Capitulo 25. La reacción pública.

Los días pasaron alarmantemente rápidos, Harriet se veía mucho mejor a si misma, no tenía pesadillias y dormía mejor que nunca, sospechaba que el medallón tenía algo que ver. Pero no recibía señales de Malfoy y eso la tranquilizaba, aunque solía temer, un enemigo que no podía ver pero sentirlo tampoco era de ayuda. Preparaba muy alegre su baúl, mientras su hermano le contaba las aventuras vividas en Norteamérica a ella y a Ted.

Volver a Hogwarts luego de esta corta temporada de vacaciones navideñas no era tan terrible como parecía antes, Harriet sonreía más a menudo y sin motivo. Su hermano aprovechó esto para molestarla.

Las heridas abiertas de Harriet en sus muñecas parecían haberse detenido y poco a poco se iban a cerrando. El gran día de regreso, tras abrazar a su abuela con mucho entusiasmo se subió al expreso de Hogwarts bastante feliz, esperaba encontrar al chico por quién suspiraba, pero no lo vio por ningún lado.

Pasaban los minutos, Hillary y Cassie sentadas en su mismo compartimiento junto a Ted y Rowen, contaban algunos chismes y noticias locales. Pero Harriet no estaba prestando atención, miraba hacía el pasillo esperando por el chico Snape, a menudo sujetaba impaciente su nuevo medallón (del cual su hermano se había mostrado curioso) y no podía evitar sentirse algo nerviosa. La lluvia golpeó el expreso de Hogwarts y todo el día transcurrió bastante lento en aquel viaje hacía Hogwarts. ¿Algo le habría pasado a Maynard? ¿El Profesor Snape habría descubierto todo y habría mandado a Maynard a Azkaban? No se podía imaginar nada, con bastante intranquilidad decidió dormir todo lo que restaba del viaje rechazando las golosinas de sus amigas.

Al despertarse, vio que el tren se había detenido, las luces del Castillo podían verse a lo lejos y ella sabía que debía colocarse la túnica del colegio. Hillary y Cassie hablaban casualmente, mientras Ted no dejaba su libro a un lado y Rowen comía algunas golosinas prestando atención a las chicas. Tras varios minutos todos los alumnos comenzaron a bajar a la estación y abordar las diligencias, Harriet intentaba mirar hacía sus demás compañeros y no encontró a Maynard por ningún lado.

El viaje frío desde la estación hasta el Castillo le pareció una eternidad, Harriet iba a preguntarle al Profesor Snape donde estaba su hijo, aunque le descubrieran. La curiosidad sobrepasaba los límites de la paciencia, ¿Dónde estaba el joven Snape? ¿Qué le habría pasado?

Caminaba sin hablar mucho, hacía el Gran Salón, el olor del vestíbulo era característico y se sentía ahora insegura al estar de vuelta en Hogwarts (Harriet tenía esa facilidad de cambiar de parecer). Hubiese preferido quedarse en casa de su abuela y encontrarse a escondidas con Maynard, eso le parecía seguro. Los alumnos pasaban hacía el Gran Salón, mientras ella observó al pie de la escalera a Maynard junto a su padre, aquella visión la alivio pero le aterrorizó, ¿Por qué no había viajado con ella? Le pareció justo alcanzarlo y preguntarlo, pero prefirió esperarle en el Gran Salón, ya que no sabía que tan al tanto estaría enterado el Profesor Snape y no quería causar incomodidad.

Se moría del hambre y lo sabía, no pudo evitar encontrarse con sus demás compañeros y sentarse a comer con sus amigas, el hambre era demasiado. Ya mañana volvería a hacer la misma estudiante de Slytherin llena de deberes y estaba orgullosa de haber terminado las asignaciones pendientes en navidad. Maynard apareció en el gran Comedor media hora después y se sentó en la mesa de Gryffindor sin probar bocado.

Harriet presentía que ocurría, Maynard volvía a recaer y necesitar sangre humana, su rostro pálido lo delataba, así como el asco al mirar la comida. Sus miradas se encontraron un momento y él sonrió gustoso dándole un guiño en el ojo. Harriet sonrojada volvió sus ojos a su plato, pero se sentía aliviada que las cosas volvían a ser las mismas.

Pero Maynard no se acercó a ella, se desapareció rápidamente y tras varios minutos una lechuza apareció para Harriet, la nota era breve.

"Mañana a las 7 en el Vestíbulo. Debemos hablar.

