Entre miradas

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¿Tan terrible es vivir un sueño?

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Capítulo final primera parte

—Fue entonces que… todo terminó—dijo Naori con voz apagada.

El público se estremeció. Hinata se acostó junto a Sasuke y lo miró una vez más, puede que esa fuera una obra pero ambos sabían lo que eso representaba.

—Adiós—le dijo Sasuke en voz alta.

Lo que pocos sabían es que en realidad se lo estaba diciendo fuera de escena. Una verdad que sin duda calaba.

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8:30 p.m.

Las mesas estaban puestas y de fondo se escuchaba música ruidosa que a Sasuke no le interesaba en lo más mínimo. Pero los demás gustaban de moverse al ritmo de esa música carente de sentido y de letra. Él se sentía hastiado por todo y por ello decidió irse al lugar más alejado del salón Katon. Importándole poco si Naruto quería hablar con él después de que había terminado la obra. Lo consideraba su mejor amigo, el único capaz de entenderlo en momentos de pesadez y su humor cambiante, pero había una sola cosa que no podía pasar por algo y era el hecho de que le hubiera dicho a Karin sobre su ida a Estados Unidos, gracias a eso ahora todo el Instituto lo miraba lastimeramente esperando a que se armara a llorar y les dijera a todos que los extrañaba. Patéticos, pensó. Por ello no quería mirar ni observar a nadie, claro… nadie que no fuera ella. Llevaba mucho tiempo esperándola, de hecho su hermano Itachi al final de la obra le confesó que fue excelente y que hasta sentía y tenía la impresión de que fue mejor que una simple actuación. Con una sonrisa se fue y Sasuke se sintió peor que un libro abierto, ¿desde cuándo las cosas habían sucedido de esa forma? No lo comprendía y estaba lejos de su entendimiento.

—¡Sasuke! —Naruto meneó su mano y se acercó hasta él. Simplemente dejó salir un suspiro.

—¿Qué quieres?

Así a secas.

—Oye, lo siento, ¡en serio! No fue mi intensión que Karin armara todo esto, en verdad, ¿me perdonarías? Yo, no pensé que…

—Ya, déjalo así.

—¿Sabes? Creo que fue lo mejor.

Sasuke alzó su ceja, no entendiendo para nada.

Naruto cruzó su pierna en forma recta y siguió sentado, le pidió a uno de los hombres un poco de Margarita. Ya que "según" no se podía ingresar alcohol. ¿Qué más daba? Dio un sorbo y siguió observando a Sasuke.

—Estar en la obra. No era lo mío después de todo, de algo sirvió que Karin metiera sus narices en donde no la llamaban. Me da gusto que tú y Hinata-chan se hayan formalizado. ¡De verdad! Hacen linda pareja y… no sé, creo que tú la haces feliz y en cambio ella te hace mejor persona.

Sasuke volteó a ver su copa vacía. La música seguía sonando, irritándolo cada vez más. Él no era un chico que gustara de estar esperando y mucho menos escuchar esas canciones, tampoco era de aquellos que tuvieran su cabeza en un mundo diferente. Tampoco solía escuchar a las personas, ni mucho menos perderse en pensamientos como ella lo provocaba. No solía recordar el aroma del cabello de las mujeres, ni cómo sus labios se movían en sutiles movimientos, y como sus ojos reposaban en él. La imagen de una chica sonrojada y aferrada a su pecho apareció. Por un momento creyó verla y sentir su cálido cuerpo, esa sensación que le erizaba los vellos de la piel.

Era ella, esa chica que lo tenía en otra dimensión, en otro mundo. Porque fue capaz —sin dar un solo golpe— de romper su barrera llamada coraza, esa coraza que siempre lo acompañaba como una segunda piel.

Era ella, Hinata quién le estaba demostrando que entre miradas surgía el amor. Entre esas mismas miradas podía comunicarse sin necesidad de emitir palabras y oraciones complejas, porque se sentía frustrado de no poderle decir lo que una chica como ella merecía, porque se sentía mal de no ser ese chico romántico que pintaban en las películas. Por seguir siendo un tipo desinteresado en los demás, un grosero, un maniático del control y un celoso por naturaleza. No entendía por qué Hinata confiaba en él, y es que —pensó— el amor nos hace hacer cosas estúpidas, cometer acciones que con tu otro yo cuerdo no las realizarías pero que sin duda valían la pena.

