TACHÁN, llegamos al último capítulo de este fantástico, maravilloso y conmovedor fic. Si se os ocurren más adjetivos, decidlos. Gracias por seguir conmigo en esta aventura, y por todos los comentarios. Sé que tengo muchos, no he mirado cuántos, y ojalá llegasen los 1200 que tiene el original francés (creo que en francés es uno de los fics más comentados), pero me conformo con los muchos míos. En fin, llegamos al último capítulo. ¿Qué pasará con Kathryn? ¿Veremos un avance en la relación de nuestras chicas? Solo sé que veremos mucho porque son justo 39 páginas a Word, así que será un capítulo largo, como casi todos. A disfrutar.

Lanzarse a la piscina

Día 87 11:30

Todo el juicio les había parecido interminable. Al fin estaban en el día del veredicto y Emma pensaba en todo por lo que habían pasado. Kathryn se había tomado muy mal el enfrentamiento que habían tenido y, aunque no podía probar el golpe, había pedido la custodia exclusiva de Henry. A continuación había venido el informe social que puso a Regina en un estado extremo de angustia. Había ordenado y limpiado la casa veinte veces esperando que llegara.


Cuando tocaron a la puerta, Regina se sobresaltó y corrió a abrir, nerviosa.

«Buenos días» dijo ella enarbolando una inmensa sonrisa

«Buenos días. Soy el señor Gold, soy la persona que le hará informe en el caso del divorcio Mills» se anunció él.

«Aquí es» respondió ella tendiéndole la mano antes de separarse para dejarlo entrar «Yo soy Regina Mills y este es mi hijo Henry»

«Es mi casa» canturreó el niño sonriendo «¿Quieres ver mi habitación?» preguntó cogiéndole la mano al recién llegado

«Henry, cariño, espera, primero vamos a hablar, después le enseñaremos la casa, ¿de acuerdo?»

«Sí, mamá» dijo él visiblemente desilusionado

«Y usted debe ser Emma Swan» añadió el hombre girándose hacia ella «La Señora Mills ha mencionado su nombre a menudo»

«Prefiero no preguntar en qué términos ha hablado de mí» suspiró ella tendiéndole la mano.

«Hace bien»

Él comenzó con su visita, inspeccionó el lugar tomando muchas notas. Preguntó sobre la costumbre para levantarse, acostarse, sobre las personas que cuidaban de Henry, los horarios de trabajo. En cuanto subió al piso de arriba, Henry corrió a su habitación y todos comprendieron que había que seguirle.

«¡Qué entusiasmo! Lo imaginaba reservado, casi un niño triste cuando lo vi en casa de su ex mujer, me doy cuenta de que aquí es todo lo contrario»

«Quizás sea porque está más acostumbrado a este entorno» respondió Regina incómoda, oscilando entre el deseo de hundir a Kathryn y el de permanecer imparcial.

El señor Gold le dedicó una mirad divertida y tomó notas. Emma vio a su compañera retorcer el cuello intentando ver lo que escribía y ella fue a coger su mano para tranquilizarla.

«Es un punto a su favor no querer hundir a la otra, es un cambio» dijo él como si nada entrando en la habitación.

«¿Has sido tú quien has puesto esa foto?» le preguntó a Henry señalando un portarretrato sobre la pequeña mesilla de noche, en el que se encontraba una foto de Emma, Regina y él.

«Yo la elegí. Mamá tiene muchas fotos»

«Pidió esa» comenzó Regina para explicarlo mejor «hice revelar muchas fotografías y él tuvo el derecho de elegir la que quería para su portarretrato»

«¿No habrías querido una foto con tu mamá Kathryn?» preguntó él sentándose en la cama a su lado

Henry frunció el ceño y apretó el portarretrato contra su pecho. Movió la cabeza haciendo un gran no y huyó cuando el hombre quiso acercarse.

«Es mío» dijo enfadado «Mama dijo, tú eliges»

«Oh, pero si tenías toda la razón, es una foto muy bonita»

El humor del niño se aligeró inmediatamente y volvió a enseñarle la foto

«Este es Henry, esta es mamá y esta es Emma» enumeró él apuntando con el dedo a cada persona.

«Ya veo, ya veo. Y Emma, ¿ella se ocupa de ti?»

«Sí»

«¿Ella qué hace?»

«Ella es buena»

«¿Qué hacéis juntos?»

«Jugamos a la pelota, al avión, a las carreras, con el lego»

Él continuaba enumerando y Emma creyó ver una pequeña sonrisa en el rostro del hombre. Ella se había inquietado mucho sobre el hecho de que su presencia pudiera serle perjudicial a su compañera durante el proceso, pero parecía ser lo contrario.

El señor Gold, a continuación, se había entretenido durante un tiempo con Regina y se había marchado sin decir una palabra que pudiera dejar entrever lo que pensaba. Se habían cansado de hacer pronósticos, de pensar en los buenos puntos que se habían marcado, y con el nudo en el estómago se habían presentado ante el juez.


Emma se sentía mareada esperando el fallo. Por su cabeza pasaban en bucle los peores escenarios y el estado en que se quedaría su compañera si las cosas salieran mal. A su lado, Regina se mordía las uñas, después la piel, moviendo las rodillas nerviosamente. Hiciera lo hiciera, nada calmaba a la joven y Emma sabía que nada lo lograría. Intentó mostrarse lo más presente posible, ignorando sus propias angustias, concentrando toda su atención en la morena. A ella le costaba mucho calmar sus propios miedos ante el giro que podrían tomar los acontecimientos, pero sabía que Regina no podría lidiar con sus propias angustias y las suyas. Así que ella se calló y se aferró a la esperanza de que todo transcurriese bien.

Su corazón dejó de latir cuando el juez entró y, así como Regina, ella se inclinó hacia delante, en su sitio, como si eso fuera a adelantar el fallo.

«En cada divorcio en que se ven implicados niños» comenzó el juez con voz profunda «Es importante poner sus necesidades y su felicidad por delante. Señora Kathryn Mills, todos los testimonios que me han llegado muestran que usted nunca se ha implicado en la vida de su hijo. Por eso me ha costado comprender su petición de custodia exclusiva. Usar a un niño como una herramienta para logar sus fines es un acto que yo calificaría de inmundo. Mi decisión, que al comienzo creía que iba a ser difícil, finalmente no lo ha sido, y se lo agradezco.

Le doy la custodia exclusiva del pequeño Henry Mills a su madre Regina Mills. Usted tendrá derecho de visita, y únicamente un fin de semana al mes el primer año y la autorización, si su ex mujer lo acuerda, de tenerlo en su casa un fin de semana al mes, pasado ese tiempo»

Golpeó con su martillo sobre su escritorio y Regina se levantó de golpe dejando salir su alegría. Tomó a Emma en sus brazos, después a sus padres. Todos estabas emocionados y con el corazón ligero cuando se dirigieron a casa de Mary Margaret que estaba cuidando de Henry, sin dedicarle una sola mirada a Kathryn.

Día 136 Tren de las 06:22

«Hola» dijo Emma sentándose al lado de su compañera que estiró con naturalidad el cuello para pedir un beso.

«¿Fue bien tu tarde?» preguntó Regina ayudándola a quitarse su abrigo mojado

«Sí» respondió ella peinándose sus cabellos mojados por la lluvia.

