Bueno, empieza el desenlace de esta historia. No canten victoria, porque nuestras chicas van a estar separadas una larga temporada, y ya sabemos por qué. En mi opinión comienza lo más crudo de esta historia, o por lo menos yo lo viví así cuando lo leí. Me comía las uñas por cada nuevo capítulo. A ver vosotras. Ah, es un capítulo bastante largo.
En las tinieblas
Emma se pasó una mano por la frente y miró su reflejo en el espejo. Estaba pálida, sus ojos verdes estaban traslúcidos y ni siquiera su maquillaje conseguía esconderlo. Tenía pinta de la típica mujer de negocios, los cabellos recogidos en un elegante moño, una falda ajustada que le molestaba al más mínimo paso-se preguntaba cómo Regina podía llevar esas ropas tan poco cómodas- la blusa que ella le había regalado a la vuelta de París y que había llevado durante sus exámenes, y una chaqueta a juego con la falda; por otro lado los tacones altos la hacían sufrir. No se parecía en nada a la joven estudiante que amaba reír y charlar delante de un helado de vainilla espolvoreado con canela. Se lavó las manos intentado mantener la calma. Alguien entró tras ella, haciéndola sobresaltarse. Desde que los medios habían divulgado el caso, ella no dejaba de ser acosada en cuanto se encontraba sola.
La situación en la que se encontraba hoy no la hubiera podido imaginar seis meses atrás. Cuando habían sido llevadas a la comisaría para ser interrogadas, evidentemente habían sido separadas, pero algo inesperado se había producido. Emma se había hundido en un profundo mutismo y no había respondido a ninguna pregunta, y si los investigadores habían creído al principio que era una treta para evitar el calabozo, tuvieron serias dudas cuando ella literalmente cayó al suelo desmayada. Desplazados de urgencia al hospital, no dudó más tarde que los policías informarían a Regina para meterle más presión en sus hombros. Cuando Emma había despertado tres días después, era demasiado tarde. Su abogada, contratada por August, le había puesto al día del giro que había dado el caso y Emma no se lo había podido creer.
Regina había confesado ser la autora del disparo mortal, y el proceso había comenzado, los investigadores estaban demasiado felices por acorralar a la culpable. La abogada de Emma entonces le había dicho que era inútil contradecir las declaraciones de la morena, pues eso solo le perjudicaría más. Sin embargo, hubo que esperar a que el caso fuera presentado ante la Corte para que los medios se inflamaran. Muchos habían denunciado el hecho de que la testigo presencial en la escena del crimen podía ser perfectamente la cómplice, mucho más si ese testigo era cercano a la asesina. La relación de las dos jóvenes no tardó en estallar por todo lo alto, la policía había dejado que la investigación «se filtrara». La foto de Emma y Regina en vestidos de fiesta delante de la puerta de la mansión había sido plasmada en todos los periódicos y las teorías se encadenaban…«Regina Queen, una manipuladora que bien habría podido incitar al cisne al crimen» «¿Quién es la misteriosa Emma Swan?» «¿Black Swan?» Todo había pasado y extrañamente el crimen había pasado a segundo plano, el caso de corrupción de menores también, por cierto. Ya no se hablaba más que del hecho de que las dos mujeres estaban enamoradas la una de la otra, las revistas de cotilleo habían esparcido la información, alumnos que ellas no conocían contando su historia, los movimientos homófobos tirándose encima de las asociaciones LGBT. Emma había sido seguida por los periodistas, pero al ver que no sacarían nada, habían abandonado rápidamente.
La prensa escrita así como los platós de televisión se habían encarnizado sobre el suceso, todo se basaba en el hecho de que Emma estaba presente en la escena del crimen, pero que estaba allí por casualidad, teoría que la abogada de Regina había decidido defender. Sin embargo, algunos eran partidarios de la idea de que Emma había sido manipulada por Regina y que esta, siendo su profesora, había abusado de su alumna-incluso se había llegado a nombrar la palabra violación-otros, defendían ferozmente el amor que unía, según ellos, a las dos mujeres. En lugar de concentrarse en el crimen, los medios habían encontrado la historia de Emma y Regina mucho más jugosa y eso les había estallado en plena cara.
La mañana del primer día del juicio, las asociaciones se hicieron más visibles en los escalones del palacio de justicia. Ante el tribunal, algunas habían ido con pancartas donde se veía estampado un cisne con una corona, otros llevaban la bandera del arcoíris para enarbolarlas delante de las cámaras, de ese modo, los medios se perdían y algunos llevaban la contraria estampando rápidamente la imagen de Regina a la que habían nombrado como la EVIL QUEEN; si en otro tiempo, ese mote había hecho sonreír a la joven estudiante, ahora le producía crisis de llanto. El caso de Regina Queen se había finalmente convertido en el caso del Pequeño Cisne, porque lo que interesaba a la gente no era el crimen, sino saber cómo su unión había podido empujar a una de las dos mujeres al asesinato. Un periódico incluso había contado que quizás Emma Swan no era del todo una santa, quizás, después de todo, ella había disparado y Regina Queen solo se había culpado en lugar de su novia. Aunque Emma había sudado frío al darse cuenta de que habían pasado cerca de la verdad, los otros periódicos y talk shows se habían encargado de tranquilizarla diciendo que eso solo eran idioteces y que la culpable claramente era Regina Queen…El sencillo hecho de enamorarse de una alumna dejaba claro su inestabilidad mental.
Emma había escogido no prestar atención a todo ese bombo. Era desgraciada. Y aunque todos los días, al llegar al tribunal, escuchaba voces que apoyaban su relación con Regina, que gritaban un slogan inventado desde el primer día de juicio, ella no creía en realidad que el impacto mediático le fuera de gran ayuda.
Y además estaba el término «homicidio voluntario» y Emma creyó entrar en una pesadilla. Regina estaba acusada de homicidio voluntario, ¿cómo era eso posible? La teoría de la acusación era que Regina había hecho venir a Narcissa a su casa para una explicación y que esa explicación se había desmadrado, Nacissa había sido herida con un cuchillo blandido por Regina, los investigadores enseguida habían deducido que Narcissa había huido y que Regina se había lanzado en su persecución. Emma había intentando disuadir a Regina, pero no lo había conseguido, puesto que Regina, fríamente, había disparado contra Narcissa que estaba desarmada…
Los días se hacían largos, sin encanto. Emma se había dado cuenta de que la vida sin Regina le parecía imposible. Ya no soportaba nada, ni los gritos de Nathan peleando con Amber, ni las palabras consoladoras de August. Y cuando encendía la televisión para evadirse de todo eso, los medios plasmaban entonces su foto con Regina como un recuerdo contante de que eso ya no existiría más. Sin embargo, a pesar de todo, ella no decía nada. Permanecía de mármol, esperando que las horas pasaran. Había hecho limpieza en su vida, mudado, crecido, madurado.
La joven que acababa de entrar en los aseos le lanzó una tímida sonrisa al ver que la había sorprendido.
-Siento haberla asustado…
-No es nada- murmuró Emma mientras cogía dos o tres hojas de papel para secarse las manos
La morena de ojos azules frunció el ceño.
-Es usted Emma Swan, ¿verdad?- preguntó
-Sí…
La desconocida movió la cabeza algunos segundos y abrió la boca varias veces antes de volver a cerrarla. Después, se lanzó
-¡Soy de las que las apoyan! Sé que a menudo deben decirles esto, pero…¡no pierdan la esperanza!
-Gracias- respondió simplemente Emma antes de salir del baño. Vio a la joven blandir su puño lanzando un «SwanQueen forever» bien sonoro, pero la rubia ni se inmutó
Ella, quien había querido muchas veces que su relación con Regina fuera expuesta a lo grande, no se esperaba realmente que todo esto provocara tal turbación a su alrededor. Se acordaba de todas las conversaciones que tuvo tras su liberación.
Con August
Emma bajó los escalones del hospital para llegar hasta la silueta que conocía bien. August le lanzó una mirada oscura.
-Lo siento, August- murmuró ella con voz ronca
-Oh…¿tú «lo sientes»? Te acuestas con una mujer que resulta que es tu profesora de literatura y la directora adjunta de tu instituto y tú lo sientes…¿Qué es esta tontería? ¿Está completamente tarada tu tipa?
-No, yo…
-¡Ah sí! Ella es una tarada, porque debería haber evitado seducir a una de sus alumnas. ¡Debería haber consultado a un psicólogo por sentirse atraída por una jovencita! ¡Debería haber hecho los procesos necesarios para no tenerte en su clase!
-Espera, ¿qué es lo que te molesta?- gritó de repente Emma moviendo la cabeza como si no creyera lo que estaba escuchando.
-¿Hein?
-August, ¿qué es lo que te molesta? ¿Que haya salido con ella?
-Emma, joder, ¿qué pasa en tu cabeza? Puedo aceptar muchas cosas, pero esto…
Emma estaba sin aliento, no podía dar crédito a sus oídos.
-Ah vale…comprendo- dijo ella lentamente –Puedes aceptar volver porque a George y Linda se les fue la olla, puedes aceptar tener que acogernos en tu casa para evitar que fuéramos separados en familias diferentes, puedes aceptar que yo sea lesbiana, aunque eso te molesta un poco porque es pesado mantener a una huérfana Y lesbiana, pero por el contrario, que yo salga con una mujer que amo y que me comprende mejor que nadie, eso, ¿no puedes aceptarlo?
-¡No! ¡Porque ella te ha manipulado! Tenía autoridad sobre ti y créeme, ¡no saldrá de esta así como así!- soltó, furioso
Emma lo agarró fuertemente y lo acercó a ella para que sus dos rostros estuvieran cerca.