Siguió mirando la copa vacía preguntándose porque tardaba tanto. No escuchaba a Naruto, y esperó en el fondo de su ser que su tonto amigo comprendiera que él estaba con la cabeza al revés y el corazón dando un vuelco que nunca creyó tener.

—Oye Sasuke, ¿me estás escuchando?

—Hmp.

—¡Esa no es una respuesta!

—Joder, ¿ahora qué?

—Sólo quería decirte que si no mueves tu trasero y vas a la entrada seguro que un perro te robara a la hermosa Hinata. Es sólo un consejo.

Sasuke no terminó de escuchar y dejó la copa sobre la mesa. Tampoco oyó los suspiros de Naruto ni sus cuchicheos por lo bajo.

Caminó hacia la pista, dando de empujones a las molestas chicas —y chicos— de su generación. No le importaba encontrarse con otra persona que no fuera Hinata. Que el mundo se pudriera, el mundo podría venirse abajo en ese mismo instante pero antes tendría que ver a esa chica.

Por última vez.

La visualizó y se sintió pequeño. Todo a su alrededor se encogió y pensó que en verdad todo el mundo se había caído.

Su rostro estaba iluminado por el candelabro haciéndola lucir más herosa todavía. La gente seguía pasando, algunos reparaban en ella, otros la miraban y algunos más se alejaban por miedo a ser golpeados por Sasuke Uchiha, quién seguía dando pasos lentos pero firmes hacía ella.

Por su parte, Hinata bajó la mirada mas la alzó sólo para encontrarse con esos pozos negros que tanto transmitían.

«Entre miradas surgía el amor, ese sentimiento que hacía latir sus corazones.

Él con su eterno silencio y sus monosílabos. Ella con su sonrojo y sus latidos frenéticos.

En un mundo donde él era el orgulloso y ella la desconfiada, dos personas cayeron enamoradas la una de la otra.

Y su canción empezó a sonar. Él sostuvo su mano y la miró cómo si no existiera algo más en el mundo, para ellos el mundo dejó de existir y no se dieron cuenta de cuántas miradas ajenas se posaban sobre ellos. El tiempo transcurrió más lento que nunca. Desearon nunca separarse y mantener el mismo compás de los latidos por un tiempo indefinido, ese llamado vida, esa ilusión juvenil que te surge al amar y que deseas que dure para siempre. Lo sabes, lo deseas. Quieres que sea eterno y que no se agote, que su fuente sea para siempre…

Y por siempre.

Así como su amor. Nadie dijo nada y no eran necesarias las palabras porque ya lo tenían todo. Quedaría hundido en el fondo de sus corazones, marcado con la esperanza de un volveré y el anhelo de nunca me separaré.

Su canción empieza a sonar, y el vestido azul marino de ella se alza un poco. La sostiene entre sus brazos tocando su cintura y permitiéndose apreciar un poco más de su piel, esa escondida piel que es su segundo abrigo. Oh, él desearía cubrirla en las épocas de frío y refrescarla en los tiempos de calor, cuándo el sol sale para todos y parece nunca ocultarse.

Sus pies se sienten torpes en presencia de su dama, de esa señorita que con el cabello suelto y lacio hasta la espalda le mira cómo si fuera el chico más guapo del universo. Porque sabe que debe confiar, el motivo se reduce a que está enamorada.

Y sabe, en el fondo de su órgano vital que él está sintiendo lo mismo por la manera tan expresiva de cómo la mira. Es entre miradas como la gente se expresa su amor, ese profundo sentimiento que esperas nunca agotar y quieres mantener como una flama viva, perdurando por siempre…»

Tienes a mi cabeza dando vueltas.

No es broma, no puedo mantenerla quieta.

Mi cabeza está sumergida en el agua pero respiro perfectamente…

Tú estás loca y yo estoy fuera de tu mente,

Porque todo de mí ama todo de ti

Amo todas tus perfectas imperfecciones.

