Los personajes (a excepción de Moonlight/Midnight) son propiedad de Hasbro.
XXV
-¿Moonlight? ¿Qué sucede? ¿Qué haces aquí afuera? Hace un poco de frío-.
Adagio se aproximó a Moonligth quien estaba sentada a un lado de la alberca, situada en la parte posterior de la casa. Siempre que quería pensar en algo, o algo le atormentaba iba a ese lugar. Adagio lo sabía, por lo que cuando no la vio en la cama supo en dónde encontrarla.
Moonlight se encontraba un poco contrariada, habían cosas que debía hacer, había cosas que quería zanjar lo más pronto posible. Pero sus recuerdos, sus sentimientos la atormentaban constantemente. A veces perdía de vista sus propios objetivos y responsabilidades, y eso le hacía perder un poco la vista del camino. Deseaba tanto no haber sido tan egoísta, deseaba jamás haber sido tan ingenua, como el creer que Sunset la salvaría de su destino.
Se sentía culpable, y eso no lo podía negar. No había manera en que se pudiera sentir mejor.
Mientras platicaba con Luna, sólo le hacía sentir más repulsión por sí misma, sabía que no estaba siendo justa con nadie, que vivía en una constante mentira, en la cual ya se había perdido hacía tanto tiempo, y ahora ya no se encontraba a sí misma.
Ella había sido alguien importante hace tiempo. Había conocido a gente importante, y había entrelazado una gran amistad con ellos. Y aún así los había traicionado. Traicionó la confianza de su pueblo, y casi logra el desequilibrio en su mundo.
Siempre que se sentía tan miserable corría sin importar cómo estaba el tiempo, siempre corría a la misma dirección, siempre afuera, donde la pudriera ver mejor.
Siempre que se sentía desfallecer, y caer en lo más profundo de su miseria, cuando más se sentía sin valor, iba y la buscaba. Siempre a ella, a esa luz que le transmitía cierta nostalgia hogareña y familiar. Siempre que la veía su corazón se conmovía de una manera extraña, que ella misma no entendía muy bien. ¿Ternura? ¿Melancolía? No estaba tan seguro de qué era, pero era una sensación de tranquilidad.
-Adagio-.
Fue lo único que pudo decir. No sabía qué más decirle, apenas y se había percatado de su presencia.
Se sentía un poco cansada, desde que asistía a Crystal Prep de nuevo, y le ayudaba a Twilight en sus avances sobre su extraña investigación su tiempo de descanso se había reducido considerablemente. Entre sus tareas comunes, se encontraba el trabajo y sus actividades personales, a penas y podía pasar tiempo con sus amigas.
Su fatiga se comenzaba a notar en consideración. Desde su último encuentro con Midnight, Moonlight se encontraba mucho más callada que antes, y se notaba decaída, y aunque no dijera nada al respecto y lo negase rotundamente, Adagio y Sonata sabían que no se encontraba nada bien.
Mientras se cobijaba bajo un tenue rayo de luz lunar, Moonlight calaba con tranquilidad un puro que había comprando a penas. Sus inquietudes y estrés se iban calmado con el humo que se disipaba en el ambiente. Entre el sabor a especies e que sentía en su paladar, iba agarrando un poco de calor con el ron que acompañaba su placer adictivo.
Adagio sólo la observaba, un poco embelesada por la figura de Moonlight, amarga, pero bella. Aún con todo el peso de la culpa y la miseria seguía siendo hermosa ante sus ojos. La amaba profundamente, y siempre estaría ahí para ella.
Con ternura se acercó, y se sentó a un lado de Moonlight, tratando así de entrar aunque sea un poco en ese mundo frío del que se conformaba el de Moonlight. No sabía a dónde la llevaría todo esto, no sabía si el camino que había elegido al amar incondicionalmente a Moonlight sólo era el de la desesperación y la desolación, pero aún así lo seguiría intentando, sin importar que el invierno la tragara completamente. Su espíritu no desistiría..
Tomando la mano de Moonlight con la gentileza seductora que poseía, acercó el puro a sus labios y lo probó, sabía cómo hacerlo pues ponía mucho interés en saber las cosas que a Moonlight le gustaban.
-Adagio, tienes que cuidar tu voz-. Moonlight intentó recordarle a Adagio que el humo no le haría bien precisamente a su garganta.
-Deja, hay riesgos que valen la pena intentar, ¿no crees?-.
Los ojos morados de Adagio brillaban con intensidad, y reflejaban los cansados ojos de Moonlight. En esa mística mirada, Moonlight encontraba un lugar donde descansar. Adagio era en quién más confiaba después de todo, su líder era impresionante, y la admiraba realmente. Siempre hermosa, fuerte e impotente. Era orgullosa y confiable, pero debajo de esa dureza de mujer y esa madurez embriagante, se escondía una chica cuyo corazón era cálido y comprensivo. Era cariñosa y ambiguamente tierna. Y también una amiga para toda la vida. De esas amistades que no importa lo que pase, permanecen siempre iguales.
Adagio se acercó ligeramente hacía Moonlight, y con un ligero movimiento rozó los labios de Moonlight con la yema de su dedo, saboreando el ligero sabor del licor que acompañaba esos labios.
-Dulce-.
Con media sonrisa en los labios se levantó del asiento y caminó hacía la casa. Moonlight sólo la miraba marcharse, observándola desde atrás como con paso firme se alejaba de su lado, contoneando coquetamente esas caderas, y cómo su cabello ondulado se movía con carisma al compás de su andar.
No había duda que cierta parte de su ser se sentía extrañamente atraída por el físico de Adagio, pero habían cosas que superaban a lo visual, y ella lo sabía.
