Buenas! Lo siento, como ayer era fiesta, me olvidé de que era lunes XDDDDDDD Pero bueno, como ya está todo, voy simplemente a publicarlo hoy ;)
Así que les deseo de todo corazón unas felices fiestas y un feliz año nuevo! ;)
02 de Agosto.
La familia. Para un ser humano es fácil decir que la familia para ellos no es nada. Cuando eres un hijo en tu época rebelde, tiendes a decir que tus padres no saben nada. Cuando creces un poco, piensas que tal vez sepan algo, pero prefieres igual estar con tus amigos a disfrutar los momentos que tienes con ellos. Cuando de repente te conviertes en marido o mujer, los consideras un poco pesados, ya que tú acabas de formar tu propia familia y ellos solo quieren meterse al medio. Cuando tienes un hijo… empiezas a ver que todo lo que tu hacías, ese hijo también lo está haciendo ahora y de repente comprendes lo que tus padres te decían de… arreglar la casa, limpiar, comportarse, ser educado… todo aquello que a ti te parecía absurdo, de repente tiene más sentido y ves que tu propio hijo hace lo que tú hacías, diciéndote un tajante: no molestes más. Pero la familia realmente es algo más. Wendy siempre me repetía, que cuando los amigos me hicieran daño, la familia sería lo único que iba a quedarme para que me apoyara. Por ese mismo motivo, cada vez que le decíamos que no queríamos decir acerca de nuestro pasado porque no queríamos volver, ella sonreía tristemente y nos decía: "¿será verdad? Porque es vuestra familia, al fin y al cabo". Rehusar de la familia es algo que todos podemos hacer. Pero muy pocos hemos sabido volver con la cabeza agachada y pedir perdón adecuadamente mientras nos comíamos nuestro propio orgullo. Por muy enojado que te vayas. La familia es la única que va a perdonar tus errores y a quererte igual que el primer día. Por eso siempre deberíamos de agradecerles más a ellos y no tanto a nuestros amigos. Porque el día al que a ellos les de la gana… te van a dar la espalda, eso si no te han apuñalado antes en la tuya.
Kizuna.
La familia: Kyooi se pelea con Jaaku-san.
Una familia sin una oveja negra no es una familia típica.
Heinrich Böll (Escritor alemán).
— ¡De acuerdo! ¡Vayamos a seguir con esta mini fiestaaaaaaaaaaaa! —cada vez que Yuna veía a Nao en esos dos días, sentía que ese hombre se dejaba ir a la bebida mucho más que el año anterior. Su hija, Naoko, cerca de dónde ella, estaba parecía querer esconderse, mientras su mujer intentaba calmar las palabras de la niña. Yuna miró hacia Kyooi. Normalmente estaría dándole una sonrisa llena de complicidad, pero esta vez estaba observando al jefe del Clan Shiroma con una cara llena de preocupación—. Bueno, los recién llegados, venid por aquí —ya ni siquiera se oía la voz del hombre por el micrófono que montaban siempre ese día.
El 2 de Agosto, se había convertido en un día festivo en esa familia, aunque solo fuera por recordar la muerte de Natsuko y una buena parte de la familia, ese día era un día en que todos se reunían sin falta y celebraban con vasos una nueva era. Para Jaaku, Yuki y Chizuko siempre había sido un día lleno de dolor, pues el siguiente día hubiera sido el cumpleaños de Natsuko, pero ver a toda esa gente haciendo tanto el loco y bebiendo con tanto desespero, siempre les hacía reír y terminar con un día completamente feliz. El único problema era que en el tiempo habían predicho días de lluvia. Así que, tenían que preparar esa fiesta el día antes, se quedaban a dormir y a la mañana siguiente lo celebraban todos. Nao se había apoderado del micrófono que estaba probando y no paraba de ordenar a todos a dónde tenían que llevar las cosas. La gracia de esa fiesta era que cada año, una pareja hacía un pequeño baile en honor a Natsuko. Ese año, las madres de Yuna, Alumi y Kyooi iban a hacerlo. Lo que le divertía a Yuna, era que todos aquellos que no habían tenido la oportunidad de conocer a Natsuko, no estaban obligados a hacer ese pequeño baile, así que ellos tres se unían a ellos si en algún momento les daba por hacerlo, aunque la mayoría de veces se quedaban al lado de sus padres riéndose de los demás que lentamente se unían todos en un baile extraño de imitación y caras absurdas.
Kyooi se había quedado mirando a su abuelo desde que llegaron para ayudar a montar esa fiesta. El hombre se había quedado sentado en su silla preferida, observando como todos iban montando una especie de carpa enorme en la que pudieran caber un centenar de personas a dentro. Ellos habían ido a saludarlo, y en el momento en que Kyooi se había agachado un poco para poder darle un beso en la mejilla, el hombre le había dicho que tenían de hablar. Cuando ese hombre decía que tenían que hablar, Kyooi siempre se preocupaba. Pocas veces esas palabras no habían evidenciado nada malo en otras personas, ¿por qué no también en él? ¿Qué era lo que había hecho para hacer querer 'hablar' a Ojiisama? Tal vez estaba preocupándose de más. Recibió un pequeño codazo de Alumi, haciéndolo volver en sí por unos segundos. Ella y Yuna le señalaron a Nao que les estaba haciendo señas para que se acercaran a él. El hombre se bajó de la pequeña tarima que ya prácticamente estaba completa y los rodeó con un brazo a cada uno.
— Mis herederos favoritos —Nao sonrió hacia ellos—. ¿Qué os parece si nos saludamos y terminamos con esta inquietante atmósfera? —Yuna le dio un beso en la mejilla con una sonrisa mientras Kyooi se apartaba de él intentando ser disimulado, pero siendo completamente descarado—. ¿Qué ha sido eso? —aunque no hablara por el micrófono sus voces se podían oír igual por el altavoz, aunque fueran más débiles. Alumi se besó en la mano y le tocó la frente—. ¿Un beso indirecto? Vamos chica que los escenarios te han vuelto idiota, ¿verdad?
— Vaya, creo que te dejé el pintalabios en la mejilla, más te vale empezar a contárselo a tu mujer —Yuna se rió con fuerza.
— Oh, por favor, qué traviesa eres, Yuna-chan —el hombre se iba a frotar la mejilla, pero ella y Alumi se lo impidieron.
— ¡Mirad! ¡Nao tiene pintalabios en su mejilla y no es el rojo carmín de su mujer! —gritó Yuna con fuerza.
Todos se rieron mientras el hombre intentaba deshacerse del agarre de las chicas para poder quitárselo.
— Dejadme hacer una fotografía de esto —Minoru se acercó con su teléfono y la hizo—. Qué bueno está siendo este 2 de Agosto.
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Por la noche del 2 de Agosto, era tradición sentarse todos en el comedor a tomar una taza de chocolate caliente y un par de panecillos tiernos y dulces para comer. Kyooi se sentó al lado de Jaaku que parecía muy interesado en alejar a la gente de la conversación que iban a empezar ellos dos. Yuna los observó con el ceño fruncido, mientras que Alumi pareció no estar interesada pero tenía los oídos puestos en intentar escuchar tan solo las voces de su hermano y su abuelo. Kyooi parecía más asustado que convencido de lo que fuera lo que le dijese ese hombre. Al menos, no parecía muy concentrado.