Maynard"

Harriet no podía evitar sentir como el terror se apoderaba de cada célula de su cuerpo, la frase "Debemos hablar" sonaba amenazadora y fría. ¿Se habría dado cuenta Maynard que ella no era con quién debía estar? Miró en todas direcciones y descubrió a Martha sonriendo muy animada, junto a Valery y Corina. Sudaba frío y sentía que iba a vomitar las mariposas traicioneras que tenía en su estomago.

- Harriet, ¿Todo bien? – Preguntó Hillary extrañada. Harriet solo le pasó la nota a Hillary quién la examinó. – No puede ser algo malo…

- No lo sé… - Harriet temblaba y sentía que hacía mucho más frío. - ¿Y si se cansó de mi?

- Harriet, hemos dormido con tus ronquidos por seis años, no nos hemos cansado de ti. – Dijo Hillary. – Calma, solo hablarán.

- Si te rompe el corazón, le romperemos la cara. – Dijo Cassie terminando el postre sin darle importancia al asunto.

- No, lo último que dijimos es que dejaríamos ver vernos en secreto. En teoría somos una pareja, formal. En todo el sentido de la palabra.

- Jesucristo, luego de lo que ha pasado entre ustedes… es lo minimo que podría esperarse. – Dijo Hillary sonriendo. - Seguro cumple su palabra.

Pero aquella situación no impidió que Harriet pensara más de lo debido, pero tras luchar contra el cansancio cayó dormida en su cama y se despertó alarmada a las 6 de la mañana. Había tenido un sueño extraño, pero no eran pesadillas atemorizantes. Por primera vez tenía la certeza de que era su propia mente y le dio alivio, en todo este tiempo ella nunca había tenido una mente diabólica y perversa. Se vistió y esperó mientras pasaban los minutos. Dentro de poco tendría que hablar con Maynard y los nervios no la dejaban caminar bien. Llegó la hora, ella caminó despacio hasta el vestíbulo dejando su fría sala común detrás.

Harriet llegó al vestíbulo algo nerviosa, Maynard la esperaba sentado al pie de las escaleras puntual mientras leía un libro. Harriet temblaba ligeramente, algunos chicos pasaban a desayunar al Gran Comedor. El chico levantó su cabeza y la vio cuando ella se sentó a su lado.

- Buenos días… - Maynard sonaba bastante cordial.

- Hola Mayn… ard. – Dijo Harriet completando su nombre dudosa.

- ¿Cómo estás? – Preguntó el chico bastante amable.

- Ehm… no sé, bien. Pero extraña. Dispara, ¿Qué quieres hablar?

- Ese tono verdoso en tu rostro indica que tienes miedo. ¿Has cambiado de parecer? – Preguntó Maynard preocupado.

- ¿Sobre qué?

- Sobre nosotros, si quieres podemos dejarlo así…

- No, yo… ¿Cuál era tu motivación inicial de verme aquí? – Preguntó Harriet temblando.

- Saber si comenzamos hoy… ya sabes, ser novios como si fuera algo normal y casual. Sin escondernos, he estado pensando muchas cosas espeluznantes sobre eso. Pero es bastante bien… - Dijo Maynard.

- ¿Era eso? – Harriet pareció suspirar aliviada.

- Si, ¿Qué pensabas que era? – Maynard no parecía entender.

- Pensé que no querías estar más conmigo. – Dijo Harriet. – La frase "debemos hablar", sonó un poco amenazante.

Maynard soltó una carcajada bastante sonora, no era usual verlo sonreír y menos de aquella manera.

- No seas tonta. ¿Por qué habría de hacer eso?

- No se… no te vi en todo el día ayer, ¿Por qué no viajaste en el expreso de Hogwarts?

- Mi padre prefirió que fuese con él, tiene miedo que saltaré a beber sangre de cualquier alumno. – Dijo Maynard lógico. – No pensé que te preocuparías tanto por mi ausencia, vaya. La próxima vez te avisaré. Anoche pensé demasiado sobre nosotros y… creo que es lo mejor.

- ¿No pudiste dormir?

- No, el insomnio se ha apoderado progresivamente de mí nuevamente. Recuerda mi condición. – Dijo Maynard sin darle importancia. – Tener más tiempo para pensar a veces puede enloquecerme. Al menos no necesitaré excusas para verte a partir de hoy. Entonces, ¿comenzamos hoy? No utilizaré más Oclumancia.

