Hola, Cony al habla. Nuestra Marjo anda en una pequeñas vacaciones y me dejó encargado subirles el capítulo.

El título del capítulo viene de la canción de Tiziano Ferro, con el mismo nombre. Les recomiendo que la escuchen mientras leen el capítulo.

*Disclaimer: los personajes conocidos son de Meyer, los otros salen de la cabeza de Marjo.*

Capítulo 25.

Despidiendoteahogo.

Abriendo los ojos pesadamente, sintió que su espalda dolía, se quejó en voz alta y rodó sobre ella, la superficie que acunaba su espalda era dura, áspera y para nada cómoda. Volvió a quejarse, pero no quería levantarse, más bien quería que el suelo del establo se volviera más cómodo.

Una risa sonó en el ambiente y ella mostró su dedo corazón, sabía a quien pertenecía aquella risa.

Aunque no quieras, deberías irte a casa, aquí vas a ganar un dolor de espalda terrible.

Bella volvió a gruñir. —Siento que no he dormido en una semana, así que solo déjame, ¿sí?

Jacob volvió a reír. —No es como si fuera a cargarte y llevarte de regreso, pero empezarán a buscarte, sabes eso.

—Que se jodan —dijo de nuevo con voz soñolienta—. Con quienes quiero hablar no están dispuestos o yo no los quiero ver así que los demás se pueden joder.

Jacob alzó sus cejas. —Sé que quien no está dispuesto es Dave, pero ¿a quién no quieres ver? ¿A Blondie? —Bella resopló y abrió sus ojos.

—¿Sabes que Rose siempre odió que la llamaras así? —Prefirió llevar la conversación hacia su amiga y no hacia la persona que no quería ver en ese momento.

Jacob alzó las cejas. —Nunca me lo dijo, creí que le gustaba. —Hizo una pausa—, de hecho creí que era una de las cosas que más le gustaba.

Bella se enderezó, sentándose y apoyando la espalda en la verja que antes aislaba a Luke, su estómago se encogió un poco al recordar a su caballo pero se obligó a si misma a continuar hablando. —No se conocían mucho, ¿no? Tú y Rose…

Jacob se puso a su lado, dejándose caer mientras se sentaba. —No lo sé, pero supongo que no. Ella necesitaba un novio con premura y a mí no me importaba tenerla ahí. —Se encogió apenado de hombros—. Es una pena, ella es una buena chica.

—Lo es —dijo Bella reflexionando—, me cae mejor que Jasper —dijo rodando los ojos al recordar la patética cuasi declaración que le había hecho el rubio hacía unos días en Las Vegas. Jacob exhaló una risa.

Yo también prefiero a Rose que a Jasper, nunca le gustó que estuviera con su hermana.

Bella asintió pensativa, Jacob se quedó observándola de reojo.

De verdad lamento lo de Luke. —Bella volvió a asentir.

—Gracias —convino—, aunque ahora tengo demasiadas cosas de las que preocuparme, que el pobre Luke tan solo es una de ellas.

Jacob alzó las cejas, quiso preguntar a qué se refería, pero por no pecar de entrometido o por el simple hecho de no molestarla no lo hizo. Aún sentía que Bella podía volver a odiarlo en cualquier segundo, aún no habían hecho las paces y no sabía si ella podía terminar perdonándolo u odiándolo inclusive más.

Mientras Bella pensaba en sus problemas. Bueno…, la verdad prefería no pensar en ellos en lo absoluto, el que más le rondaba la cabeza tenía que ver con su ex prometido y su actual esposo. Dio un quejido frustrado y enterró la cabeza en sus rodillas.

Jacob resopló una risa. —Oye, ¿estás bien? —Bella pasó las manos por su cabello asegurándolo con ambas manos en su cuello.

—Dios, no. No estoy bien, todo es un desastre. Todo. —Suspiró volviendo a apoyar la frente en sus rodillas—. Soy terrible. —Amortiguó contra su piel.

¿Muy terrible? —preguntó Jacob sin poder ocultar una sonrisa burlona, nunca la había visto así y sin querer parecer terrible le parecía divertida.

Ella levantó la cabeza y lo vio con ojos entrecerrados. —No seas idiota Jake. —Él soltó una carcajada, se sintió bien cuando ella lo llamó Jake.

Ella suspiró recostando la cabeza en la verja de madera tras ella, se fijó afuera y aún estaba oscuro, pero el amanecer amenazaba, ¿había pasado la noche entera ahí? ¿Cómo nadie la había ido a buscar aún? Rodó los ojos, "que se jodan" volvió a pensar. El único que se preocuparía lo suficiente como para ir a buscarla, y literalmente voltear la hacienda para encontrarla, era Edward, el escolta/esposo al que le pidió que se fuera después de comparar a su casi hija con su caballo… Volvió a resoplar, en serio ¿qué tan idiota podía ser?

Quiso gritar y patalear, pero se contuvo, no tenía 5 años.

Volvió a suspirar. —Así que —comenzó entablando una conversación con la única persona que estaba ahí y podía distraerla—. ¿Engañaste a Rose luego de Natalie?

Jacob alzó sus cejas, eso había sido cruel y directo.

Ehh… no, y técnicamente no la engañé con Natalie. —Bella lo vio entre sus pestañas—. No lo llegué a hacer, me quedé inmerso en mi miseria y luego me llamaron del hospital.

Bella suspiró, tampoco quería recordar aquel día.

Lo intenté ¿sabes? —convino Jacob—. Intenté estar bien con Rose, solo que ella es… difícil. —Bella alzó sus cejas dispuesta a defenderla. Jacob alzó las manos en defensa—. Nunca la engañé después de eso, Bella, tienes que creerme.

—Engañar no es lo único que puede acabar una relación, Jake.

El moreno suspiró. —Sí, supongo que tienes razón.

—Te aprovechaste de que ella tiene esa manía estúpida de no poder estar sola y terminaron haciéndose daño los dos.

Jacob miró el techo de madera de la caballeriza. —Ella pudo decir que no, Bella. Ella pudo dejarme y no lo hizo.

—Sabes sus problemas, a pesar de que es hermosa es insegura como nadie, te aprovechaste de eso y lo sabes.

Jacob la observó. —No me hagas el malo de la película. Estábamos los dos en esto, ella nunca mencionó nada y yo no soy adivino, pude haber sido un patán pero con ella siempre fui demasiado condescendiente. Creo que nunca supe qué pensaba en realidad, a mí siempre me sonreía y me decía: "está bien papi".

Bella no pudo evitar la carcajada que brotó de sus labios. —¿Papi? —Jacob rodó los ojos—. ¡Dios! Olvidé por completo que se llamaban así.

Seh seh, lo que sea —dijo el moreno un poco apenado—. Sin embargo me siento más tranquilo. Ella está bien ahora, no está sola y eso es bueno.

Bella asintió pensando que se refería a la compañía de ella misma y de Jasper, en efecto Rose no estaba sola, contaba con ellos. Lo que Bella no sabía era que Jacob no se refería a ella ni al rubio que lo odiaba mientras estuvo vivo, él se refería al hombre grande y fuerte que sabía trabajaba para Charlie hacía tiempo aunque jamás había cruzado palabra alguna con él.

Ya hacía casi una semana desde que Luke había desaparecido, Jacob cuando vio como se lo llevaron pensó que en cuestiones de segundos Bella aparecería buscándolo como loca. Pero eso no pasó, de hecho pasaron un par de noches hasta que hubo movimiento de la gente de la casa en las caballerizas.

Jacob salió hablando, pensó que se trataba de Bella, pero su aún-molesta-con-él amiga no se presentó en el establo. Para el asombro del moreno, quien se presentó fue Rosalie, una rubia hermosa y exuberante que a pesar de haber crecido rodeada de haciendas y animales, no les gustaba estar cerca de ellos.