— Te he pedido que vinieras a hablar conmigo, porque quiero que te mires una cosa —Jaaku le dio un pequeño sobre marrón y alargado que parecía lleno de fotografías y documentos extraños. Yuna los observó desde lejos sabiendo lo que ese sobre iba a contener—. Creo que necesitas saber acerca de la gente con la que te juntas y por eso, he pensado que deberías de empezar a ser más cauteloso y conocer bien el pasado de ella.
— ¿Ella? —Kyooi lo miró con el ceño fruncido—. ¿Qué pasa con ella? ¿Quién es ella? —Kyooi abrió el sobre y sacó todo.
— Deberías de cortar con tu novia —respondió Jaaku—. Aún estás a tiempo de arreglar tu vida y que ella no pueda hacerte daño.
Kyooi se sentía rabioso. El sobre estaba lleno de fotografías antiguas y actuales acerca de Kizuna y documentos escritos en francés y traducidos. ¿Por qué? ¿Por qué si él confiaba en ella no podían hacerlo el resto de su familia? ¿Por qué si confiaban en él, tampoco no podían esperar a que él se diera cuenta de las cosas por si solas? Pero todo aquello… todos esos documentos estaban escritos en pasado. Kyooi todo eso ya lo sabía, porque Kizuna le había contado ella misma, aunque muy poco a poco. ¿Por qué? Kyooi notó que no podía frenar sus manos. Empezaba a sentirse demasiado fuera de sí mismo. Por primera vez en su vida, empezaba a sentir realmente odio. Pensó en todo lo que le decía a Yuna cada vez que ese hombre volvía a secuestrarla y ella enfurecía. Respirar hondo. Debía de respirar hondo… ¿por qué no podía tranquilizarse? Se notaba temblando mientras notaba que sus oídos empezaban a dejar de escuchar las risas de su alrededor. Su abuelo seguía hablando en susurros que a él le parecían realmente lejanos. Lo guardó todo en el sobre tranquilamente, ante la sorpresa de su abuelo. Pero él ni siquiera veía que él estuviera sorprendido. Ya no podía reaccionar. Ya no podía detenerse. Escuchó el grito de Yuna demasiado tarde…
Kyooi de repente se encontró de cara a su abuelo y completamente arrodillado. ¿Cuándo se había arrodillado? ¿Por qué se sentía tan cansado? Su respiración estaba demasiado agitada. Su abuelo estaba medio tumbado y algunos de sus hombres lo estaban aguantando preguntándole si estaba bien. Fue entonces cuando vio su puño alzado. Acababa de golpear a su abuelo y él ni siquiera se había dado cuenta de ello.
— ¿Qué es lo que te pasa Kyooi? —Yuki se puso a su lado en tres grandes zancadas y lo zarandeó con fuerza—. ¿Por qué has hecho esto?
— Tranquila, Yuki… no ha pasado nada —Jaaku se puso recto con el poco orgullo que le quedaba y miró fríamente al chico.
— ¿Qué no ha pasado nada? —Kyooi frunció la nariz abalanzándose de nuevo hacia él, pero Yuki y otros dos miembros de la familia lo cogieron desde detrás para que no pudiera acercarse a él de nuevo. Mientras tanto Alumi seguía saboreando tranquilamente su tazón de chocolate—. ¡¿Cómo te atreves a decir eso después de lo que has hecho?! ¡¿Cómo puedes mantenerte tan frío y decirme eso después de que…?! ¡¿Por qué no tienes en cuenta los sentimientos de los demás?! ¡¿Qué es lo que pasa contigo?!
— No me grites —respondió él—. Lo he hecho por tu bien.
— ¿Por mi bien? —Kyooi se detuvo unos segundos. ¿Cómo se atrevía a decir eso? ¿Por qué ese hombre no podía ver el dolor del chico que ahora mismo apretaba su pecho? Su confianza… su confianza había sido hecha añicos completamente—. ¿Acaso has hecho algo tú por el bien de mi familia? ¿Acaso has hecho algo para remediar el hecho de que Yuna siga siendo perseguida por ese sinvergüenza? —levantó su dedo señalando a la chica, mientras Yuki y los demás lo soltaban un poco. Parecía que se iba a calmar. Pero realmente Kyooi no estaba nada calmado. Bajó el brazo y su mirada a los pies. ¿Estaba bien lo que estaba pasando por su cabeza? ¿Estaba bien pensar así? Ni siquiera quiso ocultar sus palabras. Sin darse cuenta ya estaban saliendo de su boca a gritos, mientras apretaba sus manos con fuerza, hasta clavarse las uñas en su palma. No podía volver a golpearlo, debía de controlarse. Fue en ese momento en el que Alumi se levantó y se puso detrás de su hermano. Sabía que iba a hacer una locura—. ¡¿Acaso has hecho algo para que Shinobu tampoco sea una víctima de los intentos de asesinato que rondan a su hermana?!
— ¿Qué? —Chizuko miró a sus dos hijos. Shinobu se cogió a la mano de su hermana con fuerza. ¿Por qué no le habían dicho que Shinobu también había sido metido al medio de esas peleas? Pero su asombro quedó apagado por más gritos del chico.
— ¡¿Realmente has hecho alguna vez algo pensando en el bien de otros?! —Kyooi sentía que iba a llorar. Realmente sentía sus ojos ardiendo, pero ya estaba cansado—. ¡No te has preocupado de que alguien hubiera podido sufrir daños también! ¡Solo te importa lo que pueda hacer y que ni siquiera sabes si hará! ¡¿Te preocuparías por ella si te dijera que esa gente que tú dices que son malvados junto a ella, le hicieron más daño del que te puedas imaginar?! ¡¿O te preocuparía mi situación si te dijera eso?! ¡¿Para qué debería de preocuparte eso?! ¡Solo te importas a ti mismo! ¡Incluso dejaste que tu mujer mu…!
— ¡Basta! —la mano de Yuki abofeteó con fuerza la de su hijo, antes de que dijera por completo esa frase que todo el mundo sabía cómo terminaba—. Retira ahora mismo tus palabras.
— No veo el motivo de disculparme si él no lo hace —respondió Kyooi sin ni siquiera mirarla. Alumi detrás de él suspiró levemente. No sabía cómo detenerlo en esas circunstancias, así que decidió cogerlo de la mano y apretársela con fuerza para que supiera que ella la apoyaba.
— Kyooi estás hablando a tu abuelo, así que al menos por el respeto que le debes de tener por ser una persona mayor que tú, retira tus palabras —susurró Yuki con voz amenazante.
— Kyooi discúlpate a tu abuelo ahora —Tetsuya le habló desde detrás.
— ¿Por qué te enfadas conmigo chico? —dijo Jaaku sorprendiendo a todos. Todo el mundo sabía que cuando ese hombre decía a alguien chico, esa persona no era parte de su familia—. ¿Qué es lo que te ha hecho enfadar tanto? ¿Qué eso sea verdad?
