Observaciones II

Su mirada dorada estaba completamente incrédula ante lo que acababa de presenciar. Él, al igual que su sobrina era un hombre de palabra, y Genjuuro Kazanari se había prometido a sí mismo que no dejaría a otros sus camaradas morir, era terriblemente de lo que la muerte de un ser querido y bastante cercano era capaz de traer.

Genjuuro había visto los ojos de a muerte en diversas ocasiones, tuvo que despedirse a regañadientes de mucha gente mientras que otros no le dieron siquiera la oportunidad.

La primera persona que cayó por su fallo fue Amou Kanade, posiblemente la persona que Tsubasa más querría en su vida. Un escalofrío recorrió su cuerpo antes de que aquel concierto en donde le vio perecer, ese mismo escalofrío le vino cuando las chicas se enfrentaron a Finé, ese mismo escalofrío le vino cuando las potadoras del Igalima y del Shul Shagana se enfrentaron compartido por el que le causó la batalla del Tsubasa y Chris, era ese mismo escalofrío el que le recorrió cuando Maria saltó sobre el Chateau. Ese escalofrío era ese el ml agrario que le indicaba el precio a pagar. Habían corrido con demasiada suerte la mayoría de las veces, pero nada garantizaba que todo saliera bien. No había un corazón al cual debieran conmover, no había un alma que diera la vida por alguna de ellas, no había una complicidad entre adversarios en la cual confiar… solo quedaban tres chicas que protegerían a un convicto prófugo —al cual despreciaban— de las defensas de la máquina que explotaría en breve sin dejarles la oportunidad de escapar.

A sus ojos, Maria y Kanade realmente se parecían… Ambas no dudaron en sacrificar su vida por un bien mayor aun sabiendo el daño que causarían en la persona más preciada para ellas, e irónicamente, en ambos casos se trataba de Tsubasa.

La despedida de Kanade vino en la melodía maldita que representaba el cisne.

Tsubasa solo escuchó el inicio, rogó por que se detuviera pero fue ignorada. Kanade no intercambió más que unas torpes palabas y con una sonrisa se negó a decir adiós, interiormente creyendo que aquello sería lo mejor. Tsubasa lloró, le abrazó y dejó ir su vieja personalidad en ello, nunca culpó a nadie y se enfrascó en sí misma alejándose de todos para intentar no sufrir.

La despedida de Maria llegó con un dulce cantar junto a sus amigas.

Tsubasa confió plenamente en que todo estaría bien, pudiera ser que Hibiki le hubiese pegado su positivismo o que hubiese regresado esa ingenuidad que había quedado enterrada. Maria le negó la oportunidad de verla, Maria únicamente dejó una despedida corta (que si le preguntaban había algo más en aquella despedida) con voz calmada e igualmente —por lo que podía deducir— una sonrisa. Tsubasa no había podido siquiera reaccionar, lloró con amargura, dejó caer su espada y dejó crecer en su interior un sentimiento de rabia y venganza, era bastante notorio para él con lo bien que la conocía. Era ese deseo de venganza lo que la motivaba a continuar.

¿Por qué nunca conseguía traer el mañana sin pagar un precio?

Siendo el comandante de la unidad debía velar por el bien de todos, por Hibiki que siempre les consideró amigas, por Chris que se había encariñado con sus kouhai como si fuesen familia, pero realmente le preocupaba más el estado de Tsubasa, y no porque fuera su sobrina, sino porque él siempre había percibido diferente la relación de la misma con la Cadenzavna. Era Genjuuro quien había notado el gran cambio que Maria provocaba en Tsubasa, lo había notado desde el primer instante, desde esa primera vez que cantaron.

Kanade le había dado a Tsubasa felicidad en un lapso de su vida que recordaría por siempre, fueron tiempo en el que aun con las diversas situaciones se habían permitido sonreír. Kanade había sido (junto con Ryoko y Hibiki) esa luz que ocupaba la división para funcionar en armonía. Kanade había formado gran parte de lo que Tsubasa era, le liberó de la cadena impuesta por el linaje Kazanari, le otorgó sueños y le impulsó a seguirlos; su muerte causó un cambio radical no solo en Tsubasa, sino en ellos también. Tsubasa adquirió frialdad y dejó de ver las canciones como algo que amaba, encerró sus sueños en un baúl y se enfocó en su deber, la unidad se volvio tan estricta hasta el punto de que nada que no tuviera que ver con el trabajo era vedado, el nombre Kanade terminó siendo tabú y varias cosas más.

Maria, de a poco, había devuelto a Tsubasa esa felicidad que posiblemente había olvidado su sentir. Eran cambios tan leves y tan imperceptibles que apostaba lo que quisiera a que ni la misma Tsubasa los había notado. Tsubasa ya no había titubeado en perseguir su sueño, —el distanciamiento ya era nulo pero quedaban cambios difíciles de erradicar— Kanade ya no era un tema tabú, al contrario, regularmente Tsubasa exponía ciertos recuerdos y experiencias a lado de la misma, ver a Tsubasa sonreír ya no era algo tan raro, incluso comenzaba ya a ser usual. Sin embargo, a pesar de haberle devuelto su antiguo ser, creaba uno nuevo. Le permitía sonreír y permanecer en seriedad, le había otorgado lo que le faltaba para poder madurar (y esto había sido mutuo).

Maria había logrado algo que solamente Kanade había logrado hacer, compenetrar profundamente en Tsubasa, ver sus miedos y sus temores ayudándole a enfrentarlos. Maria la había escuchado y aconsejado, la había acompañado y peleado a su lado. Maria había logrado desarrollar una conexión tan especial con ella que podían comprenderse casi en su totalidad sin la necesidad de palabras.

— ¡Ríndete! —Demandó Tsubasa con la voz rasposa. Su brazo señaló a Carol mientras apretaba más la mirada cubierta de lágrimas pero bañada con ira, un sentimiento que Tsubasa jamás había experimentado— ¡El futuro con el que soñabas se viene abajo en pedazos! —Genjuuro sabía que era su propio futuro el que se vino a pedazos.

Kanade y Maria eran similares y diferentes a su manera. Algo en su tan perceptible ser le decía que aquel lazo entre la peli-azul y la peli-rosa era posiblemente mucho más profundo que el que su sobrina habia sostenido con la pelirroja. Porque si bien la muerte de ambas chicas la había destrozado, la muerte de Maria estaba encaminando a la peli-azul a su autodestrucción, y al igual que en aquel entonces no era capaz de decir ni hacer nada, porque lo único que libraría a Tsubasa sería ver a Maria otra vez y decirle todo lo que no había podido; porque Genjuuro estaba seguro de que de no haber tenido ese terrible desenlace, esas dos podrían haber tenido una muy linda historia entre sí.

El destino de aquella batalla sería decidido por solo una cosa, que tanto podría el dañado corazón de Tsubasa soportar, porque Tsubasa había amado y perdido si oportunidad de confesar, o mejor dicho, de haberse enterado antes.


Otra capítulo de más de 1K, esto es inspiración y lo demás son chingaderas (?) Mentira, cuando me llega inspiracion hasta 9k (o un long-fic completo) sale. A decir verdad para este capítulo tuve que abrir tres reproductores de audio/video de mi computadora en de los que puse el capitulo 12 de GX el 1 de la primera temporada y otros más de la primera y tercera temporada para poder notar las sutiles diferencias de Tsubasa con Maria y Kanade, espero haya valido la pena. Se agradece por leer y yo me despido no sin antes recorarles que...

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