Las cosas no iban a ser fáciles a partir de ese punto y lo sabía. Sabía que el trabajo a penas y comenzaba, y la semana igual, por lo que había mucho qué hacer al levantarse el sol. Lo primero que haría sería supervisar que las cosas que estaba planeando con Twilight no se retrasaran. Después haría una visita especial, y después simplemente se volvería a enclaustrar en su mundo, como lo venía haciendo desde que su mundo dio un giro completo.
La soledad y la tristeza era algo con lo que se había acostumbrado a vivir, sólo que se había olvidado por un momento. Durante un tiempo se había dejado envolver por la calidez de unos brazos amables y tiernos, se había dejado seducir por una esencia tranquila y pura, olvidando por un momento que no pertenecía a ese lugar.
...
Rainbow caminaba tranquila por las calles, desde que habían comenzado las clases no se sentía muy animada, no del todo, se sentía que algo le molestaba, y era algo que no debía. Habían pasado cosas buenas, pero también cosas malas, todavía no estaba segura de cómo digerir ciertas cosas.
A paso lento entró en una tienda de música. La misma tienda a la que acostumbraba a ir cuando se sentía un tanto confusa. Miraba las estanterías con distintos tipos de música, eso le ayudaba a relajarse cuando se ponía así. Podía pasar varias horas ahí, hasta que fuese momento de volver a su realidad.
Rebuscó entre los álbumes que se podían escuchar, y eligiendo uno lo puso en el reproductor, y se dispuso a perderse entre la melodía que le ofrecía ese disco.
Se hallaba tan concentrada en la letra, que cuando sintió una mano posarse sobre su hombro no pudo reprimir un pequeño salto de su cuerpo reacción del sobresalto que se llevó. Al voltear hacía la dirección donde venía la mano, se percató que era Pinkie Pie mirándola con una expresión divertida.
-¡No me asusté!-. Rápidamente Rainbow intentó explicar el pequeño saltó que hizo, pero sus mejillas encendidas no le ayudaban mucho.
Pinkie sólo sonrió más, con una mirada retadora, dando a entender que las pobres excusas de Dash no servían en ella.
-¿Qué es lo que pasa Pinkie Pie?-.
Dash devolvió los audífonos de donde los había tomado, y se giró hacía la chica, quería estar sola pero sabía que Pinkie era imposible de evadir, así que era mejor enfrentarla rápido, para poder seguir haciendo sus cosas.
-¡Oh Rainbow Dash! ¡Qué coincidencia!-. Pinkie trataba de hacer su mejor mueca de sorpresa que podía.
-Déjalo ya Pinkie, sé que me has estado siguiendo, así que ¿qué ocurre?-. Con un leve suspiro siguió su camino por el lugar, tratando de llegar a un lugar más cómodo donde poder platicar con su alocada amiga.
-¡Oh bueno! (risita) Lo siento, es sólo que hace mucho que no platicábamos, y ya extrañaba un poco de esto, ya sabes, tu y yo platicando sobre cualquier cosa, pasando un rato cualquiera-.
Era extraño, por lo general Pinkie siempre era directa con las cosas que quería, y aunque pareciera una chica absurda en su comportamiento, la verdad ella era una persona muy precisa. No hacía cosas sólo al azar aunque así lo pareciera. Era perspicaz y muy aguda, el que le diera vueltas a las cosas sólo significaba que lo que quería preguntar debía ser algo muy serio.
Cuando por fin llegó a la zona de descanso de la tienda, se sentó, y pidió algo para poder pasar el rato y que no se viera mal el sólo pasar el tiempo ahí sin gastar. Pinkie la imitó y se sentó enfrente de ella en la mesa.
-Dash ¿estás bien?-.
-¿Eh? ¿Por qué lo preguntas?-.
-Es sólo que te he notado un poco rara desde la última vez-.
-¿La última vez?- Rainbow intentaba recordar cuando fue la última vez, pero habían tantas veces que realmente no entendía a cuál de tantas se refería Pinkie -La verdad es que no sé de qué me estás hablando Pinkie Pie, así que vete aclarando por favor-.
-Desde que Sunny nos dijo lo que pasó en invierno has estado rara-.
-¿En serio?-.
-¡Sí!- Pinkie se acercó peligrosamente al rostro de Dash y la apuntó con el dedo como si la estuviera amenazando -¡Y NO TE ATREVAS A NEGARLO-.
-Eh… claro- A veces la efusividad de Pinkie desconcertaba a Dash, pero era algo a lo que se estaba acostumbrando -No es que lo esté negando ni nada, es sólo que… no sé cómo decirlo realmente…-.
Las bebidas que habían ordenado ya habían llegado interrumpiendo momentáneamente la plática entre ellas dos, tiempo que aprovechó Dash para concentrase y pensar bien lo que quería decir.
Pero Pinkie Pie es todo un misterio de chica -La verdad es que te entiendo- Lo decía mientras asentía de manera comprensiva ante la situación, a pesar del desconcierto total de Rainbow.
-¿En serio?-. Ni ella misma sabía de qué estaban hablando.
-¿Estás preocupada por Sunny, no es así?-.
-¡!-.
-Lo sabía, yo también estoy preocupada por ella. Ella insiste en que todo está bien y sonríe, pero nada está bien. Sé que ella está sufriendo, pero no puedo ayudar-.
-Hay cosas en las que uno no puede ayudar-.
-Te equivocas Dashie, ella debe entender que nosotras estaremos para ella cuando nos necesite, ¿no es así?-.
-Tienes razón Pinkie-. Dash recordaba que alguien, en su momento le había dicho algo similar también.