Dame todo de ti, yo te daré todo de mí.

Tú eres mi final y mi principio.

Incluso cuando pierdo, estoy ganando.

Porque yo te doy todo de mí.

Y tú me das todo de ti.

Tú eres mi perdición, tú eres mi musa.

Dame todo de ti y yo te daré todo de mí.

Las cartas están sobre la mesa, estamos mostrando nuestros corazones.

Aunque sea duro lo estamos arriesgando todo.

—Hinata—él absorbió todo de ella. Su aroma y esa timidez, la quería… y la quería para siempre—, gracias

Ella sonrió. Las lágrimas corrían por su rostro y por un momento él creyó haberla lastimado. Sin embargo, las manos de ella lo sostuvieron y le susurraron algo lo dejó temblando, indefenso como un niño pequeño.

—Te quiero, Sasuke.

Para él esa fue la prueba del amor verdadero. No necesitaba de un encuentro carnal ni mucho menos de un exagerado drama. Esas palabras le dieron una señal de alerta a su corazón. Se acercó más, y miró sus labios.

Después de eso, el mundo dejó de existir por segunda vez.

Sus labios eran el lugar a donde el pertenecía. El lugar donde él quería estar por siempre y para siempre. Como el movimiento de un colibrí, ella se fue moviendo. Se separaron y fueron cómplices de la muestra más singular de sus vidas. Una que los perseguiría por mucho tiempo…

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Los pasillos blancos le daban una sensación de ansiedad. Tuvo que mirar su reloj en repetidas ocasiones —unas cinco en menos de diez minutos—, se sentó en una de las sillas ubicadas de la sala de espera. Estaba desvelado, sus ojeras eran notorias, pero entre más rápido se dieran las cosas mejor.

Mejor para su familia.

Mejor para su mejor amigo.

Mejor para ella.

Mejor para él.

A veces las cosas simplemente no son como esperas, quisieras detener el tiempo y ponerle reproducir una y otra vez. Mas las cosas no se rigen por ese principio, de lo contrario todo sería sencillo.

Y aunque a él no le gustara lo sencillo le era un tanto fastidioso. Sacó su celular y vio la hora.

9:35 a.m.

Su vuelo salía a las diez, así que todavía contaba con tiempo de sobra, muy entre comillas. Estaba esperando un mensaje, una señal —quizá— de que se tenía quedar. Sin embargo no llegaba.

Suspiró, lo más sencillo sería cerrar los ojos y fingir estar dormido pero ni eso podía hacer. No era capaz de conciliar el sueño, ni siquiera dormitar.

Y es que ella y el baile seguían presentes en sus memorias.

Ese beso.

No, no le dijo sobre el día que saldría su vuelo ni mucho menos le dijo la hora. Sería difícil decir adiós.

Simplemente su tiempo con ella duró poco más de tres horas, sólo eso. Le hubiera gustado estar más tiempo con ella y bailar más. Si tuviera la capacidad de regresar a la secundaria —cuando la vio por primera vez— no cometería el error de ignorarla. La conquistaría —muy a su manera— y la querría —también de una manera bizarra y poco entendible a ojos de los demás—, y era cierto que aunque vivir en otro país no era impedimento para seguir una relación mas no era lo mismo. Y lo admitía, debía ser coherente con su forma de ser.

Nunca dejaría de ser un rompecorazones mujeriego y frío. Aunque pudiera ser que ella ya lo hubiese traspasado, que fuera la única a la que realmente respetaría pero si no estaba cerca era imposible.

Y no, su amor no era hipocresía, sino que necesitaba de la seducción femenina, era una mala droga que desde siempre tuvo. Desde sus instintos primitivos y eso no podía cambiarse, no sin ella.

Porque el amor era una pequeña cosa que había crecido dentro de él, con cuidados logró mantenerlo. En serio que sí, le constaba.

Aquellas ovaciones en medio del escenario, los aplausos de parte de todo el público y el sonrojo tan notorio de ella —después de haber pasado por un momento muy crítico—, y ese beso.