-¿Qué pasa en tu jodido cerebro, August? La amo, ¿es tan difícil de comprender? La amo. ¡No es solo una aventura o una chica sobre la que me he lanzado para divertirme! ¡Estoy totalmente enamorada y creo que ella también, si quieres mi opinión, así que si intentas poner una denuncia, ya que parece que eres mi tutor, te juro que nunca más escucharás hablar de mí!
-¡Emma!
-¿Qué te crees? ¿Que ella simplemente ha pensado que sería más fácil atacar a una alumna? ¡Pobre idiota! En tu opinión, August, ¿quién crees que pagó el hospital tras la agresión de Nathan? ¿Quién estaba ahí cuando yo no estaba bien porque George acababa de masacrar a Grumpy? ¡Joder! ¿Quién estaba ahí para consolarme en la muerte de Alice?
-¡Pero ella ha abusado de ti!
-¡Oh no! ¡Créeme, no ha habido ningún abuso! Joder, si la conocerías, no dirías eso. Quieres que te diga algo, he estado a punto de ser acusada de asesinato y, ¿tú me montas una porque me he enamorado de una profesora? ¡Eres insoportable, August, mierda!
Finalmente, tras pasar varias semanas enfadado y sorprendido, August apoyó a la rubia.
Con Belle y Ruby
Tras varios días, Emma había regresado finalmente a clase. El periódico local ya había anunciado la noticia sobre Regina y Emma, pero aunque temía la vuelta al instituto, se inquietaba mucho más por saber lo que Belle y Ruby iban a decirle.
Las dos chicas estaban sentadas en un banco delante del instituto cuando ella las vio. Se encaminó hacia ellas y se plantó delante murmurando un pequeño y tímido «hola»
-¡Hola!- murmuró Ruby mirándola a la cara, perpleja
-¡Hola!- dijo fríamente Belle
-Entonces…¿qué me he perdido?- preguntó ella señalando con el mentón el libro de clase que Belle tenía entre las manos
Belle le lanzó una mirada asesina.
-Oh, te has perdido muchas cosas, pero menos que nosotras, aparentemente…una relación entre nuestra mejor amiga y la profe de literatura, ¡imagínate!- soltó de forma irónica
-Belle, quería contároslo, pero…
-¡Pero no lo hiciste! ¡Llegando incluso a decir que no tenías a nadie!- gritó la morena levantándose bruscamente
-¡Evidentemente no iba a decíroslo! ¿Has visto tu reacción?- dijo asombrada Emma retrocediendo un paso
Belle entrecerró sus ojos moviendo sus rizos
-¡Si reacciono así, no es porque salgas con una profe, sino porque no has tenido confianza en nosotras para compartir ese secreto con nosotras! Así que, ya que parece ser que no somos lo suficientemente buenas para tus pequeños secretos, ¡solo tienes que ir a buscarte a otras figurantes!
-¡Belle!- dijo intentando agarrarla, pero ante la mirada que la chica le lanzó, se quedó paralizada y se giró hacia Ruby que alzó las manos en señal de abandono.
-¡Dame tiempo para digerirlo, Em!
-Rub, te juro que quería contarlo…
-¡No lo hiciste!
Ruby y Belle se habían sentido heridas por el silencio de Emma y si Ruby finalmente había comprendido la situación, Belle, por el contrario, llevaba seis meses sin dirigirla la palabra.
Con Killian
Emma se dirigió hacia la entrada del centro y su camino se vio cortado por un muchacho de cabellos negros, un mechón rebelde ante sus ojos azules.
-Killian…-susurró ella esperando tener que justificarse otra vez
-Hola love, creo que tenemos que hablar…
-Killian, yo…
-¡No, aquí no!- dijo él mirando a los otros alumnos, desconfiados
Le agarró el brazo y la condujo por el camino que llevaba al puerto.
-¡Hey, vosotros dos!- gritó la voz de Mary Margaret Blanchard - ¿A dónde vais?
Killian comenzó a correr sujetando la mano de Emma. No la soltó sino cuando estuvieron lo bastante lejos para que no los molestaran.
-No estoy segura…que fugarnos de…clase…nos sea de gran utilidad, Killian- dijo ella sin aliento.
-Ya…bah, creo que tenemos cosas más urgentes que hacer. Vamos a sentarnos.
Viejas cajas de marinos estaba colocadas no lejos de ellos e hicieron con ellas una mesa y sillas para sentarse. Fue Killian quien comenzó a hablar.
-El arma…¿era la que yo te di?- preguntó a bocajarro
Ella hundió su mirada desolada en los ojos claros y asintió lentamente.
-Lo siento…- murmuró ella
Él se pasó nerviosamente una mano por los cabellos y terminó su recorrido en el mentón tras haberse frotado la mandíbula.
-¿Acaso…- comenzó posando el índice de su mano sana en la caja que les servía de mesa -…acaso me pediste el arma para dispararle a alguien o realmente para protegerte?
-¡No! ¡Te juro Killian que no fue más que un cúmulo de circunstancias! ¡Alguien me estaba siguiendo de verdad! Y…Killian, tienes que creerme, no te la pedí con el fin de cometer un asesinato, sino para protegerme de lo que fuera…
-Ok- dijo él sombríamente
Un silencio se instaló entre los dos. Él miraba los coches pasando no lejos de donde estaban, algunos conductores los miraban extrañamente al ver a dos adolescentes fuera de clase cuando hacía media hora que deberían estar en el instituto.
-Killian, ¿acaso…acaso crees que pueden llegar hasta ti?- preguntó repentinamente Emma tomándose la cabeza entre las manos
-No…imposible. No tenía número de serie, ni huellas y…rayé el interior del cañón, así que…era como si el arma fuera nueva.
-¡Qué alivio!- dijo ella sintiendo que las lágrimas no tardarían en llegar.
Sin embargo, no las dejó descender, manteniéndose fuerte por orgullo.
-Love…no fue a la profesora Mills a quien dejé el arma…¿cómo pudo encontrarse entre sus manos?
Emma frunció el ceño, sorprendida ante la pregunta del muchacho. Se imaginaba que toda la ciudad estaba al corriente, en particular sus allegados.
-¿No lees los periódicos?- preguntó Emma
-¡Tengo a Emma Swan frente a mí, así que quiero escuchar su versión! ¡No necesito a los malditos periódicos!
Ella lo miró, asombrada de que no reaccionara como los demás…Sin embargo, tendría que haberlo sospechado, ese chico nunca actuaba como los demás. La noche en que pudo haber tenido a Emma Swan borracha en su cama, le había deseado buenas noches y había dejado el camarote…
-¡Si hubiera sido hetero, Killian, probablemente te habría echado el ojo!- susurró sonriendo de manera infantil
-Probablemente no- contradijo él amablemente frunciendo el ceño ¿Entonces?
-Yo…yo…me he acostado con Mills…- balbuceó ella
-¿Solo acostado?- preguntó intrigado
Ella bajó la mirada a sus manos que llevaban minutos triturándose, después buscó los orbes de Killian para hallar apoyo.
-No…me he enamorado de ella…Y ella también…
Él hizo un gesto convencido. Mantuvieron el silencio algunos minutos. Aprovechó para sacar un cigarrillo, ponerlo en sus labios antes de encenderlo y dar algunas caladas.
-No voy a preguntarte lo que ha pasado, porque me la suda, pero…querría saber una cosa…- dijo nerviosamente
Ella se acercó a él para estar más próximos para una confidencia. Con expresión muy seria, él frunció el ceño y justo antes de decir su frase, sonrió ampliamente
-¿Tiene un buen polvo?
Emma estalló en una carcajada mezclada con un sollozo y se pasó una mano por los cabellos.
-¡Ni te imaginas!- respondió finalmente
Después de esa conversación, él defendía a Regina y Emma como si fueran sus hermanas pequeñas.
La que sufría también con toda esa historia, aunque no tuviera nada que ver, era Joy, que no hacía otra cosa sino reflexionar a lo largo del día. No obstante, ella defendía también a su hermana mayor y estaba lista a pelearse con quien la insultara. Los chicos habían reaccionado mejor, habían seguido comportándose como de costumbre, aunque prestaban más atención a Emma. Evidentemente toda la ciudad estaba al corriente, pero las reacciones más virulentas llegaban desde el seno del instituto.
Emma y Killian regresaron a clase tan pronto como la conversación hubo terminado y el día fue duro para Emma. Ella miraba las horas deslizarse con una lentitud insoportable sin poder hallar consuelo pensando que esa noche estaría con Regina Mills…
En la cafetería, tuvo que soportar las burlas de otros alumnos. Y comenzó en el momento en que cogió su bandeja.
-¡Eh, Swan! ¿Un poco de hierba para chupar coños?- lanzó un alumno que estaba en su clase desde hacía tres años y a quien jamás le había hablado.
Ella se giró para replicar algo, pero otro alumno la interrumpió
-¡Déjala tranquila, Berny! No sabes si también se tira a Stromboli, podrías tener graves problemas.
-¿Creéis que solo se conforma con mujeres?- preguntó una chica ya sentada en una mesa rodeada de sus amigas.
Emma se dio la vuelta y cogió un plato para ponerlo en su bandeja. Cuantos más objetos tenía en la bandeja de plástico, más insultos caían sobre ella. David, sentado en la mesa de los profesores, se levantó para intervenir, pero Mary Margaret se lo impidió.
-¿Qué te ocurre?- preguntó él inclinándose hacia ella
-¡No harás sino perjudicarla! ¡Tienes que dejarla enfrentarse a esto sola!
-Pero…
-¡David! ¡Por favor! ¡Déjala hacer, si vas a ayudarla, será peor para ella!- susurró la joven mujer de cabellos cortos.
Él cerró los ojos y se volvió a sentar en la silla.
-¡Venga, Swan, responde! ¿Solo coñitos o también devoras al lobo?
-¡Vaya puta!