— ¿Sabes? —Kyooi se soltó de Alumi y se quitó el absurdo gorro de obras amarillo que le habían dado por ayudar a montar esa maldita fiesta que para él ni siquiera tenía sentido. Sus manos habían dejado de temblar—. Es absurdo que ni siquiera te hayas dado cuenta del dolor que me hace que hayas hecho esto —levantó el sobre para mostrárselo—. Es absurdo de que ni siquiera te dieras cuenta de que todo esto yo ya lo sabía… —zarandeó el sobre mientras lo miraba amenazante. Sentía que su sangre hervía. No podía controlarse. Ahora ya no podía controlarse—. Por extraño que te parezca, yo tiendo a hablar con las personas y a interesarme por ellas. Si en algún momento han hecho algo malvado, les pregunto si se han arrepentido alguna vez de eso. Poco me importa el pasado de una persona si me promete que jamás volverá a hacer algo como eso. ¿Y aún así me dices que me aleje de ella? —le lanzó el gorro controlando por completo su fuerza, para que cayera justo delante de los pies del hombre—. ¿Sabes? Tal vez sepas lo que me convenga, pero… siento que lo que realmente no me conviene es estar con esta estúpida familia.
— Entonces no sé porqué sigues aquí… fuera de mi casa —Jaaku lo miró fijamente.
Yuki miró a su padre asustada. ¿Cómo se había atrevido ese hombre a decirle eso a su hijo? ¿Cómo había podido decirle eso sin ni siquiera parpadear?
— Papá…
— No hace falta que me lo digas —Kyooi se alejó a grandes zancadas de allí. No quería estar más con ellos. Quería llorar. Quería realmente llorar…
— ¡Kyooi! —Yuki le llamó a la puerta y él ni siquiera se detuvo. Su madre no podía verlo llorar. Ella no podía verlo. Se avergonzaba de lo que acababa de decir, pero le dolía tanto que no podía simplemente pedir perdón. Quería que realmente ese hombre viera lo que había hecho mal—. ¡Kyooi detente! —Kyooi se detuvo para coger su bolsa de deporte, que estaba justo al lado de la puerta del comedor. Puso el sobre dentro de la bolsa y se la montó en la espalda—. ¡Kyooi por favor! —Yuki le cogió del brazo. Ella estaba temblando—. Kyooi te lo suplico, sea lo que sea lo que tu abuelo te haya hecho, pídele perdón por esto… —él se zafó de ella. Ni siquiera la miró a los ojos. Sabía que a fuera estaba lloviendo, porque el silencio que había en esos momentos en la casa, dejaba escuchar el agua cayendo fuerte de fuera—. Kyooi, por favor… —la voz de su madre temblaba. Eso realmente también era doloroso, pero… no podía perdonarle. Ya no.
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Salió de allí poniéndose la capucha de su jersey encima, mientras escuchaba a su madre intentando convencer a Jaaku de que retirara sus palabras. Sabía que Alumi intentaría tranquilizar y consolar a su madre, pero él no quería volver para escuchar más palabras de aquello. Necesitaba huir de allí. Empezó a correr bajo la lluvia saliendo del jardín. Sin un rumbo fijo siguió corriendo hasta que se dio cuenta de que sus lágrimas se estaban mezclando con la lluvia. ¿Qué podía hacer ahora? Se detuvo y siguió andando mientras intentaba secarse las lágrimas. Pero sus manos estaban mojadas, no podía secarse. El dolor en su pecho no cesaba y hacía que sus lágrimas fueran más difíciles de detener. Se apoyó en la pared de una casa y se dejó caer al suelo. No se había dado cuenta de a dónde le habían llevado sus piernas. Poco le importaba en dónde estuviera. Con esta tormenta torrencial y él no tenía lugar en dónde dormir. Había olvidado las llaves de su casa, puesto que iba a volver con sus padres. No podía ir con sus vecinos, puesto que Kazuki le echaría de la casa. Pero no podía ver a Kizuna en ese estado. ¿Qué sucedía con él? ¿Por qué se sentía tan cansado? Empezaba a tener frío. Podía ir a algún hotel, puesto que la bolsa de deporte era impermeable y por eso su ropa de recambio estaría intacta, pero… ni siquiera tenía ánimos para levantarse de allí. Apoyó sus codos en sus rodillas y cubrió su cara con las manos. Dolía tanto que… finalmente dejó que sus sentimientos salieran a la luz. Intentó ahogar sus sollozos, pero eso le dolía aún más, haciéndole escapar un gemido que intentó cubrir con sus manos.
En el silencio de la noche, solo se podía escuchar a sí mismo intentando reprimir un poco más esos sentimientos. Escuchó una ventana abriéndose encima de él. ¿Tal vez habría despertado a algún vecino intranquilo? No le importaba que le echaran de otro sitio. Qué más daba. Escuchó a alguien corriendo dentro del edificio. Todo estaba tan silencioso que le dejaba escuchar a él todo lo que estaba a su alrededor. ¿Por qué no había oído a Yuna o a Alumi gritándole que se detuviera, justo antes de que él golpeara al hombre? Ahora lo había estropeado todo. Bajó su cabeza escondiéndola en sus rodillas mientras escuchaba la puerta que tenía al lado abrirse. Si alguien lo encontraba allí, de seguro lo echaba de delante del portal. No le importaba. Mientras ninguno de sus conocidos le viera llorar, a él no le importaba. Notó que el agua dejaba de caer encima de él. Tal y como estaba podía ver unos zapatos de chica parados a su lado. ¿Un paraguas? Intentó detener sus lágrimas para agradecer a la chica, pero… no podía… realmente le dolía demasiado. Notó a la chica moverse a su lado hasta quedarse arrodillada, rozándolo levemente. La chica le estaba poniendo algo caliente en su espalda. ¿Una manta? ¿Un jersey? Por la proximidad de ella, seguramente sería una manta que ella estaría llevando encima también. Escuchó un leve 'un poco más… casi está…' de ella, Kyooi se dio cuenta de que conocía esa voz, aunque fuera mucho más suave de lo que él recordaba. Lo que más le asustó fue ver una luz debajo de él. La chica estaba intentando poner su teléfono móvil entre las piernas y los brazos de él, para que viera algo. Cuando bajó la mirada se asustó levemente. En la pantalla estaba Kizuna sacándole la lengua. Tal y como estaba puesta acababa de tomarla.
— Me pregunto que le habrá pasado al sonriente Kyooi —susurró ella casi sin voz—. Como sé que él estaba en una reunión familiar… tal vez deba de llamar a Yuna o a Alumi para preguntarle…
Kyooi se levantó de golpe apartándose de ella. Se giró para mirarla. Kizuna había cogido la manta al vuelo, antes de que se mojara y estaba con un paraguas de color negro cubriéndose. Tanto se había sorprendido que sus lágrimas habían cesado.
— No, no llames a Yuna —se quejó.
— Buenas noches, Kyooi —Kizuna sonrió tiernamente y se levantó de allí—. Creía que no te vería en dos días… puedo considerarme una chica con suerte entonces… —Kizuna señaló hacia dentro de la puerta—. ¿Quieres subir a tomar algo? Puedo hacerte un té caliente…
¿Por qué? ¿Por qué no le preguntaba qué le había sucedido? ¿Por qué sonreía de esa manera? Kyooi se sentía confundido y mareado. ¿Qué era lo que le pasaba por la cabeza de esa chica?
— No. No quiero ser una molestia —susurró él.
— ¿Una molestia? Kyo-tan jamás será una molestia para mí —Kizuna sonrió con sinceridad—. Porque quiero muchísimo a Kyooi.
