¡Hola!
Creo que me he quedado sin excusas para justificar mi retraso, pero es que últimamente estoy teniendo una racha... creo que me he vuelto gafe o algo, en serio. ¿Os podéis creer que pillé la gripe en pleno VERANO? Tengo que haberle hecho algo al karma.
En fin, lo único que os pido es que no me cortéis las manos, que las necesito para escribir (?) Y claro, espero que disfrutéis del capítulo (he descubierto que es imposible meter toda la cita en un capítulo sin que quede como la Biblia en verso).
Para cuando Loki y Thor partieron hacia Summerhill ya habían tocado las primeras horas del mediodía. El sol, por lo tanto, se alzaba en el punto más alto del cielo, brillando sobre el infinito y verde manto que formaban las copas de los árboles. El astro, que parecía refulgir con incluso más fuerza que los días anteriores, arrojaba su luz sobre el asfalto de la carretera volviéndola oro. Pese a ello, Thor condujo cómodamente, encantado con el maravilloso clima que les había regalado el verano. Retiró una mano del volante para hacerla volar hasta los mandos automáticos de las ventanillas, que descendieron bajo su orden. Tras emitir un zumbido, los cristales quedaron totalmente replegados y la brisa que creaba la velocidad del vehículo se coló con suavidad en el interior del espacio, acariciándole el rostro a los dos pasajeros.
Thor mantuvo la mirada fija en la carretera durante prácticamente todo el trayecto -que, por cierto, no duró mucho más de diez minutos-. Tenía los párpados ligeramente entornados para que el sol no lo deslumbrara, pero en el fondo sabía que la única imagen deslumbrante que tenía al alcance de los ojos era la que le ofrecía su copiloto. Se permitió el lujo de volver la vista hacia él en un par de ocasiones y sonrió al descubrirlo recostado hacia la ventanilla, con la verde mirada perdida entre los troncos de los árboles y una mano fuera del coche. Era como si Loki intentara acariciar el aire, el mismo que le desordenaba el cabello y hacía bailar de forma grácil sus negros mechones. Además estaba aquella sonrisa. No es que fuera una sonrisa en toda regla, pero Thor era capaz de percibir la curva que dibujaban los finos labios de su acompañante. Loki parecía contento, satisfecho; su postura relajada y tranquila distaba mucho de dar muestras de incomodidad, que era lo que el rubio más temía. Deseaba que el hijo de Farba se sintiera cómodo en su presencia, que aquella cita fluyera con la misma naturalidad que compartían mientras venían una película tirados en el sofá de la casa, que la complicidad que había comenzado a crecer entre ambos continuara nutriéndose, volviéndose más y más fuerte. No solo quería gustarle a Loki, sino también ganarse su confianza; hacerle saber que podía confiar en él, que no tenía motivos para volver a cubrirse con el escudo que parecía alzar ante todo el mundo. Aquél era un objetivo ambicioso y difícil de conseguir, lo sabía perfectamente. No obstante, estaba dispuesto a avanzar con toda la calma que precisara su empresa, seguir el ritmo y las pautas que Loki quisiera marcarle.
–¿Dónde quieres que vayamos a comer? –preguntó de pronto, cayendo en la cuenta de que no tenía ni idea de qué dirección debía tomar una vez alcanzaran el pueblo.
–Oh, en Summerhill tenemos una amplia y variada gama de locales gastronómicos para el disfrute de nuestros turistas –Loki dejó de mirar por la ventana y volvió a meter la mano en el coche antes de observar a Thor con una sarcástica y divertida sonrisa en la boca–. Tenemos el local del señor Bradley, cuya mujer es capaz de freír hasta el plato donde te sirven la comida y hacer que encima te sepa bien. También está el pequeño restaurante de la plaza central, ideal si eres un amante de la comida casera y tradicional...
–¿Y qué es lo ideal si eres Loki, hm? –interrumpió Thor intentando contener una carcajada.
El moreno fingió meditar durante un segundo antes de responder.
–Creo que si fueras Loki, lo ideal sería la cafetería del final de la calle Abbey.
Thor asintió con una sonrisa e hizo disminuir la velocidad del coche cuando la carretera murió entre las primeras casas adosadas de Summerhill. En uno de los jardines, un grupo de niños jugaba a perseguirse bajo el frescor de los aspersores.
–Ya veo... y supongo que si fuera Loki nadie me tendría que decir cómo llegar hasta el final de la calle Abbey.
Divertido, el hijo de Farba chasqueó la lengua y alzó la barbilla con altanería.
–Claro que no, porque si fueras Loki tendrías un perfecto sentido de la orientación.
–Y un orgullo que no cabría en el coche –añadió Thor, conduciendo de forma aleatoria por las manzanas a la espera de que Loki dejara de tomarle el pelo y le indicara la dirección que debía tomar.
–Si cabe el tuyo, el mío tiene espacio de sobra.
–Tú siempre con la última palabra en la boca...
–Es que ¿sabes?, me divierte ver como conduces sin rumbo, con esa cara de chico-desorientado –soltó Loki con toda su malicia, acomodándose un poco más en el asiento mientras clavaba la mirada en el rubio–. Es de lo más entretenido.
Thor entreabrió los labios para liberar un suspiro de fingida impaciencia, aunque en realidad estaba conteniendo las ganas de reír de nuevo. Apretó expresamente el agarre que ejercía sobre el volante y se relamió antes de girar la cabeza y devolverle la mirada a Loki.
–¿Pues sabes lo que no será entretenido? –le dijo, esforzándose por dibujar una expresión seria en el rostro–. Que cambie mi cara de chico-desorientado por la de chico-hambriento. Muy hambriento, de hecho... súper hambriento –Thor frunció un poco el ceño y dejó escapar un gruñido–. Y me temo que si ocurre eso y no llegamos ya a la cafetería del final de la calle Abbey, tendré que comerme lo único que tengo a mano.
Loki entornó un poco los ojos; su mirada se afiló al instante, cambiando el brillo divertido por uno más profundo y cauteloso. Aún así no pronunció ni una sola palabra y se limitó a permitir que las del rubio calaran en él, produciéndole un ligero cosquilleo en el vientre por lo sugerente de su tono.
–¿Y sabes qué será, Loki...?
El aludido se cruzó de brazos haciéndose el remolón, aunque el auténtico objetivo del gesto era evitar que Thor se percatara de que le había erizado la piel de los brazos hablándole así.