-Podría haber sacado el curso nada más que abriéndose de piernas…
-¡Cerrad las bocas!- gritó Joy al ver a su hermana temblar como un flan sin casi poder sujetar la bandeja.
-¡Hey! Joy, ¿qué ocurre? ¿A ti también te da mimos por las noches?- preguntó una alumna inclinando su cabeza de bulldog.
Emma, al ver que la pelirroja iba a lanzarse sobre la chica para darle una buena corrección, agarró su brazo, sujetando la bandeja solo con una mano.
-¡No, Joy, por favor, déjalo estar, no quiero que tengas problemas por mi culpa!- susurró ella
Emma fue a sentarse a una mesa y Joy dudó un momento entes de unirse a sus amigas. Killian, por su parte, no se lo pensó mucho y fue a sentarse junto a la rubia.
-¡Hey Killian, déjalo estar, tío! ¡No tienes suficientes dedos para contentarla!- ladró uno de último año echándose a reír sobre la mesa.
Emma se mordió el labio inferior, apenada por su amigo. Este se giró, y manteniendo la calma, declaró
-Me quedan suficientes para darte una paliza, si quieres
-¡Quédate en tu sitio, Jones! ¡No empieces a hacerte el matón!
-Sí, ¿por qué la defiendes? ¿También te has tirado a la Mills?- preguntó una chica, la de cabeza de bulldog
-¡Na!- respondió lo suficientemente alto para que todo el mundo escuchara, y siguió con una sonrisa –Pero me habría encantado porque Swan me ha dicho que tiene un polvazo! ¿No, Swan?- preguntó él girándose hacia ella.
Ella leyó la diversión en los ojos de Killian y fue como el chocolate dado por el profesor Lupin para hacer desaparecer ese vacío, ese frío en el interior de Harry, fue como John Coffey liberando a Paul Edgecombe de su enfermedad, como una mano extendida en medio de las tinieblas.
Ella se echó a reír como una niña y asintió ante la expresión indignada de sus compañeros. Una minoría comenzó a aplaudir y Emma lanzó una ojeada a la mesa de Bell y Ruby que sonreían débilmente. Mary Margaret exhaló, aliviada de que la rubia hubiera podido arreglárselas tan bien.
Pero si los alumnos al principio se sorprendieron de lo que ella había dicho, no pasó mucho tiempo para le dieran vuelta a la situación y dejaran volar su imaginación.
-¡Parece ser que lo hicieron en el aula!
-¡Parece que estaban en plena acción cuando la poli las sorprendieron!
-¡Parece que Ruby Lucas participaba en sus fiestas!
-¡Parece que se grabaron y dieron a conocer el video!
-¡De todas maneras, es asqueroso salir con un profesor!
-¡Es asqueroso salir con alguien de más edad!
-¡Es asqueroso salir con una mujer!
Emma los escuchaba susurrar a su paso cuando se dirigía a ciencias naturales. Killian lanzaba miradas asesinas, pero no decía nada por miedo a que eso se volviera una vez más contra Emma.
Un muchacho que no estaba en su clase se puso delante de Emma, interrumpiendo su camino.
-¡Vaya, Swan, lo siento, tienes que pagar para poder pasar!
-¿Pagar?- preguntó ella a flor de piel
-Sí…la tasa de las grandes lesbianas…
Ella suspiró e intentó rodearlo, pero él dio un paso hacia un lado para impedirle el paso.
-¡Gaston, de verdad, no tengo tiempo para jugar a esto!- se enfadó ella, cansada de que la insultaran.
Él la dejó pasar mientras reía, sin embargo, mientras estaba subiendo las escaleras para ir al aula, escuchó que se ponía a gemir imitando un orgasmo. A continuación él animó al resto.
-¡Hey, estoy seguro de que Mills gime como una puta! «¡Oh, sí, Miss Swan, le pondré una buena nota si recita el alfabeto con su lengua! ¡Sí, sí! Oh….síiiii» gritó él poniendo voz aguda.
La sangre de Emma hirvió en sus venas y no se tomó la molestia de bajar los escalones subidos, tiró su mochila al suelo y saltó sobre Gaston que la agarró con agilidad, sin embargo, ella logró asestarle un puñetazo en la cara antes de que él la inmovilizara contra la pared, agarrándole los brazos
-¡He, bah, Swan! ¿Crees que puedes luchar como un hombre? ¿Quieres que te muestre la diferencia?
Killian vio su camino cortado por los acólitos de Gaston que se encargaron de rodearlo.
-…¡Es francamente una pena, Swan, porque, de verdad, te habría mostrado las cosas que un hombre puede hacer mucho mejor que una mujer!
-¡Suéltame, Gaston!- gritó ella, aterrorizada de que pudiera tocarla más íntimamente
-¡No tengo ganas, Swan!
-¡Te ha dicho que la sueltes!- resonó una voz tras el muchacho
Katherine Midas estaba allí, con una trenza impecable a un lado de su rostro. Sus ojos claros se posaron sobre Gaston que había soltado a Emma.
-Kathy…Voy a…
-No te molestes, Gaston, estampas a Emma Swan contra una pared, no hay que ser un genio para comprender, sabía que las rubias te atraían, pero de ahí a intentar follarte a una pobre lesbiana en mitad del pasillo, ¡mira que has caído bajo!
-Kathy…
-¡Tengo clase, Gaston! ¡Con permiso!- dijo ella apartando a los idiotas que retenían a Killian.
Emma no se tomó la molestia de decir esta boca es mía y subió las escaleras tras Katherine, ayudada un poco por Killian ya que sus piernas temblaban un poco.
Una vez en la planta de arriba, Emma se acercó a Katherine y tras mirarla un momento, incrédula, murmuró un sincero gracias.
-Ya…bah, de nada Swan, pero de todas maneras no te me acerques mucho…Y además…francamente, ¡deja de saltar sobre la gente de buenas a primera! ¡Estás siempre metida en peleas! En este momento, deberías más bien pasar desapercibida, creo yo- soltó ella entrando en el aula.
Emma intercambió una mirada molesta con Killian y fueron a sentarse al fondo de la clase, a su sito habitual. Percibieron que Ruby y Belle peleaban en voz baja entrando en el aula, seguramente sobre Emma, y Ruby soltó algo sobre un objeto que Belle podía meterse en un sitio particularmente reservado para eso y se plantó delante de Emma.
-¿Puedo sentarme a tu lado?- preguntó
Se miraron a los ojos y Emma se encogió de hombros, aliviada de que una de sus amigas la apoya.
Al final del día, Emma había almacenado muchos más insultos que en un año entero y Ruby les propuso, a ella y a Killian, ir a beber una copa a Granny's y estudiar para los exámenes que se aproximaban a gran velocidad.
Mientras se dirigían a la salida, una voz llamó a Emma y esta se tensó instantáneamente. La señorita Blanchard estaba al final del pasillo, con un brazo alzado hacia ella.
-¿Pensáis que sospechará si finjo no haber escuchado?- preguntó a sus amigos
-Euh…sí…
Ella suspiró y se giró para caminar hacia la morena de cabellos cortos.
-¿Quieres acompañarme, por favor?- pidió Mary Margaret sin esperar respuesta
Hizo entrar a Emma en un aula y se quedó sorprendida al encontrarse allí a David Nolan, Will Scarlet y Chloè Tinker. Tuvo la impresión de haber caído en una emboscada y los miró uno a uno.
-¿Qué quieren?- interrogó a la defensiva
-¡Por los infiernos! ¿Qué queremos?- gruñó Will con los brazos cruzados sobre el pecho
-¡Will!- intervino Chloè
-Emma, no estamos aquí para ponerte incómoda, pero…nos gustaría saber lo que pasa. Regina ha sido acusada de homicidio y tú estabas con ella. Los medios han dejado sobreentender que…- Mary Margaret se calló al ver la mirada herida de la joven.
-No me malinterpretes, Emma- tranquilizó David- Solo nos gustaría saber de dónde viene esta historia…y sobre todo…¡discernir lo verdadero de lo falso!
Emma miró a Chloè que parecía no hacerse preguntas sobre su relación con Regina. Tenía una mirada diferente a los demás. Antes de que Emma pudiera responder nada, Chloè movió la cabeza y dio un paso hacia delante, incómoda.
-Regina está enamorada de Emma…
-¿Hein?
-¡Joder! ¿Tú estabas al corriente?
-¿De dónde sale todo esto?
-¡Soy la ex de Regina, os recuerdo! ¡Y además ella me lo contó! Del resto…del homicidio, estoy perdida y es sobre eso que desearía que nos aclararas
-No puedo deciros nada…- murmuró Emma colocándose su mochila al hombro
-Necesitamos comprender…- suspiró Mary Margaret
-¡Y yo necesito aire! Quiero…¡no tengo por qué soportar esto! ¡Sois sus amigos, llamadla a Rikers! ¡Preguntadle!
-¡Se niega a recibir llamadas!
-¡No soy yo la que tengo que explicaros los detalles de lo que nos ha conducido a esto!
-¡Ok!- soltó David avanzando hacia ella para hacer callar a los demás –Emma, tómate tiempo para pensar en todo esto…tómate el tiempo y…cuando estés preparada, ven a vernos porque te juro que todos queremos ayudarla. ¿De acuerdo?
Ella asintió antes de desaparecer.
Esa tarde, en Granny's, estuvo sentada a la mesa más extraña de la historia del café. Ruby, Killian y Joy estaban frente a Emma y…Katherine que acababa de romper con Gaston de manera algo violenta. Killian le había tenido que ofrecer ayuda y a continuación le había propuesto que se juntara a ellos, a pesar de las quejas de Ruby. No se habían hecho amigos, pero al menos, Katherine no formaba parte de aquellos que se divertían acosando a Emma e insultándola.