-Pero, sé que también hay algo que te preocupa, y estoy segura de que no eres la única-.
-¿Ahora a qué te refieres?-.
-¿No piensas que todo esto es extraño?-.
-Por eso, ¿a qué te refieres?-.
-¡Oh vamos Dashie! ¡Estamos hablando claramente de Moonlight!
-¡!-.
-¿No crees que esto es muy extraño, la forma en cómo se fue?-.
-No es algo que nos incumba. Esas cosas son entre Sunset y ella, nosotras no tenemos nada que ver eso. Ese es problema de ellas-.
-Podrás engañar a otros, pero no a mi-.
-¡Te estoy diciendo que…!-. El dedo índice de Pinkie se posó sobre los labios de Dash, impidiéndole seguir hablando, porque ya sabía qué iba a decir, por eso la detuvo.
-Realmente algo te molesta, ¿verdad?-. La preocupación reflejada en los ojos azules cristalinos de Pinkie conmovieron y movieron una pequeña fibra en la testarudez de Rainbow.
-¡!-.
-¿No puedes decírmelo?-.
-No es eso… es sólo que, no lo entiendo, ¿por qué?-.
-Acaso… Moonlight, tu…. ¿la admirabas o algo así?-.
-Yo no diría que la admiraba, es sólo que… no sé cómo decirlo, pero me sentía agradecida con ella. Ella me hizo ver mi error, y me ayudó a dar un paso con Fluttershy…-. Pausa -Verás, a veces me siento patética, sola y débil, y cuando estoy así no quiero que me vean. Es cuando más me odio, pero un día ella me encontró, y no sé cómo explicarlo, aunque no platicamos mucho, sentí que ella me entendía, sentí esa conexión y esa comprensión que nadie me había dado. Sólo dijo unas cuantas cosas para que me diera cuenta que era yo quién se estaba dando por vencida, que era yo quién no sabía vivir y que estaba desperdiciando mi vida-.
-Realmente la admirabas-.
-¡Te estoy diciendo que….!-
-Yo también la admiraba, y también la apreciaba. Al principio daba un poco de miedo, y parecía una persona distante y fría, pero cuando hablabas con ella era como si ella te comprendiera, y siempre escuchaba todo lo que tenías que decir. Por eso no lo entiendo, ¿tu si?-.
Los ojos de Pinkie se cristalizaron un poco, y los de Rainbow amenazaban con hacerlo también.
-Yo tampoco. Es decir, ¡se notaba que se querían! Por eso no lo entiendo…-.
-Dashie, es sólo una locura que me ha estado dando vueltas, pero, ¿no te da la sensación de que Sunset y Rarity nos están ocultando algo?-.
-¿Por qué lo dices?-.
-¿Te diste cuenta que mientras Sunset nos contaba su historia Rarity mantuvo su mirada apartada todo el tiempo?-.
-¿Y eso que significa?-.
-¿Qué acaso no te das cuenta de lo que te rodea? ¡Es una clara señal de que Rarity no está de acuerdo con algo! Es como si las dos nos escondieran algo mucho más importante-.
-Ehm ¿Pinkie Pie? ¿No crees que estás exagerando un poco las cosas?-.
-¡Claro que no! ¡En este tipo de cosas yo nunca fallo!-.
Rainbow iba a seguir criticando la lógica de Pinkie, pero algo llamó su atención y se levantó tan rápido como pudo, dejando a Pinkie en la mesa con una cuenta qué pagar.
-Pinkie te encargo la cuenta, ¡te debo una amiga!-.
-¿Qué? ¡Espera! ¡NO TRAIGO DINERO!-.
Pero Dash no escuchó, y tan veloz como un rayo (o al menos eso quería pensar ella) se acercó a esa persona, quién ya estaba fuera del local, dirigiéndose hacía el estacionamiento.
Dash no le perdió la vista ni un momento. Al momento no le reconoció, pero al pasar bien su mirada sobre su figura se dio cuenta de que no había errado, y sí era quién ella creía que era. Con paso veloz alcanzó la figura alta que le sobrepasaba en estatura, y la tomó del brazo para que no se escapara.
-¡Moonlight!-. No sabía porqué su voz se había escuchado como un grito, ni tampoco sabía porque su corazón palpitaba con tanta fuerza. Tal vez fuera porque había escuchado que esa chica era una sirena, o tal vez fuera porque Moonlight era imponente, o tal vez sea porque de alguna manera se sentía como si estuviera traicionando a Sunset, de cualquier manera ya no había vuelta atrás, y no quería quedarse con esa duda.
Moonlight por su parte se sorprendió un poco, no esperaba para nada que una amiga de Sunset le volviera a hablar, lo esperaba de Rarity, pero no de las otras chicas. Se sentía un poco conmovida.
-¿Pasó algo?-.
-N-no, no es eso, es sólo que, lo siento, la verdad es que son muchas cosas que tengo qué decir y no sé por dónde comenzar-.
Moonlight con discreción miraba la hora, y sabía que se le estaba haciendo tarde, pero tampoco quería ser descortés con Dash, pues sabía que era una buena amiga, fiel y leal que haría todo lo que estuviera a su alcance por sus amigos-.
-Lo siento mucho Rainbow Dash, pero tengo un compromiso muy importante el cual atender, podríamos quedar en otra….-.
-¡Tiene que ser hoy!-. No sabía porqué había dicho otra cosa sin pensar, realmente no era la gran cosa que quería preguntar, y bien podía esperar para otro día, pero por alguna razón sentía que si dejaba ir ese día a Moonlight jamás lo sabía. Ahora entendía porqué Sunset se preocupaba cada vez que no la veía.
