Los personajes de Ranma ½ pertenecen a la mangaka Rumiko Takahashi y solo escribo para los fans por diversión que aman esta genial serie de Anime y manga sin obtener algún ingreso económico.
Capítulo 25
Akane leía una revista y estaba media recostada en el sillón que se encontraba en la oficina de Shun. Estaba aburrida, no había nada que hacer. Ya le había dicho a Shun que los lunes se tomaran el día libre, no había muchos crímenes ese día, además de que la oficina ahora era más aburrida. Podía entender la razón, Izanami era la que ponía el caos todos los días, no evito ponerse triste. A pesar del tiempo sin verla, muy en el fondo sabía que ella estaba bien y que se encontraba en algún tiempo haciendo travesuras como siempre. Sonrió recordando sus aventuras. Escucho un quejido, miró a su pecho, agachando su mirada para ver a su hijo que dormía tranquilamente. Estaba costado de forma vertical y ya llevaba rato así. Acarició su cabello para tranquilizarlo un poco y que no despertara.
Shun entró haciendo ruido y Akane lo calló.
—Lo siento. —se disculpó en voz baja. —¡Espera! ¿Qué haces en mi oficina? —preguntó molesto.
—Aquí está más tranquilo, afuera suena mucho el teléfono. —dijo enderezándose y poniendo su mano derecha en la pequeña cabeza de Raiko y la otra en la espalda del bebé. —Necesitaba dormirlo.
—pero ¿cómo se te ocurrió traerlo? —preguntó acercándose a ella. —la última vez causo escándalo y la generala te prohibió traerlos.
—No, me prohibió traer a Izanami que fue la que provoco escándalo, —aclaró. —de Raiko no dijo nada.
La generala entró a la oficina.
—Shun, necesito pedirte un favor. —habló con una voz potente.
—Shh...— callaron Shun y Akane.
—Trajiste a tu hijo. —habló más bajo y cruzando de brazos.
—Si. —sonrió Akane.
—¡Oye! eso sonó como si la estuvieras desafiando. —espetó Shun con una gota de sudor en su frente.
—Es muy lindo cuando duerme. —susurró la generala con dulzura.
—¡Espera! ¿no le había dicho a Akane que no los trajera?
—¿Izanami vino? —preguntó seriamente.
—Se quedó con Ranma. —respondió Akane.
—Prohibí que trajera a Izanami, no a Raiko. —aclaró acercándose a Raiko y pidiéndole permiso a Akane para cargarlo.
Akane aceptó y le entregó a Raiko.
—Pobre de Ranma, se quedó con lo más difícil. —rio un poco Shun.
—Batallamos con ella, pero a Ranma no le importa. —espetó Akane.
—Me imagino, —habló la generala. —ver morir a su hija fue muy doloroso y después casi sufrirlo nuevamente aún más.
—Después de lo que sucedió cuando di a luz, Ranma se volvió más protector y con Izanami ni se diga. —dijo la chica. —Nada más la escucha llorar en la noche y salta de la cama. Lo bueno es que me deja dormir porque a veces no sabe quién de los dos lloran y tranquiliza también a Raiko. —sonrió complacida.
—Eso se llama aprovecharse de un hombre enamorado de su familia. —dijo Shun entrecerrando los ojos. —De cualquier manera, batallabas con Izanami desde que estabas embarazada.
—No, desde que se le desarrollaron los pies. —corrigió levantando un poco la voz.
—Shh...—calló La generala.
—Descuida, no se despierta, tiene el sueño pesado de su padre. —sonrió Akane.
—¿Entonces porque nos estabas callando? —se quejó Shun.
—Porque igual se puede despertar. —respondió Akane molesta.
—Recuerdo el día en que nacieron, estábamos en tu casa trabajando y no dejabas de quejarte por las patadas de Izanami. —rio Shun y Akane solo hizo una mueca.
