Da, da, da! Morning all :3 No os quejaréis, que subo bien prontico, ¿eh? Bueno, como he prometido a cierta personita que el lunes cumple añitos, aquí te dedico este capítulo, Alba xDD ¡Cumpleaños feliz, chúpate la nariz, y si no te la chupaas, chúpate un calcetíiiiiiiin! (8) xDD Espero que esta vez no me digas que solo te dedico capis tristes (?) Aunque para el caso... Advierto que este capi no es que sea gran cosa, soz -.-''' Y eso :3


CAPÍTULO 25: When all your dreams are shattered, everything is beautiful.

Danny

Centro toda mi atención en conseguir que el coche quede aparcado más o menos decentemente en el hueco existente entre un contenedor de basura y otro coche, todo ello sin que implique llevarme por delante a algún adolescente despistado de esos que entran en manada en el instituto. Llevaba unos cuantos años conduciendo (más de los que debería, porque aprendí a conducir antes de tener la edad suficiente edad para sacarme el carné como buen pandillero que soy), pero juro que aquello era de las cosas más difíciles a las que me enfrentaba al volante.

Suelto un 'hum' satisfecho cuando consigo encajar mi algo viejo pero adorado Volkswagen azul en el no muy amplio espacio. Después me quito el cinturón y miro a Lilly hacer lo mismo, para abrir después la puerta con cuidado de que no se la lleve ningún otro conductor estresado. Le imito, saliendo del coche y dirigiéndome al maletero.

-A ver… ¿Te ayudo a llevar esto dentro?-pregunto, sacando una caja de tamaño considerable. Quedaba una bolsa y otra cajita más pequeña dentro.

Lilly se aparta un mechón pelirrojo de la cara.

-Vale. ¿Te pongo esto ahí encima?-se coloca la mochila del instituto mejor sobre los hombros, agarrando la bolsa del interior del maletero y haciéndome señas hacia la otra caja.

-Claro, vamos a explotar al hermano caritativo a base de trabajos forzados.-refunfuño, aunque mi tono deja claro que solo bromeo.

Mi hermana se ríe, colocando la cajita encima de la que ya llevo, y tras bajar la tapa del maletero, me pellizca los bíceps.

-Anda, con lo fuerte que eres tú. Qué te quejarás… ¿No decías que de aquí se saca el acero para hacer los barcos?-me saca la lengua y me suelta el músculo, echando a andar hacia la entrada del instituto.

Pongo los ojos en blanco, aunque sonrío, y me apresuro a seguirla con cuidado de que no se me caiga nada, cosa harto difícil debido a la cantidad ingente de personas (noventa por ciento no mayores de dieciocho) que corretean a nuestro alrededor.

A Lilly le encantaban las artes escénicas. Iba a baile y, por supuesto, este curso se había apuntado a teatro. A finales de este mes, es decir, de marzo, iban a representar Romeo y Julieta, para cerrar así el segundo trimestre del curso, ya que para el tercero y último tendrían que centrarse en los exámenes y no tendrán tiempo para ensayar más. Estaba muy emocionada, y eso que no le había tocado ser Julieta, como a ella le hubiera gustado. Todas estas cosas que había en las cajas eran ropa y elementos que iban a conformar el vestuario y escenario de la obra, ya que el instituto no tenía demasiado presupuesto para permitirse el lujo de conseguirlo todo nuevo. ¿No estaba ahora muy de moda reciclar?

Sigo a Lilly entre la multitud hasta llegar al edificio propiamente dicho, sintiéndome de nuevo como un alumno más. A pesar de que nunca me gustó ni se me dio bien estudiar, puedo notar cierta nostalgia aflorar en mi pecho al pensar en mi época de estudiante.

Lilly me conduce hasta el salón de actos, donde se han reunido todos los integrantes del curso de teatro para dejar todo el material que hubieran podido encontrar, y que después del ensayo de la primera hora recontarían para ver qué les servía y qué no.

-Vale, deja eso ahí.-me dice Lilly, señalándome una esquina donde ya se ha reunido un buen montón de cajas y bolsas. Voy a descargar y después vuelvo a donde está, metiéndome las manos en los bolsillos.