— Pero…
Kizuna se acercó a él con dos grandes pasos y lo besó en los labios, callando sus palabras y cubriéndolo de nuevo del agua de la lluvia.
— Kyooi vas a enfermar si sigues aquí debajo. Vamos —Kizuna le cogió de la mano y tiró de él hacia dentro.
¿Cómo había terminado allí? ¿Por qué sus piernas lo llevaron allí? ¿Qué sentido tenía todo eso? Él se dejó llevar. No podía entender nada. Llevaba un buen rato dando vueltas sin rumbo fijo y terminó delante del piso que Kizuna se había cogido. ¿Por qué allí? Kizuna cogió la bolsa del chico y los dos subieron las escaleras hasta el piso de Kizuna. ¿Por qué ella no le había preguntado nada? ¿Por qué no le había preguntado el motivo? El agarre de ella era tan firme…
Coger un piso amueblado, estaba realmente bien. Pero para Kyooi ese piso, era demasiado anticuado. Los muebles y sus decoraciones, pertenecían más a una anciana que se pasaba el día haciendo ganchillo a través de sus gafas redondeadas y acompañando a su marido viendo la novela, que no a una chica de 17 años. Dos sillones cómodos de un color marrón café; una mesa redonda con un tapete de ganchillo, perfectamente blanco y con un centro de flores al centro; espacio reducido… pero todo eso desentonaba con un ordenador portátil encima de la mesa, un teléfono móvil, un televisor de pantalla plana y algunas otras cosas que Kizuna había llevado en ese lugar.
— Vamos cámbiate de ropa, estás empapado —Kizuna lo había llevado al centro del comedor y estaba quitándole la chaqueta y cubriendo la cabeza con la manta para intentar secar su pelo.
— Estoy bien —susurró él. Su voz sonaba extraña.
— No estás bien —respondió ella—. Porque estabas llorando y eso ha sido doloroso para mí, así que seguro lo ha sido para ti.
— Kizuna, yo… —ella lo miró esperando que él dijera algo, pero él no podía decir nada. Se sentía tan avergonzado por lo que su familia había hecho que ni siquiera se atrevía a mirarla a los ojos. ¿Qué pensaría de él si le dijera eso? Seguro se enfadaría con él.
— Kyooi cámbiate de ropa antes de que co… —Kizuna puso una mano en su cabeza—. Ya estás caliente, mejor tómate un baño para intentar evitar que cojas más fiebre, venga…
— No importa.
Kizuna suspiró. ¿En serio? ¿Por qué le decía eso? ¿Qué pasaba con ese tipo? No había manera de que ella pudiera convencerle de lo contrario. Sus ojos estaban tan perdidos, que ella ni siquiera podía saber lo que pensaba. Si no podía hacerlo reaccionar con las palabras, tal vez pudiera hacerlo con los gestos. Si podía llevarlo hasta el baño, seguro terminaría haciendo lo que ella quisiera. Como ella se lo había preparado, el chico no tendría opción de negarse. Se acercó a él y lo rodeó con los brazos por el cuello, besándolo levemente en los labios. El chico parecía tranquilizarse un poco con el contacto de ella… buena señal. Kizuna, lentamente fue intensificando ese beso y Kyooi se fue llevando por ella. Bajó sus manos hacia la cintura del chico, intentando hacerle reaccionar, pero él no estaba pensando en ella. Kizuna se apartó y lo observó atentamente.
— Kyooi, ¿qué tal si nos bañamos juntos? —Kizuna sonrió. El chico la miró asustado—. O sea que ahora sí me escuchas, ¿eh?
— ¿Tú estás loca?
— ¿Qué tal si te vas a cambiar de ropa antes de coger un resfriado y dejas de hacerme preocupar por ti? —preguntó ella cruzándose de brazos—. No pienso moverme de aquí, ¿sabes? —Kizuna se sentó en uno de los sillones.
Kyooi iba a replicar, pero ella señaló hacia la puerta del baño con una cara llena de enfado. El chico cogió su bolsa y rodó los ojos mientras se iba hacia allí. Kizuna preparó té caliente y puso dos tazas encima de la mesa. Luego se sentó en el sillón delante del ordenador y siguió escribiendo. ¿Qué era lo que le había pasado? Realmente le había dolido el hecho de que el chico estuviera llorando en el portal de su casa. Y le seguía doliendo, pensando en lo desconcertado y perdido que parecía. ¿Por qué? ¿Dónde estaba su familia? ¿Y Yuna? ¿Y Alumi? ¿Por qué no le había acompañado? ¿Tal vez había sucedido algo malo? Cuando se dio cuenta había detenido su escritura y estaba forzando sus ojos a aguantar las lágrimas. Seguro que si el chico la veía llorando, se sentiría peor aún, así que debía de evitarlo a toda costa. Esperó en silencio y cerró la tapa del ordenador. No estuvo pendiente del tiempo que pasó y tampoco tenía necesidad de controlarlo, porque en breve, los brazos de Kyooi la rodearon por el lado y sus labios se pusieron en su mejilla con un suave beso. Kizuna sonrió tristemente mientras cogía con fuerza esos brazos.
— Lo siento, tan solo te he preocupado, ¿verdad? —susurró él.
— ¿Qué es lo que te ha pasado, Kyooi? —Kizuna lo miró preocupada—. Eso no es típico de ti…
— Me he peleado con mi abuelo —Kyooi se arrodilló delante de ella y puso sus manos en los muslos de ella. Necesitaba el contacto de ella y sentándose en el otro sillón solo iba a distanciarse de ese contacto. Bajó la mirada al suelo, no quería que ella supiera el motivo. Le daba miedo—. Y nadie me ha apoyado, pero… yo he terminado diciéndole cosas horribles también y lo he golpeado…
— Entonces pídele perdón y todo solucionado, ¿no? —Kizuna le acarició el pelo levemente. El chico aún lo tenía mojado. Realmente iba a coger un buen resfriado.
— No, porque lo que ha hecho yo no puedo perdonarlo —susurró él. La cabeza del chico se apoyó en sus rodillas. ¿Qué iba a hacer ahora? No tenía a dónde ir y tampoco tenía dinero para poder sobrevivir.
— ¿Qué es lo que ha hecho para que te hayas enojado tanto, Kyooi? —preguntó Kizuna enredando sus dedos en su pelo—. Jamás te has enojado así con nadie, ni siquiera cuando Yuna es secuestrada golpeas a nadie. ¿Por qué?
— No puedo decírtelo —dijo él en un hilo de voz—. Me siento tan avergonzado de que haya hecho eso.
— ¿Te ha dolido? —preguntó Kizuna cogiéndolo de los hombros y apartándolo lentamente de ella.
— Demasiado —susurró él. Kizuna se dejó caer al suelo y se aceró más a él para abrazarlo. Pero entonces le cogió por la barbilla para que la mirara directamente a los ojos—. No quiero volver a verlos.
— No digas eso —Kizuna hizo una sonrisa triste y muy fugaz—. ¿Entonces…? ¿Ha sido por mí, Kyooi? —preguntó ella.
— No… yo no… —Kyooi bajó la mirada. No podía mentirle a ella. Kizuna lo abrazó con fuerza—. ¿Kizuna?
— No hagas eso idiota —dijo ella en un susurro muy bajo en su oído—. No te pelees con tu familia por mi culpa. La familia es lo más importante que tenemos, así que no hagas eso.
