Disclaimer: los personajes de Naruto no nos pertenecen, le pertenecen al genio Masashi Kishimoto.

YyessyY: En menos tiempo del esperado, que lo disfruten ^^


Capítulo 25: Cuadro pintado al óleo. Recuerdo de amor.

Shikamaru se sentó en la pequeña banca del probador viendo como la rubia tomaba bastantes prendas. Estaba cansado, cansado de caminar, cansado de andar de un lado a otro esperando a que aquella mujer problemática se decidiera a comprar algo y por fin terminar esa tortura a la que lo había sometido, llevaba al menos 20 prendas de cada tienda y ya llevaban 5 tiendas.

Lo que de verdad disfrutó fue aquella boutique de Victoria Secret's en la que tuvo la oportunidad de imaginarse a aquella hermosa rubia en miles de prendas de lencería completa, por suerte para él, pudo elegir la mayoría de las que ella había comprado, con bastante morbo y vergüenza por parte de Temari.

− ¿Te gusta este vestido?− Preguntó la rubia frente a él con un vestido amarillo que llegaba arriba de las rodillas

− Me has hecho la misma pregunta 95 veces, y la respuesta es la misma, te ves hermosa− Contestó, suspirando.

− No puedo creer que estés contando, pero sabes, no me gusta este color, me va más el azul claro… o un negro, quizá compre un rosa, aunque no me gusta mucho…− La rubia de ojos verdes siguió hablando mientras entraba al probador y Shikamaru simplemente deseó que ella terminara pronto de elegir ropa. Tenía hambre y quería regresar al hotel para terminar la sorpresa que tenía pensada para ella.

Temari por fin salió del probador con varias prendas en las manos y fue directo a caja, él se puso en pie y después de que pagaran entraron al auto que habían arrendado.

− ¿Ya podemos regresar al hotel?− Preguntó Shikamaru, bostezando.

− Sí…compré lo que necesitaba− Temari pensó en ir a otra tienda, sólo para torturar al moreno, pero se compadeció de él. Total, había cargado con la mayoría de los paquetes.

− Creo que compraste demasiado− Fue el comentario de Shikamaru, quien por el espejo retrovisor, observó las compras de la mujer.

− Mmm la verdad no me gusta comprar mucho, pero ya me hacía falta, hace mucho que no salía de compras− Respondió encogiéndose de hombros.

«No le gusta comprar mucho pero cuando lo hace simplemente arrasa con todo lo que hay en las tiendas, mendokusai ir de compras con Temari es muy problemático, nunca más lo vuelvo a hacer» pensaba Shikamaru recordando todo lo que había tenido que caminar en busca de ropa para la rubia quien además de hacerlo caminar lo había obligado a llevar todo lo que ella compraba, realmente eso era demasiado esfuerzo para un vago como Shikamaru.

− Bueno, ahora que tu armario está más que lleno, vamos de vuelta al hotel, hay que comer y tengo cosas que arreglar− Dijo dejando de lado sus pensamientos y centrándose en lo que de verdad le importaba.

− ¿Qué cosas?− Preguntó Temari curiosa por todo el misterio que se traía el pelinegro desde hace algún tiempo con eso de la sorpresa y quien sabe que más.

− No seas impaciente− Dijo él evitando a toda costa contestarle, aunque sabía perfectamente que ella no se quedaría así de tranquila y que intentaría sacarle la verdad a como dé lugar.

− ¡Vamos! Dime − Insistió ella, lo cual no sorprendía al pelinegro quien no queriendo soportar un interrogatorio de la problemática de Temari contestó:

− ¿Te dije que hoy pasaremos una gran noche no?, pues tengo que arreglar todo− pensó que así ella dejaría de hacerle preguntas pero se equivocó, Temari realmente era una gran problemática.

− De acuerdo, ¿qué debo usar?− ¿Qué se suponía que debía contestar a aquello? No lo sabía, pues para él siempre ella lucía preciosa.

− Con lo que sea te verás hermosa – Se sinceró.

− De acuerdo, pero dame una pista, por lo menos− Insistió ella, el moreno ya se imaginaba que sucedería eso.

− No Temari…espera hasta la noche− Contestó cansino, negándose a darle más pistas sobre su sorpresa.

− Bien…− Se resignó, recargándose en el asiento.

Después de llegar al hotel, comieron juntos disfrutando de la vista y de la compañía del otro. Temari se sentía tan feliz de estar en los brazos del moreno y él también en los de ella. Estuvieron un rato en la piscina, después subieron a la habitación. Ella se tiró en la cama, agotada, él hizo lo mismo, a su lado y la abrazó.

