destrozar una relación con una artimaña tan atroz y meditada? A mí me parece que hay algo más, que ella está ocultado algo detrás de lo que os dijo. —Por un momento me quedé absorto en las palabras de Michael. Él podía llevar la razón claramente, pero era un misterio saber que podía ocultar Tanya.
—No sabemos si ella oculta algo o lo hace simplemente por satisfacción. Ha llegado a límites mucho más fuertes que enseñarle un vídeo falso a Edward, por lo que yo ya me espero todo de ella. Tan solo te pido que si vuelves a tener contacto con ella nos lo digas. Quiero hablar con ella, saber que quiere. Ha estado un tiempo alejada de nosotros, y eso me preocupa mucho más que tenerla rondando a nuestro alrededor.
Mientras hablaba Bella se puso de pie y sujetó las manos de Michael.
—Descuida Bella, haré lo que me sea posible. Tal vez alguno de mis hombres pueda conseguir información sobre su paradero actual. Sé lo importante que es para vosotros hablar con ella, por lo que haré todo lo posible por ayudaros.
—Gracias Michael. Te debemos mucho.
—No tiene importancia, esto bueno… Se curará. —Los tres nos reímos del gesto que hizo su boca al señalar su ojo amoratado.
—Lo lamento por bueno… El golpe.
—Te comprendo Edward. Uno puede perder los estribos en cualquier momento. —Nos despedimos de Michael. Bella le dio un beso en la mejilla y yo un fuerte apretón de manos.
—Una última cosa. —Agregó Michael. —¿Quieres trabajar aún aquí?, tu puesto está todavía disponible.
—Sí, supongo que sí.
—Es tu decisión. —Le susurré a Bella cuando me miró.
—Sé que he sido un estúpido contigo Bella, pero no medí las consecuencias. Lo lamento, por todo lo que pasó en Nueva York. Me gustaría que empezáramos de nuevo.
—Está bien Michael, no pasa nada. Mañana estaré aquí a la misma hora de siempre.
—Puedes tomarte unos días si lo deseas Bella, recuerda que eso fue lo que acordamos después del viaje.
—Oh está bien, te tomo la palabra. —Sonrió tímida.
—Te veré el lunes entonces.
—Bien.
—Todo esto ha sido bastante extraño. —Le dije a Bella mientras entrábamos de nuevo en su casa.
—Sí, demasiado. Al menos ahora sabemos que él no ha tenido nada que ver con Tanya.
—Sí, me he pasado un poco. —Admití avergonzado de mis instintos cavernícolas.
—Tienes un buen gancho. —Bella se dirigió a la cocina y empezó a trastear con las cacerolas.
—A mí me sigue pareciendo muy extraño todo lo que Tanya ha hecho, y creo que Michael pude tener bastante razón. Ella tiene que ocultar algo, algo que la mueve a comportarse de esa manera. ¿Es posible molestarse tanto solo por un amor no correspondido? —Bella me miró mientras se secaba las manos.
—Es una opción, pero no podemos saber que es ese algo. Quisiera hablar con ella por eso.
—Es algo peliagudo.
—Lo sé, no tengo idea de como va a reaccionar ni que hará, pero tengo que enfrentarla. No quiero seguir teniendo miedo y pensar en qué será lo próximo que hará.
—Yo estaré ahí Bella, intentando protegerte siempre. —Me acerqué hacia ella y abracé su cintura por detrás.
—Está imagen me es muy familiar. —Susurró apoyando su espalda en mi torso. Cerró los ojos y frunció levemente los labios. —Realmente eres una buena medicina. —La miré interrogante.
—Siempre que estoy contigo logro recordar algo… Eres esa pieza que le falta a mi memoria para recuperarse del todo. —Se giró con lentitud mientras hablaba y colocó sus brazos alrededor de mi cuello.
—¿Qué has recordado? —Le pregunté con curiosidad.
—Tú y yo como ahora… —Depositó un casto beso en mis labios, tomándome por sorpresa. Le sonreí con amor, perdiéndome en su mirada.