-¿Algo más, su Ilustrísima Señoría?-estiro la comisura del labio en una pequeña media sonrisa.

-Nopi. Puedes retirarte.-su sonrisa es más ancha, y hace que sus ojos azules brillen.-Gracias. Ahora tenemos que prepararnos para empezar a ensayar. Nos vemos en casa después, ¿vale?

Me da un beso en la mejilla, vuelve a sonreír y se marcha trotando por el pasillo central que hay entre las butacas, uniéndose a un grupo de amigos.

Verla tan feliz hace que mi sonrisa sea un poquito más real.

Mientras salgo del instituto, levantando curiosas miradas por aquí y por allá, vuelvo a dar gracias por tenerla. No sé qué hubiera hecho sin ella. Entre lo de papá y lo de Dougie… Sí, habían pasado casi dos meses de aquello, pero estoy seguro que no estaría ahora aquí sino llega a ser por Lilly.

Lo había pasado mal. Muy mal. Después de la conversación con Dougie, después de que le rechazase, después de que decidiera que no quería perdonarle, fue como si un agujero negro me hubiese engullido. No podía hacer más que llorar mientras mi cabeza repetía como un CD rayado, una y otra vez, esos 'te quiero's' que me había dicho, casi gritando, casi sollozando. Fue duro, muy duro, porque quería creerlos, con toda el alma, pero a la vez era incapaz de saber si eran verdaderos o no, a pesar de todo lo que me había dicho.

Lilly fue la que me obligó a comer, la que me daba conversación, la que venía cada poco a mi habitación y me encontraba algo que hacer para que no terminase volviéndome loco y haciéndome más daño a mí mismo.

Todo ello también me dio, y me sigue dando, fuerzas para seguir aguantando a mi padre, para controlarme con él, porque sé que no puedo dejar que cumpla su amenaza y se lleve a Lilly lejos de mí.

Salgo del instituto y una vez dentro del coche, me quedo mirando al salpicadero con expresión algo ausente. Allí había sido donde había ido a parar mi camiseta cuando Dougie y yo lo hicimos por primera vez, esa noche en la que tenía que vigilar la entrada de uno de los locales de los Breakout Kings… Ahora parece tan obvio que desde el principio todo era una trampa, que todo era una mentira… Y sin embargo, no puedo evitar que me siga palpitando el corazón cuando pienso en él, o que una bobalicona sonrisa se extienda por mis labios cuando recuerdo algún momento gracioso a su lado, o que las lágrimas acudan a mis ojos cuando pienso en lo estúpido que fui… y le echaba tanto de menos… añoraba hablar con él hasta tarde por teléfono, añoraba sus bromas y sus picoteos, su afición de sacarme los colores, añoraba las sonrisas que se le escapaban cuando lograba arañar su máscara… Sí, le echaba mucho, mucho de menos… Y en los momentos más inesperados, como el de ahora, me encontraba pensando en él, en todo eso que echaba de menos, y tenía la urgencia de coger el teléfono y llamarle. ¿Seguiría manteniendo sus palabras? ¿O se habría olvidado ya de mí? Por suerte o por desgracia, era demasiado cobarde para pulsar el botón de llamada… Y se sentía tan raro seguir adelante sin él… Quiero decir, apenas pasaron tres meses desde la primera vez que nos vimos y el día en el que nos despedimos, pero se sentía como si ya no fuera nada igual, como si al entrar en mi vida Dougie me hubiera quitado la venda que tenía en los ojos y me hubiera hecho ver el mundo de un color mucho más bonito, y que al irse todo recuperara su tonalidad gris solo que, ahora, sabía que ese no era su verdadero color. Y no sabía cómo volver a pintarlo.

Sin tanta metáfora, siendo directo, lo que pasaba era que, simplemente, me había enamorado demasiado de él y todavía lo seguía estando…

Saliendo de mi ensoñamiento antes de que sea tarde y se me vuelva a romper la pose de perfecta normalidad que había construido para que Lilly dejase de preocuparse por mí, saco las llaves del bolsillo donde lo había metido y las meto en el contacto. Arranco y echo cinco minutos para sacar el coche del agujero donde lo había metido.