− Oye…espérame aquí, vendré por ti a las ocho, tengo asuntos que arreglar − Le informó a Temari mientras se levantaba para arreglarse.

− Shikamaru…− Lo llamó, perezosa.

− Son las 18:30, tienes hora y media para arreglarte para mí, ¿de acuerdo?− Le sonrió de lado y le guiñó el ojo.

No contestó, sólo lo miró ceñuda por tener que esperar. Él se dio un baño rápido y después de vestirse se fue dejando a la rubia sola.

Ella se levantó de la cama y cuando entró en el baño, la tina estaba llena con agua caliente y espuma, al lado de la mesita había una nota «Disfruta tu baño, quisiera meterme contigo, pero valdrá la pena esperar». Reconoció la letra del moreno y sonrió al instante, él era un cielo.

Después de la relajante ducha la rubia salió a la habitación y se puso la ropa interior que a Shikamaru le había gustado más, lo supo porque en cuanto ella le enseñó el conjunto se le había iluminado la cara. Era simplemente un bikini negro con un bracier a juego, ambos decorados con algo de encaje bastante sexy y romántico, sin llegar a ser vulgar. Después sacó de una bolsa su arma secreta, que se aseguró que Shikamaru no viera, ella también podía dar sorpresas y pensando en cómo reaccionaría él al verla así, sonrió feliz y ansiosa.

Se puso aquel vestido strapless color vino tinto que tanto le había gustado, era corto, llegaba sobre las rodillas, dejando ver sus hombros desnudos y unas bellas piernas largas y bronceadas. Se ajustaba perfectamente a sus pechos, haciéndola lucir esa parte de su anatomía de forma simplemente cautivante.

El strapless tenía detalles brillantes por el pecho y una cinta ceñida de color tinto ubicada en la parte baja de su busto ajustaba aún más el vestido a su delantera, por debajo de esta cinta el vestido se seguía ajustando a su cuerpo y los detalles brillantes le daban aún más elegancia, eran menos que en la zona del pecho y cada vez más dispersos a medida que bajaban por la tela. A la altura de sus caderas el vestido se desajustaba de su cuerpo para expandirse dando paso a los vuelos de éste en los cuales ya no había aquellos detalles brillantes de antes, éstos se reemplazaron por pliegues que no eran tantos pero si daban volumen a la parte inferior del hermoso vestido color tinto dándole así un toque juguetón y juvenil. Una vez se vio con el vestido puesto no pudo estar más feliz al saber que había escogido bien.

Siguió con lo otro, se puso una bata de baño para no mancharse y se dispuso a arreglarse más. Después de peinarse una coleta dejando caer unos mechones sueltos se puso un poco de brillo labial y maquilló levemente sus ojos, un poco de sombra café claro en la parte superior de sus ojos y una más oscura sobre la línea de éstos, lo que hizo destacar sus hermosos ojos verdes, haciéndolos ver más llamativos, intensificando su color. Tomó el delineador negro y se repasó la forma de sus ojos sin exageran, tan sólo para aumentar un poco el efecto conseguido con la sombra, miró la base y la descartó, aquello cubría bien las imperfecciones pero a ella no le gustaba como se sentía esa pastosa máscara en su piel, prefirió usar solamente el rubor, lo tomó y se aplicó un poco en sus mejillas en forma circular, una vez terminó de maquillarse se puso los tacones más altos que encontró para tratar de alcanzar a Shikamaru.

Eran unas sandalias negras con bastante taco que sostenían su pie por el empeine y por su tobillo, ambas "amarras" llevaban detalles brillantes que la cubrían, haciendo juego con los de su vestido, se miró una última vez al espejo de cuerpo entero que el baño de la suite poseía y sonrió feliz por el reflejo de éste. Seguramente Shikamaru se quedaría boquiabierto cuando la viera, esa idea le encantaba, ahora sólo le quedaba esperarlo, estaba ansiosa.

A las ocho en punto, escuchó que golpeaban la puerta y fue a abrir, Shikamaru se quedó atontado y con la boca abierta al verla. «Hermosa, se ve realmente hermosa» pensó mientras sonreía feliz al poder apreciarla así, ella también lo miró a él. Llevaba una camisa blanca, cuyos primeros botones llevaba desabrochados dejando ver parte de su torso «sexy» pensó la rubia deleitándose al observarlo, bajó su mirada hasta su pantalón negro de vestir formal, pero no tanto, le sonrió y en respuesta él la besó en la mejilla, dejándose por un momento inundar del aroma de esa mujer.

− Estas hermosa−Le dijo al fin, separándose a penas unos centímetros de ella para tomar su mano y hacerla girar, apreciándola por completo. Deleitándose con el giro lento y preciso de la rubia, guiada por su mano.