–Bueno, vale –concedió al final, sonriendo de nuevo–. Tampoco es para que te pongas a amenazarme.
Loki guió a Thor a través de las calles de Summerhill, tal como hizo el día de la fiesta en casa de Víctor. Rodearon un par de manzanas y pasaron frente a la plaza del centro antes de alcanzar la calle Abbey, cuya carretera estaba flanqueada por docenas de pintorescas casitas adosadas. El rubio disfrutó de la imagen antes de alcanzar el final de la calle, donde su copiloto le indicó que aparcara. Por suerte, en Summerhill no existían los problemas de estacionamiento que había en las ciudades, del mismo modo que tampoco se debían sufrir los atascos o las aglomeraciones de tráfico. Incluso consiguió parar el coche a la sombra de un árbol.
–¿Ves, chico-hambiento? –Loki bajó del coche y cerró la puerta con cuidado–. No era tan difícil.
Thor decidió ahorrarse cualquier respuesta antes de reunirse con el otro en la acera, desde donde le echó un vistazo a la cafetería donde comerían. El edificio no se diferenciaba en nada a los del resto de la calle: era también una pintoresca casita adosada a dos alturas con ventanas de madera y techos de pizarra oscura. Lo único que la hacía destacar era un pequeño cartel que anunciaba el nombre del establecimiento desde la fachada. Thor pensó que aquella cafetería debía pasar completamente desapercibida a todo aquél que no conociera su existencia previamente, lo cual le aportaba cierto aire de discreción.
La doble puerta de la casa estaba abierta de par en par, preparada para recibir a los clientes y, una vez la traspasó, el rubio se vio gratamente sorprendido por lo que halló al otro lado. Pese a que por fuera la cafetería podía parecerse al resto de las casas, por dentro era muy distinta a una vivienda habitual. El establecimiento constaba de una enorme estancia principal en la que se repartían varias mesas, y algunas ya habían sido ocupadas por diversos grupos de comensales. La luz entraba a raudales a través de las ventanas que se abrían en las paredes de madera, las cuales le ofrecían un aire rústico a la decoración. Además podía percibirse un delicioso aroma a comida y café flotando en el aire, y Thor habría jurado que podía escuchar la radio sonando de fondo. Era como si la cafetería tuviera un aire familiar pero extraño al mismo tiempo.
–Ven, nosotros comeremos arriba –Loki tiró con suavidad de la camiseta de Thor para llamar su atención, y el rubio dejó de observar el lugar para seguirlo hasta las escaleras que nacían a un lado de la estancia–. Es el mejor sitio.
–Vaya, ¿tenemos espacio VIP y todo? –bromeó Thor comenzando a subir los primeros peldaños después de pasar junto a una pequeña barra de servicio donde un hombre joven preparaba un par de bebidas–. Veo que lo tenías todo preparado.
–Te equivocas. Lo que pasa es que no quiero que nadie me vea comiendo contigo –respondió el otro, malicioso, mientras lo seguía hacia la primera planta–. Tengo una reputación de la que cuidar.
Thor chasqueó la lengua y negó con la cabeza antes de terminar de llegar arriba. Allí descubrió una segunda sala decorada exactamente igual que la de abajo, aunque la notó más fresca, luminosa y, por supuesto, carente de otros clientes. Los ventanales estaban abiertos de par en par, invitando a la brisa a colarse en el pequeño salón.
–¿Dónde nos sentamos?
Como toda respuesta, Loki puso una mano en su espalda y le dio un suave empujón para guiarlo hacia la esquina de la sala que quedaba justo al lado de las ventanas. Una vez allí se dejó caer sobre una de las sillas de la mesa que ocupaba aquél espacio mientras dejaba escapar un breve suspiro. Thor lo imitó y tomó asiento justo frente a él con una pequeña sonrisa bailando en sus labios.
–¿Subirán aquí para atendernos? –preguntó echándole un vistazo al resto de las mesas, que estaban totalmente vacías.
–Subirán –le aseguró el otro, que se recostó un poco en su silla para acomodarse. Luego se sacó el móvil del bolsillo del pantalón y lo dejó sobre la superficie para que no le molestara.
–Algo me dice que vienes mucho por aquí, ¿hm? –inquirió Thor alzando una ceja. Por lo poco que había averiguado observando a Loki ya sabía que solía ponerse tenso y alerta cuando estaba fuera de su entorno, del mismo modo que lo estaría un animal al que hubieran liberado en paraje desconocido. Sin embargo parecía estar muy cómodo en aquél local, y había escogido la mesa sin titubear siquiera un segundo, como si estuviera acostumbrado a sentarse allí, justo junto a la ventana con vistas al bosque.
–Casi todos los días cuando tenía clases –le explicó Loki como respuesta mientras bajaba la mirada hacia el mantel de estampado a cuadros que recubría la mesa. Se entretuvo repasando las líneas con el dedo índice al mismo tiempo que hablaba–: A veces mi madre tenía que quedarse en el colegio hasta tarde, así que no podía ir a casa a comer y venía aquí.
Thor asintió y apretó los labios sin darse cuenta al imaginarse todas las tardes que Loki debía haber permanecido sentado en aquella misma silla, totalmente solo, leyendo o dibujando después de terminar con la comida. Sintió el súbito impulso de buscar su mano y darle un afectuoso apretón, pero se contuvo al pensar que aquél gesto podía resultarle molesto.
–Bueno, es un sitio con encanto –dijo en cambio esbozando una sonrisa y echándole un vistazo al exterior que se abría más allá de la ventana–. Y con buenas vistas.
–Lo es –coincidió Loki, y luego apoyó un codo en la mesa para sujetarse la cabeza con la mano–. Además aquí tengo intimidad... y la comida es buena.
–Pues ya podrías felicitar a la cocinera de vez en cuando –respondió como reproche una tercera voz, femenina y musical, salida de la nada.
Thor se volvió en su asiento a tiempo de ver como una bonita chica alcanzaba aquella planta del local. El pequeño delantal que cubría su vestido, de un alegre amarillo, la delataba como trabajadora de la cafetería. Su rostro exhibía una sonrisa amplia, amable y contagiosa que fue creciendo hasta que alcanzó la mesa donde estaban sentados.
–Anda –exclamó al llegar junto a ellos, observando a Thor con una curiosidad tan evidente que parecía casi infantil–. ¿Y tú quién eres?
–Thor –dijo él sin más, sonriendo divertido ante el desparpajo de aquella chica tan alegre.
