Hola a todos!! He vuelto!! Quería esperar algún día más para publicar pero aquí estoy... viendo que me estaban pidiendo que actualizara, actualizara, actualizara... Pero una cosa si digo, he recibido 12 o 13 reviews, creo que es en el que más he recibido, lo que me hace pensar que tendré que hacerles esperar para recibir reviews...jajaja Es broma, yo siempre actualizo lo antes que puedo. Que decir? Pues que muchísimas gracias a: Vreth Lillmans, DragFire, Saiyury, Lunatica (muy largo jeje, ahora te contesto), gisethpotter,Vi7a (triple agradecimiento, aunque el último era más una amenaza jaja), Liss Snape(thomsson quedo vivo, pero loco...xD con eso le bastaba) angeluz21, roxyo, Nick Merlin Magus, Sabrina(gracias por ser yo el primero, y sí, creo que scarlett ya me lo había dicho,me alegro de que te guste) y Antonio Rodriguez.
Solo respondo tres preguntas y ya! Vamos a ver Lunática, Harry "aún" no está enamorado de nadie, si es esa la pregunta, sentirá algo por alguien en el futuro?? La respondo o no la respondo, mejor no...jaja y aún menos la de quien será ese alguien, que por cierto, mucha gente ya pone como pareja a Angelina, no se precipiten...jaja aunque no es muy creíble lo que digo(después de que lean este cap lo entenderán) El proximo DarkLord Harry?? No, se aproximará en algunos momentos, pero este no es un DarkHarry, aunque a mí también me gustan, me estoy planteando hacer uno con alguien, pero esa es otra historia. Mcgonagall... una persona justa y leal, (una griffindor) está con Dumbledore, lo que no quiere decir que comparta todas sus ideas.
No digo nada más, que quiero decir poco y al final mira hasta donde llego... Un aviso, me ha costado volver a escribir después de las vacaciones, así que no esperen uno de mis mejores caps, aún así creo que está interesante y espero que les guste...
Capítulo 20: Un ejército y un nuevo Lord.
Sólo un par de días habían transcurrido desde que había cumplido su amenaza con los miembros del Wizengamot. Como había supuesto, no había podido dormir nada, no sólo la primera noche, sino la segunda también. Se había dedicado a empezar las noches leyendo algún libro de magia negra y terminándolas en algún bar. Ron sabía que no pasaba las noches en la torre, pero no había vuelto a intentar preguntarle nada, algo que le extrañaba. Y para su desgracia estaba obligado a asistir a las clases, muchas ausencias provocaría que comenzaran a sospechar, en el caso de que no lo hicieran ya. Tenía que encontrar una manera de acabar con su insomnio sin ser con pociones. Tomar muchas pociones acabaría por pasarle factura en las batallas.
Aparte del cansancio, con las clases no tenía demasiados problemas. En Defensa se limitaba a asistir, después de aceptar formar el ED, Stumlich lo había dejado tranquilo. No podía decir lo mismo de pociones. Cada día sentía más ganas de hacerle pagar a Snape todo lo que le había hecho, sólo estaba esperando encontrárselo un día como Torprey Hart y no como Harry Potter para decirle unas cuantas cosas, y hacerle otras tantas. Las pociones que le mandaba, aunque eran difíciles, las hacía sin demasiadas complicaciones. Incluso se había dado el caso de que la poción que su profesor le mandaba a realizar ya la tuviera hecha, debido a que en verano había hecho una tremenda cantidad de pociones de todos los tipos. El resto de las clases no tenían mayor importancia, Mcgonagall lo tenía vigilado por si volvía a "susurrar" algún hechizo, pero con ser un poco responsable y ser consciente de su poder era suficiente.
Sin lugar a dudas lo mejor eran los entrenamientos de Neville. Su amigo progresaba continuamente, tal vez no tan rápido como le gustaría a él, pero ya le había demostrado que no se había equivocado cuando decidió ayudarlo a sacar su poder. Después de algunas lecciones básicas de duelo, lo primero que le estaba enseñando a su amigo era la Oclumancia. Si pretendía en un futuro no muy lejano contarle la verdad a Neville, éste debería aprender a guardar esa verdad sólo para él. Habían acabado la clase de aquel día cuando se le ocurrió que podía probar algo.
-Neville…-lo llamó antes de que saliera por la puerta de la sala de los Menesteres.-espera un momento…-dijo mientras pensaba en donde había dejado su verdadera varita.
-Estoy agotado Harry, si entras una vez más en mi mente… mañana no vengo-bromeó su amigo volviendo sobre sus pasos.
-Quiero que pruebes algo…-sugirió Harry haciendo aparecer la caja negra de su nueva y extraña varita en su bolsillo. Sacó la pequeña caja negra, la abrió y mostró a Neville su varita.
-Esta no es tu varita, quiero decir, es la tuya, pero no es exactamente como la que estás usando ahora…-expresó Neville con razón.
-Es una larga historia…-sonrió Harry-Quiero que cojas la varita e intentes hacer un Expelliarmus.-determinó acercándole más la caja. Neville, sin saber lo que había ocurrido con aquella varita, la cogió sin dudarlo.-¡Pero a mí no!-exclamó Harry rápidamente cuando su amigo estaba a punto de lanzar el hechizo hacia él.-Hazlo sobre el muñeco ese, que para eso está…-añadió señalando a la figura de madera que utilizaban el curso pasado en el ED y que la sala se encargaba de proporcionar. Pero ya había algo que lo desconcertaba, Neville llevaba con la varita aproximadamente un minuto y no había ocurrido absolutamente nada.
-¡Expelliarmus!-exclamó Neville hacia el muñeco. La supuesta varita de la figura salió limpiamente disparada. No ocurrió nada más. Fue un simple expelliarmus bien realizado.-La varita está perfectamente.-apreció Neville queriendo entregársela a Harry pero éste le hizo un gesto para que la dejase de nuevo en la caja.-Estoy agotado…me voy. Hasta luego Harry.
