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Los primeros rayos de luz empezaron a entrar por la ventana haciendo que los ojos de Castle se abrieran poco a poco. Se encontró a su musa, sentada en el borde de la cama, mirando por la ventana, pero sin enfocar a ningún sitio en concreto. Se incorporó un poco y vio como una lagrima caía de su rostro. Se acercó a ella por detrás, despacio para que no le sintiera y la abrazó pasando sus manos por las caderas que tanto le gustaban. La detective no le esperaba y se sobresaltó al notar como la abrazaba.
Rick – Kate cariño… ¿Qué te pasa?
Kate – Nada Castle, vuelve a dormirte – Dijo levantándose de golpe y limpiándose las lágrimas con la palma de la mano. Pero, cuando se giró para mirarle a la cara, se encontró con unos ojos azules que la observaban con la mayor dulzura posible – Mi madre – Soltó de repente. Aquella mirada era demasiado y siempre podía con ella. Era como si él supiera exactamente que no podía esquivarla – El estar aquí me trae tantos recuerdos – Dijo mientras una lagrima volvía a escaparse de sus ojos.
Rick – Kate…
Kate – ¡No! Tengo muchas cosas en la cabeza y siento que me va a explotar – Dijo pasándose las manos por el pelo – Tengo que estar pendiente de Alexis, cuidar de mi hermano, planear todo para que salga bien y mientras tanto intentar no recordar a mi madre pero es imposible – Dijo alzando un poco la voz.
Rick - ¿Estar pendiente de Alexis? – Entonces ella supo que había metido la pata.
Kate – Si, no es nada importante pero es la más joven de nosotros – Dijo intentando disimular. El escritor sabía que estaba mintiendo pero prefirió dejarlo pasar por el momento, ya estaba sufriendo demasiado con su madre.
Rick – Si quieres que nos vayamos, podemos. Compraré los billetes y marcharemos hoy mismos de vuelta a Nueva York.
Kate – No, no quiero arruinaros vuestras Navidades.
Rick – Y no lo harás.
Kate – Pasaremos las Navidades aquí – Se fue al cuarto de baño que había nada más salir de la habitación girando a mano derecha. Cerró la puerta de golpe y se acercó al lavabo. Se miró al espejo, tenía los ojos rojos. Abrió el grifo, se lavó la cara y se volvió a mirar al espejo. "¿Qué estoy haciendo?" Se dijo así misma. "Debería de estar disfrutando de las Navidades en vez de estar aquí encerrada en el baño llorando" Se volvió a lavar la cara, se secó con una toalla, respiro hondo un par de veces y cuando estuvo más tranquila, abrió la puerta del baño y se dirigió a la habitación. Cuando entró, se encontró a Castle ya vestido y haciendo la cama.
Kate – Hola – Dijo casi en un susurro.
Rick – Hola – Dijo mientras se acercaba a ella - ¿Estas mejor?
Kate – Si… Siento haber salido así de repente.
Rick – No pasa nada – Dijo abrazándola.
Kate – ¿Me visto y vamos a desayunar? – Preguntó mientras se acercaba a sus labios. El escritor asintió con la cabeza y junto sus bocas. Cuando se separaron, la detective se vistió y él termino de hacer la cama – Yo ya estoy – Dijo mientras se miraba al espejo para arreglarse un poco el pelo.
Rick – Y esto…- Dijo mientras ponía la almohada – Ya está terminado, vamos.
Salieron los dos del dormitorio y se dirigieron a la cocina. Mientras cruzaban el pasillo, Beckett se fijó en que todos estaban despiertos dado que las habitaciones tenían luz. Llegaron a la cocina y la detective entró seguida de su escritor. Se encontraron a Jenny y a Ryan junto a Esposito y Lanie y a Avril, pero no había rastro ni de Aarón ni de Alexis
Kate – Hola chicos – Dijo acercándose a la mesa donde estaban todos sentados.
Rick – Hola – Dijo siguiendo a su musa.
Lanie - ¡Cielo! ¡Chico-Escritor! Ya era hora de que os levantarais ¿no?
Kate – Si… oye, ¿Dónde está mi hermano y Alexis?
Avril – Se han ido a comprar el desayuno. Iba a ir Aarón solo, pero Alexis le pidió que si podía ir con él para ver el pueblo.
Rick – Tenía mucha ilusión por venir a España, es su sueño desde hace varios años. Oh y Lanie, es Hombre-Escritor – Dijo mirando a la forense con malicia.
Kate - ¿Y por qué no la has traído nunca?
Rick – Yo no conozco este país y me daba miedo que pasara algo.
Kate – Oh… ¿No habéis desayunado ninguno todavía?
Jenny – No, nos hemos levantado hace nada.
Kate – Vale. Voy a llamar a Aarón para ver cuánto van a tardar – Dicho esto, sacó su móvil y marco los números.
1 tono...2 tonos…3 tonos…
Kate – Hola.
Aarón - ….