Jacob la observó en silencio y se apartó del camino, sabía que no podía verlo, sentirlo u oírlo, pero igualmente se apartó. Aún recordaba como uno de los chicos que le daba comida a los caballos lo atravesó mientras hacía sus quehaceres y el inexistente cuerpo de Jake se estremeció de grima.

Se quedó observando a la que había sido su novia por algunos años ya, la vio más flaca y menos arreglada, Rose siempre iba en tacones y pelo suelto y secado, ahora iba vestida de cualquier manera y su cabello estaba en una coleta enredada.

A pesar de su pinta, la chica se veía hermosa…, inclusive se veía radiante. Jacob se descubrió alegre de saber que se encontraba bien.

Al poco rato llegó el hombre alto en cuestión, ambos buscaron a Luke y luego salieron, según escuchó, iban a buscar testigos.

Eso estuvo bien hasta que el día después regresaron. Jacob se extrañó y prestó atención a la conversación que tenían. Hablaron de Bella y acerca de decirle la verdad o no, también mencionaron a un tal Edward, Jacob lo recordó como el hombre del estadio.

El asombro de Jake vino cuando, luego de que Rosalie le cerrara una llamada a Bella, el hombre se le había acercado demasiado a la rubia y la había besado en el cuello.

Jake alzó las cejas enormemente, y más se alzaron cuando ella ronroneó satisfecha y el jefe de seguridad se adueñó de su boca.

Parpadeando como loco, quiso desaparecerse. No podía, ni pretendía observar como eso iba a continuar y agradeció enormemente que el escolta la hubiera levantado en brazos y sacado de ahí.

Una vez se quedó solo, pensó, pensó y pensó. Debería sentir celos, debería sentirse traicionado, debería sentirse dolido porque ella saliera adelante tan rápido.

Pero no sintió nada de eso, en cambio, una sonrisa se extendió por sus labios, Rose estaba bien y no lo necesitaba, podía marcharse sin temer haberle hecho tanto daño que la dejara impedida para otras relaciones.

Le hubiera gustado despedirse, decirle lo que valía, pero no podía, por lo que tenía que conformarse con tan solo saber y ver mientras pudiera, su sonrisa.

Pero aún faltaba Bella, a pesar de que estaba ahí con él, conversando y riéndose, sabía que la castaña estaba bastante lejos de perdonarlo y lo aceptaba.

—Me voy a casa —anunció Bella—. Quiera o no David tiene que aparecer. Vendrá, ¿cierto? —preguntó con ojos muy abiertos a su viejo amigo. Jacob sonrió, tenía una enorme y cálida sonrisa.

Estoy seguro de que lo hará, él nunca huyó de nada, no creo que lo empiece a hacer ahora. Seguramente está esperándote. —Bella sonrió, se colocó de pie y estirándose empezó a caminar a la salida. Antes de salir por completo se giró parcialmente para extender sus dedos en una despedida. Jacob repitió el gesto, arrepintiéndose de haberse alejado de ella después del accidente. Había olvidado lo bien que hablaban y cuanto se divertían, sin embargo sonrió, ahora se sentía más cercano a ella de lo que se había sentido en sus últimos años de vida.

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Edward despertó al alba, en sus pensamientos solo estaba ella. Se sentía herido, pero intentaba entenderla. Bella se sentía presionada, también le llegó a mencionar que se sentía traicionada… ¿pero traicionada porque él se preocupaba por su salud?

Resopló furioso, traicionada su trasero… él había cumplido con su trabajo y no era solo por cumplirlo, él se había preocupado por ella, por ser precisamente ella ¡su jodida esposa!

Se regañó a si mismo. Aquel había sido un matrimonio de mentiras, no podía ilusionarse de más. A pesar de los besos que lo atormentaban despierto y se colaban en sus sueños mientras dormía, no podía pensar que al final sería diferente, ellos se habían casado por un trato, el trato de ayudarlo con la adopción de Nicole.

Frunció el ceño, Bella podía anularlo cuando quisiera, como ella misma había dicho, nunca lo consumarían. Es más… él podía anularlo, después de todo Bella había comparado a Nicole con un caballo.

Respiró profundo… nunca anularía el matrimonio, no era tan idiota como para hacerlo y era lo suficientemente idiota como para seguir gustándole el llamarla esposa.

Resopló de nuevo. De verdad, cada vez se volvía más patético.

Sin pesar en lo patético que se sentía al mendigar seguir casado con su jefa que ahora lo odiaba, decidió levantarse de la cama y entrenar un poco, había pensado en practicar puntería, pero sus músculos pedían algo más desafiante.

Sin terminar de levantarse, apoyó las manos en el colchón y estiró lo más que pudo sus piernas, tan solo apoyándose de sus manos y forzando brazos y muslos. Comenzó a hacer sentadillas, no las contó, pero pocas no fueron.

Estirando el cuello se colocó finalmente de pie y se dobló sobre su cintura abrazando sus rodillas para poder estirar los músculos de sus piernas que se sentían un poco agarrotadas. Quiso correr pero no quería perder el tiempo afuera, por lo que subiéndose a una caminadora vieja y sin electricidad que encontró tiempo atrás en una venta de garaje y corrió indicándole a la cinta la velocidad que quería.

Abdominales, flexiones, lagartijas y más abdominales lo mantuvieron ocupado hasta que el sol estuvo por completo afuera, al darse cuenta maldijo en voz alta y corrió a la ducha, tenía que trabajar y no quería llegar tarde.

El agua templada casi lo hizo sufrir un paro, tenía el cuerpo demasiado caliente, sus músculos se tensaron al contacto e inmediatamente intentó hacer salir tanta agua caliente como pudiera, que en su vieja y precaria ducha no era mucho.

Al perder la lucha con el agua caliente tuvo que apresurarse a enjabonarse y limpiarse rápido, su celular repicaba ruidosamente desde la sala.

Con apenas una toalla llegó justo cuando la llamada se trancó, era Emmett, devolvió la llamada y no pudo comunicarse. Después del tercer intento, se fijó que había un mensaje de voz, colocándolo en alta voz, comenzó a vestirse.

Bro, soy yo, escucha, Charlie llamó. Está aterrizando en el aeropuerto y viene para acá. La niña ya está al tanto y accedió a no ir por su caballo hasta que el patrón llegue…—Edward había acelerado sus movimientos al oír que su "suegro" había llegado. Estaba aún descalzo y sin camisa, amarrándose los pantalones con premura cuando las palabras de Emmett en el alta voz lo dejaron de hielo—. Ehh, hay otra cosa. Es mejor que no vengas.

Las manos de Edward se detuvieron, su cabello húmedo y despeinado dejó caer algunas gotas al envejecido suelo mientras las palabras de su amigo sonaban.

Hay cosas que la niña debe hablar con su padre y me pidió expresamente que no estuvieras presente mientras lo hacía, así que haz lo que quieras, tienes el día libre.

Se dejó caer en la cama, ¿ella no quería que fuera? Cerró los ojos respirando profundo. La chica había desistido de buscar su caballo por lo menos hasta que su padre llegara ¿y le había pedido que no se acercara a Los Cisnes? ¿Qué pasó con enfrentar todo juntos?

Algo se apretó en su pecho y no tuvo que ver con el miedo de perder a Nicole, lo que sentía se parecía mucho a la rabia y al sentirse traicionado. Por lo menos, ella pudo haberlo llamado y no esconderse tras Emmett.

Sacudió la cabeza, diciéndose que Bella solo necesitaba tiempo a solas, necesitaba enfrentar a su padre y aunque quería estar ahí con ella, cumpliría su palabra, sabía que Emmett la mantendría a salvo.

Se sacudió la angustia y por primera vez en mucho tiempo acordó hacer lo que le dijeron.