Shun y Akane estaban en la sala del comedor de la casa de Akane y en la mesa había un mundo de papeles. Akane se estaba cansando, tener dos bebes en su vientre era agotador. Las noches eran una pesadilla, se tenía que mover cada dos minutos hasta quedar en una posición en donde estuviera cómoda y Ranma... era los momentos en que lo odiaba porque dormía tan tranquilo que ni siquiera se daba cuenta de su sufrimiento. Estaban trabajando en un caso, pero no le prestaba mucha atención a Shun mientras le explicaba, cerraba sus ojos y los volvía a abrir y repetía la misma acción hasta que sintió un golpe.
—¡Auch! —see quejó Akane. —¡Ach! ¡Izanami! —dijo tocando su vientre.
—Al menos te despertó porque te estabas durmiendo y no me prestabas atención. —espetó Shun un poco molesto, no le gustaba ser ignorado. —Además, ¿Cómo sabes que es Izanami?
—Izanami está del lado derecho y Raiko está del otro lado, —explicó Akane recuperándose del dolor. —pero reconozco cuando Raiko patea y cuando Izanami lo hace.
—¿No crees que exageras? —preguntó Shun alzando una ceja.
—¡Claro! ¡eres hombre y no entiendes! — respondió de mala gana. —Ranma me dice lo mismo y cuando le digo se acerca a mi vientre para sentirla y se emociona cuando me da una patada sin importarle que me duela. —empezó a llorar.
—Pero no es necesario que llores. —sonrió Shun.
—¡Son las hormonas! —gritó Akane molesta.
—¡Ya me di cuenta! —exclamó asustado y haciéndose para atrás.
Ranma llegó con algunas bolsas de compra, sin embargo, no le agrado ver a Shun en la casa. No es que le desagrade su visita, pero hacia trabajar a Akane sin importar su estado. Tenía que cuidarse, no quería que le pasara nada a los tres.
—Shun ¿qué haces aquí? te dije que no moleste a Akane con trabajo. —dijo dejando las bolsas en el suelo.
—Eso se lo debiste de haber dicho a la generala, ella es la jefa. —contestó Shun.
—¡Ella me da miedo! —Ranma sintió un escalofrió.
—Eres igual o peor de cobarde que Usui. —comentó Shun.
—¡Auch! —volvió a gritar Akane.
Ranma se acercó a ella con preocupación y miedo.
—¿Qué te pasa Akane? —preguntó poniendo su mano en la mejilla de la chica y la otra en su vientre.
—Lo mismo de siempre. —le gritó Akane. —¡Auch!
—Izanami dio otra patada...—dijo Ranma emocionado por haber sentido a su hija. —¡Oh! Raiko también dio uno.
—Me imagino que Raiko es más tranquilo ¿No? —preguntó Shun recargando su codo en la mesa y su mejilla en su mano.
—Sí, aunque a veces hacen una guerra de patadas, —Akane hizo una mueca. —parecen como si estuvieran peleando.
—Tienen la sangre de los Saotome, ¿Qué esperabas? —dijo Ranma levantando su mirada sin quitar su mano del vientre de Akane.
—Desgraciadamente son así. —sonrió siendo una sonrisa tiesa.
—No es para tanto Akane, —dijo Ranma molesto. —hasta parece que no disfrutas tu embarazo como cualquier otra mujer.
—Me encanta la idea de ser madre y los quiero, —respondió con más calma. —pero ya quiero que nazcan porque la verdad estos últimos meses la he pasado mal y claro no te das cuenta porque te la pasas dormido. —dijo molesta nuevamente.
—¡Yo ya quiero que nazcan! —habló Shun poniéndose de pie y con una sonrisa. —tener a mi hija en mis brazos y Raiko que seguro será un encanto. —dijo ilusionado.
Ranma se levantó molesto.
—¡Y nuevamente con lo mismo! —exclamó con molestia. —ya te dije que es mi hija, no tu hija. Acepto que para la otra Izanami fuiste su padre, pero no para esta Izanami.
—La voy a querer y entiendo tu punto, —contestó ahora él molesto. —pero no la conocí de bebé y eso hará que me recuerde a la otra y no podre evitarlo. —tenía los ojos llorosos.
—Si tanto quieres ser papá pídeselo a Nabiki.
—Se lo dije, pero aun no quiere. —dijo dejando de llorar. —¡Pero igual querré a tu hija y no podrás detenerme!