-Hasta luego…-murmuró Harry mirando la varita. No había vuelto a probarla, tal vez como acababa de ser elaborada en la tienda de Olivander se había comportado así. Sólo tenía una forma de averiguarlo. Con más dudas de las que su compañero había tenido, cogió la varita lentamente y se preparó para realizar un hechizo. Sin embargo, volvió a sentir un escalofrío recorrerle el brazo. Notó como su magia se alteraba. Sin poder evitarlo, la varita comenzó a vibrar como había sucedido la otra vez. Intentó concentrar su poder en la varita, algo que sólo empeoró la situación. Como la otra vez, aparecieron llamas en forma de latigazos a su alrededor. Sabiendo como terminaría todo, intentó soltar la varita con todas sus fuerzas, y a diferencia de la vez anterior, ésta vez si logró soltarla. Se miró la palma de la mano y vio como se había quedado allí la marca de la varita, aunque menos intensa que en Olivanders. La varita le quemaba la mano. Pero eso no podía ser, la varita no tenía poder por sí sola para quemarlo. Y menos quemarlo, el fuego era su elemento. ¿Y si era una señal? Fuego. Quiso concentrar su poder, pero sabía que aquel no era el lugar más apropiado. Sin pensárselo más, metió la varita en la caja y desapareció de allí apareciendo al instante en el cuarto de entrenamiento de la sala de los herederos. Y en ese instante si empezó a concentrar su poder. Lentamente, comenzaba a aparecer a su alrededor un aura, un aura roja que lo envolvía. Tras dos minutos concentrando su poder, se decidió a volver a coger la varita. Volvió a sentir el escalofrío, pero esta ocasión fue diferente. Sentía un poder extraño, un poder ajeno a él que intentaba penetrar en su cuerpo. Con todo su poder concentrado, pudo contener en la medida de lo posible ese poder que notaba en la varita. Miró uno de esos muñecos que tenía también en aquella sala y se preparó-¡Expelliarmus!-exclamó. Tuvo que esperar unos cinco segundos hasta que el rayo rojo del hechizo salió de la varita con un estallido y con tal fuerza que lo hizo retroceder varios pasos. El, en principio, inocente hechizo llegó hasta la figura y chocó contra ella produciendo una explosión, que lo hizo retroceder aún más, y haciéndola estallar en mil pedazos.- Vaya…-pronunció Harry viendo diminutos trozos de madera por todas partes. A causa de perder la concentración la varita volvió a quemarle la palma de la mano, soltándola enseguida. Necesitaba mantener una completa concentración para controlar su varita, pero al menos ya había encontrado la manera de controlarla. Sólo necesitaba práctica. Debido a que no dormía desde hacía dos noches, no se encontraba en su mejor momento, pero podría volver a intentarlo, sólo para probar algo con mayor intensidad que un simple hechizo desarmador. Aunque tal vez si no utilizaba la sala para formar una ilusión podría causar algún daño al castillo. Iba a transportarse de forma ilusoria a una montaña cuando alguien tocó en la puerta. Sus amigas habían aprendido desde aquella vez que casi las desintegra con una esfera gigante.-Adelante…-instó Harry. La puerta se abrió y tras ella entró Angelina.
- Hola… ¿Cómo estás? No te he visto muy bien en las clases…-opinó la chica examinándolo con la mirada.
- Bien, un poco cansado, nada más. Estaba entrenando.-añadió al ver como Angelina observaba los trozos de madera esparcidos por todas partes- Aunque ya es tarde… ¿Qué haces por aquí?-le preguntó Harry aunque esa pregunta también podría haber sido dirigida hacia él.
-Buscarte…-respondió Angelina sincera.- Quería proponerte algo… ¿te apetecería dormir esta noche juntos?-preguntó Angelina directamente. Si se lo hubiera dicho otra chica hubiera sonado a una proposición de algo más, pero la confianza que tenía ya con Angelina y después de pasar varias noches juntos hacían que esa pregunta no fuera más que lo que simplemente preguntaba.
-Pero tienes que dormir en la torre de Hufflepuff.-advirtió Harry.
-Y tú deberías hacerlo en la de Griffindor…-contestó su amiga con algo más detrás de aquella contestación. Su amiga sabía que no había dormido en su torre en dos noches.
-Hermione…
-Hermione…-repitió Angelina justo detrás de él.-Me ha dicho que hace dos noches que no duermes en la torre de Griffindor, y como aquí tampoco has estado, son dos noches que no has dormido. No sé que hiciste hace dos noches, pero si no te deja dormir, déjame al menos ayudarte y estar contigo…-pidió la chica mirándolo con sus preciosos ojos azules.
-Sabes que si me miras así no puedo decirte que no…-aceptó Harry con una sonrisa.
-Lo sé…-rió Angelina acercándose a él y mirándole la mano quemada.-¿Qué te ha pasado?
- Es una larga historia…
…
Había pasado más de media hora y ya se encontraban los dos en el dormitorio de Hufflepuff. Tal vez lo que necesitaba para conciliar el sueño era despejar un poco la mente, algo que hablando con Angelina últimamente siempre conseguía.
-¿Has entrado en el equipo de Hufflepuff?-preguntó Harry sorprendido. Estaba sentado en la cama acomodado hacia un lado con un cojín.
-¿Por qué lo dices con ese tono? Vuelo bastante bien… Y no tenían un muy buen buscador que digamos.-respondió Angelina en la misma posición pero en el otro lado de la cama.
-¿Buscadora? ¿Eres buscadora?-preguntó Harry sin creérselo.-¿Sabes lo que eso significa?
-Sí, que yo cogeré la snitch y tú no…-afirmó Angelina dándolo por obvio.
-Si tú lo dices…-alegó Harry quitándole importancia.-Puedo lanzarte la noche antes del partido un hechizo y que no aparezcas al día siguiente…-pensó Harry en voz alta-o podría hacer que vieras doble…o triple…-comentaba Harry de broma como si Angelina no estuviese allí.-O podría hipnotizarte y que te creyeras que eres una bateadora en vez de…
-Sí claro, y tengo once años para dejarme hacer todo eso…-ironizó Angelina-Soy la heredera de Hufflepuff, ¿qué te crees?-Harry rió ante el comportamiento de la chica.
- Sin varita, sin manos, y sin tocarte, sería capaz de hacer ahora mismo que te tiraras por la ventana…-bromeó Harry.
- ¿De verdad? Me gustaría ver como el poderoso "Torprey Hart" consigue eso…-lo incitó la morena. Harry sonrió y cerró los ojos un momento, cuando volvió a abrirlos sus ojos ya no eran los mismos, aunque eso no lo percibió la chica. Mantenían su verde característico, pero las pupilas ya no eran redondas, sino finas y alargadas. Su serpiente Quetza tenía mucho que ver.
-Angelina…-llamó Harry a la chica para que lo mirara, ésta iba a decir algo pero cuando vio los ojos de Harry se quedó completamente paralizada.-Sal de la cama y dirígete hacia la ventana…-la chica hizo exactamente lo que Harry le había ordenado.-Detente…-ordenó Harry antes de que Angelina se acercase más de dos metros de la ventana, tampoco quería hacer literal su broma. Pero pensó que podía gastarle una broma mejor…-Súbete la camisa lentamente-le pidió Harry a la chica, que agarró su pijama y comenzó a dejar su estómago al descubierto. Harry no era ciego y reconocía lo increíblemente guapa que era Angelina, aunque nunca había visto la gran figura que tenía.-Para…-exclamó a su pesar cuando empezó a ver el sujetador que llevaba su amiga.-Despierta…-finalizó haciendo que la chica volviera en sí. Al ver la situación en la que se encontraba, dejó caer rápidamente su camisa y miró entre desconcertada y ruborizada a Harry.-No pensé que fueras la típica niña que llevara ropa interior rosa…-comentó Harry estallando en risas y cayendo hacia atrás.