Moonlight no sabía que decir, las palabras de RD le habían caído por sorpresa. Generalmente no te autoinvitas con alguien que apenas conoces, sabía que Rainbow era una chica confiada, y que a veces era impulsiva, pero se había percatado que con ella se comportaba de manera correcta y educada, por lo que le tomó de improvisto las palabras dichas por Rainbow.
No tenía objeción en llevarla consigo, es sólo que no solía llevar a nadie jamás a ese lugar. Era como uno de los pocos secreto que ella protegía con mucho recelo, ni siquiera las sirenas sabían de ese asunto que ella celosamente guardaba en medio de sus silencios.
Con un movimiento tranquilo la invitó a montar en su automóvil. Esta vez era otro, pero se sentía de manera muy similar. La manera cómo aceleraba, cómo rugía y cómo se deslizaba sobre el asfalto de la ciudad era algo que le fascinaba a ambas.
-Es un auto genial-.
-Lo es-.
-¿Te gustan mucho este tipo de automóviles? El anterior era un clásico, pero también se usa en carrera, ¿te gustan las carreras?-.
-Mmm, puedo decir que no es eso realmente. Me gustan este tipo de automóviles pero no por las carreras ni competencias parecidas. Es sólo que cuando monto en uno de estos la sensación de la velocidad, la aceleración, la adrenalina me hacen sentir como si estuviera volando, ¿raro no crees?-.
-(Risita) Creo que te entiendo, la verdad es que creo entender a lo que te refieres, a veces siento eso cuando corro. A veces corro tanto y tan rápido que siento como si mis piernas ya no estuvieran en el suelo, como si realmente fuera a dar un salto e irme volando por ahí, ¿suena tonto verdad?-.
-Para nada-.
A partir de ahí la conversación cesó, no habían muchas cosas de las cuáles platicar, por un lado no querían amenizar demasiado para no comprometerse en algo que no querían, y por otro lado no querían tocar otro tema en cuestión. Sería algo demasiado incómodo.
Después de un rato Dash se percató que estaban saliendo de la ciudad, y se estaban adentrando a la zona montañosa. Se había olvidado por completo que Moonlight podía ser un enemigo mortal, y ella había bajado por completo la guardia al montarse por voluntad propia a ese automóvil. Y ahora se dirigían hacía las afueras de la ciudad, preocupándose un poco.
-Ya casi llegamos. Está a unos escasos kilómetros-. Moonlight sabía lo que Rainbow estaría pensando en esos momentos, así que no había razón para que no quisiera tranquilizarla un poco. Sabía que su alianza con las sirenas la volverían un blanco en el cual no confiar, pero por lo menos quería intentar dar un poco de confianza.
-¿Acaso nos dirigimos a la casa de retiro de la ciudad?-.
-Así es, me sorprende que lo conozcas, ¿tienes a un familiar ahí?-.
-Tenía. El abuelo murió el año pasado-.
-Lo siento-.
-Está bien, ya estaba muy senil. Entonces ¿hay alguien ahí de tu familia?-.
-Sí, mi padre. Aunque es muy anciano ya-.
-(¿Padre?) Ya veo, lo siento-.
Después de unos minutos extraños llegaron a la estancia situada en una colina. El lugar daba una sensación de paz y tranquilidad, en medio del desierto de la zona. Tenía una arquitectura recién renovada, con grandes ventanales, y una gran vista hacía la ciudad. De noche, se podían ver bien las estrellas plasmadas en el firmamento nocturno. Era un buen lugar dónde pasar los últimos días.
Moonlight se estacionó rápido, habiendo lugares de sobra, pues a esa hora no era muy común visitas, y también porque era entre semana, cuando las visitas normales eran los fines de semana.
Se aproximaron al vestíbulo donde Moonlight firmó unas cosas, y se encaminó por uno pasillo, Dash se quedó en el vestíbulo, pensando que había sido muy ruda al autoinvitarse a una ocasión muy personal en la vida de una chica que apenas conocía.
Moonlight caminaba con tranquilidad por el lugar, con una bolsa de papel a un lado. El lugar siempre olía a una esencia de vainilla, combinado a ese olor raro de los geles antibacteriales, era un olor que no le agradaba mucho, pero era un lugar que le era algo especial.
Pronto se halló en el lugar que debía, frente a una puerta de madera, que tenía una placa con el número de la habitación. Moonlight respiró profundamente y tocó la puerta. Pronto escuchó una voz masculina ya cansada por el tiempo que le daba permiso para entrar. Moonlight no dudó en girar la perilla y entrar a la habitación.
Al entrar encontró la misma escena de siempre, las paredes eran de color blanco como siempre, y habían varias estanterías en donde lo único que cambiaban eran los libros. El escritorio estaba donde mismo, el sillón de respaldo ancho antiguo se hallaba donde mismo, y su lado se encontraba una pequeña mesa donde reposaba una caja de puros habanos, y una botella de ron añejado. La cama siempre estaba tendida, preguntándose si la usaba realmente, y finalmente enfrente de la ventana se encontraba un señor de avanzada edad.
Moonlight se quedó estática esperando a que el hombre volteara. El hombre en cuestión, que a pesar de sus años, su espalda se encontraba completamente erguida, resultado de años manteniendo esa postura. Su traje, aunque sencillo, denotaba que tenía un cierto estatus económico, lo cual ya se notaba en el cuarto.
-¿Moonlight?-.
-Soy yo padre-.
Al escuchar la afirmación, el señor se dio la media vuelta para mirar si era verdad eso, y efectivamente eso era. Su amada hija se encontraba parada en la entrada de su relajada prisión.
-Veo que se encuentra mejor padre-.