El mes de noviembre había llegado y con él sus interminables lluvias. Cada noche que Emma pasaba en casa de su compañera, se echaban en el sofá, cuando Henry ya estaba en la cama, y disfrutaban del calor de la chimenea. El programa era tan variado según el humor en que estuvieran, a veces una copa de vino acompañaba la narración de sus días respectivos y las charlas que se alargaban hasta tarde en la noche. A veces se acurrucaban, una contra la otra bajo una manta viendo tranquilamente una película. Otras, la una buscaba a la otra y se pasaban el tiempo en tiernas caricias y besos sin tomarse el tiempo de subir a la habitación.

Emma amaba cada uno de esos momentos, y sabía que Regina también. El tiempo pasaba, y a ella le costaba cada vez más soportar las noches que no las pasaban juntas. Si tuviera que elegir, siempre prefería estar con su compañera y su hijo que sola.

«Mary estaba muy excitada con su viaje y nos pasamos dos horas viendo fotos de ella delante de una palmera, de David delante de una palmera, ella delante de una iguana, David delante de una iguana, ella delante de una playa, David delante de la misma playa, los dos en la misma playa, ella delante de un mango, David con el mismo mango, los dos comiéndose el pobre mango»

«Las alegrías de las fotos de las vacaciones de otros»

«Y había que entusiasmarse sino ellos refunfuñaban»

«Lo repetiré y ampliaré»

«Lo negaré todo»

«Ella te conoce…Sabrá que digo la verdad»

«Ya lo sabe, tenía esa expresión demoniaca cuando ha abierto su álbum "Guadalupe" y me ha obligado a sentarme. Ruby intentó huir, pero la obligué también»

«Sois horribles, es vuestra amiga, es normal que quiera enseñaros todo eso»

«Te reirás menos cuando también te lo haga el domingo por la tarde»

Regina perdió su sonrisa ladeada cuando se dio cuenta de que también ella seguramente tenía que pasar por eso.

«El domingo estaremos ocupados devolviéndole la libertad a Zazou, así que a lo mejor no se atreve»

«¿Lo crees? Hay que cambiar de asunto y además hacer que Henry piense en otra cosa al ver cómo su pájaro echa a volar»

«Utilizar a tu hijo para escaparte de las fotos está mal» dijo ella riendo

«Utilizarlos mientras se les pueda sacar provecho»

Emma abrió los ojos como platos y se precipitó a su teléfono

«¿Qué haces?»

«Poniendo un alarma para recordar contarle a Henry lo que acabas de decir cuando cumpla los 18 años»

«No te atreverás…» dijo ella inclinándose para comprobar

«Quiero…Por supuesto que sí»

«Traidora»

Emma se divirtió al verla protestar a su lado y no comprendió por qué de repente se ponía seria. La joven rebuscó en su bolso y sacó un paquete que estrechó contra ella.

«Regina, ¿todo bien?» preguntó inquieta.

«Hay…hay algo de lo que debo hablarte…»

Emma se giró hacia ella y sintió un peso en su estómago ante el rostro serio de su compañera

«¿Qué ocurre? Me estás poniendo nerviosa»

«Bien…bueno yo…no quiero que te lo tomes a mal, pero…hay algo que me angustia mucho y…creo que es hora de ponerle fin»

Emma no se atrevía a decir nasa, ya se imaginaba lo peor y estaba rígida en su asiento.

«Regina…»

«Yo…no tengo el valor de decirlo, yo…Toma» dijo tendiéndole el paquete.

La joven lo cogió temblando y se conformó con mirarlo al principio sin querer abrirlo. Miró a la morena y frunció el ceño al ver que ella se estaba mordiendo el labio, parecía que estaba conteniendo la risa. No comprendía mucho su comportamiento, pero comenzó a temer, por otra razón, lo que había en el interior del paquete.

Dividida entre la angustia y la sensación de que estaba a punto de ser engañada, lo abrió lentamente. Suspiró al coger lo que estaba dentro y su estrés se transformó en un gran suspiro decepcionado cuando vio de lo que se trataba.

«¿Te crees una listilla, eh?» preguntó ella mostrándoselo

Inmediatamente, la joven soltó todo lo que estaba conteniendo y comenzó a reír a mandíbula batiente. Emma quería continuar fingiendo enfadado, pero la risa de su compañera le cortaba todo deseo de regañarla.

«Un abono de tren, francamente Regina, ¿qué se supone que significa?»

«Nada, solo significa que tus retrasos me angustian y para ahorrarme eso, te ofrezco ese abono. Adiós a los trayectos clandestinos, solo tendrás que estar a la hora y subir al tren»

«¿Te das cuenta de cómo me preocupaste?»

La joven no respondió, pero se mordisqueó los labios con una expresión tan orgullosa que Emma no pudo sino suspirar.

«Eso no es nada al lado de todo el estrés que yo he pasado observando el andén sin verte llegar a la estación, o esperándote mientras comprabas un billete a toda prisa al ver que el tren se disponía a partir, o sabiéndote sentada a mi lado viajando en la ilegalidad»

«¿En la ilegalidad, te estás escuchando?»

«Perfectamente. ¿Qué otra palabra hay para calificar a una persona que coge un medio de transporte sin pagar su derecho a estar ahí?»

«Creí que me ibas a anunciar una noticia terrible» dijo ella con una voz aguda, todavía presa del ascensor emocional en el que se había subido.

Regina movía la cabeza intentando controlarse, pero estalló de nuevo en una risa cristalina.

«Estás orgullosa de ti, ¿no?» suspiró

«Sí» respondió ella entre golpes de risa «Oh, perdón, tesoro, no fue con mala intención, te lo prometo» dijo ella intentando, en vano, recobrar la calma.

Emma resopló mordiéndose el interior de su mejilla para no darle la satisfacción de verla reír a su vez. Miró el abono y sonrió de oreja a oreja leyéndolo.

«Desde tu casa»

«¿Qué?» preguntó Regina secándose las lágrimas que perlaban sus ojos

«El abono, es desde tu estación, no de la mía»

«Sí, yo…» ella carraspeó, de repente menos cómoda «He pensado que, para cuando te quedes en mi casa, es más práctico que el abono parta de la estación más alejada de Boston»

«Lógico»

«¿Eso…no te molesta?»

«Al contrario» dijo besándola «Me va a dar más ganas de estar en tu casa»

Regina la besó a su vez con una gran sonrisa y parecía satisfecha. Visiblemente, era lo que esperaba desde el principio.

Día 140 11:30

«No quiero» dijo Henry en el momento en que Emma se inclinaba para sacarlo del coche

«Ratoncito, es necesario»

«No» dijo él girando la cabeza y cruzándose de brazos

«Henry, Zazou no puede marcharse sin verte por última vez»

«No» dijo moviéndose para alejarse de su mano

Emma no sabía realmente cómo actuar cuando el pequeño decidía no cooperar. Lanzó una mirada desesperada a su compañera que sonrió moviendo la cabeza.

«Hey» dijo Regina acudiendo en su ayuda «Muchachito, Zazou debe recobrar su libertad, lo quieras o no»

«Es mi amigo, Zazou»

«Mary Margaret lo ha cuidado bien, pero él es infeliz en la jaula. ¿A ti te gustaría vivir en una jaula?»

«No» dijo él con el ceño fruncido, sin mirarla

«¿Crees que está bien obligar a tu amigo a vivir infeliz?»

«No» respondió comenzando a sentirse culpable

«Entonces, ¿quieres dejarlo marchar sin decirle que lo quieres?»