- Esta me la pagas…-contestó Angelina furiosa y aún sonrojada abalanzándose sobre Harry. Con Angelina sobre él, giró hacia un lado dejándola a ella debajo y a una distancia más que cercana.
- No sé de que te quejas, he sido un caballero, podría haberme aprovechado de ti y no te hubieras enterado…-intentó bromear Harry, pero antes de terminar de hablar, sintió que había metido la pata hasta el fondo.-Lo siento…no quería decir…-pero Angelina no lo dejó disculparse y se giró para volver a dejarlo a él debajo.
-Si vas a aprovecharte de mí, por lo menos déjame estar consciente de lo que ocurre…-contestó la Hufflepuff con una sonrisa pícara y mirándolo fijamente a los ojos. Suponía que lo había dicho en broma, aunque la verdad era que había sonado con otro tono del que estaba llevando la conversación, a pesar de que lo había dicho sonriendo. Se produjo un silencio entre los dos tras aquellas palabras.-Harry… Me gusta…s…gustaría no volver a estar mal contigo…-comentó la Hufflepuff corrigiendo su error en voz muy baja. "Angelina, ¡eres una cobarde!" se castigó ella misma mentalmente.
-No te preocupes por eso ahora…-le contestó Harry también en voz muy baja. No quería pensar en lo que le había parecido entender y percibir de su amiga, estaba pensando mucho últimamente.-Te prometo que estaremos así de bien siempre…-cuando pensó en lo que había dicho se dio cuenta de que era una… podía definirlo como una cursilería lo que acababa de decir, en su cabeza había sonado mejor. Harry le dio un sincero abrazo y se liberó de donde estaba dándole un cariñoso beso en la mejilla.-Pero sigo pensando que te quedaría mejor el color azul para la roja interior…-rió Harry, recibiendo un codazo de su amiga-Te haría juego con los ojos…
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Expectación, más que otra cosa, expectación. Ese era el sentimiento más extendido en aquellos momentos en la sala de los Menesteres. Eran demasiados como para realizar las reuniones en el aula de Defensa. El ED daba comienzo con aquella reunión. Stumlich se encargaba de comprobar que estuvieran todos los alumnos mientras él estaba sentado en una cómoda silla completamente aburrido. Con los conocimientos que tenía ahora y el grupo del curso anterior, podría haberse divertido este año, pero con un grupo como aquél lleno de espías y sin poder confiar en nadie, mucho se temía que iba a pasar mucho tiempo aburrido en esa silla.
-Ya estamos todos.-expresó Scott con un suspiro de alivio-Es la última vez que se retrasa la reunión, si alguien no llega a tiempo… tendrá que quedarse fuera.-informó Stumlich mirando de reojo a algunos alumnos.-Cuando quiera puede empezar con la clase, profesor Potter.-finalizó su profesor de manera algo irónica y dejando toda la atención en él. Sin otra opción, empezó a hablar sin tan siquiera levantarse de la silla.
-Pues… ¡Hola a todos de nuevo!-saludó Harry con una falsa sonrisa.-Para mí la mejor idea sería hacer un repaso de lo aprendido el curso…
-¿Cómo es enfrentarse a él?-preguntó un chico que suponía era de Hufflepuff por la túnica. Si fueran las mismas personas del curso anterior no hubiese tenido que soportar esa pregunta, pero como había muchas incorporaciones, tendría que pasar por aquello de nuevo. La mayoría, si no todos, prestaron especial atención a su respuesta, incluido Stumlich.
- Preferiría no ser interrumpido…-le reprendió Harry de mala gana haciendo que pensaran que no iba a responder a la pregunta.- Y no sé a quien te refieres…¿quién es él?-preguntó haciéndose el idiota, sabía muy bien a quien se refería, pero si no lo pronunciaba, no contestaría.
-quien-tú-sabes… quien-no-debe-ser-nombrado.-contestó el chico algo tembloroso y mirando hacia los lados en busca de alguien que lo apoyara.
- Yo no lo sé, y no sé quien no debe ser nombrado, todo el mundo tiene un nombre…-algunos alumnos ya sabían que era lo que pretendía Harry, aunque el primero que sonrió fue Stumlich.
- Se refiere a Voldemort…-respondió otra persona que no era el chico de Hufflepuff. Miró hacia la voz y pudo ver a Neville, le dedicó una leve sonrisa a su amigo antes de continuar.
- A partir de ahora, cualquiera que no sea capaz de nombrar a Voldemort debe salir por esa puerta…-objetó Harry levantándose de la silla y señalando la puerta de la sala. Nadie movió un músculo.- Enfrentarse a él es enfrentarse a la muerte…-empezó cogiendo desprevenidos a la mayoría.- Es enfrentarse a tus peores miedos, es enfrentarse al dolor… Y cuando lo tienes delante, no puedes reaccionar, tu cuerpo no reacciona, sabes que por mucho que hagas no podrás librarte de la muerte…-continuó con una voz que estremeció a muchos de los presentes.- Sus ojos rojos… los mismos ojos de la muerte, del color de la sangre de sus víctimas… Puedes pedirle, rogarle, implorarle clemencia, piedad o compasión… es inútil. Lo único que puedes pedirle es la muerte, que en el mejor de los casos te la concederá sin demasiado dolor.-algunos hicieron muecas de terror ante tal conferencia.- Sin embargo, el verdadero reto no es él, el verdadero reto es enfrentarte a ti mismo. Concretamente a tu voluntad, a tu valentía, a tu sentido común, que intenta hacerte entrar en razón y hacerte salir corriendo, algo inútil.-Hizo una pausa para mirar los rostros de todos los presentes y coger aire- Podría describirse así, aunque hay que vivirlo para saber lo que se siente…-terminó Harry con una amarga sonrisa y dejando muchos alumnos con cara de abatimiento.-El problema es que es difícil vivirlo y no morir… yo sólo he tenido suerte… Por mucho que entrenemos aquí, nadie será capaz de hacerle frente si Voldemort decide ir a por él, pero el objetivo no es ese-"ese es el mío" se dijo él mismo en su mente- el objetivo es ser capaz de hacerle frente a los mortífagos… Y como yo ya he sido bastante tiempo el centro de atención, le cedo la palabra a nuestro gran profesor…- concluyó Harry con un sarcasmo evidente y volviendo a la silla, cansado ya de hablar él sólo.