—Me encanta que logres recordar…
—Las predicciones se cumplen, poco a poco mi memoria se está recuperando. —Mi mano se dirigió hacia su cabello, acariciándolo con suavidad. Llevé mis dedos hacia su mentón y elevé su rostro para tener sus labios a mi entera disposición. Comencé a besarla con lentitud, saboreando su boca sin ninguna prisa. Su lengua salió a la acción, haciendo que mi deseo se desequilibrase.
—Umm… ¿Tienes hambre? —Le pregunté separándome de su boca cuando su estómago hizo un gracioso ruido.
—Bastante.
—Deja, yo prepararé algo. —Cogí el cuchillo que había en sus manos. —¿Qué tenías pensado?
—Puré de patatas y carne a la plancha.
—Fácil. —Sonreí con arrogancia y me giré para preparar la comida.
—Bien señor arrogante, yo iré a ponerme algo cómodo.
—Como quieras. —Le dije de manera distraía, totalmente concentrado en no cortarme mientras pelaba las patatas.
—No te hieras en mi ausencia. —Bella se fue riendo mientras desaparecía de la cocina.
—¿Cómo va eso? —Unos quince minutos después volvió a aparecer.
—Aún le queda un poco, empezaré a freír la carne mientras las patatas se cuecen. —Me dirigí hacia la nevera para sacar la bandeja con la carne perfectamente fileteada.
—Estuve trasteando por los armarios y encontré esto. —Me tendió una foto en cuanto terminé de colocar los filetes sobre la plancha. Me acerqué hacia ella, rodeé su cintura con mis brazos y deposité un beso sobre el tope de su cabeza.
—¿Tus padres? —Pregunté con precaución, sin saber qué recordaba de ellos.
—Sí. Me he olvidado de ellos todo este tiempo… Literalmente quiero decir. —Agregó cuando notó la duda en mis ojos. —Mi memoria no se ha visto afecta por ese lado. Recuerdo todo de ellos y bueno sé que hace unos años ya no están. —Los padres de Bella fallecieron hace unos seis años cuando el crucero en el que iban naufragó mientras estaban celebrando su aniversario por el Atlántico.
—¿Emmet aún no te ha devuelto los álbumes de fotos?
—No, ni siquiera me acordé de decírselo. Está foto estaba entre unos jerseys. —La observé. —Por detrás tiene la dirección de nuestra antigua casa, de la cual aún conservo las llaves pero llevo muchos años sin ir a ver como está.
—¿Alguien la cuida?
—Una agencia había contratado a una señora para que la limpiara una vez por semana, pero la verdad no sé si eso seguirá en pie. No he querido volver desde el accidente, todo era muy reciente entonces.
—Entiendo.
—Pero me gustaría ir ahora. Quiero ver como está todo. —Bella hablaba mientras observaba con atención la foto de sus padres.
—Podemos ir cuando quieras. —Ella me sonrió con agradecimiento y se apretó contra mi cuerpo. Hundió su rostro en mi pecho y dejó un beso ahí.
—¿Edward?
—¿Uhh? —Pregunté distraídamente. Estaba entretenido con sus labios.
—La. Carne. Se. Quema. —Habló entre besos.
—¡Diablos! —Me separé de ella como un resorte y quité los filetes de encima de la plancha. Negué con la cabeza mientras escuchaba como ella se reía con ganas. —Me distraes. —Le dije acercándome de nuevo a ella, que ahora estaba sentada sobre un alto taburete. Ella tan solo comenzó a mordisquear su labio inferior mientras negaba suavemente con la cabeza. Elevé su rostro colocando mis dedos bajo su barbilla y la miré con atención. —Gracias por esta nueva oportunidad. —Susurré pocos segundos después de estar observándola.
—No se merecen. —Su voz fue un leve susurro que se perdió cuando nuestras bocas se unieron.
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—¿Crees realmente que Michael está siendo del todo sincero? —Le pregunté mientras estábamos tumbados en la cama después de haber recogido los platos de la comida.
