Autora del fic:Nolebucgrl
Traducido por:Sol Sanso
Beta:Jocelynne Ulloa
Fanfiction addiction (Twilight )
BPOV
—No veo por qué tenemos que ir al supermercado.
Le hice muecas a Edward, que en realidad estaba tratando de hacer un puchero. Era adorable pero no iba a decirle eso a él. Su cabello aún estaba mojado de nuestra extra larga ducha y yo lo peiné lejos de sus ojos.
—Porque fuiste tú quién invito a todos a venir esta noche a ver el juego de fútbol. Sé que estarías satisfecho con solo pedir algo para que lo traigan de cualquier menú, pero lo mínimo que podemos hacer es hacer un pequeño esfuerzo para hacer sentir bien a nuestros invitados —. Una pequeña emoción vibro en mi al usar la palabra "nuestros". Se sentía muy bien.
— ¿Qué hay de malo con la pizza? — preguntó él, mirando fijamente hacia la cama mientras yo sacaba unos jeans y una camiseta de mi gaveta. Sí, yo tenía ya una gaveta en casa de Edward. Él me lo dijo el mismo día que me entregó un juego de llaves de su apartamento. Fue la cosa más adorable que hayan hecho por mí, fue muy dulce y tentativo de su parte.
—No hay nada de malo con la pizza, pero necesitamos bebidas, ya casi no te quedan cervezas, a las chicas les gustaría algo de vino y nosotros podríamos hacer juntos unas alitas picantes y una ensalada o algo así—, le dije mientras me ponía la camiseta encima de mi sostén azul eléctrico.
Edward rodó los ojos y me jaló cerca de él.
—Ellos lo traerán.
— ¿Cerveza y vino? No lo creo.
Su sonrisa brillaba y yo le pegué en el estómago. Probablemente alguien se lo traería a él, pero maldita sea, por supuesto que iríamos al supermercado y punto.
—Lo siento, Superestrella, supongo que te unirás al resto de los mortales y me acompañarás por unos minutos a la tienda.
Él se rió entre dientes y besó mi cuello, completamente impasible ante el golpe que le había dado. Malditos, duros—como rocas, bonitos y sexys abdominales. Sin mencionar la caliente boca que estaba succionando gentilmente mi garganta. Quizá sólo pudiéramos… no. Me solté de él y reí mientras él terminaba de ponerse su camisa.
—Está bien, tú te lo pierdes, cariño.
Golpeé su sexy trasero con mi peine y chillé mientras él me agarraba y ponía sobre su hombro.
— ¡Bájame!
—Tal vez te lleve así hasta el supermercado. Así llamaríamos la atención de todo el mundo.
Lo golpeé de nuevo en el trasero con mi peine y el gimió y me bajó. Vi la expresión hambrienta en sus ojos y sentí a mi estómago contraerse. No, no podíamos ahora.
—Vamos, ex presidiario, ¿todavía no estás cansado?— Tenía que estarlo. Mi cuerpo se sentía como si hubiera bajado de un ring de pelea, o del mejor ejercicio de toda mi vida.
Él hizo muecas, sus ojos verdes todavía estaban oscuros, como estaban siempre que se sentía excitado conmigo, lo que felizmente, era mucho.
—Nunca estoy cansado para tocarte —, dijo. Eso fue tan caliente que por supuesto tuve que besarlo y naturalmente sus manos empezaron a moverse; primero acercándome a él, donde pude sentir a Zeus despierto, y luego agarrando mi trasero y apretándolo.
Me alejé un poco, aunque mi cuerpo quería estar justo donde estuvo momentos antes.
—Muévete o es que quieres a Emmett nos encuentre desnudos. ¿Honestamente eso quieres?— Podía imaginar la felicidad en la cara de Emmett si pudiera chantajearnos con esas fotos.
—Está bien, vámonos. — Él tomó mi mano y agarró su billetera y sus llaves y caminamos en silencio a través del pasillo.
Edward presionó el botón para bajar del elevador y rápidamente llegó. Entramos al ascensor vacío y él me presionó contra la pared. Gemí.
—Eres insaciable.
Lamió mi cuello.
—Te gusto así.
En serio, en serio que sí. Llegamos al piso de abajo sin otro incidente y Edward sostuvo la puerta del carro abierta para mí antes de entrar por su lado y arrancar. Él vivía cerca de una de las grandes tiendas así que entramos ahí. Era domingo por la tarde y estaba lleno de gente y yo gemí cuando vi la cantidad de carros en el estacionamiento.
Edward resopló mientras se parqueaba.
—Nuestra primera salida pública. Parece que hay suficientes personas como para atrapar este trascendental evento. — Su teléfono zumbó en su bolsillo y él lo tomó frunciendo el ceño, dándole al botón de silenciarlo.
— ¿Quién era? — pregunté mientras me bajaba del auto antes de que él pudiera dar la vuelta para abrirme.
—El identificador de llamadas decía que eran Extra, esos tipos de la televisión. — Preguntó con el ceño fruncido — ¿Por qué estaría llamándome?
Algo se me ocurrió pero antes de decírselo decidí ver si estaba en lo correcto.
—Revisa tu correo de voz.
Él me levantó una ceja pero hizo lo que le pedí y vi como su mandíbula se contrajo por la rabia. Maldición, había acertado. ¿Victoria?
Suspiro y cerró su teléfono.
—Aparentemente está dando mi número personal ya que no es mi empleada—. Miró su teléfono lleno de rabia. —People, The National Enquirer, Page Six, Sport Illustrated, ESPN… por mencionar a algunos, todas habían llamado. Los había echado de menos mientras estuvimos en la ducha.
No sé porque me sorprendía que fuera una perra vengativa pero lo hacía. Tomé su mano entre las mías y lo arrastré hacia la tienda.
—Vas a tener que conseguir un número nuevo, tan pronto como encuentres un nuevo publicista.
