Sé que las disculpas no son suficientes por semejante retraso.
Honestamente tuve un momento de lapsus donde me sentaba frente al computador y no salía nada. Y además, por causas de trabajo usé mi tiempo libre para hacer otras cosas, así que no escribí nada. Pero aquí está, listo y completo.
Es un capítulo crucial, aquí comienza el inicio del fin. Serán 30 capítulos, así que ya pueden ir haciendo conjeturas con lo que sucederá a continuación.
Gracias a todos los que me leen, y aunque sé que con estos semejantes retrasos pierdo lectoras de todos modos lo hago con cariño para cada uno de ustedes.

Desde ya pido disculpas si hay errores ortográficos, gramaticales o de cualquier otro tipo. Si tienen preguntas o sugerencias les agradecería que me lo dijeran para arreglarlo, sobretodo en estos capítulos que tienen muchísima información y tal vez no se entiendan algunas cosas.

Espero que lo disfruten.

Anya.-


Capítulo XXIV

El Árbol de los Malfoy

"Cuando la sangre se hereda como oro y vos brilláis como la plata, escondido seréis, muerto o incomprendido. Pero no esperéis que la familia tienda una mano, porque os habéis mancillado su nombre.- Abraxas Malfoy"

Sus ojos se fijaron en la delgada lluvia que golpeaba la ventana. Estuvo todo el día con los nervios de punta y con el corazón palpitante. Una vocecita graciosa llamó su atención y se giró para sonreírle a un pequeño niño que jugaba en el suelo con algunos juguetes. Un temblor recorrió su espalda mientras su memoria le traía recuerdos que le hacían arder el cerebro. Se apretó el tabique de la nariz y luego se pasó la mano por la cara, su cabello abruptamente cambió de un verde pálido a un gris cenizo.

—¿Aún no te vas a dormir? —preguntó una voz femenina, Teddy se giró. Sus ojos estaban caídos y cansados, una imagen deprimente para alguien tan joven.

—No puedo—dijo levantándose de su asiento y tomando al niño en brazos—, estoy preocupado.

La mujer frunció el ceño.

—Aún quedan dos semanas para luna llena, ¿qué ocurre? —quiso saber. Se acercó y le acarició la mejilla— ¿Ted?

El cabello volvió a cambiarle de color a un púrpura opaco, la mujer se alejó asustada. Él entornó la mirada hacia el campo que lucía tras la ventana empapada.

—Tengo estos sueños despierto otra vez…

—¿Otra vez, amor? —insistió ella preocupada, el niño se quejó y Teddy se lo entregó a su esposa— ¿qué fue ahora?

—Sigo viendo a… Harry—murmuró. Sus labios se fruncieron y la piel se le erizó, la mujer sostuvo al niño con un brazo mientras con el otro aferraba con fuerza la muñeca de su marido.

—Debes revisar esas imágenes cariño, no es normal que sueñes con él despierto. El pobre sujeto está muerto, tu conciencia te está matando.

Teddy abrió los ojos de manera desmesurada, sus manos sudaban frío.

—Eso es lo que me aterra, ¿por qué mi conciencia me hace sentir culpable por algo que nunca he hecho?

Ella suspiró y le dio un beso en la cabeza al niño que estaba en sus brazos, sus ojos se fijaron en los oscuros de él.

—¿Puedes estar seguro de eso? Nunca más volviste a saber de él.

—¡Porque el tipo era un asesino!

—¿Según quién, Ted? —le espetó su esposa, el niño soltó un gemido—, después de que lo metieron a prisión nunca más volviste a verlo, sólo te quedaste con las versiones de la familia. ¿Cómo puedes estar tan seguro que las cosas que pasaron son tal y cómo las presenciaste? ¡Eras un niño Ted!

—Pero yo lo vi…—murmuró con agonía—… lo recuerdo, pero…

—Pero no estás seguro si eso es real—añadió ella—me lo has repetido cientos de veces. Creo que deberías ir a Azkaban y averiguar qué ocurrió.

El cabello de Teddy repentinamente cobró un tono fucsia tenue.

—¿Crees que deba hacerlo?

La mujer sonrió y abrazó al niño para acomodarlo mientras se dormía en su hombro.

—Creo que tienes que hacer lo correcto, pero sólo tú sabes como hacerlo.

Le dio un beso suave en los labios y se alejó hacia la puerta, Teddy, aún con el cabello fucsia, se quedó en silencio un instante antes de llamarla.

—Victoire— ella se giró— gracias.

Ella le lanzó un beso y cerró la puerta. La lluvia afuera había terminado.

/

Harry recibió un gran vaso de cerveza sin siquiera fijarse que la mesera le estaba coqueteando. Hagrid le sonrió a la mujer intentando llamar su atención pero a diferencia de Harry, éste fracasó en el intento.

—Ya déjalo, Hagrid—rió Neville desde el otro lado de la barra— no te va a regalar otra cerveza sólo por sonreírle. Si Olympe supiera que le estás coqueteando a la hija de Rosmerta te corta en dos.

Hagrid refunfuñó.

—Sólo quiero que me regale una cerveza como lo hizo con Harry—se quejó mirando su vaso vacío. Harry suspiró.

—Lo hace porque le gusta Whitemore—dijo desanimado. Su vaso estaba medio lleno y le parecía poco apetitoso. Tenía la mente puesta en Ginny, en sus ojos, en su aroma, en su cara de mujer adulta.

Los años no habían pasado en vano para ella, y aunque se notaban sus años seguía siendo igual de hermosa ante sus ojos. Sintió un vacío en el estómago cuando la recordó vestida como dama de alta sociedad, y aborreció la imagen. Ginny siempre fue tajante en cuanto al dinero, y aunque nunca les sobró para vivir bien, ella jamás quiso verse ostentosa. Siempre cargaba vestidos ligeros y ropa liviana que en ningún caso revelaba su estatus. Así que verla con aquel fino traje en la reunión no hacía más que incrementar su odio hacia Valmorian. El sujeto no sólo le había comprado ropa nueva a su esposa, la había obligado a usarla y a lucirla como si fuera la reina de Inglaterra.

La mano que sostenía su vaso tembló y parte de la cerveza saltó al mesón.

—¡Harry! —gritó Neville agitando la mano sobre sus ojos. Harry parpadeó. No se había dado cuenta de que mantenía la mirada fija y con odio hacia un punto en medio de la pared. Neville lo escrutó seriamente—¿Estás bien?

—No Neville—admitió— no estoy bien, ni lo estaré hasta no salvar a mi familia de las garras de Valmorian.

Hagrid se irguió en su sitio nervioso.

—No digas su nombre en voz alta—susurró, Harry lo fulminó con la mirada.