Ranma y Shun comenzaron a discutir por Izanami, y Akane solamente regreso al trabajo pendiente. Era normal que cada vez que se miraran discutían por eso, por lo que ya no les tomaba mucha importancia. De repente agrandó los ojos y miró a los chicos que aún seguían discutiendo.
—Oigan...—habló Akane, pero ninguno se detuvo. —¡oigan! —levanto más la voz. —¡OIGAN! —gritó Akane y eso detuvo a los chicos y la miraron.
—¿Qué? —gritaron los dos.
—Creo que se me rompió la bolsa. —dijo tan tranquilamente, dejando a los chicos estáticos. ¿Y estaba así de tranquila?
—¡Ehh! —corrieron a ella.
—¡Pero faltan dos meses! —gritó Ranma.
—Aveces los gemelos se adelantan y nacen a los siete meses. —explicó Shun.
—¿Te duele algo? —preguntó Ranma angustiado.
—No. —respondió Akane. —¡Auch!
—¡No que no te duele! —exclamó asustado.
—¡Esa fue una patada de Izanami! —gritó Akane. —¡Y se está moviendo mucho!
—Pero ¿por qué seguimos aquí? —preguntó Shun en estado paranoico. —¡Vamos a un hospital! —Shun sacó su radio. —¡Generala! ¡Akane ya dará a luz!
—¡Estupendo! ¡Le gane a la bola de idiotas! aposte que no resistiría los nueve meses con las patadas de Izanami ¡La conozco tan bien! —dijo feliz como respuesta.
—¡Todavía se atrevieron a apostar! —gritó Akane muy molesta. —¡Ya no soporto las patadas de Izanami! ¡Vamos al hospital!
La generala y Midori llegaron al hospital y solo vieron a Shun sentado en una de las sillas de la sala de espera.
—¿Cómo esta Akane? —preguntó la generala.
—Akane está estable, Raiko está en incubadora porque es prematuro... pero Izanami. —Shun empezó hacer puchero.
—¡Dímelo y luego lloras! —exigió La generala.
—A Izanami se le dificulta respirar y esta con respirador. —luego de decirlo comenzó a llorar.
—¿Y Ranma? —preguntó La generala.
—Esta con los bebes. —dijo sin parar de llorar.
—Veré si puedo entrar a ver Akane. —dijo dejando a Shun con midori que lo consolaba.
Ranma acariciaba las manitas de Izanami por un orificio que tenía la incubadora. Tenía guantes y estaba vestido con una bata azul. Su mirada era melancólica, pero sentía miedo, ese temor de perderla nuevamente. Le habían dicho que posiblemente saldría de esto, pero eso no evitaba que tuviera miedo de que ella se fuera. Era tan linda, no dudaba de que no fuera así, pero verla así, tan tranquila y dormida no era algo que vería todos los días porque estaba seguro de que ella será todo un caos con el paso del tiempo. No podía dejar de verla, así le paso hace un momento con su hijo mientras esperaba que los doctores le permitieran también ver a su hija. Quería cargarla, pero no podía. Estaba conectada a un respirador y eso le recordó cuando Akane estuvo en coma. Quiso meter un poco más la mano para acariciar su mejilla, no podía sentir la suavidad de su piel por el guante de látex, pero vio que movió un poco su manita, eso no evitó que sonriera. Regresó a tocarla para ver si hacia otro movimiento y así fue. Puso su dedo en sus dedos y después de unos segundos los apretó. Sonrió aún más por ese afecto de parte de ella.
Después de un rato de estar con ella llegaron unas enfermeras y le quitaron el respirador, eso lo emociono mucho, lo mejor fue que si la podía cargar, pero solo un momento. Por primera vez la sostuvo en sus brazos, era tan pequeña y liviana. No sabía cómo sostenerla, pero sabía que tenía que hacerlo con cuidado. Se removía mucho, era como si no quisiera que la tuviera en brazos y fue cuando comenzó a llorar, se puso nervioso, pero era su hija y tenía que aprender a calmarla y la comenzó arrullar. Se calmó un poco y fue el momento que nunca olvidara, cuando vio que abría lentamente sus ojos. ¡Por fin! Nuevamente miraba esos ojos, lo cual había prometido que cuando los volviera a ver, la protegería y la amaría con todas sus fuerzas. Besó su frente y no podía esperar el momento de tenerla en casa.