–¿Y eres amigo de Loki? –los ojos de la camarera se abrieron ligeramente, con sorpresa.
El rubio observó a su compañero de mesa antes de responder:
–Algo así.
–Vaya... ¡Pues es un placer conocerte, Thor! –la joven sonrió una vez más y sus mejillas se hundieron formando un par de encantadores hoyuelos–. Yo soy Janet, vuestra camarera de hoy... y bueno, la de siempre cuando vengáis aquí.
Thor tuvo que contener una carcajada, decidiendo que le gustaba la actitud de aquella chica, alegre como una campanilla. Le sorprendió descubrir que Loki, quien aún no había dicho nada, también parecía divertirse con el natural comportamiento de Janet.
–Bien, bien, bien –canturreó la chica mientras rebuscaba en el bolsillo de su delantal para sacar un bolígrafo y un pequeño bloc de notas en cuya portada aparecía una abeja sonriente–. ¿Y qué vais a tomar?
–Lo de siempre para mi –pidió Loki.
–Vale –Janet asintió y comenzó a escribir en el bloc de notas con una expresión concentrada en el rostro–. Sandwich de pollo, té helado y ración doble de pastel de limón...
Loki asintió satisfecho y miró a Thor, quién se percató de que no tenía ni idea de qué iba a pedir para comer.
–¿Y a ti qué te apetece, Thor? –Janet levantó la mirada del bloc para observar también al rubio.
–Pues... –intentó responder él, titubeando mientras buscaba con la mirada algún tipo de carta con la que pudiera orientarse.
–El grandullón no es de por aquí, Janet –dijo Loki echándole una mano–. Aún no sabe que tus especialidades son los bocadillos.
–¡Ya veo! –la chica arrugó la nariz y se apresuró a explicar–: Puedo hacerte un bocadillo de cualquier cosa, de lo que más te guste. Te aseguro que lo meteré entre el pan, sea lo que sea.
Thor se mordisqueó el labio y miró a Loki de soslayo, tentado a pedirle a Janet que le hiciera un bocadillo con él. Sin embargo decidió ahorrarse la broma y carraspeó.
–¿Puede ser de bacon? –pidió.
–Por supuesto –Janet asintió y lo anotó en su bloc–: bocadillo de bacon.
–¿Y le puedes poner huevo?
–Bocadillo de bacon y huevo... –murmuró la chica sin dejar de escribir en el papel.
–¿Con queso? Mucho queso...
– …y queso, mucho queso –finalizó Janet antes de soltar una pequeña carcajada–. Me gustan los chicos con buen apetito. Deberías aprender de él, Loki; ¡mira qué flacucho estás, en la próxima tormenta se te llevará el aire!
–Si cocinaras mejor igual comería más –respondió Loki echando mano a su lengua afilada. Pese a ello, Thor notó que no lo decía con auténtica hostilidad, sino por mera inercia defensiva.
–No cuela, Loki –Janet negó con la cabeza y su corta y recta melena castaña se meció con gracia a ambos lados de su cabeza–. Te he escuchado decir que la comida era buena mientras subía las escaleras.
Derrotado, Loki chasqueó la lengua y dirigió la mirada hacia la ventana. Janet sonrió de forma triunfal y volvió a dirigirse al rubio:
–¿Y de bebida?
–Una cerveza.
–¿Postre? –Janet hizo la última pregunta y, adelantándose a las dudas de Thor, recitó todo lo que tenía para ofrecerle–: Flan casero, gelatina de fresa, pastel de limón, de chocolate o de café, crepes...
–Oh, sí. Quiero unos crepes –decidió él, animado ante la expectativa de una buena comida.
–Muy bien –Janet pulsó la parte posterior del boli para guardar la punta y lo metió de nuevo en su delantal, junto al bloc de notas de la abeja–. Estará todo listo en unos minutos. ¡No tardo nada!
Tras dedicarles una última sonrisa, la chica se dio la vuelta y descendió por las escaleras mientras silbaba animadamente. Thor la siguió con la mirada y, una vez hubo desaparecido y volvió a quedarse a solas con Loki, cruzó los brazos sobre la mesa.
–Es una chica muy agradable –comentó.
–Janet siempre se comporta de ese modo con todo el mundo.
–¿La cafetería es de su familia o algo así?
–Sí –Loki se encogió de hombros como si no le interesara demasiado el tema, aunque luego añadió–: Aunque ahora la lleva con su prometido, Hank.
Thor batió sus rubias pestañas en un gesto perplejo.
–¿Está prometida? –inquirió extrañado– ¿Tan joven?
Loki le dedicó una larga e insondable mirada.
–Bueno, ella y Hank llevan toda la vida juntos –murmuró, y suspiró antes de girar la cabeza hacia la ventana–. Hay gente que nació para acompañarse desde el principio y hasta el final, supongo.
–Vaya... –Thor esbozó una pequeña sonrisa y continuó mirando a Loki, fijándose en la forma en la que la luz que entraba por el ventanal se regaba sobre su cabello oscuro, haciéndolo brillar–. Eso ha sonado bastante romántico.
Los ojos verdes de Loki se entornaron antes de apartar la mirada del paisaje para observar a Thor con cierto deje de indignación. Arrugó la nariz durante un instante y miró al rubio de arriba a abajo. No es que le hubiera molestado su comentario, sino más bien lo que él mismo había dicho. Normalmente solía guardarse aquél tipo de reflexiones para su interior, y ahora las iba soltando delante del rubio como si nada. No sabía si se estaba volviendo descuidado o si cada día se le hacía más complicado ocultarle su interior a aquellos ojos azules.
–El verde te sienta fatal –gruñó al final, señalando la camiseta de Thor con un gesto de la barbilla.
–¿Qué? –Thor frunció el ceño y miró hacia abajo para echarse un vistazo a si mismo–. ¿Y eso a qué viene ahora, Loki? –preguntó sin poder ocultar el tono decepcionado de su voz. ¿Era verdad que Loki pensaba aquello o solo lo había dicho para fastidiarlo?
–Alguien tenía que decírtelo –respondió el moreno, esforzándose para contener una sonrisa divertida. No es que pensara que el verde le quedara mal a Thor; de hecho, la forma en la que aquella camiseta se tensaba sobre su pecho, dibujando discretamente sus marcados pectorales, le resultaba bastante atrayente. Aún así necesitaba algún pretexto para cambiar de tema, y sabía que aquél comentario causaría una mella lo bastante profunda en el orgullo del rubio como para hacerle olvidar del todo sus palabras anteriores.