«No» dijo en voz muy baja, sus ojos llenándose de lágrimas

«Venga, bebé, sé un niño grande y ven a decirle adiós a tu amigo»

Regina le desabrochó el cinturón y lo llevó con ella hasta el apartamento. Emma la siguió preguntándose cómo hacía para saber siempre lo que decir para solucionar tales situaciones.

«Hola a todo el mundo» dijo David al abrirles la puerta «Entrad, Mary está arreglando al señor pipí»

«Deja de llamarlo así» dijo Emma pasando por delante de él

«No es a ti a quien despierta desde hace meses en plena noche porque tiene hambre o porque necesita estirar las alas y hace un desastre en su jaula»

La joven le golpeó el hombre demostrándole una falsa compasión y se dirigió al salón. En cuanto entró en la estancia, Henry se precipitó hacia la jaula del pájaro.

«Zazou» gritó metiéndose entre las piernas de Ruby para estar más cerca

«Hola, chico, buenos días, ¿no?» dijo la joven despeinándole el cabello

«Hola» dijo él protegiéndose la cabeza rápidamente

«Henry, sé educado» le advirtió su madre mientras entraba.

«Buenos días, tita Ruby, buenos días, tita Mary, buenos días, tito David» dijo él con una gran sonrisa

Emma sonrió de oreja a oreja constatando que el pequeño había integrado perfectamente los nombres que ella le había enseñado para sus amigos. Ruby lo tomó en sus brazos al escucharlo y cubrió su rostro de besos, a pesar de sus protestas.

«Ahhh, sabes cómo ablandarnos, pequeño diablillo»

«Suelta, Ruby, suelta» dijo él riendo en sus brazos

Ello lo hizo y todos re agruparon alrededor de la mesa sobre la que Mary sujetaba a Zazou.

«¿Él va a morir afuera?» preguntó el pequeño con expresión preocupada

«No, Henry» respondió Mary «Va a fundar una familia, va a tener bebés, y un nido suyo. Será muy feliz. Y han puesto nidos artificiales por todo el parque de la residencia, quizás se instale allí»

«¿Cómo lo sabes?»

«¿Ves esto?» dijo ella señalando una pequeña pulsera roja alrededor de su pata «Esto nos permitirá reconocerlo»

«¿Va a encontrar una novia?»

«Estoy segura, es muy guapo Zazou» dijo Emma

«Y pensar que decías que era feo y poquita cosa»

«Lo era»

«Fueron nuestros comienzos, ¿te acuerdas?»

«Sería difícil olvidarlo, señora Mills»

«Señorita» respondió ella frunciendo el ceño

«Una mujer casada que tiraba los tejos a las pobres e inocentes jóvenes en el tren»

«¿Disculpa?» exclamó ella con incredulidad «Tú…»

«Disculpas aceptadas» la cortó Emma sonriendo

«Dis…» Regina pareció en un primer momento confusa, pero de repente los recuerdos le llegaron a la memoria «Eres una idiota» concluyó golpeándole le hombro.

«Tu idiota»

«En efecto. Y ahora ocupémonos de Henry»

Las dos mujeres se volvieron a concentrar en el niño que acariciaba la cabeza del pájaro que Mary Margaret sostenía. La joven lo acercó al niño que se inclinó para darle un beso.

«¿Quieres decirle algo?»

Henry miró a su madre que le hizo un gesto para invitarlo a hacerlo, y él acarició su cabeza con la punta de los dedos, tan delicadamente como podía a su edad.

«Te quiero Zazou. Ven a verme, por favor»

Emma sintió una presión en su muñeca y vio a Regina aferrada a ella. La joven no soportaba ver a su hijo tan triste sin poder hacer nada.

«Habrá que capturar otros pájaros para anillarlos porque la probabilidad de que vuelva a ver al suyo es escasa» le susurró al oído

«Sé razonable, en dos semanas, habrá pasado a otra cosa»

Regina cruzó los brazos y suspiró. Todo el mundo asistió a la marcha de Zazou y Henry se quedó delante de la ventana inspeccionando a los pájaros que pasaban por delante. Emma intentó distraerlo a él y también a su madre que se preocupaba de una manera excepcional.

«Si le comprase un gato…» dijo de repente Regina mientras la joven rubia se sentaba a su lado en el sofá

«¿Un gato?»

«Sí. Mira cómo se queda mirando hacia fuera buscando a Zazou. Se ocupaba bien de él cuando venía aquí, quería venir todo el rato. Siempre le han gustado los animales y nunca ha tenido uno»

«¿Eres consciente de que solo buscas calmar tu culpabilidad?»

«Sí y no. Sé que quiere un animal, en cuanto ve un gato pregunta si podemos tener uno»

«Él no se ocupará de la caja ni de nada, serás tú»

«Por supuesto, lo sé» respondió ella frunciendo el ceño «No me entusiasma, pero a mí también me gustan los gatos. La única razón por la que nunca pensamos en tener uno, fue porque Kathryn no quería»

«Presiento que me tocarán a mí las tareas ingratas»

«¿Quieres decir que no estás en contra?»

«¿Mi opinión puede cambiar algo?»

«Sí» respondió ella seriamente girándose hacia la rubia.

Emma se sintió realmente emocionada por ser tenida en cuenta. Regina podría haber hecho su elección por su hijo y por ella misma, sin tener en cuenta lo que ella pensara, ni siquiera vivía con ellos. Pero no, ante sus ojos su opinión importaba y para ella esa era una de las mayores pruebas de amor. Se inclinó para besarla y rio al escuchar a Ruby y Henry gritar un gran «Buagggg»

«Finalmente un poco de acción, besos de tornillo en el sofá» dijo la joven sentando en el sillón de enfrente

«Evita enseñarle esas palabras a mi hijo» dijo Regina abrazando a su compañera

«Oh, perdón. Finalmente, un poco de acción, darse grandes besos bien babosos en el sofá» rectificó

Mientras hablaba, Ruby cogió a Henry y lo puso sobre sus rodillas y comenzó a llenarlo de besos y mojarlo con la punta de la lengua lo que hizo que él chillara. Él gritaba, protestaba y luchaba, lo que contrastaba con las grandes carcajadas que soltaba.

Día 156 Tren de las 18:45

«¿Te das cuenta de que criticas todos los apartamentos que llevo vistos desde hace dos meses?» suspiró Emma con desespero

Llevaba dos meses visitando apartamentos para dejar su pequeño estudio. Normalmente, Regina la acompañaba y sistemáticamente encontraba algún defecto al sitio. Las críticas eran variadas, el sitio, la luminosidad, la exposición, el vecindario, la disposición. Nada parecía convenir a los criterios de la morena. Ella ya no sabía qué hacer, no hacer caso y elegir uno que su compañera no aprobaba o seguir buscando algo que le pareciera bien a sus ojos. Aunque eligiera su apartamento para ella, querría que a Regina le gustase para que no pusiera pegas para ir a verla regularmente.

«No es mi culpa si no haces sino buscar sitios inviables» respondió ella.

«Eres injusta, la mayoría de los apartamentos estaban bien. Tomemos el último, ¿qué es lo que no estaba bien?»

«El hueco de la escalera era demasiado estrecho»

«Es una razón tonta y lo sabes»

Regina suspiró, molesta y comenzó a apretarse nerviosamente los dedos.

«Está en Boston» dijo ella suavemente

«¿Y? Boston no está lejos de tu casa, y además ¿no te gustaría venir a pasar algunas noches conmigo y ahorrarte el tren de la mañana?»