Ranma estaba sentado en la suela del dojo recordando esos momentos. Después de días, por fin pudieron salir y regresaron a su casa, aunque claro, las noches de desvelos era algo que no tenía pensado, pero de igual manera no cambiaría a su familia.
Ryoga llegó al dojo con un gran mapa en la mano y se dio cuenta de que estaba en la casa de Akane y vio que Ranma estaba sentado en el piso con los brazos cruzados y con el ceño fruncido, pero lo que le llamo la atención es que le daba la espalda al portabebé que por el color supo que era el de Izanami.
—Puedo preguntar ¿cuál es la razón por la que estas así? —preguntó Ryoga acercándose a su amigo.
—Simplemente no la voy a ver, ni hablar hasta que se disculpe. —habló Ranma con molestia.
Ryoga se acercó a Izanami y miró que ella estaba seria mirando la madera, tenía los ojos entrecerrados y parecía molesta, pero también aburrida.
—En serio Ranma ¿te peleaste con un bebé? —preguntó Ryoga pensando en lo ridículo que se mirara.
—No es mi culpa que tenga parásitos en su estómago y tuviéramos que inyectarla. —gruñó Ranma. —Está enojada conmigo porque no quería y la obligue por lo que no quiere que la cargue o me acerque a ella.
—No seas ridículo, Ranma. —dijo acercándose a Izanami y levantarla para tenerla en sus brazos. —Izanami esta pequeña, no creo que tenga tanta inteligencia para saber que es estar enojada.
—Ña. —dijo Izanami secamente mirando a ver a su padre.
—¡Se está burlando de mí! —espetó molesto, levantándose y apuntando a la niña.
—¡Tómala! —dijo Ryoga poniendo a la niña enfrente de él.
Ranma dudo un momento, la tomó y no protestó, pero su cara no cambió en lo más mínimo. La tenia agarrada dándole la vista a Ryoga.
—No dijo nada, ni lloro. —sonrió Ryoga.
—Creo que aprendió la lección después de que estuvo mirando la pared por dos horas mientras entrenaba. —explicó viendo a su hija.
—¿La tuviste así? —gritó Ryoga. —¿Qué clase de padre eres?
—Pensé que se iba a dormir y eso me recuerda que es hora de su siesta. —dijo Ranma caminando a la salida del dojo.
Ryoga lo siguió pensando que esto se pondrá interesante. Por lo que escucho de Akane, no es algo que no sea cotidiano, casi siempre se quejaba de su hija. Lo cual se puso analizar que casi siempre sucedía con la otra Izanami.
Después de un rato en la cocina, Ranma la arrullaba mientras le daba biberón. Le gustaba hacerlo, ya que siempre su hija la miraba a los ojos, solamente a él y como no le gustaba ver sus ojos, le encantaba. Si alguien hablaba o había ruido no se distraía y volteaba a ver de dónde provenía ese ruido, ni aunque si fuera Akane. Cuando la miraba recordaba un poco a Izanami, aunque siempre con tristeza porque nunca supo que sucedió con ella, si está muerta o viva. Sin importar como estaba, nunca pudieron resolver sus problemas, no pudo pedirle perdón por haberla golpeado. No quería hacer lo mismo con la que tenía en sus brazos. Era la misma, pero no tendrá los recuerdos de lo que vivieron juntos. Se preguntaba, ¿Qué pasaría si todo hubiera sido diferente? Si ella le hubiera dicho desde el principio quien era, ¿Qué tan diferente hubiera sido la historia?
—Así me gusta que estés, Izanami, —le hablaba con dulzura. —tranquila y calladita. —como respuesta de parte de la niña, solo entrecerró los ojos y miró a un lado para no verlo. Así es... ella se ofendió.
Ranma se cabreó con eso, cada vez que le decía algo así, se molestaba, pero le dolió porque esta es la primera vez que le daba de comer y no lo miraba solo a él.