Él suspiró y apretó mi mano.
—Me ocuparé de eso mañana. Tenemos un día libre más antes de volver a la realidad.
Nos aproximamos a las puertas deslizadoras del frente de la gran tienda y una mujer con dos niños pequeños se acercó. Nos dio una gran sonrisa y empezó a alar su carrito de los de la fila cuando de pronto se para.
— ¡Oh mi Dios, eres Edward Cullen! — Alisando su roja cabellera y dándole a Edward una brillante sonrisa. Él sonrió de vuelta automáticamente y me dio un pequeño empujoncito hacia la puerta cuando la pelirroja alcanzó una mano de él.
— ¿Puedes darme un autógrafo?
Miré hacia su cara, la cual tenía una sonrisa frisada, pero él cabeceo y la mujer rebuscó en su gran cartera antes de conseguir un lapicero y un pedazo de papel. Edward se apoyó en la pared para firmar y yo sonreí viendo lo dulce y accesible que era mi novio.
— ¿Tal vez pudieras darme tu teléfono también?— preguntó esperanzada. Mi sonrisa se borró mientras Edward tosía y le pasaba el papel a la mujer, sin el número, mientras murmuraba algo sobre que todas las personas lo tenían igualmente.
Él puso su brazo alrededor de mi cintura y me acercó mucho más.
—Me temo que tengo novia, pero cuídese igualmente. — Sus ojos se fueron a sus hijos. —Bonitos niños los suyos.
Ella sacudió su cabeza, como saliendo de un trance y recordando a sus hijos.
—Oh sí, gracias. Bueno, si cambias de opinión, estoy aquí todos los domingos en la mañana… — Ella se echó hacia atrás mientras Edward me impulsaba dentro de la tienda y la dejaba ahí. ¿Qué mierda?
— ¡Acaba de lanzarse delante de mí! — silbé. No sé por qué me sorprendía. Pasó lo mismo la primera vez que nos vimos, pero él no era mío en ese momento y esa mujer estaba coqueteándole frente a sus hijos, que probablemente tenían cuatro y dos años.
Edward suspiró y pasó una mano por su cabello.
—Pasa todo el tiempo, Bella.
Una cosa era saberlo, otra muy distinta verlo.
— ¡Estaba casada! — No pude dejar de ver la roca que llevaba en su dedo.
Edward rio entre dientes y sacudió su cabeza.
— ¿Crees que eso les importa?
Fruncí el ceño.
—Debería—. A mí me hubiera importado mucho, maldita sea.
Edward envolvió sus brazos alrededor de mi cintura.
—A mí me importa, cariño.
Y yo sabía que era así, así que lo abracé de vuelta. De repente este viaje al supermercado no parecía tan interesante como antes.
—Toma un carrito y vayámonos de aquí—. Podía sentir ya muchas miradas sobre nosotros y era demasiado, cuando volteamos el carrito para entrar habían numerosas personas mirándonos. Me tensé y Edward me colocó frente a él, para que yo empujara el carrito. Al menos eso pensé, pero en su lugar de dejarme hacerlo, él puso sus manos a cada lado mío en el carrito y se presionó contra mí.
— ¿Qué haces? — le susurré, sintiendo como mis mejillas se ponían rojas ante el escrutinio de quienes nos miraban.
Él se inclinó hacia adelante y puso sus labios cerca de mi oreja, lo que me puso tensa por otro motivo.
—Estoy ayudándote a empujar el carrito.
Me pare en seco.
—No necesito ayuda.
—Probablemente no, pero me gusta tenerte entre mis brazos.
Y a mí me gustaba estar ahí, pero no cuando cada persona dentro de la tienda nos miraba.
—Ellos van a mirar te toque o no te toque, cariño, y yo prefiero tener mis manos alrededor de ti que no tenerlas. Me molestó menos y pensé que sería igual para ti. — Su pulgar derecho se entrelazó con mi meñique derecho y debía admitir que era algo lindo.
—Esto es peligroso y probablemente me haga daño— le dije. Porque afrontémoslo, dos personas empujando un mismo carrito no iba a terminar nada bien.
—No dejaré que te pase nada—, contestó con seguridad, y yo sabía que probablemente era cierto. —Ahora ¿vas a seguir discutiendo conmigo mientras la gente nos esta observando o vamos a terminar de hacer las compras y luego a ir a ver un poco de futbol?
Tenía un buen punto. Suspiré y empecé a empujar el carrito con Edward, mientras sus fuertes brazos se ceñían a mí alrededor. Hombres y mujeres por igual lo veían como si fuera un dios. Por lo menos nadie vino corriendo hacia nosotros mientras íbamos al pasillo de las frituras. Edward me soltó cuando llegamos allí y tomó tres bolsas de Doritos y de papas fritas, también tres tipos diferentes de salsas.
— ¿Cuánto necesitamos? — Pregunté mientras él tiraba al carrito algunas bolsas de pretzels.
Él río y tomo una lata de Pringles.
—Te olvidas de Emmett, él puede comer tanto como todos nosotros juntos—. Esperé mientras Edward miraba el resto de las frituras que se encontraban allí y decidía que ya era suficiente. Él pasó de nuevo sus brazos por mi cintura y me ayudó a dirigir el carrito hacia el área de la carne.
— ¿Quieres un poco de carne? — Le pregunté mientras miraba las ofertas del pavo.
Edward se río entre dientes mientras se presionaba contra mí y jadié cuando sentí a Zeus contra mi trasero.
—Tengo mucha carne para ti.
Le di un codazo en el estómago y se echó hacia atrás rápidamente, expulsando aire cuando mi codo chocó contra él.
—Pervertido—, le dije. El hombre detrás del mostrador se rio de nosotros y sentí como el rubor aparecía en mis mejillas cuando Edward empezó a reírse también.