- El señor Potter tiene razón…-lo apoyó Stumlich tomando su relevo.-Aunque no coincido con él en que no podamos hacerle frente a Voldemort… seremos capaces de todo lo que creamos de verdad que somos capaces de hacer.-Harry no pudo evitar emitir una sonrisa ante la estupidez que su profesor acababa de decir, sinceramente, no creía ni que él mismo creyera lo que estaba diciendo.-Sin embargo, hacerle frente a alguien como Voldemort o los mortífagos es muy difícil, no ya por su poder, sino porque cuando estás delante de una persona a la que no le importa matarte desde que cometas el más mínimo fallo, sólo tienes dos opciones: ser capaz de hacer lo mismo que él llegado el momento, o tener una habilidad muy superior a la de él.- o estaba muy equivocado, o su profesor estaba insinuando algo bastante grave para tratarse de un profesor.-y como no vamos a rebajarnos a su nivel, debemos conseguir esa habilidad…-dedujo Stumlich sacando la varita. Scott había terminado como esperaba de un profesor, pero continuaba sin comprenderlo. Tenía la impresión de que no era más que otro espía de Dumbledore, pero su estilo no correspondía al de su director, tenía algo que lo confundía- Como intentó decir Potter, lo mejor será que comencemos por lo elemental antes de pasar a cosas mayores, vamos a empezar con hechizos básicos de desarme, aturdimiento, parálisis…
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Estaba agotado, aunque más que agotado, podría decir desilusionado con todo. La sala común estaba llena de gente en aquel momento. Cualquier otro curso, incluso el anterior, estar con sus amigos en la sala común justo después de una reunión del ED hubiera supuesto felicidad o diversión. Ese año no. Tenía demasiados problemas, demasiadas cosas en la cabeza, demasiados secretos… Ahora mismo poco le importaba Hogwarts, para lo único que vivía era para esa guerra, para su venganza. Y tenía muchas ideas para conseguir su venganza, algunas ideas que se veían lejanas y otras que le requerían esa misma noche. Evelyn le había prometido proporcionarle ciento cincuenta vampiros en diez días, plazo que se cumplía esa noche. Si todo salía bien no tendría muchas dificultades, pero si la vampiresa lo traicionaba, tendría que hacerse respetar.
Sigilosamente se levantó del sillón en el que estaba y se dirigió hacia la salida intentando no llamar la atención. Se acercaba al retrato cuando vio que éste se apartaba antes de llegar él.
- Harry…-soltó Ron al encontrárselo de frente.
- Adiós-soltó Harry sin detenerse y queriendo salir de la sala común.
- Espera…-lo detuvo Ron interponiéndose en su camino. Harry se detuvo y lo fulminó con la mirada, haciendo a Ron titubear- Me…me gustaría hablar contigo, Harry…
- Pues a mí no-contestó tajante.-Y si no te importa, tengo prisa.
- Está bien.-aceptó Ron resignado.- Dumbledore quiere verte en su despacho…ahora.-le informó ahora sí apartándose. Harry no le contestó, se limitó a lanzarle una mirada de de odio para después salir de la sala común.
…
Se dirigía rápidamente hacia el despacho del director. Tenía prisa y quería solucionar en el menor tiempo posible su reunión con Dumbledore, aunque no tenía ni idea que querría esa vez el director. Que Ron le informara de que Dumbledore quería verlo no hacía más que confirmar sus más que sospechas de que el viejo había hablado con Ron para que le contara cualquier cosa que supiese sobre él. Al llegar hasta la estatua se dio cuenta de que Ron no le había dicho ninguna contraseña. Sin embargo, al esperar varios segundos, la estatua comenzó a apartarse dejando ver la escalera en forma de espiral que conducía al despacho. Sin extrañarse, subió las escaleras hasta plantarse delante de la puerta de madera, la cual tocó, pidiendo permiso para entrar. Escuchó la voz de su director y entró en el despacho.
- Buenas noches Harry.-lo saludó el director. Harry no respondió. El director no estaba sólo, sentados estaban Scott Stumlich y… Remus Lupin. No veía a Remus desde Hogsmeade, exceptuando la noche en la que lo había ayudado con su transformación.-No pensaba que vinieras tan rápido…-comentó el director con una sonrisa.
- Puedo marcharme…-respondió Harry serio, ignorando a los otros dos hombres.
- ¿Cómo estás llevando las clases…
- ¿Podemos ir directamente al asunto por el que me ha llamado, señor?-lo interrumpió Harry, haciendo a Remus sorprenderse y a Stumlich sonreír.
- De acuerdo. Me gustaría proponerte algo para el torneo que va a producirse este curso.-desveló su director- Por favor, toma asiento.-le ofreció señalándole hacia una tercera silla que hizo aparecer al instante el director.
-Preferiría permanecer de pie.-se negó Harry todavía cerca de la puerta y sin moverse lo más mínimo.-¿De qué se trata?- El director lo analizó con la mirada antes de continuar. Ni Stumlich ni Lupin habían mostrado intención alguna por hablar, aunque Remus parecía querer decirle algo, sin saber que poder decirle.
- El treinta de octubre comienza la primera fase del Torneo Internacional de Duelo.-comenzó el director serio y sin apartar la mirada de la suya. Harry estaba atento a cualquier posible intento de Dumbledore por entrar en su mente.- Tengo pensado que antes de que dé comienzo el baile de celebración, haya un duelo inaugural.-hizo una pausa tras esas palabras para ver si Harry entendía que era lo que pretendía. Al ver que el chico seguía igual decidió continuar.- Me gustaría que formaras parte de ese duelo inaugural, Harry…-confesó Dumbledore sorprendiendo al moreno, aunque su rostro no reflejó sorpresa alguna.- ¿Qué me dices?-preguntó viendo que Harry no reaccionaba.
- ¿Por qué precisamente yo?-inquirió Harry sin mostrar sorpresa o alteración en su voz.
- Porque fuiste el ganador del torneo de los tres magos, un alumno con una habilidad y talento suficientes para lograr hacer un verdadero espectáculo en el primer duelo.-explicó el director provocando una leve e irónica sonrisa en el chico.
- Y supuestamente, ¿con quién me batiría en ese duelo?- preguntó Harry manteniendo esa media sonrisa.
- Es probable que…conmigo.-determinó Dumbledore intentando en ese momento entrar en su mente. Lo notó al instante y dejo que entrara sin oposición. El director había esperado a causarle sorpresa para poder entrar en su mente más fácilmente. Tuvo que aguantarse las ganas de reír al imaginar a su director entrando en su mente y no viendo absolutamente nada.- Parece que después de todo el profesor Snape sí consiguió enseñarte algo.-consideró el director consciente de que Harry había bloqueado sus pensamientos. Harry se limitó a sonreír.
- Si es posible, me gustaría rechazar la proposición de participar en el duelo inaugural.-dijo Harry ignorando el último comentario de Dumbledore.
- ¿Y si no fuera posible?-contrarrestó el director elevando las cejas y mirándolo por encima de las gafas.
- Pues la rechazaría igualmente.-sentenció Harry.-No me gusta ser el centro de atención.
-Lo entiendo. ¿Y si en lugar de ser yo tu contrincante, fuera el profesor Stumlich?
