Inspirado en la canción skyfall de Adele

Clasificación: T-M


(Don't) Let the sky fall

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I-pin abrió sus ojos. Su cabeza le dolía bastante, se descuidó creyendo que ya no había más enemigos. Se fijó que estaba con Kyoko, Haru y Futa, quienes miraban hacia enfrente con rostros preocupados y asustados. Entonces notó que Lambo no estaba con ellos. Justo cuando se incorporó escuchó aquel sonido ya tan familiar.

¡Bang!

Se heló. Cada vez que iba a alguna misión que su Tsuna-nii le asignaba, acompañada con algún Guardián por supuesto, ella se asustaba por el sonido del disparo, pero era porque sabía que era para alguno de sus amigos... para alguien de su familia. Se le cortaba la respiración y no volvía a saber del aire hasta que veía que ellos estaban intactos.

Vio como la sangre salpicaba. Kyoko y Haru estaban temblando y las lágrimas no dejaban de recorrer sus ojos. Futa las abrazó para que ya no vieran la escena, pero era por seguro que fue algo que ellas nunca iban a olvidar. I-pin seguía inmóvil. Su cerebro tardó segundos en actuar, a lo que ella le parecieron eternos.

―¡Lambo! ―gritó sorprendiendo a las chicas y a Futa, quienes no se habían dado cuenta que ya se había despertado. Se puso de pie y corrió―¡Lambo!

El joven de cabellera china tenía sangre en su rostro. I-pin se dejó caer y lo abrazó

―E-estoy bien―dijo Lambo algo conmocionado. Apartó a I-pin con gentileza, limpió la sangre que tenía en la mejilla con mucho cuidado y después vio el cuerpo de Alfredo en el suelo―¿Quién le disparó?

―Te aseguro que ninguno de nosotros―contestó Futa―Quitando tu casco, nosotros no llevamos armas.

Lambo se puso de pie y le dio la mano a I-pin para que hiciera lo mismo. Le echó otro vistazo más al cuerpo

―Directo en la cabeza―susurró.

―Ya no nos queda mucho tiempo―dijo la china―Calculo que como mucho tenemos un minuto.

Lambo sacó de su bolsillo una hoja doblada

―Este es el mapa del lugar―les dijo a las chicas―Se los doy de una vez para que ustedes sigan el recorrido.

El Guardián del Rayo se fijó en la actitud de las chicas: era obvio que estaban asustadas. Como ellos ya estaban acostumbrados a ese tipo de escenarios no les afectó mucho. Futa las tomó de las manos y ellas lo miraron.

―Lo siento―dijo con arrepentimiento―Lamento que hayan tenido que pasar por todo esto.

Kyoko devolvió el apretón de manos y como pudo le sonrió

―No es tu culpa―la chica miró a I-pin y a Lambo―No es culpa de ninguno de ustedes

―Kyoko-chan tiene razón, ninguno de ustedes es la causa de todo esto

Lambo se mordió su labio inferior y dio la vuelta. Si tan solo supieran...

―Sigamos entonces, ya no falta mucho.


Chrome y Yamamoto se quedaron inmóviles. Gokudera y Ryohei se detuvieron cuando ellos ya no caminaron.

―¿Qué pasa? ―preguntó el italiano

―Un disparo―susurró Yamamoto

―¿Qué? ―dijo Ryohei alterado

―Se escuchó un disparo―siguió Chrome―Tenemos que darnos prisa

Los cuatro Guardianes aceleraron más el paso para encontrar a las chicas y a los niños. Habían perdido de vista a Hibari y a Mukuro y esperaban que estuvieran dándole una lección a la gente de Franchessi. Cuando dieron la vuelta, chocaron con el personal de la famiglia enemiga y de inmediato comenzó el combate. Los cuatro activaron sus armas. Dejaban a algunos con heridas muy graves y a otros inconscientes. Gokudera, Yamamoto y Chrome recordaban las palabras de Mukuro sobre Tsuna. Ahora que lo habían razonado con más calma, aunque irónico lugar para haberlo hecho, era cierto que a Tsuna no le gustaría que ellos mataran.