—Me haces ser así—, me dijo cuando finalmente había terminado de reírse de mí. Me di vuelta para fulminarlo con la mirada pero él estaba sonriendo y se veía tan malditamente adorable que no pude mantener mi irritación. Maldito.
—Estoy encantada, pero guárdalo para cuando estemos en casa— le dije. Me lanzó una sonrisa y movió sus cejas repetidamente y yo reí.
—En serio, ¿quieres llevar diferentes embutidos o solamente pollo?— Me alejé un poco del carrito y tomé un par de bolsas de alitas de pollo pre—hechas. Edward rio y tomó muchas mas.
—Emmett— me dijo. Verdad, tengo que pretender que estoy alimentando a 26 personas en vez de tan solo a 6. Edward se dirigió al hombre detrás del mostrador.
—Necesitamos un kilo de pavo ahumado y otro kilo de jamón—. Él tomó dos bolsas de pan y las puso dentro del carrito. —Y medio kilo de queso Cheddar y otro medio kilo de Provolone—. Lo miré boquiabierta pero él solo me sonrió.
Antes de poder decir algo, escuché un clic a la derecha. Me volteé y vi a una mujer como de mi edad sacándole fotos a mi novio. Edward ni se inmutó por eso, sonriendo hacia ella y envolviendo sus brazos a mí alrededor mientras seguía sacándole fotos. ¿Alguna vez me acostumbraría a esto? Me volví dándole la cara al mostrador, dejando que ella solamente capturara mi perfil. Su celular timbró y empezó a gritar que en realidad era Edward Cullen y que estaba muy cerca.
Edward rió por lo bajo y yo sacudí mi cabeza, esperando que tuvieran rápido nuestra orden. Tendría que haberlo escuchado y dejar que encargara esas pizzas.
— ¡Sí, estamos en la tienda de la calle Elm! ¿Lo twitteaste?— Oh Jesús, ¿estaban twitteando nuestra ubicación? Realmente necesitábamos irnos de aquí. Tome el pavo y mentalmente deseaba que nos entregaran nuestro pedido mas rápido.
— ¿Piensas que debo hacerlo? ¡Pero él esta con una chica! Sí, es cierto. Está bien, voy a hacerlo.
Sentí como Edward se tensaba y se volvía, pero siempre manteniendo su mano en mi cintura. Me di vuelta con él y vi que la mujer en cuestión estaba en realidad tocando su brazo. Oh, demonios no.
—Hola—, dijo ella de forma coqueta. Era linda, con cabello rizado de color castaño claro y ojos azules. Estaba vistiendo unos diminutos pantalones cortos y una musculosa y yo quería verdaderamente patearle el trasero por ir a la tienda vestida como una puta. Probablemente estaba al acecho de algún hombre parecido a Edward. Lástima que él ya estaba tomado.
—Hola— respondió él cortésmente.
— Mi nombre es Kara. — Ella inclinó su cabeza y le dio una sonrisa sensual. Pensé en pegarle con el jamón que tenía en la mano. Capaz podía decir que se me deslizo, como hizo Rose con el vino. Tal vez podría poner su cara en la maquina de rebanar embutidos… no, eso era muy violento. Pero podría ser divertido. Edward solo sonrió y apretó con más fuerza mi cintura.
— ¿Eres Edward Cullen, no? — ¿Por qué todo el mundo siente siempre la necesidad de decirle quién es? Él sabe quien es, maldición. Como yo también lo se. Él es mio.
Edward asintió con la cabeza pero no dijo nada más.
—Me preguntaba ¿no juegas hoy, verdad?
¿Como si el jugara hoy estaría en el medio de la maldita tienda comprando suficiente comida como para alimentar a mi oficina una semana entera? ¿Qué tan estúpida era?
—Correcto, — respondió Edward con los ojos fijos en mí. Me pregunto qué vio en mi cara. ¿Me veo como si quisiera meter a esa mujer en la maquina de rebanar fiambre? ¿Parezco homicida? Debe ser que no, porque la chica todavía estaba mirándolo como si quisiera tirarlo hacia abajo y tomarlo contra la pared de vidrio.
— ¡Eso es genial! Entonces, ¿quieres venir a una fiesta en la casa de mi amigo? Nuestras hermandades se reúnen todos los domingos para verte jugar, ¡pero ahora podríamos verlo contigo!
Una habitación llena de colegialas calientes quería que mi hombre vaya. No me parece extraño que en las películas siempre las chicas de las hermandades terminaran asesinadas. De pronto sentí el impuso de llamar a Wes Craven1 y ver si tenía planes para esta tarde. ¿Estaba Ted Bundy2 todavía vivo? ¿Él tenía algo por chicas de hermandades, no?
—Lo lamento pero mi novia y yo tenemos planes—, respondió Edward presionando sus labios contra mi mejilla. No supe si eso era solamente un show o si él estaba tratando de mantenerme calma pero sentí como mi ira iba disminuyendo. Ya no sentí la necesidad de googlear asesinos de chicas de hermandades en mi celular, por lo menos.
—Oh—. Ella me miró de arriba a bajo y sonrió. —Bien, ella puede venir también.
Yo me he venido, en innumerables ocasiones, gracias a sus manos y a su lengua y a su polla. Algo que nunca harás, Kara.
—Gracias pero estamos ocupados. Que te diviertas—. Edward le dio la espalda y me aprisionó entre el carrito y él. Me relajé un poco cuando su cuerpo presionó el mío.
—Olvídala cariño — me susurró.
¿Cómo si fuera tan fácil? Yo sabía que iba a ser así pero no me tenía porqué gustar. Tendría que tratar de acostumbrarme a esto y encontrarle el sentido del humor. Realmente esa chica era ridícula, a pesar de todo, acercarse a un hombre que estaba claramente ya tomado. ¿Dé donde sacaron el coraje? Yo nunca haría algo así. Demonios, yo no lo habría hecho tampoco si él hubiera salido solo y lo hubiese visto en algún lado.