-¡Tonterías! ¡Apenas hoy en la mañana cesaron esas molestias!-. El señor se alejó de su lugar en la ventana y se sentó en su sillón de cuero, y miró con más detenimiento a Moonlight. -¿Te has cortado el cabello?-.
-Me es más fácil mantenerlo así-.
El anciano hizo una mueca en el rostro, y se dispuso a encender tranquilamente su puro -Como siempre te guardas tus problemas para ti, ¿no es así Moonlight, querida hija?-.
-Lo siento, no es eso, es sólo que…-.
-Ya, ya, no necesitas decirle todo a este anciano decrépito. Sé que tienes tus propios problemas, pero quiero que me prometas una cosa, ¿de acuerdo?-.
-¿Qué cosa?-.
-Quiero que me prometas querida hija que, aunque yo no pueda hacer nada desde este lugar, quiero que no olvides que estaré aquí para ti, por favor, manténlo en cuenta-.
Moonlight no sabía cómo reaccionar ante las palabras desintegradas de esa persona a la que llamaba padre. Era una sensación extraña, era como un sueño echo realidad, pero en otra dimensión, y eso le hacía sentirse como si estuviera soñando.
Después de tanta amargura en su vida, después de tanta tristeza, desolación y desesperación, cuya realidad se había vuelto enfermiza, y a veces insoportable, ese anciano tenía la clave para volver esa realidad increíblemente placentera. Amaba sinceramente a ese anciano, tanto como si fuera su verdadera padre, y haría todo lo que estuviera a su mano para poder hacer mas feliz su existencia que amenaza con extinguirse tarde o temprano, dejándola otra vez sola.
-Vamos pequeña, no pongas esa cara, vas a hacer que este pobre anciano se sienta mal-.
-Lo siento, yo no quería…-.
-Ya, ya, deja de disculparte de una vez, y dale de una vez a este viejo la razón por la que aún sigue vivo-.
Moonlight sonrió complaciente, sabiendo que el viejo sólo quería un abrazo, y no se lo pensaba negar.
El señor había perdido a sus dos hijas y esposa en accidente de carro, dejándolo destrozado y marcado por un suceso desgarrador y trágico. De esas cosas de las que uno no se recupera. Pero al llegar Moonlight a ese mundo como consecuencia de una segunda oportunidad para redimirse, también le dio a ese señor otra oportunidad.
Era irónico como actúa el universo en sus diferentes capas. En su mundo ella era huérfana, y siempre soñó con tener un padre y una madre, y aunque tenía a Midnight a su lado, había veces en las que soñaba con tener un hogar el cuál compartir momentos con su su hermana bajo el cuidado amoroso de sus padres. Y ahora ella tenía un padre en esa dimensión.
Podría no ser la verdadera hija de esa realidad, pero el señor se aferró a esa figura de poni transformada en humano como si fuera la de verdad. La amó como si fuera su hija, la amó aunque sabía que esa joven tenía sus propias heridas. Escuchó su historia, que al principio no creyó del todo, pero que fue aceptando con el tiempo. Se mudaron para no levantar sospechas, hicieron una nueva vida, y con el tiempo se dio cuenta de que su "hija" no era una chica ordinaria, comenzando a creer en sus raíces, pues el cuerpo de la chica no envejecía a pesar de llevar ya tiempo juntos. Y aún así la aceptó.
No había pasado un día en donde no diera gracias por esa oportunidad, pues el destino le había quitado a Moonlight en otra dimensión la dicha de conocerlo a él y a su madre, mientras que en ésta, él era el había perdido a su familia, y aún así el destino los volvió a juntar, pensando que tal vez era un regalo del mismo para desquitar todo el dolor que les había hecho pasar. O tal vez era un regalo por haber echo las cosas correctamente, y haber amado con devoción a su familia que le daba la oportunidad de volcar todo su amor sobre esa chica. Al final, ambos eran iguales.
-Le traje un regalo-.
-Tus regalos siempre me traen mucho placer, y mira que por estos al rededores los placeres son muy escasos-.
Moonlight tomó la bolsa de papel que llevaba en la mano y sacó una caja de madera que contenía una colección de puros, sabiendo el gusto de su padre por éstos, y aunque se los tenían prohibidos en ese lugar, no le haría mal a alguien cuya vida ya estaba en las últimas, y quitarle uno de sus placeres sería simplemente cruel.
-Edición limitada, de etiqueta negra, mira que te has lucido pequeña-.
-Sabía que te gustarían-.
-¿Cómo van las cosas en el negocio?-.
-Van bien, no tienes de qué preocuparte, me aseguraré de que tu legado siga-. Moonlight extendió al mano y le dio una fotografía al anciano, quién la tomo entre sus arrugados dedos y la miró.
Ahí estaba su empresa que había construido en honor a su gran amor fallecido. Moonlight entendía lo importante que era para esa persona ese lugar, y siempre procuraba honrar lo que ese señor con tanto esfuerzo construyo. Desde un pequeño establecimiento de música fue creciendo hasta convertirse en una industria musical. Le resultaba irónico que su vida terminaba enfrascada en algo referente a la música.
-Ven, ven hija mía-. El anciano extendió sus manos hacía Moonlight, y ella sólo se acercó más al señor tomándole de las manos. -Tengo mucho que agradecerte Moonlight, no tenías porqué hacer todo esto por mi, y aún así lo hiciste. Realmente gracias hija-.
-No tiene por que agradecerme nada, lo entiendo-.