Ryohei le dio un golpe en la cara al último enemigo y se quedó mirándolo fijamente. No importa que a Tsuna no le guste, él iba a acabar con el bastardo que había secuestrado a su hermana.


Celino iba caminando a toda prisa. Tenía su mano guardada en el bolsillo de su saco. ¡Acababa de asesinar a Alfredo! ¡Franchessi iba a degollarlo! Se había topado con Alfredo luchando con otros jóvenes que no conocía, y al no ver a los niños supuso que esos tres desconocidos eran ellos diez años en el futuro. No sabía la razón, simplemente actuó cuando vio que Alfredo iba a matar al joven de cabello rizado. Era un traidor. Un asqueroso y sucio traidor a la famiglia Franchessi. No sabía cómo explicarle a Fausto que Alfredo ya no estaba con vida.

Por andar en sus pensamientos no se fijó que alguien más venía frente a él, no hasta que chocaron los dos hasta caer al suelo.

―¡L-lo siento! ―dijo Celino con desesperación―¡Perdónenme es que yo.. yo...!

―¿Tú eres...?

Celino abrió sus ojos al escuchar aquella voz. Alzó su cabeza y entonces sintió un vacío en su estómago

―¿Tsu-Tsunayoshi-kun?

―Eres... el amigo de Gokudera-kun, ¿cierto?

Celino asintió. Oyó pasos que se acercaban. Tomó a Tsuna del hombro y lo jaló para que se pusiera de pie y corrió. Tsuna estaba a un paso de atacarlo, pero entonces se dio cuenta que lo había alejado de los enemigos.

Llegaron hasta un cuarto que estaba totalmente solo. Tsuna se alejó de él, más por la seguridad de Celino que la de él mismo.

―¿Por qué me has ayudado?

―Quien sabe―respondió con simpleza―Un día estoy de parte de Franchessi y al siguiente soy un completo traidor. Creo que soy gran desastre.

Celino se recargó en la pared y se dejó resbalar. Cubrió su rostro con sus manos y comenzó a temblar.

―Los Franchessi fueron los que me abrieron las puertas y siempre les estaré agradecido por eso, pero... esto está mal. Entiendo que seamos una mafia, pero estos no son los métodos a los que estoy acostumbrado a usar. ¿Sabes por qué está esta base en Namimori?

Tsuna negó con la cabeza

―El capo Franchessi* la hizo para estar cerca de Nono y de ti. Sabía que cuando Nono se retiraría él quería venirse a vivir a esta pueblo y él quería hacerle compañía. Esto más que ser una basa de estrategias era para recreación. Franchessi realmente deseaba compartir con Vongola y que el grupo de vigilancia se hiciera más fuerte. Pero tenías que...

Celino guardó silencio. Nadie más que ellos sabían que su capo estaba con vida. Ya era un traidor, ¿por qué no decir todo de una vez?

―Sabes, Franchessi, él...

Llamaron a la puerta.

―¿Hay alguien?

Celino reconoció las voces. Una vez más tomó a Tsuna del hombro bruscamente. Tsuna se apartó de él de inmediato y la llama de la última voluntad se activó.

―¡No hay tiempo de que luches! ―le advirtió Celino―Debes salir de aquí, ¿quieres encontrar a las chicas y a los niños, verdad?

La llama de Tsuna fue bajando de intensidad hasta que desapareció. Su hyper-intuición le decía que no había ningún problema en confiar en él. El castaño asintió. Seguían llamando a la puerta y Celino se estaba alterando cada vez más. Llevó a Tsuna hasta la otra orilla de la habitación, acercó una silla y se subió en ella para quitar la rejilla de ventilación.

―Si sigues este camino pasarás por arriba de todo el lugar. Ellos ya no están en la celda, lograron escapar y se estaban dirigiendo hacia la salida. Ve a la derecha, ¿bien?