Finalmente nuestro pedido estaba listo y tomé el estúpido queso y lo puse en el carrito. Edward y yo fuimos por las cervezas. Justo antes de llegar allí un niño de unos siete años vino hacía nosotros, con su gorra de "Los Cardinals" en su cabeza.
— ¡Hola! — dijo, sus ojos marrones estaban abiertos de excitación. Su padre estaba parado a su lado y parecía casi tan deslumbrado como su hijo.
Edward sonrió y le dio la mano al niño.
—Hola, ¿cuál es tu nombre? — Toda mi irritación desapareció cuando al niño se le iluminó toda la cara y le devolvió el apretón de manos.
— ¡Soy Tim! Él es mi papá. — Señaló por encima de su hombro y su padre nos sonrió de forma tímida. — ¡Somos sus más grandes admiradores!
— ¿Lo son? — preguntó Edward. —Bueno, si eres mi mayor fan, vas a necesitar que te firme tu gorra, ¿no?
Los ojos del niño se abrieron aún más.
— ¿Puede hacerlo papá? ¿Puede?
Su padre empezó a reírse y tomó la gorra de la cabeza de su hijo y se la tendió a Edward.
—Por supuesto—. Busqué en mi bolso y encontré una pluma y se la di a Edward, que firmó "Para Tim, mi mayor y favorito fan"—. Le devolvió la gorra y Tim se lo llevó a su corazón. Tan malditamente tierno. Sentí mis ovarios comenzar a palpitar con el pensamiento de Edward sonriéndole así a nuestro pequeño algún día. Pensamiento peligroso, Bella.
— ¿Ella es tu novia? — Preguntó Tim mirándome.
Edward asintió con la cabeza.
—Lo es. Ella es hermosa ¿no? — Tim me miró tímido pero asintió. Sonreí y le tendí mi mano. Él la tomo y la apretó rápidamente.
—Gracias Tim. Tú eres mi favorito fan de Edward también. — Dado que el resto de los fans eran unas putas, no había mucha competencia. Él se puso rojo y enterró la cabeza en el pecho de su padre. Edward rió y le revolvió el pelo.
— ¿Vas a ser algún día un jugador de futbol Tim?
Él se separó del pecho de su padre y asintió enérgicamente.
— ¡Voy a ser mariscal de campo como tú!
—Déjame saber si algún día necesitas consejos, — le dijo Edward. Los ojos de Tim se ensancharon aun más y trago saliva.
— ¡Esta bien! — Obviamente, él estaba demasiado emocionado para pensar en la logística, pero Edward le dio otro apretón de manos y le dijo que teníamos que irnos. Él apretó el gorro en su pequeño pecho y nos vio alejarnos.
—Eso fue tierno, — le dije a Edward.
—No siempre son mujeres que me quieren follar. Tengo fans normales también—. Edward señaló entre risas. Fruncí el seño y golpee su lado mientras él tomaba un par de cerveza. — ¿Necesitamos vino?
Pensé en ello y sacudí la cabeza. Realmente necesitaba terminar con todo esto. Nos dirigimos con el carrito hacia el frente de la tienda y Edward firmó algunos autógrafos más mientras estábamos en la cola de la caja. Me dieron algunas sonrisas educadas y hasta una mujer me dijo que había leído nuestro artículo esta mañana y le encantó. Decidí que ella me gustaba después de Tim cuando nos trató de forma normal. Descargamos nuestra compra y Edward pagó por ellas. Di un suspiro de alivio cuando llegamos al estacionamiento. Todavía había personas alrededor pero por lo menos teníamos un poco de espacio.
—No fue tan malo ¿no? — me preguntó Edward pasando sus dedos hacia abajo sobre mi espalda mientras íbamos hacia el carro. Abrió el maletero y rápidamente pusimos las compras dentro de él.
—Supongo que no, sin embargo la próxima vez tomaré en cuenta tu sugerencia cuando quieras comprar comida a domicilio.
Él rio y dirigió el carrito en dónde se encontraba el resto de ellos. Cuando volvió me envolvió en sus brazos y me besó profundamente.
—No es siempre así, pero suele suceder.
Suspiré y me recargué en él por un momento.
—Lo sé. Me acostumbraré. De alguna forma.
Él inclinó mi cabeza hacia arriba y acarició mis mejillas con sus dedos.
—No importa si cada mujer u hombre, si hay algún caso, en esa tienda me haga una propuesta. Tú eres la única que yo quiero. Recuerda eso y estaremos bien.
Eso era cierto. Ellos podrían querer todo lo que yo tengo, pero nunca tenerlo a él. Él era mío. Le sonreí y lo besé rápidamente.
—Tienes razón. Vayamos a casa—. Casa, era confortable. Casa era un lugar privado. En casa no había complicaciones. Quería estar allí desesperadamente.
Me ayudó a entrar al carro luego fue a su lado, lo puso en marcha y tomó mis manos entre las suyas.
—Te amo Bella. Solo a ti.
Cerré mis ojos y deje relajarme entre esas hermosas palabras.
—Yo también te amo. Ahora vayamos a casa y preparémonos para la invasión de Emmett—. Edward rió y regresamos a nuestra propia burbuja. Estaríamos fuera de ella muy pronto.
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— ¿Están listos para un poco de futbol?— Gritó Emmett al momento que entraba por la puerta principal. Le rodé mis ojos y me relajé entre los brazos de Edward. Habíamos dejado la puerta sin seguro porque Em seguramente hubiese embestido contra ella si nos hubiéramos tardado en abrirla.
Él caminó dentro del cuarto y le dio a Edward un libro mientras sonreía hacia mí.
— ¿Qué mierda estas haciendo dándome The Notebook? —Le preguntó Edward. Eché un vistazo para estar segura que ese era el libro que estaba entre sus manos.