Mientras conduzco por el no muy fluido tráfico de Londres, pongo la música de la radio a todo volumen, para así no escuchar la voz encerrada dentro de mi cabeza. Pienso en lo que tengo que hacer hoy: Jimmy sigue en la cárcel y no podemos hacer nada más que esperar para sacarlo, y Harry todavía está con unos familiares en Manchester, así que la banda permanece algo aletargada por miedo a que la policía vuelva a tomar represalias contra nosotros. Tengo entendido que algo similar le pasa a los Sleeping Dogs, aunque no ando muy puesto en el tema…

Compruebo con decepción que, desde que los Blackstars no estamos al cien por cien, y puesto que Lilly tiene todo el día ocupado, a mí no me queda gran cosa que hacer aparte de volver a casa con papá y con mamá. ¿Cuándo se ha vuelto mi vida tan aburrida?

El sonido del móvil me llega a través de la canción que escupen los altavoces del coche, y me apresuro a inclinarme sobre el asiento de copiloto donde lo había dejado, para cogerlo.

-¿Sí?-agarro con fuerza el volante con la mano libre, sin importarme un bledo estar cometiendo una imprudencia.

-Oh.-una voz masculina ligeramente conocida pero que no logro ubicar me habla desde el otro extremo de la línea con lo que parece cierta sorpresa y nerviosismo.-Eh… ¿Eres Danny Jones?

Frunzo el ceño, creyendo que es una de estas llamadas con las que te fríen las compañías telefónicas para que aceptes alguna oferta especial que presentan como si fuese la receta de la poción de la vida eterna. Por eso estoy a punto de colgar sin más, pero me mosquea esa impresión de haber escuchado la voz antes.

-Es posible, sí. ¿Quién lo pregunta?-intento sonar algo amenazador para que en caso de que en verdad sea un teleoperador no intente convencerme de nada.

-Bueno, no sé si te acordarás de mí… Apenas nos vimos una vez, pero…-un suspiro hace crujir la línea.-Soy Tom. Tom Fletcher.

Hace una pausa, como si esperase que su nombre me dijese algo. Tom. ¿Qué Tom? Conocía a varios Tom's, Tom era un nombre muy común en Inglaterra, ¿no? No sé por qué siento cierta incomodidad y me revuelvo en el asiento, vigilando a un coche que me adelanta por la derecha.

-Lo siento, no caigo.-confieso, mordiéndome el labio inferior, intentando hacer memoria.

-Soy el amigo de Dougie. Su compañero de piso. Nos vimos el día que te quedaste a dormir en su habitación…-según escucho el nombre de Dougie mi pie vuela al freno, deteniendo el coche de golpe con chirrido y ganándome unos cuantos pitidos de los conductores de detrás.

Noto como la piel de la nuca y los brazos se me eriza, y como el corazón empieza a latirme a más velocidad en el pecho. ¿Por qué su mera mención hace que reaccione tan intensamente? Vuelvo a poner en marcha el vehículo, porque con el frenazo se me ha calado, y trato de tranquilizarme.

-Vale.-logro contestar secamente tras un minuto casi entero en silencio. Me humedezco los labios con la lengua, reprimiendo la avalancha de preguntas que empiezan a formarse en el fondo de mi garganta.

-Mira, sé que ha pasado bastante tiempo, y sé que lo vuestro no acabó bien, y también que puedes mandarme perfectamente a la mierda porque ya no es asunto tuyo… pero… por favor, necesito hablar contigo.

