Para escribir mis historias me basé en los personajes creados por Naoko Kateuchi en 1992, con objetivos de entretenimiento y no de comercialización.
Solo me limito a realizar una adaptación de la historia original, llamada "Sailor Moon".
"Sangre que es mía en tus pupilas arde"
Por Moonandearthlove
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(Capítulo Editado/2014)
CAPÍTULO VEINTITRÉS
"Sálvame"
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"En la sombra, lejos de la luz del día, la melancolía suspira sobre la cama triste;
el dolor a su lado... y la migraña en su cabeza..."
Alexander Pope
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:: Flashback ::
Las horas pasaron.
Darien abrió los ojos con una elevada sensación de tranquilidad. Recorrió la habitación con la mirada en desconcierto y reconoció la estética corriente de los muros y la decoración hospitalaria, deduciendo que ya había pasado un largo tiempo desde que había arribado allí. La disposición aburrida de la mueblería le traía a colación el recuerdo de sus primeras prácticas médicas en la universidad y admitió con un poco de desagrado, aunque era estudiante de Harvard, que esta vez se encontraba del otro bando y con inferioridad de condiciones respecto a todo el personal del hospital… en el rol de paciente. Se sintió estúpido de pensar ello y meneó la cabeza para esfumar sus pensamientos cuando sintió un tirón doloroso asaltar en su sien. Con una de las manos se tocó la herida, dónde sintió el dolor, y reparó en que una venda empapada de sudor envolvía su cabeza flojamente, pero para su desconcierto no encontró nada que indicara que en algún momento la fisura existió. Consideró que sus poderes sanativos habían hecho su trabajo sin dar tiempo a los médicos a realizarle alguna intervención. Se sintió más liviano y ágil… y lentamente se sentó en la cama con un dejo de torpeza mientras cerraba los ojos y fruncía el seño con exageración. Quedó inmóvil unos cuantos segundos y reaccionando bruscamente tironeó la sonda con descuido, revoleó la aguja, y luego se paró raudamente para correr en búsqueda de su esposa.
-"¿A dónde se supone que vas?"- Le dijo la mujer que lo había asistido en la ruta topándose con él al abrir la puerta que daba al pasillo.
Darien dejó en suspenso sus movimientos ante la sorpresa de ser pillado a punto de abandonar la habitación sin supervisión médica y se sintió un chiquillo reprendido por la mujer que inclinó su cabeza y arrugó los labios mientras abrazaba una carpeta con estudios de rutina. Al observar el implícito regaño, Darien adoptó otra posición: sabía que ya no estaba para eso. Miró a la doctora y con tono firme le habló.
-"Tengo que ver a mi esposa."-
La mujer bajó la cabeza buscando las palabras en su mente que le ayudaran suavizar la cruel realidad que tenía que comunicarle. –"Lo siento mucho… pero… no pudimos hacer nada."- Miró el rostro aún pálido de Darien y se percató de un leve temblor en sus ojos. Deseó ser por un momento como aquellos médicos veteranos ya curtidos por la convivencia trágica con la muerte, para no sentirse tan vulnerable ni afectada por el sufrimiento de ese joven que tanto amaba a su familia. Prosiguió con dificultad. –"Ella ya no esta aquí… ambas..."- Hizo una breve pausa. –"...no resistieron al accidente."-
Darien ya lo sabía. Sabía que las luces de sus dos estrellas se habían esfumado a su lado, pero igualmente un vestigio de fe rescatado de las cenizas le había dado las fuerzas para acudir por ayuda. Sintió que una gran cuchilla le traspasaba la carne a la altura de su pecho mientras escuchaba aquellas palabras. El dolor se dibujó en su rostro y unas cuantas lágrimas saltaron violentamente de sus ojos. Levantó la cabeza para mirarla nuevamente.