–Pues podrías habérmelo dicho antes... –mustió Thor haciendo un mohín de disgusto. Al fin y al cabo había escogido expresamente aquella camiseta porque pensaba que al hijo de Farba le gustaría.
Loki torció los labios ante la actitud del otro.
–Bueno, tampoco te queda tan mal –dijo casi sin darse cuenta, ofreciéndole consuelo al daño que él mismo había causado–. Es solo que... es un color demasiado apagado para ti, ¿no crees? Diría que no te pega. El rojo te sienta muchísimo mejor.
–¿De verdad?
El moreno asintió y, automáticamente, Thor reemplazó su expresión consternada por una más animada. Demasiado animada, tal vez. Loki no necesitó mirarlo dos veces para descubrir que estaba a punto de abrir la bocaza y soltar una de las suyas.
–Pues ya que te fijas tanto tendré que fiarme de tu criterio, florecilla.
Loki ni siquiera se inmutó ante aquellas palabras, por lo menos no en un principio. Le costó un par de segundos asimilar lo que acababa de llamarle aquél estúpido de melena rubia y, cuando por fin lo hizo, sus párpados se entornaron en un gesto amenazador.
–¿Qué acabas de llamarme...? –murmuró muy lentamente, marcando cada sílaba.
Thor se mordisqueó el labio, satisfecho por haber sido él quien hubiera molestado a Loki aquella vez, y no al revés. Esa agradable satisfacción fue la que lo animó a ignorar el peligro que teñía el tono de voz del otro y a aventurarse a continuar con su peligroso juego:
–¿Quieres que te lo repita? –preguntó observándolo fijamente.
El moreno inspiró profundamente y curvó los labios en una sonrisa de advertencia.
–Te reto a repetirlo.
Thor guardó silencio un segundo, tanteando sus posibilidades. Sintió el cosquilleo de la intriga y el valor en el estómago, aunque durante un momento temió las consecuencias que podría acarrear volver a llamar a Loki de aquél modo. En cualquier caso, al final decidió que valdría la pena con tal de no acobardarse y aceptar el reto. Además, había terminado descubriendo cierto encanto en la expresión malhumorada de Loki. Incluso con el ceño fruncido y una mueca homicida en el rostro, aquél chico conseguía antojársele atractivo.
–Florecilla –repitió sin más titubeos, y de hecho no se detuvo ahí–. Creo que podría llamarte así a partir de ahora, me parece muy adecuado y...
Las palabras de Thor murieron en cuanto Loki se levantó de su silla en un rápido gesto. Se inclinó hacia delante y sobre la mesa casi con un salto, como si pretendiera abalanzarse sobre el rubio mientras sus ojos verdes destilaban chispas que le prometían una muerte lenta y dolorosa. Por suerte, el otro supo reaccionar a tiempo y levantarse también, sujetando a Loki por los antebrazos antes de que pudiera terminar de echarse sobre él.
–¡Compórtate! –exclamó Thor entre sorprendido y divertido por la reacción que había tenido Loki–. Estamos en un lugar público, ¿recuerdas?
–Siempre he querido asesinar a alguien en un lugar público, así que me viene de perlas –siseó Loki, forcejeando para liberarse del agarre de Thor.
–Te parecerá bonito decirme eso en nuestra cita...
–¡Calla!
La mesa del mantel de cuadros se tambaleó ligeramente bajo el forcejeo de ambos, pero por suerte aún no había nada sobre ella. Loki se crispó al no poder soltarse y volvió a dedicarle una mirada asesina al rubio antes de hacer más fuerza hacia delante. Golpeó la mesa con la cadera sin darse cuenta, y esta se desplazó hasta darle a Thor.
–Cuidado, Loki –le advirtió al recibir el golpe, y se lo devolvió embistiendo la mesa con la cadera.
El aludido se mordió el labio. Sentía que la ira hacia el rubio le corroía las entrañas, pero luego recordó que la última vez que le pasó aquello terminó enredando su lengua con la de él. Ese pensamiento estuvo a poco de hacerlo enrojecer por completo.
–¡Idiota...! –gruñó.
–Debo serlo –respondió Thor para su sorpresa–. Supongo que solo un idiota tendría ganas de besar a alguien que acaba de amenazar con asesinarle, ¿no?
Loki soltó un pequeño resoplido y apartó la mirada a un lado sin saber qué odiaba más: que Thor se atreviera a soltarle cosas de aquél tipo como si nada en plena discusión o que a él le encantara que lo hiciera. Lo más posible es que fueran ambas.
–¡Que te calles! –volvió a mandar al mismo tiempo que se removía de nuevo, dándole otra vez a la mesa–. ¡Y suéltame!
Thor liberó una carcajada que provocó que el ceño de Loki se frunciera aún más.
–Está bien, te suelto si prometes que no te lanzarás a mi yugular –dijo una vez dejó de reír–. Y que dejarás de mirarme de esa forma.
–Eres de lo más irritante –murmuró Loki como toda respuesta antes de amenazar–: Si la mesa no estuviera en medio...
La sonrisa del rubio se esfumó de repente. Durante un momento, Loki llegó a pensar que Thor se había sentido intimidado -o tal vez molesto- por la amenaza, pero su expresión no acogía ninguna de aquellas posibilidades. De hecho había adoptado una pose bastante inexpresiva, algo que era casi insólito en él.
–¿Qué, Loki? –preguntó en un susurro. Su voz, inesperadamente ronca, provocó que Loki sintiera que algo vibraba en su interior. Además estaba aquella mirada, tan intensa y azul, clavándose directamente en la suya–. ¿Qué crees que pasaría si la mesa no estuviera en medio...?
Loki no le dio una respuesta, aunque relajó su postura. Dejó de hacer fuerza para intentar liberarse del agarre de Thor, ya que estaba demasiado ocupado en concentrarse para sostenerle la mirada. Parecía casi imposible que aquellos ojos, que poseían el claro turquesa del mar en calma, fueran capaces de quemale como el fuego.
–¿Qué crees que pasaría si no hubiera nada entre nosotros ahora mismo...?
Thor tiró de los brazos de Loki, quien llegó a pensar que terminaría cayendo sobre la mesa si el rubio continuaba hablándole de aquél modo. No obstante se esforzó en conservar el ceño fruncido y la expresión irritada, aunque lo consiguió a duras penas. Al fin y al cabo era muy complicado intentar parecer molesto cuando Thor continuaba tirando de él para hacer que se acercaran más y más, hasta el punto que podía sentir su aliento haciéndole cosquillas sobre los labios.