— Pero…
— Te lo suplico, Kyooi —Kizuna se apartó de él para mirarlo. Se sentía realmente feliz—. Me gusta que me defiendas. Me hace feliz que incluso sea con tu familia, pero es tu familia y no puedes no volver a verlos jamás —juntó su frente con la de él.
— No me hagas ir por favor —susurró él.
— No te voy a obligar a nada que no quieras, Kyooi —Kizuna sonrió.
Kyooi estaba desconcertado. La mezcla de sentimientos empezaba a hacerle desbordar sus límites. ¿Por qué? Que Kizuna le sonriera de esa manera era algo que hacía tiempo deseaba. Debía de controlarse, pero se sentía demasiado extraño para conseguirlo. Unió sus labios con los de ella en un beso agresivo e intenso, mientras la abrazaba con fuerza. Lo que había pasado con su familia estaba empezando a apartarse de su cabeza, para llenarse por completo de ella. Kizuna estaba correspondiendo a ese beso y eso aún lo estaba dejando sin más fuerzas para contenerse. ¿Qué ocurría con él? ¿Por qué se sentía de esa manera? Kizuna intentó apartarse un poco de él. Lo que el chico estaba haciendo empezaba a asustarla, pero ese beso ella lo quería tanto también. Se apartó lentamente hasta toparse con el sillón. Estaba acorralada. Kyooi se acercó más a ella mientras la besaba en la mejilla y bajaba sus labios rozando su piel hasta su cuello. Sentía que no era él. Sentía que estaba empezando a desarrollar una especie de doble personalidad en que él era el más débil y su otra personalidad le ganaba con mucha fuerza, controlando por completo su fuerza. ¿Qué estaba haciendo? Debía de parar. Tenía que hacerlo, pero su cuerpo seguía sin reaccionar.
— Kyooi…
La voz de ella le hizo mirarla a los ojos. Se soltó de ella y se apartó de golpe.
— Lo siento —Kizuna realmente estaba aterrada de ese chico que parecía desesperado. El chico de un salto había conseguido llegar a la otra pared y tenían más de un metro de separación entre ellos. Kizuna estaba convencida de que él había entendido eso y por ese motivo se levantó y se acercó a él, para arrodillarse a su lado—. No, no quiero.
— Gracias por detenerte a tiempo —Kizuna le dio un pequeño beso en la mejilla—. Aunque ese beso realmente me ha gustado —Kyooi enrojeció por completo y empezó a tartamudear inevitablemente. Ni siquiera sabía qué decir—. Voy a bañarme yo ahora, ¿vale? ¿Quieres ir a la cama? Vendré en seguida.
— No, no quie… —Kyooi había levantado las manos rápidamente para excusarse, pero la mirada triste de Kizuna le hizo cerrar la boca con fuerza.
— No quieres dormir conmigo… —Kizuna suspiró sobreactuando para conseguir su objetivo. Cada vez que hacía un poco de actuación teatral el chico terminaba cediendo a ella—. Es normal, seguro que Kyo-tan prefiere dormir con otra chica antes que conmigo.
Kyooi frunció el ceño. ¿A qué estaba jugando esa chica? Ahora que había conseguido calmar sus sentimientos ella le salía con meterse en la cama con él, ¿y además se lo estaba suplicando? ¿Otra chica? ¿A qué estaba jugando Kizuna?
— ¿De qué hablas? Yo no he dicho que…
— Porque Kizuna quiere dormir junto a Kyooi —ella sonrió cálidamente—. Porque Kyooi es bueno y no le hará daño a Kizuna —le dio otro beso en la mejilla y finalmente desapareció por el baño.
Kyooi se quedó quieto. ¿Lo estaba diciendo en serio? Bajó las manos lentamente. ¿Por qué? ¿Por qué ella? ¿Qué era lo que había dicho? ¿Qué no le haría daño? Hoy estaba completamente descontrolado, ¡claro que le haría daño! ¿Es que ella no había notado sus intenciones antes? ¿Qué no le haría daño? ¿Una prueba? Era eso. Lo estaba poniendo a prueba. Entonces iba a aceptar ese desafío. Iba a aceptarlo con mucho orgullo y… a ganarlo, ¿verdad?
Kizuna cerró la puerta del baño y se apoyó en ella. Fue entonces cuando dejó que su cuerpo se moviera solo. Estaba temblando. Temblaba realmente. Estaba asustada. Kyooi no era así. Kyooi realmente no era así, por eso… ¿qué era lo que le sucedía? ¿Por qué entonces estaba así? Se abrazó a sí misma deseando no llorar. Kyooi estaba deshecho, ella no podía preocuparlo ahora. Respiró profundamente mientras cerraba los ojos. Tranquilizarse. Debía de tranquilizarse. Tomarse una ducha de agua fría, tal vez la ayudara a hacerlo. Afirmó con la cabeza dándose ánimos a sí misma mientras empezaba a quitarse la ropa. Abrió los ojos y avanzó hacia la bañera de color blanquecino que había allí. Pero se detuvo antes de llegar. La bolsa de Kyooi estaba al medio del paso. El chico la había olvidado abierta y por allí asomaba un sobre. Kizuna iba a cogerlo, pero… no debía de revisar entre las cosas del chico. Apartó un poco la bolsa con el pie para no tener la tentación de abrir eso y se metió en la ducha. Para ella, estar en el baño siempre era refrescante y creativo. La ayudaba a pensar. Podía pasarse horas allí, solo para pensar en lo que debía de escribir, dibujar, o en lo que debía de hacer. Pero en esos momentos, Kyooi estaba en el comedor de su casa, así que no podía hacer esperar mucho al chico. Se apresuró para lavarse y se secó con la toalla, dejándola alrededor de su cuerpo. Se miró al espejo unos segundos, dándose cuenta de que realmente se sentía cansada de todo el día. Cogió su cepillo de pelo para intentar desenredar su pelo mojado mientras se giraba para ir a buscar su ropa, pero con ese gesto, el cepillo cayó al suelo. Un golpe suave y algo deslizándose… se giró para mirarlo. El cepillo había caído encima del sobre y lo había sacado de la bolsa, aún dejándolo apoyado en ella. Su contenido se había salido un poco. Kizuna suspiró y rodó los ojos. Ahora tenía que tocarlo y terminaría tentándose de abrirlo. Secó sus manos mientras cogía el cepillo e intentaba no tocar el sobre, pero… el rostro de Dean estaba sobresaliendo de ese sobre en una fotografía que ella conocía muy bien. Cogió el sobre, haciendo que todo su contenido se terminara de esparcir por el suelo. Con un 'la he hecho buena' se disculpó mentalmente con Kyooi para desordenar todas sus pertenencias. Se apresuró a meterlo en el sobre de nuevo, pero los documentos llamaron demasiado la atención de sus ojos. Estaban escritos en francés y eran todos con su letra. Documentos, fotografías actuales y antiguas… ¿qué era todo aquello? ¿Kyooi la había estado investigando? ¿Por qué? Al final de todo había una hoja que ella no reconocía, estaba en inglés:
Jaaku-san,
Eso es todo lo que he podido averiguar de ella. Espero que con esto pueda ver si su nieto está bien con ella. La verdad es que investigando todo esto, ha despertado mi interés por esa chica. No parece mala, pero ha hecho todo lo que ese tal Dean le ha estado ordenando. Parece solo una muñeca. Mis conclusiones: apártala de su familia ahora, porque podría traicionarlos en cualquier momento. Seguro si sabe acerca del tesoro del Clan Shiroma, vendrá a por él sin pensárselo dos veces.