-"Tengo que verla..."-
La mujer negó con la cabeza evidenciando resignación. Luego le sonrió con compasión al mirarlo. –"Lo sé… emití una orden para que le realizaran una autopsia… siempre cumplo mis promesas."- Afirmó convincente y hasta orgullosa de ello. –"pero…"- Buscó la mirada de Darien enfocándola con tristeza. –"no es el lugar mas bonito para ver por última vez a una persona… por favor, elige recordarla en vida y sonriente..."- La piadosa mujer le suplicó con insistencia porque sabía que el accidente había destrozado a la rubia en todos los sentidos posibles. La recordó en fugaces imágenes que luego moviendo la cabeza intentó dispersar: hematomas, contusiones, desgarros… fría, sin vida…
Darien la abstrajo del temblor en el estómago que ello le provocaba. -"Llévame a dónde está..."-
La médica asintió con debilidad y sin decirle nada comenzó a caminar hacia el ascensor. Darien comprendió que debía seguirla.
Bajaron al subsuelo. Estaba oscuro, tétrico, desolado. Un guardia se paró para recibirlos con total escepticismo. Ella se adelantó.
-"Soy yo."- Le dijo con seguridad y el guardia al reconocerla le sonrió haciéndose a un lado para habilitarle la entrada. Se acercó al uniformado y le susurró con confianza. – "Por favor, déjanos solos un momento" -
El hombre asintió y sin acotar nada al respecto desapareció en la oscuridad. Sus pasos retumbaron en el vacío y se perdieron detrás del sonido de una puerta que se cerró fuertemente.
La mujer caminó delante del acongojado muchacho sin motivos ni intenciones de hablar. Lo sintió pasar con pena por decenas de cajones de metal empotrados en la pared y sintió orgullo por la valentía de enfrentarse a ese escenario tan perturbador. Darien miró de reojo los alrededores de la extensa habitación y recordó su infancia reviviendo con fuerza el fallecimiento de sus padres, y su primera sensación de desaliento y abandono. Recordó que sus, aún entonces, desorbitados ojitos azul oscuros habían deducido, de la manera menos traumática posible, que esos cajones eran, sin lugar a dudas, freezers para los cuerpos de personas sin vida.
Al llegar al *Sector C*, la doctora sacó una llave del bolsillo de su delantal de la cuál colgaba una placa con el número 200, y se dirigió al compartimento con el mismo número adherido a la parte superior. Incrustó la llave y tomó la manija, luego, se tomó un segundo para juntar fuerzas, bajó la cabeza y suavemente le preguntó intentando que cambiara de opinión.
-"¿Estás seguro de que esto es lo que quieres?"-
Darien se quedó callado. La médica abandonó sus intentos, y para ser sincera consigo misma asumió que se había dado cuenta de la `seguridad´ del muchacho desde antes de subirlo a la ambulancia. Suspiró disconforme, pegó un tirón con fuerza y dejó deslizar el cajón haciendo aparecer ante la mirada absorta y enturbiada de Darien, el cuerpo desvitalizado de Serena Tsukino, o lo que fatalmente quedaba de ella. El muchacho elevó sus manos por inercia y se tomó la cabeza violentamente casi clavando los dedos en su cráneo, deseaba en ese momento poder sacar su cerebro y pisotearlo para no reconocer esa maldita realidad. La impotencia exacerbada era demasiado desequilibrante… y la culpa… la culpa por haberla lanzado a esa horrible muerte no tenía descripción. La mujer sintió la misma opresión en el pecho que había sentido cuando lo vió por primera vez, y se dió vuelta para salir del lugar de la misma manera en que lo había hecho el guardia.
Ya solo, pero sin percatarse de ello, Darien se acercó para tomar a la rubia por el rostro, le costaba creer que esa que se encontraba allí era la mujer que tiernamente recordaba. Estaba espeluznantemente fría, y nunca antes la había sentido así. Vió que habían hecho el intento de reconstruirle el vientre, tenía costuras por doquier… era demasiado morboso verla en esas condiciones, pero él la amaba terriblemente, y amaba a su hija, y era conciente de que nunca en su miserable vida se resignaría a perderlas… ¡NUNCA!..