- Bien, es un buen trato. – Dijo Harriet son una sonrisa. - ¿Qué hacemos entonces?

- Creo que deberías comer antes de que te desmayes. Luces hambrienta. – Dijo Maynard sonriendo. - ¿Hillary y Cassandra?

- Vendrán luego, han decidido darme mi espacio. Dice Hillary que debemos estar a solas para hablar lo que fuésemos a hablar.

- Si... es razonable. – Dijo Maynard mirando al infinito. Se levantó, justo cuando los Gryffindor bajaban. Rowen miraba sospechoso, luego dio una sonrisa.

- Hermana, bueno es verte. – Dijo Rowen. - Snape, considera que este año será diferente. Averiguaremos con quien te acuestas, debe ser bastante buena y experimentada en la cama como para hacerte sonreír. Así que quizás puedas pasarnos el dato... – Rowen miraba con un rostro crispado en superioridad, una superioridad falsa. Harriet estaba roja, casi furiosa y temblando, sin pensarlo tomó su libro de encantamientos y se lo arrojó a su hermano.

- Idiota. – Dijo Harriet, el libro impactó con la espalda de su hermano. Rowen volteó asombrado y vio los ojos furiosos de Harriet.

- ¿Por qué me atacas? ¿Te has vuelto loca? – Rowen ahora gritaba.

- Eres un cerdo… - Harriet le volteó los ojos y miró al suelo. Maynard con una ligera sonrisa miró a Rowen.

- Creo que te arrepentirás de tus palabras, baboso Potter. – Dijo Maynard, Rowen se alejó junto a Charlie y Sean, que aun reían la escena. Antes de desaparecer hacía el Gran Comedor, Charlie dio una mirada hacía Harriet hasta que Maynard se interpuso con una sonrisa. Le ofreció su mano a la pellirroja.

- Detesto a mi hermano. Hay días que pienso eso… - Dijo Harriet algo molesta, pero Maynard pasó su brazo por su hombro y caminó junto a ella.

- Calma, apenas el día comienza. – Dijo Maynard ayudando a cargar sus libros, ella suspiró. Juntos entraron al Gran Comedor y mientras avanzaban a la mesa de Slytherin, Harriet miraba algo nerviosa pero decidida. La correspondencia llegó, el desayuno estaba normal y Harriet pudo apreciar la consistencia pero sin estar consciente de lo que comía.

- Nunca tuviste gestos cariñosos con Martha, no tienes que fingir que…

- Harriet, una regla: No compares nuestra relación con Martha, es aburrido. Segundo, calma… yo sé quién soy y como debo comportarme. ¿Bien? – Maynard miraba a Harriet directamente a los ojos.

- Tienes razón. – Dijo Harriet y sintió un suave beso en su mejilla, Maynard volvía la vista algo desinteresado al periódico. Ella levantó su mirada y vio que Corina Patil se ahogaba, mientras Hillary y Cassie entraban al Gran Comedor, sonriendo apenas vieron a la pareja juntos. Harriet sintió como casualmente bajo la mesa la mano de Maynard la recorría hasta posarse en su cintura. La tos de Corina era desesperante, porque estaba ahora calmándose y tomando algo.

- ¿Qué clase tienes ahora? – Preguntó Maynard.

- Ah… encantamientos, con los adorables Hufflepuff. – Dijo Harriet recordando brevemente.

- Buena manera de empezar la semana. – Dijo Maynard sonriendo con maldad, Valery susurraba a Corina, pero Ryan puso atención y eventualmente lanzó una mirada curiosa hacía la mesa de Slytherin. – Yo tengo Historia, con los Ravenclaw.

- Me pica la garganta, la comida está muy condimentada. – Dijo Harriet encarando a Maynard quién sin mucha solemnidad tomó un poco de su tostada, el con cara de asco masticó despacio.

- ¿Mucho condimento?

- Sabe horrible… - Dijo Maynard tomando un vaso de jugo. – Es como repugnante.

- Solo un poco de pimienta… - Dijo Harriet, pero Maynard casi escupe el jugo. - ¿Estás bien?

- El jugo sabe a algo asqueroso. Menos mal que no tenía mucha hambre. – Dijo Maynard limpiando su boca con una servilleta. Harriet desconfiada olió el vaso y probó, el jugo de naranja era refrescante y bastante dulce.

- El jugo sabe bien… ¿Por qué…? – Harriet no se imaginaba el porqué de aquella reacción del chico.