«No» respondió ella contundentemente

«¿Por qué no?»

Emma la vio cerrarse, negándose a expresar sus verdaderos pensamientos. Ella había comprendido, pero no deseaba facilitarle la tarea hablando en su lugar.

«Es una tontería alejarse, así no funcionan las cosas» dijo ella un poco más fuerte, molesta por ser manipulada de esa forma por su compañera

«¿Y cómo funcionan?» dijo conteniéndose para no reír

«Sabes muy bien cómo funcionan, deja de jugar a ponerme incómoda» se enfadó golpeándole el hombro

«¿Ah sí? No, te lo aseguro, no lo sé»

Regina suspiró poniendo los ojos en blanco y se apretó la nariz con los dedos

«No se supone que tenemos que alejarnos» dijo gruñendo «Es más bien lo contrario»

«¿Ah sí, lo contrario?» continuó ella pinchándola

«Exactamente» replicó ella alisando su falda nerviosamente

Emma veía que algo más la inquietaba, algo de lo que no hablaba y que parecía rondarle la cabeza desde ya hacía un tiempo. Al comienzo, no comprendía su comportamiento frente a la búsqueda de apartamento, y cuando creyó haber comprendido, una parte de ella no se atrevía a creerlo.

«¿Entonces qué hago? ¿Continúo buscando para acercarme? Pero no encuentro nada, ya que solo hay apartamentos muy caros para mí por donde tú vives»

La morena la fusiló con la mirada y Emma evitó reírse. La vio que comenzaba a triturarse la piel de los dedos de forma nerviosa.

«¿Regina?»

«Si coges un apartamento en Boston…ya no estarás en el tren conmigo mañana y tarde. Si…si yo sigo cogiendo este tren es para estar contigo»

«Me pregunto si algún apartamento estará bien a tus ojos, ya sea en tu zona o más lejos»

«A Henry le gusta que estés en casa»

Emma se quedó en silencio, su corazón galopando en su pecho a la espera, deseando que su compañera se lanzara.

«A mí también me gusta que estés en casa»

«A mí me gusta estar con vosotros»

«Ya pasas la mayoría de las noches en la mansión»

«En tu casa, sí»

«No es…no es obligatorio que sea…mi casa»

Regina no la miraba, los ojos puestos en sus manos. Parecía aterrorizada esperando su respuesta y Emma sonrió acercándose y besando su sien.

«¿Me estás proponiendo que me vaya a vivir contigo?»

«¿Es demasiado pronto?» preguntó mirándola de repente «Una voz en mi cabeza me dice que es demasiado pronto, pero el hecho es que para mí no lo es tanto. Tengo miedo, por supuesto, porque me acuerdo de todo lo que no funcionó con Kathryn, pero eso no impide que, con cada apartamento que visitamos, me enerve, pues no deseo que te vayas lejos. Y tampoco deseo que te quedes en tu minúsculo estudio»

Emma la escuchó decir su parlamento de un tirón, sin respirar y sintió su corazón henchirse en su pecho. Ella tenía miedo, por supuesto, pero un miedo cargado de adrenalina positiva y motivadora.

«Regina…» intentó para darle su respuesta

«Yo sé que hay un montón de cosas que no sabemos la una de la otra…» continuó ella sin ni siquiera escucharla

«Regina» intentó de nuevo suspirando divertida

«Y que vamos a descubrir defectos que nos van a horripilar como tu incapacidad para recoger la ropa que dejas tirada en el sillón de la habitación…»

«Regina» dijo otra vez poniendo los ojos en blanco

«O incluso ese horrible queso de tubo que pones en todo y por el que mi hijo ahora se ha vuelto loco…»

«Regina»

«Y la tele que dejas en hibernación antes que levantarte y apretar el botón para apagarla correctamente…»

«Regina»

«Y las pequeñas gotas de dentífrico que no limpias del lavabo…»

«Regina» dijo más fuerte para detenerla en su retahíla «¿Piensas enumerar todos mis defectos para pedirme que vaya a vivir contigo y con tu hijo?»

La joven se interrumpió e hizo un tímido sí con la cabeza.

«Sí» dijo ella sencillamente

«¿Sí?»

«Sí. Quiero aprender a limpiar el lavabo, ordenar mis cosas en el vestidor, levantarme para apagar la tele. Y no, no abandonaré el queso en tubo y haré que Henry descubra otras delicias culinarias»

«¿Vamos a vivir juntas?»

«Vamos a vivir juntas»

El rostro de Regina se alargó en una inmensa sonrisa y miró rápidamente a derecha e izquierda, asegurándose de que nadie les prestaba atención, antes de precipitarse sobre ella para besarla apasionadamente.

Día 426 Tren de las 00:44

Para esa cita, Emma había tirado la casa por la ventana. Se había pasado días enteros buscando el restaurante, en Boston, al que quería llevar a su compañera. Había mirado bien los horarios para estar segura de poder coger el tren de las 00:44 en el que sabía que habría pocas personas. Después de haber llevado a su compañera a un pequeño restaurante romántico, después de darle la sorpresa llevándola a un piano bar de moda que ella conocía, donde Regina había tomado posesión del instrumento durante una hora para el gran placer de su compañera y de otros clientes, Emma llamó a un taxi para que las llevara tranquilamente a la estación.

Ofreció su mano a su compañera como un perfecto "caballero" para ayudarla a subir y la siguió al entrar en el vagón. Contuvo un suspiro de alivio al ver que su compartimento estaba vacío y fue con ella a sentarse en sus sitios.

«He pasado una noche maravillosa, Emma» dijo Regina besándola tiernamente «Gracias por todo»

«El placer ha sido mío, te lo aseguro»

La morena la besó otra vez y se pegó a ella suspirando. Emma sentía su corazón tamborilear desenfrenadamente en su pecho y le estaba costando contener el miedo que se estaba apoderando de ella. Cerró los ojos y se concentró en la respiración calmada de su compañera para intentar tranquilizarse lo suficiente para atreverse a hacer lo que llevaba días preparando.

Puso su mano sobre el bolsillo de su abrigo para asegurarse que la cajita estaba aún ahí y buscó en ella el valor para hablar.

«Yo…» comenzó con voz insegura «He estado pensando durante horas en la manera en cómo te diría esto, las palabras que elegiría, el lugar, el momento. Pero el hecho es que aunque lo preparase durante días delante del espejo, lanzase a la piscina es terriblemente aterrador»

Esas palabras eran torpes, pero ella sabía que no podría hacerlo mejor, así que decidió no pensar más y dejarse llevar por el instinto

«¿Emma?»

«Hace algo más de un año que estamos juntas. Y cada día que pasa es una felicidad. Gracias a este tren tú y yo estamos aquí, y hasta el fin de mi vida, representará algo especial para mí. Me ha traído el amor de mi vida, un renacimiento en el que ya no creía, y por supuesto una salida del armario completamente inesperada»

Regina rio pegada a ella sin moverse y Emma se dejó tranquilizar por su risa.

«Ven conmigo» dijo levantándose y tendiéndole la mano.

Ella la miró incrédula y la tomó para dejarse llevar hasta la puerta de cristal que las separaba de la plataforma del vagón.

«¿Qué ocurre?»

«¿Te acuerdas del día en que todo cambió?»

«Sí, a través de este cristal. Comprendí y acepté mis sentimientos y tú también» respondió ella interrogándola con la mirada, un poco perdida por la situación.