- Mi opinión no cambiaría. El profesor puede decirle que ya he rechazado su proposición, varias veces, de batirme con él durante las clases. Mi opinión no ha cambiado.-concluyó Harry queriendo acabar de una vez aquella conversación.
- Señores… ¿podrían disculparnos y dejarnos hablar a solas?-propuso Dumbledore a Stumlich y Lupin.-terminaremos nuestra conversación en otro momento.- Los dos hombres aceptaron sin quejas la petición del director y tras despedirse salieron del despacho. Stumlich le guiñó un ojo al pasar a su lado, y Lupin quiso mirarle pero se arrepintió en el último momento y salió con la cabeza gacha, aún avergonzado por haber permitido el ataque sobre él en Hogsmeade. Cuando estuvieron solos. Dumbledore volvió a centrar en él toda su atención.- ¿te apetece tomar algo, Harry?-preguntó preparado para hacer aparecer su típica bandeja de té.
- No, gracias… No tengo por costumbre tomar Veritaserum antes de dormir, profesor.-contestó Harry sin bromear. El director se limitó a sonreír ante su acusación.
- Has aprendido mucho…-murmuró Dumbledore.-Hablando de dormir, no estás durmiendo mucho estas noches, ¿me equivoco? Al menos no donde deberías.
- Yo no me fiaría mucho de la palabra de Ron.- dijo dando por sentado que había sido su ex amigo quien había informado al director.
- Una vez más te equivocas Harry. El señor Weasley no me ha informado de nada. Incluso furioso, sigue fiel a sus amigos, aunque por lo que veo, no eres conciente de ello.-reveló el director. ¿Cómo era posible que Ron no le hubiera dicho nada a Dumbledore? ¿Por qué se comportaba de esa manera entonces? Y si Ron no le había dicho nada, ¿por qué sabía que no estaba durmiendo en la torre griffindor?- Harry, conozco muy bien este castillo. Y como director, sé que es lo que sucede dentro de él, y sé aún más si lo que sucede te concierne a ti.
- Me agradan sus palabras…-opinó Harry completamente irónico y esbozando una falsa sonrisa.
- Hablemos ahora en serio Harry. ¿Qué haces por las noches y por qué no duermes con tus compañeros?-le preguntó Dumbledore cambiando el semblante relajado que tenía hasta ese momento por uno de seriedad.
- Creía que usted sabía todo lo que ocurría en el castillo.-comentó Harry provocativo.- Hay noches en las que no puedo dormir. Me gusta pasear por la noche… y seguiré haciéndolo, profesor.-determinó Harry rebelándose pero sin llegar a ser maleducado.
- Puedes seguir haciéndolo, pero no dudes de que te pondré protección.-"Son tus hombres los que necesitan protección" pensó Harry- ¿Por qué no quieres participar realmente en el duelo inaugural?
- Por lo que ya he dicho antes. Soy lo suficientemente famoso y llamo lo suficiente la atención como para ir buscando más. Además, yo nunca he dicho que vaya a participar en dicho torneo.-recordó Harry sin llegar a convencer a Dumbledore. Aún así, el director pareció darse por vencido.
- Lo entiendo. Ven a hablar conmigo si cambias de opinión…-le pidió Dumbledore bajando por primera vez en la noche la mirada hacia su mesa.- Buenas noches Harry.
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La oscuridad de la noche lo envolvía, y lo único que llegaba a sus oídos era el ruido del motor de su moto, o mejor dicho, de la moto de Sirius. Era increíble que aún pudiendo aparecerse al instante en su destino prefería viajar con la moto. Por culpa de la reunión con Dumbledore y de ir en moto llegaría tarde. Pero eso resultaría ser algo positivo. Sería bueno hacerse esperar, llegar pronto mostraría la necesidad que tenía por contar con los vampiros en su ejército, y podrían usar esa necesidad a su favor. Volar, ya fuera en moto o en escoba, lo relajaba. Y eso era lo que necesitaba en aquellos momentos, relajarse. Fingir con Dumbledore lo exaltaba, lo enfurecía. Tenía ganas de mostrarle al mundo que no era tan poderoso como se hacía, ganas de encontrárselo en una batalla de poca importancia para poder centrarse en él, aunque el muy cobarde se quedaba quien sabe donde durante las batallas mientras los demás ponían su vida en peligro. Sabía que el director era un gran mago, pero de ninguna de las maneras podría vencerlo a él, su poder se escapaba al del viejo director. Aunque debía tener cuidado, el día que se decidiera a atacarlo, no sólo se enfrentaba a Dumbledore, sino que se pondría a toda la comunidad mágica en contra.
Cuando logró ver el mismo sitio al que el vampiro lo había llevado la otra vez esfumó cualquier pensamiento de su mente y se concentró absolutamente en su alrededor. Tardó menos de un minuto en empezar a descender, y reduciendo muy poco la velocidad, realizó un espectacular aterrizaje derrapando sobre una zona uniforme de tierra, levantando una importante nube de polvo. Cuando la nube se disipó, la moto ya no estaba y Harry estaba de pie, mirando hacia la gigantesca puerta de madera y sin moverse lo más mínimo, como esperando algo. No pasó mucho tiempo hasta que la puerta se abrió y por ella comenzaron a salir decenas de figuras encapuchadas. No supo cuantos exactamente, pero al menos medio centenar de vampiros lo rodearon a una distancia de cinco metros. Ninguno decía nada, no hacían ninguna seña. Aproximadamente la mitad dieron un paso hacia delante y se quitaron la capucha, dejando ver sus colmillos y sus blanquecinos rostros. Harry no movía ni un solo músculo, aquello no le gustaba y si los vampiros estaban intentando atacarlo es que no sabían con quien estaban tratando, aunque pronto lo descubrirían. En un gesto no apresurado aunque sí veloz, desenvainó la espada de Griffindor de su espalda. Ya les estaba dando demasiada confianza a los vampiros.
Uno de ellos saltó sobre él por su espalda, creyendo tener ventaja al no estar en su campo visual. En una milésima de segundo, creó una pequeña bola de fuego con su mano izquierda y sin mirar la lanzó hacia atrás. El vampiro quedó hecho cenizas. Ese fue el detonante para que todos los vampiros que lo rodeaban se abalanzasen sobre él. Con una rapidez anormal, le clavó la espada a uno, dejándosela incrustada en el pecho, y desapareció con un leve estallido hasta fuera del circulo, donde tenía más espacio para actuar. Extendió el brazo hacia su espada, clavada en el cuerpo del vampiro, haciendo que ésta saliera lanzada hacia él atravesando a cinco vampiros en su recorrido. Desde que la hoja de su espada salía completamente de sus cuerpos, éstos se desintegraban. Los vampiros volvieron a abalanzarse sobre él. Cerró los ojos un momento y cuando notó que tenía a varios vampiros a menos de treinta centímetros de él, se envolvió en una llama gigante que pulverizó a todos los vampiros que tenía a menos de un metro y medio de distancia. Esto hizo detenerse a muchos vampiros, los cuales sacaron sus varitas, dispuestos a usar la magia viendo que en el cuerpo a cuerpo no lograrían nada. Le lanzaron varias maldiciones desde todos los ángulos. Sabiendo que ninguna era de un poder considerable, creó una rápida barrera cristalina que los neutralizó todos mientras con la otra mano dejaba sin cabeza a un vampiro que se le había aproximado por su espalda.