- Otra vez está pasando. Ya no necesito comer… como los humanos. – Dijo Maynard manteniendo la tranquilidad por lo bajo. Harriet se le heló la sangre, ella lo miraba sin expresión.

- Vas muy rápido… digo, lo arreglaremos luego a solas, espero poder hacerlo como la otra vez. – Dijo Harriet, Hillary y Cassie se sentaron cerca.

- ¿Se puede? Permiso, espero no estén hablando nada intimo. – Dijo Hillary con un panecillo en sus manos, sentándose al lado de Maynard, Cassie fue de frente a Hillary sirviéndose unas tostadas mientras en medio del Gran Comedor un chico no salía de su asombro: Christian Valdemarr con los ojos inmensos como platos miraba atónito en dirección de Harriet.

- Es la mesa de tu casa, yo soy el invasor hoy. – Dijo Maynard, dirigiendo su mirada hacía Valdemarr, sin dejar de sonreír volvió su mirada a la pelirroja y acarició ligeramente su cabello.

- Buena movida, Valdemarr está ahora algo molesto y frustrado. – Dijo Hillary sonriendo mientras untaba de mermelada el panecillo, lo mordió con gusto. Maynard con una ligera carcajada miró a Hillary, le daba una mirada cómplice mientras Harriet sin darse cuenta terminaba su plato. Un grito de sorpresa inundó el lugar, Beca Stevens corría desde la puerta hasta la nueva "parejita romántica", estaba emocionada e hiperventilaba.

- Felicidades, tortolos… Hill me ha contado la noticia. – Dijo Beca alzando la voz, el que no se hubiese enterado que Maynard y Harriet compartían mesa, ahora podían estar seguros que eran…

- ¿Novios? Me parece genial, un gran reto… - Dijo Beca mientras Harriet palidecía, el profesor Snape había llegado y rostro se crispó en algo de terror, quería que Beca se callara. - ¿Desde cuándo están juntos? Me parece genial…

- Erhhh… desde Navidad. – Dijo rápidamente Harriet por lo bajo.

- Una verdadera nochebuena, supongo… - Dijo Beca y luego tomando asiento junto a sus amigas de quinto año. Harriet miró de manera asesina a Hillary.

- ¿A quién más le contaste?

- A más nadie… lo juro. – Dijo Hillary algo nerviosa. Martha Macinsale llegó con paso decidido, tenía los ojos rojos e hinchados, se sentó junto a sus amigas y apenas probó bocado. Valdemarr había desaparecido misteriosamente. Si Beca lo sabía, todo Hogwarts lo sabía y la noticia se corrió tan rápido que parecía increíble. Apenas eran las 7:30 am.

- Creo que vamos tarde. – Maynard quitó su interés en el Profeta, sus ojos grises y fríos se encontraron con los de su padre que estaba ahora frente a la mesa de ellos.

- Hola papá… buenos días. – Dijo Maynard cordialmente. Su padre tenía la vena de la sien palpitándole, hacía un esfuerzo por no descontrolarse.

- Profesor Snape, para ti… Snape. – Dijo Severus con una mueca de disgusto unida a dolor, como si alguien le hubiese golpeado en el rostro. Harriet se atrevió a mirar al jefe de casa y no podía evitar pensar en que aquel pintoresco hombre que la detestaba junto a toda su familia, ahora en adelante sería "su suegro", aquel pensamiento le hizo temblar Severus miró bruscamente a Harriet, ella sintió que le había leído aquel pensamiento.

- Potter, no olvide su castigo hoy en la tarde… en cuanto a usted, Señor Snape. ¿Podría pasarse por mi despacho a la hora del almuerzo? – Snape intentaba no perder el control apretando y mostrando sus dientes.

- Bien. – Dijo Maynard sujetando los libros de Harriet, ella sentía que tambaleaba al tomar su mochila. Cassie miraba su plato para evitar reírse, mientras Hillary se ocultaba con el Profeta que Maynard había estado leyendo. – Nos vemos entonces.

Como un desafío Maynard tomó con su mano libre, una de las manos de Harriet. Juntos se fueron hacía sus clases y al volver a entrar al vestíbulo, Harriet sentía que su corazón iba a salirse por la boca.

- ¿Estás bien? – Preguntó Maynard subiendo junto a ella las escaleras, ella asintió débilmente. – No fue tan mal…

- Tu padre me va a decapitar, lo sé… - Dijo Harriet, Maynard algo tenso suspiró, luego dio una pequeña sonrisa.