Mantenerse alejado de Los Cisnes.

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Rose no había querido ver a nadie y se había refugiado la noche anterior en el cuarto de su hermano. Era relativamente temprano cuando despertó y al encontrar la habitación de su amiga cerrada, supo que la chica quería estar sola.

Bajó entonces por un poco de café. Cuando entró en la cocina, se quedó de pie en la puerta, a pesar de querer dar la vuelta y regresarse por su camino, no pudo evitar escuchar lo que el jefe de seguridad decía por teléfono, se quedó viendo recriminatoriamente a Emmett.

Cuando el jefe de seguridad y el hombre con el que había peleado el día anterior, cortó la comunicación, habló en voz alta, haciendo notable su presencia—: Bella está encerrada y dormida en su habitación, es imposible que hayas hablado con ella.

El jefe de seguridad suspiró y sin girar a verla dijo—: Yo sé lo que hago gritona.

—Por supuesto. ¿Quién soy yo para cuestionar al gran señor omnipotente?

Emmett se volteó a verla. —No te pongas melodramática, gritona, no te queda.

Rose rodó los ojos. —¿Por qué no quieres que Edward venga?

No tenía porqué contestarle, pero no quería ser grosero, ya lo había sido suficiente el día anterior. —Charlie viene en camino y quiere a Edward aquí para seguramente despedir su trasero, él necesita el empleo y voy a tratar de que no lo despidan.

—¿Qué pasa si Bella lo quiere aquí? —Emmett respiró profundo.

—Hablaré con la niña, le diré que está enfermo, alguna cosa.

Rose lo vio a los ojos. —¿Cualquier cosa, no? —Emmett asintió—. Querrás decir, que vas a mentirle.

—A veces es necesario, gritona.

—Por su puesto… y tú eres un experto mintiendo.

Emmett la vio a los ojos. —Yo no te he mentido.

—Pero tampoco hablas conmigo.

—¡¿Qué carajos quieres saber?! —El grito los tomó por sorpresa a ambos. Ella se quedó impresionada parpadeando. Él en cambio continuó—. ¿Vas a volver con el asunto de mi espalda? —Rose parpadeó aún asombrada—. ¡Estoy jodido! —Abrió los brazos a la nada—. ¡La maldita guerra me dejó jodido! ¿Quieres los detalles morbosos? —Rose se asustó, dio un paso hacia atrás cerrándose de nuevo, sintiéndose de nuevo pisada y maltratada por su padre, por el mismo Jacob.

Emmett se dio cuenta de su miedo, bajó un poco el tono pero no del todo la guardia. —¿Por qué quieres saberlo? ¿Qué importa?

La chica negó retrocediendo. —Nada. No… no… —Emmett se dio cuenta del pánico de la chica e intentó remediarlo.

—Oye, no te haré daño. Lo lamento, no, no quise… —Dio un paso hacia ella y de inmediato la chica retrocedió. Cuando él volvió a hablar, ella se giró y corrió lejos de él.

Sin importarle que estaba en la cocina de la casa principal y sabiendo que tendría que rendirle cuentas a Khloe más tarde, tomó un envase de la repisa lleno de frutas de madera y lo lanzó con fuerza contra el piso, soltando un grito que le llegó a las entrañas.

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La casa donde Nicole vivía con Anna, quedaba a una distancia considerable de su apartamento. No era exagerado pero no podía realzarse a pie sin sufrir un ataque de calor después…, o una insolación.

Estacionó la camioneta de su jefa en la puerta de la casa y calándose sus lentes oscuros se bajó caminando la estrecha camineria hasta la puerta principal, tocó la puerta y un grito desde su interior le indicó que pasara, Edward hizo caso con el ceño fruncido y se abrió camino hasta la fuente de palabras.

Se sorprendió al ver a Anna sentada en la butaca antiquísima de espaldar alto y recto, los estampados eran una locura, pero lo que le sorprendió no fue el estampado desteñido de antaño, lo sorprendente fue el verla con uno de sus pies en alto, apoyado en un cojín igual de antiquísimo, que se encontraba en banquillo de plástico totalmente fuera de lugar.

Casi corrió a su encuentro, había olvidado por completo el incidente que le había mencionado Nicole por teléfono. —¡Por Dios! ¿Qué ocurrió? —Se quitó los lentes oscuros yendo hasta ella. La adulta mujer, siempre recia, rodó los ojos con exasperación.

—Nada del otro mundo, no exageres. —Edward se agachó frente a ella examinando su piel herida, llevaba el tobillo vendado, se podía ver la piel violeta y verdusca untada de crema que olía a mentol. Edward frunció el rostro, el olor le había llegado casi hasta el cerebro, Anna al darse cuenta rió un poco.

—Tranquilo, en poco tiempo te acostumbrarás y las fosas nasales se dormirán.

Edward ignoró sus palabras. —Dime qué pasó.

Anna suspiró y finalmente contó su vergonzosa y distraída caída por las escaleras.

—Apenas fue el último par de escalones, iba distraída hablando por teléfono y creí que los escalones habían terminado, a mitad de camino logré detenerme del pasamanos de la escalera, gracias a eso no me aporreé el rostro, pero mi pie no tuvo tanta suerte.

Edward pasó una mano por su rostro. —¿Por qué no me llamaron? Hubiera venido de inmediato.

Anna rodó los ojos. —Estás como Nicole. No es nada del otro mundo, millones de personas se tuercen los tobillos a diario.

—Eso no parece una simple torcedura. ¿Te vio el médico?

Anna asintió. —Sí, Edward, me vio un médico y me dio indicaciones a seguir. Aún no puedo apoyarlo, pero me dieron muletas y me siento mucho mejor, ¿contento?

—Te pregunto de nuevo —indicó sentándose en el sofá a su lado—. ¿Por qué no me avisaron al momento?

—Me caí el día que te fuiste de viaje, además, no hacía falta, Nicole y yo lo tenemos cubierto.

Edward pasó las manos por su cabello. —Todo es una mierda. —Anna subió una ceja.

—Te la pasas reprendiendo a Nicole porque dice malas palabras, sería medianamente justo que tuvieras la misma cortesía.

—Lo siento —suspiró las palabras—. No puedo de dejar sentirme mal.

—No seas tan duro contigo mismo, estabas trabajando y Nicole estaba bajo mi cuidado, no había manera de que supiéramos que esto iba a pasar.

Anna tenía razón, pero Edward también. Estos días eran de mierda.

Espabilándose le preguntó—: ¿Quieres algo? ¿Agua, un té o algo de comer?

Anna negó sonriendo. —No, tranquilo, estoy bien. Nicole se ha portado de maravilla.

Edward alzó las cejas. —¿En serio? —su pregunta sonó tan incrédula que Anna, al verlo con cejas alzadas, ambos rieron. Él sacudió la cabeza—. Lo siento, solo que…, me parece poco creíble.

Anna acomodó un poco su postura, sacudió la cabeza cuando Edward, sin saber cómo, intentó ayudarla.

—No la subestimes —dijo—. La chica es buena.

—No lo pongo en duda, Anna, solo digo que es difícil imaginarla, después de todo es adolescente ¿no?

Anna puso los ojos en blanco.

—Por cierto, ¿dónde está?

La chica recibía clases en las horas de la tarde y como aún era de mañana era extraño no encontrarla.

—Está arriba, me dijo que iba a ducharse. —Edward asintió y prestando un poco de atención pudo oír como el agua de la regadera corría.

—Me ha cuidado muy bien —continuó Anna—. Se ha encargado de cocinar y limpiar estos días. La verdad se ha comportado como un encanto.

Edward alzó las cejas viendo sus manos entrelazadas. —Que bueno —murmuró en respuesta.

Anna que intuyó que algo no iba bien preguntó—: ¿Te sucede algo?