Los golpes de la puerta eran cada vez más fuertes. Celino ayudó a Tsuna a subir.

―Gracias―le dijo Tsuna con calma

―Suerte.

Celino esperó a que Tsuna se alejara y después abrió la puerta. Eran varios de sus compañeros

―¿Por qué demoraste tanto en abrir? ―le preguntaron con rabia

―Necesitaba pensar... ―mintió. ―¿Qué pasa?

―Encontraron el cadáver de Alfredo―la sangre de Celino se heló

―¿De verdad?

Intentó lucir lo más adolorido que pudo, y esperaba haber sido convincente.

―Varios lucharon con los Guardianes del bastardo Vongola, uno de ellos debió haber sido el que lo asesinó.

―¿Ya lo sabe Fausto? ―preguntó Celino

―Todavía no. En realidad queremos que tu se lo digas.

Celino soltó un suspiro.

―Está bien, yo se lo digo

Salió de la habitación y los demás lo siguieron, a excepción de uno, que se fijó en que la ventanilla de la ventilación estaba en el suelo y una silla exactamente debajo de esta.


Mukuro y Hibari luchaban contra los guardias de Franchessi. Para ellos esto resultaba ser una competencia.

―Y con este son veinte―dijo Mukuro sonriendo satisfecho―¿Con cuántos acabaste?

―Veintiuno―respondió Hibari con tranquilidad

Mukuro, ante la derrota, pateó a uno de los inconscientes con enojo. Hibari simplemente lo observaba con seriedad

―¿Por qué actuaste de esa manera con ellos? ―cuestionó el prefecto.

El ilusionista mostró por unos breves momentos un rostro de sorpresa, pero de inmediato la reemplazó por una sonrisilla como si no tuviera idea de nada.

―No sé de qué me hablas―comentó como si no fuera la gran cosa

―Sabes perfectamente de que hablo. Pude ver que mientras les decías todo eso, tus ojos mostraban una furia inmensa, ¿por qué?

La sonrisilla de Mukuro se desvaneció por completo. Soltó un suspiro y miró a Hibari con reproche

―Sí que observas bien―dijo con voz áspera―Esos niños deben saber la estupidez que dijeron, ¿cómo se les ocurre decir delante de Tsunayoshi toda esa mierda de asesinar? ―apretó los puños con ira―¡Por eso Tsunayoshi se puso de esa manera! ¡Porque todos son unos imbéciles! Y luego el niñato se pone de esa manera porque sufre por unos imbéciles como ellos y me enoja.

Hibari bufó.

―Creí que no te interesaba.

―¿Oh? ¿Y qué me dices tú? Pudiste negarte en venir aquí al igual que yo, pero aquí estás. ¿Por qué?

―Es mi deber cuidar de Namimori...

―Y de sus habitantes―interrumpió Mukuro

Ambos se miraron de manera amenazante hasta que un ruido los interrumpió. Los dos giraron la cabeza de inmediato para ver de quien se trataba.

―¡Chicos! ―gritó Lambo con una sonrisa en su rostro.

El joven Bovino corrió hasta su lado junto con I-pin y Futa con intenciones de darles un abrazo, pero Mukuro puso su tridente entre los dos y con eso Lambo se dio en la cara.

―Auch. Cierto, ustedes no son los mismos que yo conozco.

―Oh, pero si se trata del niño grande

Kyoko y Haru se habían quedado atrás. Uno de los guardianes de Franchessi tomó a Haru por detrás y ella gritó.

―¡Haru-nee!

Justo cuando Lambo corrió hacia ella...

¡Poof!

―¡Lambo! ―gritó I-pin

¡Poof!

Futa se dio la vuelta para ver a Mukuro y a Hibari

―¡Por favor, cuiden d...!

¡Poof!