«Eso es. Ese día comprendí que me había irremediablemente enamorado de ti y que quería tenerte en mi vida. Hace un año empecé a desear poder compartir mi vida contigo, Regina Mills. Hoy es el caso y…siento que necesito más, quiero más de nosotras y quiero ofrecerte más, porque mereces mucho más»

Regina parecía que ya no respiraba y se quedó, sin moverse, mirando cómo abría la puerta. Emma se colocó al otro lado y cuando la cerró, separándolas momentáneamente, posó sobre el cristal un papel en el que estaban escritas esas palabras que tenía tanto miedo y tanta prisa por decir

"Regina Mills, ¿quieres casarte conmigo?"

Su compañera leyó el mensaje y se llevó las manos a su boca ante la sorpresa y dio un paso hacia atrás. Emma vio sus ojos llenarse de lágrimas y combatió las suyas que amenazaban con caer.

Era el momento de la verdad, Regina podía aceptar o huir, una cosa o la otra y su vida cambiaría en algunos segundos. Observaba su rostro para detectar algún indicio de lo que le estaba pasando por la cabeza, pero nada ayudaba, no veía sino el estado de shock en el que estaba.

Ella contuvo el aliento cuando la vio acercarse de nuevo y apoyar su mano en el cristal. Ella acercó su propia mano intentando, más mal que bien, controlar sus temblores y reunió todo su valor para cruzar su mirada.

En cuanto los ojos entraron en contacto, Regina comenzó débilmente a mover la cabeza.

«¿Sí?» preguntó ella en voz alta, aunque ella no podía oírla

«Sí» vio que la morena respondía dejando escapar un sollozo y una inmensa sonrisa.

Ella movía la cabeza cada vez más rápido y abrió la puerta velozmente.

«Sí» dijo lanzándose a sus brazos «Sí, Emma, quiero casarme contigo. ¡Oh, Dios mío, sí, sí, sí!»

Emma la aferró y la sostuvo mientras que ella cubría su rostro de besos.

«Espera, espera» dijo Emma dejándola en el suelo «Hay otra cosa que quiero hacer. Trátame de anticuada, pero…» hincó una rodilla en el suelo y la escuchó reír «Regina Mills, ¿quieres convertirte en mi mujer?»

Mientras hablaba, había abierto la pequeña cajita que había mantenido escondida, dejando ver el anillo de oro blanco que le había comprado.

«Sí, Emma, quiero convertirme en tu mujer» respondió ella tendiendo su mano, con los dedos separados, preparada para recibir su alianza.

En cuanto la hubo deslizado por su dedo, con su corazón ligero y lleno de alegría, Emma se sintió levantada y su prometida se lanzó de nuevo a sus brazos depositando sus labios en los suyos.

«Vamos a casarnos» exclamó la joven

«Vamos a casarnos» confirmó la morena.

Día 433 15:37

Hacía solo una semana que se habían prometido, y Emma se dirigía a casa de Mary Margaret para darle la noticia como Dios manda. Se sentía nerviosa e impaciente. Había imaginado ese momento de maneras diferentes. Cada noche le contaba a su compañera una nueva forma de decírselo y Regina se divertía ante su excitación.

Ahora estaba ante la puerta e inspiró profundamente para contener la sonrisa que amenazaba con salir. Tocó e hizo todo lo que pudo para permanecer lo más neutra e indiferente posible.

«Hola Emma» exclamó la joven al abrir «¿Qué haces aquí?»

«¿No puedo a hacerle una visita sorpresa a mi hermana?»

«Por supuesto que sí, entra» dijo ella separándose para dejarla entrar «¿Estás sola?»

«Sí, Regina está en casa con Henry. Hoy yo quería verte a solas»

«Pareces cambiada, ¿qué tienes que anunciarme?»

«¿Por qué piensas que tengo algo que anunciarte?» preguntó siguiéndola al salón y sentándose en el sofá

«Te conozco, hermanita, y cuando estás tan excitada por algo, tienes ese brillo en los ojos»

Emma suspiró, irritada al ver que su amiga leía en ella como en un libro abierto.

«Entonces, ¿qué pasa?» insistió la joven acercándose a ella, toda su postura dejaba bien claro su deseo de saber más.

«Bien…¿Qué tienes que hacer dentro de 295 días exactamente?»

«¿295 días?» repitió ella confusa «¿Qué tipo de pregunta es esa? ¿Y qué día es ese?»

«El 20 de junio del año que viene»

«¿Quieres saber lo que tengo previsto para el 20 de junio del año que viene? ¡Qué sé yo! Nada de momento, pero ¿qué estás planificando casi con un año de…»

Ella se paró de repente y Emma vio en sus ojos que había comprendido.

«Espera Emma, ¿estás intentando decirme que…»

«Mary Margaret Blanchard, ¿aceptas ser mi testigo?»

La joven parpadeó un par de veces y se levantó de un salto emitiendo un gran grito de sorpresa. Tiró de Emma, obligándola a levantarse y la estrechó fuertemente en sus brazos.

«¿Vas a casarte? Dios mío, Emma, es maravilloso. ¿Se lo has pedido? ¿Cómo fue? ¿Cómo reaccionó? ¿Qué dijo? ¿Lloró?»

La joven rio al ver la alegría de su amiga. Ella le había hablado de su deseo de pedirle a Regina que se casara con ella. Mary había presenciado y la había ayudado en cada momento de nerviosismo que había vivido, desde la elección del anillo hasta el restaurante. No le había dicho el día del pedido solo para poder sorprenderla.

«Dijo sí. Lloró. Dijo que me amaba. Dijo que estaba feliz. Se lo pedí en nuestro tren apoyando una nota contra el cristal a través del cual aceptamos nuestros sentimientos. Lo sé…es de lo más romántico, pero sé que a ella le gusta»

«Lo hiciste muy bien. Ay, Dios mío, es tan adorable. ¿Y ella se lo esperaba?»

«En absoluto, le dije mi discurso, estaba perdida, pero le gustaba, así que se dejó llevar cuando la arrastre hacia la puerta de cristal. Puse el mensaje y ella se llevó sus manos a la boca por el shock. Poco a poco, se fue recobrando, puso su mano sobre el cristal y yo también la puse sobre la de ella. Era como si no lograra hablar, dijo que si con un asentimiento de la cabeza. Después, abrió la puerta y me saltó a los brazos besándome. Le encantó el anillo, no ha dejado de mirarlo desde que lo tiene en el dedo»

Mary emitió un largo chillido que por sí solo parecía decir "¡qué cosa tan romántica!" y la volvió a tomar en sus brazos.

«Estoy tan feliz por ti, Emma. Mereces esa felicidad, te la mereces tanto. Estoy encantada»

«No me has respondido» dijo ella riendo

«¿Sobre qué?»

«¿Querrías ser mi testigo?»

«Por supuesto que sí. No hacía falta ni preguntar. Estaré dichosa de ser tu primera testigo. No se lo has pedido todavía a Ruby, ¿verdad?» preguntó en tono amenazante.

Emma rio ante la eterna competición que existía entre las dos amigas y le puso la mano sobre el hombro

«Eres mi primer testigo y la primera en saberlo. Hablaré con Ruby el lunes»

«Perfecto» dijo satisfecha «Todo es perfecto. Y tú…Emma, ¿qué es ese anillo que llevas?»

La joven tendió inmediatamente su mano para dejarle admirar la joya que llevaba en el anular.