Edward alzó la mirada rápidamente. Anna lo vio con cejas alzadas y una sonrisa burlona en el rostro. —Estás disperso y distraído, te pareces mucho a tu señora madre en eso, cuando algo le preocupaba, puff, se desconectaba.

La mención de Esme siempre hacía que le doliera un poco el corazón, sin embargo, como buen militar no lo demostraba.

—Estoy bien —contestó a su pregunta—. Solo con algunos problemas en el trabajo, eso es todo. —Intentó encogerse de hombros pero la mención de su trabajo le hizo recordar a Bella y eso tampoco era tranquilizante.

Escucharon como entonces el agua de la bañera se detenía y al no mucho tiempo una voz gritaba a pulmón batiente.

—¿¡Estás bien, Anna!? —Edward alzó sus cejas mientras suspiraba. Nicole tenía todo menos el ser femenina, se preguntó si tendría que ver con haber sido criada por una mujer militar. Recordó a Andrea, pero no podía verla siendo poco femenina como lo era su hija.

—Lo estoy, Nicky —contestó—. ¿Por qué no te vistes y bajas? Edward está aquí.

Se oyó un golpe seco y luego una exclamación. —¡Mierda! —Edward se colocó de pie de inmediato.

—¿Estás bien?

—¡Ajá! —Hubo otro silencio y luego otro escándalo—. ¡Mierda!

—¡Nicole! —la voz de Edward era recriminatoria.

—¡Lo siento! —Se oyó antes del sonoro portazo.

Cuando el escolta se giró a ver a Anna, ésta estaba con una expresión de burla en su rostro. Edward la vio con rabia, pero la mujer argumentó. —Estoy casi segura que lo hace solo para fastidiarte, conmigo nunca dice malas palabras.

—Que suerte tengo —dijo irónico.

Lo que Anna hizo los siguientes diez minutos, fue burlarse del escolta.

—¡Estoy lista! —gritó la chica mientras bajaba escandalosamente las escaleras. Edward respiró profundo y se colocó de pie. La chica brincó los últimos tres escalones de golpe y aterrizó frente a ellos, llevaba jeans y botas militares desamarradas, con una franela negra bastante holgada y despegada al cuerpo, el cabello estaba más oscuro de lo habitual gracias a que aún lo tenía húmedo, lo había amarrado en una coleta pero se podía ver que aún no lo había peinado o desenredado.

—Hey, Ed —dijo sin verlo directamente, caminó hasta Anna toreándolo—. Toca tu medicina, Ann.

Edward asintió en respuesta aunque la chica no lo vio y observó asombrado como Nicole iba a la cocina para luego traer un vaso de agua y una pastillita amarilla. Anna la tomó obediente y luego asintió a Edward.

—Saluda, Nicky.

—Ya lo hice —dijo volteándose ligeramente hacia el que se suponía sería en algún futuro su padre—. ¿Qué tal. Ed?

—Hola Nicole. ¿Cómo te ha ido? —La chica encogió los hombros en respuesta. Anna negó despacio con la cabeza.

—¡Por Dios! Pareciera que ni se conocieran. Vayan, vayan, salgan a caminar por la calle, yo estaré bien. Vayan y conversen un rato.

Edward asintió. —¿Vienes Nicole? —Extendió un brazo hasta la puerta.

La chica asintió. —Nos vemos ahora Ann.

La mujer asintió y los instó a irse. Luego de asegurarse que estaría bien, Nicole aceptó salir con Edward.

Caminaron calle abajo manteniendo una distancia prudencial entre los dos, él llevaba las manos juntas en su espalda y la chica llevaba las propias en sus bolsillos.

—¿Cómo estuvo Las Vegas?

—Bien —contestó Edward, se había puesto de nuevo las gafas de sol—. La ciudad es bastante impresionante.

—Me lo imagino, en "¿Qué pasó ayer?" se veía realmente alucinante.

Edward alzó las cejas. —Esa película no es para que tú la veas. —Nicole sonrió sin verlo.

—Relájate, la vi con tío Emmett y me hizo cerrar los ojos y tararear en las partes que según él eran "indecentes".

Edward resopló, debía mantener alejado a Emmett de Nicole para cuando fueran a vivir juntos.

Nicole, aburrida de la lentitud y las pausas de Edward comentó. —¿Le contaste lo que te pedí? —Edward frunció el ceño y la chica rodó los ojos—. A Bella, ¿le contaste que había sacado un 10 en bio? —El escolta parpadeó, ni siquiera él se acordaba de eso.

—No, lo siento, pero no pude hacerlo. —La chica se vio realmente decepcionada pero Edward no se dio cuenta—. El viaje se complicó un poco después que hablamos y no tuve chance de contarle.

Se encogió de hombros. —Okay, no es como si fuera importante.

—Claro que lo es —dijo Edward sintiéndose incómodo—. Estoy seguro de que estará encantada.

—Seh, lo que sea —murmuró la chica.

Suspiró. —Tengo que contarte algo.

La chica asintió, había una casa abandonada en la cuadra y la chica se sentó en un pequeño muro del frente, sus pies quedaron colgando y los balanceó distraída.

Edward empezó a sentirse nervioso, pasó sus manos repetidamente por su cabello.

Nicole frunció el ceño.

—¿Qué sucede? —Edward no podía hablar, no sabía por donde empezar. Nicole de repente se asustó—. ¿Pasó algo conmigo? ¿Con Jessica? ¿Te dijo algo? No… ¿no te van a dar mi custodia?

Edward alzó las manos. —Wow, wow, cálmate y ni siquiera digas eso en voz alta. No he hablado con Jessica ni nada de lo que preguntaste pasó.

La chica respiró profundo. —Está bien, pero me asustaste hasta la mier… —Edward alzó las cejas desafiante—…médula —corrigió la chica.

Suspiró. —Es en serio lo del lenguaje Nicole, no es bonito que una chica ande diciendo tantas groserías. —La chica torció los ojos.

—Tantas no, siempre digo la misma. —Edward se cruzó de brazos—. Seh, seh. Pero dime, ¿qué me tienes que contar? —Nicole quiso cambiar el tema para no ser más regañada, cosa que funcionó a la perfección, dado que recordó a Edward su misión de aquella visita.

—¿Te agrada la señorita Swan? —preguntó descolocando a la chica por un momento.

—¿Bella? —preguntó—. Me gusta. —Asintió medio sonriendo—. Es agradable y simpática, me dejó montar uno de sus caballos —completó emocionada—. No pareciera que tuviera tanta plata como la tiene. —Frunció los labios en la última frase.

—No, no lo parece. —Asintió Edward estando de acuerdo. Sin saber cómo continuar, se quedó pensativo—. Ella y yo hablamos en Las Vegas.

—Supongo que lo hicieron, ¿no? —Se burló infantilmente.

—Esto es serio, Nicole. Por favor escucha. —La chica se asombró por la seriedad y guardó silencio.

—Como te decía. La señorita… —suspiró—. Bella —rectificó—. Bella y yo conversamos en Las Vegas bastante. Ahora mismo no sabría decirte con exactitud cómo llegamos a lo que hicimos, pero, creo que debes enterarte.

Edward suspiró, sería mejor contarle todo de una vez. Metiendo la mano en el bolsillo de su pantalón, tocó el barato aro dorado, sacándolo lo mantuvo entre sus dedos unos segundos para luego deslizarlo por su dedo anular.

—¿Sabes qué es esto?

—Un anillo —contestó la chica encogiéndose de hombros.

—Es un anillo de matrimonio. —La chica abrió los ojos de más.

—No me jodas.

—Nicole. —Rodó los ojos con exasperación—. No digas malas palabras.

La chica se bajó del muro donde estaba sentada y caminó hasta él, tomándole la mano. —¿Te casaste?

—No solo eso. Me casé, sí, pero… me casé con Bella.