—Bueno Edwina, después de haber leído esta mañana toda esa mierda cursi en el periódico, pensé que estabas abrazando a tu mujer interior. También te suscribí para que recibas esas novelas románticas todos los meses. Rosie, ¿Cómo se llaman?
Rose vino y me entregó una botella de vino.
—Harlequin Books3, Emmett. — Ella se sentó en el sillón y Emmett se dejó caer en el sofá al lado mío.
— Sí, eso es. Cada mes vas a tener como unos cinco de ellos. Estoy seguro que te van a ayudar a atrapar al hombre soñado por el que has estado suspirando—. Él sonrió hacia Edward. —Por supuesto que ese hombre soy yo y ya estoy tomado así que muy buena suerte con eso.
— ¿Te refieres por Jasper? — pregunté. Edward rió fuerte mientras Emmett fruncía el ceño antes de empezar a reír también. Él me tomó entre sus brazos y me apretó no muy gentilmente.
— ¡Eso fue épico Bella! Por supuesto, tú sabes, esto significa la guerra. Pero por lo menos al final tengo un digno oponente. Esos dos patanes son muy fáciles de vencer.
Emmett me soltó y el brazo de Edward se escabulló detrás mio pegándole a Emmett atrás de la cabeza con el nuevo libro. Emmett rió y tomó el libro de las manos de Edward colocándolo suavemente sobre la mesa de café.
—No seas duro con mi regalo, Ceniciento. Pasé por muchas historias sentimentales antes de encontrar la más conmovedora. Rosie lloró con esa historia así que pensé que era la elegida.
Rose se cruzó de piernas y le enarcó una ceja.
—No pretendas como que no has visto la película, Emmett. La viste conmigo y recuerdo que hubo un par de lágrimas en tus ojos.
— ¡Oye! Eso nunca sucedió. Tenía alergia al polvo. Y solamente la miré porque tú querías verla—. Emmett afirmó con decisión.
—Claro, Emily, tu eres hombre de una sola cita. —Respondió Edward metiéndome más cerca contra su lado.
—Tu sólo estas celoso porque no te compré.
—Creo que tú eres el celoso, Hércules. —Le dije, poniendo mi mano sobre el muslo de Edward y dándole una sonrisa desafiante. Los ojos de Emmett se estrecharon, se levantó del sofá y salió del cuarto. — ¿Lo hice enojar? — pregunté.
Rose comenzó a reírse y solo sacudió su cabeza. Edward estaba tan desconcertado como yo. Emmett dejó escapar un grito de triunfo desde la cocina y volvió.
—Sácalo, amigo. Vamos a ver quién es más grande.
— ¿Eso es una cinta métrica? — pregunté en el mismo momento en el que Alice y Jasper entraban a la habitación.
—Edward lo es—, contestó Jasper, dándole una mirada a Edward. Él no estaba todavía contento por lo de anoche.
— ¿Y cómo diablos lo sabes? — preguntó Edward, mirando entre sus dos amigos con interés.
—Tengo dos ojos ¿no? He estado alrededor de ustedes mientras están desnudos y aunque nunca me tomé el tiempo de medir, es un poco obvio. Tú eres más largo; él tiene la misma circunferencia, tal vez un poco más gruesa.
—Estoy un poco perturbado de que tú sepas eso—, le dijo Edward. Jasper solamente sonrió y se sentó en el sillón reclinable, llevando a Alice a su regazo mientras ella se reía.
—Emmett, pon esa cosa lejos de mí. No voy a dejar que midas mi polla. Creo que se encogió de tan solo oír esta conversación.
— ¡Mi Zeus no! — puse una mano sobre él protectoramente mientras todos en la sala gruñían a nuestro alrededor.
Edward rió entre dientes y alejó mi mano de su polla.
—Está bien, cariño. Pienso que tengo que empezar a usar traje de baño en las duchas.
Jasper sonrió.
— ¿Qué? Me siento cómodo con mi hombría.
— ¿Si? Me di cuenta de que no te comparas con ninguno de nosotros dos—, dijo Emmett. —Pienso tal vez estas tratando de mantener un pequeño misterio para nuestra próxima cita, ¿no? — Le movió las cejas sugestivamente a Jasper y se encontró con un airado ceño fruncido.
—Nunca más vas a tener tus manos sobre mí, Emmett. Lo juro.
— ¡Espera! ¿Él tuvo sus manos sobre ti? ¡Cuéntalo! — me senté mas derecha ansiosa.
Jasper hizo como que se cerraba la boca con un cierre y yo fruncí el ceño, pero debería saberlo mejor.
— ¡Emmett le tomo el trasero cuando estaban sentándose para cenar! — Alice contó alegremente. Jasper le golpeó el costado pero eso no iba a detener a Alice. —Y luego tomo su carne y la cortó por él, como si fuera un niño pequeño en vez de su cita. Él ordenó sus tragos, corrió la silla por él, ¡y todo el asunto!
Miré a Emmett que sonreía alegremente.
— ¿Qué pasa con eso de agarrar el trasero?
—Bueno, Riley tomo el mío cuando estábamos bailando, y estoy hablando de un buen apretón que condujo a mi polla derecho a él—. Él se estremeció y se encogió de hombros. —Por lo menos él aprecia un buen trasero cuando lo ve. — Me dio una mirada de desaprobación y empecé a reírme mientras caía sobre Edward. Él rió también mientras me abrazaba. —De cualquier manera, si a mí me manoseaban entonces Jasper sería manoseado también. ¡Hoy por mi, mañana por ti!
—Yo no te manoseé, idiota. ¡Deberías de haber manoseado a Riley! — Jasper estaba colérico, sus ojos estaban en llamas mientras recordaba el trauma que sufrió por parte de la mano de Emmett, o manos supongo.