–Que te daría la paliza de tu vida... –respondió al cabo de un par de segundos, también susurrando.
–¿De verdad? –el rubio recuperó su expresión divertida antes de pasarse la lengua por los labios, incitado por la cercanía de ambos–. Me gustaría ver eso.
Loki no pudo contenerse; le resultó totalmente imposible evitar que su vista se deslizara hasta la maravillosa boca de Thor. Acarició sus labios con la mirada e inspiró profundamente mientras algo en su interior gritaba desesperadamente bésame, bésame, bésame.
–¡Eh! ¡Nada de peleas en mi local! –la voz de Janet hizo que los dos chicos giraran la cabeza hacia ella al mismo tiempo. La muchacha acababa de alcanzar la primera planta cargada con una bandeja en la que llevaba los vasos y las bebidas.
Thor y Loki se separaron instantáneamente, volviendo a tomar asiento. Cruzaron una mirada cómplice antes de sonreír, sabiendo que lo único que había estado a punto de pelearse allí habían sido sus lenguas.
–Perdona, Janet –se disculpó el moreno–. Es que Thor se pone un poco agresivo cuando tiene hambre... estos chicos de ciudad no tienen modales.
Janet sonrió y terminó de preparar la mesa mientras Thor le sacaba la lengua a Loki.
–Pues tranquilo, Thor –dijo una vez hubo terminado–. Ahora mismo os subo la comida, no tardo ni dos minutos.
Dicho aquello, la muchacha se dio la vuelta para volver a alcanzar las escaleras. Mientras esperaba a que subiera de nuevo con su esperado bocadillo, Thor alargó el brazo hacia su botella de cerveza para servírsela en el vaso. Sin embargo, Loki la alcanzó antes que él y la arrastró sobre la mesa, dejándola fuera de su alcance.
–Hm –el rubio alzó una ceja y chasqueó la lengua–. Pues sí que estás juguetón hoy. Si sigues portándose así no volveré a sacarte a comer.
Como única respuesta, Loki curvó sus labios en una pequeña sonrisa. Luego tomó la botella de cerveza, sintiendo que el cristal frío le humedecía la mano, y le llenó el vaso a Thor.
–Vaya, creía que era yo el que te estaba sacando a ti...
Thor observó su vaso de forma complacida y lo tomó para llevárselo a los labios. Le dio un par de tragos a la fresca bebida, observando a Loki por encima del vaso, y suspiró antes de volver a dejarlo sobre la mesa.
–Fui yo el que te pidió que saliéramos, ¿recuerdas?
–Y he sido yo el que te ha traído hasta aquí, ¿recuerdas? Si por ti fuera aún estaríamos dando vueltas por el pueblo, buscando un lugar en el que comer.
El rubio negó con la cabeza y sonrió una vez más.
–A veces eres insoportable.
–Gracias –Loki alzó la barbilla en un orgulloso gesto de suficiencia y se mordió el labio al comprobar que Janet subía de nuevo, acompañada por un delicioso aroma de pan caliente.
–Aquí está –dijo la chica, dejando sobre la mesa los dos platos de comida. Thor se relamió involuntariamente al echarle un ojo a su bocadillo, que rebosaba baicon y queso fundido por los bordes–. Subiré en un rato a traeros el postre. ¡Que aproveche!
• • •
La comida transcurrió sin más enfrentamientos. Tanto Loki como Thor, que tuvo que reconocer que Janet era incluso mejor que Volstagg preparando bocadillos, dieron buena cuenta de sus platos disfrutando de su mutua presencia. Alternaron los bocados con una agradable y alegre charla y, en los momentos de silencio, se entretenían escuchando el canto de los pájaros o agradeciendo la suave brisa que se colaba a través de los ventanales para hacerles compañía. El hecho de que no hubiera más comensales en aquél lugar volvió el momento más íntimo y ameno; Thor agradeció que no hubiera nadie más que pudiera escuchar las pequeñas anécdotas que Loki relataba solo para él, como aquella en la que le contó que un día se quedó dormido sobre la mesa y que Janet estuvo a punto de cerrar el local dejándolo encerrado dentro. También le contó -retomando el tema del compromiso de la camarera- que, en realidad, gran parte de las parejas de Summerhill se prometían muy jóvenes. Al parecer, y según le explicó, el pueblo era tan pequeño que prácticamente todas las familias se conocían entre ellas. Del mismo modo tampoco había una población demasiado alta, así que era sencillo encontrar a alguien con quien se congeniara desde el primer momento, y normalmente era una persona a la que conocías desde la infancia, con quien se había aprendido a vivir desde siempre. No era como en una ciudad, donde era totalmente imposible conocer a todo el mundo y existía la posibilidad de encontrarte con alguien nuevo que llamara tu atención cada día, en cada esquina y en cualquier momento.
Thor prensó que debía ser bastante entrañable vivir en un lugar donde ningún rostro te resultara extraño. En realidad, su punto de vista respecto a Summerhill había cambiado casi radicalmente: al principio había pensado que sería un lugar aburrido y muerto, pero después de contemplar el maravilloso paisaje que se extendía en los alrededores, de respirar el aire limpio que traía la brisa y conocer a algunos de sus habitantes, había desterrado aquella perspectiva. Aunque claro, el hecho de que Loki viviera allí también debía haber influido en aquél cambio.
De pronto, el rubio se percató de que había dejado de echar de menos la cuidad. Ni siquiera sabía cuándo había ocurrido, pero ya no se sentía fuera de lugar estando en Summerhill. Ya no extrañaba su habitación, sus sesiones de entrenamiento con el equipo, las fiestas en casa de Fandral o las acampadas con sus amigos.
–Estás haciendo que me olvide del maravilloso verano que podría haber tenido en mi ciudad –dijo de pronto y casi sin darse cuenta en uno de esos instantes de silencio que compartía con Loki, quien alzó una ceja para mirarlo de forma inquisitiva.
–Oh, ¿y quieres una disculpa o algo así? –preguntó cruzando los brazos sobre la mesa, donde yacía su plato ya vacío.
–No –Thor rió, negó con la cabeza y alcanzó una servilleta para limpiarse los dedos–. Al contrario. Quiero decir que... pensaba que las vacaciones aquí serían horribles; que Summerhill sería un rollo.
–Summerhill es un rollo –declaró Loki de forma divertida después de darle un par de tragos a su vaso de té frío.