Con cariño de tu amigo de la infancia,
Detective Derek Leblanc.
La firma de la persona era de alguien francés. Kizuna había oído ese apellido en el Canadá, muchas veces. ¿Quién era? ¿Por qué la investigaban? ¿Jaaku-san? ¿El Clan Shiroma? El papel empezó a quedar mojado por sus lágrimas que no pudo reprimir. Sus manos empezaban a temblar inevitablemente. Se sentía traicionada. ¿Por qué no podían confiar en ella? ¿Sería eso por lo que Kyooi se había enojado con su familia? Kyooi la había defendido ciegamente… Kyooi no había leído ese documento que ella misma había escrito. Ella estaba segura de eso. Si él leía aquello… estaba convencida de que el chico dejaría de quererla. Guardó todo dentro del sobre de nuevo y lo dejó dentro de la bolsa de deportes del chico. Estaba asustada de que él pudiera leerlo, pero… él no había querido decirle el motivo, porque no había querido herirla, así que… no podía esconder eso ahora y hacer como si nada. Se frotó los ojos con sus manos para secarse sus lágrimas. Recogió el cepillo y se apresuró a peinarse. Debía de hacer como si nada hubiera ocurrido. Debía de confiar en que él no iba a leer eso, porque… él no lo haría, ¿verdad? Se vistió a toda prisa. Quería llorar. Quería llorar mucho. Pero eso solo haría más daño al chico que seguía esperando por ella detrás de esa puerta. Dejó su pelo suelto en sus hombros y se vistió con la máxima rapidez que sus manos temblorosas le permitieron. No iba a dejar que él supiera que ella lo sabía, pero tal vez debía de esconder ese documento… solo eso tal vez no lo echaría en falta… no. Así solo traicionaría la confianza que el chico estaba poniendo en ella. Cuando las cosas con su familia se aclararan, ella le hablaría de ese documento y así el chico no se enfadaría con ella. Resopló para darse ánimos y salió del baño sonriendo. El chico estaba sentado en el sillón tomando el té que ella había preparado momentos antes. Se acercó a él y se sentó en su regazo.
— ¿Y bien? —preguntó haciendo que su voz sonara firme. Debía de seguir actuando para que el chico pudiera descansar y aclarar un poco su cabeza.
— Está bien —respondió él—. No pienso hacer nada contigo —añadió.
— ¿Estás seguro de eso? —Kizuna levantó lentamente su jersey—. Lo que llevo es muy delgado… y hace frío… y…
— Ponte una manta —respondió él dando otro sorbo de la taza de té.
Kizuna arqueó una ceja. Esa respuesta no la esperaba.
— ¿Una manta?
— Sí, dices que hace frío y tu ropa es delgada, ¿no? —el chico dio otro sorbo al té. ¿Era su impresión o Kyooi estaba evitando mirarla más de dos segundos seguidos? Kizuna sonrió y le dio un beso en la mejilla, apoyándose en su pecho—. Voy a superar tus expectativas…
— Oh… eso será divertido de ver —sonrió ella. Cogió la taza de sus manos y la dejó en la mesa. Luego tiró de él hacia la oscuridad de la habitación, cerró la luz del comedor y lo empujó hacia la cama. El chico se quedó quieto mientras ella se sentaba de rodillas en la cama, con una pierna a cada lado de él—. ¿Estás seguro de que no vas a hacerme nada? —ella habló en una voz que intentaba ser un poco sensual. Lo besó en la mejilla lentamente, atrasando cada momento por apartarse de él.
Él la rodeó con los brazos y se giró bruscamente, terminando encima de ella y ella tumbada boca arriba en la cama. Unieron sus labios en un intenso beso.
— Buenas noches —dijo finalmente él. Se apartó de ella y se tumbó en la cama, cubriéndose con la sábana y cerrando los ojos.
Kizuna se rio. El chico había conseguido esforzarse para controlarse. Seguramente estaba mucho mejor que cuando había llegado. Se giró para verlo en medio de la oscuridad. Seguro estarían bien esa noche. Cuando notó que el chico había cambiado su respiración a más lenta, ella lo rodeó con un brazo por la cintura, mientras observaba su expresión. Él no se movió. Se había dormido. Ella se levantó de la cama y volvió al baño para recoger la bolsa del chico. Cogió el sobre y dejó todo encima de la mesa para ver lo que había allí. Tenían alguna foto de cuando estaban viviendo con su padre cuando tenían cinco años. Otro documento que le llamó la atención, era un documento con el símbolo del Laboratorio. ¿Cómo habían podido descubrir tanto de ella, en tan poco? Tenía que averiguar un poco más de ese detective e intentar hacer desaparecer cualquier rastro de ella. Se había dicho a sí misma que en cuanto hubieran vuelto a Japón con los demás, ella empezaría de cero. Pero con todo esto… era imposible. Se pasó unas cuantas horas observando cada detalle de todo lo que tenía allí. ¿Por qué no había dicho nada el chico si había visto todo esto? ¿Lo habría leído? ¿Lo sabría? ¿Todo? Incluso su relación con Dean estaba escrita en otro papel… perteneciente a un grupo criminal… suspendiendo asignaturas en cada curso… toda su vida se reducía a un sobre del tamaño de un papel. Se sentía mareada. Mientras revisaba de nuevo la carta de ese detective, escuchó a Kyooi en la otra habitación. Se sobresaltó de verdad. Si el chico veía eso… se quedó quieta completamente mirando hacia la puerta de la habitación, pero él no salió. Dejó la carta en la mesa y se acercó a la oscura habitación con lentitud. El chico seguía tumbado. Kizuna suspiró aliviada. Tal vez era un aviso para dejarlo todo tal y como estaba… se giró para ir a ordenarlo todo, pero escuchar su nombre de sus labios, le hizo pararse y voltear. El chico seguía dormido, pero estaba diciendo su nombre en sueños. Se acercó mejor a él para verlo. Estaba llorando. Kyooi estaba llorando mientras dormía. Se sentó en la cama y le acarició el pelo levemente estaba… ¿caliente? Al tocar la frente del chico, notó que estaba ardiendo. Se había resfriado realmente. Mientras su mano rozaba la piel de su cabeza, Kyooi volvió a decir su nombre, pero esta vez añadió dos palabras detrás: lo siento. ¿Por qué? ¿Por qué se estaba disculpando en sueños? ¿Por qué estaba Kyooi llorando de esa manera? Estaba llorando… Kyooi estaba disculpándose a ella por lo de su familia y estaba llorando por ella. Tal vez había malinterpretado sus sentimientos. Kizuna pensó en lo que haría ella si estuviera en su situación, en cómo se sentiría realmente, llegando solo a una conclusión: solitud. Estar separada de su padre era la sensación que había tenido y estar alejada de su madre y de Kazuki, aún la harían sentirse más sola. Aunque estuviera con Kyooi, claro que se sentiría bien, pero…
Se levantó con prisas de la cama y se fue hacia la mesa para recoger todo. A través de la ventana empezaban a vislumbrarse los primero rayos de sol de la mañana. Ella dejó el sobre dentro de la bolsa de nuevo, y lo dejó todo en un pequeño rincón. Debía de apresurarse, si quería volver antes de que Kyooi despertara. Miró hacia la habitación unos segundos antes de coger su chaqueta de detrás de la puerta, las llaves de al lado y salir corriendo con un objetivo fijado: la casa Shiroma.