—Quiero fiarme de él, hoy parecía sincero mientras hablaba.
—Lo sé solo que…
—Estás inseguro. —Asentí.
—Quiero ser positiva y creer en que de verdad intenta ayudarnos, sea como sea nos conoce desde antes y…
—¿Desde antes? —Me separé un poco del cuerpo de Bella y me coloqué de lado, apoyando mi cabeza sobre mi brazo derecho para poder observarla mejor.
—El instituto.
—¿Qué? —Fruncí el ceño tratando de recordar.
—¿No te acuerdas de él?
—No.
—Fue un compañero de clase. —Elevé una ceja, intentando hacer memoria.
—Pues no logro recordarlo.
—Bueno tal vez nunca compartiste clase con él, estabas en un curso superior por lo que…
—A lo mejor, porque no logro recordarlo.
—Tuviste un enfrentamiento con él, fue el chico con el que yo salí una noche cuando habíamos discutido porque yo quería más libertad y…
—¿Ese es Mike Newton? —Bella asintió. —Pero él… Ha cambiado mucho.
—Yo no lo sé, no recuerdo eso exactamente. —Sonrió.
—Él era un tipo bastante desaliñado, siempre llevaba el pelo revuelto y lo tenía más claro.
—Ahora dirige una empresa, habrá tenido que cambiar por fuerza.
—Es increíble que lo haya olvidado, en realidad no traté mucho con él en el instituto. Tan solo un par de veces y una de ellas casi llega a pelea, por lo que supongo que me olvidé rápidamente de él. Realmente no se parece nada al que era antes.
—Él me contó lo del enfrentamiento que tuvisteis.
—No le hice nada en realidad.
—Lo sé, pero él se asustó bastante. —Ella rio, contagiándome.
—¿Así que ahora es tu jefe?
—Sí, soy su secretaria personal.
—A pesar de que parece haberse centrado y estar más tranquilo ahora no acaba de gustarme que esté tan cerca de ti. —Gruñí bajito. —No tenía muy buena fama con las mujeres en el instituto.
—Creo que podré controlarlo. —Elevé una ceja.
—No te fíes del todo de él, no todavía.
—¿Estás celoso? —Bella me miró divertida.
—Puede… —Enfurruñé los labios.
—Le daré el beneficio de la duda. Si de verdad quiere podrá ayudarnos con el tema de Tanya.
—Sí, eso lo sé, pero a pesar de todo no me da confianza su cambio repentino. —Esta vez Bella elevó su ceja derecha.
—No te preocupes, sé defenderme. —En rápidos movimientos que me pillaron desprevenido ella se movió sobre la cama y cuando quise darme cuenta se había colocado sobre mi cuerpo. —Yo también puedo ser una chica mala. —Bajó su cabeza y sus dientes mordisquearon mi labio inferior, jalándolo con delicadeza y sensualidad. Me reí ante su tono sugerente de voz.
—Hasta una chica mala tiene su debilidad. —Mis manos agarraron los costados de su cadera y se fueron deslizando por los laterales de su cuerpo hasta posarse sobre su trasero. Su cuerpo se presionó sobre el mío, creando una ardiente fricción entre ambos.
—A las chicas malas les gusta dominar. —Agarró mis manos y elevó mis brazos hasta colocarlas sobre mi cabeza. —¿Sabes? Siempre fantaseé con atarte a los barrotes de mi cama. —Sentí un frenesí devorador recorrer todo mi cuerpo ante sus palabras.
—Puede ser que sea yo el que termine atándote. —Comencé a besar su boca con pasión mientras soltaba mis manos de su débil agarre y las colocaba en su sitio anterior.
—Umm… Suena interesante, pero no ahora. En este mismo momento no puedo esperar más. —Desabrochó los botones de mi camisa con dedos ágiles y veloces.