«Ayer por la noche, Regina me había preparado una cena romántica, había puesto velas en el salón, me hizo un discurso…magnífico» contó ella hundiéndose en sus recuerdos «Y me dio este anillo para que yo también tuviera mi alianza de compromiso»

«Es adorable» dijo ella con voz tierna

«Y me tenía guarda una bella sorpresa en la habitación»

«No quiero saber» dijo en el mismo tono enarbolando la misma sonrisa «Venga, champán, no discutas» añadió dirigiéndose a la cocina.

«Tendrá lugar en Grecia» le dijo mientras estaba abriendo la botella «En la casa de los padres de Regina. Hay suficiente sitio para alojar a no poca gente y Cora y Henry desean alquilar un hotel cercano para que se queden los que no pueden acoger en su casa»

«Vaya, realmente tiene mucho dinero»

«He hecho el amor sobre un piano que vale cien mil dólares, ni intento saber a cuánto asciende su fortuna»

«Por esas bellas palabras» dijo divertida la joven tendiéndole la copa «Salud»

Se disponían a brindar cuando David entró

«Oh, espera, antes de brindar» dijo Emma de golpe «Tengo que pedirle algo a tu caro y tierno marido»

«¿Es lo que yo pienso?»

«Sí»

«Veinte dólares a que llora» dijo tendiéndole la mano

«Mujer ingrata» replicó ella lanzándole una mirada medio reprobatoria «Hecho»

«Hola, Emma, ¿qué alegría verte por aquí? ¿Todo bien?» dijo él acercándose a besarla

«Todo muy bien, he venido a anunciar una gran noticia»

«¿Qué gran noticia?» preguntó yendo también él a sentarse al salón

«David, ¿aceptarías conducirme al altar el 20 del próximo junio?»

El joven la miró sin moverse, sonriendo aún y asimilando la información. Poco a poco perdió su sonrisa y miró alternativamente a la joven y a su mujer.

«Tú…ella …tú quieres…»balbuceó antes de carraspear.

«Ella ha dicho sí, y me gustaría que tú me condujeras hacia ella. Tú, Mary y Ruby sois mi familia, quiero que los tres estéis a mi lado ese día»

David se levantó para cogerla en sus brazos, y carraspeó otra vez seguramente para esconder su emoción.

«No sé qué decir, Emma, por supuesto que acepto, incluso me siento honrado. Tú sabes, eres la hermana de Mary, pero yo también te quiero, eres mi familia»

«To también te quiero, David»

Se separó de ella y tosió torpemente mientras aplaudía

«Venga, venga, brindemos, hay que celebrar una noticia como esta. Y Mary, dale el dinero a Emma, yo no he llorado»

«¿Me escuchaste?» exclamó ella abriendo los ojos como platos

«No, pero te conozco, y acabas de confirmar mis sospechas»

La joven refunfuñó sacando el dinero de su cartera y brindaron juntos por esa futura unión.

Día 435 08:25

«Ruby, te reservo el 20 del próximo junio»

«¿Por qué?» preguntó su jefa llegando a su lado, mirando por encima de su hombro.

«Tendrás que cerrar la tienda la semana o formar a una dependiente para que la lleve durante esa semana» continuó ella como si nada

«Espera, ¿de qué estás hablando?» se molestó ella al verla bloquear su semana en su agenda electrónica.

«Bueno, los testigos deben estar antes del día x para organizar todo con los cónyuges y ayudarlos a no tener una crisis de nervios. Y como tendrá lugar en Grecia hay que cogerse una semana» lanzó ella lo más natural del mundo

«Oh, mierda, ¿te vas a casar?» exclamó ella inmediatamente «¿Y yo soy tu testigo? Emma, estoy tan contenta por ti» gritó estrechándola y levantándola «Espera» dijo dejándola en el suelo sin darle tiempo a hablar «¿No me digas que se lo has pedido antes a Mary?» dijo de sopetón

«Yo…»

«Sí, va, dímelo» la interrumpió «No, no me lo digas…Sí, dilo, de todas maneras sé que se lo has pedido primero»

«Bueno…»

«No, de hecho no me lo digas, ¿para qué hacerme daño?»

«Ruby, tú…» intentó Emma colocándose delante de ella

«Sí, sí, dilo, dilo de golpe como cuando se arranca una tirita. Un dolor rápido y se acabó»

«Se lo pedí a Mary este fin de semana» se dio prisa ella a decirlo antes de que su amiga la cortara la palabra.

«¡No me jodas Emma Swan!» exclamó

«Lo sé, Ruby Lucas»

La joven la miró con expresión dura que se transformó en una gran sonrisa. La atrajo contra ella y la felicitó calurosamente. Enseguida se giró hacia el PC y abrió la plantilla de Emma.

«¿Qué haces?»

«Te ofrezco tu primer regalo de bodas, tres semanas de vacaciones que no cuentan sino como una»

«¿Qué? Pero, estás loca, es demasiado. No puedes hacer eso»

«Emma, quiero hacerlo, déjalo estar, no es negociable. Entre la pre boda, la boda, la luna de miel y la recuperación de la luna de miel, se necesitan tres semanas»

«Gracias Ruby» dijo ella apretándole tímidamente el hombro

«Y no preocupes por tu lencería de boda, la casa os la ofrece a las dos»

«Espera, ya es demasiado»

«Acuérdate de que conozco tus gustos y que si aceptas seré yo quien elija lo que llevará Regina»

Emma quiso replicar, pero su cerebro, muy imaginativo, se lo impidió. Escuchó vagamente las risas de su amiga y fue traída a la realidad por un grito que ella dio.

«¿Qué?» preguntó

«Tengo que llamar a Mary» dijo ella precipitándose hacia el teléfono

«¿Por qué?»

«Para hablar de la despedida de soltera»

«¿Por qué me estoy temiendo lo peor?» dijo ella haciendo una mueca

Ruby la miró con una sonrisa casi sádica mientras terminaba de teclear el número.

«Porque me conoces bien»

Día 728 15:30

«¿Estás preparada?» preguntó David entrando en la habitación donde ella se arreglaba.

«Nunca he estado tan preparada en toda mi vida» respondió abrazándolo

Emma estaba con su vestido de novia, preparada para el momento que llevaban esperando tanto tiempo. Después de hablarlo mucho, habían decidido que Regina llegaría primero, y después Emma. Había debatido mucho porque ninguna quería dar su brazo a torcer, las dos querían ver a su futura mujer caminando por el pasillo hacia ella. Por supuesto no era una boda por la iglesia, solo una unión ante un representante legal, pero ellas se habían entusiasmado en seguir todo el ritual que conllevaba un gran matrimonio. Así que no habían tenido el permiso de dormir juntas la noche anterior, las dos llevaban algo azul, algo viejo y algo prestado.

«Estás magnífica» dijo su amigo tendiéndole el brazo

«Gracias» respondió aferrándoselo

Se dejó llevar por el pasillo y nada más existió cuando vio a su futura mujer esperándola con la sonrisa en los labios. Se sentía tonta sonriendo como una idiota, pero era incapaz de controlarse. Veía a Cora al lado de Regina, escuchaba a Mary y Ruby que caminaban detrás de ella y sus mejillas empezaban a dolerle de lo mucho que estaba sonriendo.

Su corazón galopaba en su pecho, aún le costaba creerse que ella, Emma Swan, iba a casarse con Regina Mills.

«Estás magnífica» dijo la joven en cuanto llegó a su altura.

