25
Fue como si cada poro de sus cuerpos estuviera despierto a cada movimiento del otro. La chimenea de la cocina no era lo único que estaba por arder, ambos se sentían víctimas de una combustión espontánea.
Castaño con verde no podían separarse, pero Harry hizo una ligera excepción y bajó la vista hacia los labios de Ginny, como quien admira su helado de chocolate antes de devorárselo. La chica pensó que no podría soportar tanta presión en su sistema.
-Bésame de una maldita vez, Pot… -su murmullo fue interrumpido por Harry que, feroz, atacó sus labios con un beso ansioso y brusco al principio. Ginny le correspondió, gustosa, llena de todas las veces que quiso atacarlo de la misma manera que él ahora lo hacía. La pasión fue moldeándose con lentitud, convirtiéndose en un beso pausado, de ésos con los que se disfruta cada movimiento.
Miles de palabras que quedaron entredichas, miradas que no fueron confirmadas, años de sonrojos y corazones acelerados… Todas y cada una de las cosas que Harry y Ginny no pudieron compartir, no pudieron confesarse, estaban siendo liberadas en ése beso, que se estaba quedando falto de aire.
Poco a poco el beso fue llegando a su fin. Ligeros toques cortos les indicaron que era la lamentable hora de romper el contacto.
-Te amo –susurró Harry contra los labios de ella.
-Te amo –contestó ella, todavía con los ojos cerrados.
-No más de lo que yo te amo a ti –aseguró él, y rió, feliz. Había esperado mucho tiempo para poder decir eso.
-Dejaré que ganes esta vez –dijo Ginny, y se acurrucó en su pecho. Ya no sentía el frío que la había llevado a escaparse a buscar café, bebida que ya no necesitaba. Acababa de tener su dosis de chocolate preferida.
Dieron las doce en punto. Una nueva era había comenzado.
