Capítulo 25:
En el hospital las atendió un doctor distinto al del día anterior. Les dijo que el paciente seguía estable dentro de la gravedad, y que aunque eso era bueno, era demasiado pronto para saber cómo iría evolucionando. Preguntaron si podían verlo, y les dijeron que solo a través del vidrio, que no era conveniente que entrara nadie, había que evitar el mayor riesgo posible de infecciones.
Estuvieron un rato allí, mirándolo a través del cristal, parecía tan vulnerable con toda la cabeza vendada, y pendientes de cada máquina, cada cable y cada sonido que estas emitían.
El médico después de un rato de verlas, se acercó a ellas.
-Deberían irse, aquí no hacen nada, nosotros estamos pendientes, si ocurriera algo, las avisaríamos enseguida.
Kate se sentía fatal, lo recordaba tan alegre bailando la noche anterior y planeando a donde iba a llevarla de vacaciones, la culpa la ahogaba, no soportaba verlo de aquella manera.
-Voy a ir a la comisaría – dijo seria – a ver si han averiguado algo.
-Pero Kate – le dijo Alexis con preocupación – tú también estás herida, no deberías ir a trabajar.
-Tengo que hacer algo, o me volveré loca – dijo angustiada – no puedo seguir aquí mirando por esa ventana sin hacer nada, tengo que saber quién hizo esto, para que pague por ello.
-Tranquila hija, sal un rato si lo necesitas – le dijo Martha comprensiva – nosotras estaremos aquí.
-Volveré pronto – y salió de allí pensando que se le aliviaría la ansiedad que sentía.
Cuando entró por la comisaría, los compañeros la miraron sorprendidos, pues no esperaban verla por allí. Se acercaron y le preguntaron como estaba y como se encontraba Castle, y le dieron ánimos y recuerdos para la familia de este.
Se acercó a su escritorio. Esposito y Ryan no estaban allí. El capitán la vio y salió a recibirla, preguntándole sorprendido:
-¿Se puede saber qué demonios haces aquí, Becket?
-Venía a ver si han averiguado algo.
-Esposito y Ryan se están encargando de eso, deberías estar en el hospital, ¿Cómo sigue Castle?
-Igual, ha pasado la noche, los médicos dicen que está estable – suspiró – Alexis y Martha están con él, yo tuve que salir un rato, por eso decidí venir.
-Quiero que te vayas – dijo Montgomery serio – aquí no haces nada. Tienes un brazo roto, así que estarás de baja hasta que se cure y si estás de baja no puedes estar aquí, ¿me has entendido?
-Quiero ayudar en la investigación, necesito hacer algo – dijo angustiada no puedo estar de brazos cruzados. ¿Se sabe algo de quien le atropelló?
Montgomery sintió lástima por ella.
-Si, el tipo salió huyendo y al doblar la esquina, había un camión parado que le obstaculizaba el paso. Frenó e intentó dar la vuelta, pero el coche chocó contra una boca de riego.
-¿Está vivo? – preguntó con interés.
-Sí, con algunas lesiones y quemaduras producidas al saltar el airbag. Está bajo arresto en el hospital. Esposito y Ryan han ido a ver si ya podían interrogarle.
-¿En qué hospital está?, quiero ir.
-¡Ni lo sueñes!, deberías irte a casa y descansar, te tendremos al corriente de la investigación.
-Puedo estar aquí y echar una mano en lo que sea.
-He dicho que no – replicó serio – vete a casa o al hospital. Hazle compañía a la hija y a la madre de Castle y sobre todo recupérate.
En ese momento llegaban Ryan y Esposito, que se asombraron mucho al verla allí.
-Becket, ¿cómo te encuentras? – preguntó Esposito.
-Yo estoy bien, el brazo me duele un poco, pero nada que no pueda soportar.
-¿Y Castle? – le preguntó Ryan.
-Igual – contestó con tristeza - ¿Habéis podido hablar con el tipo que lo atropelló?
Ryan y Esposito miraron al capitán.
-No he tenido más remedio que informarla, amenazaba con quedarse aquí ayudando.
-¿Estás loca?, deberías irte a descansar – dijo Esposito paternalmente.
-Pero, ¿Habéis averiguado algo?
-Hemos hablado con el tipo. Solo nos ha dicho que le contrataron por teléfono, alguien que le dijo que era el amigo de un amigo y que tú eras el objetivo, pero que no tiene ni idea de quién te quiere quitar de en medio.
-¿Alguna cosa más? – preguntó el capitán.