—¿No me digas que tampoco puedo decir su nombre como Voldemort? —espetó furioso, algunas personas alrededor se voltearon alteradas, Neville lo agarró por los hombros y lo obligó a agachar la cabeza.

—¿Quieres calmarte? —le pidió enojado— ¡No puedes gritar eso en público! Aún el tema causa sensibilidad, ¡deja de llamar la atención!… ¡y de beber!

Neville le quitó el vaso de las manos y Harry se desquitó del agarre con una sacudida.

—Cobardes…—murmuró— le tienen miedo a un muerto cuando el verdadero peligro está a la cabeza del ministerio de magia.

—Será mejor que nos vayamos—sugirió Neville, Hagrid le dio la razón. Harry se levantó de la mesa sintiendo el peso del mundo sobre sus hombros. Sólo había bebido medio vaso de cerveza y sentía que la cabeza le iba a explotar.

Fueron caminando hacia el castillo seguramente esperando a que el aire frío enfriara la su cabeza, y algo funcionó.

Para cuando estaba instalado en la oficina de Kingsley el dolor de cabeza había pasado, pero la rabia acumulada seguía ahí.

—¿Acaso no estás usando la cabeza? —le dijo Kingsley masajeándose las sienes y recostado en el sillón tras el escritorio— ¿Cómo gritas el nombre de Valmorian? ¡Sabes que puede tener espías cerca! Este sujeto sabe que andas libre y que podrías venir a ocultarte al castillo, pero si vas a Hogsmade a gritarlo a los cuatro vientos creo que es mejor que te apuntes a ti mismo con una flecha que diga "¡Hey, amigo, aquí estoy!"

Harry hizo una mueca de fastidio.

—¿Estás gracioso hoy, no?

Kingsley achicó los ojos.

—Para nada—dijo, y se inclinó hacia delante apuntándolo con el dedo— escúchame bien Potter: comprendo que hayas tenido algún revuelco mental en esa cabezota tuya después de ver a Ginny, pero si te queda un poco de sentido común intenta pensar como el mago que eres y recuerda que si te vas a la mierda nos mandas a la mierda a todos, ¿estamos de acuerdo?

Harry se echó hacia atrás agarrándose a los brazos de la silla, Kingsley no sólo estaba enfadado sino que además parecía nervioso.

—¿Sucedió algo? —preguntó directamente, Kingsley achicó los ojos.

—Hagrid necesito que salgas, por favor—le ordenó al gigante que haciendo una mueca salió de la oficina. El silencio reinó mientras Harry intentaba comprender el nerviosismo del director.

—¿Me puedes decir qué es lo que está ocurriendo? —pidió, pero Kingsley ni siquiera lo miró.

—¿Crees que mereces saber lo que pasa después de tu comportamiento? —le reprochó, Harry se movió incómodo en su asiento.

—Ya dije que lo sentía—dijo cansado—¡pero el tema de Valmorian me saca de quicio!

—Entonces te aguantas—le exigió el otro—, vas a escuchar su nombre por un largo periodo, así que, o te acostumbras a escucharlo o te devuelves a Azkaban, ¿entendido?

Harry abrió los ojos como platos.

—No estarás hablando en serio…

—Yo nunca, y escúchame bien, nunca, he hablado más serio en toda mi vida—dijo lenta y pausadamente. Harry entornó los ojos sosteniéndole la mirada.

—¿Serías capaz de entregarme?

—Si sigues causándome dolores de cabeza como lo haces, sí—puntualizó masajeándose las sienes. Harry infló los labios y soltó una gran cantidad de aire. Después de haberse encontrado con Ginny parecía que nada iba a su favor.

—Me vas a decir lo que está pasando—le pidió más calmado, Kingsley lo miró como si lo evaluara, pero luego pareció decidir que estaba siendo muy duro y su semblante se relajó acentuando sus facciones.

—Draco hizo un descubrimiento—explicó, Harry se removió incómodo.

—¿Qué sería? —preguntó intentando aparentar tranquilidad.

Kingsley se pasó una mano por la boca y luego la bajó hasta la barbilla.

—Después de analizar el baúl de Abraxas se dio cuenta que habían papeles inservibles que no le eran de utilidad, hasta que Scorpius se puso a husmear.

—¿Y? ¿Encontró algo interesante?

Kingsley asintió con lentitud.

—En efecto, sí—admitió, y se levantó del asiento.

Caminó arrastrando su túnica hasta la ventana y se detuvo para contemplar el cielo nublado.

—¿Kingsley?—insistió Harry intrigado, el director giró su cabeza quedando de perfil. Las sombras de la ventana proyectaban líneas rectas que lo hacían parecer una estatua tallada.

—Draco iba a eliminar muchos papeles que tenía el baúl, la mayoría eran archivos, datos viejos y números de cuenta que no ya no tienen valor. Pero además estaba muy bien conservado un viejo árbol genealógico de toda la dinastía Malfoy y Black.

Harry volvió a removerse en el asiento apoyando su pie derecho sobre la rodilla izquierda.

—Explícate—le pidió, y apoyó el codo en la mesa y el mentón en la mano.

Kingsley se volteó, la luz de la ventana dibujó un halo a su alrededor oscureciéndole el rostro.

—Scorpius descubrió algunas irregularidades en el árbol que con Lily están tratando de resolver.

—¿Con Lily? —preguntó aún más intrigado— ¿por qué ella?

—Porque Lily sabe usar las pociones, algo que ninguno de los otros idiotas sabe hacer por no poner atención en clases.

Harry esbozó un amago de sonrisa.

—¿Y qué es lo que descubrieron? ¿Tiene algo que ver con Valmorian?

—No lo sé, no creo, pero es importante—dijo levantando los hombros y saliendo de la sombra. Su rostro se veía terriblemente más avejentado de lo normal—. Pero es preocupante saber que puedan existir legados de la familia Malfoy y Black sueltos por ahí. Significaría que hay mortifagos ahí afuera de los que nadie sabe su existencia.

Harry resopló.

—Pero en el fondo no tiene nada que ver con Valmorian—dijo frustrado volviendo a apoyar los dos pies en el suelo—. Sólo envíen un par de aurores a buscarlos, a mí me interesa saber de Valmorian, pero si no tiene relación con él…

—Eso no tienes cómo saberlo—susurró Kingsley tomando asiento nuevamente, Harry lo miró ceñudo.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Quiero decir que todo puede ser. No hay que descartar ninguna posibilidad—esta vez fue el director el que resopló frustrado—. Draco quería tirar ese árbol a la basura por los malos recuerdos, pero fue Scorpius quien por meter su nariz donde no debía encontró cosas muy interesantes. ¿Quién sabe? Tal vez alguno de esos sujetos ligados a los Malfoy sepan de dónde salió Valmorian.