Se paró firme, cerró sus ojos bajando la cabeza y apoyó sus manos estratégicamente sobre los hombros de la joven. Un par de lágrimas se deslizaron por sus mejillas hasta su naríz. Sintió la adrenalina de llegar al momento preciso que había codiciado desde que despertó en la habitación del hospital: Intentaría revivirlas. Era ambicioso… sí, pero su pujante desesperación lo determinó todo.
Se concentró, el vacío silencioso de la morgue se experimentaba como la presión del agua en los tímpanos al sumergir la cabeza en la bañera, Darien se dejó llevar, hasta abandonar toda percepción del lugar donde se encontraba. El brillo dorado que emergió de su cuerpo invadió la fría y lúgubre habitación. Sus dedos apretaron con fuerza la piel de Serena y un sonido casi imperceptible retumbó como una lluvia de minúsculas partículas de polvo cayendo sobre un plato de loza… en una armonía angelical.
Sintió en su pecho el pujar de esa pequeña dosis de confianza que lo motivaba a intentar. La habitación se llenó de fulgor, en el instante en que todo el poder del Cristal Dorado accionaba fortalecido por su amor inquebrantable. El cuerpo de la yaciente rubia vibró hasta convulsionar, pero Darien no dejó de presionarla contra la camilla. Serena ya llevaba casi un día y medio sin vida… Darien conjeturó que aunque el poder del Cristal Dorado era intenso, lo agotaría… lo suficiente como para dejarlo en el hospital un par de días más, y aún así… no le importó.
Unas gotas de sudor resbalaron sobre su sien, sus cabellos se empaparon y las palmas de sus manos le quemaban como si las hubiera sostenido sobre el fuego. Confió todo en su poder liberándolo con todas sus fuerzas.
La luz se tornó cada vez más refulgente y esplendorosa, Darien apeló a sus recuerdos con "ellas" para fortalecerse; Pensó en la vida que soñaba con Serena, en cuánto le gustaba a ella acurrucarse junto a él bajo la luz de la luna llena; recordó su adoración por Rinnie, al verla sonreír mientras le contaba historias con muñecos; revivió los sueños que los tres compartían… Fervientemente deseó en vano, que nunca se hubiera extinguido su luz, y que el tiempo fuera una cinta de video que pudiera congelar el dolor de aquella pérdida… pero se sentía fuerte por amarlas… por desearlas junto a él.
Su poder expelió de las profundidades de su cuerpo, donde su semilla estelar residía, y emergió de sus manos como un torrente de agua tibia que penetró la rígida piel de la hermosa interfecta. Todas las células del pelinegro irradiaron el tinte dorado que bañó por completo a la tétrica habitación, con tanta fosforescencia que borraron de toda vista aquellos muebles y objetos que se ubicaban dentro de ella.
Sin abandonar su concentración se tomó la libertad de abrir por un momento sus ojos para observarla. Pudo ser testigo del poder sanador de su cristal al contemplar cómo las heridas del tieso cuerpo se tornaban cada vez menos profundas, y cómo el cuerpo de su amada compañera abandonaba de a poco la matiz grisácea opaca, para dejar aparecer en su piel un dejo de luminosidad. Bajó una de sus manos al vientre de Serena y evocó la inocencia y la perfección que adoraba de Rinnie… y sintiendo endurecerse algo en su pecho y en su garganta puso todo de sí para traerla de vuelta. La tez blanca y sin vida de Serena comenzó a tomar color, y con un afluente de luz que escupió con ímpetu por su garganta, liberó calor… y adoptó suavidad. La mano de Darien, que aún se mantenía firme sobre el delgado hombro, comenzó a sentir cómo la sangre comenzaba a circular por sus venas, primero lentamente y luego con más fuerza.
Darien sintió su bata totalmente empapada, y las rodillas y sus piernas perder la estabilidad. Temblequeó sin dejar de mantenerse en pie a duras penas, debía aguantar un poco más… solo un poco más para poder tenerlas de nuevo cerca de él.