El rubio suspiró y, una vez dejó su plato vacío, miró por la ventana.
–Pues yo no lo veo así –insistió–. Este lugar está bastante bien. Tiene el bosque, el río... es como estar en contacto con la naturaleza sin tener que ir al campo. La ciudad está siempre congestionada, ¿sabes? Las calles están abarrotadas de coches, tienes que moverte bajo tierra y siempre hay alguna ambulancia o coche patrulla sonando de fondo. Después de estar aquí, volver a casa me resultará un poco agobiante...
Loki, que había seguido sus palabras con atención, se recostó en la silla y lo estudió con la mirada. Le gustaba cuando Thor hablaba así, con tanta sinceridad, sonriendo con los ojos y no con los labios.
–Así que le has cogido cariño a este pueblo de incivilizados, ¿hm...?
Thor asintió y le dedicó una pequeña mirada antes de devolverle su atención al paisaje.
–Venga, si tampoco sois tan incivilizados –replicó divertido–. Si tenéis fiestas de adolescentes y salas de cine... e incluso vais en coche y usáis teléfonos móviles. Y yo pensando que aún os moveríais en carros tirados por caballos y os comunicaríais mediante palomas mensajeras.
La silla de Loki chirrió cuando este se inclinó hacia delante para dejar escapar una larga carcajada. Thor volvió a girarse hacia él para mirarlo mientras reía y sintió una cálida sensación en el pecho. Le gustaba hacer reír a Loki. Saber que era feliz en su compañía le proporcionaba una satisfacción casi insuperable.
–Sí, hasta sabemos lo que es Internet –murmuró el moreno una vez pudo dejar de reír y tomar aire.
–Vaya, increíble –Thor se olvidó de la ventana y se apoyó en la mesa con los codos. Sonrió al descubrir que las mejillas del otro habían enrojecido ligeramente a causa de las carcajadas y que incluso tenía los ojos más brillantes que de costumbre, con el verde centelleante. Se mordió el labio inferior durante un par de segundos y luego, sin poder evitarlo, terminó murmurando–: Pero, por encima de todo eso, Summerhill tiene una única cosa que lo hace un lugar insuperable...
Loki sintió que se le contraía algo en el pecho. No sabía qué demonios era, pero tenía claras dos cosas: la primera, que era una sensación tremendamente agradable; y la segunda, que había sido por Thor, por sus palabras y por la forma en la que lo miraba. Comenzaba a sentirse muy especial cuando estaba en su compañía, y sabía que aquél era el primer síntoma de una cadena de sentimientos a los que no estaba seguro de querer aferrarse. No sabía si estaba preparado, no después de lo que le ocurrió la última vez que se dejó atrapar por el encanto y el cariño de alguien, y sus propias dudas lo atemorizaban. Aquél pensamiento hizo que apartara la mirada en un gesto desalentado casi sin darse cuenta, pero Thor, que no había apartado la mirada de él ni un segundo, frunció el ceño al percatarse de que su expresión complacida había pasado a convertirse en una que destilaba preocupación. Estaba casi seguro de que sus palabras no le habían desagradado, por lo menos no al principio, pero aún así se culpó a si mismo por ser tan precipitado.
–Creo que voy a asomarme para pedirle a Janet que suba el postre. ¿Te parece bien?
Después de que Loki asintiera, Thor se levantó y se alejó de la mesa. Apretó los labios preocupado por los sentimientos del otro, pero pensó que era mejor dejarlo solo durante un instante en vez de preguntarle al respecto. Así pues, caminó hasta la escalera y bajó unos peldaños, los suficientes como para poder echarle un ojo a la planta baja y buscar a Janet con la mirada. No obstante, ella lo vio antes.
–¡Thor! –exclamó desde la barra, moviendo la mano en el aire para llamar su atención–. ¿Ya habéis terminado?
–Sí –respondió él esbozando una sonrisa que no fue tan amplia como le hubiera gustado–. ¿Puedes subir el postre?
–¡Eso está hecho, rubiales! –Janet alzó el pulgar de la mano derecha y se metió por una puerta que había tras la barra.
Thor vio como se marchaba y contó hasta tres lo más despacio que pudo antes de volver a subir. Regresó a la mesa y se dejó caer en su asiento con aire despreocupado, aunque examinó a su compañero con la mirada. Por suerte, Loki parecía haberse repuesto de lo que fuera que hubiera pasado por su cabeza; sus labios tenían la misma sonrisa socarrona de siempre y su barbilla volvía a alzarse con su característico orgullo. Aunque claro, podía estar fingiendo.
–Me encanta la tarta que hacen aquí –comentó distraídamente, impaciente por poder hincarle el diente a su postre.
–¿Y los crepes qué tal están? –quiso saber Thor al recordar que era lo que él había pedido.
–Bueno, no están mal –Loki se encogió de hombros y apuró su vaso de té–. Pero la tarta está mejor.
–Ya... –el rubio lo imitó y terminó también con su cerveza antes de dejar que pasara un instante de silencio en el que volvió a sobreponerse el canto de los pájaros.
–No ha sido por ti –murmuró Loki de pronto. Thor alzó la mirada hacia él y comprendió que se refería al cambio de su actitud de hacía un momento, así que negó con la cabeza.
–No tienes que darme explicaciones si no quieres, Loki –dijo con sinceridad, aunque sintió cierto alivio al saber que no se había puesto así porque él hubiera metido la pata.
Loki apretó los labios y volvió a entretenerse repasando con el dedo los cuadros que estampaban el mantel. Al principio estuvo a punto de dejarlo pasar y no comentar nada más al respecto, pero luego decidió que Thor merecía una explicación, aunque fuera muy escueta.
–Es que me ha venido algo al pensamiento... un mal recuerdo, supongo –dijo, y sonrió para quitarle importancia–. Pero no ha sido nada. Me lo estoy pasando muy bien contigo, Thor. De verdad.
Y Thor le creyó. Le creyó porque quería creer que Loki disfrutaba de su compañía, pero también porque sabía que el moreno no era de aquella clase de personas que hacían halagos sin venir a cuento o por quedar bien, sino que lo hacían porque lo creían de verdad.
–Me alegra que sea así... –respondió en un susurro, y buscó la mano de Loki sobre el mantel para acariciársela discretamente, del mismo modo en el que lo hizo el día anterior, cuando estaban arreglando el garaje.