Por supuesto, había tenido a Daniel y a Henry, había tenido a Jefferson, había tenido a tanta gente a quien hablar permaneciendo aún así tan sola…
Emma avanzó hacia el coche que la esperaba para llevarla a Maine, la próxima audiencia no tendría lugar hasta el lunes, necesitaba reponer fuerzas. Ya era de noche cuando emprendieron el camino.
-Emma, ¿tú crees que mamá saldrá pronto?- preguntó Henry que parecía aburrirse enormemente al lado de Daniel.
-¡Espero que sí, chico!- susurró ella cruzándose con la mirada de Daniel por el retrovisor.
-¿Sabes? Hay que tener paciencia, jovencito, pero pronto podrás estrechar a tu mamá entre los brazos- aseguró Ruby chocando los cinco con el pequeño.
-¡Ruby!- exclamó Daniel -¡No le prometas ese tipo de cosas!
-¡Lo siento!
Emma se llevó una mano a la frente. Estaba agotada, le costaba respirar y toda esa historia la estaba matando poco a poco. Desde que Regina había sido encarcelada, solo se habían podido ver una vez hacía dos semanas y cada segundo había quedado grabado en su memoria.
Cuando Emma la vio, se levantó para echar a correr hacia sus brazos y estrecharla con todas sus fuerzas. Sus mechas rubias se precipitaron sobre el rostro de la ex alcaldesa, pero a esta no le importó, se aferró a Emma como si nunca más pudiera hacerlo. Sus uñas casi arañaron la espalda de la rubia, pero Emma no sintió nada.
-Emma, no tenemos mucho tiempo…- murmuró de repente Regina que tenía muchas cosas que decirle a la joven
-Lo sé, pero…necesito sentirte contra mí, por favor- sollozó la estudiante
Al cabo de algunos minutos, se sentaron a una mesa en el centro de la sala.
-¿Co…cómo te sientes? ¿Tu abogado ha dicho que era factible? Henry te manda un abrazo y yo…
-¡Stop! ¡Emma, stop!
Los ojos de cachorro apaleado de la rubia se hundieron en los orbes oscuros.
-Tengo cosas que decirte, Emma. Cosas importantes para nuestra historia porque no estoy segura de que el proceso…vaya por buen camino.
-¿Qué quieres decir?
-¡Podría suceder que no fuera como querríamos! ¡Y tengo cosas que aclarar contigo!- añadió al ver que Emma iba a tomar la palabra –Los cargos por corrupción de menores y manipulación o yo qué sé han sido descartados, y me he enterado que ha sido gracias a ti y a August…
-Sí…intentaron amenazarlo con llevarse a los chicos para meterlos en un hogar, pero…yo dije que…todo lo que había vivido contigo era estrictamente consentido, yo…Regina, me obligaron a soportar unos exámenes, pero…
-¡Dios mío!
-…¡No, estoy bien! Mi abogada hizo todo para que tú no tuvieras que inquietarte por eso…Desgraciadamente…en relación a tu puesto de profesora…ella no ha podido hacer nada.
Regina asintió
-De todas maneras, dudo que Stromboli quisiera seguir contando conmigo después de todo este escándalo- declaró sombríamente la morena –Tenemos que hablar de aquella noche, Emma. Es por eso también que quería verte.
-¿Es seguro hablar de eso aquí?
-Sí, y necesito hacerlo, de todas maneras. Mi abogado me ha dicho que querías confesar a la policía…
-Pedazo de…
-¡Emma!- la cortó Regina agarrando su mano –No debes hacerlo, debes dejar que la justicia se ocupe de mí. Si hicieras eso, yo quedaría en muy mal lugar y créeme, no me ayudaría.
Emma se mantuvo en silencio, furiosa porque el abogado la había traicionado. Una ligera presión en su mano la hizo volver a la realidad.
-Quiero que volvamos a hablar de lo que se dijo aquella noche…
-No vale la pena…
-Emma, te debo una explicación. ¡Una sincera explicación! Sé que en este momento debes odiarme por haberte mentido incluso con mi apellido, pero todo era verdad. Todo el amor que te tengo, todo lo que he hecho contigo, todo lo que hemos compartido era verdad. Creo que tienes dudas sobre mí y es normal, ¿tienes preguntas que hacerme?
Emma alzó los ojos hacia ella. Tenía un millón, pero no tendría suficiente con una vida para hacerlas.
-¿Por qué cambiar tu apellido y sobre todo por qué…?
-…no contártelo?
Emma asintió
-Mi apellido lo cambié para que a Narcissa le costara más encontrarme, nunca te lo dije en primer lugar para protegerme a mí, pero también para protegerte a ti. Te necesitaba para que me sostuvieras, pero no quería que tuvieras que sufrir todos mis secretos por miedo a perderte.
-¡Regina, conocí a tu hijo, creo que no me hubiera afectado lo de tu apellido!
-Sí…pero también estaba el hecho de que ese apellido solo me ha traído sufrimiento, vergüenza…¡por eso lo cambié!
Emma encajó eso en silencio. Había pensado en esa noche muchas veces, pero las cuestiones que se hacía eran demasiado íntimas para su gusto y no se atrevería sin duda a hacérselas a Regina, sin embargo la morena estaba ahí, esperando a que las hiciera.
-Delante de Narcissa…yo…yo dije que había sido una violación…lo que te sucedió el día de…pero ahora…yo…me hago preguntas…sé que debería creerte, pero…
-No…comprendo Emma, Narcissa es ducha en sembrar la duda en la cabeza de las personas y tras haber descubierto grandes mentiras, pienso que tienes el derecho de preguntarte si eso también lo es…
Regina inspiró profundamente para darse valor.
-Creo que debo empezar de un punto preciso. La noche del nacimiento de Henry, cuando fuimos al encuentro de Leopold, yo no sabía que estaba embarazada y no fuimos allí para que él asumiera a su hijo…sino porque Narcissa me había convencido de que tenía que enfrentarme con mi verdugo…y él tuvo la desfachatez de decir que yo había gozado durante nuestros «retozos» Narcissa le metió una bala en la frente y antes de poder hablar de nada, yo…me dieron grandes calambres en el estómago. Al principio, creíamos que era por el hecho de haber cometido un asesinato, pero, un líquido comenzó a resbalar por mis piernas y llamé a mi madre desde una cabina telefónica mientras Narcissa se encargaba del cuerpo…Emma, tienes que saber que nunca te he contado esta parte de mi violación porque siempre quedará como un trauma y una humillación para mí, lo que me pasó fue puramente mecánico. Jamás me habría dado a Leopold por propia voluntad. Jamás sentí placer en ello y jamás habría traicionado a Daniel. Creo que Narcissa quiso romperme de todas las maneras posibles y cuando estábamos juntas, a menudo me decía que era imposible tener un orgasmo durante una violación, a menudo me decía que debió gustarme y que no se podía tener un hijo seguido de una violación…era parte de su plan para ponerme a sus pies, porque si me infravaloraba yo misma, no podía sino quedarme con ella.
Suspiró tristemente
-Intentó mantenerme alejada de todo lo que podía aferrarme a la vida. Y el detalle que hacía que lograra retenerme con ella era que yo sabía muy bien de lo que ella era capaz. ¡Mató a un hombre a sangre fría delante de mí! ¡Asesinó a Leopold sin pensar! Yo sabía que cuando ella amenazaba a mi hijo, no eran palabras al aire y cuando me amenazaba a mí, tampoco eran palabras huecas. Yo tenía que verla como a una salvadora, porque había matado a Leo, pero también como a un monstruo porque a la menor tontería, podría darme el mismo final o contarle todo a la policía explicando que yo había cometido el crimen…
Regina cerró los ojos para esconder su turbación y tristeza.
-Callé esa horrible noche durante todos esos años porque solo era mi palabra contra la de ella, y yo tenía mucho más que perder que ella, así que fui cobarde, y no dije nada. Creo que también me tranquilizaba el hecho de saber que Leopold ya no podría hacerle daño a nadie nunca más.
Finalmente se calló, dejando la palabra a Emma.
-Yo…tengo la sensación de parecerme- confió ella en un murmullo apenas audible
-¿Perdón?
-A Narcissa, tanto físicamente como…en fin, quiero decir, soy rubia con ojos claros, tú me dijiste que ella no se llevaba bien con su madre y…no podemos decir que yo tenga las cosas claras con la mía, dado que no la conozco, y…tengo sin duda algo en común con ella: ¡he matado a tu verdugo! Quiero decir…¿crees que soy tan maligna como ella?
-¿Es una verdadera pregunta?
-Es una pregunta que te hago, ¿no?- exclamó Emma frunciendo el ceño
-¡No, porque tú para mí nunca has representado un peligro físico!
-¡Narcissa no era solo un peligro físico! ¿Soy manipuladora como ella? ¿Soy nociva para ti? ¿Acaso…por Dios…acaso la crisis de cólera que me dio cuando todo pasó te hizo preguntarte cuál era mi verdadero rostro? ¿Soy una psicópata en potencia?
-Emma…te lo suplico, cálmate
-Necesito saber si ves en mí esa parte de sombra
-¡No veo en ti ni la más mínima parte de sombra! No creo que tú seas capaz de…tales atrocidades
-¡He matado a Narcissa!
-¡Lo hiciste en defensa propia! ¡Nos estaba apuntando con un arma! ¡Emma, por favor, mírame! La diferencia entre tú y Narcissa es que cuando «rompí» contigo aquel día, no viniste a buscarme para reventarme la cabeza, no me agrediste físicamente, la tomaste con una taquilla. Y cuando…
Regina bajó el tono para que no la pudieran escuchar.
-…y cuando apretaste el gatillo, lo hiciste para protegerte. No para tenerme bajo tus riendas después. No lo hiciste tampoco por vanidad. ¡Las diferencias están ahí, Emma! ¡Tú eres una persona luminosa! ¡No hay lado sombrío en ti!