—Riley hubiera estado contento si yo lo manoseaba. Si yo lo tuve que soportar entonces tú también.
—Tuve que soportar las inquietas manos de la Señora Fuller. Tú no tuviste las manos arrugadas de una vieja señora en tu muslo.
— ¿Entonces estas diciendo que las manos de un hombre son mejores que las de una señora? — exigió Emmett. —Realmente eres gay.
Jasper resopló.
—Aunque lo fuera, no lo sería para ti.
—Sabes muy bien que serías gay para mí. ¡Soy caliente! Todo el mundo me quiere. — Él miró a todos en la habitación buscando una afirmación pero ninguno lo hizo, ni siquiera su prometida.
— ¿Entonces por qué fuiste el que fue comprado por el menor precio de los tres? — preguntó Jasper con una sonrisa triunfal en su cara.
Emmett frunció el seño pero luego su cara se iluminó.
—Porque Rosie espantó a todas las que estaban interesadas. Nadie le teme a Alice.
Alice levantó la cara y le dio una de sus miradas fulminantes, una que haría hasta al hombre mas grande encogerse de terror.
— ¿Es así Emmett? Eso no es lo que oí.
Emmett tragó en seco.
— ¿Por qué todo el mundo se mete conmigo? Pensé que íbamos a molestar a ellos. — Hizo un gesto hacia Edward y yo.
—La dama y el vagabundo con sus miradas conmovedoras y sus actos de desaparición.
—Aww, ¿nos extrañaste Emmett?—, pregunté, reposando mi cabeza en el hombro de Edward. Él paso sus dedos por mi cabello.
— ¡Maldición sí! Capaz no haya llegado a pujar por él pero por lo menos pudo haber bailado conmigo una vez. Jasmine era demasiado alto e imponente para salir a bailar con un hombre real.
—Eso es porque no bailo con hombres—. Jasper seguía enojado; era demasiado gracioso ver la furia en su rostro. Alice parecía estar perfectamente contenta, completamente indiferente a la irritación de su hombre. No tenía duda que ella había tenido una reprimenda ayer por la noche.
—No, solo con señoras arrugadas. — Sonrió sobre nosotros. —Él tuvo que bailar con la Señora Fuller diez veces. Y le dije a ella que él estaba interesado en uno de sus cachorros pomeranios. Que quería a la hembrita llamada Penélope para que la pueda vestir con moños rosas y un suéter.
— ¿Es por eso que ella me dijo que podía ir la próxima semana? — exigió Jasper mientras su cara se iba tornando de un agradable tono de rojo.
Emmett levantó sus cejas
— ¿Qué pensabas cuando ella te invitó a ir a su casa? ¿Un poco de toqueteo? ¿Por qué Shaggy, viejo perro, esperabas tener un poco de amor de esa señora? ¿O no?
Jasper corrió a Alice de su regazo, se puso de pie con sus puños levantados. Miré a Edward quién no le preocupó que Jasper estaba por golpear a Emmett hasta hacerlo pulpa. Simplemente nos sacó del sofá cuando Jasper se lanzó a Emmett. Los dos cayeron, golpeando el sofá y rodando por el suelo, gruñendo y balanceándose. Yo estaba mucho más preocupada por el sofá que por ellos dos y le hice un gesto a Edward para que me ayudara justo en el momento que rodaron desde arriba del sillón. Así lo hizo y pasé mis manos por el respaldo, agradecida de que no tuviera ningún daño.
Miré por encima justo cuando Jasper le daba un golpe decente a Emmett en la mandíbula. Emmett lo golpeó en un costado de la cabeza con su gran mano y Jasper salió disparado de arriba de él, aturdido por el golpe.
— ¿Ya terminaron? — preguntó Rose, sonando aburrida. Ella no se había movido de su asiento y Alice estaba sentaba en el brazo del sillón de Rose. No era raro que ellos pelearan pero usualmente no pasaba a ser físico. Jasper y Emmett se miraron uno al otro y entonces Em le tendió una mano a Jasper. Él le permitió que lo ayudara a pararse, soltando su mano una vez que estuvo de pie.
—Lo siento, hombre, — murmuró Jasper. —Es que me presionaste mucho.
—No pasó nada. Esta todo bien, — le dijo Emmett de buen humor dándole una palmada en la espalda. —Hubiera ocurrido tarde o temprano. Perdón por hacerte enojar—. Jasper asintió con la cabeza y todo parecía estar bien otra vez.
—Gracias—, les dijo Rose. —Ahora, si terminaron de actuar como niños, me gustaría contarles a Bella y Edward sobre la verdadera parte divertida de la noche.
— ¡Cuéntame! — me senté ansiosamente. No estaba arrepentida de haberme perdido la diversión. Tuve diversión aquí en casa que no podía ser igualada por señoras viejas y manoseos de trasero.
—Bueno, después de media hora de que ustedes dos hicieran ese pequeño acto de desaparición, Esme decidió ir a rescatar a Tanya—. ¡Já!, ¿cómo me había olvidado de eso? Ojos que no ven, corazón que no siente supongo.
— ¿Qué ocurrió? ¿Gritó como una loca? ¿Voy a estar leyendo algo sobre esto en el periódico? Mierda, ¿Qué la hubiera deteniendo ir a la prensa?
Rose levantó una mano.
—Todo a su tiempo, Bella. Cuando Esme nos dijo que la iba dejar salir, Alice y yo fuimos con ella, en caso de que intentara algo—. Rose sonrió. —No iba a desperdiciar por tercera vez la oportunidad de darle un golpe—. Alice rió. —Y yo no iba a dejar que ella diga alguna otra cosa sobre ti, o atacara a Esme o Rose.
Me reí entre dientes.
—Tú no querías perderte la acción.
Alice asintió.
—Eso también. Entonces fuimos a la zona privada del club y estaba completamente silencioso. Pensé que ella estaría gritando como una loca pero creo que se dio por vencida en algún momento.