Sonrió, sin abandonar su quehacer… porque -estaba dando resultado-. Presionó el vientre de la muchacha con ambas manos y con fuerza, como si de ello dependiera el aumento de su poder. El frenesí de su corazón siguió intacto, aún cuando su cuerpo se sentía débil. Sus manos no pudieron mantener el vigor de segundos antes, y levemente aflojó la pujanza. Sintió su cabeza rebotar un par de veces en el aire y ni siquiera pudo mantener los brazos extendidos sobre la fémina; sus codos se flexionaron levemente, luego más, y las rodillas… todo su cuerpo tembló perdiendo el control de sus funciones. Pensó que ese sacrificio iba a matarlo, pero le seguía sin importar. Levantó levemente los párpados para mirar a su esposa... había retornado el color; sus mejillas, ahora aterciopeladas, podían verse tenuemente febriles por la tibieza de su cuerpo. El cabello rubio le brillaba como en aquellos días de caminata y picnic bajo el sol; sus labios, ahora de un tono carmín y un tanto humedecidos, podían verse tentadores nuevamente. Darien sonrió por dentro con total regocijo al cerciorarse de que su vientre estaba totalmente reconstruído… su abdomen estaba suave de nuevo, terso, tibio… solo con un largo y fino raspón casi imperceptible sobre su costado izquierdo.
Suspiró en seco y con fuerza con los ojos enrojecidos por la emoción… su cuerpo perdió la estabilidad y sus rodillas se doblaron golpeándose con fuerza contra el piso, cayó sobre su hombro izquierdo chocando la cabeza contra el frío material. Con aún sus ojos entreabiertos y con las últimas reservas de energía, miró casi de reojo hacia arriba para ver la base de la camilla de metal. Sobre ella solo pudo divisar la punta de una sábana blanca que sobresalía de ella y un brazo de Serena que temblequeaba levemente. Darien hechó un pequeño quejido intentando pronunciar su nombre, pero la visión se le tornó borrosa, y antes de perder el conocimiento con tranquilidad y júbilo porque había logrado su cometido, pudo observar que tres de los finos dedos de Serena se movían con lentitud y torpeza.
Había regresado a la vida.
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Serena Tsukino regresó de sus recuerdos quedándose rígida totalmente. Había presenciado por segunda vez el accidente que le cobró cruelmente la vida y su cabeza daba vueltas y vueltas sin poder parar. En su percepción, se interpuso la imagen de sus propias manos bañadas en sangre… de la sangre de Rinnie, su única hija, y ésta emergía de su vientre a borbotones. Volvió a la realidad en una bocanada de aire como si hubiera vuelto a la vida desde la ultratumba, e inmutable, dejó escurrir de entre los dedos el papel con el resultado bioquímico que tenía en sus manos, la prueba fehaciente de su maternidad cayó girando suavemente cuál hoja seca que se desliza de un árbol al llegar el otoño, para depositarse silenciosamente en el suelo.
Lo que había sucedido cuatro años antes era lo suficientemente doloroso y potente como para amortiguar cualquier alma en vida. La rubia había blanqueado sus pensamientos como defensa. Su mente vacía no pensó en absolutamente nada, y su corazón, deshabitado de sentimientos momentáneos, le permitió mantener la calma. Sus ojos se mantuvieron perdidos e incrédulos… y su cuerpo se movió con tranquilidad y paciencia a pesar de la turbación.
Serena se deslizó atravesando la habitación y abrió las puertas del ventanal haciendo flamear las cortinas blancas. El viento húmedo le empujó con un soplo los cabellos hacia atrás y de inmediato dejó ingresar el aire fresco a la profundidad de sus pulmones en un intento de mantener la compostura. Las cortinas traslúcidas bailaban a su lado en movimientos secos y silenciosos y su alma, casi perdida, buscaba un rincón de aquel cuerpo tembloroso dónde ocultarse en paz.