Harry pareció pensarlo y repentinamente la idea no le pareció tan descabellada.

—¿Dónde está?

—¿El árbol? —Harry asintió— en la cabaña, pero no podrás ir a verlo hasta el sábado.

—¿Y cómo Lily…?

—Lily aún no va, pero Scorpius ya le pidió algunas cosas que tal vez puedan servir para descubrir la información que está eliminada.

Harry se rascó la cabeza y la curiosidad lo picó.

—Kingsley, —el director lo miró—, ¿por qué necesitan a Lily? ¿Qué tiene el árbol que no pueden saber lo que dice?

El director dibujó una mueca de frustración.

—Tu sabes que antiguamente las familias que solían llamarse a sí mismas "sangre pura" no aceptaban tener una mala descendencia—Harry asintió aún sin comprender a donde Kingsley quería llegar—, bueno, cuando eso sucedía los mismos padres intentaban desaparecer el nombre de sus hijos del árbol genealógico para que no quedara registro de su existencia. Pero como el árbol se escribía con magia automáticamente finalmente quedaba una mancha quemada sobre el nombre.

—Sí, recuerdo eso—murmuró Harry recordando el árbol de los Black en la casa de Sirius y las grandes manchas producidas con fuego sobre el nombre de su padrino.

—Bien—Kingsley suspiró— Draco dijo que en su casa tenían un solo árbol ligado a los Black que era absolutamente impecable.

Harry soltó una risa sarcástica.

—Y probablemente lo mandaron a hacer omitiendo los descendientes que arruinaban el nombre de la familia para que pareciera limpio.

—La cuestión es—puntualizó Kingsley haciendo caso omiso del comentario — es que el árbol de Abraxas es anterior al que Draco tenía en su mansión, por lo tanto…

—Tiene a todos los descendientes de la familia en generaciones—comprendió Harry.

—Así es, y no te imaginarás qué encontró Scorpius en ese árbol.

—No, no me lo imagino—admitió Harry, Kingsley se apoyó sobre la mesa y se acercó a él.

—El nombre de Bellatrix tiene una mancha justo debajo de su línea que la liga a Rodolphus.

/

Harry salió del despacho con un vacío en el estómago. No tenía ni siquiera tiempo para pensar en cómo acabar a Valmorian y sucedía esto.

Si Bellatrix había tenido descendencia sólo implicaba que algún sicópata anduviera suelto. Y habiendo conocido a Bellatrix como seguramente la conoció, ese personaje no sería más que un dolor de cabeza.

Se detuvo para apoyarse un rato contra el muro y pensó en las posibilidades. Si Bellatrix había tenido un hijo, o una hija, ¿dónde estaba? ¿Por qué jamás había dado la cara? ¿Lo había visto encerrado en Azkaban, tal vez?

O seguramente, conociendo el linaje de pureza de los Black, tal vez la misma Bellatrix había asesinado a su propio hijo por ser un squib.

Existían un millón de teorías posibles para dar con el paradero de ese heredero, pero ninguna le hacía sentido si no tenía nada que ver con Valmorian.

Por el momento prefirió olvidarse del tema y seguir con el plan original. Salvar a Ginny y a James seguía siendo su prioridad, y no podía dejarse llevar por cosas externas a eso. Debía hablar con Lily, involucrarse en el tema de Bellatrix sólo la iba a alejar del plan que los había unido.

Lamentablemente no tenía como verse con Lily ni podía parecer muy desesperado. Si debía esperar hasta el viernes para verla debía aguardar pacientemente y en el intertanto averiguar más cosas sobre Valmorian y Ginny.

Su menté vagó un instante en medio de su primera clase recordando a su esposa cuando un hechizo le golpeó de lleno en la cara tirándolo al suelo. Miles de carcajadas se esparcieron en el salón y con surte logró darse cuenta que tenía una ceja quemada.

Se levantó aturdido sujetándose del borde del escritorio. El mismo chico regordete que había visto en una de sus fichas, rojo hasta las orejas, estaba parado en mitad del salón rodeado por sus compañeros que se reían de él.

—¡Ya basta! —exigió reparándose la ceja quemada con su propia varita. No había alcanzado a parpadear cuando su rostro quedó como nuevo. Miró a la varita con respeto e impresión y la escondió en el bolsillo de su chaqueta. Observó el salón, los alumnos estaban en silencio, algunos aguantaban las risas y otros parecían tener miedo de ser castigados, pero sus ojos estaban enfocados en el muchachito que había provocado el accidente—¿qué ocurrió?

—Yo…—balbuceó el chiquillo, Harry se cruzó de brazos.

—¿Qué ocurrió? —repitió, entonces una de sus alumnas de piel morena y ojos rasgados levantó la mano, Harry movió la cabeza—¿Señorita Shew?

La chica espiró profundo y dio un paso adelante.

—Lo estaban molestando profesor, lo retaron a que no podía hacer un hechizo.

Varios rumores se esparcieron por la sala, la cabeza de Harry zumbaba.

—¡Silencio! —exigió, todos cerraron sus bocas y caminó hacia el chico.

—¿Es eso cierto? —le preguntó, el niño movió la cabeza con lentitud, temiendo seguramente porque sus compañeros le hicieran algo.

—Ya veo…

Se movió lentamente y camino un par de pasos mirando cada uno de los rostros de sus alumnos. Se detuvo al final del salón y cerró los ojos.

Nunca fue buen oclumántico, pero al menos sabía distinguir las expresiones de los alumnos que ocasionaban problemas. Además, sabía qué abusadores molestaban al chiquillo.

—Wilson, Hobbs, vayan a la oficina del director—zanjo con la voz tranquila. Dos chicos, uno igual de moreno que la niña y otro pelirrojo, se voltearon a verlo con los ojos como platos.

Ninguno dijo nada, cada uno tomó sus pertenencias y salieron en silencio del salón. El chiquillo regordete temblaba, Harry caminó en medio del silencio y lo miró con tranquilidad, aunque estaba más bien practicando su paciencia.

—Sé que tienes problemas con los abusadores pero debes aprender a defenderte sin caer en su juego—le dijo. El chico bajó la cabeza— mírame—le pidió—: eres un buen alumno Chubby, no hagas caso a lo que te dicen, procura demostrarles que por mucho que sus burlas te duelan en realidad no te afectan. Sólo así te dejarán tranquilo. Su poder está en hacer sufrir a los demás, si eres un blanco fácil te lo van a hacer difícil. Demuéstrales que no te importa y verás que te dejarán en paz.

—Pero se burlaron de mi madre—dijo temblando, Harry suspiró—.Me dijeron que era una vaca gorda y fea y que por eso no sé hacer bien los hechizos.