- No lo creo… - Dijo Maynard con sarcasmo. – Seguro ha intentado ocultar su felicidad.

Maynard entregó los libros a Harriet, un grupo de Hufflepuff venía llegando, Marion Taylor le guiñó un ojo a Harriet con disimulo, mientras Anthony miraba asombrado. Harriet y Maynard estaban cerca de la entrada de aquel salón y en mucho tiempo Harriet algo agitada se sentía como una adolescente normal, con una vida normal y un novio ¿normal? … era bastante anormal.

- Nos vemos en el almuerzo. – Dijo Maynard. – Esta tarde tendremos una buena clase de pociones.

- Oh si… como olvidarlo. Que tengas un feliz día. – Dijo Harriet sonriendo con más confianza.

- Igual. Creo que vamos bien… hasta parecemos normales. – Dijo Maynard sonriendo, Harriet nunca lo había visto tan feliz frente a ella en público.

- ¿Qué querrá hablar tu padre? – Preguntó Harriet comprobando que el Profesor aun no había llegado, Cassie y Hillary pasaron al lado con una sonrisa. Muy de cerca venía Martha con la cabeza abajo.

- Temas agradables… espero. – Dijo Maynard con una pequeña esperanza. – Luego te contaré…

Harriet sentía que muchas personas se asomaban desde el aula algo curiosas, sentía algunas risitas y miradas inquisitorias. Cuando el profesor llegó y entró al salón, Harriet sobresaltada tomó su mochila.

- Adios. – Dijo Harriet, Maynard con una sonrisa la besó brevemente. Un pequeño silbido se escuchó desde el salón y Harriet avergonzada se coloró hasta las orejas. Hillary le había guardado un puesto junto a ella, para su mala suerte estaba a dos puestos de Martha Macinsale quién parecía estar muerta en vida.

- Vaya… confieso que se me heló la sangre cuando el Profesor Snape se les acercó. – Dijo Hillary. – Pero Cassie estaba a punto de estallar en carcajadas.

- No me culpes, Snape padre tenía cara de que iba a morir de un infarto, lo cual sería una lástima… - Dijo Cassie. Martha tapó su cara amargamente, mientras Harriet intentó atender a la clase sin éxito. Observó bajo sus vendajes que sus heridas estaban bastante secas y se veían bien.

Maynard al entrar en clase de Encantamientos, observó a Sean nervioso. Charlie estaba molesto, mientras Ted leía un libro. Rowen le enfrentó.

- ¿Mi hermana? – Rowen estaba gritando indignado. - ¿Era mi hermana todo este tiempo?

- Así parece. – Dijo Maynard tomando asiento serenamente. Pudo observar a Kelly Owens en un rincón algo seria y despistada, rayaba su pergamino fastidiada.

- Te prohíbo que salgas con mi hermana. – Dijo Rowen enfadado. – No puedes estar con ella, cuando mi padre se entere… ¡Ted!, di algo.

- Yo ya sabía que estaban saliendo. – Dijo Ted sin prestar atención. – Te recuerdo Rowen James que tu hermana es casi una mujer tiene diecisiete años.

- Eso no fue nada leal, Snape. Tú sabías que me gustaba… - Dijo Charlie molesto.

- Bien, hoy parecen niñas chillando. – Dijo Maynard sin prestar atención a la queja de sus compañeros. - ¿Han comido algo especial?

Sean se rio por lo bajo ante la mirada desaprobatoria de Rowen, Ted dio una mirada cómplice mientras Charlie asomaba una mirada indiferente.

- Es en serio… TE HE DICHO QUE NO VAS A SALIR CON ELLA. – Dijo Rowen tomando a Maynard por la manga de las túnicas. Maynard no le prestó atención, pero cuando Rowen intentó darle un puñetazo por la espalda, el chico la evadió son naturalidad apenas inclinándose sin ver en la dirección de su agresor. En tan solo cinco segundos, Rowen estaba contra la pared acorralado por Maynard quien le sujetaba con una mano sin dificultad.

- Creo que no puedes hacer nada, Rowena. – Dijo Maynard, mientras Rowen no recordaba que Maynard tuviese tanta fuerza en una sola mano para inmovilizarlo, intentó moverse pero las manos del joven Snape eran firmes y no vacilaban, eran fuertes.