-Le dijimos que le iba a caer una gorda por intento de asesinato de un policía – Ryan miró al capitán – no nos detuvimos a explicarle a quien había atropellado.
-Creemos que no sabe que no fue a ti a quien atropelló – dijo Esposito. Por lo visto iba tan deprisa que ni se dio cuenta.
-¿Y no sabe nada de quien lo contrató? o es que no ha querido decirlo.
-De momento solo nos dijo eso, que una vez que cumpliera con su parte se le ingresaría la cantidad acordada en una cuenta bancaria. Tenemos el número de cuenta, solo hay que estar pendiente.
-Voy a mirar – dijo Ryan.
-Entró a la cuenta y enseguida les informó.
-Todavía no hay nada. Ese tío nos dijo que le iban a pagar medio millón de dólares.
-Tienes que irte de aquí – le dijo el capitán a Becket – te pondré protección y haremos correr la voz de que has sido tú la que ha sido atropellada, a ver si se produce el ingreso bancario y por ahí podemos encontrar algo.
-¿Y Alexis y Martha? – preguntó preocupada Kate.
-¿Qué pasa con ellas? – respondió el capitán.
-¿Correrán peligro ellas también?, no quiero ni pensar que les pasase algo.
-No sabemos si corren peligro, y si no es seguro no puedo ponerles a ningún agente.
-Yo estoy viviendo en casa de Castle – dijo ante el asombro del capitán y sus compañeros – así que tendrá que poner vigilancia allí.
-De acuerdo – dijo Montgomery – y ahora vete ya.
-Pensaba visitar a Lanie – dijo con tristeza.
-Bueno, cuando termines de hablar con ella nos avisas y te llevamos a donde quieras ir – le dijo Esposito.
-Al hospital, volveré al hospital.
Se despidió de sus compañeros y fue a ver a su amiga. Esta estaba con el cadáver de la chica que encontraron el día anterior.
-¡Kate! – se sorprendió al verla – ¿Qué haces aquí?
-No soportaba estar más tiempo en el hospital, y quería saber si se había averiguado algo.
-¿Qué tal tu brazo? – preguntó comprensiva.
-Bien, duele un poco.
-Ya.
-¿Algo nuevo sobre la chica?
-Nada, todo igual que con las anteriores. Y tú, ¿cómo estás?
Kate la miró sin poder evitar que las lágrimas empezaran a correr por sus mejillas.
-¡Eh, eh! – le dijo su amiga quitándose los guantes y acercándose a ella para abrazarla – se va a poner bien, el chico escritor es fuerte, ya verás cómo supera esto y dentro de unos meses lo recordaremos como una anécdota.
-¡Ay Lanie! – lloró Kate – me siento fatal.
-Bueno, es normal, estás cansada, dolorida, asustada y…
-Y soy una bruja. Ayer me enfadé con él, porque volvió a decirme por enésima vez que tuviera cuidado, me fui sin ni siquiera despedirme. Él siempre se preocupa por mí, me cuida, es el hombre más cariñoso que he conocido nunca, está pendiente de todo y yo… – empezó a llorar más fuerte – yo… Lanie todavía no le he dicho que le quiero. Él me lo decía a cada rato y yo, yo soy una ciega que no me he dado cuenta de lo que tengo hasta ahora que voy a perderlo, siempre con el miedo a que me fuera a dejar por otra… y… ¿Sabes?, debería dejarme, él se merece alguien mejor que yo, alguien que le quiera de verdad…
-¿Es que tú no le quieres de verdad? – preguntó su amiga.
-Claro que le quiero, le quiero con toda mi alma, pero él no lo sabe.
-Por supuesto que lo sabe – respondió Lanie – ese hombre te adora y sabía de tus miedos, así que esperaba pacientemente a que tú reconocieras de una vez por todas lo que sientes por él.
-¿Y si se muere Lanie? – lloró Kate – si Rick se muere no lo soportaría.
-No pienses en eso – le dijo su amiga – solo piensa en que es un hombre fuerte y que se va a curar. Castle os quiere demasiado a ti y a Alexis, como para morirse, ya verás cómo se pone bien.
-Debo volver al hospital.
-¿Quieres que te acompañe? – mi paciente no se va a quejar si salgo un rato.
-Gracias Lanie, voy a llamar a los chicos, dijeron que me acercarían.
En el coche camino del hospital, Esposito le comunicó que la acompañarían todo el día, hasta que llegase el agente que estaría con ella.
-Oye Becket – preguntó Esposito que ya no se aguantaba más – ¿Castle y tú estáis juntos?