-No, no lo entiendes. Podrás tener más años que yo, pero aún así no entenderías lo que es tener un hijo y perderlo. Moonlight tu apareciste para darle a este anciano la satisfacción de ver a su hija crecer, le diste a este anciano ver la realización de un sueño en tu persona, y aún así, aún cuando casi te obligué tú no dijiste nada y lo aceptaste sin pedir nada a cambio. Por eso y más, ¡gracias! ¡por favor, déjame seguirte llamando hija hasta el final!-.
Llegado a ese punto, Moonlight sentía como sus lágrimas se atoraban en un lugar profundo de su corazón, y su garganta se hacía nudo. Odiaba no poder llorar. Quería llorar, ese anciano le hacía sentir tantas cosas extrañas, le hacía sentirse tan bien, tan querida, tan amada. Cada semana él era que realmente le hacía soportar tantas cosas, y no sabía qué iba a hacer cuándo ya no estuviera con ella a su lado.
-No, por favor, es usted quién debe dejarme llamarlo padre hasta el final-.
-Tú siempre serás mi hija. No importa si fue en este plano, pero tú eres mi hija y eso nadie lo va a cambiar-. El porte bonachón del señor cambio a uno serio y autoritario -¡Vuelve de una vez pequeña a tus cosas! Ya no te entretengas con este viejo, sé que tienes cosas que hacer, así que ve y no pierdas el tiempo-.
Era su manera de cortar un ambiente que amenazaba con romperse en llanto, y él no quería llorar frente a alguien a quién le debía esa segunda oportunidad.
-Si señor-. Moonlight se dio la media vuelta y salió de ese lugar, no sin antes regresarle una mirada tranquila, profunda y cariñosa, con una sonrisa sincera.
-Ve, por favor ve-. Sollozaba el anciano en su habitación callada, rompiendo a llorar. Le destrozaba tanto que su amada Midnight no encontraba aún la paz del descanso eterno, y esperaba que Moonlight pusiera fin a todo eso, rezando que todo esto acabara y que por fin su familia encontrar la paz.
Moonlight salió de manera apresurada del lugar, seguida por Dash, a quién había olvidado momentáneamente que la había llevado consigo. Recordando que quería llevar a Sunset para que conociera a su padre, pero que nunca encontró la oportunidad de poder presentarla a quién le había dado un hogar.
Habían cosas que nunca podría terminar de agradecerle a ese amoroso padre. Tal vez al principio la impresión de volver a ver a su hija lo cegó, pero aún cuando supo toda la verdad, la quiso, pero realmente la llegó a querer como la Moonlight que era, no como la que se proyectaba como el pasado de una Moonlight fallecida. Ese señor la había cobijado, y le había permitido permanecer con su nombre y con su esencia, saboreando qué e era tener por lo menos un padre.
-¿Estás bien?-.
La voz de Rainbow la sacó de sus pensamientos. Ya se hallaban dentro del carro, y Rainbow sólo esperaba a arrancar para irse de ahí, pero la inusual Moonlight se miraba un poco contrariada, pensando que tal vez su "padre" se había puesto mal. Rainbow sabía lo difícil que era tener a un familiar en ese tipo de lugares, pues sabía que tarde o temprano te tendrías que despedir para siempre de ese ser querido.
-Sí-. Tardó en responder Moonlight. Su cabeza se hallaba completamente abarrotada. Habían muchas cosas por hacer, y el tiempo era mínimo, debía aprovechar por completo las fichas que manejaba debajo de la manga. Tal como se lo enseñó su padre.
El camino de regreso fue tan tranquilo y tan callado, y de alguna manera se había interpuesto entre ellas una sensación de incomodidad, y al menos Dash no sabía cómo romper esa brecha entre ella y Moonlight, por su parte Moolight sólo manejaba con total serenidad y parecía imperturbable.
Pasado unos minutos por fin regresaron a la ciudad, que las recibió con sus luces ya prendidas, pues el sol ya se estaba ocultando sobre las montañas.
-Hay algo que quiero saber…-. La voz tímida de Rainbow resonó en el silencio dentro del automóvil.
-Primero quiero pasar a comer, realmente tengo hambre-.
Fue todo lo que dijo Moonlight, y era verdad, tenía hambre, desde que se había levantado no había comido nada, lo único que tenía en su sistema era el alcohol que había ingerido en la noche y el humo de tabaco nada más que eso. Siendo un día especial se sentía un poco nerviosa, siempre pasaba lo mismo cuando llegaba ese momento de la semana.
Se estacionaron en el restaurante bar al que siempre iba Moonlight. Estacionó su carro y se adentró al local pequeño y discreto en medio de la ciudad. Las decoraciones navideñas ya habían abandonado el lugar, y ahora el lugar se encontraba listo para cambiar de aires, para unos más primaverales. A Moonlight le gustaba mucho pasar por ahí.
Tomó asiento e invitó a Dash a hacer lo mismo. Rainbow titubeando un poco aceptó la invitación, que con esta ya sería la segunda vez que Moonlight la pasea por la ciudad y le invita a comer, se comenzaba a volver algo vergonzoso e incómodo, pero de todas maneras aceptó pedir algo de la carta.
Moonlight ya había perdido la cuenta de las veces que sus acompañantes se sorprendían cada vez que pedía algo de alcohol, sólo se limitó a sonreír y restarle completa importancia al asunto.
-Lo siento, pedí una mesa de fumadores por inercia, ¿te molesta el humo?-. Moonlight cayó en cuenta de que iba acompañada, y había sido muy desconsiderada con ella.
-¿Eh? Ah, no para nada…-.
-¿Entonces no te importa si fumo un poco?-.
-¿Eh? ¡No! ¡Para nada! Estoy acostumbrada, mi padre también fuma así que….-
-Ya veo-. Moonlight sacó de la bolsa de su chaqueta una cajetilla y tomó un cigarrillo y procedió a prenderlo, era la primera vez que fumaba delante de otras personas que no fueran sus compañeras las sirenas.