Charlie asombrado dio una risita de ver a Rowen así, su irritabilidad se suavizó. Rowen volvía a su pupitre algo molesto pero no volvió a dirigir la palabra a nadie. Charlie miró a Maynard examinándolo.

- Un bravucón, ¿eh? – Charlie volvía a sonreír. – Snape, aunque sea nos vas a deleitar con historias… ¿Qué tal es Harriet en la cama?

Rowen esta vez descontrolado, se levantó y golpeó a Charlie en toda la cara, Ted se levantó intentando separarlos inútilmente, mientras que Maynard una vez más tuvo que intervenir y separarlos.

- Basta, he dicho basta. Mi padre se enterará de esto… no vas a deshonrar a mi hermana como si fuera una zorra. – Dijo Rowen a Maynard, mientras intentaba zafarse para agarrar a Charlie. – Holmes, no vuelvas a mencionar a mi HERMANA con tu boca sucia…

- Calma, ustedes dos. – Dijo Maynard empujándolos a lado contrario. El Profesor Grock llegaba algo apurado, mientras organizaba algunos pergaminos. Con mucho pesar Rowen con los puños cerrados volvió a su asiento, pero tomó sus cosas y se fue, estaba más rojo que un tomate.

En el departamento de misterios las cosas parecían ir de un modo muy particular, una alta rubia vestida provocativamente parecía disfrutar mientras besaba a Edward Bullstrode sobre su silla, sus ojos azules ártico y su piel rosada deleitaban al hombre que parecía como si sus fantasías se hubiese cumplido.

- Vaya, Marie… convénceme que solo actúas, puedo pensar que en realidad disfrutas besarme. – Dijo Bullstrode el oído de Marie L'Obiello, justo cuando la puerta de la oficina se abrió, con bastante premeditación. El Ministro Harolds entraba sorprendido.

- Oh… vaya… lamento…

- Ministro Harolds, pase adelante. Todo está bien – Dijo Bullstrode haciéndose a un lado y Marie quedó en la silla mirando hacía el piso con algo de frustración. – Se me ha pasado el tiempo con algunas distracciones mundanas. Permítame presentarle a mi mejor espía, Marie L'Obiello.

- Un placer. ¿Es ella la esposa de Severus Snape? – Preguntó Harolds con la mirada encendida al encontrarse con aquella hermosa mujer, estaba cautivado con la belleza de Marie, mientras ella sonreía haciendo uso de sus encantos físicos, pero en el fondo deseaba mostrarle los dientes e incendiarlo.

- Si, lo soy. – Dijo Florence en forma de Marie, hizo su mejor actuación, no era la primera vez que le tocaba negar a Severus, pero esta vez no sería doloroso ya que era para proteger a su hijo. – Trabajo a tiempo completo, monitoreando constantemente a mi esposo y su hijo. Una familia poco convencional, diría yo…

- Ella se ha infiltrado en la familia Snape mejor que nadie, me ha informado de sus últimos pasos. – Dijo Bullstrode.

- Si, el hijo es vampiro y Snape padre lo cubre. – Dijo Florence con algo de dureza. – No es peligroso, pero quizás lo sea.

- Si, eso me han informado mis otros espías, ¿pudo reconocerlos afuera de su casa?

- Eran muy obvios, le pido por favor que los retire. – Dijo Florence con un gesto de amabilidad.

- ¿Eileen Snape ha intentado contactar con su padre?

- No, desde que abandonó el hogar de los Snape parece haber tenido claro su objetivo de unirse a Malfoy. – Dijo Florence con el rostro crispado. Estaría dispuesta a dar toda la información necesaria, pero siempre podría dar solo la información necesaria y comprobable.

- Creo que usted puede servirme. – Dijo Harolds. – Pero necesito a alguien de confianza que se infiltre hasta la familia Potter, al menos con la hija, la que se intentó suicidar. ¿Por qué Malfoy quiere a los dos chicos?

- Uhm, supongo que viejas leyendas. Malfoy es creyente de esas leyendas que le dan poder a los hijos de Sirceadeo y Galia. Pero no hay nada comprobable hasta ahora, el vampirismo de Maynard Snape es descartable como algo sobrenatural y Harriet Potter es solo una chiquilla fácilmente doblegable, aunque no lo parezca. Es débil aunque parezca no mostrarlo.