Emma lloró a lágrima viva durante varios minutos, aferrando el brazo de Regina mientras posaba su cabeza en las manos de la morena que se inclinaba para depositar besos de consuelo en sus cabellos.
Cuando se calmó, levantó la cabeza y tras haber estado rehuyendo la mirada de Regina, logró clavar sus orbes en los de Regina.
-Has confesado el asesinato para que yo nunca pueda tenerte bajo las riendas, ¿verdad? ¿Para que yo no pueda reprochártelo?
Regina pareció reflexionar algunos minutos antes de abrir la boca para responder
-Creo que…no lo sé. Realmente no tengo respuesta a esa pregunta, mi primera motivación fue protegerte, porque…estás comenzando a vivir y lo que hiciste fue por mí, pero no puedo decirte que detrás de este pensamiento no estuviera presente aquel…yo….quizás pesó en la balanza, pero no fue en absoluto mi primera motivación, ¡créeme!
Emma suspiró, aliviada con esa contestación. A pesar de todo, permanecía distante porque le quedaba una pregunta que hacer. Una pregunta a la que Regina no respondería fácilmente, por orgullo o sin duda porque vería el destrozo que podría crear en Emma en el futuro. Colocó sus dedos en el interior de las palmas de Regina que cerró los puños para capturarlos brevemente.
-Tengo una pregunta, y quiero de verdad que la respondas.
Regina sonrió, Emma había dicho exactamente lo mismo la noche en que habían hecho el juego del alcohol en el Chapelier Flou. Aquella noche Regina no había respondido a la pregunta y había dejado el bar declarando fríamente «¡creo que ha ganado la partida, Miss Swan!
-¿Me amas áun?
Regina soltó el agarre y retrocedió. No podía responder a esa pregunta, no porque ignorara la respuesta, sino más bien porque si el juicio salía mal, Emma no podría continuar su vida tranquilamente.
-¡Regina, responde! Necesito escucharlo
-¡No! ¡No puedes preguntarme eso, no puedes…forzarme a decir eso!
-¡No te fuerzo, te lo pido!
-¡No puedes!- soltó secamente la morena –No puedes pedirme que…
-¿Qué, Regina?
Regina no quería ser egoísta una vez más, pero la mirada implorante de Emma pudo con ella.
-¡Júrame que no me esperaras si el juicio sale mal!
-¿Hein?
-¡Júramelo! ¡Júrame que reharás tu vida con otra mujer si me tengo que quedar encerrada el resto de mi vida!
-¡Regina!
-¡Júralo!
-¡Ok! ¡Lo juro!- gritó Emma –Ahora, ¿quieres responder a mi pregunta?
Las guardianas entraron para poner fin a la visita. Emma entró en pánico y se levantó para tomar a Regina en sus brazos.
-¿Regina?- preguntó otra vez
La morena apartó el rostro del cuerpo de la estudiante y pegó sus labios a los de ella. Besó tiernamente a su novia y se despegó suavemente mientras seguía manteniendo contacto físico con ella.
-Emma, eres la única persona a quien jamás amé. ¡Y te amo…por supuesto que te amo!
Emma cogió el volante cuando August estuvo cansada para seguir conduciendo. Llegaron a Maine alrededor de las once de la noche y la rubia dejó a August, después a Daniel y Henry, y finalmente a Ruby.
-¿No quieres pasar un rato?- preguntó la morena posando su mano en el antebrazo de la amiga
-Estoy algo cansada, Rubs…
-¡Solo cinco minutos!- insistió su amiga
-Ok…- aceptó la rubia a disgusto
El café de Granny no estaba lleno, pero había suficiente gente para escrutar a Emma cuando entraron en el establecimiento.
La abuela de Ruby lanzó una atravesada mirada a su nieta antes de atenderlas en la barra.
-¿Habéis tenido buen viaje, chicas?- preguntó secamente
Ruby reviró los ojos y asintió brevemente.
-¿Qué os pongo?
-¡Lo mismo de siempre!
Granny refunfuñó antes de sacar el helado de vainilla.
Emma la miró mientras lo hacía sin comprender por qué Granny la culpaba. Desde el día en que su historia con Regina había estallado, desde el día en que los medios habían decidido concentrarse en el hecho de que Regina Mills se tiraba a una estudiante antes que en el hecho de que hubiera matado a su ex novia, Granny no hacía sino echar pestes contra Emma dedicándole palabras desagradables. Al fondo de la cafetería, un cliente dejó caer su taza que se estrelló contra el limpio suelo.
-¡Oh, no puede ser! ¡Ruby, ve a limpiarlo!- ordenó la abuela haciendo un vago gesto con la mano.
Ruby gruñó a su vez y se levantó para dirigirse hacia el torpe cliente.
Emma se mordió el interior de las mejillas, incómoda por quedarse frente a frente con Granny que no dejaba de lanzarle miradas furibundas. Al cabo de varios segundos, ella decidió hablar.
-¿He hecho algo malo, Granny?
La anciana elevó su mirada y fusiló a Emma con sus ojos penetrantes.
-¿Cómo puedes hacerme esa pregunta, Emma Swan?
-¡Oh, no sé, quizás porque de repente está agria conmigo en cuanto paso por la puerta!
La abuela abrió varias veces la boca, atónita de que Emma pudiera hablar con tanta libertad.
-¡En mi época, jovencita, se confiaba en los amigos, pero aparentemente, ni tú ni Regina habéis pensado en nosotros para confiarnos vuestras pequeñas historias!
-¡Granny, ya hemos hablado de eso!- exclamó Ruby volviendo con el cubo y el trapo.
-Sí, pero me gustaría la explicación de Emma esta vez.
Emma parpadeó rápidamente
-¡No podía decir nada a mis amigas mientras Regina no estuviera preparada, ella debía confiar plenamente en mí, Granny, con todo lo que ha vivido en su vida, no era fácil para ella confiar en nadie! ¡No dije nada porque no estaba segura de cómo mis amigas iban a tomarlo!
-¡Igualmente podrías haberlo intentado!
-¿Y arriesgarme a perder a Regina si acaso una de mis amigas lo tomaba lo suficientemente mal como para gritarlo a los cuatro vientos? Pensé en ello muchas veces, pero si alguien hablaba, era correr el peligro de que Regina se pudriera en la cárcel por corrupción de menores o por yo qué sé.
-¿Y por qué Regina se confió a ti en lugar de a sus amigos que habrían podido ayudarla?
-No es a mí a quien hay que preguntarle eso, pero a pesar de todo, creo que puedo responderle…Regina no quería imponer sus cargas a otros, es por eso que rompió con Chloè Tinker, porque se asustó de tener que decirle su secreto. ¡Ella nos os dijo nada porque no quería tener ninguna falla frente a todos vosotros!
-Tú eres una niña, ¿por qué cargarte a ti con ese fardo?
-¡Sin duda porque supo que la comprendería mejor que nadie! ¡Ella no se sentía ella misma, se sentía abandonada por todos, e…imagine que aunque sea una «niña», soy ante todo una huérfana, sin padre ni madre, no tengo identidad y también me he sentido rota muchas veces!
Granny se mantuvo en silencio, después, dio la vuelta a la barra con paso rápido, y se acercó velozmente a Emma para…tomarla en sus brazos y estrecharla contra su gran pecho de abuela que sabe consolar las penas. Emma la rodeó a su vez con sus brazos y sin darse cuenta, estalló en llanto.
Extenuada y vaciada de emociones entró en su casa. En su apartamento que se pagaba gracias a su trabajo en el Chapelier Flou. Era minúsculo, pero Emma le veía un carisma incomparable a ningún otro apartamento. Había dejado el altillo para Daniel y Henry, y se había apropiado de una esquina justo debajo para poner un colchón que estaba alejado de la comodidad de los de Regina. Encendió la pequeña lámpara para ponerse el pijama y divisó una forma entre sus sábanas.
-¿Henry?- murmuró ella insegura de que fuera el pequeño enrollado entre los cobertores.
Este alzó la cabeza, con una expresión de culpa en el rostro.
-¿Qué haces aquí, chico?- preguntó ella
-¡Estás toda negra!- replicó Henry señalando el maquillaje de Emma que evidentemente se había corrido en la cafetería.
-Sí, voy a limpiarme. ¿Puedes contestar a mi pregunta, chico?
-¡Quiero dormir contigo! ¿Puedo, por favor?- pidió con una débil voz que solo los niños saben poner cuando quieren ablandar a los adultos más severos.
-Sí, si quieres, pero te digo una cosa, ¡no me toques con tus pies helados!
-¡De acuerdo!
Emma se metió en el cuarto de baño, poco cómoda para cambiarse delante de un niño. Aprovechó para cepillarse los dientes y desmaquillarse. A continuación se encaminó a la cocina para picar un trozo de pan que debía estar ahí desde hacía varios días y tras casi romperse los dientes con él, apagó la luz y se dirigió a tientas hasta la cama.
Cuando comenzaba a quedarse dormida, escuchó a Henry reír bajo las sábanas. No prestó atención antes de notar dos pies helados en sus muslos.
-J…der…
Se giró para buscar al muchacho entre las sábanas y cuando lo encontró, comenzó a hacerle cosquillas sin piedad.
-¡Para Emma!- pidió él entre carcajadas.
-¿Ah sí? Y si paro, ¿prometes portarte bien?- preguntó hallando la mirada del pequeño a pesar de la penumbra.
Él hundió su cabeza en su cuello y una sonrisa pícara estiró sus labios.
-¡Noooo!- exclamó comenzando a reírse como loco cuando Emma retomó la tortura.
Tras largos segundos, ella dejó que retomara el aliento.
-¿Y ahora?
Henry dejó de mover los pies y dejó sus manitas sobre las de Emma para detener un nuevo ataque. Su rostro de repente se puso serio.
-Di, si me porto bien, ¿mamá volverá a casa?