-Sois demasiado débiles…- objetó Harry con un tono de voz grave y relajado. Lanzó su espada hacia un vampiro que corría hacia él, clavándosela en el estómago, y después extendió ambos brazos con las palmas abiertas hacia los lados.-¡Lumus Solem Máxima!-exclamó provocando un destello de luz que invadió completamente el lugar, cegándolo incluso a él. Cuando abrió los ojos no quedaba un solo vampiro en pie, todos habían sido desintegrados. Todos, exceptuando el vampiro al cual le había lanzado la espada y había caído al suelo. Caminó hacia él, no sabía si por haberse quedado en el suelo o tal vez por que la magia de su espada lo hubiese protegido aquel vampiro no había sido desintegrado completamente, para la desgracia del propio vampiro. Le repugnó la imagen que tenía frente a él. Un cuerpo al que sólo le quedaba el brazo izquierdo, su pelo había sido abrasado y su cara deformada a causa de la luz solar. Estaba sangrando por cada extremidad que le faltaba y por algunas heridas más que tenía por el cuerpo. Se acercó más a él y retiró la espada de su cuerpo provocándole un leve gruñido, ya que tenía la boca ahogada por la sangre. Colocó su espada sobre el pecho del vampiro, exactamente sobre el corazón, y con un fuerte y ágil movimiento, enterró la espada hasta chocar contra el suelo, retirándola un momento después. Sin volver a mirar al vampiro, pasó la mano a lo largo de su espada, limpiando todo rastro de sangre, para luego guardarla en su espalda.
No le dio tiempo ni a girarse cuando escuchó una palmada…otra, y hasta una tercera en forma de un lento aplauso. Se giró y pudo observar a la reina Evelyn con una elegante túnica morada y sentada en uno de sus tronos al lado de la gran puerta que daba paso a su castillo. Iba a comenzar a caminar hacia ella pero la vampiresa levantó la palma de su mano para que se detuviera.
- Espectacular…-valoró Evelyn levantándose de su trono y caminando hacia él mientras daba alguna que otra palmada.- ¿Te ha gustado mi sorpresa?-preguntó la vampiresa con una sonrisa pícara.
- Ya me la esperaba-contestó Harry secamente- Pero no disfruto matando, si es lo que puede pensar…
- Nadie lo diría señor…Hart.-añadió acercándose aún más.
- Parece que hasta aquí llega el Profeta…
- Mis fuentes son otras, más…fiables.-expresó la reina deteniéndose a un escaso metro de él.- Si no disfruta matando, ¿por qué hace lo que hace?-le preguntó con una sonrisa maligna.
- Mato a quien se lo merece…o en este caso, a quien intenta matarme.-le respondió amenazadoramente.
- ¿Cree que intento matarle? Usted es mi aliado. Sólo quería que se divirtiese un poco. Recompensarle de alguna manera por estos diez días de espera.-se explicó la vampiresa acercándose hasta casi rozarse. Como había sucedido la otra vez, no retrocedió ni un solo paso.- ¿O tal vez preferiría que lo recompensase de otra manera, señor Hart?
- No busco ninguna recompensa, sólo vengo a por su parte del trato.-determinó Harry sin dejarse guiar por las palabras de Evelyn.
- Podría tomarme esas palabras como un insulto…-comentó acercándose al oído de Torprey Hart.-Y no dude de que si me lo propongo, conseguiría… "recompensarle", a mi manera.-susurró la vampiresa. Al instante las montañas a su alrededor se tiñeron de un negro absoluto. Centenares de vampiros con túnicas negras bajaban desde las montañas hacia ellos. Se detuvieron a unos cuarenta o cincuenta metros, nunca se habría imaginado que aquel "agujero" pudiera albergar tantos vampiros.-¿Conseguiría escapar de todos ellos también?-preguntó Evelyn separándose y volviendo a un tono de voz normal.
- Si son como los anteriores, no lo dude…- contestó Harry casi riéndose mientras lo decía. La vampiresa también sonrió y levantó suavemente una de sus manos. Al instante, un numeroso grupo de vampiros sobresalieron del resto y se acercaron a ellos, alineándose en filas perfectamente.
- Aquí tiene a sus hombres. O vampiros para ser estrictos.-rectificó como si le hubiera hecho gracia su propia broma.- Son ciento cincuenta de mis mejores vampiros, no los desaproveche. Le obedecerán como si de mí se tratase, no tendrá ningún problema con ellos.-le aseguró la reina analizando a sus vampiros.- Y no se olvide de que aún me debe una condición del trato, confiando en que la otra la cumpla si se da el caso.-consideró Evelyn dejando ya a un lado las bromas y hablando completamente en serio.
- Ya acepté las condiciones en su momento y le aseguro que las llevaré a cabo. Sólo espero que éstos de verdad sean los mejores vampiros de su reino. Estarán a mi disposición en cualquier momento, ¿me equivoco?
-No se equivoca. Excepto evidentemente durante el día.-dijo la vampiresa como algo lógico.
- Yo me ocuparé de esconder el sol si se produce un ataque durante el día.-murmuró Harry acercándose hacia los vampiros que a partir de esa noche estarían bajo sus órdenes.- Supongo que este grupo de vampiros tendrá un líder…
- Así es -respondió uno de los vampiros dando un paso hacia delante.- Me llamo Abel Rumsfeld y lidero este grupo de vampiros. Estoy a su disposición.-le informó haciendo alarde de una rectitud admirable.
- Muy bien, pues toma.-alegó Harry lanzándole un pequeño objeto rojo de cristal.- Cuando los requiera, me comunicaré con ustedes mediante ese objeto. Asimismo, ustedes también podrán comunicarme cualquier cosa por él, no tienen más que tocarlo y hablar. Yo escucharé lo que me digan. Y agradecería que no me molestaran a no ser que sea algo de suma importancia.-explicaba Harry mientras Rumsfeld analizaba el león de cristal.
- Entendido, señor.-asintió el vampiro retrocediendo y volviendo al mismo nivel que sus compañeros.
-Con su permiso, señorita y reina Evelyn-comenzó Harry acercándose a la vampiresa-creo que es hora de que me vaya…-concluyó tomándole suavemente una mano y dándole un caballeroso beso en ella.
- Veo que va aprendiendo a tratar a una dama…-apreció Evelyn con otra de sus sonrisas.-¿No desea tomar algo en el castillo?-preguntó sugerentemente.