El tono de voz que utiliza, mitad preocupado mitad desesperado, transforma las preguntas en un ceñido nudo que apenas deja pasar el aire. ¿Le había pasado algo a Dougie? ¿Algo… algo malo? No… Joder, no me puede soltar eso sin darme más información. Y cierto, ya no era asunto mío, Dougie y yo habíamos 'cortado' (aunque no sé si es correcto emplear ese término porque nunca hubo un 'pareja' en lo nuestro…) y cada uno nos habíamos ido por nuestro camino. Lo que le pasara ya no tenía que importarme… pero lo hacía, ¿no? Y lo iba a seguir haciendo durante lo que yo creo que será bastante tiempo, me guste o no… Así que termino respondiendo un rápido:

-Dime hora y lugar y estaré allí.

Entro en la cafetería donde he quedado con Fletcher con paso decido, intentando camuflar el miedo y la preocupación que me llevan acompañando desde que recibí su llamada. ¿Y si ahora me decía que Dougie había muerto? ¿Qué le había atropellado un camión de la basura o algo así cuando estaba ganándose el dinero para ir a la universidad? ¿O que se había tirado por un puente por mi culpa? Joder…

Echo un vistazo rápido a los clientes del local, maldiciendo al no encontrar la cabeza rubia que busco. Tengo un recuerdo fugaz de él, pero creo que podría reconocerlo si lo veo. Así que vuelvo a escanear el lugar, esta vez más detenidamente. Una mano que se agita en una de las mesas del final me facilita la tarea.

Me acerco sorteando mesas, un molesto cosquilleo en mi pecho.

-Hola.-me dice el rubio, mirándome a través de los cristales de sus gafas.

-Hola.-contesto en una especie de gruñido, dejándome caer en la silla de enfrente de él. Saco las manos de los bolsillos de la chaqueta y las dejo sobre la superficie de madera de la mesa, aunque no tardan mucho en hacerse con algo con lo que entretenerse, en este caso la carta de las bebidas disponibles.-Querías hablar conmigo, ¿no?

El chico asiente, serio, y carraspea un poco. Por el movimiento continuo de sus ojos diría que no está muy cómodo en mi presencia, es casi como si me tuviese miedo.

-Tú… sigues dirigiendo los Blackstars, ¿no?-me pregunta, cosa que me pilla bastante desprevenido porque no sé a qué viene. Parpadeo un par de veces antes de contestar afirmativamente, sin entrar en detalles sobre la actual situación de la banda.-Vale, eso significa que sigues teniendo más posibilidades que yo…

-¿Qué? ¿Más posibilidades de qué? ¿No íbamos a hablar de Dougie?-pregunto con impaciencia y algo de enfado, para darme cuenta segundos después de que nunca dijo explícitamente que fuéramos a hablar de Dougie. Trago saliva, notando mis mejillas colorearse.

La comisura de sus labios se estira hacia arriba, formando una pequeña sonrisa, y parece que sus ojos marrones se dulcifican un poco.

-Tú también le echas de menos, ¿eh?-susurra, negando un poco con la cabeza.

El corazón me da un vuelco y me olvido de disimular.

-¿Él… él me echa de menos?-suelto con voz temblorosa, retorciendo la carta entre las manos.

Tom se frota la nuca, y tuerce la boca en una mueca, un hoyuelo apareciendo como reacción.

-Estoy seguro de que sí… No hablamos mucho ya, así que no estoy seguro, pero… sí…-puedo notar un matiz triste en su voz al decir que ya no hablaban mucho. Empiezo a mordisquearme la uña del pulgar, y voy a preguntar algo justo cuando aparece el camarero. Pedimos rápidamente lo primero que se nos viene a la cabeza, y yo dejo la carta por la mirada asesina que me ha lanzado el tipo al verme estrujarla tanto. –Verás… Dougie… algo raro pasó…

-¿A qué te refieres con 'algo raro pasó'? ¿Cuándo?-cada vez me pongo más de los nervios. ¿No puede soltarlo y ya está?

Suspira fuertemente, clavando sus ojos en mí.