Esta vez la chica no lo pudo evitar.

—¡Mierda!

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Cuando Bella había entrado en casa luego de dejar los establos, el clima estaba templado, metió las manos en los bolsillos de su pantalón estremeciéndose un poco, la mañana se veía como: ella triste y melancólica.

Entró a la casa esperando encontrarse a alguien esperándola, sin embargo se encontró sola. Frunció el ceño pero intentó no sentirse mal, ella misma se la pasaba diciendo que la gente de esa casa no la dejaba ni a sol ni a sombra, no podía ahora sentirse abandonada cuando finalmente habían hecho lo que ella añoraba años atrás.

Subió acompasadamente las escaleras y entró silenciosa a su habitación, no quería despertar a Rosalie.

Frunció el ceño al darse cuenta de que la habitación estaba vacía.

—¿Rose? —llamó a pesar de saber que no estaba. Respiró profundo ¿dónde se había metido? Encendió la luz y hurgó con la mirada todos los rincones, estaba sola, deplorablemente sola. No llamó a David por terror a que no le contestara y hacer aún más presente su rechazo. Se cambió de ropa como una autómata y se deslizó bajo las mantas frescas, suspiró de puro placer y el sueño la volvió a consumir.

Cuando estaba profundamente dormida una brisa entró al cuarto, su piel se erizó, pero no se despertó de un todo. Acurrucándose bajo las mantas suspiró profundamente.

David estaba a su lado, su rostro, sonriente pero triste no dejaba de verla, fijándose que sus labios estaban entre abiertos y respiraba por ellos, haciendo que roncara a un volumen realmente bajo, eso siempre le había molesto, cuando pasaban noches juntos no lo dejaba dormir, pero ahora le parecía malditamente dulce y agradable.

No te odio —susurró—. Nunca podría hacerlo. —Bella se movió ligeramente sin abrir los ojos—. Me tomaste por sorpresa… —hizo una pausa y sonrió exhalando una pequeña risa—. Desde siempre te dije que siguieras adelante y en lo que lo haces me muero de celos. —Su sonrisa se volvió triste—. Siempre te amé y estoy seguro de que hubiéramos sido muy felices, pero las cosas cambiaron y no puedo estar contigo como me gustaría.

Bella suspiró dando un ligero temblor de frío. David pasó muy cerca su mano por la mejilla. —Ni siquiera puedo acercarme a ti sin causarte dolor. —Ella detestaba el frío y él llevaba dos años sometiéndola a él.

Edward es bueno. —Se ahogó con sus palabras—. Él te merece y te protege mejor que yo. —Dio una risilla—. Por lo menos sabe como hacerlo y salir vivo de ello. —Suspiró. —Eso fue un mal chiste, lo siento. —Volvió a pasar su mano por su rostro sin llegar a tocarla.

Es hora de que me vaya —dijo en voz muy bajita—. Sé que te asustas enormemente cuando hablamos de esto, por eso te lo digo así. —Los labios de Bella temblaron aunque sus ojos permanecieron cerrados—. Vas a estar bien, eso me tranquiliza. No te creas, me da terror marcharme, ¿qué me espera y dónde? —la voz de David se tornó temblorosa.

Siempre supimos que los espíritus se quedaban rondando por algún asunto pendiente, siempre supe que el mío eras tú, pero últimamente no me has necesitado tanto, nos hemos visto cada vez menos.

Los ojos de Bella se abrieron y él le sonrió. —Nunca has sido buena mentirosa, sabía que estabas despierta. —Ella se enderezó un poco dándole haciéndole frente.

—¿Qué? —su voz se atragantó—. ¿Qué quieres decir?

David sonrió. —Me quedé contigo para cuidarte mientras me necesitaras.

—Te necesito —susurró en respuesta. David sonrió tristemente.

Ya no tanto. —Ella fue a protestar y él la detuvo—. Eso está bien, linda. No tienes que darme explicaciones. —Los ojos de ella estaban desorbitados. La luz de la luna entraba a la habitación por los grandes ventanales dándole a ambos un look pálido y espectral.

—Lo… siento. —Sollozó, su cabeza se inclinó hacia abajo y lloró en silencio. David se acercó e intentó besar su cabello.

No lo hagas —susurró con aliento frío—. Estoy feliz con que lo hayas hecho.

—Edward es bueno, pero no lo quiero… —Mordió sus labios, algo en esa expresión le hizo doler el pecho. David volvió a sonreír.

Esto no tiene que ver con eso, quizás no lo hagas, no ahora, pero él te cuida, te distrae de donde te tengo atrapada.

—¿Atrapada? —David asintió.

Déjame ir —susurró—. Libérate y libérame.

Las lágrimas empezaron. Bella negaba con la cabeza pero cada vez era más lento su movimiento, tenía terror de dejarlo, ellos eran inseparables ¿no? Él se quedaba cuidándola y escuchándola y ella… ella…, se quedaba encerrada en la hacienda, preocupando a todos, alejada de todos menos de sus muertos, siendo una carga para su padre.

¿Qué había cambiado? ¿Por qué ahora quería vivir, salir, caminar, montar de nuevo?

Él la había hecho cambiar. Edward siendo un ente nuevo que no conocía su pasado, la hizo salir de la cáscara que ella misma tejió a su alrededor. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Desde el accidente nunca había salido de la hacienda y desde que Edward había llegado habían sido pocos los días que había permanecido allí.

Pero… ¿Dónde quedaba David en todo esto?

Parpadeó con sus húmedas pestañas. David era hermoso, rubio, fuerte y con ojos increíblemente expresivos, siempre había amado los tiempos en los que se quedaban así, acostados uno frente al otro, tan solo observándose.

¿Esos recuerdos eran de antes o después del accidente? No podía recordarlo.

Era egoísta dejarlo a su lado, ella poco a poco se había separado de él ¡hasta se había ido de viaje! Antes nunca lo habría hecho, antes, no soportaba siquiera dos minutos sin verlo, ahora a veces pasaban días sin verse o hablarse.

Ella lo había superado, aún lo extrañaba, por supuesto que lo hacía, es más… nunca dejaría de hacerlo, pero ¿y él? Tenía que estar destinado o amarrado a su lado para tan solo ser… ¿amigos? ¿Confidentes de vez en cuando?

Ella no era tan desalmada, no podía hacerle eso. Se sintió terrible al darse cuenta de que habían pasado meses con él atascado allí mientras ella intentaba vivir.

El accidente apestaba, sus vidas se habían arruinado después de eso, ¿pero significaba aquello que ambos tenían que desistir? ¿Debían quedarse así para siempre a causa de aquel infortunio?

Bella cerró los ojos y respiró profundo.

—Está bien. —Esta era la decisión más fuerte y dolorosa que jamás habría tomado—. Tienes razón —dijo y abrió los ojos—. Tengo que dejarte ir.

David parpadeó un poco asombrado, pensó que la chica no lo haría tan fácil. —¿Lo harás?

Ella asintió y una lágrima se deslizó por el puente de su nariz. —Lo estoy haciendo.

David la vio fijamente a los ojos y ella pudo jurar que vio una lágrima deslizarse de su ojo, se acurrucó contra él y una ola de frío helado la cubrió haciéndola temblar de pies a cabeza.

Linda, te vas a congelar. —Ella negó con desespero.

—No importa, es mi último abrazo, es mi última vez. Así me muera de frío te quiero junto a mí.

David, sin saber qué venía para él después, suspiró. Se acercó más a ella haciendo que se acunara muy cerca de su enorme y etéreo pecho, el cuerpo de Bella se volvió a estremecer, David tuvo que luchar contra el alejarse.

Empezó a susurrar melodías con el fin de calmarla y sin hacerlo a propósito sus labios comenzaron a tararear Strangers in the night, no eran fanáticos de Sinatra, pero de esa canción, lo eran.