Emma tuvo la sensación de recibir un cubo de agua helada sobre la cara. Cogió al pequeño en sus brazos y se sentó cómodamente en la cama con él.
-Chico, eso no depende de ti…Aunque te portes muy bien, eso no hará que tu madre vuelva…
-¿Aunque se lo pida a Papá Noel?
-No, ni Papá Noel puede hacer nada…
-Pero entonces, ¿nunca va a volver?- sollozó con lágrimas resbalando por sus mejillas.
-¡No! ¡No! ¡Henry, no he dicho eso, chico! Escúchame, solo te digo que no porque te portes bien tu mamá va a venir.
-Entonces, ¿tengo derecho a hacer tonterías?
Emma reflexionó unos segundos y soltó un «sí» apenado. Sabía que lamentaría esa afirmación tarde o temprano, pero de momento, eso permitía a Henry comprender mejor la situación. No estaba en su mano, ni tampoco en las de Emma, y eso los aterrorizaba a los dos.
Cuando Daniel descendió al día siguiente, se encontró cara a cara con Emma en ropa de deporte, aun roja por el esfuerzo matinal. Ella se quitó los auriculares y se descalzó mientras saludaba a Daniel.
-¿Aún vas a correr?- dijo asombrado él
-¡Sí…no pienso en nada!- dijo ella –Evita que me hunda pensando en que no puedo ir a ver a Regina, en que tampoco puedo escribirle…todo porque su detestable abogado piensa que es mejor para el caso…
Daniel se quedó mirándola un momento y después asintió. Él tampoco comprendía realmente la utilidad de alejar a Emma de su novia, sobre todo cuando la vida para Regina no era fácil, siempre que iba a verla, ella no hablaba de su vida diaria en prisión, pero Daniel la veía consumirse poco a poco en cada visita. Él no le había dicho nada a Emma, para no asustarla, pero comprendía el dolor de la joven por no poder hablar con su novia.
Henry dormía aún, roncando ruidosamente. Emma se puso de puntillas y lo observó un momento. ¿Cómo un niño tan pequeño podía hacer tanto ruido? Lo tapó tiernamente antes de coger sus cosas para ir a darse una ducha.
Al salir de cuarto, se estaba frotando sus cabellos con una toalla para secarse el sudor.
-¿Tortitas?- preguntó haciendo sobresaltarse ligeramente a Daniel.
-Sí, Henry adora desayunar eso.
Emma movió afirmativamente la cabeza.
-Estaba en mi cama cuando llegué anoche- explicó ella
-Sí, lo sé, bajó varias veces buscándote, pero cada vez que lo hacía le decía que subiera, debió esperar a que me quedara dormido para salir a escondidas.
Emma desvió su mirada hacia el chico que se cogía tres cuartos de la cama.
-¿Qué será de él si Regina no sale nunca?
Daniel añadió una tortita a la pila que esperaba a ser devorada.
-Lo tendremos con nosotros…o te lo llevarás contigo, Emma
Esta le lanzó una mirada inquisitiva.
-Él te quiere mucho, creo…
-Yo también lo quiero- murmuró ella sintiendo el llanto anudarse en su garganta.
-Bien, ¿qué vamos a hacer hoy?- preguntó Daniel para cambiar de tema.
Pero Emma no tenia ánimos para nada, solo quería quedarse bajo las sábanas todo el día.
-No sé…- murmuró ella con voz apagada.
-Podemos ir a dar un paseo, ir al lago…o al puerto- propuso tímidamente Daniel.
-¡O devorar un helado en Granny's!- declaró la rubia sonriendo ante la expresión horrorizada del hombre.
-¿Tortitas y helado? ¡Si Henry vuelve con Regina, me gustaría que no estuviera obeso!- bromeó él
Emma puso de nuevo una expresión triste. El hecho de evocar el regreso de Regina como una vaga hipótesis le rompía el corazón. Dejó que Daniel fuera a despertar al muchacho mientras que ella iba a ducharse. Cuando salió, besó a Henry hasta hacerlo reír, con la boca llena de tortitas, después, cogió la taza de café que le tendía Daniel, subió a su habitación que ahora estaba reservada a sus invitados y encendió su ordenador. Escuchó algo más tarde que el hombre subía a coger sus cosas.
-¿Aún estás con tus búsquedas?- preguntó caminando hacia ella
-Sí- dijo sencillamente
-¿Lo seguirás haciendo durante mucho tiempo?
-¿De qué hablas?
-¿Hundirte en eso? ¿La vida carcelaria de los detenidos? No estoy seguro de que sea algo sano…
-Daniel, sé bueno, no comiences a querer dirigir mi vida, hago lo que quiero aunque no te guste- replicó ella con voz seca
Él volvió a bajar sin decir una palabra más. Emma podía mostrarse glacial y testaruda cuando él le hablaba de sus búsquedas, inútiles en su opinión, ella se estaba haciendo más mal que bien e imaginaba cosas que no tenían que ser verdad necesariamente. Sin embargo, podía comprender que ella buscara imaginarse a Regina en un entorno carcelario que le era totalmente desconocido.
La nieve había caído durante la noche, Daniel y Emma obligaron a Henry a cubrirse antes de ir al parque. El muchacho se divirtió haciendo ángeles en la nieve antes de correr para montarse en todos los columpios que podía. Emma y Daniel no se escaparon de la batalla de bolas de nieve en la que Emma perdió lamentablemente bajo las ofensivas de los dos varones. Tuvo un ataque de miedo cuando, para divertirse, Henry se lanzó desde lo alto de un columpio de al menos de dos metros de alto estrellándose en el suelo. Tras haber secado las lágrimas del pequeño, se encaminaron hacia la cafetería de Granny para tomar un chocolate caliente bien merecido. Pero en el camino, el pequeño divisó la biblioteca que había colgado publicidad de nuevos libros de piratas y de cuentos de hada. Pidió amablemente poder mirarlos, solo mirarlos, porque no tenía ningún libro desde hacía mucho tiempo.
Emma decidió entrar con el niño mientras que Daniel iba a coger mesa en Granny's. Desgraciadamente, Emma no había pensado que Belle trabajaba ahí durante los fines de semana y cuando se la encontró cara a cara, se sintió increíblemente incómoda.
-Oh…hola- balbuceó ella
-Hola- respondió Belle posando sus ojos en el pequeño que acompañaba a Emma
Tenía los ojos de su madre, así como los cabellos y Belle era suficientemente inteligente para atar cabos.
-Henry, voy a acompañarte a buscar los libros de piratas.
Una vez que el chico hubo elegido sus libros, ella los llevó al mostrador para hacerle un carné de préstamo. Belle se mantuvo en silencio, sin atreverse a cruzarse con su mirada. Esta última no buscó entablar conversación conformándose con sujetar la mano de Henry. Cuando Belle acabó de meter los libros en una bolsa, Emma se inclinó hacia el hijo de Regina para colocarle el abrigo y la bufanda, pero cuando alzó la mirada, se dio de cara con un pin que Belle se había colgado en su pecho. Representaba un cisne blanco con una corona amarillo chillón. Sus miradas se cruzaron y Emma frunció el ceño sin comprender realmente cómo Belle podía mostrar tal pin cuando ni siquiera le dirigía la palabra.
No hizo ninguna pregunta y se contentó con darle las gracias por los libros antes de marcharse. Cuando llegó a Granny's, Ruby, Mary Margaret, David, Will, Chloè y Jefferson estaban esperando aparentemente su visita y Henry se mostró intimidado ante tantas personas desconocidas.
Daniel y él vivían en casa de Emma desde hacía solamente dos semanas, no habían podido venir antes porque Henry tenía que acabar las clases y su entrada en el nuevo colegio de Maine solo se puso hacer a comienzos de mes. Por ese hecho, él aún no había conocido a todas esas personas y visiblemente no tenía ganas. Se escondió tras un trozo de abrigo de Emma.
-Ven, muchacho, toda esta gente son amigos de tu mamá, no debes temer nada- le murmuró ella tiernamente
Él siguió a la rubia, reticente ante la idea de verse rodeado de desconocidos.
Mary Margaret estrechó a la joven contra ella y, aún con ella en sus brazos, se apartó un poco para ver su cara de cansancio.
-¡Deberías pensar en dormir por las noches!- le aconsejó amablemente.
Emma le dio un pequeño abrazo a David que le acaricio la espalda en señal de apoyo, ella se giró hacia Will que le ofreció un asentimiento de cabeza sincero. En cuanto a Chloè, estrecho a la ex estudiante contra ella durante varios minutos, medio sollozando. Jefferson golpeó el hombro de su empleada y casi amiga para a su vez no derrumbarse. Emma se volvió a girar hacia Henry que se había aferrado a la mano de Ruby, la única persona a quien conocía a parte de Daniel que estaba muy alejado de él.
-Os presento a Henry, el hijo de Regina- murmuró ella a la asistencia
David fue el primero en inclinarse para tender su maño al pequeño que miró a Emma, inseguro ante lo que hacer. Por sí mismo, intercambió un suave movimiento de puño con el profesor de matemáticas.
-Es un placer conocerte, hombrecito. Mi hijo debe tener la misma edad que tú, ¡tienes que conocerlo!
Tras haber conocido a todo el mundo, decidieron sentarse para charlar. Evitaron el tema del juicio pues todos estaban al corriente del caso, algunos ya habían ido a algunas audiencias y Emma enviaba un email a cada uno de ellos en cuanto las puertas del tribunal se cerraban.
Sin que nadie se diera cuenta, la noche cayó afuera del café y Granny propuso una cena caliente antes de volver a casa. Henry, que solo estaba a la mitad de uno de sus libros, se sintió contento de poder continuar su lectura mientras la comida se preparaba. Una vez la cena servida, Emma vigiló que Henry no tuviera en el plato trozos muy grandes y que bebiera con regularidad.