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Cuando llegó en el lugar, el silencio de la madrugada le hizo ver que había llegado en vano. Tal vez si llamaba al timbre que había al lado de la verja… negó con la cabeza. No debía de despertarlos. Pero debía de hacerlo por Kyooi. Alzó su mano para llamar al timbre, pero se detuvo en el último momento. Estaba indecisa. ¿Qué debía de hacer?
— ¿Quién eres? —la voz de un hombre. Kizuna se giró de golpe asustada y suspiró aliviada cuando vio que era el abuelo de Kyooi. Hizo una pequeña reverencia hacia él. ¿Un paseo matutino, tal vez? El hombre abrió la verja y la dejó abierta mientras se iba hacia la casa. Kizuna se quedó quieta. ¿Le estaba invitando a pasar o simplemente la estaba poniendo a prueba? El hombre se giró para mirarla—. Kyooi no está aquí, ¿lo sabes? —preguntó. Kizuna afirmó con la cabeza—. ¿Entonces?
— Quería hablar con usted —susurró ella casi sin voz.
— Ven… por aquí —el hombre señaló detrás de la casa. Kizuna afirmó con la cabeza y vio como él se giraba y cambiaba su rumbo, para rodear la casa e irse detrás del jardín.
Ella dudó unos segundos, ¿estaba haciendo lo correcto? Por Kyooi lo iba a hacer. Por él… lo siguió con el paso apresurado manteniendo un poco su distancia. Conforme se iban acercando, empezaban a escuchar voces y risas. ¿Es que nadie estaba durmiendo en esa casa? En cuanto giró el hombre la esquina que llevaba hacia la carpa que habían montado, Kizuna pudo escuchar un montón de aplausos y alabanzas hacia él. Se callaron de golpe mientras Kizuna giraba la esquina también. Eso era demasiado… eran demasiada gente para ella… se cruzó de brazos en una postura autodefensiva mientras bajaba la mirada.
— ¡Kizuna buenos días! —Yuna no tardó en acercarse a ella corriendo para darle un fuerte abrazo—. ¿Qué haces aquí?
Kizuna no respondió mientras Alumi también corría para abrazarla.
— Yuna, ven aquí —la voz autoritaria de Chizuko hizo que Kizuna quisiera huir.
— ¿Te has encontrado con Kyooi? —susurró la hermana gemela en un hilo de voz, después de mirar a su tía. Kizuna afirmó con la cabeza lentamente y Yuna se apartó un poco de ella—. Lo siento, Kizuna.
— ¿Y bien? —preguntó el hombre girándose hacia ella con una mirada completamente enojada. ¿Había sido por nombrar al chico?
Kizuna se arrodilló al suelo con lentitud hasta dejar su cabeza tocando la hierba.
— Le ruego que perdone a Kyooi —dijo ella con voz firme—. Se lo suplico, perdónele…
— ¿Con qué narices vienes a pedirme tal cosa, chica? —preguntó Jaaku.
— Kyooi ha estado llorando —dijo ella sin moverse del suelo—. Kyooi ha estado llorando por culpa de esta pelea. Se lo suplico. No quiero que se separe de su familia. No quiero que se aleje de vosotros. La familia es lo más importante que alguien puede tener…
— ¿Lo dice la chica que traicionó a la suya con sus actos? —Jaaku frunció su nariz. Esa chica le estaba poniendo de los nervios—. ¿A qué has venido? Él te ha escogido a ti.
— Si hace falta me iré de aquí y no volveré a verlo, pero por favor no lo aleje de su familia —Kizuna levantó la mirada levemente para encararlo. ¿Cómo podía convencerle? Parecía que acababa de dar en el clavo, esa idea había iluminado fugazmente la cara de Jaaku—. Por favor.
— La cuestión no es esta, Kizuna-chan —Yuki habló. Kizuna la buscó en la mirada. Estaba sentada en una silla con los brazos cruzados y mirando hacia otro lado—. La cuestión es que eso haría daño a Kyooi.
— Pero le hará daño también si se aparta de vosotros. De mí podría olvidarse, pero no quiero que se aleje de vosotros —Kizuna se incorporó levemente.
— ¿Escribiste ese documento? —preguntó Jaaku.
— Sí, yo lo escribí —respondió Kizuna mirándolo fijamente a los ojos. Debía de ser sincera, por Kyooi.
— Entonces, lárgate de mi casa —Jaaku se giró cruzando sus brazos—. El chico te ha elegido a ti, no hay nada más que hablar.
— Kyooi no sabe de ese documento —Kizuna habló en un hilo de voz—. Es lo único que no le he dicho, porque me siento avergonzada de todo lo que escribí —Jaaku ni siquiera la estaba escuchando, ¿verdad? ¿Qué podía hacer? ¿Cómo podía convencerle del dolor que la llevó a escribir eso? La verdad. Tenía que decir la verdad… por Kyooi—. ¡Abusaron de mí! —Jaaku giró la cabeza lentamente para mirarla de reojo. Kizuna se sentía avergonzada. No podía decir eso y menos gritando de ese modo, pero lo hacía para ayudarle a él. Medio ruborizada y aguantando sus lágrimas prosiguió. Al menos había conseguido llamar la atención del hombre para que la escuchara—. El último día que estuve allí, el tipo se llevó a sus amigos para que me hicieran daño…
— ¿Lo ves, Ojiisama? —Alumi y Yuna se arrodillaron al lado de Kizuna y le pusieron una mano encima de la cabeza de un modo fraternal—. Había un buen motivo detrás de esto.
— ¿Un buen motivo? —Jaaku se giró de lado—. ¿Qué excusa es esta?
Kizuna lo miró sorprendida. ¿Le había dicho que estaba mintiendo? ¿Había sido eso? ¿Es que su dolor no le importaba a nadie? Claro que no. Ella había escrito una carta en dónde ponía exactamente como destruir gran parte del mundo. Incluso en medio de los criminales ese era un tema factible pero también un tabú. Ella había abierto la caja de Pandora, escribiendo ese documento. Todos se habían quedado mudos. Las caras de la gente estaban sorprendidas realmente. Yuki y Chizuko se miraron asustadas. No podía aguantar más. Las lágrimas de la chica empezaron a caer de una manera desorbitada.
— Esto no es una excusa, Jaaku-san —le dolía tener que decir eso. ¿Qué poco tacto podía tener ese hombre? Tenía que calmar su furia si quería conseguir algo con ese hombre—. Ya le he dicho que si hace falta me iré para no volver. Pero le suplico que perdone a Kyooi y lo vuelva a aceptar en su casa —el hombre a medio de esas palabras le dio la espalda de nuevo.
— Es una maldita excusa y tú una metomentodo —dijo Jaaku—. Ahora lárgate de mi casa y no vuelvas por aquí. Puedes decirle a Kyooi que no vuelva a aparecer por aquí jamás.