Bella a pesar de sus lágrimas sonrió, el recuerdo de su primer baile oficial llegó a su mente.

—¿Recuerdas cuando derramaste la copa de vino en mi vestido? — El frío le tenía los músculos dormidos, él rió contra su cabello.

La intención no era recordarte eso —dijo en voz baja, sin embargo no pudo evitar reír—. Te veías hermosa, toda furiosa conmigo y llena de tinto. —Bella rió e intentó manotearlo, a medio camino se sintió tonta, no iba a poder tocarlo, pero era muy tarde para detener el movimiento, su cerebro se preparó para un frío corto, pero aún más intenso.

La mano de ella chocó contra su pecho, Bella observó incrédula, con asombro y terror como la tela siempre azul claro que lo cubría se arrugaba entre sus dedos.

No podía levantar la mirada, no quería hacerlo, todo podía desaparecer en un segundo, ella podía despertar y David podía desaparecer.

Pero hubo una caricia, una cálida y temblorosa caricia que llegó a su rostro, unos dedos quitaron el cabello del medio y bajaron lentamente por su cuello.

De haber podido levantar la mirada, Bella hubiera visto las lágrimas que nadaban en los ojos de David. Tanto tiempo añorando sentirla y ahora podía hacerlo, estaba aterrado sin saber que significaba eso, pero no podía alejarse de su piel.

El pulso de ella se aceleró mientras los mismos dedos viajaban a su barbilla y la hacían levantar el rostro, parpadeó alejando el agua de sus ojos para poder verlo.

—¿Qué…Por qué? —susurró asustada.

Shh. No digamos nada. —David bajó su rostro y depositó un casto beso en su frente, sintió eso también, los labios ligeramente arrugados haciendo presión mínima en su piel. No pudo soportarlo, tenía que aprovechar lo que estaba ocurriendo, fuera lo que fuera. Bella se acercó rápidamente a él casi gateando y lo abrazó. David se vio atropellado por su pequeño cuerpo y se dejó caer sobre su espalda. Sosteniéndola contra su pecho, pasó las manos a su espalda apretándola tanto como pudiera, necesitaba sentirla. Bella enterró la cabeza en el cuello de él mientras sollozaba en voz baja, David le susurraba sonidos para que se calmara, acariciando su cabello y apretándola con la otra mano de la cintura aferrándola mientras sentía que se ahogaba.

A pesar de que no sabía como explicar que le ocurría, sabía que no era el momento de hacer preguntas, no había nadie que pudiera contestarlas. Aún apretándola e increíblemente sintiéndola, algo en su pecho se apretó y supo que quedaba poco tiempo, cerró los ojos y respiró profundo, besó el cabello de su chica y aflojó un poco su agarre.

Bella incorporó su rostro y se vieron a los ojos. David limpió sus lágrimas y llevó el pulgar a su boca saboreándolas, Bella rió tontamente, la primera vez que lloró frente a él había hecho lo mismo.

Sabes que siempre serás mi chica, ¿verdad? —Ella asintió—. Que te amo. —Volvió a asentir—. Y que quiero sobre todas las formas que seas feliz. —Sintiendo sus ojos llenarse, volvió a asentir—. Aunque ser feliz signifique que yo esté lejos y tú le permitas a alguien más amarte. —Con dos lágrimas nuevas volvió a asentir.

Te quiero, linda. —Se alzó un poco y con una sutil y liviana caricia se acercó a sus labios, Bella cerró los ojos.

—Te quiero David —susurró sintiendo un hormigueo pero nunca un contacto, el frío que había olvidado segundos atrás regresó con doble intensidad y por muy poco tiempo. De repente el calor característico de Texas la tomó por sorpresa, adueñándose de su piel, metiéndosele por los poros, corriéndole por la sangre, abrazando todos y cada uno de sus órganos quemándola…, y consumiéndola por completo.

El sollozo llegó a su garganta, escapando por su boca y encontrándose contra su almohada. Ya David no estaba, estaba sola, la había dejado, en realidad habían acordado separarse, no podía sentirse triste, le habían ofrecido a ambos un final y hermoso recuerdo. Lo había sentido, lo había tocado, debía sentirse feliz. Pero ahora no podía siquiera pensar en la palabra feliz, la verdad era todo lo contrario, se sentía triste y necesitaba llorar su soledad y vacío.

Ahogó un grito mientras enterraba su rostro en su almohada y la abrazaba, se sentía peor que cuando supo que David había muerto porque ahora era verdad, ahora en verdad David se había marchado. El luto escondido en su interior por dos años salía a flote y con fuerzas renovadas.

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—¡Wow! —exclamó la chica luego de que la volviera a recriminar por su uso excesivo de malas palabras.

—Quería contarte antes de que te enterarás por alguien más.

La chica se separó de la mano anillada de Edward volviéndose a sentar en el muro de la casa abandonada. —Ajá —dijo asintiendo—. Gracias por la advertencia.

Edward pasó las manos por su cabello y luego vio distraído el anillo en su dedo anular. Nicole observó como lo detallaba.

—¿Dónde está Bella? —preguntó—. No sé, ¿no debió haber venido contigo?

—Está en su casa. Verás, Nicole, por eso quería hablar contigo, las cosas van a cambiar de ahora en adelante, por eso preferí venir yo solo a darte la noticia. —No lo había planificado así desde un principio, pero ahora no le parecía una mala idea.

—Claro —dijo al chica, su voz se escuchó baja y poco estable—. Cambios —susurró—. Me encantan los cambios. —El sarcasmo no fue sutil.

—Nicole —llamó Edward viéndola con el ceño fruncido—. ¿Por qué dices eso?

Pero la chica respiró profundo y se enderezó, era menuda, como cualquier chica de quince años sería, Edward era mucho, pero mucho más grande que ella, sin embargo intentó verse desafiante y fuerte.

—¿Qué va a pasar ahora? —preguntó parpadeando más rápido de lo normal, pero con expresión dura, se notaba que estaba luchando con las ganas de llorar. Edward sorprendido del cambio de humor en la chica, no pudo intervenir antes de que ella siguiera hablando—. ¿Me quedaré con Anna?

Edward parpadeó. —Ehhh, sí, como siempre, estarás con ella hasta que la Srta. Stanley de el veredicto.

—¿Le contarás a ella que te casaste?

—Por supuesto, ella será una de las próximas en enterarse, solo quería contártelo primero.

La chica asintió. —Sé que no me debes nada, pero ¿puedo pedirte algo?

Edward no entendía la actitud de la chica, asintió. —Claro.

Ella cerró los ojos e inclinó la cabeza hacia el suelo. —Puedes hacer algo para quedarme con Anna mientras cumplo los dieciocho, odio pedirte esto, pero sabes que no quiero ir a un orfanato.

La expresión de Edward iba de extraña a incrédula y a furiosa en segundos.

—¿Quedarte con Anna?

La chica asintió.

—La prefiero antes que el orfanato. ¡Oh Dios, eso sonó muy mal! Ella me gusta, de veras, y bueno, como… como ya no me podré quedar contigo…

—¿Que no me quiero quedar contigo? ¿De qué carajos hablas?

La chica no levantó la mirada. —No tienes que fingir conmigo, Ed. —Se encogió de hombros, estaba viendo entretenida sus rodillas—. Mi mamá te metió en un aprieto. —Se encogió de hombros—. L sé, pero, no importa, puedes… —Su voz se quebró un instante nada más—. Puedes desistir, solo porque Andrea haya muerto no significa que tengas que cargar conmigo, lo entiendo, yo… yo haré lo que pueda sola. —Volvió a encogerse de hombros—. Solo… —suspiró sintiéndose asustada—, solo no dejes que termine en un orfanato. Solo eso, ¿si?