—Bueno, reitero lo dicho...—habló Ryoga sentado en una silla y mirando al bebé. —parece que si sabe lo que es estar enojada.
—¡Te lo dije! —exclamó Ranma con molestia. —aunque no lo creas, Izanami es muy lista... se parece a su mamá en eso...—de repente su cara entristeció. — y también a la otra Izanami. —la bebé voltio a ver a su padre y nuevamente entrecerró los ojos, como una forma de decir... aquí vamos de nuevo...—Me dolió no haberla protegido de mi otro yo. —dijo sentándose en una silla. —Si tan solo mi orgullo no se hubiera interpuesto entre nosotros, todo habría sido diferente.
Ryoga no sabía que decir, pero jamás lo había escuchado de esa manera. No había duda de que estaba triste, pero también sabía que Akane no estaba tranquila por no saber qué fue lo que sucedió con ella.
—Además...—bajó la mirada escondiendo sus ojos. —¡me dejo debiendo dinero que no me pago cuando estábamos en China!
Ryoga se fue hacia atrás por lo que dejo su amigo y rival. Izanami soltó el biberón y lo aventó al suelo.
—¿Qué te sucede Izanami? —preguntó Ranma viéndola y ella se miraba molesta.
—Puede que se molestó porque debe de pensar que la deuda será para ella. —sonrió Ryoga.
—Si así fuera, me deberías mucho más por los desvelos y más por la de anoche. —dijo molesto.
—¿No crees que eres muy agresivo con ella? —preguntó Ryoga dándole un golpe en la cabeza a Ranma.
Entonces Ranma comenzó a recordar lo sucedido anoche, pero que también le dio una lección para conocer mejor a su hija.
—¡Ranma! —gritó Akane y lo primero que vio fue a la chica con Izanami en brazos. La niña no estaba llorando solo estaba viéndolo mientras estaba acostada de lado en el pecho de su madre. Akane había regresado de trabajar, eran más de las doce de la noche y lo único que quería era descansar. Pero antes de eso fue al cuarto de sus hijos para verlos y con la sorpresa de que Izanami estaba despierta, no estaba llorando, ni estaba inquieta, pero le molesto que la dejara ahí sola y no haber esperado hasta que se durmiera.
—¿Qué sucede? —preguntó Ranma sentándose en la cama y abriendo más los ojos.
—¿Por qué dejaste sola a Izanami? —se quejó Akane
—¡Estaba dormida! —contestó Ranma. Se estiró y se levantó de su cama.
—¡Pero debías estar al pendiente de ella! —dijo Akane levanto más la voz.
—No hizo ruido, Akane. —se excusó Ranma. —¿Cómo iba a saberlo?
—Como dije hace segundos... ¡debiste estar al pendiente de ella! —gruñó Akane dándole a Izanami.
—¿De qué te quejas? parece que Izanami fuera más mi hija. —le reprochó tomando a su hija. —Te la pasas todo el día fuera y ni siquiera la vez, ni a Raiko. —Así lo sentía desde que Akane regreso a trabajar. Los primeros días habían sido maravillosos, compartir la alegría de haberse convertido en padres y formado una familia era una experiencia que no podían explicar, pero sin importar la inexperiencia lo resolvían y aprendían más. Pero después, era más él que ella. Decía que estaba muy cansada y siempre se levantaba para calmar a sus hijos y ella solo dormía sin importarle en lo más mínimo.
—¡Estoy con ustedes el fin de semana! —se excusó Akane.
—¡No es suficiente! —gritó Ranma.
—Sabes que la generala me prohibió llevarlo y todo por culpa de ella. —dijo apuntando a Izanami.
—No sé de qué se queja, Izanami es tranquila... hasta más que la otra y a ella la tenían todo el día... —espetó. —además tampoco te estoy diciendo que te los lleves, ¿Cuándo los vería? ¡No me quiero separar de ellos!
—¡Bien! ¡haremos esto! —se calmó un poco. —mañana me llevo a Raiko, al fin y al cabo, no fue él del problema y tu cuida a Izanami.