-Una semana después de que tú y él… hablaseis, le dejé solo en el piso. No quería, porque estaba mal, realmente le afectó tu rechazo... y no te lo estoy diciendo para que te sientas culpable, ¿eh? Tuviste todo el derecho del mundo a hacerlo después de saber la verdad… La cosa es que temía que hiciese alguna tontería. Pero me convenció. Ya sabes cómo es Dougie para hacer creer al resto lo que quiere… La cuestión es que cuando volví por la madrugada a casa, me lo encontré hecho un ovillo en su cama…-se pasa la mano por el pelo tras subirse las gafas por su afilada nariz con el dedo índice.-La habitación estaba rara, olía a productos de limpieza, había cambiado las sábanas y faltaban cuadros de su collage. Cuando me acerqué a él vi que tenía la nariz hinchada y torcida, y apenas se podía mover. No me quiso contar que le había pasado, ni siquiera cuando le arrastré al hospital porque tenía el pecho hecho un poema de golpes, incluyendo un par de costillas rotas.-trago saliva, notando cada fibra de mi cuerpo tensa, una rabia casi visceral creciendo en mi estómago.-Sigo sin saberlo. No ha abierto la boca, por más que lo he intentado, lo único que he conseguido es que me grite y se eche a llorar.

Se queda en silencio cuando el camarero vuelve, dejando los pedidos encima de la mesa. Pego un buen trago a la cerveza que ha dejado delante de mí, porque mi boca se ha secado por completo. Insto con la mirada a Tom para que siga hablando según se aleja el camarero.

-Un par de semanas después de ese incidente misterioso, me di cuenta de que faltaba su cámara. Le pregunté y me dijo que se había estropeado y la había tirado. Él nunca se desharía de su cámara, Danny. Ya sabes lo mucho que adora la fotografía. Eso me hizo sospechar todavía más de que algo había pasado. –se mordisquea el labio, bajando los ojos.-Y también está el hecho de que volvió con Ian. Sí, lo soltaron por falta de pruebas y volvió con él. No le quiere, nunca lo ha hecho, ninguno de los dos tiene sentimientos por el otro, pero han vuelto. Y… no sé, algo pasa, Dougie cada vez está más raro, cada vez me habla menos, y cuando lo hace suele ser para gritarme que me meta en mis asuntos o cosas peores… Y nunca me ha tratado así, conmigo siempre ha sido cariñoso y sincero… Él no es así, a pesar de todo, era un chico lleno de vitalismo y ahora está completamente apagado, como si hubiera perdido las ganas de vivir… Además cuando pasa por casa, porque tampoco le veo mucho el pelo, viene con moratones y heridas, pero no me deja preguntarle… No sé qué le pasa, y ya no sé qué hacer…-su rostro se deforma en una expresión de pura desesperación, y puedo ver cómo sus ojos se aguan un poco.-Tú no lo viste cuando yo lo conocí. Tú no viste el deseo de salir adelante en sus ojos brillar aunque estuviese destrozado, aunque tratase de construir un muro que lo aislase del exterior. Y no quiero que desaparezca, nunca he querido que lo hiciese, por eso me prometí que no dejaría que nada malo le pasase, que no dejaría que esa llama se apagase… él es como un hermano pequeño para mí, quiero protegerle, pero no puedo, porque no me cuenta que le pasa, y tampoco puedo enfrentarme a Ian, que estoy seguro que tiene algo que ver…-coge aire, inclinándose sobre la mesa, la súplica cubriendo su voz.- Pero tú… tú sí que puedes hacer algo contra Ian, tú estás en su mismo peldaño… Y… no sé… quizás… quizás podrías hablar con Doug… quizás a ti te cuenta qué demonios le pasa… No sé… pero eres mi última esperanza…

Se queda callado, mirándome fijamente, rogándome con esas esferas achocolatadas que le ayude. Que ayude a Doug. De verdad parece desesperado. De verdad parece que soy su última carta. Me recuerda un poco a mí con mi deseo de proteger a Lilly…

Cojo con dedos temblorosos la cerveza y vacío el vaso de otro trago. Luego apoyo los codos en la mesa y hundo la cara en las manos. ¿Qué debía hacer? No podía quedarme impasible ante lo que me acababa de contar. Algo le estaba pasando a Doug, algo malo, y yo no quería que sufriera. Pero, repito, ya no era asunto mío. Cuando le cerré la puerta de mi casa dejé bien claro que lo que hiciera desde ese momento no iba a importarme. Y no tendría. Porque me había mentido, ¡joder!, me había mentido durante mucho tiempo, haciéndome creer que estábamos construyendo algo juntos, pero desde el principio fue una farsa. ¿Cómo podía ir ahora en su auxilio? Sería traicionarme a mí mismo. Sería volver a caer. Sería volver a admitir en voz alta que me había equivocado y que seguía enamorado de él.

