Especial… Velocidades y Fotografía.
"Te quiero… te quiero como nunca quise a nadie…y como nunca querré a nadie. Te quiero a ti, solo a ti."
Solo a mi…
Nunca le dije a Tobio…pero cuando me fui de su habitación, llore de felicidad camino a los dormitorios.
No quería hacerlo junto a él, para que no pensara lo contrario.
Repetí mentalmente una y otra vez aquella maravillosa declaración.
Con ganas de volver a escucharla una y otra vez.
….
Como le habia dicho a Tobio por aquel entonces, yo sabía muy bien que era lo que sentía por mí.
Lo sabía por su mirada, sus gestos, sus rabietas e incluso sus celos. Porque sabía muy bien cuanto me celaba.
No puedo describir con palabras acertadas como era la cara que hacía cuando me veía cerca de Lev. Y me encantaba hacerlo sentir celoso.
Cuando me pregunto si iríamos a conocer la Torre de Tokyo, yo sé que esperaba un sí. Porque en ciertos aspectos también era como un niño. No quería ser menos. Quería estar a la altura.
El sentimiento de frustración cuando le dije que no, era tan divertido.
La Torre de Tokyo no era nada comparado con todas las demás cosas que yo quería conocer con él.
Incluso esa mañana Lev me quería convencer de ir a otros lugares, pero dije que no. Solo nos quedamos allí arriba observando Tokyo desde miles de metros de altura.
Con Kageyama yo quería sentir otras cosas, conocer todo lo que más pudiera. Estar sobre la tierra, admirar todo aquello juntos, aquellas cosas que en Miyagi no existían.
Porque deseaba en un futuro recordar aquel viaje, teniéndolo a él presente en cada escena.
Ese día, se me dio la oportunidad de sacar de adentro su niño interior. Hasta el día de hoy me lo sigue negando, pero yo sé que le gusto demasiado cantar en aquel karaoke improvisado.
Ame construir todos esos recuerdos junto a él.
Y que solo se vayan algún día cuando este muy senil para rememorar cuan feliz fui, pero hasta ese entonces…hasta ese entonces, pretendo poder cerrar los ojos y ver todo como una película.
Nuestro viaje en metro, nuestra admiración hacia lo desconocido. La felicidad de ir arrastrando nuestros pies de cansancio y aun así no parar.
Aun cierro los ojos y nos imaginó allí, en el templo Sensoji, uno al lado del otro, chocando nuestros codos, orando por nuestro bienestar. Mientras se escucha el murmullo de la gente y el suave sonido de las campanillas.
….
No se…no sé cómo ha hecho para grabar en mí, todas y cada una de las veces que hemos estado juntos.
Me ha marcado en la piel cada encuentro. Y todos son únicos y especiales.
Pero qué decir de aquel maravilloso regalo, de aquella primera vez, que sentí que no solo quería satisfacer sus ganas conmigo. Que no solo quería reafirmar que yo era suyo.
Que decir…cuando por fin, se exhibía ante mí, quitándose toda su ropa y dejándome explorar cada parte de su cuerpo.
Esa vez no solo pude admirarlo, sino sentirlo.
Quería hacerlo una y mil veces así, sintiendo que cada parte donde me tocaba fuera con su piel.
Y poder ver cada musculo tensionado, su color de piel enrojecida por el tacto y el forcejo, sentir la calidez de sus piernas y abdomen cuando se tiraba encima de mí, poder abrazar y tocar a mi antojo toda su piel…todo ese cuerpo sin un rastro de ropa…poder ser tan feliz con algo tan simple.
Él ha sido mi mentor en ciertos temas y yo en otros.
Nos complementamos hasta igualarnos.
Tobio sabía de sexo y de cómo complacer al cuerpo.
Yo sabía algo de amor y de cómo complacer al corazón.
Y así es como desechamos nuestras debilidades para aprender de las fortalezas del otro.
…..
Desde aquel día, rara vez lo hemos vuelto hacer como al principio.
Aunque hay veces donde su euforia no lo deja desnudarse…ni siquiera encontrar un lugar adecuado.
Amo eso de él, amo de que a pesar todos los años que pasamos y seguimos pasando, yo le sigo generando el mismo deseo, el mismo capricho.
….
Desde tal vez la primera noche que pasamos juntos, si, desde esa vez, yo planifique mi vida con él.
No quería conocer a nadie más. Nadie jamás podría reemplazarle. Nadie.
Y como he dicho antes, Tobio no era una persona fácil… o más bien, era una persona común, con miedo común, sin ganas de arriesgarse, temiendo fallar.