Kate - ¿Cuánto os falta?
Aarón - ….
Kate – Oh, te lo ha contado…
Aarón - ….
Kate – Si, todas las mañanas o casi todas.
Aarón - ….
Kate – No, no hace falta pero si te necesito no te preocupes que te avisare.
Aarón - ….
Kate – Vale, voy preparando el resto del desayuno. No tardéis.
Aarón - ….
Kate – Adiós – Cuando colgó, se dirigió otra vez a sus amigos – Están al llegar, ¿me ayudáis a preparar el resto del desayuno?
Jenny – Claro.
Lanie – Dinos que hay que hacer.
Kate – Vale. Espo, Ryan, iréis poniendo la mesa mientras nosotras nos ocupamos de la comida. El mantel está en el cajón que hay en la mesa y las servilletas en el de al lado. Los platos están aquí – Dijo señalando un armario que había encima de la cocina – Y los cubiertos aquí – Dijo abriendo un cajón donde había todo tipo de cubiertos.
Espo – Entendido jefa.
Ryan – Ala, manos a la obra – Y los dos marcharon a la mesa donde minutos antes estaban todos sentados para empezar a colocar los utensilios.
Kate – Vale, en el frigorífico tiene que haber dos bricks de leche, una sin lactosa y una normal, ¿me las puedes pasar Avril? – Dijo mientras se ponía de puntillas para coger las tazas de leche.
Avril – Claro – Abrió el frigorífico y saco los dos brick - ¿Tendremos para todos con solo esto?
Kate – No, en la despensa – Dijo señalando una puerta que había antes de salir al hall – Hay más, saca otros dos.
Avril – Voy – Dijo depositando los dos brick de leche fríos en la encimera. Se metió en la despensa y a los pocos segundos salió con dos bricks más.
Kate – Gracias. Lanie, vete sirviendo la leche en las tazas y según las hayas llenado, las metes en el microondas para calentarlas, a mi hermano échale leche sin lactosa.
Lanie - ¿Por qué?
Kate – Es intolerante a la lactosa. ¿Avril, Jenny, me acompañáis un momento?
J&A – Claro – Las tres salieron de la cocina y subieron las escaleras de caracol. Una vez en el piso de arriba, había 5 direcciones. Una, volver a bajar las escaleras, otra ir a la izquierda y entrar en un cuarto de suelo de corcho donde la detective y su hermano jugaban de pequeños, otra era el baño que estaba nada más subir las escaleras en frente, otra era a la derecha todo recto, un pequeño cuarto donde había una cama y una televisión donde había otra puerta que daba a la terraza la cual conectaba con la última sala que se encontraba según subías las escaleras, a la derecha también. Esta última estaba llena de todo tipo de ordenadores. Beckett giro a la derecha y justo antes de entrar en la habitación con la cama y el televisor, en la pared izquierda había un armario empotrado. Le intento abrir pero estaba cerrado con llave.
Kate – Mierda…
Avril - ¿Qué pasa?
Kate – Está cerrado con llave.
Jenny – Y no sabes dónde está.
Kate – Exacto – Dijo llevándose una uña a la boca – Donde la pudieron meter…
Avril – ¿Guardaban algo especial como para cerrarla con llave?
Kate – Los regalos de Navidad. Cuando éramos pequeños, mi hermano y yo siempre buscábamos los regalos y al final los encontrábamos así que decidieron guardarlos aquí y cerrarlo con llave para que no les cogiésemos. Siempre después de Navidad nos decían donde habían guardado la llave y al año siguiente la escondían en otro sitio diferente. Pero como mi madre murió el 9 de enero, justo después de Navidades y mi padre se esfumó nunca nos llegaron a decir donde la metieron…Aunque, ahora que lo pienso puede que la pusieran… Si, tiene que estar ahí – Dijo mientras se metía en el cuarto de los ordenadores. Se agacho al lado del escritorio de madera que había y quedó en frente de un armario cerrado también con llave. De entre dos libros, saco una horquilla de pelo que dejó cuando era pequeña, con la forma de la cerradura, la metió dentro, la giro un par de veces y abrió el armario. Dentro había varias cajas de madera, algunos paquetes envueltos y varios libros y CDs, todo lleno de polvo. Sacó las cajas de madera y miró dentro pero no había ni rastro de la llave – Aquí tampoco está…
Avril – Tranquila, ya verás como la encontramos.
Kate – Si – Dijo con una sonrisa. Se fijó en uno de los libros. Miguel Delibes. Le cogió con mucho cuidado y soplo para quitarle el polvo de encima – Sabéis, a mi padre le encantaba este autor – Dijo alzando el libro para enseñarlas el libro. Y para sorpresa de las tres, una llave cayó de dentro del libro - ¡Aquí estaba! – Dijo mientras la cogí y se dirigía al armario para abrirle. Cuando metió la llave para abrirle, negó con la cabeza y una sonrisa se asomó por sus labios – Típico de papa…