− Gracias…− Apenada bajó la mirada, pero él le hizo verlo y después le dio un suave beso en la comisura de sus labios.

−¿Lista para esta noche?− Le preguntó con una sonrisa misteriosa en sus labios, producto de que estaba casi seguro de que a ella le encantaría la sorpresa.

− Si, lista− Sonrió feliz al notar que había acortado su altura con la del pelinegro. Salió de la suite seguida por el moreno quien había cerrado la puerta.

Subieron al auto que habían arrendado y Shikamaru se dedicó a manejar alejándolos del hotel, ella miraba entre curiosa y nerviosa por la ventana preguntándose qué tan mágica podría ser esa noche. «Definitivamente muy mágica, no podría ser de otra forma al lado de Shikamaru »pensó sonriendo tiernamente.

El haber conocido al pelinegro y estar a su lado era lo mejor que le había pasado en la vida, nunca se había sentido tan nerviosa, inquieta, infantil, hermosa, amada, deseada, feliz y viva al lado de ningún hombre salvo Shikamaru. Realmente lo amaba y deseaba seguir siempre a su lado, lo mejor de haber dejado a sus hermanos para ir a New York había sido conocer al pelinegro y disfrutaría de cada momento a su lado sin preocuparse por lo demás. Ya no había Azuro, ya no existía Ino, ya no habían molestas mujeres detrás de él, tan sólo estaban los dos y la noche -junto a la luna, las estrellas y el mar como testigos del amor que ambos se tenían y profesaban- ninguna duda se presentaría nuevamente entre ellos, porque hoy simplemente se pertenecerían y eso sería para siempre.

Shikamaru pensaba algo parecido a la rubia, se sentía nervioso por saber la reacción de ella ante la sorpresa «¿le gustará?¿y si no es así?, no Temari es maravillosa y estoy seguro que se sentirá feliz con la sorpresa que le tengo, aun así no puedo evitarlo, quiero hacerla feliz y me siento nervioso por todo lo que puede pasar, tal vez mi elección no es la mejor y debí reservar un lugar en un restaurante elegante en vez de esto» pensaba cada vez más nervioso el pelinegro.

Sabía que a ella le encantaría lo que él hiciera, aun así no podía tranquilizarse, tal vez debió organizar algo distinto para una noche tan especial. Ya no había vuelta atrás y recordando todos los esfuerzos y problemas que tuvo para conseguir el permiso que necesitaba para organizar aquello, además del haber tenido que comprarse a algunas mujeres con unos chocolates y una sonrisa seductora- poder que antes no había notado, pero que le fue muy útil en esta ocasión- fue que se tranquilizó algo. Al menos Temari valoraría su esfuerzo, pero eso no era suficiente, quería que ella se sintiera feliz al ver lo que había preparado y que no sólo le gustara sino que le encantara.

Estaba algo nervioso pensando si sería así o no, nervios que sólo Temari había logrado crear en él, ninguna otra mujer, lo que le confirmaba nuevamente lo especial que era para él.

Llegaron al lugar de la sorpresa, Shikamaru estacionó el auto y se giró a observar a Temari. Seriamente le dijo:

− ¿Confías en mí? – La pregunta fue inesperada, pero la de ojos verdes supo la gravedad de ésta y la importancia de su respuesta, por lo que no vaciló al responder.

− Sí – Shikamaru sonrió, aliviado, por un momento creyó que las dudas de Temari saldrían a flote, pero la joven nuevamente demostraba su gran fortaleza. Confiar en otra persona no es sencillo.

− No lo olvides, por favor, tampoco olvides que te amo – Dijo mientras se inclinaba sobre Temari para sacar un pañuelo largo de la guantera del auto. Le vendó los ojos bajo el suspiro ahogado de la joven, que sólo se quedó quieta tras haber "perdido" uno de sus sentidos. Temari escuchó el sonido de la puerta al abrirse y cerrarse, luego, silencio. Estaba sola con los latidos cada vez más acelerados de su corazón, hasta que escuchó que la puerta se abría y una pequeña brisa marina le enfriaba la piel.

− Deja que te guíe – Dijo suavemente Shikamaru, su voz era dulce, llena de amor y seguridad. Él tomó la mano de la rubia y ella se dejó guiar, tal como le había pedido.

La ayudó a bajar del auto con cuidado. Temari se sentía un tanto desorientada, sus pies toparon con el auto antes de lograr salir de éste, menos mal Shikamaru la tenía bien sujeta. Una vez fuera del auto la guió por un camino de asfalto, lo sabía por la superficie lisa del suelo y el ruido de sus tacones al caminar. Sabía también que estaban cerca del mar, el aire transportaba el olor a sal característico del agua marina.