—Toda la vida vas a encontrarte con sujetos como estos Chubby—le explicó con calma, su cabeza zumbaba por todos los rincones, necesitaba una siesta—, siempre va a haber alguien que se va a burlar de tu madre, de tus hermanas, de tu novia, incluso ti mismo. Es nuestra debilidad, atacan lo que queremos. Nos desarman con palabras, pero es sólo eso, palabras. Tú sabes quién eres, pero si caes en su juego les estás dando la oportunidad de que se sigan burlando de ti. Demuéstrales que eres mucho más de lo que ellos creen.

El chico asintió y esbozó una ligera sonrisa, Harry movió la cabeza agradeciendo el gesto.

—Y cuando quieras hacer un hechizo de alto alcance afirma bien la varita y apunta fijamente a tu blanco usando la curva como referencia, tú controlas la varita, no ella a ti—dijo apuntándose la ceja, el chico soltó una risita y Harry se relajó.

—Gracias profesor.

No estaba para dar sermones, pero tampoco soportaba ver a un chico inocente ser víctima de las burlas de dos idiotas.

A la hora del receso se encaminó hacia su oficina y se sentó de un solo golpe sobre el cómodo sillón que aguardaba delante de la chimenea encendida. Se masajeó las sienes y suspiró. Agarró una copa de vino que ya estaba servida y colocada sobre una mesita de tres patas y se recostó en el respaldo del sofá.

Su cabeza zumbaba, sentía que tenía un enjambre de avispas en su interior y no sabía cómo detener la molestia. Entonces todo se oscureció, y la copa de vino estalló en el suelo.

Caminaba por un estrecho pasillo con olor a humedad. Se preguntaba qué hacía y cómo había llegado ahí, pero su cuerpo tenía vida propia. Al final del pasillo se divisaba una luz amarillenta, cuando giró en la esquina se encontró con una lámpara de aceite colocada sobre una mesa vieja repleta de papeles. A un costado había un cuadro antiguo retratado con un anciano.

Se acercó, estaba eufórico. Sobre la mesa había una capsula de cristal plana que se asemejaba a un plato. En el interior algo burbujeaba, el olor era insoportable. Se colocó una mano en la boca para no sentir la pestilencia y se sorprendió al percibir la piel reseca y callosa.

Se inclinó hacia el cuadro y lo recogió. En su interior el habitante de la pintura se retorcía y chocaba con todos los bordes al ser manipulado. Harry dejó el cuadro sobre la silla que estaba a un lado de la mesa y lo contempló con detención.

¡Lo conoce! El pobre Sir Bishap temblaba como un ratón asustado. Intentó escapar por los bordes y cruelmente se dio cuenta de que lo encontraba gracioso. Una risa amarga y mucho más ronca que su voz, o que la de Whitemore, escapó de sus labios. No lo comprendió, pero ver al hombrecillo asustado le causó placer.

Entonces se acercó, y colocó una mano en el cuadro deteniendo a Bishap por el abdomen, el viejo se retorció, estaba muerto de miedo.

—Por… por favor, no me haga daño, se…señor, se…lo…lo suplico—lloraba, y él rió ante lo patético que se veía.

—Podrías haberlo pensado antes de hablar de mí en el colegio—susurró. Su voz era acida. Se estremeció. ¿Qué estaba ocurriendo? Y es cuando notó que la manga que le cubría el brazo era verde y brillante, el corazón se le agitó— Acabemos con esto, ¿quieres?

El hombrecillo gritó con horror, y él con la mano libre agarró el frasco. Intentó gritar, mover las manos para evitar hacer algo con el contenido, pero su cuerpo repentinamente fue sacado de esa oscuridad y arrastrado hacia arriba como si estuviese viajando a través de la red flú.

Cuando abrió los ojos aún estaba en el sofá pero se había deslizado un par de centímetros por el cojín quedando con las piernas sobre el suelo. Su camisa apestaba a vino y el fuego ya casi se había apagado. La cabeza le martilleaba como bombo en fiesta y el cuerpo lo tenía acalambrado.

Se levantó con lentitud del suelo afirmándose de la mesita donde estaba apoyada la botella de vino. Miró el reloj sobre la chimenea y se impresionó de ver que ya eran pasadas las seis. Se pasó una mano por la cara y giró la cabeza hacia la ventana. Afuera una tormenta mojaba la ventana con una cortina de lluvia, estaba oscuro.

Pestañeó un par de veces cuando se dio cuenta que veía borroso, sus lentes estaban colgando de su pecho. Cuando se los acomodó en la cara la visión se aclaró, pero en su cabeza la niebla de aquel último sueño lo mantenía aún atontado.

Tardó un par de segundos antes de reaccionar y salir corriendo del despacho. Casi choca con la armadura que cuida su puerta cuando quiso lanzarse contra la pared contigua donde se alojaba el cuadro de Sir Bishap. Todos sus temores se hicieron presentes cuando La pintura del hombrecillo era representada por la anciana en la mecedora. Se pasó la lengua por los labios e inhaló con profundidad, la mujer dio un salto en su silla al estar media dormida y miró a Harry con cara de pocos amigos. Éste se apoyó en el marco pasando por alto la mirada de advertencia de la mujer y tomó aire.

—¿Sabe dónde está el hombre que usa su cuadro? —preguntó sintiendo los pálpitos del corazón por su cabeza, la vieja frunció el seño y un gato negro saltó a sus piernas.

—No sé de que me habla, ¿no le han dicho que es mala educación despertar a la gente?

Harry cerró los ojos pacientemente.

—Le pido disculpas por ser tan descortés—contestó con sarcasmo—, le vuelvo a repetir, amablemente, ¿dónde está el hombre que ha habitado su cuadro otras veces?

La mujer frunció nuevamente el ceño y lo contempló como si estuviera loco.

—De verdad no sé de que me habla—contestó molesta— este es mi cuadro, mi hogar y nadie entra en él, ni siquiera los vecinos.

Harry sintió que un balde de agua helada se le deslizaba por la espalda, recordar aquel sueño le colocaba los pelos de punta.

—Por favor madame—dijo lo más cortésmente que pudo—, necesito que me ayude.

La mujer lo miró de costado mientras acariciaba al gato que ronroneaba ruidosamente. Se meció en la silla y suspiró.

—Cuando duermo hay algunos imprudentes que se cuelan en mi pintura para atravesar de un marco a otro—le contó, Harry sintió como le bullía la sangre—, por supuesto no siempre les da resultado ya que los atrapo antes de que suceda.

Harry se pasó una mano por el cabello de Whitemore y apretó los labios.

—Yo vi hace un par de noches a un hombrecillo en su pintura, ¿de verdad, verdad, no sabe nada de él? Por favor no me mienta, es de vida o muerte.