Rose sonrió.
—Entonces hicimos un gran show moviendo muchas veces el picaporte de la puerta, y Esme le dijo a Tanya que lo estábamos cambiando y que en un minuto ya estaría libre. Ella comenzó a maldecir en ruso y me preparé para una batalla, lista para enfrentarla en cuanto saliera. No sé como estaba llamando a tu madre, Edward, pero estoy segura que no le estaba diciendo la hermosa mujer que es.
Edward frunció el ceño y le apreté sus manos. Sabía que todavía no estaba feliz por la situación de Tanya, a pesar de que había salido bastante bien para nosotros, o por lo menos así lo esperaba.
Alice interrumpió.
—Tu mamá estaba totalmente bien con eso. Ella actuó como si nada hubiese pasado que estaba preocupada por Tanya. Finalmente el encargado abrió la puerta y ahí estaba Tanya.
—La mancha se había extendido por toda la parte delantera del vestido. Ella lo había estado tratando de lavar con toallas de papel, jabón y agua. ¡Se veía peor de lo que era antes! — Rose sonrió en señal de triunfo.
—Ella apretó sus manos en puños y se paró delante de tu madre cuando Rose se puso en frente de ella. ¡Tanya saltó hacia atrás como si estuviera en llamas cuando vio su cara! — Alice rió.
—Si ella estaba asustada de mi entonces estaba aterrada de Esme.
— ¿De mi madre? ¿Por qué demonios alguien querría tenerle miedo de mi madre? — preguntó Edward.
—Porque ella es magnífica—, le dijo Rose. —Ella me sacó del camino, caminó hacia Tanya y dijo en la voz mas aterradora que escuché en mi vida, "Eres libre de irte, Tanya, pero tienes que saber que si le dices una sola palabra a la prensa de lo que sucedió esta noche, me aseguraré de que pierdas cada contrato de modelaje que tengas y cualquier otro que puedas tener. No hables sobre mi hijo o su novia. Si escucho algún comentario de que lo hiciste, lo lamentarás. Y sabré si lo haces."— Rose hizo una imitación perfecta de Esme, aunque se trataba de una Esme con la cual nunca me encontré. Gracias a Dios por eso. La boca de Edward estaba tan abierta como un la de pescado en un anzuelo.
— ¿Mi mamá amenazó a Tanya?
— ¡Diablos sí, ella lo hizo! Y fue más aterradora de lo que jamás podría aspirar a ser. Es capaz como una leona protegiendo a su cachorro o algo así—, Rose se encogió de hombros.
– ¡Awww, eres su cachorro, Simba! — Emmett parecía complacido de tener nuevos apodos para pedir prestado. Edward le lanzó el libro y Emmett lo atrapó, riendo fuerte.
—Entonces ¿eso fue? ¿Ella solamente lo aceptó y se fue?
—Bueno, ella dijo que nunca quiso hacerle daño a Eddie—, imitó Alice a Tanya con un acento terrible, pero fue gracioso. — "Me voy ahora. Los hombres me aman. Voy a encontrar uno nuevo." — Alice rio por lo bajo. —Le dimos un mantel para que se envolviera el cuerpo y la pusimos en una limosina y se fue.
— ¿Somos libres de esas dos brujas? — Me pregunté en voz alta. Edward se hecho a reír y acarició con su nariz mi cuello.
—Eso parece.
— ¿Te deshiciste del Pájaro Loco? ¡Muy bien! — Emmett gritó.
—Sí, lo hice, pero lo estoy pagando por no estar organizado—. Edward frunció el ceño a su celular que estaba todavía apagado.
– ¿A qué te referís? — preguntó Jasper.
—Ella dio mi número telefónico a cada revista, reportero y sabe Dios a quien más. Han estado llamando desde la noticia de que ella y yo no trabajamos juntos. La última vez que me fije tenía veinte mensajes de gente que quería entrevistas. —Delineé el contorno de su mandíbula que estaba tensada por la irritación y me sonrió tensamente. —Le pregunté a Tommy para que me consiga un nuevo publicista pero mientras tanto necesito yo debo llamar a esa gente y conseguir un nuevo número telefónico.
Él miró a Alice quién estaba observándolo con interés. —En realidad, Alice, me estaba preguntando si… — Antes de que pudiera terminar ella le arrebató el celular.
— ¿Cuál es la contraseña? — preguntó Alice. Nosotros miramos como salió de la habitación para volver un minuto después con su gran organizador. —Necesito tu calendario. Se cuando practicas y sales para los partidos y esas cosas, gracias a mi Jazzy. — Ella le dio una sonrisa que él devolvió como golpeando la punta su sombrero imaginario. — ¿Tienes otras reuniones que él no tenga? Voy a necesitar el número de tu agente, para arreglar entrevistas para posibles remplazantes míos.
Ella paró de hablar cuando se dio cuenta de que toda la habitación estaba en silencio mirándola.
— ¿Qué pasa?
—Umm, ¿supongo que vas a tomar el trabajo? — Preguntó Edward, sonriendo con ironía.
—Temporalmente. Soy planificadora por naturaleza, así que puedo ayudar con planificación. Y me encantaría ayudarte con tu línea de ropa—. La luz en sus ojos era casi maniática y aterradora. Sentí lástima por los empleados de Edward.
Edward suspiró.
—Esta bien entonces. Tommy y Alec están en discado rápido, cuatro y siete respectivamente. Ellos van a ser los que necesites para conseguir potenciales reuniones. Tengo reuniones de mariscal de campo cada martes a las cinco hasta las siete. Mi programación esta en la sala de la computadora…— el dejó de hablar cuando ella salió de la habitación para ir a buscarlo. — ¡Santo cielo!