-Lo siento, hoy ha sido un día muy agotador a decir verdad-. Prosiguió a disculparse con la joven atleta, por el inconveniente que puede ser para otra persona el humo del tabaco, pero realmente necesitaba calar un poco de ese relajante adictivo.
Dash sólo la miraba con curiosidad, aún no se acostumbraba a quedarse a solas con Moonlight, esta era la segunda vez que pasaba.
-¿Ella lo sabía?-. Se atrevió a preguntar Dash.
-¿Ella?- Moonlight la miró por un momento no entendiendo a qué se refería, después de unos segundos supo y su mirada cambió a una melancólica -Estoy segura de que me regañaría-.
Rainbow se relajó por ese comentario, y sólo pudo alzar los hombros en forma de comprensión, sabiendo que Sunset era de ese tipo de chicas que no dejarían que su ser querido se hiciera daño -Tienes razón, ella es así-.
Ambas rieron un poco e incluso bromearon un poco sobre el tema, pero cada vez que pasaba eso Dash se podía percatar esa sutil tristeza en los ojos de Moonlight.
-Estoy segura de que no quieres hablar si Sunset me regañaría o no por fumar, así que, ¿qué es lo que realmente quieres Rainbow Dash?-.
Dash se congeló por un momento en su asiento, recordando que estaba frente a una posible traidora y una muy posible peligrosa sirena en busca de venganza por las suyas.
-Iré directo al grano, ¿has venido a vengarte por lo que pasó con las Dazzlings?-
-¿Dazzlings?-. Por un momento Moonlight había olvidado que así se llamaba la agrupación musical de ese trío de sirenas -¿Te refieres al grupo de Adagio, Sonata y Aria?- caló un poco más su cigarrillo sabor a menta -¿Te parece que he venido a vengarlas?-.
-No lo sé, por eso te pregunto-. Los ojos magentas de Rainbow mostraban completa confianza y cierta resolución a resolver esto.
-Realmente eres muy leal, ¿no es así?-. Una risilla salió de los labios de Moonlight, la cual Rainbow no sabía como interpretarla, pues era tan ambigua como la chica que se encontraba frente a ella.
¿Amiga? ¿Aliada? ¿Enemiga?
-Eres una buena amiga Rainbow Dash, y por eso te admiro. Respóndeme algo, si tu estuvieras en mi lugar ¿qué harías?-. Los ojos carmines de Moonlight brillaban de manera desafiante, apocando un poco la determinación de Rainbow Dash.
-Entonces, ¿es así como son las cosas, eh?-. Se sentía un poco decepcionada por esa respuesta, sentía que Moonlight podía contar algo más, otra verdad, ella misma sabía que las personas tienen más de un lado, y que muchas veces sus actos no son completamente comprendidos. Esperaba ingenuamente que Moonlight no fuera alguien a quién temer o tener cuidado, por alguna razón desde que hablaron por primera vez se había sentido en sintonía con esa chica, no lo comprendía pero así era como se sentía. Moonlight compartía con ella el sentido de la competitividad, y le había demostrado sus dotes atléticos, pensando que tal vez, en un futuro podrían ser un equipo indestructible, que podrían pasar más tiempo, que por fin había encontrado alguien que entendía de las cosas que a ella más le gustaba, y no sólo eso, su sentido de justicia era algo con lo que más se identificaba con ella. Pero ahora se sentía un poco abatida y decepcionada, incluso se podría decir que se sentía traicionada, perdiendo por completo el apetito, queriendo irse de ahí lo más pronto posible.
Antes de que se pudiera levantar, la mesera llegó y les dejó en la mesa sus órdenes, quitándole la oportunidad de irse de ese lugar.
-No te saltes a las conclusiones, Rainbow Dash. Vamos no pongas esa cara, no estoy aquí para amenazarte a ti y a tus amigas, y mucho menos a Sunset Shimmer-. Moonlight tenía una idea de lo que pudiera estar pensando de ella RD, por eso se apresuró a corregir su pensamiento y tratar de calmarla.
-Lo único que he dicho es que así como tú, yo quiero ayudar a mis amigas, ¿no es lo que hacen los amigos?-.
-¡Pero ellas son sirenas!-. Trataba de no alzar mucho la voz, pues parecería lunática hablando de seres míticos, pero tampoco podía ocultar su indignación.
-¿Y qué hay de malo?-.
-¡Qué son malvadas!-.
-¿Quiénes?-.
Moonlight sólo la estaba molestando, tal como lo había hecho en su tiempo con Applejack, sólo que esta vez lo hacía de manera más cortés y no tan cortante como la última vez. Rainbow ya la había visto hacer eso, y sabía que sólo la estaba picando, pero aún así no podía evitar caer en el anzuelo y perderse entre el juego que tejía Moonlight.
-Escucha, tus "amigas" pusieron bajo un hechizo a toda la escuela, hicieron de evento amistoso una horrible competencia, en la que casi pierdo a mis amigas ¡Y por si fuera poco casi nos matan! ¡A eso yo le llamo ser malvadas!-.
-En ese punto querida Rainbow Dash, coincido contigo con que les faltó delicadeza, y puede ser que hayan sido un poco groseras. Estoy de acuerdo con que les faltó moderarse-.
-¿Les faltó moderarse?- Moonlight podía ver como el ojo de Dash tenía un tic nervioso -¡¿Qué les faltó moderase?! ¡¿ESTÁS BROMEANDO?! ¡Se convirtieron en tres gigantescos monstruos que nos querían aplastar! ¡Y tú dices que les faltó moderase!-.