Bien…hay quienes dicen que es mejor no intentarlo. Que la felicidad como viene se va. Yo digo que es mejor vivir intensamente, proponiéndome retos diarios, proponiéndome cada día no vivir de la misma felicidad, sino construirla a diario.
Y con Tobio no sabía bien que hacer…así que di todo de mí, día tras día, demostré todo lo que podía dar, todo lo que podía hacer. Le demostré que si quería, amar era realmente sencillo. Que no se necesitaban tiempos específicos, que habia que hacerlo y ya.
Le demostré que el tiempo, es corto o largo según como se lo mire. A mí me basto tres días para quererlo. Y eso no fue un capricho ni una ilusión pasajera.
Y sé que a él le basto lo mismo, pero el tenia los pensamientos de miles de personas, el pensamiento generalizado que dice que no podes amar de un día al otro… ahora digo ¿Quién impuso esa regla? …¿Por qué tiene que ser necesariamente así? ¿Quién puede decir con exactitud cuándo debemos empezar a querer? No sabía que nuestro corazón tenía un reloj específico y limites aclarados.
Y es por eso que tantos le temen a algo tan sencillo como amar.
A lo largo de mi relación con Tobio escuche decir cientos de veces la misma pregunta.
Cuando decidí irme a vivir con él "¿no van demasiado rápido?"
Cuando me propuso matrimonio "¿no van demasiado rápido?"
Cuando por fin nos casamos "¿no van demasiado rápido?"
¿Es que hay un límite de velocidad cuando se ama?...
¿Es que hay una edad exacta para emprender retos y formalizar?
¿Es que acaso no puedes enamorarte seriamente en la adolescencia y vivir por siempre así con una sola persona?
Yo…yo no necesitaba, no necesite, estar con uno y con otro hasta adquirir experiencia y poder decidirme a formalizar. A mí me basto con Tobio.
Y no digo que lo que yo hago, así se debe hacer, quiero dar a entender, que no hay fechas, que no hay límites o velocidades, que no hay edad para entender y madurar en el amor. Cada quien va a su ritmo.
Yo iba a un ritmo acelerado, y no por eso obligue a Tobio a seguirme, le di su espacio y tiempo y él logro alcanzarme. Aunque de vez en cuando me sigo escapando. Sigo llegando primero, y lo espero paciente en la meta. Porque no todos somos iguales. Y eso es maravilloso.
….
Creo que siempre se vio desde lejos con la intensidad que lo ame y lo amo.
Cuando le conté a mi madre sobre mi relación con Tobio, lo habré hecho con tanto énfasis que ni siquiera se opuso, lo acepto rápido. Aunque desconfió al principio de su edad, sus dudas y temores se esfumaron cuando lo conoció y dejo tranquila a su instinto protector de madre, viendo como me quería y me cuidaba.
Entonces recuerdo, que para mis 17 decidí irme a vivir con él.
Y fue cuando tuve a muchas personas preguntándome si eso era lo que quería… ¡obvio que no! Quería mucho más… quería todo con Tobio.
Y nadie por ese entonces, creyó que mis sentimientos fuesen sinceros. Que los de Tobio lo fuesen.
Algunos pensaron que lo mío era un capricho adolescente y que para Kageyama era otro más en su lista.
Y no podía hacer otra cosa que mofarme de eso…solo yo sabía cuándo lo amaba y cuanto se me amaba.
Y hoy a pesar de que han pasado tantos años…algunos se sorprenden de que sigamos juntos. Y es algo tan natural…yo no lo encuentro raro en lo absoluto.
Tobio sigue siendo igual de siempre…para con los otros. Conmigo es especial. Conmigo siempre lo fue.
Aún conservo los mangas y llaveros que me compro en aquella salida al centro de Tokyo.
Están bien guardados y les he puesto fecha y hora. Y quien me los regalo.
Porque necesitare saberlo, el día en que mi memoria falle, necesitare saber que con esas simples cosas fui y soy tan feliz.
Por eso cada cosa que me regala, cada cosa que me da, con cuidado y delicadeza las atesoro siempre poniendo todos esos datos en algún rincón.
Él se ríe y dice que son locuras. Yo pienso que es la forma de tomar algo tan abstracto como la felicidad y guardarla. Aunque cuando las vuelva abrir, en algún momento tendrán un toque de nostalgia, que tendré que saber cómo manejar.
….
Quien quiera que me conociera, sabía que con muy poco yo era feliz.