Edward se había quedado en increíble silencio. La chica pensó que lo encontraría con expresión aliviada al saber que no tendría más la carga de cuidarla.

Sin embargo Edward no estaba sonriendo, estaba con brazos cruzados y con cara de póker.

—¿Desde cuándo llamas a tu mamá por su nombre?

Nicole rodó los ojos. —No disimules más, Edward. Andrea te cagó la vida, admítelo, a mí me la jodió también muriéndose, ella no era la madre ejemplar pero por lo menos estaba ahí, sabía que regresaría en algún momento, aunque eso significaba que más pronto que tarde volvería a irse.

Edward se adelantó un paso. —Cuida tu lenguaje —le dijo despacio y contundente.

La chica no se atrevió a rodar los ojos o a bufar.

—Primero, estoy seguro que Andrea no decidió simplemente morir —dijo con una mueca despectiva—. Segundo, ella no me "estropeó" la vida como sugieres —dijo corrigiendo su palabra—. Lo de ella fue un accidente lamentable y terrible, pero todos los que nos alistamos en la milicia sabemos que corremos ese riesgo.

—¿Y qué hay de mí? —preguntó la chica con el labio temblándole ligeramente—. ¿Yo corría el riesgo de quedarme huérfana? Nadie me explicó eso.

Edward suspiró. —Nunca hemos hablado de la muerte de Andrea.

La chica resopló. —Nunca hablamos, Edward.

—¿Qué estamos haciendo ahora entonces? —Volvió a cruzarse de brazos. La chica rodó los ojos.

—Sí, eso te lo puedo conceder, por lo menos me estás hablando antes de abandonarme también, tuviste más agallas que Andrea… Bueno, ella no estaba al tanto de que iba a explotar su campamento.

—¡Basta! —le gritó Edward. La chica parpadeó asombrada, nunca había oído a Edward gritar—. Respeta la memoria de tu mamá y de una gran amiga mía. No te permito hables en ese tono y con esas palabras para referirte a su memoria, Andrea luchó por este país con tesón y entrega, fue víctima de un ataque cobarde que le robó la vida y todos nos sentimos culpable y terribles por semejante pérdida, así que muestra un poco de respeto a la que no solo fue la mujer que te dio la vida, sino también a la mujer que dedicó su vida entera a proteger y honrar a su país. Quisiera ser la mitad de honorable que fue tu mamá.

Una lágrima rodó por la mejilla de la chica. Edward respiró profundo. —¿Por qué tienes que provocarme? No me gusta llegar a estos puntos contigo. —Pasó las manos por su cabello—. ¿Y qué es eso que dijiste de que por lo menos te estoy hablando antes de abandonarte? —La chica no levantaba la mirada—. ¿Es que acaso no lo ves? —Edward levantó los brazos—. ¡Me casé precisamente para poder obtener tu custodia más rápido! —La chica levantó el rostro de inmediato y se limpió las lágrimas con rapidez.

—¿Qué?

—¡Eso! Que me casé para que Jessica Stanley deje de tener prejuicios en mi contra por adoptarte. —La chica frunció el ceño—. Al parecer, un hombre adulto interesado en adoptar a una adolescente no es bien visto.

La chica frunció más el ceño y cuando lo entendió se estremeció con asco.

—¡Exacto! —gritó Edward exasperado—. Por eso me casé, por eso Bella accedió a casarse también, me está ayudando, esto no es para huir y dejarte, esto es para precisamente todo lo contrario.

Nicole se sintió terrible, volvió a esconder la mirada, clavándola en sus rodillas. Edward en cambio no dejaba de pasar las manos por su cabello mientras no dejaba de respirar profundamente para calmarse.

Ninguno de los dos habló por un rato. Al final Edward dio su brazo a torcer, después de todo él era el adulto.

—No sabía que te sentías así por Andrea.

La chica se encogió de hombros. —Está muerta, no importa.

Importaba y mucho, pero Edward no tenía idea de cómo abordar el tema con la chica, para ser un hombre que había enfrentado la muerte muchas veces, no tenía idea de cómo ayudar a la chica que tenía al frente, se recostó en el muro a su lado y suspiró.

—Deberíamos regresar a casa. —Era una terrible salida, pero no se le ocurrió otra.

La chica se secó de nuevo las mejillas y se impulsó hacia el suelo, caminando directamente a casa, Edward la siguió acompasadamente, recordándole la distancia que mantenía entre él y sus protegidos.

A pesar de que no le apetecía ahora, pensó en quedarse y pasar el día con ambas, pediría pizza para el almuerzo y ayudaría con algunas cosas de la casa, cualquier cosa que Anna necesitara.

Prefería que Anna aún no se enterara del matrimonio, pero eso significaba volver a conversar con Nicole y la verdad ahora no tenía la fuerza suficiente para someterse a ello.

Pensó que el regreso a casa la aliviaría porque Anna se encontraría ahí y mediaría entre ambos, pero ocurrió todo lo contrario.

Había otro auto frente a la casa de Anna, uno que a Edward la pareció vagamente familiar, Nicole lo reconoció y bufó obstinada.

—Lo que faltaba —murmuró atravesando la caminera—. La chillona vino al ataque.

Abrió la puerta y Edward la siguió enseguida, la chillona a la que Nicole se refería, no era otra que la mismísima Jessica Stanley.

Anna no tenía buena cara, estaba de pie, apoyada en las muletas, por su expresión, estaba discutiendo.

—Lo que dices es absurdo.

La rubia teñida sacudió la cabeza. —No odies al mensajero Anna, yo cumplo procedimientos y este no se está cumpliendo.

—¡Patrañas!

Edward se adelantó de inmediato entre las dos mujeres.

—Anna, cálmate —pidió—. ¿Por qué no te sientas y pones el pie en alto? —La escoltó y Anna de mala manera se dejó hacer, la verdad le dolía el tobillo—. Señorita Stanley, que bueno verla —dijo parcamente—. ¿Gusta sentarse? —La peli teñida asintió forzando una sonrisa y se sentó en el sofá frente a ellos.

La discusión bajó de tono, pero aún se sentía en el ambiente.

—Nicole, sube a tu cuarto —pidió el escolta. La chica abrió la boca para protestar pero Edward la vio a los ojos con furia y autoridad—. Ahora —sentenció señalando con la cabeza hacia las escaleras. La chica resopló furiosa pero zapateó alejándose de ahí.

Cuando se quedaron solos los adultos, Edward finalmente habló. —¿Qué sucede?

Anna rodó los ojos. —Que esta señorita novata cree que puede hacer lo que le venga en gana.

Jessica suspiró. —Yo te respeto Anna, te agradecería el mismo trato, yo simplemente cumplo con mi trabajo.

Edward alzó sus manos. —Ya va —dijo deteniéndolas—. ¿Pueden explicarme a qué se refieren?

Jessica le extendió un sobre blanco a Edward, este lo abrió y sacó la hoja, leyéndolo con ansiedad. Algo le decía que no iba a gustarle. Mientras sus ojos pasaban por las letras, Anna, que veía con odio a Jessica. Habló al escolta sin dejar de mirar a la chica. —Me han declarado incapacitada porque me torcí el estúpido tobillo, dicen que no puedo cuidarla.

Edward parpadeó sorprendido. —¿Qué?

—El departamento y yo solo queremos lo mejor para la chica.

Edward levantó la vista. —¿Según usted, qué es lo mejor?

—Que esté cuidada y protegida las 24 horas del día y aquí lamentablemente ya no puede estarlo.

—¡No digas tonterías! —Anna estaba que destilaba hiel.

—No puedes caminar, Anna. ¿Cómo vas a cuidar de la chica?

—No es una bebé de dos años, no necesita mi vigilancia eterna, solo necesita un techo y alguien que la escuche, eso puedo hacerlo perfectamente.

