No, no estaba muerta. Aqui les traigo otro capítulo, intentaré volver a actualizar de seguido, al menos cada semana :)
Disclaimer: Ni el universo de Harry Potter ni sus personajes me pertenecen. Yo sólo los tomo prestados un rato para entretenimiento, escribiendo estos fanfictions.
"No hay secretos en la vida; solo verdades escondidas que yacen debajo de la superficie." Dexter.
24. El Error en el Mapa
Si Harry necesitaba un momento alegre para conjurar un patronus, lo tendría luego de esa tarde. El estadio estaba a rebosar con los alumnos y profesores del colegio, para la Final entre Slytherin y Ravenclaw, que definiría al campeón.
Antes de comenzar el partido, Cho Chang, la buscadora de Ravenclaw, le sonrió a Harry y murmuró un "Buena suerte" que lo dejó completamente colorado, antes de comenzar el juego.
Ginny le dio un codazo que le trajo de vuelta a la realidad.
- La cabeza en el juego, Harry, ¿recuerdas?
Los estudiantes de Hufflepuff, que habían quedado hasta el fondo por culpa de Ravenclaw, apoyaban a Slytherin. Los estudiantes de Gryffindor, aunque también habían sufrido lo suyo con Ravenclaw, estaban de parte de las águilas. La rivalidad entre leones y serpientes no era algo que se borrara así como así, y - Harry pensaba - de hecho era esa rivalidad lo que hacía las cosas más divertidas.
Por fortuna, el Guardián de Ravenclaw no era tan bueno como Oliver Wood, de Gryffindor. Draco anotó dos tantos en los primeros cinco minutos, y Harry tuvo un buen sentimiento sobre atrapar la snitch lo más pronto posible. Estaba consciente de que Chang, la buscadora de Ravenclaw, lo vigilaba de cerca, pero se concentró en las palabras de Ginny: "cabeza en el juego". Tenían que ganar ese partido.
Su corazón se aceleró cuando distinguió el particular brillo dorado, y aceleró en dirección a la pelota. Chang se ponía en su camino, zigzageando, cortándole el paso. La snitch fue hacia abajo y él descendió en picada, estirando los dedos, a sólo un par de metros del suelo... y su mano se cerró alrededor de la snitch.
Los vitores, tanto de alegría como de rabia, llenaron el estadio. Harry pocas veces se sentía tan feliz como en momentos así, con su cuerpo aun sintiendo la adrenalina y escuchando los gritos del estadio una vez que él acababa el juego.
- ¡Chúpate esa, Gryffindor! - oyó a Draco decir, haciendo gestos hacia las bancas ocupadas por los leones. Probablemente se sentía muy bien poder al fin usar todas esas palabras prohibidas en la casa.
- ¡Lo hicimos! ¡Lo hiciste Harry! - exclamó Ginny, con una radiante sonrisa en la cara, apartándose la cabellera pelirroja de la cara.
Adrian Pucey le dio unas palmadas en el hombro, y alzó bien alto la copa.
- Lo hicimos - le corrigió Harry, acercándose a la chica - lo hicimos, Ginny. Gran juego allá arriba.
Draco llegó, poniéndose en el medio de los dos, con un brazo sobre el hombro de cada uno.
- Esto es la gloria.
Con los exámenes cayendo sobre ellos, Draco y Harry tenían que estudiar más que nunca. Aritmancia se le daba bien a Draco, pero a Harry le resultaba algo más complicado, por lo que en las horas libres se juntaban con Hermione para estudiar.
Estaban acabando de leer los principios de la numerología cuando Neville Longbottom se acercó a ellos.
- Hermione, ¿has podido realizar la transformación de la tetera? Estoy seguro de que es lo que la Profesora McGonagall nos pedirá mañana.
- Bueno... sí, pero no es que sea perfecto o algo... podríamos practicar después.
- Oh, gracias. El examen... es mañana a las 9, ¿verdad?
- Uhum. Si.
Harry y Draco intercambiaron una mirada.
- Hermione, se equivocan. No puedes tomar Transformaciones mañana. Tenemos Aritmancia a las nueve, ¿recuerdas?
Neville frunció el ceño.
- No, estoy muy seguro. Tenemos Transformaciones juntos todos los jueves, ¿no, Hermione?
Ella parecía algo nerviosa. Se levantó y recogió sus libros.
- Tengo que irme. Nos vemos luego.
Draco frunció el ceño mientras la miraban alejarse.
- ¿Qué es lo que se trae entre manos?
- Con ella nunca se sabe. – dijo Harry suspirando y encogiéndose de hombros. – Pero es algo extraño de verdad…
Había acabado los deberes, y aburrido, sacó el mapa del merodeador.
Estuvo fijándose un momento en sus compañeros, el profesor Lupin, el profesor Snape... hasta que vio algo que le llamó la atención.
Una mota con el nombre de Peter Pettigrew.
- Draco, mira esto.
Su amigo estiró el cuello hacia el mapa.
- Es ese el nombre, Peter Pettigrew. El amigo de mi padre al que Sirius Black mató.