-Tranquila Rainbow Dash, no me estás entendiendo. Comprendo que les causaron muchos problemas y recibieron sus merecido castigo, pero es que ellas siempre han sido así, no les puedes quitar su naturaleza sólo porque te cause inconvenientes-.
-Puede ser, pero esto no es Equestria ¿sabes? Tal vez allá hagan lo que se les pegue en gana, pero aquí las cosas son diferentes-.
-Sólo te puedo decir que ellas son unas grandes amigas para mi, y cuando las llegas a conocer comprendes cosas que a simple vista no ves. Cuando las tratas puedes ver que hay bondad en ellas, sólo que la muestran de manera diferente a las demás-.
-Hablas como si no fueras una de ellas-.
-Soy una de ellas, pero de diferente manera-.
-Entonces es cierto, tú eres de Equestria-.
-Es correcto-.
Por un momento reinó el silencio nuevamente entre ellas, Moonlight comía con tranquilidad de su plato, mientras que Dash apenas y la picaba, no sabía cómo proseguir, lo que le quería preguntar no había salido a colación, en cambio se habían enfrascado en algo que ni ella entendía, por no entender nada sobre Equestria y sus criaturas mágicas.
-Entonces ¿sólo utilizaste a Sunset?-.
-Jamás haría eso, ¿con qué razón he de hacerlo?-.
-Para burlarte de ella junto con tus "amigas"-. Dash se sentía profundamente ofendida con Moonlight, aún no lo había demostrado, pero tras sacar ese veneno de su pecho ahora las cosas eran claras. Sabía que en esos ojos fríos de Moonlight había visto reflejado el amor hacía Sunset, pero no entendía para nada sus acciones.
-Puedo entender porqué piensas eso. Puedo entender que Sunset me odie tanto como lo hacen tú y tus amigas, pero yo no hice nada de eso-.
-¿Entonces me estás diciendo que Sunset alucinó el verte besando muy románticamente con Adagio?-.
Moonlight calló, no podía decir que no era así porque así era y no lo iba a negar patéticamente, pero había más de una razón que podía justificar ese hecho. Sin embargo, como ella misma había dicho, cuando se trataban de sirenas las cosas no podían explicarse tan fácilmente como uno quería, pues no eran para nada simples de entender.
-Sabes, la luna tiene dos caras, la cara que todos ven y la otra que nadie conoce. Puedes pensar que esta situación es el lado oscuro de la luna-.
-¿Qué quieres decir con eso?-.
-Que hay cosas mucho más oscuras y tenebrosas de lo que crees. Las cosas no siempre son tan simples como uno quisiera, y las circunstancias llevan a uno elegir ese lado oscuro que todos llevamos dentro-.
-No entiendo a dónde quieres llegar con todo esto-.
-Sólo digo que es mejor que no se metan en estas cosas-.
-¿Y con esa patética excusa e historia barata rompiste el corazón de Sunset?-.
-Yo sólo no quería que ella sufriera, eso es todo-.
Rainbow quiso golpear en ese instante a Moonlight pero se contuvo, no quería armar una pelea en un lugar que era muy agradable, después de todo le debía la cena a esa chica desconsiderada.
-Eso debiste de haber pensado cuando la enamoraste, de no haberlo hecho entonces tal vez creería en lo que dices ahora, pero lo único que veo es a una perdedora dejarse vencer y excusándose con patéticos discursos. Si tanto la amabas, ¿por qué no luchaste por ella? ¿Sabes? Lo que más le duele a ella no es el beso, ¡por favor! ¡es sólo un estúpido beso, y ella lo sabe! Lo que más le duele es que no hayas sido capaz de detenerla e intentar por lo menos dar una estúpida mentira convincente. Le duele tanto que no hayas luchado por ella-.
-¡!-.
-Me duele tanto verla sonreír como si todo estuviera bien, y me da tanta rabia que sólo tengas eso que decir a tu favor. Eres una cobarde (susurro)-.
RD dio las gracias por la comida y se fue del lugar dejando a Moonlight sentada con una cara de enorme sorpresa.
Cada vez que escuchaba el nombre de Sunset Shimmer su corazón dolía de manera desgarradora, pensando en tantas cosas, pero nunca pensó en sí lo que ella sentiría al respecto. Nunca quiso pensar en esos sentimientos destrozados por su causa, nunca quiso intentar saber o preguntar si ella realmente estaba bien.
Giró la mirada, pues para ella le resultaba tan doloroso que no se atrevía a mirar. No quería mirar ni darse cuenta de que la situación de Sunset debía ser peor que la suya, al no saber porqué pasó eso, sin entender sus razones. Ella sólo se fue y la hizo a un lado como si nada pasara, al menos esa fue la imagen que le dio a Sunset.
¿Pero qué podía hacer ella? Si se acercaba otra vez, corría el peligro de que Midnight la volviera a secuestrar y no quería pasar por el mismo dolor de no saber si Sunset se encontraba a salvo.
Sabía que la única manera de protegerla era estar lejos de ella, pero Rainbow tenía razón en algo, hubiera sido mejor jamás volver a mencionar sus sentimientos a la rebelde chica. De haber sido así, su reencuentro hubiera sido nada más incómodo, pero no hubiera pasado a más.
Moonlight era una completa estúpida, estaba convencida de ello.
Continuará…
Buenas, les dejo el siguiente capítulo, espero haya sido de su agrado. Quiero agradecer a las personas que se toman el tiempo para leer cada capítulo que subo, y que sigue en general esta historia. Gracias por sus comentarios, han contribuido a a que esta historia se desarrolle. Gracias. Nos vemos en el siguiente capítulo.