Pero, ¿y si de verdad cambió? ¿Y si de verdad se enamoró él también de mí? ¿Y si de verdad me quería? ¿Y si de verdad había delatado a Ian solo para poder estar conmigo, a pesar del riesgo que conllevaba? ¿Y si Ian se había enterado de que él le había traicionado? ¿Por qué habían vuelto entonces? ¿Y podría hacer yo algo contra él? No era plan de declararle la guerra solo por una sospecha. ¿O sí? ¿Sería capaz de poner mi vida en riesgo solo para poder asegurarme de que la de Doug no corría peligro? ¿Sería capaz de implicar a los Blackstars en algo de lo que quizás no salían beneficiados solo por un interés particular?

Cientos de preguntas rebullen en mi cabeza, algunas nuevas y otras ya conocidas, pero todas tienen el rasgo común de no tener una respuesta definitiva.

Me froto el rostro con las manos con fuerza, intentando despejarme, y luego alzo la cabeza para mirar a Fletcher, que sigue en la misma posición que hace cinco minutos, mirándome fijamente. Abro la boca varias veces, pero ninguna palabra sale de entre mis labios.

-Mira, no te pido que aceptes sin más.-empieza él, serio.- Tampoco te pido que seas el salvador de turno. Solo te pido que vayas a verle. Ni siquiera tiene porqué enterarse de que tú estás ahí. Solo… solo observa el estado en el que está. Y luego decide si quieres hacer algo o no. No te culparé si no quieres ayudarle. Solo vete a comprobarlo por ti mismo y decide si merece o no la pena intentarlo. No te pido más.

Dougie

Despego los ojos de la pared oscura de la habitación, donde los he mantenido clavados durante ¿qué?, ¿quince minutos? Parpadeo para humedecerlos y los llevo al reloj de mesita. Las 7.49 de la mañana. Llevo despierto desde las cuatro, y apenas me he movido en todo ese tiempo.

Siento una respiración en mi nuca, y un brazo sobre mi cadera. Un escalofrío trepa por mi espalda y aprieto los puños contra la almohada, mordiéndome el labio.

Habían pasado dos meses desde la primera vez que Ian me violó, y desde entonces la cosa había ido de mal en peor, justo como pasó con lo de Jace. A veces intentaba negarme, pero volvía a recordarme lo que haría si no hacía lo que él quería, lo que normalmente venía acompañado de algún buen golpe.

Con todo el cuidado del mundo, me escurro del abrazo de Ian esperando no despertarle, y me bajo de su cama. Localizo a tientas mi ropa interior y me la pongo mientras salgo de la habitación.

Mis músculos se resienten un poco debido al agarrotamiento de la noche, pero termino convenciéndolos de que me guíen hasta la cocina. Al pasar por el pasillo, detecto por el rabillo de mi ojo la figura esmirriada y algo esquelética de un chico en la superficie de un espejo. Me vuelvo con miedo para enfocarlo directamente. Ha perdido peso, bastante peso. Y su cara refleja un cansancio propio de alguien que ha vivido muchos más años que los que él tiene. Su piel no tiene el color tostado de antaño, sino que está pálida, enfermiza, y en algunos lugares adquiere tonalidades oscuras, sombras de golpes recientes. Le veo apartarse con dedos temblorosos el flequillo rubio, más largo de lo que solía llevarlo, que esconde sus ojos grises. La zona que rodea el derecho está teñida de un feo color morado, producto de un contundente puñetazo. Se muerde los labios cuando estos empiezan a temblequear. Me acerco un paso más a él, para poder observarlo con más claridad.