Yuna se levantó enojada, mientras Alumi se movía un poco dispuesta a gritar.
— ¡¿Cómo puedes decir a eso una excusa, Ojiisan?! —Kizuna parpadeó confusa. No habían sido ninguna de las dos quién lo había gritado. Todos se giraron para mirar detrás de ella.
— Kyooi…
El chico ni siquiera la miraba. Su mirada enojada estaba observando con atención el hombre que se había quedado sin palabras en su boca. Kyooi suspiró y bajó la cabeza. Se había intentando controlar, pero había terminado enojándose. ¿Cómo podía sucederle eso? ¿Qué pasaba con él? Se agachó delante de Kizuna, poniendo una pierna a cada lado de ella, y golpeó con un dedo la frente de la chica mientras sonreía. Ella se puso sus manos en la frente. Se sentía confundida.
— ¿P-por qué? —eso era lo único que podía decir.
— Porque, ¿te crees que he dormido algo, realmente? —Kyooi sonrió—. Eres una curiosa y fastidiosa chica, ¿lo sabías? No se tocan las cosas de los demás —ella bajó la mirada—. Y aún más, ¿cómo se te ocurre dejarme solo para venir aquí sin avisarme? ¿Quieres que esos machotes te hagan daño de verdad, loca? —Kyooi se rio después de señalar a todo el Clan Shiroma. Ella bajó la mirada al suelo. Había conseguido dar molestias al chico.
— No quería que Kyooi se separara de su familia.
— Deja de preocuparte, te digo —Kyooi se rio con más fuerza—. Pareces mi madre.
— Cállate —Kizuna no podía mirarlo. Les había escuchado, así que seguro había oído el resto de la conversación.
— Kizuna, respóndeme con sinceridad, por favor —sí. Kyooi la había escuchado. Se cubrió la cara con las manos. Le había hecho daño por un comentario a su familia—. ¿Realmente serías capaz de eso? ¿Serías capaz de hacerte daño a ti misma por mi bien? —ella afirmó con la cabeza sin pensárselo y sin ni siquiera mirarlo—. Idiota —Kyooi la abrazó con fuerza—. Eso aún ha dolido más que cuando lo has dicho. No, no se te ocurra jamás hacerte daño por mí, ¿me oíste? Jamás —el chico se apartó de ella y le apartó las manos de la cara—. Jamás.
Kizuna afirmó con la cabeza y lo miró.
— ¿Pero qué haces aquí, Kyooi? —Kizuna suspiró—. Tienes fiebre, no puedes estar aquí. Tendrías que estar en la cama.
— Vigilarte, no quería que te hicieran daño de la manera como ese insensible lo ha hecho.
— ¡Discúlpate con Kizuna-chan ahora! —gritaron Yuki y Chizuko a la vez que se habían ido acercando a su padre.
— ¿De qué estáis habla…?
— No es una excusa, Ojiisan —Kyooi lo miró con tristeza mientras abrazaba de nuevo a Kizuna—. No es una excusa. Ella se asusta cada vez que estamos a solas y cada vez que intento hacer otro paso en nuestra relación —Kyooi bajó la mirada al suelo con tristeza—. Ella realmente es frágil por culpa de eso y es por eso le costó explicármelo. Por eso no quería llevarla aquí jamás y por eso la investigaste. Porque no quería asustarla. Pero ella ha terminado teniendo el valor para enfrentarse a tal multitud de hombres, aún a riesgo de que pudieran hacerle tanto daño como esos cuatro sinvergüenzas. Se ha forzado a sí misma para demostrarme el amor que me tenía. ¿Qué has hecho tu para demostrarme eso, Ojiisan? Investigar y hacer daño a la persona a la que más quiero y decirme que me alejara de ella. Puedo entender el motivo por el que lo has hecho, Ojiisan, pero… —lo volvió a mirar—. Dolió, ¿lo sabías? — Kizuna se removió entre sus brazos y él la miró—. Y me dolió aún más que no pudieras entenderme a mí —Kizuna se había quitado la chaqueta y la puso encima de él—. Eres una pesada.
— Kyo-tan debería de estar en cama. Está enfermo —la chica hinchó sus mejillas a modo de puchero.
— Oh, lo que más me gusta —Kyooi la cogió con una mano por las dos mejillas y apretó un poco haciéndola deshinchar—. Mejillas hinchaditas —sonrió.
— ¡No estoy bromeando! ¡Tienes mucha fiebre! —gritó ella alzando una mano a modo de amenaza.
— Se me pasará —Kyooi la besó en la frente y sonrió—. Porque sé que tú cuidarás de mí.
Kizuna enrojeció al instante y él se rio con más fuerza, haciendo enfurecer a la chica.
— ¡No te burles! —se quejó.
— Te quiero, Kizuna —susurró él. Apoyó su frente en la de ella. Se sentía sin fuerzas casi, pero estaba bien. Al final había podido hacer que su abuelo lo escuchara. Había conseguido demostrarle a ese hombre que no iba a renunciar a ella con esa facilidad.
— Kyooi estás ardiendo —dijo ella en un hilo de voz mientras las manos del chico la rodeaban con más fuerza para atraerla hacia él—. Tienes que ir al hospital, por favor.
Alumi se puso a su lado y le tocó la frente al chico, separándola de ella, pero Kyooi ya había perdido el equilibrio. Se quedó sentado al suelo, agarrándose a Kizuna con los brazos.
— Minoru-san, ¿puedes ayudar por favor? —Yuna sonrió traviesa.
El hombre se acercó a ellos y se agachó a su lado.
— ¿Vas a tener que llevarnos siempre problemas, chico?
— Ni se te ocurra hacer lo que…
No había podido quejarse. Kizuna gritó asustada mientras Kyooi la cogía con fuerza. El hombre los había cogido a los dos en medio de un abrazo de oso y se los llevó a dentro de la casa.
— Bájame, por favor —Kizuna pidió, asustada—. No tiene gracia.
— Acostúmbrate —dijo Kyooi—. Así es mi familia. Completamente loca y sorprendente.
— Sí, pero empiezo a tener una edad —se quejó Minoru parándose en las escaleras—. Así que no podré subiros hacia las habitaciones, ¿vale? Quédate con él y asegúrate de que se queda en la cama. Iré a avisar al médico.
— Pero, ¿dónde están las habitaciones? —preguntó Kizuna al ver que el chico cerraba los ojos con cansancio.
Minoru señaló hacia arriba. Ella miró al techo y luego miró al soñoliento Kyooi. ¿Estaba de broma? El hombre levantó una mano a modo de despido y se alejó de allí. Esa familia era realmente extraña.
— En la tercera planta —susurró él casi sin voz.
— ¿Estás de broma? —Kizuna suspiró mientras le cogía la mano y tiraba de él para asegurarse de que no podía caerse—. Vamos.
Kyooi empezó a andar por las escaleras y ella lo seguía de cerca, agarrándolo con fuerza.
— No voy a caerme, Kizuna —susurró él.
— No puedo creerme eso —susurró ella.
Kyooi cogió su mano y tiró de ella. Ella sorprendida se quedó en medio de un abrazo que él le estaba haciendo muy debilitado.
— Gracias —murmuró Kyooi—. Gracias por todo.
Hasta aquí. Deseo que les haya gustado! ;)
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Próximo capítulo: 'El plan perfecto'.