—¿Ósea que te lo llevaras todos los días y será a mi hijo al que no vea? ¡porque tampoco no los podemos turnar, Akane! No me molesta cuidarlos a los dos, pero sé que no podrías tu sola con ellos. —le gritó con más furia.
—¿Me estas retando? —masculló Akane.
—¡Al diablo con esto Akane! ¡Iré a dormirla! —gruñó llevándose a su hija.
—Ni creas que dormirás conmigo esta noche. —añadió Akane.
—¡Me leíste la mente! También te lo iba a decir. —gritó Ranma y cerró la puerta con fuerza.
Ranma fue a la cocina a prepararle un biberón a Izanami para dormirla. Después de unos minutos, se lo dio a la niña, pero ella lo rechazo y lo hizo a un lado. Ranma suspiró, estaba cansado y dejo el biberón en la mesa.
—¿En serio Izanami? —suspiró nuevamente. —¿Tampoco me dejaras esta noche?
Después de un rato paseando por la casa, con Izanami en sus brazos, teniéndola de forma vertical, su cabecita en su hombro y sus brazos abajo para tenerla quieta. Miraba cada dos minutos y nada. No se dormía por más que lo intentaba. Eso le recordó que todo el día estuvo seria y aún tenía esa mirada, como melancólica o triste. La verdad le había sorprendido porque normalmente no lo dejaba entrenar y este día sí estuvo lo más tranquila y tampoco durmió, por lo que se le hacía extraño que no tuviera sueño. Le dio un beso en su cabeza y tenía su mano encima de su manita. Volvía a verla y lo mismo, ya se estaba preocupando.
De repente se sorprendió ver a Akane enfrente de él. Ya se había puesto su pijama que era un pantalón morado y una blusa del mismo color de mangas cortas y tela delgada.
—Tienes razón. —habló Akane con una mirada triste. —¿Piensas que no me duele separarme mucho tiempo de ellos? —se acercó y acarició su cabecita. —No quiero ser como la otra Akane, yo los amo a los tres y no los quiero perder.
Ranma caminó hacia ella y con su otro brazo la acercó a él y la abrazó para ponerla en su pecho. Akane quedó frente a frente con su hija y la miraba con esos ojitos azules que tanto le encantaba y no evitó sonreír. Akane se separó de él y tomó en brazos a Izanami.
—Ve a descansar, yo la dormiré. —sonrió Akane.
Ranma le dio un beso en su frente y luego a Izanami y fue a su cuarto a dormir. Sin embargo, dos horas después se despertó y vio que Akane no estaba acostada a su lado. Se inquietó y se levantó para buscarla. Cuando salió de la habitación se encontró a Akane con Izanami aun despierta y no era necesario que le dijera, había algo mal con ella.
Media hora más tarde en el cuarto de los gemelos estaba el doctor Tofu revisando a Izanami que estaba sentada en las piernas de Ranma y su mirada no había cambiado, era una mirada triste. El doctor termino de revisarla y miró a Ranma.
—¿Qué tiene Izanami? —pregunto Akane agarrando a Raiko que también había despertado.
—Parece que le duele el estómago. —respondió viéndolos a ambos.
—¡Ranma! —gruñó Akane.
—¡No empieces a quejarte! —habló antes de que empezara nuevamente a discutir. —como dije, nunca se quejó y además durante el día comió, hasta hace unas horas fue cuando ya no quiso.
—A veces los niños no son muy demostrativos ante el dolor, —sonrió el doctor. —pero no se preocupen, todo se soluciona con una pequeña inyección.
Sacó una jeringa pequeña de su maletín y se puso de rodillas para estar a la altura de la niña y se acercó al brazo derecho de Izanami. Lo tenía descubierto, ya que traía una camisetita blanca y pantalón de rayas color rosa y blanco. Izanami vio como el objeto se acercaba lentamente a ella y fue cuando abrió más los ojos y estando a unos centímetros de ella levantó su mano, lo lanzó y lo quitó de su vista cayendo al suelo.
—¡Vaya! ¡Que niña tan fuerte! —rio el doctor.
—Sí, me di cuenta durante el embarazo. —comentó Akane con una gota de sudor en su frente recordando las patadas en su vientre.
Raiko también rio ante la acción de su hermana mayor.