Fue un roce breve pero cariñoso: los dedos del rubio se deslizaron durante un par de segundos por el dorso de la mano de Loki, quien tuvo que contenerse para no estremecerse en el asiento. ¿Por qué siempre tenía que reaccionar así cuando Thor le tocaba? Incluso se le escapó una sonrisa tonta y estuvo a punto de quejarse cuando el otro terminó con la caricia. En aquél momento quiso volver a tomarle la mano, entrelazar los dedos con él, continuar disfrutando de su cálido contacto, recordar lo bien que se sentían cuando se deslizaban por su espalda mientras sus bocas se reunían.
–¡Postreee! –Janet hizo acto de aparición cargando con una bandeja que esta vez rebosaba el dulce aroma de los postres.
Loki la miró y comprendió el motivo de que Thor hubiera hecho tan breve su contacto; seguro que él la había escuchado subir por la escalera mientras él estaba ensimismado. Aunque... ¿significaba aquello que el rubio no quería que los vieran compartiendo aquél tipo de gestos? ¿Le molestaría que la gente se percatara de que aquello era una cita y no una simple comida entre amigos? Tal vez le resultaba extraño que le vieran actuar de forma cariñosa con otro chico... o tal vez pensara que era a él al que le parecería incómodo. En cualquier caso, Loki decidió que no iba a comerse la cabeza de nuevo, no cuando acababan de plantarle una deliciosa ración doble de tarta de limón delante.
–Dios mío, menuda pinta –dijo en un gemido, apresurándose para coger sus cubiertos.
–¿A que sí? –Janet sonrió cargada de orgullo y recogió los platos sucios y los vasos vacíos–. Y que sepas que le he puesto más nata porque sé que te gusta.
–Eres un cielo, Janet –Loki hundió la punta del tenedor en uno de los montones de nata montada y se lo llevó a la boca, sonriendo como un niño pequeño.
–Vaya, vas a tener que darme la receta de esa tarta –Thor sonrió y observó a la camarera–: nunca le había visto tan entusiasmado.
–Pues lo siento, pero es una receta súper, súper secreta –dijo Janet, guiñándole un ojo antes de darse la vuelta y desaparecer una vez más escaleras abajo.
Thor le echó un último vistazo a Loki, quién había cerrado los ojos para saborear mejor su tarta, antes de sonreír y bajar la mirada a sus crepes, cuya pinta no se quedaba atrás. El aroma del chocolate fundido ahogó sus sentidos y lo incitó a dar el primer bocado, que le supo a gloria. De hecho, tanto él como Loki estuvieron tan ocupados deleitándose con sus raciones de azúcar que ni siquiera pronunciaron una palabra durante los primeros minutos.
–Creo que Janet tiene un don en la cocina –dijo Thor, relamiéndose para limpiarse el chocolate de los labios–. Esto está demasiado bueno.
Al escucharle, Loki desvió la atención de su pedazo de tarta para mirar al rubio.
–¿Está tan bueno...? –quiso saber, y le echó un vistazo a los crepes. Lamió la punta de su tenedor para quitarle los restos de nata y limón, y luego preguntó de forma cautelosa–: ¿Me dejas probar?
Tras contener una sonrisa divertida, Thor se encogió de hombros.
–Pues no sé... ¿no decías antes que tu tarta estaba mucho mejor que esto? –le echó en cara, dispuesto a hacerle suplicar aunque fuera un poquito.
–Ya, pero no es lo mismo... el sabor es muy distinto –replicó Loki frunciendo el ceño y alargando su tenedor hacia el plato de Thor, como si se hubiera tomado sus palabras como un "sí".
–¡Eh! –el rubio golpeó el tenedor intruso con el suyo y rió al ver que Loki arrugaba la nariz con desaprobación.
–¿Es que ahora vas a torturarme? –murmuró haciéndose el ofendido–. Pues no pienso pedírtelo por favor, que lo sepas.
Thor rió.
–Bueno, vale... –concedió al fin, aunque volvió a apartar el tenedor de Loki–. Pero primero me das de tu tarta.
Loki entornó los ojos y miró ambos platos alternativamente, como intentando decidir si había algún truco en aquél trato.
–Como quieras –decidió sin embargo– pero espero que seas generoso.
–Siempre lo soy.
Ignorando el comentario, Loki hundió su tenedor en la porción de tarta. Atravesó las capas de bizcocho, crema y nata y tomó un pedazo que condujo con cuidado hacia el otro lado de la mesa, desde donde Thor lo miraba con expectación. El moreno pensó en pasarle el cubierto, pero Thor separó los labios para que se lo diera él mismo, directamente.
–¿Es que ahora tienes cuatro años? –dijo burlón, pero continuó acercándole el tenedor a la boca.
Cuando Thor estuvo a punto de capturar el trozo de tarta entre los labios, Loki sonrió con malicia y retiró el cubierto hacia un lado. El rubio gruñó, le dedicó una mirada molesta y volvió a buscar la porción de postre con la boca, pero Loki se lo quitó medio segundo antes de que le diera tiempo a morderlo. Sin embargo, tuvo que hacerlo un par de veces más antes de que Thor se rindiera y cerrara la boca.
–¿Y ahora quién tiene cuatro años? –volvió a gruñir con fastidio.
Loki rió entre dientes y se mordisqueó el labio.
–Venga, ya paro –prometió, y volvió a tenderle el tenedor a Thor, que lo miró con recelo antes de decidir confiar en él e intentar probar de nuevo. Por suerte, Loki cumplió con su palabra y permitió que atrapara el bizcocho y la crema con los labios.
–Hmm... –murmuró Thor mientras el sabor a limón le llenaba la boca. Loki tiró del tenedor para sacárselo de la boca, pero el rubio lo atrapó entre los dientes apretándolo con fuerza.
–¡Oye! –exclamó Loki tirando con más fuerza–. ¡Devuélvemelo!
Sin embargo, Thor ignoró sus palabras y continuó presionando el cubierto con fuerza, evitando que Loki pudiera recuperarlo. Sonrió sin dejar de apretar con los dientes y le dedicó una mirada vengativa al moreno.
–¡Rencoroso...! –Loki apretó los labios y fingió hacer una mueca para ocultar una sonrisa–. ¡Que me lo des!
Thor gruñó del mismo modo en el que lo haría un perro al que intentaba arrebatársele su juguete favorito de la boca, pero finalmente cedió y liberó el tenedor. Loki suspiró aún esforzándose para no sonreír y frunció el ceño haciéndose el molesto.