La mujer alzó una ceja y el gato se retorció en sus manos mientras se giraba para cambiar de posición. El silencio se hizo más largo de lo que hubiese esperado, y cuando se dio cuenta de que ya no iba a recibir respuesta y se dispuso a marchar ella lo detuvo.

—Sólo uno irrumpió mi barrera—dijo con suavidad—, pero era una pintura legalizada—dijo muy bajito, casi en un susurro, Harry frunció el ceño.

—¿A qué se refiere? —preguntó acercándose, la mujer se levantó de la silla y el gato con un maullido cayó a sus pies. Se acercó despacio hasta el marco más próximo al rostro de Harry, de cerca parecía aún más vieja.

—Hay pinturas que pertenecen legalmente al ministerio de magia. Ese cuadro del que me habla tiene prohibido moverse a lugares que no pertenezcan a su área—susurró, Harry se rascó la cabeza.

—¿Entonces ese cuadro pertenece al gobierno?

La mujer movió la cabeza dubitativa.

—Algo así—contestó frunciendo los labios—, si se apareció por acá debió ser por alguna razón poderosa porque fue muy arriesgado.

—¿Y por qué no me lo dijo cuando se lo pregunté?

La mujer por primera vez rió, pero su risa fue amarga, casi escalofriante, muchos gatos comenzaron a llenar la pintura salidos de los costados.

—Porque las pinturas del gobierno son vigiladas, y si pasó por aquí, ¿no cree que su dueño pueda estar espiándome?

Harry sintió que se le humedecían las manos. La vieja dibujó una sonrisa torcida y se giró con fuerza.

—Ahora largo, que quiero dormir—exigió.

Harry se alejó lentamente viendo de reojo como la mujer volvía a la silla con sus diez gatos rodeándola lentamente. No podía estar pasando realmente lo que él creía.

/

La semana transcurrió más lenta de lo que él habría querido. La conversación que tuvo con Kingsley posterior a su sueño y a los datos que le había entregado la anciana le hizo ver que realmente el peligro podría estar a la vuelta de la esquina.

El director le aconsejó ausentarse durante la semana a sus clases y le hizo llegar a Lily la información necesaria a través de Neville para que ésta no se preocupara por él.

Las ganas que tenía de ver a su hija hicieron que los días transcurrieran con una lentitud avasalladora. Esperar hasta el sábado se había transformado en un martirio, y el viernes por la noche a penas pudo dormir.

Por suerte para cuando llegó el fin de semana y se reunieron en la cabaña del bosque las cosas finalmente tomaron el curso que desde hace tiempo todos estaban esperando.

Scorpius se encontraba junto con Lily y Albus sobre la mesa del comedor con un gran mural que caía hasta el suelo. Los tres chicos estaban encorvados sobre la mesa vertiendo una gran cantidad de líquidos y polvos sobre los dibujos que se enredaban como ramas de árboles. Harry los miraba desde atrás, intentando ver algo. Draco le había explicado que Scorpius había seguido las instrucciones de Lily para preparar las pociones que revelaran lo que existía debajo de los nombres quemados, pero hasta ese momento nada había dado resultados esperados.

Incluso hubo un momento que tuvieron que salir de la cabaña debido a una nube tóxica de color morado que se expandió por los alrededores. El olor era tan pestilente que tuvieron que almorzar sentados en el suelo, afuera, y con la amenaza de lluvia sobre sus cabezas.

—¿Aún nada? —preguntó Harry cuando pudieron regresar a la cabaña al anochecer. Draco y Kingsley se habían ido a dormir y él se había mantenido en pie para quedarse con los jóvenes. Lily se pasó una mano por la cabeza húmeda. Había trabajado todo el día sobre un caldero y sus mechas rojas estaban disparadas igual que un payaso.

—No es tan fácil, realmente los Lestrange no querían que se supiera que existía un descendiente, el nombre está imposible de revelar.

—Insisto en que es una mala idea—dijo Albus con voz de somnolencia recostado sobre el sofá con un brazo sobre los ojos.

—¿Por qué sigues con eso?—le contestó Scorpius tan cansado como él.

—Porque no tiene nada que ver con mamá ni con Valmorian—se quejó Albus quitándose el brazo de la cara— ¿de qué servirá saber si los Lestrange tuvieron un hijo?

—Servirá si éste tipo está vivo y conoció a Valmorian alguna vez—contestó Lily con la nariz roja producto del calor. De todos los que estaban en la cabaña Lily era la única que parecía estar vestida para ir a la playa—, ¿qué no lo entiendes? Es la mejor pista que tenemos hasta ahora.

—¿Y si está muerto? ¿Sí los Lestrange lo mataron? ¿De qué servirá tener alguna pista? Sólo servirá para agregar un mortifago más a la lista —contestó Albus molesto, se sentó en el sillón y fulminó a su hermana con la mirada— Creo que estamos perdiendo el tiempo.

Harry observó a su hijo, sus ojos verdes estaban rojos de cansancio y su expresión llena de rabia. Tenía ganas de abrazarlo y de hablar con él como el padre que era, pero sentía que aún no tenía el derecho. Así que se le acercó y se sentó sobre la mesita ratona que estaba a los pies del sofá.

—Albus, —lo llamó, el chico levantó la cabeza y lo miró a los ojos, vio dolor y rabia, y no le impresionó— entiendo a qué te refieres. Pero también debes comprender que cualquier cosa, por muy mínima que sea, nos puede servir para rescatar a tu madre.

—¿En qué? —le espetó— dime ¿de qué va a servir saber que Bellatrix Lestrange tuvo un hijo? ¿Qué haremos cuando descubramos su nombre y no nos sirva de nada?

—¿Por qué? —se escuchó gritar enojado a Scorpius— ¿por qué eres tan negativo respecto a todo? ¿Por qué crees que no va servir de nada?

—¡Porque saber si existen miles de mortifagos con vida sean hijos de quien sean no van a traer de vuelta la cordura de mi madre! —contestó Albus con un grito levantándose de golpe, Harry se levantó con él y se interpuso entre ambos chicos, aunque estaban racionalmente lejos uno del otro.

—¡Eso no lo sabes!

—¡Y no quiero saberlo! —Le contestó Albus con lágrimas en los ojos. Miró a Harry, pero éste sólo pudo darle consuelo apretándole el hombro, realmente no sabía qué hacer— No quiero probar miles de experimentos... no quiero saber si existen personas allá afuera que conozcan a Valmorian, yo sé quién es, vive en mi casa, no se esconde de nadie, lo tengo frente a mi nariz, es cosa de asestarle una maldición y asunto acabado—dijo con más calma mirando a Harry. La emoción que sentía en ese momento no podía comprarse con otra.