Los delgados pies descalzos se desplazaron con un sonido imperceptible hacia el barandal de hierro forjado, alumbrándose con la noche. La rubia sintió las hebras de su cabello arremolinarse sobre su silueta y mirando a la lejanía observó la violencia del viento que con tenebrosos chillidos maltrataba árboles, carteles y toldos de los comercios cercanos, casi atentando contra toda la ciudad. Comparó el vendaval con sus sentimientos y sintió que lo gobernaba su alma, miró con indiferencia la urbe agitada y hasta pudo percibir, aunque no con total seguridad, que su dolor potenciaba las destrucciones. Elevó su rostro hacia el cielo para percatarse de que entre las cargadas nubes negras emergía la luna extremadamente inmensa… casi antinatural… como si se encontrara a escasos metros buscando colisionar violentamente con la tierra. La miró con recelo, de hecho, nunca la había visto así, tan imponente, tan grande… su antiguo hogar… había sido tan felíz allí… en antiguos milenios… Deseó por un instante poder perecer en la lunar superficie sola… tal cuál como se sentía ahí. El viento y la lluvia tronaron con furor cuando la rubia cerró suavemente los ojos rogando que el viento penetrara en su piel y la quemara por dentro… desintegrándola… para borrar todo su pesar.
Unos segundos pasaron… Serena no reparó de cuántos. Abrió los ojos enfebrecidos. Unos ojos ardientes de decepción y furia que de verlos, no se hubiera reconocido a sí misma… pero había aguantado demasiado tiempo. Con una fuerza brutal y quebrantada por el sufrimiento, escupió un grito mezclado con pavor. Un lamento que se dispersó junto con la violencia del viento que destrozaba todo cuanto podía hacia el horizonte. Retumbando… espeluznante… en el misterio de la noche. –"¡AAAAAAAHHHHHH!"-
Quién lo escuchó, sintió erizársele la piel.
Tierra, restos de hojas secas, papeles… todo voló a grandes alturas, otorgando un tinte tenebroso y lóbrego a la ciudad. Sonidos de ventanas mal cerradas que al golpearse contra los muros dejaron escuchar los vidrios rotos al caer… gritos de personas que tuvieron la mala suerte de que los pillara la tormenta lejos de su casa. La rubia vió correr un par de mujeres que vivían a un par de cuadras de allí, algunos animales refugiándose bajo los tejados y con tal indiferencia y antipatía que temió por sí misma. Serena había contenido demasiados minutos la amargura del desengaño. Sintió que una bola gigante de calor se desplazaba ascendente desde su estómago a su garganta, y explotó en un llanto furioso y desconsolado mientras gritaba como si hubiera perdido la razón.
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En el piso de abajo, donde se llevaba a cabo la fiesta, el grito retumbó con violencia perturbando a las mujeres. La casa tembló, como movida por una fuerza oscura, dejando a todas en silencio. Volcaron automáticamente la cabeza hacia la escalera que llevaba al piso de arriba y sin pensarlo siquiera saltaron de sus asientos en señal de alerta.
-"¡Serena!"- Susurró Rei con un terror insostenible del cuál no pudo en ese instante reparar. Supo que algo debía de haber sucedido. -"Serena… Serena… por favor… aguanta…"- Dijo mientras caminaba acelerando el paso.
Amy, Lita y Mina sintieron algo aprisionárseles en el pecho y supieron con certeza que algo terrible había pasado. La peliazul, mientras corría a través de la sala no dudó de palpar en su bolsillo su lapicera de transformación. Mientras corrían en conjunto, solas con sus pensamientos y estimaciones… temieron lo peor. Cruzaron la escalera, luego el pasillo, y siguiendo a Lita, arribaron con la respiración agitada a la puerta de la habitación.
La castaña abordó la entrada y pateó la cerradura haciendo saltar la puerta que se abrió con fuerza. Ingresaron sin cuidado, buscando a alguien con quién pelear, pero se encontraron con la habitación silenciosa y quieta… salvo por un débil gemido que llamo su atención. Viraron hacia el ventanal para encontrarse con una silueta a contraluz de frente al temporal.