Los tres niños aparecieron y lucían cohibidos. Hibari se había ido contra el sicario de los Franchessi y con un golpe había caído al suelo

―¡Hahi! Mu-muchas gracias.

Hibari simplemente asintió

―¿Seguimos atrapados? ―preguntó Futa

―Lamentablemente―dijo Kyoko pero después le sonrió―Pero estamos con dos de los amigos de Tsuna-kun, así que estaremos bien.

Ahora el Futa menos miró a Mukuro y a Hibari y le dieron ganas de llorar al ver sus rostros de seriedad y miedo. Haru respiró profundamente para tranquilizarse y se agachó para hablar con Lambo

―Eres muy valiente―le dijo

Lambo se puso en pose de campeón

―¡Buajaja! ¡Lambo-sama es el mejor!

―¡Lambo, compórtate! ―comentó I-pin

Kyoko le acarició la cabeza a la china.

―I-pin-chan también es muy fuerte

La niña se sonrojó.

―Bueno, bueno, basta de niñerías. ―dijo Mukuro suspirando de fastidio―Ya tenemos a los mocosos y a ellas, encontremos a los demás y salgamos de aquí.

―¿Tsuna-kun está aquí?

―Lo más probable es que siga lloriqueando en la entrada―Las chicas no comprendieron el comentario y el ilusionista no se molestó en explicar―Solo busquemos a los patéticos Guardianes y terminemos con esto.

Los chicos comenzaron a caminar, antes de que Kyoko diera el primer paso, Futa la agarro de la manga.

―Te lo envía el Tsuna-nii del futuro

Era otra carta.


Tsuna seguía recorriendo el ducto, era muy estrecho y estaba comenzando a faltarle el aire. El sudor que le recorría su cara comenzaba a picarle y se sentía cansado. En cada ventanilla que veía esperaba encontrar a Kyoko y a los demás para ya poder salir de aquí. No tenía las ganas de encontrarse con sus Guardianes, pero sabía que debía hacerlo para asegurarse de que todos estén fuera de aquí.

―¡¿Qué?!

Oyó un fuerte grito autoritario que lo asustó. Se detuvo para observar a través de esa ventanilla a un muy furioso Fausto y a un asustado Celino

―¿Qué fue lo que dijiste?

―A-Alfredo está muerto.

Fausto se llevó una mano a su cabeza y se sentó.

―Mataron a mi mejor amigo, ¿quién fue? ¡¿Quien fue el bastardo que lo hizo?!

Celino se encogió de hombros. Tsuna solo podía compadecerse de él. Pero entonces fue cuando comenzó a pensar, ¿habían asesinado a Alfredo? La opresión en el pecho más el calor le hicieron sentir un pésimo sentimiento. ¿Acaso uno de sus Guardianes...?

―¡Contéstame!

Tanto Tsuna como Celino se sobresaltaron por el grito de Fausto. Estaba realmente furioso.

―N-no... no lo sé... Nadie vio, a mí también me avisaron que había muerto.

Celino estaba utilizando toda su fuerza para evitar agarrarse llorando y confesar que había sido él.

―Los Guardianes―dijo Fausto―¡Esos malditos bastardos debieron haberlo hecho!

Tsuna amplió sus ojos con miedo. Eso fue el límite.


*No he dicho el nombre del Capo Franchessi, y hasta que se me ocurra uno bueno, pues que se quedé así, jaja.

Comentarios: ¡Hola! Ayer iba a subir capítulo, pero por alguna razón no me funcionaba para subirlo, así que me espere hasta ahorita. Pues que les cuento, que ya estoy a unos dos días de terminar mi semestre, ¡urra~! Entonces ya tendré un poquito más de tiempo para actualizar seguido, aunque en éstos últimos días he roto mi propio récord, jaja. Como siempre, les agradezco mucho sus reviews, favoritos y alertas! *reverencia* Espero que les haya gustado el capítulo y creo que no tiene tantos horrores como el anterior. Les deseo un buen día y una buena semana, no importa que sea martes xD

Saludos~