Le habia dicho que en los mejores momentos no hay tiempo para tomar fotografías…y le explique por qué lo creía así…Tobio se ríe y me abraza cuando le digo, que hay ciertas brisas que me traen recuerdos, que hay ciertos atardeceres que desprenden un olor particular.
Y que esas cosas, siempre me recuerdan a él, porque hemos vividos miles de momentos, dignos de recordar y son tantos y tan bellos que la misma naturaleza me los repite a diario.
….
Aun hoy por hoy son muy pocas las fotografías que tenemos juntos.
El día que termino el entrenamiento en Tokyo, antes de irnos, Lev me dio como obsequio todas y cada una de las fotos que nos sacamos en nuestro paseo.
Recuerdo haberlas abierto de camino a casa, cuando Kageyama se durmió a mi lado.
No quería mortificar su viaje con esas fotografías.
Pero hubo una que me hizo llorar.
Estaba a lo último.
Y era una de Tobio y yo.
Cuando fui esa noche a hablarle mientras estaba tirado en el pasto.
Yo me encontraba sentado mirando al cielo, Tobio acostado con los brazos cruzados y se veía claramente su sonrisa.
No me habia dado cuenta que nos habían sacado esa foto, y aunque era de noche, se podían observar tan bien nuestras facetas.
No era una fotografía cualquiera…yo siempre recordare esa noche, cuando ambos dijimos cosas que nos gustaban, cosas sobre nosotros y sin darnos cuentas, ambos dijimos que éramos parte de la vida diaria del otro.
Que éramos tan diferentes en todo, incluso hasta opuestos en nuestros nacimientos, y aun así, esa noche, aunque ya lo sabíamos, nos dijimos cara a cara, que nuestro pasatiempo favorito era la compañía del otro.
Más tarde le dije quién me habia regalado aquella fotografía. Y él me pidió que se la regalase.
Los días posteriores a nuestra llegada de Tokyo, y cada vez que yo iba a su casa, la fotografía siempre tenía un lugar preferencial en su habitación.
Ahora en nuestra casa, ocupa un lugar en la biblioteca, junta con otras de nuestra juventud y amigos.
Hay una fotografía de nosotros dos, que amo y ambos atesoramos.
Ese año que le conocí, tenía intenciones de volver a Tokyo para ver los cerezos en flor, junto a él.
Pero por diferentes razones, no logramos concretarlo.
Recuerdo que me habia sentido súper deprimido, porque yo le habia dicho de ir y no pude cumplir.
A cambio de eso, esa misma primavera, él me invito a salir.
Yo estaba muy entusiasmado.
Casi nunca lo hacíamos.
Es que…no era algo común, ver a un joven de secundaria con un hombre adulto.
Así que recuerdo haberme vestido de ropa informal, para que nadie me reconociese con mi uniforme escolar.
Y me llevo a ver los cerezos de nuestra ciudad, que se encontraba más allá de la colina de la angustia y como solo habia unos tres o cuatro arboles nadie iba a verlos.
Recuerdo haber tomado con fuerza su mano y cerrar los ojos. Para absorber todas las cosas que ocurrían.
La brisa de aquel año tenía un olor característico, que hoy por hoy cuando vuelvo a chocarme con ella, evoco rápidamente aquel día.
Tobio le habia pedido a Sugawara, sino podía acompañarnos.
Sugawara llego con Daichi un poco más tarde que nosotros. Pero tuvimos tiempo de sobra para deleitarnos con la maravillosa vista.
Desde su teléfono, Koushi saco una selfie de los cuatro y logro capturar algunas sakuras en el aire.
Más tarde le pedí que me sacara una fotografía con Tobio.
Y ahí sobre una repisa, luego de tantos años, la fotografía sigue intacta.
Y es una de nuestras favoritas.
Amo verla…ver como Tobio me abraza por detrás. Yo salgo riendo mientras el besa mi mejilla, sus manos rodean mi cintura y yo lo aprieto con fuerza y de fondo el gran árbol de cerezos meciéndose con la brisa.
No no no no es el final XD... pero si concluyo aquí la participación de Hinata.
Hoy queria despejarme, así que hice este capitulo.
Con Hinata escribo de otra manera, y aunque no sea mucho, espero les guste y disfruten de este ultimo capitulo dedicado a él.
En la semana vuelvo con mi hermoso Kags…para terminar con el viaje a Tokyo y ver como le pego una patada definitiva a Oikawa.
Me siento feliz de haberles podido transmitir mis sentimientos en el capitulo de la confesión de Tobio.
Gracias por leerle y estar.
Las quiero a todas y cada una… nos vemos prontito.
Day G