Y entonces alza la mano y atraviesa la superficie plateada del espejo, agarrándome y tirando de mí hacia el pozo oscuro en el que se ha convertido el espejo. Grito, pero nada sale de mi boca, mientras que el chico ese que tanto se parece a mí empieza a reírse, su rostro deformándose, transformándose, mezclando mis propios rasgos con los de Ian, con los de Ethan, con los de Jace e incluso con los de Danny y los de Tom. Me sigue empujando hacia el espejo, agarrándome por los hombros, sus manos transformadas en afiladas garras que se cierran con tanta fuerza sobre ellos que atraviesan la piel. Trato de escapar, pero mis pies desnudos resbalan en el suelo y acabo cayendo hacia el interior del marco, traspasando el espejo y hundiéndome en la oscuridad. Decenas de voces empiezan a resonar en las tinieblas, algunas susurrando, otras gritando.

No eres más que un desecho inservible, débil, lo sabes, ¿no?

Pensé que te importaba. Pensé que era alguien especial para ti.

Doug, no deberías seguir con eso. Vas a acabar mal…

No. Tienes que irte. Vete.

Puedo hacer contigo lo que quieras que no vas a defenderte.

Pero, cuando se acaba eso, ¿qué queda? Nada.

Me tapo los oídos, pero las voces se siguen escuchando a través de mis manos, se siguen escuchando aunque yo trate de ahogarlas.

Abro los ojos que no sé que había cerrado y me encuentro de nuevo con mi propio rostro, mirándome a unos centímetros. Me aparta las manos de las orejas y luego me habla, sobreponiéndose a las voces.

-Cada uno tiene lo que se merece. Y tú no te mereces ser feliz. Qué estúpido has sido al creerlo. No puedes escapar de esto. Estás predestinado. Y desperdiciaste la oportunidad. Había logrado escapar, volver a ver la luz, y por tú culpa vuelvo a estar encerrado en el mismo lugar. Pero esta vez no voy a quedarme aquí solo. Esta vez te arrastraré conmigo. Esta vez haré que pagues por lo que me has hecho.-y siento un pinchazo en el pecho, y al bajar los ojos su mano, mi mano, está atravesando mi pecho, ha desgarrado mi piel y mis músculos, mi esternón y mis pulmones, y a través de la sanguinolenta abertura agarra mi corazón, empezando a hacer presión sobre él. Chillo, pero nada hace que pare de apretarlo, hasta que siento que revienta, hasta que siento que lo destroza por completo, arrancándome lo poco que queda de él del pecho…

Me despierto pegando un brinco, llorando y gritando. A mi lado en la cama no hay nadie, estoy solo en la oscuridad, y soy incapaz de tranquilizarme, el recuerdo de la pesadilla todavía palpitando contra mis ojos.

Me froto las mejillas, húmedas de lágrimas, mientras trato de controlar los sollozos que no dejan de escaparse de entre mis labios.

Una pesadilla. Solo había sido una pesadilla. Nada más, solo… solo un mal sueño…

Tuerzo vacilante la cabeza hacia un lado, buscando sin querer el espejo que cuelga de una de las paredes de la habitación. No soy capaz de discernir más allá de oscuridad en su pulida superficie. Me llevo la mano al pecho, y noto algo latir bajo la palma sudorosa de mi mano. Mi corazón sigue allí. ¿Sigue allí? No, solo late el espacio vacío en el que estaba. Mi corazón ya no está. Se lo llevó el yo de la pesadilla a esa cárcel en la que lo había tenido encerrado tanto tiempo, cumpliendo su amenaza.

Ya no está ahí.

Solo soy una carcasa vacía.


¡Tacháaaaaan! Espero que os haya gustado xDDD Y que a Marina le haya hecho ilu que saliese Tom xDDDD Muchas gracias por los reviews que me dejáis y eso, sois geniales. Si os conociese a todas, os daría un abrazo pandásticamente enorme (?)
Y ahora, me vuelvo a la caverna de mi habitación a estudiar Filosofía y Física (la maldición de las F's).