XXV
Edward se preguntó si alguna vez volvería a toparse con caras familiares en aquel mundo.
-Edward Elric, ¿Comprende las acusaciones que se hacen en su contra?
Los primeros meses rogaba con vehemencia encontrarles, a pesar de que ellos jamás serían sus viejos amigos, con sus rostros cerca podría aferrarse a su pasado que día con día se le escapaba de las manos.
-¿Dónde está Alfons? Si le han hecho algo...
-No convierta su valentía en estupidez, no está aquí para hacer amenazas. Su amante estará bien...¿Sorprendido, acaso imaginó que no seríamos capaces de adivinar la relación que existe entre ustedes?
Luego, apareció Alfons, el parecido con su hermano Alphonse no sólo era formidable, también sus corazones eran igual de generosos. Sin embargo, fue el mismo joven alemán quien le enseñó que podía amar ese mundo, no por sus recuerdos, sino por lo que era.
-Nos van a matar, ¿Por qué tanto juego?- Edward no se amedrentaba y menos frente a ese rostro familiar.
Hubo muchos rostros familiares después de Alfons, enemigos, amigos; importaba poco que el tipo de relación que había tenido con esas personas en su mundo, no eran más que simples desconocidos.
-Siempre hay ventanas abiertas, si presta más atención notará que justo ahora tiene una frente a usted.
Edward rechinó los dientes, sólo podía describir a ese hombre con una sola palabra: pedante. Seguramente ese hombre sabía cuan molesta podía ser su actitud, debía estar disfrutando el momento, siempre había disfrutado de humillarlo.
Esa persona frente a él no era Roy Mustang, Edward lo sabía muy bien .
Y aun así le irritaba como el verdadero.