- "¿Serena?... ¿cariño que pasó?..."- Lita interrogó primero con preocupación, luego la observó con desconfianza.
La rubia giró lentamente para encontrarlas de frente. Las miró intensamente para penetrarlas con una mezcla de odio y desilusión… que las mujeres desconocieron al venir de ella. Serena sintió a flor de piel la colérica sensación de haber sido engañada de la más inaceptable manera. Su mirada deformada se tornó tétrica al casi fusionarse con los relámpagos que la iluminaban desde atrás y mientras la tempestad azotaba con fuerza aceptó, que lo que realmente le dolía, era que no habían podido salvar a Rinnie. Reparó que lo que le dolía era que ni siquiera lo hubieran intentado… Le dolía saber que nunca más la tendría cerca. Le dolía haberla conocido y haberla perdido… la atormentaba saber que ambos, con Darien, habían sido capaces de privarla de su vida.
Sus lágrimas se desprendieron como fuego saltando y derramándose con fuerza… su alma quiso explotar… quiso destrozarlo todo por la impotencia, pero algo no podía liberarse aún del insondable fondo de su cuerpo, en su interior se había gestado una omnipotente y poderosa fuerza, con tanta energía contenida que aún detonando no lograba disminuir su intensidad…
Gritó. Sin abandonar el contacto visual con sus amigas escupió el lamento que revelaba ese intransferible desgarro profundo. Las cuatro mujeres la miraron con compasión… sin palabras útiles para decir. Lita comenzó a llorar junto con ella, y Mina cayó al suelo de rodillas, cabizbaja, sin encontrar la forma de protegerla de ese sufrimiento…
La sombra de Serena gritó nuevamente ahogándose en su propia amargura y consternación. No pudo parar de clamar con violencia mientras comprimía sus músculos y sus puños arañaban sus rodillas... el rostro bello se le desfiguró mientras miraba y gritaba a sus amigas porque quería vomitar en ellas su desconsuelo. Les reprochó ese dolor incontenible, sin sentir culpa por ello… las aborrecía por no sufrir como ella, por no saber lo que es perder una hija… por no sentir lo que destroza perder un sueño…
-"¡MALDITA SEA!... ¡DEJEN DE MIRARME DE ESA MANERA!"- Gritó furiosa mirándolas ciegamente. – "USTEDES NO SABEN LO QUE SE SIENTE… AAAGGHH"- El llanto se mezcló con sus palabras mientras sus pulmones explotaban con intensidad... - "¡NO SABEN NADA!... AAAAHHH ¡MENTIROSAS!… ¡NO SABEN NADA!"-
Lita sintió la herida de su crueldad, pero la comprendió; ella nunca había querido mentirle, y percibió el dolor en cada una de las mujeres que la acompañaban. Amy y Rei comenzaron a llorar desconsoladamente viendo sufrir a la impotente jovencita que sentía despedazado su sueño. Habían cometido un error entre muchos… nunca se imaginaron que su suerte iba a correr así.
-"¡NO SABEN LO QUE SE SIENTE!... ¡NO SABEN LO QUE DUELE!... ¡RINNIE! AAAHHGGG… ¡PORQUE ME MINTIERON!... ¡RINNIEE! ¡QUIERO A MI HIJA!"-
Mina fué atravesada por una helada sensación, su piel se erizó y su cuerpo sintió la frialdad del miedo aún tirada en el piso y sin mirarla. Pesadas lágrimas se derramaron por su ruborizado rostro al darse cuenta de que Serena las odiaba por una justa razón. Lita se agarró el pecho con ambas manos y la abrazó en secreto desde lo lejos. Deseaba, con todas las ganas de su alma, que Darien estuviera allí para poder contener a Serena...