Draco frunció el ceño.
- No puede ser. Se supone que está muerto, ¿verdad?
- Sí. Es extraño. – Harry dio vueltas al mapa, examinándolo con sospecha– ¿Estará averiado?
Mirando las motas moverse, él y Draco intercambiaron una mirada, ambos pensando en lo mismo.
- Vayamos a averiguar. – decidió Harry.
Recogieron sus cosas corriendo, y bajaron hasta el segundo piso, siguiendo la dirección en la que Peter Pettigrew iba.
- Allí, en la otra esquina...
- Harry.
Ambos levantaron la vista. Habían estado tan enfocados en perseguir al supuesto Pettigrew que no vieron que Lupin iba directo a chocar con ellos.
Los ojos de Lupin se posaron en el mapa, y palidecieron. Se lo arrancó de las manos.
- Harry, ¿de dónde has conseguido esto?
Sin duda el profesor Lupin conocía el mapa y lo que podía hacer.
- ¿Sabes que esto, de caer en manos equivocadas, puede ser mortalmente peligroso para ti? ¡Con Sirius Black persiguiéndote!
- Lo siento, profesor. En verdad no hacíamos nada malo con él.
- No quiero saber de dónde lo obtuvieron. No puedo devolverte esto, Harry, lo siento - dijo, mirando a los dos chicos - al menos hasta que atrapen a Sirius Black.
Harry pocas veces se había sentido tan desilusionado. El mapa... Fred y George le matarían por ser tan tonto.
- Señor - dijo, aceptando la derrota - creo que el mapa no funciona bien. Me acaba de mostrar el nombre de alguien que ya está muerto.
Lupin frunció el ceño.
- Imposible. ¿El nombre de quién?
- Peter Pettigrew.
Finalmente el sábado llegó, y Harry y Draco pensaron que era un día perfecto para olvidar los exámenes por un momento. Por supuesto, Ginny compartía esa filosofía, pero fue mucho más difícil apartar a Hermione de los libros. Al final la chica accedió, porque Crookshanks se veía algo inquieto y parecía necesitar el paseo.
Estuvieron jugando un rato, practicando algunos hechizos sencillos, y Ginny dio a los demás una demostración de su patronus, que empezaba a tomar la forma de un cuadrúpedo, aunque ninguno pudo adivinar exactamente qué era.
Aunque estuviera en cierta forma orgulloso de que su amiga fuera tan buena con ese encantamiento, una parte de Harry no podía evitar sentir celos, cuando él mismo apenas lograba enfrentarse al boggart/dementor. Seguía teniendo problemas en encontrar un recuerdo feliz.
- ¡Scabbers! - gritó Hermione de repente, viendo la fea rata de Ron Weasley – ¡Está viva! ¡Atrápala,Draco!
- ¿Yo, por qué yo?
Hermione le suplicó con los ojos. Ella odiaba las ratas, sólo pensar en acercársele le hacía temblar. Draco no le tenía más aprecio que ella a esos bichos, así que Harry fue quien persiguió al animal.
- Bien... - corrió detrás de Scabbers y la atrapó, para metérsela en el bolsillo. La rata temblaba tanto que podría comparársele con las reacciones de una persona asustada. – Después se la devolveremos. ¿No ibamos hacia el lago?
- No sé, Harry - dijo Hermione - pronto empezará a oscurecer.
- No seas aguafiestas, Granger. Es el primer día verdaderamente agradable en todo el mes, hay que exprimirlo.
Hermione suspiró. ¿Por qué, maldita sea, tenía que importarle lo que Draco decía?
Siguieron andando un rato, hasta llegar a un prado, y Ginny fue la que decidió que era suficiente, era tarde y debían volver. Pero entonces Scabbers escapó del bolsillo de Harry, y Crookshanks saltó de brazos de Hermione, corriendo detrás suyo.
- ¡Crookshanks! ¡NO! - gritó Hermione, corriendo detrás de su gato y de la rata. No podía volver sin el inmundo animal. Le demostraría a Weasley... pero sólo si Crookshanks no mataba a Scrabbers ahora.
- ¡Hermione, espera!
Draco, Ginny y Harry comenzaron a correr también, detrás de Hermione, que seguía a la gata, que seguía a la rata apestosa. Draco se adelantó a los demás, podía correr mucho más rápido.
Habían alcanzado el sauce boxeador cuando Draco atrapó a Scabbers. Se quedó allí, parado, tratando de recuperar el aliento. Las cosas que uno hacía por los amigos...
- Chicos, ya lo te.. – giró, esperando ver a sus amigos. Y si, ellos estaban acercándose. Pero justo frente a él, había un enorme perro negro.
El perro arrastró a Draco desde el cuello de su camisa, arrastrándolo por un hueco en las raíces del sauce. El miedo de Draco - que era bastante, no se comparaba con los chillidos de la rata, que no hacían más que ponerlo más nervioso.
- ¡Draco! - oyó que los demás gritaban su nombre.
Los escuchaba cerca, como si intentaran entrar también detrás suyo, pero al parecer no lo conseguían.