«No tanto como tú»

«Señoritas» dijo el alcalde sonriéndoles «Estamos aquí hoy reunidos para celebrar la unión de estas dos mujeres. Antes que nada, desearía saber quién entrega a esta joven» dijo mirando a Regina

«Su madre y yo» dijo Henry levantándose

«¿Y a esta otra joven?» dijo girándose hacia Emma

«Yo» dijo David con voz fuerte, con un atisbo de orgullo que hizo reír a parte de los asistentes.

Se volvió a sentar hundiéndose en su asiento y sonrió turbado.

El alcalde continuó la ceremonia, haciéndoles prometer y decirse sus respectivos votos, y finalmente llegó el momento del intercambio de alianzas.

«¿Quién se encarga de los anillos?»

«Nuestro hijo» respondió con naturalidad Regina, haciendo crecer aún más la sonrisa de Emma.

La puerta se abrió y Henry senior, que se había escabullido con su nieto un momento antes, apareció. Henry caminaba orgullosamente, con un cofre en las manos donde estaban encerrados los anillos, seguido de cerca por su abuelo.

«Mira lo guapo que está en su traje» le dice Regina al oído

«El más guapo de los muchachitos» respondió ella sin quitarle ojo.

«¿Muchachito? No, mira su hermoso traje, su pajarita, es un pequeño hombrecito» dijo ella con gran orgullo.

Cada una cogió su anillo para deslizarlo por el dedo de la otra. Emma se sentía ligera, llena de un amor y de una alegría que sentía crecer en su interior a un ritmo vertiginoso. Se sentía bien, en su lugar en esa familia que la había acogido con los brazos abiertos y de la que ahora formaba parte.

Para los siete días que iba a durar el viaje de novias, las dos jóvenes habían alquilado una suite en un lujoso hotel en la isla de Zakynthos, en Grecia. Después de dos días sin dejar la habitación, Regina había logrado convencer a su joven esposa de ir a visitar la isla. Habían nadado en esas aguas turquesas, visto tortugas y explorado las diferentes calas y grutas que les ofrecía la isla.

Emma se sentía bien, incluso eufórica viviendo sus primeros momentos como mujer casada. Regina le parecía diferente, seguía siendo tan bella, pero se le aparecía como más cautivadora. Era como si ese anillo en su dedo anular lo cambiara todo haciéndolo más hermoso.

Le costaba admitir que toda esa felicidad se abría ante ella. Cada tarde llamaban a Henry que deseaba hablar con las dos. Cada tarde se pegaba a su esposa, presionándola para que marcara el número para escuchar la voz de aquel al que también consideraba como un hijo. Él crecía demasiado rápido, cinco años ya, y Emma comprendía a su compañera cuando exclamaba qué rápido pasaban los años.

Día 739 22:00

De regreso del viaje de novias, Emma y Regina no tenían sino dos días antes de su vuelo de regreso. Tres semanas habían pasado, estaban casadas, estaban felices y preparadas para comenzar la vida que se les ponía por delante. Era su última noche, Henry estaba acostado desde hacía una hora y las dos mujeres, Cora y Henry senior disfrutaban del suave tiempo de esa noche.

La noche había caído y a la luz de las velas y de los reflejos de la luna la pequeña familia terminaba de cenar.

«Os vamos a echar de menos» dijo Henry, posando su mano sobre la rodilla de su hija

«Nosotros también os vamos a echar de menos. Pero dentro de dos meses regresáis»

«Secuestraremos a Henry al menos por ocho meses. Está creciendo muy rápido»

«De eso ni hablar» dijo Emma con una gran carcajada «Si él no está, Regina se va a deprimir y yo voy a tener que fingir que no me deprimo para apoyarla, mientras que yo solo tendría un deseo, insertarle una baliza GPS para estar segura de dónde está»

Cora se echó a reír inclinándose hacia su marido

«Y pensar que de las dos, Regina es la madre angustiada, y Emma la madre guay» Se incorporó para dirigirse a ella directamente «Esconde muy bien su papel de mamá estresada»

Emma habría querido responder, reaccionar, decir cualquier cosa en lugar de quedarse plantada como una idiota. Pero el hecho es que estaba demasiado conmovida para hacer nada. En los dos años que conocía a Regina, ahora sabía con certeza que formaba parte de la familia. Era la primera vez que los padres de su compañera hacían referencia a ella como madre de Henry.

Se sintió al borde de las lágrimas. Era de locos cómo podía contenerse cuando se trataba de emociones tristes, pero no lograba esconder sus lágrimas cuando eran de felicidad. Miró a Regina que le sonreía y vio que ella sabía lo que pasaba por su cabeza. Se conocían bien, se comprendían rápido, a veces sin palabras, solo una mirada y la otra sabía. La joven se inclinó sobre ella para besar su mejilla. Tomó su mano y con una delicada presión, confirmó las palabras de sus padres.

Regina ya le había dicho que la consideraba como una madre para Henry, y ella le había confesado que era un hijo para ella. Ya no contaba el número de veces en que Henry le había contado a todo el que quería escucharlo que ella era su nueva otra mamá. Pero ver la aprobación en los ojos de sus suegros era traspasar un límite que no se imaginaba tan intenso.

«Y hablando de niños, mamás…» dijo Henry trayéndola a la realidad «El otro día tu madre y yo hablamos de algo. Si hubiera necesidad, estaríamos dispuestos a quedarnos tanto tiempo como fuera necesario en los Estados Unidos»

«¿De qué hablas papá?»

«Si en un futuro más o menos cercanos necesitáis a alguien para cuidar…una eventual adición a la familia, nosotros…»

«Lo que tu padre intenta decir de una manera completamente rocambolesca» interrumpió Cora suspirando «Es que si decidís tener un bebé, volveríamos y nos quedaríamos el tiempo que hiciera falta para apoyaros como lo hemos hecho con Henry. Además desearíamos estar ahí para disfrutar del pequeño si lo hubiera»

Un pesado silencio se hizo en la terraza. Regina miraba a sus padres alternativamente y Emma intentaba comprobar que su corazón aún latía. Ya habían hablado de la posibilidad de tener un bebé, pero no se esperaban que ellos hablasen de ello tan abiertamente y acabadas de casarse.

«Gracias Cora por tu delicadeza» resopló Henry cruzándose de brazos, con expresión decepcionada

«¿Qué? No he dicho nada malo»

«Es un tema del que quizás no han hablado, y tú lo sueltas así como así»

«Conociendo a tu hija, ya han tenido que hablar»

«Mamá» exclamó Regina al escucharla «¿Y eso qué se supone que quiere decir?»

«Que eres una bulímica de los bebés, te encantó tener a Henry y sé que debes estar muriéndote de ganas de tener otro con tu nueva mujer»

«Pero, no hables de eso así como así. Ya tendremos tiempo de hablar de ello, ahora no es el momento ni el lugar» intentó la morena para cerrar el tema.

«Sus hermosos rizos rubios en una pequeña, sería magnífico» dijo Cora mirándola.

Emma sintió todo su cuerpo congelarse de golpe. Sentía los sonidos a su alrededor llegarle más amortiguados, como si fuera a desvanecerse. Miró a su suegra y vio en su mirada que su comentario lo había hecho adrede. No había ninguna maldad en sus ojos, al contrario. Podía leer en ellos un deseo de tranquilizarla, de decirle a través de esas palabras que ella sería capaz, que podía soñar con ello. Pero ella no lograba controlar todos los sentimientos perturbadores que eso le provocaba.