—Sabes que eso es lo que vamos a hacer—dijo apretándole más el hombro como señal de promesa— pero debes dejar que tu hermana haga este trabajo. Todas las cosas sirven, nada es al azar Albus. Aunque yo quisiera entrar a la casa y sacar a tu madre de ella como un héroe no podría. Hay que hacer las cosas bien.

Albus frunció el seño e inhaló profundamente. Se quitó la mano de Harry con tranquilidad y miró a Scorpius que estaba tan acalorado como Lily.

—Iré a dormir—anunció sin emoción— si logran encontrar algo interesante no me despierten.

—No será necesario—interrumpió Lily entusiasmada y con el cabello disparado en todas direcciones— ¡porque acabo de descubrirlo!

No pasó ningún instante cuando todos rodeaban la mesa, incluso Draco y Kingsley cubiertos con una bata de dormir.

Efectivamente la poción que Lily había mezclado estaba comenzando a corroer la quemadura. Albus se hizo el desinteresado pero Harry lo descubrió de reojo mirando el mural.

Kingsley los apartó a todos y colgó el árbol en la muralla para poder verlo mejor, la mancha poco a poco se volvía blanca y lechosa. El fondo verde satinado que ostentaba el árbol de los Malfoy estaba siendo poco a poco corroído por la poción de Lily dejando entrever nuevas líneas y curvas.

Todos se acercaron lentamente hasta que unas rimbombantes letras hicieron aparición debajo del agujero de la quemadura. Harry frunció el ceño.

—¿Qué dice?

—Genial, tanto trabajo para que no entendamos la letra de los Black—dijo Draco con sarcasmo, atrás, Albus lanzó una risita.

—No digan que no les advertí—parecía realmente divertido.

—¡Esperen! —los atajó Kingsley, todos miraron al director mientras éste lentamente se acercaba al mural— Se lee perfectamente…—susurró intrigado.

—¿Qué dice? —preguntaron Harry y Draco a la vez, Kingsley se giró con el ceño fruncido y los brazos cruzados.

—"Lothus"—contestó despacio— Bellatrix tuvo un hijo hombre.

—¿Lothus? —repitió Harry, incluso Albus se veía intrigado— ¿Lothus Lestrange? — Kingsley negó con la cabeza y miró el mural nuevamente.

—No. Lothus Black —dijo sorprendido—la línea genealógica nace de Bellatrix, no está unida Rodolphus.

Y fue cuando Harry realmente sintió que la sangre se le congelaba.

El tema de Lothus fue algo que no dejó dormir a nadie. Ya a la madrugada Kingsley con su bata púrpura se paseaba por toda la sala como si quisiera lucirla, pero en realidad estaba tan preocupado como el resto. Harry sabía que los jóvenes no comprendían completamente la historia de Bellatrix y los mortifagos más de lo que ya estaba escrito sobre Voldemort, así que era una ardua labor contar la historia desde el principio.

Harry les relató lo que sabía de Bellatrix y por un momento se sintió aliviado de tener que preocuparse de algo que no fuera Valmorian, incluso Albus parecía más interesado en el tema que el resto.

Draco se había metido de nariz en los libros del estante, una faceta que Harry aún no asimilaba. Se veía intrigado en uno en especial dedicado a su abuelo, y por su expresión parecía que se estaba estrujando el cerebro por intentar comprender lo que decía.

—Ya déjalo Malfoy—le dijo Harry cuando Kingsley se marchó a dormir y se dio cuenta que eran casi las cinco de la mañana— tenemos que descansar, mañana seguiremos investigando.

—Es que no entiendes—murmuró preocupado. En los sillones Lily y Albus dormían sobre los hombros de Scorpius, Harry los miró y con la varita atrajo una manta para cubrirlos.

—¿Qué pasa?

Draco le enseñó el libro.

—Ese nombre lo he oído antes—susurró— pero no recuerdo dónde, creí que aquí saldría algo, pero no hay nada.

— Tal vez en el trabajo —bostezó Harry—, Lothus no es un nombre tan raro, cualquiera podría llamarse así.

Draco lo miró preocupado y por primera vez en toda su existencia Harry se preguntó si alguien habría cambiado a Draco Malfoy por otra persona.

—La familia Black era conocida por sus nombres irrepetibles, cada Black y Malfoy nacido fue registrado bajo un hechizo intocable.

Harry frunció el ceño, si bien en su época de Auror vivía metido en el ministerio jamás cruzó palabras con el departamento notarial.

—No comprendo—admitió, Draco cerró el libro de golpe y Scorpius dio una sacudida arrojando a Albus al otro lado del sofá, pero ninguno se despertó.

—Los nombres de mi familia están registrados para que nadie los use jamás—explicó, Harry abrió los ojos con sorpresa— la ley fue escrita hace siglos, mi abuelo intentó cambiarla pero no pudo hacerlo porque está legalizada con un encantamiento.

—¿Eso quiere decir que eres el único mago que se llama Draco? —preguntó con tono de burla, Draco achicó los ojos.

—Eso, búrlate idiota, ¿qué acaso no te das cuenta lo que te quiero decir? —gruñó exasperado—, si cada miembro de mi familia ostenta un único nombre en toda la comunidad mágica, ¿cómo crees posible que haya escuchado el nombre de Lothus dos veces si no se puede?

El corazón de Harry se detuvo lentamente, sacudió la cabeza y se apretó los ojos con la mano cuando el sueño, el cansancio y el estrés comenzaron a hacer mella en su cuerpo.

—Pero si Bellatrix asesinó a ese niño, o lo abandonó, o nunca lo registró como su hijo, ¿no crees que ese nombre pueda estar libre de la ley? —preguntó esperanzado, Draco soltó una risa burlona que le hizo recordar su época escolar.

—No es un encantamiento que se firme Potter, está en la sangre—afirmó tajante—, cada miembro de la familia Malfoy que nace se registra automáticamente. Scorpius es único, y si tu hija…—pausó para tragar saliva mientras hacía una mueca de asco— se casa con… mi hijo—pausó nuevamente y Harry lo imitó con la mueca—, sus… hijos van a tener nombres únicos. Está en la ley.

—Entonces Lothus es único—comprendió finalmente y Draco le dio una palmada en el brazo.

—Único como tu estupidez—dijo—. Lo que me preocupa realmente es no recordar dónde lo escuché.

—Bien…—Harry volvió a bostezar— el lunes cuando vuelvas al ministerio intenta averiguarlo, yo intentaré hallarlo por mis propios medios—Draco lo miró ceñudo—. Ya que Hermione sabe la verdad creo que un poco de cerebro nos servirá para desenredar todo este lío. Tal vez Albus tiene razón y con este tema sólo nos estamos desviando del que de verdad importa.