-Pero Javier, no seas imprudente – dijo Lanie; y mirando a Becket – te juro que yo no le he dicho nada.
-Da igual – respondió – si, chicos Castle y yo estamos juntos desde que volvió de Los Ángeles.
-¿Tanto? – preguntó Ryan – ¡Vaya con Castle, que calladito se lo tenía!, ¿Y por qué nos lo ocultó?
-No fue Castle quien no quería que se supiera, fui yo – respondió con pesar – ahora ya lo sabéis, y por favor no quiero más comentarios.
Cambiaron de tema y le dijeron que habían llamado del Departamento de homicidios de Miami, y que habían decidido reabrir el caso de las chicas que aparecieron muertas allí. Lo habían cerrado por falta de pruebas, pero quedaban muchos cabos sueltos, por lo que la inspectora Rodríguez había hablado con sus superiores y con la información llegada de Nueva York, decidieron que sería oportuno seguir investigando.
Gracias a Dios y a su fortaleza, Castle superó aquellas setenta y dos horas cruciales y aunque muy grave, su esperanza de salir con vida de aquél accidente, aumentó.
Iban pasando los días. Alexis volvió a la escuela, no es que le apeteciera, pero su abuela le insistió que debía hacer su vida lo más normal que pudiera, teniendo en cuenta las circunstancias. Ella misma volvió al teatro, como le dijo a Kate y a su nieta, la función debía continuar.
Martha también avisó a Alexander. Este se mostró realmente consternado por lo ocurrido y les dijo que podían contar con él, para lo que necesitasen.
En esos días establecieron una rutina de visitas entre los cuatro, y Rick nunca estaba solo. A veces les permitían visitarlo, así que unas veces su hija, otras su madre y las más Kate, entraban a estar un rato con él, bien protegidas con ropa esterilizada. No eran visitas muy largas, pero le hablaban y cada una le contaba cómo había pasado el día y le daban ánimos para recuperarse.
Gina llevaba varios días frenética intentando localizar a Rick. Había llamado a la casa, pero nunca le cogían el teléfono, lo llamaba al móvil, pero tampoco le contestaba. Claro que ella no podía saber que el IPhone de Castle se había destrozado en el accidente. Así que ni corta ni perezosa se presentó en comisaría. Fue Ryan quien la vio entrar y avisó enseguida a Esposito.
-¡Hey, mira quien viene por ahí!
-Vaya, ¿Qué querrá esta ahora?
Pero antes de poder enterase, el capitán que también la había visto llegar salió a recibirla. La metió en su despacho y la puso al corriente de todo lo que había pasado. Al cabo de un rato, una consternada y llorosa Gina salió de allí.
Ese día estaban Kate y Alexis en el hospital cuando vieron aparecer a Gina. Esta acababa de salir de la comisaría y se acercó al hospital a ver como estaba.
-¡Alexis!, ¿Cómo estás? – preguntó – acabo de enterarme de lo que le pasó a tu padre, y he venido corriendo a saber cómo estaba.
-¡Hola Gina! – le respondió la niña – de momento sigue estable, ¿Cómo lo supiste?
-Llevo días intentando localizarle tanto en casa como en el móvil. Tuve que adelantar la firma de libros y quería comunicárselo. Como no lograba encontrarle fui a la comisaría pensando que podría verle allí. El capitán me contó lo que había pasado. ¡Es horrible!, pobre Rick.
-Si, ha sido espantoso – dijo Alexis.
-Tu eres Nikki Heat la policía que Rick salvó, ¿no? – preguntó Gina.
-Así es – dijo Becket muy seria – pero me llamo Kate Becket.
-Claro, claro, perdona, oye ¿vosotros estáis juntos? – preguntó indiscreta.
-¡Gina! – exclamó Alexis.
-Si – dijo Kate resuelta – llevamos juntos varios meses.
-¡Bueno, ya era hora! – exclamó la ex de Castle – estoy absolutamente segura que a Rick le gustas desde el día que te conoció. Me alegro de que por fin estéis juntos, y siento mucho lo que ha pasado. Richard es un buen hombre y no se merecía que le pasara esto.
-Gracias – contestó Kate escueta.
-Tendré que hablar con Paula, no vamos a tener más remedio que dar un comunicado de prensa.
-¿Es eso realmente necesario? – preguntó Kate recelosa.
-Si – respondió Gina – intentaremos ser lo más discreto posible y no dar muchas explicaciones. A nadie le importa lo que ha pasado, ni en que circunstancias ha ocurrido.