—Será rápido entonces. —En cuanto la camisa desapareció de mi cuerpo llevé mis manos al borde de la suya y en un solo movimiento la saqué por su cabeza. —Esto no nos hará falta. —Abrí el broche de su sujetador, dejando libres sus pechos y deleitándome al ver sus pezones erguidos y necesitados. Gimió cuando acaricié con cierta presión sus puntas rosáceas y sus caderas se movieron con fuerza, creando fricción entre nuestros sexos aun cubiertos.
—Yo me encargaré de esto. —Abrió el botón de mis pantalones vaqueros y en desenfrenados movimientos logró apartarlos de mis piernas. Pronto el resto de prendas formaron parte de la decoración del dormitorio, quedando ambos piel con piel sobre la cama. Separé mis labios de los suyos y agarré con delicadeza sus mejillas, mirando fijamente sus brillosos ojos, los cuales parecían trasmitir amor en estado puro, un amor que rozaba la devoción.
—Sé que no terminamos de la mejor manera… Tuvimos que enfrentarnos al verdadero dolor para comprender todo el daño que somos capaces de provocarnos. Me equivoqué contigo, te fallé, te herí, destruí lo que nos unía… Todo hubiera sido muy diferente si yo hubiera confiado en ti. Nathy estaría junto a nosotros y no tendríamos que haber atravesado esta situación que nos ha dañado tanto yo… Siento que aún no merezco estar bien contigo, que todo fue demasiado fácil… —Vi sus ojos aguarse ante mis palabras.
—No encuentro la manera de poder recompensar todo este tiempo. Quisiera regresar en el tiempo y pensar antes de actuar tan impulsivamente…
—No… —Colocó su dedo índice sobre mis labios. —Yo ya te he perdonado.
—Lo has hecho, pero no sé cuánto tiempo tardaré en perdonarme yo mismo.
—Todos cometemos errores.
—Pero sabemos cuando parar. Yo llegué a un límite muy alto.
—No… Todo error tiene solución, ambos nos amamos y para mí solo importa eso. —Besó con devoción mi rostro mientras sus dedos se enredaban en mi cabello.
—Eso es lo único de lo que estoy seguro: de que te amo y siempre lo haré. —Gruesas lágrimas surcaron sus mejillas, las cuales sequé con velocidad.
Me enderecé en la cama, quedando sentado sobre esta y con Bella sobre mis piernas. Era una situación extraña, debido a la manera en la que nos encontrábamos. Envolví mis brazos alrededor de su desnudo cuerpo, atrayéndola hacia mí mientras su boca no se separaba de la mía.
—Siempre amor, te amaré por siempre. —Elevé su cuerpo con delicadeza y me introduje en su cálido interior con extremada lentitud, degustando cada centímetro de su cavidad. Su cabeza se elevó a la vez que entreabría los labios y jalaba de mi cabello.
—Ed… ¡Ah! —Nuestros cuerpos comenzaron a moverse en completa sincronía, haciéndonos disfrutar del placer de estar juntos de una manera tan íntima. Su boca buscó la mía, la cual le devuelve un beso hambriento con nuestras lenguas como intermediarias.
—Te lo dije una vez y te lo repetiré cuantas veces haga falta: nada importa, el pasado quedó en el pasado y permanecerá ahí definitivamente. Yo te amo y tan solo quiero pasar el resto de mis días disfrutando a tu lado. —Sus brazos se enredaron alrededor de mi cuello mientras susurraba en mi oído. —Tenemos mucho tiempo para reparar todo el daño causado…
—A mí me basta con tenerte a mi lado de nuevo. —Apreté su baja espalda y el movimiento de nuestras caderas se intensificó. No pudimos articular más palabras cuando el deseo se hizo insoportable, avasallando nuestros cuerpos con potencia. Mordisqueé su cuello expuesto mientras sentía como el clímax nos atacaba con fuerza y al mismo tiempo, en una perfecta sincronización.
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—Páusala. —Pronunció Bella mientras se paraba con velocidad del sofá y se dirigía hacia la entrada de la casa para contestar la llamada del teléfono fijo. Pulsé el botón negro del mando a distancia para detener la película que estábamos viendo y agudicé el oído para poder escuchar que decía.