- Muchas gracias, pero creo que he tenido suficiente por esta noche. Buenas noches y hasta pronto.
-Eso espero.-pronunció la reina de los vampiros justo antes de que Harry se envolviera en otra llama de fuego, que llegó hasta ella aunque sin quemarla, para luego desaparecer dejando a Evelyn sentir su tremendo poder de cerca.
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No eran frecuentes reuniones como aquella. Toda la élite oscura. El círculo interno, la cúspide de la organización tenebrosa. Algo muy importante se debatiría aquella noche para que el Lord los hubiera llamado. Treinta mortífagos, quienes podían tener cualquier tipo de misión encomendada, lo único que les unía era el poder o habilidad que tenían y la fidelidad que guardaban al señor tenebroso. Aunque Voldemort aún no hubiera entrado en la sala, nadie se atrevía a hablar demasiado alto, sólo algunos murmuraban preguntándose que podía ser tan importante como para provocar aquella reunión. Pero esos pocos murmullos se extinguieron cuando Lord Voldemort entró en la sala con la dureza y elegancia que lo caracterizaban.
- Bienvenidos-saludó el Lord de buen humor a todos los presentes.-Se preguntarán por que los he llamado a todos esta noche, ¿Cuándo fue la última vez que no reunimos de esta manera? Si mal no recuerdo fue cuando regresé…-contestó Voldemort su propia pregunta- Esta es una noche importante. Esta noche comienza realmente esta guerra. Esta noche… conocerán el fruto de un plan que comencé a elaborar hace más de quince años. Antes de aquella noche.-con cada palabra que pronunciaba, la expectación aumentaba.- La gran mayoría de ustedes son reconocidos mortífagos desde hace muchos años, así que tal vez muchos recuerden a una mujer, antaño compañera nuestra: Esther Morrison.-ante la revelación del nombre, más de la mitad de los mortífagos hicieron algún gesto de reconocimiento.-Veo que la recuerdan. Desaparecida primero en extrañas circunstancias y después considerada muerta. No fue así.-negó Voldemort cambiando su semblante inmediatamente.- Una mortífaga ejemplar, poseía un poder que superaba con creces al de cualquier auror, era incluso temida…-explicaba mientras recordaba con placer aquellos años.- Ella fue la elegida, y por como se han desarrollado los acontecimientos, fue una buena elección. Ella fue la elegida para mi plan, y aunque significaba aislarse del mundo, aceptó, demostrando su fidelidad…-mintió Voldemort, pues él sabía perfectamente que lo que había llevado realmente a Esther Morrison a aceptar su plan era el amor que sentía por él. Pero si había algo que repugnaba en el mundo era el sentimiento del amor, no había nada que te hiciese más débil, a pesar de que gracias al amor de Esther Morrison su plan había salido tan bien.- En aquel momento decidí tener un sucesor. Yo me basto para gobernar el mundo, pero un sucesor, un heredero que siguiera mis pasos lo haría todo mucho más fácil. No sólo por tener un mago oscuro tremendamente poderoso apoyando la causa, sino por el impacto social que esto supondría. La comunidad mágica no soportaría la idea de luchar no sólo contra un mago tenebroso, sino contra dos magos que se encargarían de sembrar el caos y el horror en todo el mundo.-Voldemort hablaba excitado por el anuncio que estaba haciendo, mientras los mortífagos escuchaban sin poder creer completamente a su señor.- Es un honor presentarles a un mago que inclinará aún más la balanza de esta guerra a nuestro favor, un mago entrenado desde niño en las artes oscuras, entrenado desde niño para convertirse en un Lord tenebroso, les presento a mi hijo: Lord Ruacet.-tras anunciar el nombre, una figura encapuchada, con una majestuosa túnica verde y negra, entró por la misma puerta por la que había entrado Voldemort al principio de la reunión. Sin pronunciar palabra, se dirigió con paso lento hacia la derecha de Voldemort, y tras recibir el permiso de éste, se sentó en una silla que lo había estado aguardando.-No pediré respeto ni obediencia hacia él, ya que eso es algo que ha de ganarse y de hecho se ganará inmediatamente. No pasará mucho tiempo hasta que el mundo tema tanto su nombre como el mío. Pero basta de palabrería, Snape, ¿qué cree la Orden acerca de sus dos miembros desaparecidos?-preguntó el Lord al profesor de pociones, que como el resto, tardó en reaccionar ante la revelación que se había dado lugar hacía un momento.
- Cree que han sido secuestrados por nosotros, señor. Aunque el hecho de que no aparezcan sus cuerpos les da esperanzas de que continúen vivos.-informó Snape mirando hacia el Lord.
- Destruyamos sus esperanzas entonces…-murmuró Lord Ruacet hablando por primera vez y estremeciendo a los mortífagos por el tono frío y grave de su voz. Miró a Voldemort pidiendo aprobación, y con el asentimiento de su maestro, Lord Ruacet se levantó y extendió sus manos hacia el centro de la mesa. Tras unos movimientos, hizo aparecer a dos hombres con un estado de salud lamentables y encadenados de pies y brazos, aunque era difícil que pudieran moverse en su estado-Les presento a Elphias Doge y a Mundungus Fletcher, dos despreciables miembros de la Orden del Fénix.
- ¡Entonces los teníamos nosotros!-exclamó Rodolphus Lestrange interrumpiendo al nuevo Lord, un error que supo al instante que no debía volver a cometer. Aún bajo la capucha, sintió la mirada del nuevo Lord clavarse en él, dirigiéndole el mismo odio que recibía cuando interrumpía a Voldemort.
-Sí, los teníamos nosotros.-se adelantó Voldemort a responder- Lord Ruacet los capturó sin que nadie se percatara en la última batalla…
- Fui uno de los pocos que hizo bien su trabajo.-le espetó el Lord a Rodolphus, quien agachó la cabeza, entre avergonzado por el fracaso del último ataque y maldiciéndose por haber interrumpido.-Pero volvamos a lo que nos interesa esta noche… Estos dos hombres conocen el contenido de cierta profecía que ustedes rompieron hace no mucho-acusó de nuevo a los mortífagos presentes- tal vez no íntegra, pero si conocen detalles importantes que Dumbledore les ha revelado.¡Crucio!-exclamó de repente hacia Elphias Doge, quien comenzó a retorcerse sobre la mesa y a gritar de dolor. A pesar de todos los cruciatus que ya había recibido los días anteriores, cada maldición que recibía parecía peor a la otra.-Dime lo que quiero saber-ordenó el nuevo Lord sin la más mínima alteración en su voz, en la que tan sólo era evidente un profundo odio.
-Nun…Nunca.-jadeó Elphias casi sin poder mirar hacia su verdugo.
