New! El cap estaba listo hacía ya algunos días, pero saben que no tengo internet y una cosa y la otra… lo fuera tenido antes, además, pero estuve ocupada…
Quiero saber sus opiniones, si son tan amables de dejármelas en un comentario… agradezco a todas las personas que se molestan en entrar y leer mi fic, espero que les guste!
A leer!
Sinceramente, había esperado más discusión y largas retahílas del porque no podía estar regalando cosas como si fuera una organización benéfica, pero Kaiba había estado más complaciente de lo normal. Mai estaba segura que, si le fuera pedido medio millón de dólares, él se lo habría dado; claro, si le daba la excusa de que se trataba de ayudar a Tea y Yami a estar juntos.
Noto al castaño más distante de lo normal ¿O sería más correcto decir "distraído"? lo hoyo suspirar al menos media docena de veces, miraba su celular de manera ansiosa con frecuencia, al igual que el reloj en la pared sobre la puerta de entrada a la oficina. Era obvio que Kaiba quería salir corriendo de allí. Para Mai eso estaba bien, ya tenía las entradas para la Cena de Beneficencia de Corporación Kaiba, y no había tenido que gastar ni un centavo.
-¿Cómo un sujeto que ya no pasa ni la mitad de una jornada laboral en su oficina, puede seguir ganando tantos millones al día?- pregunto, en su típica forma nada discreta.
Los ojos azules, duros como el acero, de Seto se posaron en ella. El ceño fruncido profundamente.
-Luego de todos estos negocios de ganancias obviamente unilaterales que van solo a tu favor, creo que hemos creado algo de confianza entre nosotros ¿me equivoco? - el muchacho entrelazo los dedos y apoyo el mentón sobre ellos, luciendo más como el director de una gran y prestigiosa compañía y menos como un pobre desdichado.
-Quieres decir que luego de todos estos planes secretos en los que te he involucrado para hacer terminar a Yami y Joey para poder juntar a Yami y Tea, tienes el derecho de confiar en mí ya que no me has delatado frente a tu mejor amigo ¿correcto?- ella se cruzó de brazos y arqueo una ceja.
-Correcto.
-Entonces sí, creo que estamos en confianza.
El asintió en silencio, dirigiendo su mirada al escritorio, como pensando en sus siguientes palabras. A simple vista era muy obvio que no era el tipo de personas que solía decir lo que sentía o pensaba, mucho menos si eran cuestiones más íntimas. Tea le había contado que la situación de confianza entre Kaiba y el mayor de los Mutou no se había desarrollado de buenas a primeras, según propias palabras del tricolor, si no que habían tenido que pasar años y varios incidentes para que Seto pudiera realmente confiar en Yami.
-He pensado en entrar a la subasta que estoy organizando, esperando poder conocer a alguien que me ayude a sacar a Kisara de mi cabeza.
-Es el plan más estúpido que se te pudo haber ocurrido.
-Eso mismo creí yo.
Guardaron silencio nuevamente. Para decir algo que no serviría, Mai prefería quedarse callada, era algo que había aprendido a las malas luego de varias meteduras de pata durante su vida.
-Enamorarme es lo más imbécil que pude haber hecho.
Mai sonrió levemente ante la confesión que hizo el castaño. Era un tipo frio, egoísta y hasta envidioso, pero a final de cuentas era algo que hacia solo para aparentar y alejar a las personas indeseables. La rubia tenía pensado decir algo reconfortante, pero de sus labios las únicas palabras que salieron fueron:
-Pues ya somos dos.
Esta vez Seto si la miro con atención. Ella no podía creer que lo fuera dicho en voz alta, su cara se tornó roja e intento no pararse de golpe de su asiento y salir corriendo.
Kaiba soltó una risa, y sonriendo, le pregunto:
-Entonces ¿Esta ayuda es de verdad para Yami y Tea, o tu solo…?
-No intentes burlarte de mí, Kaiba- lo cayo con un siseo amenazante. Mai se sentía avergonzada, y eso a su vez hería su orgullo- mi deseo que Tea sea feliz con Playboy es sincero, y nunca pondría mis deseos personales antes que esto.
-¿No estarías siendo egoísta contigo misma?
-¿Y tú no lo estas siendo contigo y con Kisara al no hacer nada, solo por miedo de la reacción de tu hermano?- mencionar a Mokuba pareció molestar a Seto, pero Mai continuo antes de que él le interrumpiera- ¿Cuántas chicas le han gustado a Mokuba a sus 17 años? ¿Y cuantas te han gustado a ti?
-Heriría a Mokuba.