La rubia lloró estridentemente mientras las miraba furiosa. Cerró los ojos con fuerza y apretó los dientes con cólera –"¡DEMONIOS DARIEN!.. ¡DONDE QUIERA QUE ESTÉS!... ¡AAAHHH!... ¡MALDITO SEAS!... ¡TODOS SON UNOS MALDITOS!.. ¡NO ME DIERON LA OPORTUNIDAD DE SALVARLA, DE CAMBIARLO TODO! ¡PORQUÉ!.. ¡NO LO ENTIENDO!"- Se tomó de los mechones dorados y los jaló con brutalidad desarmando sus odongos. No supieron si aún lloraba, porque las lágrimas parecían haberse acabado, pero sus ojos, sus ojos se dejaron ver a través de sus cabellos revueltos, del color de la sangre... -"¡MALDITO SEAS DARIEN! ¡ERA TU HIJA TAMBIEN!"- Gritó a la nada como si Darien pudiera escucharla. - "¡COMO DIABLOS PUDISTE! ¡MENTISTE TODO ESTE TIEMPO… ¡COMO DIABLOS PUDE CONFIAR EN TI! ¡ERES UN BASTARDO... ME QUITASTE LA OPORTUNIDAD DE SALVAR A MI HIJA… ME HICISTE PERDER TODO ESTE VALIOSO TIEMPO! ¡MALDITO!... ¡Maldito!…"- Se ahogó en sus últimas palabras y comenzó a llorar desconsoladamente… en parte sabía… que era injusta con él. Sabía el amor que Darien tenía por Rinnie y sabía el dolor que sin lugar a dudas sobrellevó solo… sintió lástima por él, pero más lástima por sí misma, ¡Cómo podía ser que nadie hubiera confiado en ella!. Ella iba a encontrar la forma de cambiarlo todo… de salvar a su pequeña dama, pero le quitaron su tiempo y le mintieron… no lograba comprender. Los odiaba por eso. Exhaló frenéticamente el poco aire que quedaba en sus pulmones jadeando, y escupió la amargura que la torturaba desde adentro. Se tiró al suelo con dureza y lo golpeó con ambos puños descargando su enojo con el destino. Golpeó una y otra vez, mientras las cuatro espectadoras lloraban junto a ella, sufrían junto con ella, y deseaban contenerla en sus brazos para calmar su dolor.
Los golpes cesaron primero de intensidad, luego de frecuencia, hasta dejar la habitación por primera vez en silencio. Serena dejó de golpear el suelo casi extinguida; quedó inmóvil por un instante con la mirada hacia abajo. Su llanto cesó por el cansancio físico y emocional que la envolvía. Enrollada en sí misma se abrazó… porque se sentía sola como nunca antes se había sentido: ninguna de las personas que la rodeaban podía comprender su dolor. Sintió que el mundo se volvía oscuro, mientras los estruendos de los relámpagos iluminaban de a ratos la silenciosa habitación. El viento ingresó por el ventanal haciendo flamear el cobertor de su cama y algunos papeles que se encontraban en el escritorio volaron por los aires cayendo al piso diseminados… pero todo esto pasó desapercibido por las cinco mujeres conmocionadas.
Lita la observó calmarse hasta el punto de casi desfallecer y creyó conveniente que descansara. La miró con cariño y benevolencia, y extendió lentamente su mano dirigiéndola hacia ella… pero se detuvo… unos segundos después, luego de cambiar de opinión, se acercó a pasos cortos y pausados, ante la mirada de las demás… Serena aún en silencio no pareció percatarse de ello. La castaña emprendió dos pasos más, hasta encontrarse a la distancia suficiente como para rozarle los cabellos que le caían sobre el rostro cabizbajo… extendió su mano y la posó sobre el hombro de la rubia…
Sorprendida, Lita se paralizó. En un movimiento brusco Serena le empujó el brazo como si prácticamente la desconociera, pero no era así… simplemente la quería lejos. Amy, Rei y Mina la miraron desconcertadas y sin dejar pasar más tiempo la ojiverde maniobró un par de pasos hacia atrás boquiabierta por la reacción de su rubia preferida.