—¿Información? —Preguntó con incredulidad. —Sí, sé que quedaste en ayudarnos pero ha sido bastante rápido, tan solo han pasado cuatro días desde que hablamos contigo… No, no me molesta, todo lo contrario. —Ella se quedó callada unos segundos. —¿Puedes esperar un momento? —Pareció tocar algunos botones por el ruido que escuché y pronto la vi acercarse de nuevo a la sala de estar con un teléfono inalámbrico en la mano. Me hizo un gesto con sus dedos para que estara atento. —¿Qué me estabas diciendo? —Preguntó.
—Para lo joven que es tiene un pasado un poco oscuro. —Escuché la voz de quien reconocí era Michael hablando a través de la línea telefónica. —Desde muy pequeña se ha mudado a diferentes ciudades en un corto periodo de tiempo. En tan solo un año y cuando tenía diez vivió en cinco lugares diferentes, muchos de ellos alejados por una gran distancia.
—¿Viajaba con sus padres?
—Suponemos que sí, pero es una información que aún no hemos encontrado. No pudo haberlo hecho sola con tan poca edad, pero es incierto si lo hacía con sus padres o con otro familiar. —En cuanto escuché las palabras dichas por Michael supe que estaba hablando de Tanya.
—Ha estado inscrita en varios colegios públicos, muchos de ellos un tanto peligrosos por el lugar en el que se encontraban. Su historial académico no es demasiado bueno desde que cumplió los trece hasta los dieciséis, luego de repente sus notas comenzaron a subir manteniéndose en un nivel bastante alto. Entre los diecisiete y los dieciocho se mudó aquí a Chicago y no hay más datos sobre algún cambio de ciudad. Ha sido bastante difícil encontrar información sobre ella, sus datos están un poco inconclusos y confusos pero al final hemos logrado conseguir tan solo esto.
—Ha tenido una juventud un tanto catastrófica.
—La verdad es que sí, y se le conocen muchas aventuras con hombres la gran mayoría casados y con una edad bastante más alta que la suya.
—¿Casados?
—Sí, exceptuando a un par de ellos el resto todos eran casados e incluso tenían hijos, más en concreto hijas. —Bella arrugó la frente.
—Es extraño.
—Lo es, pero tal vez solo se trate de una cuestión de gustos. Ha tenido relaciones con hombres de su edad pero bastante menos duraderas. De momento solo conocemos eso.
—Te agradezco mucho las molestias que te estás tomando Michael.
—No tiene importancia, después de todo estoy en duda contigo.
—Bueno…
—No le des más vueltas, lo hago de manera altruista.
—Bien, encontraré la manera de devolverte el favor. Nos veremos el lunes en la empresa.
—De acuerdo, te informaré si consigo algo más.
—Bien, gracias de nuevo, hasta luego.
Michael terminó de despedirse de Bella un tanto reticente y esta cortó la llamada casi dejándolo con las palabras en la boca. Por un momento pensé que si no lo hubiera hecho seguiría colgado al teléfono sin la mínima intención de colgar.
—Ella es tan extraña como pensaba. —Habló Bella unos segundos después.
—Lo que más raro me parece es que haya vivido en tantos lugares diferentes. Debe tener una razón de peso para tener que mudarse tantas veces en tan poco tiempo.
—Sí, y de un momento a otro se estableció aquí definitivamente.
—Tal vez buscaba a alguien y al fin logró encontrarlo en Chicago.
—Puede ser, no estoy segura de que pensar.
—No le des más vueltas, tampoco tiene mucha importancia.
—Llevas razón.
Bella me sonrió, después dejó un corto beso en mi boca y volvió a reiniciar la película que habíamos estado viendo. La atraje hacia mi cuerpo y ella se acurrucó a mi lado mientras yo pasaba un brazo por encima de sus hombros y jugueteaba con las puntas de su larga melena.
—¿Estás bien? —Acaricié sus mejillas húmedas.