-Terminara herido de cualquier manera- Mai estaba frustrada con ella misma por haber ido a soltar la lengua frente a Seto, y además de enojada con él, daba como resultado que su lengua filosa fuera aun peor- si se lo dices, se enojara contigo por quitarle a la chica que le gusta; si no se lo dices, el tarde o temprano terminara confesándole sus sentimientos a Kisara, quien lo rechazara porque está interesada en ti o sino, él nunca le confesara nada a ella, su cobardía le dolerá, tu no intentaras nada para estar con Kisara y ella se quedara esperando por ti de cualquier manera.
¿De verdad Seto, siendo todo un genio, no había pensado en esas posibilidades? Para Mai estaban más que obvias, solo había un camino, en su opinión, para que al menos la mayoría saliera ganando…
-SI Mokuba se le confiesa, quizás ella podría aceptarlo, olvidarme. Serian felices los dos.
-Conoce a Mokuba hace más tiempo que a ti, y aun así te escogió. Además ¿crees que una chica se olvida de sus sentimientos tan fácil? ¿Crees de verdad que ella intentara olvidarte, usando a tu propio hermano? - el parecía un volcán a punto de estallar, su rostro estaba rojo y sus cejas casi se volvían una sola. Ella no tuvo problemas para terminar de echarle sal a la herida- ¿A caso eso es lo que quieres, Kaiba?
-Largo.
El giro la silla hacia el gran ventanal, dándole completamente la espalda e ignorándola. Ella llevaba las entradas que había ido a buscar en la cartera, sus objetivos allí ya estaban cumplidos. Obviamente, discutir no había sido una de ellos.
¿Por qué empezamos a discutir, en primer lugar?
…
Rebecca nunca había tenido vergüenza de decirle a las personas de quien estaba tan enamorada ¿Por qué habría de avergonzarla decir que le gustaba Yugi Mutou, quien era un chico tan dulce, considerado, lindo, amable, paciente, divertido y muchas otras cosas que tardaría mucho tiempo en enumerar? Sin mencionar que era el hijo menor y heredero de una de las familias más adineradas de Ciudad Domino y, casi, del país. Pero, sinceramente, para ella esas eran nimiedades sin ninguna importancia.
¿Qué demonios le importaba a ella conseguirse un novio millonario cuando ella tenía tanto dinero en el banco? Y eso que ni siquiera era mayor de edad.
El caso, no le avergonzaba en lo absoluto decir quien le gustaba, por lo tanto, le interesaba aún menos decírselo a su abuelo para que este le firmara el cheque el día de la subasta, cuando pensaba comprar esa cita con Yugi a como diera lugar.
-¿No te parece un poco desesperado comprar una cita, Rebecca?- trato de razonar Arthur.
Solo se ganó una mirada extrañada de su nieta.
-No lo hago por la cita, abuelito. Por mí, podría esperar hasta que Yugi deje de ser tan tímido y me invite a salir por su propia cuenta- la rubia estaba bastante segura que ese día llegaría- simplemente no puedo permitir que otra chica se lleve a mi Yugi a una cita ¡Quien sabe que barbaridades podrían hacerle!
Barbaridades. Arthur no quería profundizar en esa afirmación.
-¿Y cuánto estas dispuesta a gastar?
-Lo que haya en mi cuenta bancaria.
-No lo dirás en serio- el señor rio, pensando que era una broma bastante divertida. Pero supuso que no era así, si Yugi estaba metido en el asunto, entonces no eran ningunas bromas las que hacia su nieta- no puedes usar tu cuenta por ser menor de edad…
-¡Por eso necesito que firmes el cheque en mi lugar! Si tú lo haces entonces si se puede.
Rebecca lo miro con sus grandes ojos verdes suplicantes, sin parpadear, solo ocasionalmente cuando quería batir sus pestañas adorablemente. Sabía que su abuelo era completamente débil ante ella, suplicando. No por nada era su querida nieta favorita.
Además, ¿Por qué su abuelito no querría esa cita para ella? Sabiendo ya todos los sentimientos que albergaba ella en su pequeño cuerpo, y el tiempo que llevaba enamorada del Mutou, nada la haría más feliz que poder estar con él. Y el bono era que el chico era nieto de Solomon, su mejor amigo desde hacía muchísimos años ¿no debía ser un sueño hecho realidad, o algo por el estilo? Sus nietos podrían terminar casados incluso ¡Y darles bisnietos!
Rebecca estaba muy segura que ese tipo de cosas debían hacer feliz a su abuelito.
-Yugi es un buen muchacho, no tengo nada malo que decir al respecto de el- Arthur sonrió, previendo la reacción de su nieta ante lo siguiente que diría- está bien, te acompañare a esa subasta y firmare por ti…
Rebecca dio un chillido tan fuerte y estridente que ni siquiera Arthur termino de oír lo que el mismo dijo. Ella se abalanzo entre sus brazos, más que contenta.
Estaba ansiosa porque llegara el día de la subasta.
…
Kisara estaba seriamente aburrida.