-Gracias – dijeron Alexis y Kate al unísono.
-Ahora tengo que marcharme, prométeme – dijo abrazando a Alexis – que me llamarás si necesitas algo.
-Te lo prometo, muchas gracias Gina – y se despidió de ella con un beso.
Tal como les dijo Gina, salió un escueto comunicado de prensa informando que el escritor había sufrido un desgraciado accidente. Que estaba grave y que quien quisiera conocer su estado podía consultar su página Web, donde se iría actualizando la información sobre la salud del escritor. También comentaban que no decían en que hospital estaba, por respeto a su familia.
Gina también habló con la dirección del hospital, pidiendo la confidencialidad sobre el paciente, dejando caer que si alguien se iba de la lengua y se filtraba la noticia de que Castle estaba allí, les demandarían por una buena cantidad de dinero.
Llegó el día en que los médicos decidieron sacarlo del coma. Estaban allí ellas tres y Alexander, al que ya conocían todos y sabían quién era, Esposito, Ryan y Lanie. No sabían qué iba a pasar y estaban asustados.
El médico se acercó a ellos y les comunicó que el paciente había respondido a los estímulos y que había despertado, aunque aún no le habían quitado la respiración asistida. Les dijo que estaba estable aunque muy débil, que tardaría unos días en recuperar las funciones básicas, y que tendrían que someterle a varias pruebas para determinar el alcance de las lesiones, pero que debían ser optimistas.
Preguntaron si podían verlo y les dijo que les avisarían en un rato. La primera en entrar fue Alexis. La chiquilla estaba impaciente por ver a su padre, así que tanto su abuela, como Kate le cedieron el paso.
-¡Papá! – exclamó alegre acercándose a la cama.
Rick la miró y como no podía hablar, levantó con dificultad la mano que su hija cogió con cuidado.
-¡Me alegro tanto de que estés bien!, no veas el miedo que hemos pasado – y se acercó besándolo con cuidado en la frente.
A Rick se le escapó una lágrima, se alegraba tanto de ver a su hija. Esta estuvo un rato, contándole cómo lo habían pasado esos días, del colegio y demás y se despidió con otro beso, diciéndole que Kate y la abuela también querían entrar.
A continuación entró Martha. Esta había querido cederle su sitio a Kate, pero esta insistió en que entrara ella.
-¡Richard! – casi gritó su madre al verlo – menudo susto que nos has dado. ¿Cómo te encuentras? – y se acercó a besarlo, mientras no podía evitar que se le saltaran las lágrimas – ¡Hijo mío, llegué a creer que te perdería para siempre! – continuó hablando una emocionada Martha.
Su hijo la miraba, estaba loco por quitarse el respirador y gritar que donde estaba Kate. Su madre que lo conocía muy bien le dijo:
-Me alegro tanto de que hayas recuperado el conocimiento. Alexis ha pasado unos días horribles, bueno todos lo hemos pasado muy mal, pero ya todo se va a arreglar. Estamos aquí, para ayudarte a superar esto. Y si, ya me voy, para que pase Kate – y dándole otro beso se marchó.
Su hijo hubiera querido sonreír, pero no podía. Recordaba vagamente lo que había pasado, como vio el coche abalanzarse sobre Kate, el miedo que sintió, como la empujó para quitarla de en medio y como a él no le dio tiempo de apartarse. Sabía que Kate estaba bien, la había sentido esos días a su alrededor, igual que sintió a Alexis y a su madre, pero necesitaba verla, verla y comprobar que no tenía ni un rasguño.
Entró Kate, Castle la miró, "¡Que mala cara tenía!", pensó. Intentó levantar la mano, como diciéndole que se acercara. Ella se aproximó despacio, tenía los ojos llorosos. Le cogió la mano con cuidado de no interferir en el gotero.
-¡Ay Rick! – lloró ella – he pasado tanto miedo.
Él le tocó la mano escayolada, como en un mudo intento de preguntarle que le había pasado.
-Cuando me apartaste me partí la muñeca al caer al suelo. Me salvaste la vida Rick – le dijo – lo siento, lo siento tanto, todo ha sido por mi culpa. Tenías razón y yo no te hice caso, lo siento, lo siento – y seguía llorando.
Rick la miraba, se moría por abrazarla y consolarla, pero no podía hacer nada. En un supremo esfuerzo levantó la mano y le acarició la cara, intentando secar sus lágrimas y queriendo darle a entender que todo iba a salir bien.
CONTINUARÁ…