La confianza absoluta que Temari le estaba dando al moreno hacía que su corazón latiera con más fuerza a medida que se acercaban al lugar de su sorpresa. La rubia notó el cambio de superficie de inmediato, Shikamaru la sostenía con más firmeza sin dejar de medir su fuerza, era una superficie irregular y tenía un resonar distinto, estaba segura que era madera.

Avanzaron unos cuantos metros más antes de que el pelinegro se detuviera, Temari extrañó la falta de presión en su brazo cuando él dejó de sostenerla.

− ¿Lista? – Preguntó Shikamaru y, tras el asentimiento de ella, le quitó la venda de los ojos. El suspiro maravillado de Temari no tuvo precio, liberó sus nervios, que lo dejaron respirar tranquilo para apreciar la mirada brillante de su amada problemática y el encanto con que observaba todo.

Temari se devoró con la vista ese lugar, no quería olvidar ningún detalle de esa sorpresa, por lo que se esmeraba en fijarse hasta en el más pequeño rincón. Estaban en un pequeño puerto de madera a orillas del mar, más bien un mirador con techo y barandillas con detalles exquisitos, al centro del lugar había una mesa dispuesta para una cena. En las esquinas antorchas enmarcaban el camino a la mesa y alrededor de ésta.

Todo era de madera, desde el alargado "pasillo" que terminaba en un mirador heptagonal, hasta el techo sobre el mirador.

La mesa tenía dispuesta elegantes cubiertos, en el centro había un ramo de flores que Shikamaru tomó y le entregó con una sonrisa dulce a Temari. El sonido del mar y el atardecer que iluminaba con su presencia anaranjada el escenario de esa cena, hacían de ese lugar un sitio íntimo para disfrutar de la presencia del otro.

Shikamaru besó a Temari intensamente antes de guiarla a su asiento. De una cubeta al lado de la silla de él, sacó una botella de vino blanco.

− El mejor para acompañar preparaciones del mar – Dijo antes de servir a Temari – Por nuestro amor, que dure más allá de esta vida – Brindó alzando su copa, la rubia estuvo de acuerdo y chocó su copa con la de Shikamaru, sonriendo por lo bello de ese amor eterno.

Ambos escucharon pasos y voltearon a ver quién se acercaba por el pasillo de madera. Eran dos mozos que traían bandejas en sus manos. Sirvieron una entrada de ostras al queso, delicada y exquisita, seguida del plato de fondo: mejillones a la vinagreta. Temari estaba impresionada con los sabores tan acordes al lugar en que estaban: un mirador en el mar.

− ¿De dónde traen la comida? – Preguntó a Shikamaru cuando daba sus últimos bocados al plato.

− Contraté un servicio gourmet, te sorprenderías de lo que se puede encontrar por internet. No diré más, el resto es un misterio – Le guiñó el ojo al tiempo que sonreía, pícaro. Temari no insistió, ya le sacaría la información al final del día.

Los meseros volvieron con el postre, un delicioso mousse de chocolate que ambos saborearon con éxtasis. La charla fue amena durante la mesa, llena de risas, guiños, besos lanzados en el aire y caricias sobre la mesa, como unir sus manos o acariciar suavemente el rostro del otro.

Al final de la velada, tras que los mozos retiraran las cosas de la mesa, ellos se levantaron y caminaron juntos hasta apoyarse en la barandilla, observando el mar y las primeras estrellas en salir. Tan concentrados estaban en ver el reflejo de la luna en el agua que no supieron en qué momento el músico llegó. Escucharon las primeras notas de una tranquila melodía en violín, que parecía estar hecha para amantes y amados. No voltearon para ver al recién llegado, permanecieron uno al lado del otro, gozando de la noche y el calor que desprendía el cuerpo del otro. Recreándose en el roce suave de sus manos y la atracción entre sus cuerpos que parecían tener un lenguaje secreto en que se comprendían en totalidad. Como si fueran dos en uno. Como si hubieran nacido para estar juntos.

Temari se apoyó en el hombro de Shikamaru, quien rodeó su cintura con su brazo, tan suave como una brisa. El violinista siguió tocando mientras observaba la espalda de los jóvenes, como si fuera un cuadro pintado al óleo. El cuadro de dos seres nacidos para estar juntos.

Juntos. ¿Qué tan difícil podía ser permanecer al lado del otro?

¿Qué tan difícil podía ser recordar esa noche por siempre?


Nonahere: Gracias por los rw, aunque ya ha pasado mucho desde que actualizamos, agradecemos que sigan aqui

YyessyY: pronto otro cap, no demoraremos años esta vez jejeje. ojalá nos dejen saber que les pareció el cap. Beessooos

~R.E.V.I.E.W~