Le aburrida el internet y sus redes sociales, la televisión y las películas, los videojuegos o los juegos de mesa, ni hablar de la idea de hacer algo "al aire libre", como le había propuesto su padre ¿Se podía considerar actividad al aire libre sentarse en el jardín a mirar a las hormigas hacer migajas una galleta que cayó en el césped?
Era lo único que había estado haciendo la ultima hora.
Y sus hermanos tampoco eran motivos de entretención.
Bakura no se encontraba en casa, por lo que no podía decirle para salir a dar una vuelta, o al menos jugar una mano de cartas donde ambos podrían hacer todas las trampas que quisieran; lo que es igual no es trampa era su lema cuando jugaba cualquier cosa con él. Y Ryou estaba demasiado ocupado hablando por celular con Emma para siquiera mirarla.
Suspiro.
Tampoco ahondar en sus propios pensamientos era una opción viable. Lo único en lo que podía pensar era en Seto y su actitud de Hoy me gustas, pero creo que mañana cambiare de opinión. No lo sé, no llames, nosotros te llamaremos o algo así, ya estaba confundida. Sentía que el sentía algo por ella como lo que ella sentía por él, pero no podía estar segura de sus sentimientos porque no era capaz de preguntárselos.
Si solo él le fuera dado aquel beso…
-Kisara ¿estás bien, cariño?- su padre la miro, extrañado- te ves preocupada.
-No es nada- ella lo miro, tratando de sonreír. Le pareció raro ver a su padre en el jardín, el lugar de la casa que menos visitaba- ¿paso algo?
-No lo sé- se encogió de hombros, con cierta gracia- pregúntale a tu madre, me pidió que te llamara. Está en el despacho.
-¿Sera algo malo?
-Cuéntamelo cuando vuelvas.
Pues si su padre no sabía, era porque su madre lo quería así. Y eso le preocupaba. Su madre no era buena planeando cosas por su cuenta.
No se molestó en tocar antes de entrar, su madre era alguien con los nervios de punta el 80% del tiempo, se asustaría menos abriendo la puerta de golpe que tocando antes de entrar. Su madre la miro, una sonrisa entendiéndose en su muy bien maquillado rostro.
-Kisara, cariño, ven y siéntate.
Ignoraron completamente el gran escritorio, mueble que reinaba en la habitación y se acomodaron una frente a la otra en un juego de sofás frente a la chimenea. En ese momento estaba apagada, pero en invierno, cuando hacía más frio, la encendían y esto le daba un toque más acogedor al serio y simétrico despacho de sus padres.
-¿Sucedió algo, mamá?- pregunto la albina, tratando de lucir relajada, como Bakura le había enseñado.
Los depredadores huelen el miedo. Trata de lucir siempre lo menos culpable posible, aunque no hayas hecho nada. Esto los confundirá, no podía negar que su hermano mayor tenía el pensamiento de un recluso de alto riesgo. No había más opción que quererlo, así como era.
-Tengo una sorpresa para ti- canturreo la mujer, hurgando en su cartera.
Kisara había conocido muchas familias adineras, unas de Ciudad Domino y otras que venían de visita o cuando ellos mismos viajaban. La mayoría solían estar conformadas por personas que parecían pensar que el mundo era un lugar demasiado indigno para que ellos lo pisaran con sus zapatos de miles de dólares; otros pocos eran como el abuelo de Rebecca y Emma. Y sus padres.
Generalmente eran una pareja dispareja. Ella más joven que él, aunque ambos ya entrados en años para esta fecha; el, serio y pensador, pero amable; ella, un poco tonta y superficial, pero cariñosa y de buenos sentimientos. Kisara no estaba segura de cómo se entendían esos dos, sin embargo, estaba feliz con los padres que le habían tocado.
Salvo por la vez que intentaron comprometerla, sus padres siempre habían sido muy atentos con ella, queriendo que estuviera feliz.
La albina temía que este fuera un intento de su madre por hacerla feliz, pero a su manera.
La mujer al fin encontró lo que buscaba, de la cartera saco un sobre, vacío su contenido y se lo paso: una serie de fotos de chicos, todos muy guapos y otros conocidos.
-Mamá, ¿esto para que…?
-He decidido comprarte una cita con alguno de estos chicos afortunados- interrumpió la mujer, sin poder contener la emoción.
-¿Tu qué?- Kisara tuvo su rostro ardiendo en segundos.
-Supongo que oíste de esa subasta que se hará por caridad y yo no-se-que-cuento-mas- claro que Kisara sabía, Seto estaba detrás de toda esa organización- pues tengo mis contactos y me han enviado las fotos de los candidatos; todos ellos son de buenas familias… o son muy apuestos. Pensé que quizás alguno de ellos podría gustarte ¿Qué me dices?