Se levantó de golpe, su mente obnubilada por Isabelle, y se excusó rápidamente para irse a su habitación. Apenas tuvo tiempo de sentarse en la cama cuando ya Regina entraba y se sentaba a su lado.

«¿Quieres…quieres hablar?» preguntó tímidamente

«Siento haberme marchado, yo…»

«No, no» la interrumpió ella poniendo su mano en su muslo «No tienes por qué excusarte, soy yo quien te tiene que pedir perdón por el comportamiento de mi madre. Ella no lo ha hecho por mal, te lo aseguro, al contrario»

«Lo sé» dijo ella tomando su mano en la suya «Sé que ella piensa en su experiencia y cree que yo puedo superar todo eso. Es solo que…no estoy preparada para esa conversación, creo»

Regina la tomó en sus brazos y le acarició los cabellos durante un rato. Emma se dejó hacer, sin llorar, solo una necesidad de sentirse sostenida.

«¿Tú…» comenzó la morena «no estás preparada para…hablar de bebé o hablar…»

«Hablar de embarazo…para mí. Es un poco pronto, ¿estás de acuerdo en que esperemos?»

«El tiempo que haga falta. Nada te obliga, te lo prometo»

«Gracias. Y, ¿podrías decirle a tu madre que lo siento por haberme marchado?»

«Iré después» dijo ella acostándose y pegándose a su espalda en un gesto protector «Tenemos tiempo»

Día 745 Tren de las 06:22

«¿Hablabas en serio ayer por la noche?» preguntó Emma en cuanto estuvieron sentadas

«Sí. Si también tú lo quieres, me gustaría que tuviéramos un bebé. Pero no es una obligación, es un elección de la que las dos tenemos que estar seguras»

«No, quiero decir…» la joven inspiró profundamente para impedir que su voz temblara por la emoción «Cuando decías sobre quien…quien lo engendraría»

El simple hecho de decir eso hundió a Emma en la conversación mantenida la víspera.


Regina llevaba acostada media hora cuando Emma entró despacio en la cama. Se acurrucó contra su espalda y se estremeció cuando la morena pegó sus pies helados a sus pantorrillas.

«Hum…menos mal mi bolsita de agua caliente» suspiró la joven apretándose más contra ella

«¿Por qué siempre estás tan fría?» preguntó ella poniendo cuidado en apretar sus pies calientes contra los suyos fríos.

«Es para robar mejor su calor, pequeña» dijo ella medio dormida.

Emma rio dulcemente y posó su mano sobre su vientre. La pasó bajo su camiseta y tocó su piel disfrutando de la dulzura del instante.

«He pensado en las palabras de tu madre el día de antes de nuestro regreso»

«¿Cuáles? Habla tanto»

«Sobre tener un bebé»

Regina no dijo nada, pero Emma sabía, sin mirarla, que ahora debía tener los ojos como platos.

«No parecías estar en contra»

«Porque no lo estoy»

«Entonces, ahora ¿quieres un bebé? Quiero decir, ¿querrías que un futuro próximo tuviéramos un bebé?» dijo estrechándola más contra ella, sus palabras haciéndose ligeramente agudas

«Sí, para ser franca, es verdad que estoy impaciente por ello, un segundo hijo, un hermanito o hermanita para Henry, el fruto de nuestro amor. Si tú también lo quieres…»

«Pero…» ella carraspeó nerviosamente «Ella ha…Yo no quise hablar en su momento, pero…ella habló de mis cabellos en una pequeña…eso…eso quiere decir…eso implicaría que…»

Regina se dio la vuelta en sus brazos y hundió su mirada en la suya.

«Como te he dicho, nadie te fuerza. No hay ninguna obligación. Puedo ser yo si tú no quieres. Puedes ser tú si estás preparada para ello»

«Yo…yo no lo sé»

Presionó su rostro en la palma de su mano cuando la puso en su mejilla y suspiró

«No consigo saber lo que quiero…lo que puedo»

«No pasa nada, Emma. Nada te apremia a una decisión semejante. No te angustie, cariño»

«¿Tú qué querrías? Sinceramente»

«En lo más profundo de mí…» marcó una pausa durante la cual se quedó observando su rostro «Querría que tu vivieras esa experiencia. Me gustaría cuidarte durante el tiempo en que llevaras a nuestro bebé. Pero si no puedes, yo también estoy dispuesta a revivir esa aventura»

«Creo que necesito tiempo todavía»

«Lo tienes»

Ella la besó y la estrechó en un abrazo reconfortante. Incluso después de dos años, estar en sus brazos bastaba para suavizar muchas cosas.


«Sí» respondió Regina «Sin presión, tenemos tiempo para pensar»

La joven asintió y atrajo a la morena hacia ella para incitarla a acabar su noche pegada a ella. Regina se acurrucó en una posición perfectamente ensayada a lo largo de numerosos trayectos que habían hecho juntas. Apoyó su cabeza en su hombro, agarró su brazo que pegó a su cuerpo y con su mano izquierda cogió su derecha para entrelazar los dedos.

Emma estaba confusa, no sabía si estaba preparada para eso, un bebé, un embarazo, temía que volvieran a la superficie los numerosos demonios que aún la habitaban. Giró la cabeza y miró su reflejo en la ventanilla del tren. Se observó un momento y dejó su mente retroceder dos años atrás.

Se acordaba de la que era en esa época, una mujer rota, una mujer encolerizada, amargada, autodestructiva y con odio hacia la vida. Sobrevivía, minuto tras minuto, en un rencor monótono y tenaz.

¿Y ahora?

Ahora tenía a Regina, desvió su mirada hacia el reflejo de su compañera, su joven esposa que había cerrado los ojos y dormía apaciblemente. Se detuvo en el reflejo de sus manos entrelazadas donde brillaban los dos anillos idénticos, prueba del compromiso de la una hacia la otra.

Tenía a Henry, ese pequeño que la amaba y al que ella amaba tanto.

Le parecía lejos esa vida de solitaria en que cada día era un sufrimiento, cada mañana una lucha para obligarse a levantarse. Ya no se acordaba de la última vez en que había llorado y ahora podía hablar de Isabelle sin hundirse en lágrimas. Aún tenía ese vacío en ella que era el sitio de su hija, pero estaba aprendiendo a vivir con él y a aceptarlo como un pedazo de su corazón que nunca se llenaría.

Pero, ¿no sería su corazón lo suficientemente amplio para albergar un nuevo amor?

Emma pensó en el camino que habían recorrido juntas, y la felicidad que se había instalado en su vida con la morena la hizo suspirar de satisfacción.

Miró a su mujer, que ahora dormía sobre su hombro y la contempló pensando en el futuro que se les abría. Puso su mano en su vientre y comenzó a imaginarse un bebé, el bebé de las dos, creciendo ahí dentro.

Despertó suavemente a su compañera, que la miró con ojos asombrados.

«Va a ser una fuente de angustia para mí»

Regina asintió despacio sin pronunciar una palabra, ya sabía eso.

«Voy a imaginar que lo perderé y estaré insoportable por eso» añadió dulcemente

«Lo sé» respondió la morena con voz débil enderezándose.

«Si eso sucede, no lo soportaré»

«No sucederá» dijo Regina posando su mano en su mejilla.

Emma sonrió, aún insegura de la manera en la que iba a lidiar con todo eso, pero segura de su elección y del apoyo que sería su compañera en todo ese camino. Se inclinó para pedir un beso que la joven se dio prisa en ofrecerle, tierno y fuerte a la vez, como su historia, como ella.

«Hagámoslo»

FIN