- Me pareció una chica promedio, pero Malfoy… - Dijo Harolds. – Fue bastante inteligente, quizás es una forma muy representativa de derrotar al mayor enemigo de su mentor: Lord Voldemort. Acerca de Snape, no hay mucho que decir ya que los mortifagos lo odian por traicionar al Señor Oscuro, fue su más fiel partidario.

- ¿Dónde está la madre del chico? – Preguntó Harolds. – Escuché que fue juzgada hace cinco años pero sus archivos desaparecieron.

- ¿Florence Harrington? – Preguntó Marie con algo de malicia. – Ella fue ejecutada, una asesina sangre fría y terminó con los cuervos sobre su cadáver.

- Tendremos que exhumar su tumba, quiero asegurarme de que es ella y no es un fantasma rondando por allí. – Dijo Harolds bastante convencido, Bullstrode puso una mirada de asombro ya que no había pensado en aquello.

- No hay ninguna tumba, muchos habrían profanado el lugar. Era un poco odiada. – Dijo Marie sonriendo. – Pero sé que Severus Snape tiene sus cenizas en algún lugar de la casa. No menciona mucho a su difunta esposa.

- ¿Cenizas? – Harolds parecía pensativo. – Bien he oído muchos rumores de que Florence está viva. Pero deben ser, solo rumores.

- ¿Florence viva? Eso no me gusta nada, probablemente iría tras mi ya que fui tras su marido, ella era muy colérica y calculadora. Ya me habría asesinado. – Dijo Marie mostrando algunos archivos. – Florence Harrington asesinó a una chica que estuvo relacionada con su esposo, Diane Lee. Ella perdía los estribos cuando de celos se trataba.

- Veo… sabe usted demasiado. – Dijo Harolds.

- Se mucho, incluso de usted. – Dijo Florence en forma de Marie L'Obiello, sonreía y algo oscuro se dibujaba en su rostro, sus ojos brillaban.

- ¿Cree que los Snape estén colaborando con Malfoy?

- No, es improbable. Snape colabora con la Orden del Fénix. El hijo tiene miedo a Malfoy, debido a los crímenes ha tenido horribles pesadillas.

- ¿Pesadillas o visiones?

- Pesadillas… Harriet es quién tiene visiones. – Dijo Marie con mucho cuidado.

- Quiero que Harriet sea internada en San Mungo. Ella será la clave para dar con Malfoy.

- Eso no será muy útil. – Dijo Marie ligeramente y bastante convencida mostrando seguridad. – Tengo confianza plena de la chica y he usado Legeremencia en su mente, ella no se ha percatado aun, pero se quién está detrás de sus visiones es Eileen Snape. Malfoy no tiene contacto directo con algunos de los dos chicos, él solo es el cerebro tras los planes.

- Pero si conseguimos a Eileen, que también es hija de Snape, podremos tener a Malfoy. – Dijo Harolds irritado.

- No lo creo, Malfoy cree que todos sus seguidores son desechables, incluyendo a Eileen. Jamás se arriesgaría a ser acorralado. – Dijo Marie con seguridad. – Si intentamos aprovecharnos de la chica, es probable que la asesine y nos quedemos sin un puente de comunicación.

- La seguiré vigilando, usted seguirá vigilando al chico. Sea una buena madrastra.

La chimenea de aquella oficina se encendió y comenzó a crepitar, el rostro de Severus Snape apareció.

- MARIE, necesito que estés aquí… - Dijo Snape rudamente.

- Hola querido, ¿Cómo va tu día en Hogwarts?

- Mal, necesito que estés aquí. Es urgente.

- ¿Pasa algo?

- Es sobre Maynard…

- ¿Se ha salido de control?

- No, es algo peor… debes venir.

- Querido, estoy reunida con el ministro. – Dijo Marie sonando dulcemente aun.

- Es importante. – Dijo Severus y sus ojos ardían en ira, desapareció y todo quedó en silencio.

Harolds sonreía maliciosamente, miró a Edward complicemente.

- Creo que ya no hay nada que hablar, espero un informe semanal sobre lo que sepa. Atentos a Malfoy, hay que detenerlo. – Dijo Harolds. – Vaya a donde su marido, alguna travesura habrá hecho el chico.

- No lo dudo. – Dijo Marie. – Volveré pronto.

Marie abandonó la sala y el ministro le siguió sujetándola por el brazo, ella se tuvo que contener para no atacarle pero ya estaba muy molesta, respiró profundo y se encontró con los pardos ojos de Chenny Harolds. Podría actuar cinco minutos más, podía hacerlo.