La joven sintió la necesidad de hacer saber su negativa inmediatamente, pero su madre lucia de verdad alegre con la idea y no podía simplemente decir que no sin siquiera mirar las fotos. Así fuera solo por educación.
Paso una por una. No negaba que los sujetos en ellas eran de verdad atractivos, otros se veían simpáticos y uno que otro tenía el típico look de tipo frio rompecorazones; esos fueron los primeros en ser descartados, aunque no tuviera pensado aceptar. Encontró las fotos de Tristan, Duke, Yugi, Joey y Yami. A este último se le quedo observando unos minutos.
-¿Alguno llamo tu atención?- pregunto su madre emocionada, notando que ya no estaba pasando las fotos para mirar a uno en específico- oh, ese es hijo de los Mutou ¿no es así?- pregunto la señora, reconociéndolo- he oído muchas cosas de él, ninguna muy buena que digamos. A sus padres no les gusta ni mencionarlo, seguramente es un sujeto problemático…
-Yami no es mala personas- la interrumpió en seco, frunciendo el ceño con molestia.
-¿Tu de donde lo conoces?- inquirió su madre con curiosidad.
-Es el hermano mayor de Yugi, el chico que le gusta a Rebecca- contesto Kisara, con obviedad.
Siguió mirando las fotos, ignorando la presencia de su progenitora. Era muy molesto el hecho de que esa mujer prefiriera guiarse por los chismes y las malas lenguas. Encontró algo interesante: las fotos de ambos hermanos Kaiba. Su corazón se aceleró al ver el rostro de Seto entre los chicos con los que podrías comprar alguna cita. No se lo había esperado.
Sin embargo, actuó indiferente cuando se dirigió a su madre.
-No me interesa una cita con ninguno de estos chicos- al ver como el rostro de la mayor comenzó a decaer, agrego: - pero si quieres comprar la cita, es tu asunto y tu dinero.
-¿Alguno que te…?
-Lo dejare a tu buen juicio- asevero. Kisara escarbo entre las fotos y tomo una- ¿me puedo llevar esta? - le mostro a su madre la foto de Yugi Mutou- es para mi amiga Rebecca.
-Claro, cariño, puedes dársela.
-Bien, gracias. Me retiro.
Kisara salió del despacho, su madre no le despego el ojo en ningún momento. Cuando la albina se hubo ido, la mujer tomo de nuevo el grupo de fotos y las reviso. Sonrió ampliamente; no solo faltaba la foto del menor tricolor, sino también la de uno de los Kaiba.
…
Tea había esperado ansiosa esa condenada subasta. Estaba lista y bien arreglada para asistir a semejante evento de caridad, a sabiendas que era de Kaiba seguro sería algo muy grande. Había tomado todos sus ahorros y los de Mai, los reunieron y con ellos estaban dispuestas a comprar a Yami. No podía creer que se había dejado convencer, pero para su mayor sorpresa, el valor de hacer su oferta no había mermado ni un poco.
Esperaba ser la ganadora esa noche.
Yami se había marchado hacía rato, pues tenía que estar previo al evento para arreglar algunas cosas según el organizador: Kaiba.
Estaba bastante nerviosa porque, fuera de la subasta y la posible cita que tendría con Yami, también estarían los padres de el en aquella velada. Tea los había conocido con anterioridad, desde que estaban en la escuela; nunca habían sido los más amables, pero la habían aprobado como amiga de Yugi. Recordaba incluso una ocasión en la que le preguntaron, sin que el Mutou estuviera allí, si es que acaso pensaba casarse con el cuándo fueran mayores.
Tea pensó en ellos durante mucho tiempo, y llego a la conclusión de que sería ridículo. Yugi solo era su mejor amigo, y eso fue lo que le contesto a los señores Mutou. Ellos parecieron un poquito decepcionados; hasta que se enteraron que la nieta del millonario arqueólogo, Arthur Hopkins estaba interesada en su pequeño.
Y Tea en lo único que podía pensar era que, todos esos años siendo amiga de Yugi y desconociendo completamente la existencia de su hermano mayor.
Era algo que la entristecía por momentos, pensar en todo ese tiempo que habían perdido sin conocerse. Pero quizás, pensaba ella luego, no había sido su momento. Tal vez el destino quería que se conocieran ahora, ya adultos y sin la influencia de nadie que pudiera dañar su amistad.
Salvo ellos mismos, y los sentimientos que guardaban por el otro.
Como el hecho de que posiblemente él no tendría arreglo, que solo la querría como una buena amiga y ella tendría que quedarse con todos sus sentimientos para ella sola. Pero se había propuesto, con la ayuda y apoyo de Mai, a cambiar eso.
Conseguiría esa cita con Yami a como diera lugar y haría hasta lo imposible para que él se enamorara de ella.
Siendo que ella ya estaba enamorada ¿Qué tan difícil podría ser trasmitirle sus sentimientos?