-Tú mismo. ¡Crucio!-volvió a exclamar el Lord hacia el miembro de la Orden. Si una tortura solía ser motivo de diversión entre los mortífagos, aquella no lo era. Un nuevo Lord, poderoso, sin piedad, sin compasión, si uno los atemorizaba, la existencia de dos señores tenebrosos a cual más cruel los aterraba.-Es inútil seguir intentándolo…¡Craxulus!-exclamó queriendo aumentar por última vez la agonía del hombre. Elphias Doge comenzó a gritar descontroladamente, sus articulaciones tomaban ángulos imposibles para un cuerpo normal. Sus dedos crujían hasta llegar a tocar el dorso de su mano, sus rodillas se doblaban hacia atrás hasta formar casi un ángulo de noventa grados hacia delante, su cadera se torció completamente rompiendo prácticamente la columna. En condiciones normales, esas lesiones provocarían la muerte de cualquier individuo, sin embargo, la maldición se encargaba de mantener con vida al sujeto unos pocos minutos para que la maldición realizara todos sus efectos hasta el final. Se le dislocaron los hombros y rompieron los codos, algunas costillas se fracturaron y se le rompió la mandíbula, los gritos del hombre eran desoladores, su sufrimiento era mayor al que ningún cuerpo humano sería capaz de soportar, y que de hecho, no era capaz de soportar. Su agonía acabó cuando por último la maldición giró su cuello bruscamente, matándolo ahora sí, al instante. Un silencio deseado a la par que macabro se apoderó de la estancia, sólo roto ocasionalmente por los golpes que daba contra la mesa Mundengus Fletcher, que estaba temblando e intentaba hacerse pequeño escondiendo su cabeza entre los hombros.-Tú decides, Fletcher.-determinó Lord Ruacet sin que la tortura lo hubiera afectado en absoluto, al contrario de lo que había ocurrido con los mortífagos, quienes pensaban que aquella noche había sido un miembro de la Orden, pero la próxima podría ser alguno de ellos.
- Me…Me matarás igual…igualmente…-farfulló Mundungus sin atreverse a mirar directamente al Lord.
- Eso depende de ti… Si dices todo lo que sabes, y me agrada esa información, te aseguro que podrás volver al antro que los tuyos utilizan como sede. Tienes mi palabra. Pero para eso debes hablar…-reiteró Ruacet sin mostrar ningún tipo de sentimiento en su voz, era imposible saber si su promesa sería cumplida o no.
- No… No sé mucho… Sólo sé que dice algo cerca de Potter y de quien-no-debe-ser-nombrado, no sé demasi…
- Poseo una amplia variedad de torturas, que varían en intensidad, crueldad y originalidad… -amenazó Lord Ruacet buscando en el interior de su túnica y sacando una pequeña pero reluciente varita negra, parecía ansioso por probar esas torturas de las que hablaba.-Harán que la muerte de tu amigo parezca…placentera.-algunos mortífagos en la sala sonrieron por primera vez con las últimas palabras del Lord, divertidos por su manera de intimidar y amenazar. Aún temblando, Mundungus tragó saliva y levantó la mirada, prefería ir a Azkaban por traidor a morir como acababa de ver morir a Elphias, con un sufrimiento inhumano.
- Potter… Potter es el único que puede derrotar al señor oscuro.-confesó finalmente Mundungus, sabiendo que si vivía, se arrepentiría de haber hecho lo que estaba haciendo.-Por eso Dumbledore lo protege tanto… porque cree que es la única esperanza de salvar al mundo mágico.
-¿Algo más, o se acabó?-preguntó el Lord jugando con su varita.
-Hay…Hay más…-contestó rápidamente Mundungus-Fue quien-no-debe-ser-nombrado el que eligió que fuera Potter su enemigo, fue él el que lo marcó como su igual o algo así, podía haber sido tanto él como el otro chico, el hijo de los Longbotton, la profecía podía referirse a los dos pero al atacar a los Potter quien-no-debe-ser-nombrado determinó que fuera Harry…
- ¿Potter conoce el contenido de la profecía?-preguntó Voldemort, entrando por primera vez en la tortura de su heredero. Si Potter conocía el contenido de la profecía, podría entrar en su mente y averiguarla de primera mano, aunque por algún motivo que desconocía, no había podido entrar últimamente en la mente del adolescente.
- Sí… Es todo lo que sé, juro que no sé nada más…
-¡Cállate!-rugió el heredero de Voldemort callando a Mundungus al instante. Lord Ruacet iba a rematar el trabajo cuando Voldemort se irguió en su asiento, deteniendo a su heredero.
-No, lo dejaremos libre...-determinó Voldemort serio, sorprendiendo a todos.
-Es por él…-apreció Lord Ruacet repugnado por tener que dejar escapar a su secuestrado y respondiendo la pregunta que nadie quería hacer.-como el farsante que tiene la arrogancia de dejar regresar al último mortífago que sobrevive…
-¡Yo no tengo que dar explicaciones!-Sentenció Voldemort empezando a enfadarse porque su propio heredero lo contradijera en presencia de sus mortífagos. "Te has ganado una sesión de tortura en las mazmorras, y suplica porque no lo haga delante de todos ellos" Bramó Voldemort comunicándose telepáticamente con su sucesor. Él sabía por qué tomaba esa decisión, la Orden del Fénix no acusaría la baja de aquel inútil, no los debilitaría, y podía serles de utilidad para que le contase a Dumbledore de aquella reunión y que le hiciera pensar al anciano director. ¿Tenía algo que ver la actitud de aquel al que llamaban Torprey Hart? tal vez sí. Si quería jugar de aquella manera, entraría encantado en el juego, sabía perfectamente como provocar a su oponente en tiempos de guerra, y lo que había hecho Torprey Hart dejando escapar a sus mortífagos, era una provocación.-Haz lo que quieras con él y devuélvelo vivo, con su amigo…-ordenó Voldemort a su heredero levantándose de su asiento- Los demás vuelvan a sus respectivas misiones, la reunión ha concluido.-Consideró saliendo de la sala dando un portazo.
-Él confía en ustedes. Yo no.-pronunció Lord Ruacet hacia los mortífagos, quienes habían empezado a levantarse.- No confío en ustedes ni para mostrarles mi rostro, pero estamos juntos en esto, así que…mientras sea respetado como me merezco no habrá ningún problema, de no ser así, bueno, ya han visto el espectáculo.-amenazó el nuevo Lord a todos los mortífagos, que no se esperaban tal amenaza el primer día.-Y tú…-soltó con asco hacia Mundungus Fletcher- Debo dejarte vivo, pero nadie dijo de que manera…¡Crucio!
A muchos kilómetros de allí, un chico moreno se había levantado sobresaltado y sudando de su cama, como hacía tiempo que no le ocurría. Pero lo que más le atormentaba… era que volvía a sentir como la maldita cicatriz de su frente le ardía, hiciese lo que hiciese, no se libraría de aquella maldición, de aquella odiada marca.
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N/A: Sólo dos cosas, no prometo nada sobre la fecha de la próxima actualización y espero que les haya gustado...