¿Iba a morir así? ¿En las garras de un perro?
Mierda. Nunca iban a conseguir tener un año normal.
Hermione sugirió ir por ayuda, pero Harry sabía que no tenían tanto tiempo. Aquel animal era lo suficientemente grande como para comerse a Draco.
- No. Pasaremos - dijo, sonando más seguro de lo que en realidad se sentía. El sauce se movía tanto que podía partirlos en dos en cualquier momento.
Entonces Crookshanks se deslizó entre las raíces, y se agarró de las zarpas a un nudo en el tronco, agitándolo. El sauce se quedó tranquilo por un momento.
- Buen chico...
En ese momento, a Harry no le parecía muy confiable aquel gato, pero se deslizó por el túnel, y Ginny y Hermione le siguieron.
- Creo que vamos a Hogsmeade. Esta entrada estaba en el mapa de Fred y George.
El túnel los lazó finalmente hasta una habitación. Harry no sabía dónde estaban, pues todo estaba oscuro y desierto. No había estado nunca en ese lugar.
- Creo que estamos en la casa de los gritos - susurró Hermione.
Harry avanzó hacia la única puerta, y la abrió de una patada, sosteniendo su varita firmemente. Draco estaba allí, pálido, en una esquina.
- Una trampa – murmuró. – Un animago.
Sucio, demacrado, envejecido. Allí estaba Sirius Black. Tenía la varita de Draco en la mano, y en un movimiento rapidísimo, los desarmó.
- Sabía que vendrías por uno de tus amigos – dijo con voz ronca – Tu padre habría hecho lo mismo por mí. Han sido muy valientes por no salir corriendo en busca de un profesor. Muchas gracias. Esto lo hará todo más fácil.
Valiente, já. Había sido un idiota, pensó Harry.
La burla de Black sobre su padre le hizo arder la sangre. Lo odiaba. Podría matarle allí mismo, si tan sólo tuviera su varita...
De todas formas dio un paso en la dirección del hombre, pero la mano de Ginny sobre su brazo lo detuvo. Ella meneó la cabeza despacio.
- Si quiere matar a Harry, tendrá que matarnos también a nosotros - dijo Hermione con fiereza.
Algo titiló en los ojos de Black, y éste se dirigió de vuelta a Draco.
- Sólo habrá un asesinato esta noche. He esperado demasiado tiempo...
- ¡NO! - exclamó Harry, soltándose del agarre de Ginny. – A mis amigos no. Es a mí a quien quieres.
- ¿A ti? ¿A ti? – Black miró de vuelta a Draco – ¡Dame a esa rata!
La cara de consternación de Draco igualó a los demás.
- ¿Para qué querría usted una vieja rata? – preguntó con cautela.
Harry aprovechó un momento de distracción de Black para saltar sobre él y recuperar su varita y la de los demás.
Le apuntó con mano firme, dispuesto a matarlo allí mismo.
- ¿Vas a matarme, Harry?
- Usted mató a mis padres – dijo Harry con voz fría.
- No lo niego, pero si supieras toda la historia…
- ¡Los entregó a Voldemort!
Hermione sollozó, acababa de escuchar unos pasos arriba. Todos los demás lo escucharon también. Gritó, pidiendo ayuda, y como un milagro, segundos después, la puerta de la habitación se abrió. El profesor Lupin los miró a todos, pero sobre todo a Harry a Black.
- ¡Expeliarmus! - gritó Lupin, y la varita de Harry salió disparada. Todos quedaron paralizados. Lupin miró a Black y preguntó - Sirius, ¿dónde está?
Black señaló a Draco. O mejor dicho, a la rata que sostenía Draco, y que se removía furiosamente. Harry hubiera pensado que Draco iba soltar al animal, habiendo cosas más importantes, como su vida, en juego. Pero él sujetaba a la rata con fuerza, y con más asco que nunca.
Lupin abrazó a Black, y Hermione gritó con indignación.
- ¡Cómo pudo! ¡Usted! ¡He guardado su secreto por meses! Y todo este tiempo lo ha estado ayudando... y yo, callándome que usted es un hombre lobo!
Los demás miraron sorprendidos a su amiga y luego al profesor.
- Muy bien, Hermione. El Profesor Snape estará contento de saber que hiciste tus deberes.
Harry estaba temblando de rabia. Pero antes de que hiciera nada, Draco se adelantó.
- ¿Es esta cosa, verdad? – preguntó. – No fue a Harry a quien estuvo persiguiendo todo este tiempo, sino a la rata.
Harry lo miró como si hubiera perdido la razón. La sonrisa de Lupin se hizo más amplia.
- Brillante, Draco. Lo has entendido más pronto que yo. – miró a Harry, a Hermione y a Ginny – lo siento, pero pronto entenderán todo. Me temo que necesitamos que él nos lo explique primero.
- ¿Qué tiene que ver Scabbers? – preguntó Ginny. – Es sólo una rata.
- No es una rata. Es un mago.
- Un animago – aclaró Black – llamado Peter Pettigrew.