–Podrías haberte hecho daño, idiota –dijo, observando la forma en la que el rubio se relamía.
–Pues sí que está bueno... –Thor ignoró el insulto y disfrutó del eco que el sabor de la tarta le había dejado en la boca. Era ácido, pero deliciosamente dulce al mismo tiempo. Un postre digno de Loki, sin duda.
–Ahora dame tú –volvió a pedir Loki, bajando la mirada una vez más hacia el plato de crepes.
Sin hacerle esperar, Thor tomó su propio tenedor y cortó un pedazo de los crepes. Se aseguró de empaparlo bien en el chocolate antes de hacerlo volar sobre la mesa, acercándoselo a Loki. Este miró el cubierto con los ojos entornados, temiendo que el rubio aún quisiera vengarse por lo que le había hecho con el trozo de tarta, pero el otro se lo dio sin trampa alguna.
Loki atrapó el dulce bocado, aunque sintió el chocolate fundido escapando por sus comisuras y chorreando sobre sus labios. Se apresuró a tragar y buscó una servilleta con la mirada, pero Janet se las había llevado junto a los platos sucios. Tras fruncir el ceño intentó rescatar algún kleenex de sus bolsillos, pero antes de que le diera tiempo Thor se había inclinado sobre la mesa y le había agarrado de la barbilla con una mano, obligándole a permanecer quieto. Luego alzó su mano libre y le deslizó el pulgar sobre los labios, limpiándole el chocolate con él. Loki sintió una fuerte palpitación en el pecho que subió hasta su cara para hacerla enrojecer totalmente. Se quedó paralizado en la silla mientras el otro deslizaba el pulgar por segunda vez, y entreabrió los labios por pura inercia mientras se derretía bajo la mirada ajena.
Un minuto después, Thor ya lo había soltado. Sin embargo, Loki continuó sintiendo las palpitaciones en el pecho durante un largo instante, sobre todo después de que el rubio se llevara el pulgar a la boca y saboreara el chocolate que él había tenido en los labios hacía un par de segundos. Sintió la cara tan ardiente que llegó a pensar que se le fundiría la piel como si fuera una estatua de cera expuesta al sol de medio día.
–¿Qué tal? –preguntó Thor, sonriente, una vez dejó de lamerse el dedo–. ¿Estaba bueno?
Loki tomó aire discretamente y asintió, aunque la verdad es que ni siquiera le había prestado atención al sabor de los malditos crepes. Había estado demasiado ocupado intentando que no le diera un ataque al corazón o algo parecido.
–Habrá que felicitar a Janet al bajar –el rubio asintió para si mismo y volvió a prestarle atención a su plato, dispuesto a terminárselo en un par de bocados.
Loki decidió acabar también con su postre, aunque al principio pensó que se le había olvidado incluso cómo masticar y que terminaría ahogándose con la crema del pastel. Comer mientras aún sentía el fantasma de las caricias de Thor sobre los labios era endemoniadamente complicado, pero al final pudo dejar el plato vacío.
–La comida ha sido perfecta... –Thor se estiró un poco en su asiento y se recostó en la silla, complacido. Cerró los ojos un par de segundos e intentó no pensar en lo mucho que le había costado contenerse cuando Loki se había manchado los labios de chocolate. Como si no fueran bastante tentadores de por si. Había tenido la necesidad de limpiárselo con la boca, pero al final -y haciendo uso de toda su fuerza de voluntad- había conseguido reemplazar la lengua por el pulgar. En cualquier caso, la reacción de Loki había sido igualmente satisfactoria.
–Ya te dije que este era un buen sitio para comer –Loki se apoyó en la mesa y usó el tenedor para dibujar garabatos en los restos de nata que habían quedado en su plato.
–¿Y ahora qué? –quiso saber Thor, incorporándose un poco–. ¿Iremos al cine...?
Loki alzó una ceja y le echó un vistazo a su móvil para comprobar la hora.
–Aún falta un rato para la sesión de la tarde –dijo sin más.
–¿Entonces? –el rubio le echó una ojeada al exterior–. Podemos quedarnos un rato aquí si quieres, aunque me gustaría salir y ver algo del pueblo.
–¿Con el sol que hace? –se quejó Loki, aunque luego calló y adoptó una pose pensativa que prolongó durante unos segundos–. Bueno –dijo al final–, creo que hay un lugar al que podría llevarte.
–Oh, ¿me vas a llevar de excursión? –Thor se levantó de la silla y exhibió una de sus deslumbrantes sonrisas.
–Pero pórtate bien, ¿eh? –bromeó Loki abandonando también su asiento.
Un instante después ambos se encontraban en la planta baja, frente a la barra, esperando a que Janet -a la que Thor había colmado de elogios por la comida- les cobrara las consumiciones. El rubio intentó convencer a Loki para que le dejara pagarlo todo, pero él no dio su brazo a torcer y se empeñó en aportar su parte.
Alcanzaron la puerta del local mientras la voz de la camarera sonaba a sus espaldas pidiéndoles que regresaran pronto y que tuvieran un buen día, y en el exterior fueron recibidos por la cálida bofetada del verano.
–Pues sí que hace sol... –Thor se subió una mano a la frente y la usó de visera para intentar localizar su coche.
–Tranquilo, el lugar al que vamos estará a la sombra –dijo Loki, que había comenzado a caminar por la cera para alejarse de la cafetería–. Y no hace falta que cojas el coche, está bastante cerca.
Thor asintió y dio un par de zancadas para alcanzar a Loki y ponerse a caminar a su lado. Frente a ellos se extendía la calle Abbey, desierta y castigada por el sol. Resultaba evidente que los vecinos de Summerill sabían que no era prudente enfrentarse a las horas más calurosas del día.
–Espero que no me lo roben –murmuró Thor.
–¿Robarte el coche? –Loki chasqueó la lengua y negó con la cabeza–. Con lo soso que es Summerhill, ¿crees que algún delincuente decidiría quedarse aquí?
–Bueno, estás tú, ¿no? –el rubio le dedicó una sonrisa burlona y recibió un pequeño empujón como respuesta.
–Eres idiota.
Comida de gayers.
Bueno, y hasta aquí por hoy. Realmente espero poder subir el siguiente capítulo pronto. Hasta entonces espero que tengáis una semana maravillosa y que me dejéis vuestra opinión en los reviews (prometo que iré respondiendo los que pueda, asdasdasd). ¡Un abrazo y nos leemos pronto, bellas!