Mary Margaret la observaba, con lágrimas en los ojos, se giraba cada cierto tiempo hacia David para buscar consuelo y su marido se encargaba de pasarle una mano por su espalda para serenarla.
Emma se permitió tres vasos de vino bajo la mirada cuidadosa de Daniel que se encogía de hombros cada vez que ella le pedía su permiso con una mirada.
Dejaron el restaurante tarde, Henry se había dormido en los brazos de Emma y lo llevó hasta la acera.
-¿Sabes, Emma? Deberías mudarte- le dijo Mary Margaret esperando a que David trajera el coche.
Emma acunó suavemente al niño sonriendo tímidamente a su ex profesora de biología.
-Cuando Regina esté aquí para ayudar, todo irá mejor- aseguró la rubia
La morena asintió con la cabeza antes de subirse al coche donde la esperaba David.
Emma y Daniel hicieron el camino en silencio, solo la nieve crujiendo bajo sus pies rompía el silencio. Daniel propuso varias veces coger el niño para librar a Emma del peso, pero la joven se había negado.
-Me había equivocado- soltó Daniel lanzando una ojeada a la rubia
-¿Equivocado sobre qué?- preguntó ella torciendo el cuello para mirarlo
-Sobre ti, al final pareces lo suficientemente fuerte para encajar todo esto
-¿Sorprendente, eh?
-Bah, para ser una pequeña rubia eres bastante testaruda
-¡No soy pequeña!
Daniel sonrió débilmente
Tras haber acostado al pequeño, Emma lo arropó y depositó un beso en su frente.
-¡Emma!- la llamó Henry cuando estaba balando del altillo
-¡Duérmete, muchacho!- murmuró Daniel posando una mano tranquilizadora en su cabeza
-¡No, quiero dormir con Emma! ¡Tengo miedo!
Emma volvió sobre sus pasos y se arrodilló delante del pequeño.
-¿De qué tienes miedo?- preguntó pacientemente
Él se encogió de hombros, no estaba seguro de compartir eso con cualquiera. Resignada, ella suspiró y abrió las sábanas para que él pudiera salir de la cama y bajar con ella. Daniel no protestó, feliz de que el niño confiara en la joven. Se acostaron y se durmieron rápidamente, demasiado cansados para hacerse cosquillas.
Una corriente de aire frío despertó repentinamente a la joven. La ventana de la cocina estaba abierta de par en par y dejaba entrar un viento helado. Se giró hacia Henry para ver si él seguía durmiendo y divisó una forma a su lado. Narcissa estaba ahí, colocándole suavemente el cabello en su sitio. Ella lanzó una mirada a Emma.
-Oh, Darling, ¿qué te esperabas? ¿Que abandonara fácilmente?
-¡No lo toques!- murmuró Emma para no despertar al niño.
-¡Vaya, pero si muerde!- gruñó Cruella levantándose –Te has equivocado, Emma…¿sabes en qué? ¡A la hora que es, Regina seguramente estará tirándose a una guardiana de Rikers…a no ser que un matón se haya deslizado hasta su celda para tirársela!
-¡Emma!- la llamó Henry poniendo su pulgar en la frente de la joven para que se despertara.
Apretó suavemente la cabeza de la muchacha.
-¡Emma!- continuó notando las lágrimas bajando por su rostro
-¿Hein? ¿Qué? ¡Henry! ¿Qué te pasa?- entró en pánico la rubia mientras se levantaba para mirar al pequeño. Miró a continuación la ventana de la cocina que estaba cerrada.
-Emma…me he hecho pipí…
Ella tardó varios segundos en comprender que no hablaba de pipí en el baño. Comprendió inmediatamente que la sensación de mojado que tenía en su muslo no era una ilusión.
-Oh, vaya…no es grave, chico, vamos a cambiar las sábanas y limpiarnos, ¿de acuerdo?
Él volvió a llorar, avergonzado por haber inundado la cama de su anfitriona.
-No llores, no es nada grave, a mí me ha pasado muchas veces también, cuando era pequeña.
-¿Ah sí?
-¡Claro! ¿Tuviste una pesadilla?
Él movió al cabeza de arriba abajo.
-Bueno, ve a darte una ducha mientras yo me ocupo de la cama, ¿de acuerdo?
Daniel, despertado por el ajetreo, bajó algunos peldaños de madera para ver a la rubia buscando en un armario.
-¿Qué ocurre?- preguntó él con voz adormilada
-Henry ha mojado la cama…
-¡Oh, no puede ser!- exclamó Daniel, de repente enfadado
Emma frunció el ceño.
-¡Hey! ¡No es nada grave, no te preocupes!
-¡Ya no debería hacer ese tipo de cosas!
-No tiene en absoluto la vida normal de cualquier niño, prefiero que se haga pipí en la cama antes de que se vuelva violento o cualquier otra cosa. Tenemos que conseguir que nos diga de qué tiene miedo, pero si te tiras a su cuello cada dos por tres, no hablará- dijo ella irritada mientras cambiaba las sábanas.
-Emma, lo conozco mejor que tú, y necesita disciplina para no…
-¿Disciplina?- cortó Emma, atónita –¡Daniel, es un niño cuya madre corre el riesgo de pasarse su vida en la cárcel y que está siendo criado por el hermano del violador de su madre y por una casi desconocida a quien aprecia porque ella sabe hacer polvo de hada! ¡Tiene razones para estar asustado, yo misma no sé cómo hago para no orinarme en la cama todas las noches!
-Precisamente, si su futuro cotidiano va a ser ese, habrá que prepararlo para…
-Daniel, siempre quieres preparar a la gente para el futuro. Regina no podía salir con una persona como yo con el pretexto de que se vería obligada a partirme el corazón o con el pretexto de que yo podría ser una amenaza para ella. Ahora, haces lo mismo con Henry. Vas a hostigarlo y será infeliz. Si le echas la bronca cada vez que tiene un problema, nunca te hablará y se cerrará y se negará al más mínimo pedido de confianza que venga de alguien.
-¡Necesito que sea fuerte!
-¿Por qué?- gritó Emma abriendo los brazos
Daniel se rascó la nuca en el momento en que Henry salía del baño, enrollado en una toalla.
-Emma, no tengo pijama
-S, chico, te lo he puesto sobre la tapa del wáter.
Henry volvió al cuarto de baño, pero cuando Emma se giró para seguir la conversación con Daniel, este había desaparecido. Había subido a acostarse sin decir una palabra más.
Cuando Henry volvió, Emma aprovechó para dejarlo bien arreglado para seguir la noche.
-Di, chico, ¿quieres hablar de lo que te preocupa?
Encogimiento de hombros
-Quizás podría ayudarte, ¿no crees?
Encogimiento de hombros
-¡Hey! ¡Te recuerdo que soy la inventora del polvo de hada!
-Lo sé
-¡Entonces, creo que puedo intentar ayudarte!
-¿Es que…si mamá no vuelve, puedo quedarme contigo? ¿Serás mi nueva mamá?
-Oh…euh…no Henry, quiero decir, nunca sustituiría a tu mamá, por supuesto podría cuidarte junto con tío Daniel, pero…tu mamá siempre será tu mamá
-Humf…¿sabes? Es duro no tener papá, no deseo no tener mamá…la echo de menos
-Yo también, chico…yo también.
Regina estaba sentada al lado de su abogado y parecía que todas sus fuerzas la hubieran dejado. Emma se contuvo para no gritar, estaba temblando de arriba abajo, se cruzó con la mirada de Regina. Era intensa y vacía, confusa y rota…Ella lo sabía. Al alba del cuarto día de juicio, se daba cuenta de que su abogado no estaba muy comprometido y que estaba a punto de que la acusación la masacrara. Una vez la audiencia terminada, Emma, que estaba sentada justo detrás de su novia y su abogado, aprovechó para interrumpir su breve discusión estéril.
-Emma, ¿qué…?
-¿Cuándo piensa sacar la artillería? ¡Estamos perdiendo este maldito juicio!- gruñó entre dientes.
-Emma, cálmate- murmuró la morena posando su mano en el antebrazo de la joven.
-¡No!- gruñó ella, temblando de cólera –¡Tu hijo está muerto de miedo de que tú no vuelvas nunca, yo estoy muerta de miedo de que no vuelvas nunca y él – dijo señalando a Mendell con el dedo –se conforma mirando cómo avanza el juicio como si simplemente fuera un miembro del jurado!
-¡Señorita, creo que todo esto la sobrepasa un poco, no intente enseñarme cómo hacer mi trabajo!
Emma apretó los puños, bien dispuesta a darle un puñetazo en la cara, pero la mano de la morena hizo que destensara los dedos.
-¡Emma, no vuelvas a hablarnos cuando el jurado esté en la sala!
Regina le dio la espalda, dejándola atónita, sin voz.
-¡Estoy de acuerdo contigo!- soltó una voz tras ella
Emma se giró y descubrió a Belle French.
-¿Qué haces tú aquí?- preguntó secamente la rubia
-Emma…yo…¿te importaría tomar un café conmigo? ¡Te invito!- argumentó Belle
La rubia dudó unos segundos y después se dirigió a la puerta.
-¡Un café, es todo!
Belle estaba estresada, sus gestos eran vacilantes aunque intentaba demostrar una calma olímpica.
-¡Henry de verdad es adorable!- dijo ella alzando la mirada hacia su antigua amiga.
-Sí…es verdad- concedió Emma manteniendo las manos en su taza de café
-Emma, te debo una explicación…
-¡No, Belle, no me debes nada, te lo aseguro!
-¡Sí! Éramos amigas y…me tomé muy mal que no nos hubieras hablado de tu relación con la profesora Mills
-¿Por qué?
-Porque…yo os confesé la mía, no fue fácil, pero lo hice y…¡por amor de Dios! ¡En París, podrías habérnoslo contado! ¡Ahora comprendo mejor por qué encontraba vuestra relación extraña!