—No te rías mi niño...—le susurró Akane. —también le pediré que te inyecte para que no tengas parásitos. —cuando dijo eso el niño dejo reír y solo balbuceo algo. —¿Qué esperaba? es hija de Ranma.
—No sé si sentirme orgulloso de ella o molestarme porque le hizo esa grosería. —comentó Ranma viendo a su hija. —Izanami, no quiero que te enfermes...—agarró el brazo de Izanami con firmeza, pero no tan fuerte. Izanami intento moverlo cuando vio nuevamente el objeto acercarse a ella. Cuando sintió el piquete, sus ojos se pusieron llorosos y gritó comenzando a llorar y justo en el momento Raiko también comenzó a llorar.
—Parece que los niños sintieron el mismo dolor. —rio el doctor.
Toda la noche intentaron calmar a Izanami, pero fue imposible porque no dejaba de llorar y lo peor, según Ranma, no quería irse con él y fue aún peor en la mañana siguiente cuando Akane se fue con Raiko a la oficina y lloró todavía más. Izanami se jaloneaba porque no quería estar en los brazos de su papá. Al final la puso en el portabebés y la llevó al dojo. No dejaba de llorar y no lo dejaba entrenar. Hasta que llegó a su límite y la puso viendo la pared y entrenó si verla, y a los pocos minutos dejo de llorar. ¿El problema era él? ¿no lo quería ver? eso le dolió, pero le molestó y con mayor razón la dejo ahí durante dos horas. Intento hablar con ella, pero ella se negaba a que la tocara, por lo que se sentó dándole la espalda y quiso analizar lo que haría y fue cuando llegó Ryoga.
—¡Ranma! —llamó Ryoga. —¡Mira!
Ranma miró a su hija y al fin se había dormido. Sintió un gran alivio, por fin podía descansar.
—¡Toma! —le dio la niña a Ryoga.
—¡Ehh! —Ryoga agarró a la niña con cuidado, tenía miedo a despertarla. —¿Qué vas hacer? —preguntó Ryoga.
—Voy hacerle otro bibe...—Ranma no vio el biberón que había tirado Izanami y se resbaló golpeándose la cabeza con la repisa que estaba ha lado de la estufa y quedo inconsciente con los ojos en espiral
—¡Ranma! —exclamó Ryoga levantándose de la silla.
Izanami despertó por el ruido de Ranma y Ryoga, vio a su papá y no evito reírse a carcajada. Lo que hizo darse cuenta de que Izanami si le gustaba el sufrimiento de Ranma.
Akane entro a la oficina de la generala y fue a un mueble de dos cajones grandes que utilizaba como mesa para poner algunos libros. Abrió la que se encontraba abajo y saco el estuche largo y lo puso en el suelo. Lo abrió y sacó la espada que ahora era el decadente. Nunca pensó que llegaría ahí, intento robarlo, mató para llegar a él y nunca pensó que terminaría junto a Ranma con dos hijos, estando viva, pero sin Izanami. Para que se engañaba, si Izanami hubiera sobrevivido, ya la hubiera buscado. Muchas veces se lo dijo, no podía vivir sin ella. Prometieron morir juntas, pero ella murió y ella sigue con vida y lo hará por muchos años más y con el pensamiento de que no pudo protegerla.
Si no se suicidó, fue porque quería que sus hijos existieran y ahora no los podía dejar, mucho menos a Ranma que sin ella no puede vivir y no es por exagerar, él se lo ha dicho. No cabe duda, de tal palo, tal astilla. Viajo su mano alrededor de la hoja y luego del filo, sin importar dejar un rastro de sangre. Una lagrima salió de su ojo derecho, la extrañaba y ahora, era ella la que no podía vivir sin ella. Si no la busco, fue por miedo a saber que ella en verdad estaba muerta y no quería escuchar esas palabras.
—Me gustaría volverte a ver y escuchar tu voz, Izanami. —Dijo Akane con una voz débil. Sin que ella se diera cuenta, los relieves de la espada brillaron y una sombra apareció atrás de Akane.
—Entonces voltea y me miraras...
Ahora si... ¿Continuara?