—¿Y si no es así? —susurró Draco con tono de advertencia— ¿Y si este sujeto realmente está vivo?

—De ser así ¿por qué crees que Valmorian lo buscaría? —comenzaba a encontrarle razón al argumento de Albus, aunque muy en su interior el miedo era saber que estaba vivo el hijo de la propia Bellatrix.

—Si Valmorian es un mortifago, ¿no crees que tratará de llegar a quienes estuvieron más cerca de Voldemort? ¿No crees que un hijo de Bellatrix sería mucho mejor que buscar a cobardes que se dejaron atrapar?

Harry suspiró, pero más por temor al imaginarse lo que ese monstruo podría estar tramando. Las teorías de Draco no eran tan descabelladas.

—Está bien—aceptó finalmente— investigaremos sobre Lothus Lestrange, pero si el tema se desvía volveremos a enfocarnos a lo del principio.

—Una cosa—agregó Draco bajito mirando de reojo a Scorpius que dormía con la boca abierta, Harry se quitó los lentes y se rascó los ojos con cansancio— Scor irá el lunes al herbolario con el permiso que le concedió Valmorian en la reunión.

—¿Y cómo va a hacer para que el desgraciado no lo recuerde?

Draco sonrió peligrosamente.

—Eso no va a pasar—le contó— ¿recuerdas que consiguió la llave en la reunión?— Harry asintió, pero se veía seguro.

—¿Cómo podemos asegurar que Valmorian no lo seguirá? Era una droga muggle Malfoy, Scorpius puede tener la llave pero este tipo no es idiota.

La sonrisa de Draco se agrandó, Harry arqueó una ceja.

—Porque mi hijo piensa en todo, es un Malfoy ¿ya lo olvidaste?—Harry abrió la boca para decir algo, pero Draco lo interrumpió— mientras tú pierdes el tiempo discutiendo con tus alumnos en clases, sí, lo sé—agregó—, Scorpius trabajó arduamente para conseguir que Valmorian viajara a una reunión del mundial de Quidditch del próximo año, ¿sabes dónde va a ser?

Harry hizo una mueca de fastidio.

—No estoy de ánimos para hablar de Quidditch, Malfoy—se quejó, pero Draco le devolvió una sonrisa socarrona.

—Será en Egipto— contestó estrechando sus manos malévolamente— un viaje mágico de tres días con paradas en Francia, Grecia y Turquia. Si vuelve antes o si viaja rápido, ya sabes, puede despartirse.

Harry finalmente puso atención, en el reloj de pie sonó una suave campanada que indicaban las seis de la mañana.

—Eso quiere decir que no estará durante tres días en su guarida.

—Tiempo suficiente para entrar y rescatar la información necesaria que lo pueda delatar—dijo complacido dejando el libro en el estante. Harry sonrió cansado.

—Es un buen plan—admitió finalmente sintiendo que algo se liberaba de su espalda, Draco bostezo.

—Te lo dije—sonrió honestamente y luego le dio un golpe en el brazo— Me iré a dormir, también deberías descansar, buenas noches Potter—se detuvo y rió— es decir, buenos días.

Harry esbozó una sonrisa cuando una leve resolana azulina comenzó a iluminar la sala.

—Buenos días—rió. Draco caminó hacia la escalera, Harry se quedó quieto un instante en la sala y se giró— Malfoy—llamó, el aludido se giró cuando ya estaba en mitad de camino— gracias.

Draco movió la cabeza y siguió subiendo.

Finalmente Harry se dejó caer sobre uno de los sofás y cerró los ojos olvidándose de su existencia para soñar con mujeres pelirrojas, jóvenes con rostro de serpiente y flores de loto marchitas.

/

No fue agradable pasar todo el domingo especulando sobre el supuesto hijo de Bellatrix. Aunque había dormido poco, Harry se encerró en la cabaña junto a los chicos, Kingsley y Draco para escapar de una ruda tormenta, y no les quedó más que discutir y sacar conclusiones. Pero más allá del vago recuerdo de Malfoy por haber oído el nombre de Lothus no pudieron hacer nada más.

Harry también los puso al día sobre el encuentro con la anciana del cuadro y su sueño, por supuesto todos adivinaron qué era lo que estaba sucediendo y Scorpius más que nunca prometió a primera hora del lunes ir a meterse al herbolario a buscar pistas, y Kingsley decidió que era hora de sacar el retrato de la pared para impedir cualquier atentado de espionaje.

Para cuando partieron de regreso a Hogwarts la tormenta no cesó. Harry se lamentó haber ido solo con Kingsley ya que para no levantar sospechas no podía llegar junto con Lily al colegio. La noche estaba oscura y densa y la lluvia sólo la hacía más aterradora de lo que ya era. O simplemente era que su vida se había enredado más de lo que hubiera querido.

Un carruaje guiado por Thestrals los dejó en la entrada de los cerdos alados. Kingsley se cubrió la cabeza con un elegante paraguas negro y desapareció rápidamente para que no fuera visto llegando con otro profesor a altas horas de la noche. Harry frunció los labios poco agradecido al ver como el director se alejaba corriendo hasta la entrada.

—Me encanta que sea tan colaborativo—murmuró molesto cuando bajaba del carruaje justo cuando metía el pie en un charco de lodo— genial—masculló sarcástico.

Con el otro pie saltó el charco y apenas quedo fuera del carruaje éste partió con velocidad lejos de su vista. La lluvia caía incesante y hasta los lentes los tenía mojados. Con un poco de suerte consiguió abrir su paraguas y usar la varita para limpiar el desastre de sus pantalones, secarse el cabello y girarse hacia el castillo. Cientos de ventanitas estaban alumbradas, sonrió, estaba a sólo unos pocos pasos de comida caliente y abrigo.

Pero apenas logró dar un paso cuando detrás, a su espalda, escuchó un sonoro "crac".

La columna se le congeló y el corazón se le disparó desbocado. Se suponía que nadie podía aparecerse cerca del colegio y sin embargo alguien lo había conseguido.

Agarró la varita con fuerza, si lo habían descubierto tenía que luchar, no iba a dejarse vencer tan fácil, además, era humillante morir enlodado.

Entonces escuchó un gemido, un sonido sutil y suave. Se giró lentamente aún con la varita en mano y sin pensarlo la dejó caer al suelo junto con el paraguas. Ahí, delante de sus ojos una desorientada y empapada Ginny lo miraba contrariada.

—Ginny—susurró y corrió hacia ella quien ni siquiera se inmutó con su presencia—¿Qué ocurrió? —preguntó quitándose la chaqueta y colocándosela encima, la mujer— ¿Qué haces aquí?