-¡Ahórrame los detalles! ¿Quieres?
-Siento haberte dejado caer, Emma, pero…lo recompensaré
-Belle, no necesito que lo recompenses, es así, es todo
-¡No! ¡Espera Emma! ¡Hay…hay alguien a quien me gustaría presentarte!
-¡Belle, he aceptado un café, no hacer una noche de pijamas contigo!
-Por favor, Emma, incumbe a la profesora Mills
La atención de la rubia repentinamente se centró en Belle.
-¿De qué hablas?
-Desde el comienzo del juicio, conseguí formar parte de la asistencia al tribunal, y estoy de acuerdo contigo cuando has dicho que ella no está siendo defendida correctamente. Ese abogado, ese Mendell es un puro cretino, habría podido protestar centenares de veces y no lo ha hecho. Estoy segura de que si tuviera otro abogado, tendría una oportunidad de salir de ahí.
Emma frunció el ceño y se hundió en su asiento.
-¿Por qué me ayudarías?
-Porque entre tú y yo, si amas a esa mujer, es que es inocente. Es que ella ha actuado en legítima defensa. Si amas a esa mujer, es que no es la manipuladora que ha puesto bajo sus garras al «pequeño cisne». Los medios se ensañan con el hecho de que tú estabas presente durante «la ejecución» de Narcissa DeVill, pero, ¿al abogado no se le ocurre llamarte a testificar? ¡Este juicio es una auténtica farsa! Incluso no comprendo cómo…
-¡Wow! ¡Espera, Belle! Parece que has estudiado bien el tema
-Evidentemente, parece que no me conocieras. Pero no te he pedido que vinieras a tomar un café conmigo para charlar de mi opinión sobre el tema. Emma, tengo que presentarte a alguien que podrá ayudarte mucho más que yo.
-¿Quién?
Belle miró hacia la puerta de entrada del café y señaló con el mentón a un hombre.
-Allí, ese es Rumpel Gold…
Emma se giró enérgicamente, ella lo reconocía, había pasado la Navidad con ese hombre.
-Lo conozco, ya lo he visto y…pero…espera, ¿es tu chico?
-Sí…
-¡Nunca até cabos! Bueno…¿y qué hace en otra mesa?
-¡Le he pedido que espere!
-¿Que espere qué? ¡Joder, Belle, estoy agotada, no pillo nada!
-Te voy a explicar, pero…puede convertirse en el abogado de la profesora Mills. Creo que…escucha, ¡es mucho más competente que ese estúpido de Mendell!
Emma posó su mirada en el hombre que bebía tranquilamente su café.
-¿Por qué me ayudaría?- preguntó Emma suspicaz de repente
-Porque yo se lo he pedido…
Perpleja, la rubia cruzó los brazos sobre su pecho, no veía por qué un abogado reputado podría escuchar a su novia.
-…y porque no solo se trata de un caso mediático sino sobre todo porque le prometí una huelga de sexo si no intentaba recuperar ese caso…
-¡Ajjj…Belle!- dijo asombrada Emma
-¿Qué? ¿No me digas que tus atrasos en clase no eran provocados por la señora directora adjunta?- bromeó Belle pasándose una mano por los cabellos.
Emma sonrió antes de volver a ponerse seria.
-¿Qué tengo que hacer, Belle?- preguntó ella, seriamente
-Ve a verlo y escúchalo. Es…sé que puede parecer frío, pero…te aseguro que…es un hombre bueno.
-En cuanto a nivel de frialdad, te recuerdo que mi novia es Regina Mills…así que debería soportarlo.
Emma se levantó con su taza de café y se dirigió con paso vacilante hacia el abogado. Se quedó unos segundos tras él. Él leía el periódico pacientemente mientras le daba vueltas a la cucharilla en una taza desportillada.
-No voy a esperar al cierre, querida- escuchó ella mientras seguía observándolo
-¿Señor Gold?
-¡Exacto!- afirmó él girándose repentinamente hacia ella
Tenía cara de serpiente maligna y astuta. El trabajo de abogado le encajaba como un guante a su físico, pero no le hizo partícipe de su opinión. Con un gesto de la mano, la invitó a sentarse frente a él y ella obedeció, bastante incómoda.
-Soy…
-¡Hermosa, eso es un buen punto!- cortó él mientras seguía leyendo el artículo de prensa.
Emma le lanzó una mirada como si estuviera loco y retrocedió lo máximo posible. Belle le había mentido, no era frío, solo era extraño.
-¿Qué quiere decir con «es un buen punto»?
-Veremos eso más tarde, ¿quiere? Da igual, si no quiere, volveremos de todas maneras- él bajó una esquina del periódico para lanzarle una ojeada y finalmente declaró dejando su lectura en una esquina de la mesa.
-Parece que van a perder el juicio- dijo él señalando el artículo de prensa que estaba leyendo
-Solo estamos en el cuarto día…- argumentó ella con voz débil
-Querida mía, si no tiene nada que decir, hágame un favor, ¡cállese!
Emma desorbitó los ojos, ya no sabía por dónde tirar. Al otro lado de la cafetería, Belle saboreaba tranquilamente su café y Emma deseó de repente que ella se atragantara con la bebida. ¡Qué idea presentarle a un hombre tan extraño sin acompañarla!
-Bien, ahora que tengo su atención, comencemos. Tome una hoja y un bolígrafo, le va a escribir a la señora Queen y yo le entregaré la carta.
Emma cogió torpemente el bolígrafo frunciendo el ceño, esperó que le dijera algo más, pero nada, en lugar de eso, se volvió a hundir en el periódico y sorbió un buche de su café.
-Euh…perdóneme, pero…¿qué debo escribir?
-¿No es evidente, querida?- preguntó él con una voz de repente aguda –Mi amor, bla-bla-bla, tienes que contratar a este abogado bla-bla-bla si no, acabarás el resto de tus días tras los barrotes viendo a tu hijo en una sala llena de personas en situación de exclusión social
-¡Hey!
-Oh…¿está asombrada? ¡Creo que lo estaría mucho más si se vieran en una de esas salas!
-Espere un momento…no comprendo muy bien, aparentemente no soy una lumbrera, así que si pudiera ayudarme a ver más claro antes que usar un tono condescendiente conmigo
Gold alzó su mirada hacia ella por primera vez y sonrió diabólicamente.
-Ya veo, va a estar perfecta en su papel, querida. Bien, bien, bien, me apiadaré de usted y le explicaré. Mañana le haré una visita a Regina Queen, justo antes de su audiencia e iré con la carta que usted va a escribir para que ella acepte mi trato. A continuación, conversaremos con la juez para poder obtener el derecho de revisar el dossier. Pediré una semana, debería ser suficiente. Por cierto, durante esa semana, le estaría agradecido si no abandona Nueva York. ¡Van a inflamar los medios, será perfecto!
-No comprendo, piensa hacerse publicidad a nuestra costa o…
-Querida, intento sacar a su novia de la cárcel, es todo lo que necesita saber.
Emma no confiaba, ese hombre para nada le inspiraba confianza, pero realmente no tenía elección, parecía que ya tenía un plan cuando Mendell no tenía ninguno.
-Espero su carta, querida- coqueteó Gold con su sonrisa de crápula.
Emma suspiró y le quitó la tapa al bolígrafo para comenzar su redacción. Se aplicó a ello y pasó tiempo buscando el modo de construir sus frases para que Regina aceptara tal cambio.
Cuando hubo acabado, él le arrancó el papel de las manos y leyó sin ningún pudor lo que ella tardó tanto en escribir. Bajo sus ojos horrorizados, él arrugó la hoja con expresión descontenta en su rostro.
-No le he pedido una carta de amor sino un argumentario.
-Diga, ¿no es usted quien debería hacer este tipo de cosas?
-Cierto, pero me llevaría demasiado tiempo frente a Regina Queen, entonces, ¿qué mejor que su punto débil para convencerla?
-¿Punto débil?
-Un abogado siempre debe conocer el punto débil de su cliente, y el de Regina es usted. ¡Venga, escriba!
Emma suspiró y escribió una carta, después otra, y otra, Gold las rechazaba todas, revirando los ojos y sacudiendo la cabeza. La última hizo que levantara una ceja, inquisitivo.
-¡Por todos los diablos! ¡No estoy seguro de que le guste!
-¡Esta no era para ella!- respondió Emma lanzándole una sonrisa satisfecha.
-¡Pueril!- soltó él dejando el papel sobre la mesa
-Ya está, es la última que escribo, y le aviso que si se atreve a romperla, le hago tragar su taza desportillada y le pido a Belle que se engulla la tetera- amenazó ella tendiéndole otra hoja.
Gold echó una ojeada a la hoja y la dobló delicadamente antes de guardarla en su bolsillo interior. Después sacó un billete de cinco dólares y lo tiró sobre la mesa.
-Nos vemos en la audiencia, señorita Swan
Regina esperó que le quitasen las esposas y lanzó una ojeada al interior de la sala donde su abogado la esperaba. Sin embargo, no se trataba de su abogado, sino de un hombre que había visto varias veces. Rumpel Gold estaba sentado allí, su bastón apoyado en un lado de la mesa y una pila de papeles bajo su mirada.
-Querida, siento decirle esto, pero el naranja no es su color- dijo él al verla entrar en la sala
-Lo sé, el negro me va mucho más- replicó Regina sentándose delante de él -¿Qué hace usted aquí?- preguntó sin preámbulos.
-Tengo una carta para usted, de Emma Swan…
Con la punta de los dedos, dejó la hoja de papel bajo la mirada de Regina y esperó a que ella la leyera completamente. Cuando lo hubo hecho, ella alzó la cabeza hacia él y él abrió las manos con una sonrisa burlona.
-Bien, ¿tenemos un acuerdo?