—En el Departamento de Servicios Sociales no pensamos así.

—Pues en Servicios Sociales son unos idiotas.

—¡Señoras! —gritó Edward—. Calmémonos un poco, ¿si?

Ambas hicieron silencio, aunque a Anna pareció costarle más.

—¿Qué significa esto? —preguntó Edward a la trabajadora social—. Si incapacitan a Anna, ¿qué sucede con Nicole?

—¡No pueden incapacitarme, Edward! —Él levantó la mano.

—Por favor —suplicó a la que había sido amiga de su madre. Luego se giró a la trabajadora—. ¿Qué sucede con la chica? ¿Puedo llevármela yo mientras Anna se mejora?

Jessica Stanley negó. —No, aún no tiene la custodia de la chica y no puede llevarla con usted, los chicos en situaciones como las de ella, deben encontrarse en ambientes propicios para que puedan desarrollarse tranquilamente. No desconfío de las habilidades de Anna, pero Nicole no puede convertirse en enfermera, por lo que hemos decidido que la chica sea trasladada mientras se finiquita el asunto de la custodia.

—¿Trasladada? —preguntó Edward—. ¿Trasladada a dónde?

—A una casa de acogida, estará con una familia que acepta chicos de su edad y los cuida mientras los papeles de adopción salen.

Edward cerró los puños. —¿Me está diciendo que Nicole debe quedarse con unos perfectos desconocidos antes que conmigo?

—Son personas perfectamente cualificadas y aprobadas por los Servicios Sociales, estará en perfectas manos.

—¡Perfectas manos mi trasero! —Quien gritó fue Nicole, que había desobedecido la orden de Edward y ahora estaba en medio de la escalera con manos y dientes apretados—. No me iré a ninguna parte, me quedaré aquí, con Anna.

Edward cerró sus ojos.

—Eso no lo decides tú, jovencita —le habló directamente Jessica—. El Estado vela por ti, él decide que hacer.

—¿El Estado? —preguntó la chica—. ¿Quién demonios es el Estado? Él no sabe nada de mí. No quiero estar en una casa diferente a esta, quiero quedarme aquí o irme con Edward.

El escolta se sorprendió, después de la discusión de la tarde, pensó que la chica no querría verlo y menos vivir con él.

—Esas opciones no son viables. Anna está indispuesta. —La aludida bufó con furia, Jessica la ignoró—. Y el señor Cullen aún no ha obtenido tu custodia, no queda otra opción que venir conmigo.

La chica parpadeó asustada. —¿Ahora? —preguntó temblando.

—¿Para qué otra cosa crees que vine? La familia que te dará asilo está al tanto y nos está esperando, el viaje es de unas buenas tres horas, así que sugiero que vayas empacando.

—¿Tres horas? —La voz del escolta era agónica.

—Es el otro condado, en este solo contábamos con Anna.

—¡No puede llevarsela a otro condado! ¡No puede hacerlo!

—No hay otra opción, señor Cullen.

Nicole lloraba aterrada, Anna se levantó y con muletas y todo fue a su encuentro, abrazándola y tratándola de confortar.

Edward las observó aterrado. ¿Cómo iba a detener esto? Tanto él como Anna sabían del terror de la chica por los orfanatos, él mismo tenía miedo de enviarla a aquella casa de acogida, no conocía a esas personas, no confiaba en ellas.

Lo había prometido, había prometido cuidar de Nicole, no podía abandonarla. Emmett lo mataría, Andrea se sentiría destrozada y Bella se decepcionaría.

Respiró profundo. —Me casé —dijo en voz alta, sacó el anillo de nuevo de su bolsillo y lo caló en su dedo—. Me casé con una excelente mujer que desea tanto como yo adoptar a Nicole, ambos podremos cuidarle y estoy seguro de que el cambio en mi estado civil ayudará a acelerar el proceso.

Anna se quedó estupefacta. Jessica lo miró escéptica. Nicole mostró un poco de esperanza en su rostro.

—¿Y dónde está esa flamante esposa? —preguntó Jessica, para luego sacudir la cabeza—. Lo lamento, pero no le creo, señor Cullen. Mientras más rápido salga de aquí, más rápido termino mi trabajo por hoy.

—Pues no saldrá rápido de aquí, y Nicole ciertamente no es un "trabajo" —dijo con contundencia—. Bella se quedó en la hacienda resolviendo un asunto familiar mientras yo venía a ver a mi familia. —Nicole ahogó un gritito, jamás se había referido a ella como familia.

—Esto cambia las cosas —intervino Anna, que a pesar que no entendía nada, siguió el juego para ayudar a Edward—. Con Edward casado, el proceso toma otro rumbo, mucho más ligero y rápido, sería una tontería trasladar a Nicole si todo se puede resolver rápidamente.

Jessica torció los ojos. —No tan rápido, Anna. Primero debo entrevistar a la esposa, saber si lo que dice el señor Cullen es cierto.

Nicole los observaba con terror, pasando de un rostro a otro.

—Iré a buscarla ahora mismo —dijo Edward sin saber cómo iba a pedirle este favor a Bella, se arrastraría si fuera preciso.

Jessica rodó los ojos.

—Voy saliendo al otro condado de igual manera, tengo otros asuntos que resolver —suspiró—. El día lunes… —convino. Era miércoles, Edward suspiró, tenía más tiempo de suplicarle a Bella—. El día lunes, iré a su casa señor Cullen, más le vale que su señora esté presente, de no ser así, empaca tus cosas señorita. —Se dirigió a Nicole—. Que este caso me está cansando, te mudarás al otro condado hasta que tu caso se resuelva y no pienso cambiar esta vez de opinión. —Sin despedirse se fue.

Anna abrazó a una temblorosa Nicole. —Shh. Shh Nicky, ya pasó.

Edward pasó la mano por su rostro observándolas, suspiró profundamente.

—Será mejor que me vaya. —Nicole levantó la cabeza, la expresión en el rostro de la niña le partió el corazón al escolta—. Tengo que hablar con Bella, explicarle lo que sucedió, mientras más pronto mejor.

La chica asintió. —¿Me avisas? —Él respondió igual mientras caminaba a la puerta.

—Todo saldrá bien —dijo al abrirla—. Te lo juro.

Nicole se quedó asustada entre los brazos de Anna, pensando que jamás Edward la había abrazado…, solo una vez, cuando su mamá murió.

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Le habían indicado que no fuera a Los Cisnes, su intención no era ir, pero los planes habían cambiado.

Cuando llegó todo estaba realmente solo. Dejó la camioneta en la entrada y entró corriendo a la casa llamándola a todo pulmón.

—¡Bella!

Se detuvo en seco al ver un florero en el suelo, hecho pedazos y algunos portaretratos que sufrieron la misma suerte, su mente de escolta inmediatamente tomó lugar.

No gritó por sospecha de que hubiera alguien en casa, no tenía su arma en ese momento, se la había dejado a Emmett el día anterior, cuando habían regresado de "Bosque Verde", caminó con cautela a la cocina para buscar un cuchillo, si algo había pasado, tenía que tener algo con que defenderse.

Pero no lo necesitó. En la cocina escuchó palabras que intentaban ser tranquilizadoras aunque sonaban igual de angustiadas que los llantos que intentaba calmar.

Edward abrió la puerta de golpe encontrando a Khloe abrazada al pecho de Rosalie, ambas lloraban desconsoladas, la primera más que la segunda.

—¿Qué sucedió? —preguntó en voz baja. Rosalie, que no lo había visto entrar, levantó la mirada para tan solo volver a llorar.

—Se la llevaron —dijo entre sollozos—. Se llevaron a Bella.

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¿Opiniones? ¿Descargos?

Sigamos con lo de antes ¿Cuál fue tu frase favorita del capítulo?

Nos estamos leyendo.

Marjo y Cony.