- Eres una buena chica, nunca oí de ti. ¿Eres de aquí?

- No, trabajé en Australia y Africa antes de esto. – Dijo Florence apaciblemente.

- Quizás nos llevemos mejor de lo que te imaginas. Me agradas. – Dijo Harolds respirando en su oreja, Marie sonrió y desapareció por el pasillo. Iría a Hogwarts lo más rápido que pudiera, usaría una chimenea de la entrada y con tres pasos ya estaba en el despacho de Snape.

- ¿Qué ocurre? – Florence apareció en las llamas y se sacudió las cenizas de encima.

- Es grave… muy grave. – Dijo Severus. – Debes hacer algo.

Florence tenía nuevamente el cabello negro, miraba molesta y sus ojos eran grises miraban peligrosamente, su hijo estaba sentado frente al escritorio de su marido. Miraba atenta sin entender la urgencia.

- Bien… espero que justifique el hecho que interrumpieras mi conversación con Harolds. – Dijo Florence de malas pulgas.

- Dile a tu madre lo que has hecho… - Dijo Severus enojado.

- Pues, decidí sacar a la luz mi relación sentimental con mi novia. – Dijo Maynard simple y feliz. Florence dejó de parecer enojada y sus facciones se suavizaron.

- ¿Qué tiene eso de malo?

- Es la chica Potter, Maynard está saliendo con la chica Potter. Es inaudito. – Dijo Severus casi escupiendo y rabioso. – Con Harriet Potter, debes decirle algo al chico…

- ¡Felicidades hijo! – Dijo Florence sonriendo, pero su sonrisa se desvaneció cuando miró a su marido. – No voy a regañarle, no tiene nada de malo que Maynard salga con Potter.

- Si que lo tiene… no, por supuesto que no te importa. Te gustaban Sirius Black y James Potter en el colegio, eras amigas de ellos.

- No, no es cierto. Severus, basta. – Dijo Florence rugiendo. – Y si hubiese sido cierto, no tiene nada que ver con nuestro hijo. Sirius Black y James Potter están muertos. Harry no tiene la culpa de lo que su padre te hacía para molestarte, y Harriet no tiene la culpa del odio visceral entre los Potter y los Snape.

- No quiero que mi hijo esté con una Potter. – Dijo Snape crudamente. – Esa es mi palabra final.

- Puedo devolverte el apellido, si gustas. – Dijo Maynard perdiendo la paciencia.

- Es absurda toda esta discusión. – Dijo Florence. – Óyete a ti mismo Severus, pareces a mi padre.

- No, no… tu padre es harina de otro costal. Yo te amaba y él no dejaba que yo estuviera contigo. – Dijo Severus molesto.

- No, ustedes son iguales. Mírate, estás obligando a tu hijo que deje de ver a la chica que le guste. No seré como mi madre al permitir eso, mi hijo puede salir con quién él quiera.

- Eres débil. – Dijo Severus. – Perdimos a Eileen y nunca impediste que se viera con Malfoy.

- Severus Snape, ¿Crees que Malfoy es igual a Harriet? Malfoy igual hubiese buscado la manera, además obligando a nuestros hijos a adoptar una conducta, no lograremos nada.

Maynard bostezaba aburrido y se levantó.

- ¿A dónde crees que vas jovencito?

- A almorzar con mi novia. – Dijo Maynard sin dudar. Abrió la puerta y salió, cerró tras de él y fue hacía el Gran salón. Severus y Florence quedaron sorprendidos.

- Vaya, tiene determinación. Una mezcla letal de sus padres. – Dijo Florence sonriendo.

- ¿No me ayudarás a persuadirlo?

- No, Maynard tiene todo el derecho de estar con ella si desea. No debemos presionarlo y te pido lo mismo, por favor. – Dijo Florence suplicando.

- Intentaré.

- Elimina las detenciones de Harriet. – Dijo Florence.

- Eso sí que no.

- Hazlo por mí, necesitaré esos ratos para entrenarla y enseñarle a defenderse. Por favor. – Dijo Florence.

- Bien, pero no me vuelvas a pedir nada más. – Dijo Severus bastante enojado.

- No lo haré, Snape. – Dijo Florence dando la vuelta hacía la chimenea, disponía a irse. – Luego hablaremos.

FIN DEL CAPITULO

Espero que les haya gustado esta oportunidad con doble capítulos, los tenía como una promesa. Nos veremos en una semana. Besos a todos.