—Sí-í… —Susurró mientras sorbía su nariz con fuerza. —Marley no debería morir. —Volvió a susurrar refiriéndose al final de la película que acababa de terminar y no de la mejor manera. No supe que decirle, por lo que me limité a acariciar sus brazos mientras se tranquilizaba. —Esta película me hizo pensar en la posibilidad de… —Elevé una ceja imaginando lo que iba a decir. —Quiero un perro. —Me reí ante la ilusión que mostraron sus ojos.
—¿Ahora?
—Bueno, no ahora mismo, pero si en unas… Emmm… ¿Semanas? —Negué con la cabeza.
—Podemos ir a un refugio.
—¿No vas a negarte?
—¿Debería hacerlo?
—Supongo que no… Solo… Tener una mascota es algo increíble pero cuando te encariñas…
—En este tiempo he aprendido que tienes que disfrutar de cada momento que pases junto a ese ser que amas, para luego no arrepentirte cuando no esté a tu lado.
—Adoptaremos un perro. —Asentí. —No puedo creerlo… —Dio graciosos brincos sobre el sofá, y luego nos enfrascamos en una larga conversación sobre los animales y sobre el perro que a ambos nos apetecía adoptar. Sería algo loco por la situación llena de desequilibrio emocional que atravesábamos, pero estaba casi seguro de que nos haría más que felices.
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—Estuve dándole vueltas a lo que hablamos el otro día.
—¿Sobre qué exactamente? —Le pregunté mientras terminaba de ponerme la última camiseta que tenía en su casa, debería ir de nuevo a casa a por más mudas limpias.
—Sobre la foto que encontré de mis padres. —Ella también se puso de pie y comenzó a abrocharse sus pantalones vaqueros. —Me gustaría ir a ver la casa, para saber el estado en el que está.
—Podemos ir cuando quieras.
—¿Te parece bien ahora?
—Sí, terminemos de recoger esto. —Señalé la desordenada cama en la que unos minutos atrás estuvimos dejando fluir nuestra pasión mutua. —Y vamos para allá. —Asintió mientras se acercaba a mí.
—Podemos aprovechar que las sábanas aún están calientes… y divertirnos un poco más… —Agarró la parte inferior del cuello de mi camisa y jaló de la prenda con su mano echa un puño.
—Eres bastante insaciable. —Le dije apresando sus caderas mientras sonreía ladinamente.
—Eres el culpable de eso. —Empujó mi cuerpo con sus dos manos haciendo que cayera sentado sobre la cama. Me apoyé sobre el colchón con las palmas de las manos extendidas…
—Ven aquí. —Tiré de su brazo haciendo que cayera sobre la cama dando un leve gritito por la sorpresa, rápidamente me coloqué sobre ella mientras la besaba con frenesí. —Eres mi perdición. —Le susurré antes de dejarme llevar por el desenfreno de volver a hacerla mía.
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—Es el número veintiocho. —Informó Bella cuando habíamos llegado a la calle en la que se encontraba la casa de sus padres. Era una zona residencial con casas paralelas y de tamaño medio. Parecía un buen barrio, tranquilo y en el cual todos se conocían desde hace varios años. Unas cuantas parejas de avanzada edad caminan por las largas calles llenas de altos y frondosos árboles. Los niños jugaban en una plazuela que había en el centro de la calle, muchos de ellos se mojaban con el agua de la fuente en forma de pirámide que coronaba la pequeña y verdosa zona en la que los niños estaba divirtiéndose, otros muchos correteaban uno detrás de otro y otros pocos comían helados tranquilamente, disfrutando de la compañía de sus padres.
—Es una zona muy familiar.
—Sí, mis padres la eligieron por la tranquilidad que trasmite. —Miró el número que coronaba las puertas de las casas.
—Luego no sé qué pasó, pero mi padre compró un departamento en el centro en el cual pasábamos mucho más tiempo que en esta casa. Nunca lo comprendí, pero a mí me gustaba mucho más esta zona, aunque no les dije nada. Ellos a veces parecían estar nerviosos cuando estábamos aquí, yo sabía que no estaban a gusto por lo que no protestaba cuando íbamos al departamento.