—No sé lo que acabas de hacer pero tengo el presentimiento de que podrías extrañar a "Irritable Vicky" cuando todo este hecho—. Susurró Emmett, mirando sobre su hombro para asegurarse de que Alice no haya regresado a la habitación.
—Mejor ella que yo. — Edward se rascó la cabeza. —Creo.
Le sonreí a Edward.
—Ella va a hacer un gran trabajo por ti, lo sé.
—Puede ser que nunca más veas a tu celular—, le dijo Jasper, mirando divertido el giro de los acontecimientos. Su habitual sentido del humor había vuelto. Los hombres eran raros, golpeándose unos a otros en un momento y después como si no hubiese pasado nada.
—Oh si. "Hablando de celulares" —, salí de los brazos de Edward y fui a buscar mi celular. Cuando volví a la habitación los ojos de Emmett se iluminaron. — ¿Qué más cambiaste en mi celular? — le pregunté.
Me miró inocentemente.
—No tengo ni idea de lo que me estas hablando.
—Claro que no la tengo—. Me senté al lado de Edward y empecé a navegar por mis ringtones. — ¿Shake Your Moneymaker para mi doctor?
—Me imaginé que él vio tu trasero caliente una o dos veces—, me dijo Emmett, con su voz llena de humor.
— ¿Bootylicious para mi dentista?
–Calculé el riesgo de que ellos no te llamarían esta semana. ¿Cuándo debes ir para tu próxima limpieza? — me preguntó.
Le fruncí el seño y seguí buscando.
— ¿Fat Bottomed Girls? — Grité, apenas tratando de lanzarle mi teléfono a él. Lo único que me detenía de hacerlo es que él haría algo peor si tenía mi celular en sus manos otra vez. Realmente no quería tener una fotografía de su peludo trasero.
— ¿Qué? ¡Es un clásico! — dijo Emmett, después de que terminara de reír. Jasper estaba haciendo todo lo posible por contener su risa y Rose ni siquiera lo estaba intentando. Por lo menos mi Edward estaba aguantando, aunque sus ojos verdes estaban danzando en diversión. —Y esa canción era para tu ginecólogo, así que pensé que era más apropiado.
— ¡Mi trasero no es gordo! — grité. Alice asomó su cabeza en la habitación y me frunció el seño, sacudiendo su cabeza en desaprobación mientras hablaba con quien sea que estaba hablando en el teléfono. Lo lamento si interrumpí tus llamadas del trabajo. Rodé mis ojos y seguí pasando por mis ringtones.
— ¿Smack That?
—Yo sabía que eras una rara, Swan—, me dijo Emmett.
—Voy a golpear a alguien—, murmuré. Edward finalmente lo perdió y empezó a reír. Lo miré.
—Lo siento, cariño, pero es que es tan divertido cuando estás enojada.
—Necesito encontrar un nuevo rington para ti—, le dije de mala manera.
— ¡Whip It! — Sugirió Emmet — ¡No, espera! — Sacó su celular con furia y de pronto una sonrisa apareció en su cara, de repente una canción aleatoria empezó a sonar.
— ¡Se llama Pussy Whipped! — Anunció con deleite. Escuchamos la letra y casi me caigo del sofá mientras escuchábamos la canción que era sobre un dominado por su mujer. Emmett nos hizo escuchar varias canciones del mismo tema, una más graciosa que la otra, y todos estábamos a punto de llorar por eso.
—Lo dudo Em, creo esas canciones se pueden aplicar a todos ustedes. — Dijo Rose. Emmett abrió su boca para discutir sobre eso pero ella lo retó con la mirada.
—Muy cierto—, asintió. —Te las voy a enviar—, me dijo amablemente.
Reí y le agradecí, cerrando mi celular después de quitar los ofensivos ringtones.
—Entonces, hablando de eso, — dijo Rose sugestivamente. — ¿Tuvieron un buen tiempo anoche? ¿Edward se ganó esos quinientos mil dólares que pagaste por él?
Me reí y sonreí ante la cara de vergüenza de Edward.
—Ciertamente lo hizo. Aunque también lo dejé trabajar esta mañana también.
— ¡Oh sí! — Gritó Emmett con aprobación. Se dio vuelta para mirar a Jasper. —Sabes, tú no te ganaste más de cien dólares por lo de anoche. Será mejor que empieces con los otros $74.900.
Jasper lo miró.
—No empieces de nuevo, yo no pedí que me compraras.
—Pero así fue y ahora quiero lo que me pertenece.
—Te pertenecía anoche, no hoy—. Se sentó y cruzó sus brazos.
— ¡Pero no hiciste nada anoche! Tráeme una cerveza y te descontaré $500 de tu cuenta.
—Si, como no, te voy a conseguir una cerveza y atizártela a tu cabeza—. Le dijo Jasper.
—Y veamos, te descuento $1.000 si corres desnudo por el vestidor de "Los Bear" después del juego del domingo. Y $5.000 si mides la polla de Edward y me dices cuanto mide así puedo compararla con la mía. Y $3.000 si me nombras en tu próxima entrevista—. Él estaba muy ensimismado enumerando las cosas que podría hacer Jasper para ganarse el dinero de la noche anterior mientras Jasper intentaba ignorarlo con esmero.
Volteé a ver a Edward.
—Zeus vale más que $5.000.
Él rió y beso mi oreja.
—Lo sé, pero no necesitamos decírselo. Tengo visiones de que me detiene en el piso mientras Jasper trata de medirlo. No es gracioso. — En realidad era divertido pero eso no se lo iba a decir.
Me acurruqué contra él y observé como Jasper y Emmett discutían otra vez, Rose hojeaba una revista de carros y escuchaba ocasionalmente el murmullo de Alice en la otra habitación. Esto, justo aquí era donde pertenecía. Con estas locas pero divertidas personas. Ellos me hicieron olvidar la mala pasada en la tienda y me hicieron recordar lo que había ganado desde que Edward entró a mi vida. Todo.