Serena las miró con desagrado… aún cuando podía notarse una profunda tristeza en ese rostro que la desfiguraba. Sin abandonar el desprecio y el enojo, la rubia se paró en su lugar, gritando nuevamente hasta casi quedar afónica.
- "¡Ahhhhh!... ¡AHHH!... ¡VÁYANSE!... ¡DEJEN MI HABITACIÓN!.. ¡VÁYANSE, NO QUIERO VERLAS!... ¡VÁYANSE!"- Diciendo esto se dirigió a la pelinegra, señalándoles a todas la puerta con ira y arrebato; su brazo extendido se dirigió hacia la abertura, y su azaroza mirada impotente, a cada una de ellas. Regresó la vista a Rei, a quién tenía en frente, y clavó sus pupilas azules en ella; le mostró su miedo, su desesperanza, la desesperación… pero a la pelinegra le quedó la sensación de haber visto, detrás de aquellos ojos celestes malheridos, un desahuciado pedido de ayuda... y no supo qué hacer.
Mina, la peliazul, la sacerdotisa y la fotógrafa, lloraron con desesperación negando con la cabeza, mientras Serena seguía gritando. -"¡NO ME ESCUCHARON!... ¡VÁYANSE!... ¡DÉJENME SOLA!"-
Con tristeza y ambivalencia entre quedarse o irse como les pedía, las muchachas lentamente y sin dejar de mirarla comenzaron a encaminarse por la puerta hasta el pasillo. Serena las siguió a los gritos hasta que se enfrentó con la repentina mirada de las cuatro mientras tomaba la puerta para cerrarla tras de ellas. Mina, con lágrimas en sus ojos, trató de hacerla entrar en razón; hizo un paso hacia adelante para que la escuchara y unió las manos en su pecho como sosteniendo su corazón para que no se hiciera pedazos.
-"Serena..."– Le dijo con ternura y hablando por todas. -"…no estas sola…"-
Serena no tuvo tiempo a reaccionar porque le sorprendió el movimiento inesperado de Mina. La miró por un momento intentando descifrar lo que haría y cuando ésta habló, la de los odongos pareció escucharla y por una milésima de segundo las muchachas pensaron que la rubia lo comprendió… pero… sin mostrar otra expresión en su rostro que no fuera la desolación y la furia… Serena les cerró la puerta violentamente, sin decir absolutamente nada…
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"Despiértame, despiértame por dentro…
No puedo despertar… despiértame por dentro.
Sálvame, dí mi nombre, sálvame de la oscuridad.
Despiértame, dile a mi sangre que fluya.
No puedo despertar.
Antes de que me deshaga, sálvame.
Sálvame de la nada en que me he convertido.
Ahora que sé lo que soy sin ti, no puedes simplemente abandonarme.
Exhala sobre mí, y hazme real.
Tráeme a la vida.
He vivido una mentira. Y ahora no hay nada dentro mío.
Congelada por dentro… sin tus caricias… sin tu amor…
Cariño, solo tú eres la vida en esta muerte."
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"Bring me to life" (Fragmento)
Evanescence
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Para mi reina de la tragedia... Sams.
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Próximo:
Capítulo XXIV: "Solos"
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AGRADECIMIENTOS Y RESPUESTAS
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Amigas lindas, había realizado una devolucion extensa a cada una de sus rw pero no se que miércoles hize al poner guardar porque cuando agregue el cap al fic no estaban, se me borraron en el camino, imaginense mi humor jajaja, pero trato de mantener la compostura... snif... lo ziento... voy a intentar reconstruirlas pero ya no es lo mismo, porque ya descargue la emocion en las que se perdieron buaaa.. una vez anteriormente me paso algo similar y simplemente les pedi disculpas por no publicarlas, pero nunca dije la exacta razon, pero en fin... toy sincerandome porque toy medio apurada jajajaja y creo que es justo para ustedes que lo sepan.
ahora volvere a escribirlas, pero queria dejar esto primeramente por que no se si lograre acabarlas a tiempo..
las adoro!