—¿Si compraron otro departamento como es que nunca se deshicieron de este?
—Supongo que por tradición familiar o respeto a mis abuelos. Mi madre heredó esta casa de sus padres.
—Tal vez les gustaba más el otro lado porque era más moderno.
—Puede ser, pero para mi gusto era demasiado pequeño.
—Lo sé. —Dije refiriéndome a que yo había conocido ese departamento.
—Es aquí. —Sacó las llaves de su bolso y abrió con facilidad la puerta, no pareciendo que hubiera estado cerrada durante tantos años. Encendió las luces y para nuestra sorpresa el interior de la casa no estaba como si hubiera estado cerrada y sin habitantes. Los muebles estaban perfectamente colocados de manera asimétrica. No había rastro de polvo o de dejadez sobre las mesas o estanterías, lo cierto es que estaban más que limpias y brillosas. —Esto es raro. —Bella se asombró tanto como yo al ver la luz parpadeante de la televisión encendida…
—¿Alguien está viviendo aquí?
—No, nadie. —Nos dirigimos hacia la cocina, la cual se encontraba bastante alejada de la entrada, y nos quedamos estáticos en la entrada de esta.
—¡¿Qué estás haciendo tú aquí?! —Abrí mucho mis ojos cuando me di cuenta de que no estábamos los dos solos.
—¡¿Qué estás haciendo tú aquí?! —Repitió Bella colérica.
—Eso no te importa Isabella. —Tanya nos miró con altivez. ¿Qué demonios hacía Tanya en la casa de los padres de Bella?
—¿Cómo que no me importa? ¡Estás en la casa de mis padres!
—No grites. —Siseó Tanya.
—¡¿Cómo has entrado?! —Bella y yo miramos expectantes como Tanya nos observaba con diversión, se reía de alguna broma privada y después cogía su bolso dispuesta a marcharse.
—¡¿Qué demonios haces?! —La furia de Bella estaba en estado puro.
—No te importa. —Tanya se puso a la defensiva.
—¿Cómo has entrado? —Preguntó nuevamente.
Tanya abrió la palma de su mano, mostrándonos un juego de llaves iguales a las de Bella. —¿De dónde las has sacado?
—Las he tenido toda mi vida. —Habló enigmáticamente.
—¿Quién te las dio?
—Hay algo que no has comprendido Isabella.
—¡¿Qué?!
—Tengo vía libre para entrar aquí cuando se me pegue la gana.
—No te permitiré volver a entrar, estás ensuciando el recuerdo de mis padres. —Tanya se rio con fuerza y susurró algo así como "patética".
—Parecer ser que nunca te dijeron la verdad Isabella. —Se rio a carcajadas. —Estaré encantada de ser yo quien lo haga. —Volvió a dejar su bolso sobre la encimera de la cocina, meció su cabello y sonrió con maldad. —¿Crees estar preparada para escuchar una verdad que te han estado ocultando durante toda tu vida?
—¿De qué estás hablando? —Apreté la mano de Bella cuando vi que estaba a punto de perder el control de sí misma.
—Algo más que el pasado nos une Isabella, algo más que una destruida amistad… Compartimos sangre Isabella… Somos hermanas.
¡Hello People!
Ya les vengo a dejar un nuevo capítulo, y no tengo nada más que decir que…
¡Sorpresa!
Espero que les guste ese final tan inesperado, queda poco para que se vaya descubriendo todo y entiendan bien el comportamiento de Tanya. No diré mucho más para no aburrirlas. Siento la demora y espero les haya gustado el capítulo, háganmelo saber con un comentario.
Muchos Kisses.
By: Crazy Cullen.
PD: ¿Qué perrito les gustaría que tengan? No crean que es algo ilógico para rellenar el capítulo, hasta él tendrá algo que ver en la historia jajaja.