Ella parpadeó confundida, sus labios temblaban, estaba muerta de frío, apenas vestía un largo camisón.

—Yo…no sé, yo…

—Ven—le dijo tomándola por los hombros—adentro hay comida y agua caliente.

—¡No! —gritó aferrándose a su pecho con desesperación viendo por primera vez una luz de lucidez en los ojos de su esposa—quería verte—susurró. Su corazón cayó al piso, nada podía ser más surreal que ese momento.

—Tienes que marcharte—le dijo intentando mantener la compostura, ella agitó la cabeza desesperada.

—No sé por qué…—murmuró temblando— yo, sólo…extraño tanto—dijo abrazándose a su pecho, Harry le devolvió el abrazo y ni se preocupó de que la lluvia lo estuviera empapando por completo.

—¿A quién? —se arriesgó a preguntar— ¿a quién extrañas?

Ginny se separó lentamente y lo empujó con suavidad para mirarlo a los ojos, Harry sintió la mirada intensa de su esposa y rogó porque no fuera un sueño.

—A…ti—susurró—No he dejado de pensar en ti…pensaba en ti y llegué aquí… te conozco… siento que te conozco de toda la vida…

Y antes de que pudiera articular palabra Ginny lo agarró por la cara y lo besó en la boca. Su corazón estalló, el cuerpo le dolía, eso no podía ser posible. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Era una broma? ¿Lo habían hechizado?, o peor, ¿estaba muerto?

Ella se apretó más a él, desesperada, como si quisiera probarse algo a sí misma. Como si quisiera comprobar que él era real.

Por supuesto no pudo resistirse y antes de que ella pudiera volver a su locura se aprovechó del beso abrazándola por la cintura. Bastó sólo ese mínimo gesto para que ella se separara bruscamente y lo mirara con espanto. Por su cara volvió a cruzar una mancha negra y sus ojos se apagaron tan rápido que parecía una muñeca sin vida.

—¿Qué está pasando aquí? —gimió— ¿Dónde estoy?

Miró hacia todos lados completamente desorientada mientras Harry sentía que la lluvia se transformaba en hielo que le cortaba la piel. Cuando sus ojos se volvieron a encontrar ella lloró, lanzó un grito y desapareció tan fácilmente como había regresado.

Se quedó solo, de pie en medio de la tormenta, cubierto de barro hasta las rodillas, calado hasta los huesos y con un vacío en su corazón y en su cabeza del tamaño de una montaña.

Se llevó los dedos a los labios, aún los tenía tibios a pesar del frío. Jamás pensó que podría suceder algo así, nunca se lo habría esperado. Ginny se había aparecido en el colegio, algo imposible de realizar, lo había besado bajo su propia voluntad después de diecisiete largos años y había salido arrancando cual Cenicienta.

¿Qué la había hecho volver? ¿Cómo podría haberse aparecido? ¿Qué había ocurrido con ella en ese preciso momento?

Pero no tuvo tiempo de pensar, porque Thomas, el celador, acababa de salir del castillo para cerrar las puertas.

/

—¡Maldición! —gritó cuando lanzó el frasco de vidrio lejos hasta hacerlo estallar contra la pared— ¿Por qué no te pudres?, ¡¿por qué no te corroes maldito insecto?

Sir Bishap temblaba, su piel tenía quemaduras de acido y uno de sus ojos estaba ciego. Pero seguía lúcido. Valmorian lanzó una maldición al aire, estaba colérico.

—¿Qué mierda estoy haciendo mal? ¿Por qué no se pudren?

Apoyó ambas manos sobre la mesa y respiró agitado. Quitó un pergamino viejo de todo el desastre y leyó lentamente varias líneas escritas en inglés antiguo.

—Pierdes tu tiempo—susurró una voz detrás de una cortina roja en un rincón— ¿por qué no te rindes?

Valmorian se agarró la cabeza y dio dos largas zancadas hasta la cortina que desgarró de un tirón, dejando a la vista el cuadro perfectamente armonioso de Dumbledore.

—¿Y tú qué sabes viejito? ¡Dime por qué mierda el Azufre no funciona!

La mirada de Dumbledore se apaciguó y lo miró por encima de sus lentes de medialuna. Se meció tranquilamente en su silla mientras dejaba un libro sobre sus piernas. Valmorian crispó los labios.

—No es algo que me interese realmente, es curioso que no suceda nada, ¿por qué será? —sonrió. Valmorian lanzó un grito de ira y arrojó una caja de metal que tenía sobre la mesa contra el cuadro de Dumbledore que inmediatamente se volvió negro.

—¡VUELVE VIEJO DE MIERDA!

Agitado y colérico pateó todo a su paso y regresó al cuadro de Bishap quien herido respiraba con dificultad.

—Dime enano, ¿qué debo hacer para que el Azufre funcione?

El hombrecillo lo miró con su ojo bueno y le hizo una mueca de desagrado.

—¿Crees que te voy a dar la receta para asesinarme? —rió sarcástico, Valmorian enterró los dedos en el cuadro causando gritos de dolor en Bishap, entonces sus ojos se fijaron en las arrugas de la pintura y como la anilina quemada se iba transformando lentamente en otro elemento.

Sus ojos se abrieron desmesuradamente como un sicópata y se alejó trastabillando hasta la mesa quitando todo a su paso hasta dar con otros pergaminos. Lentamente su sonrisa se amplió hasta deformarle las facciones, se giró hacia Bishap que tembló de miedo y susurró triunfante:

—Necesito un alquimista.


Notas:

Como dije al principio, no merezco perdón de nadie así que si ya dejaron de leer esta historia por culpa de los retrasos están en todo su derecho.

Pero para los que se quedaron y recuerdan algo de lo que ha pasado últimamente comprenderán que falta muy poco para el gran final.

Agradezco a cada uno de ustedes por su infinita paciencia, y por sobretodo a las chicas del foro CyM y a las de la página de Facebook que hacen lo posible para darnos publicidad a cada uno de nosotros.

Lindos, quedan sólo cinco capítulos para el gran final y ya en el próximo se sabrá quién es realmente Athos Valmorian. Meh, cómo dije al inicio del capítulo aquí se dicen mil cosas así que saquen sus propias conclusiones y veremos si las apuestas coinciden con lo que vendrá en el capítulo siguiente.

Por otra parte, sí, a Teddy y a Hermione los verán mucho en los capítulos siguientes.

Como ya queda menos y lo que escribiré desde ahora es el desenlace es muy probable que las actualizaciones DE VERDAD sean mucho más prontas que tardías.

Así que si me tienen un poco de paciencia pronto verán el final de El Lazo.

Cariños a todos y gracias por su apoyo y fidelidad.

Anya.-