Un beso que lo llevó a lugares inimaginables, porque ni siquiera sabía que se podía experimentar aquello. Besó tantos labios, tocó tantos cuerpos y sintió tantas caricias pero ninguna se acercaba —ni un poco— a lo que ella le provocaba. No era la manera de vestirse, ni la forma de hablar —porque hasta eso era demasiado tímido— era esa forma de mirarle, de demostrarse lo que sentían. Él fue ciego y no se había percatado de esos sentimientos, fue hasta que la bomba había estallado que puso manos a la obra, ¿y de qué le sirvió? Algunos le llamaban la primera ilusión. Aquella que te hace creer que todo es posible si das un poco más de tu parte, si te aferras a esa pequeña cosa llamada amor. Ahora todo lo que le quedaban eran recuerdos, porque después de eso él seguiría con su vida y ella con la suya. No había punto de retorno, sus padres no accederían y honestamente no tenía fuerzas para convencerlos de quedarse en Japón, su futuro ya estaba decidido desde hacía mucho tiempo y era algo que no podía cambiar.

Vamos, si nos ponemos a reflexionar más a fondo, una acción conlleva a la otra, y si el rompía ese esquema se estaría enfrentando a lo desconocido. Porque detrás de esa coraza de frialdad y orgullo se encontraba un chico que le temía a los cambios.

Miró de nuevo a su reloj. ¿Tan difícil era contabilizar el tiempo y hacerse a la idea de que nada cambiaría? Ese te quiero, ese beso. Le era tan difícil dejarlo todo.

Miraba constantemente a la entrada de la sala de espera, deseando y rezando —por primera vez— que ella se apareciera, pero una parte de él decía que no lo haría. Que Hinata no estaría ahí para verlo partir y que sus padres ya le habían dicho bastantes cosas en casa y en el aeropuerto. Se encontraba solo. Rumbo a un destino bastante maquinado. Deseó tener toda la fuerza de voluntad y correr, porque le era una injusticia dejar a Hinata en Japón mientras él se marchaba a Estados Unidos. Porque era demasiado drama para una persona que prefería tener sus momentos reservados.

Demasiado para su corazón de metal.

Una mujer de la aerolínea voceó a través de las bocinas que los del vuelo 532 de AirLine se dirigieran a la zona de entrada.

Un nudo se hizo en su garganta, abordaría ese avión y después de eso no habría nada. Dejaría sus ilusiones en esa escuela y en ese auditorio. Sin saber por qué, sus ojos se sentían pesados y un poco húmedos. Qué estúpido era al hacer eso, pero más estúpido no haberle dicho que se iría hoy por miedo a no querer dejarla ir y no ser capaz de hacerlo. Se giró y despegó su vista de la entrada.

Nada de lo que hiciera cambiaría las cosas.

Arrastró los pies y ya no quiso mirar la hora. Ya no quería saber cuánto tiempo le quedaban a sus ilusiones de aire y a su corazón de metal. Una muchacha de cabello castaño le guiñó el ojo y recogió su pase de aborde. El aeropuerto estaba vació y detrás de él habían algunas personas con sus celulares en las manos y una expresión indescifrable. Se cuestionó si acaso ellos pasaron por una situación similar al dejar su país de origen, si acaso su corazón se encogió de sólo pensar que su chica pudiera ser de otro, y él ser egoísta. Se preguntó si acaso esa gente habría sufrido y que secretos esconderían detrás de esa faceta de anónimos desconocidos para él.

¿Habrían querido a una persona cuyo amor sería corto debido a que se tenían que marchar por el deseo de sus padres?

¿Habrían deseado abandonarlo todo por estar con esa persona?

¿Habrían siquiera pensando en el hubiera?

—Joven—la muchacha encaró una ceja—, sus papeles.

Él tembló. Su mano se movió con miedo.

La muchacha los recibió y le dio la indicación de pasar del otro lado. Mas no se movió, fue un giro, apenas un destello de luz y de su boca se formó una sonrisa real.

Ella estaba ahí.

La gente comenzó a murmurar impaciente.

Él ignoró todo y corrió por ella. La sostuvo en sus brazos.

Su Hinata estaba ahí junto a él, llorando. De cualquier manera se veía hermosa llorando.

—Sasuke…

—Tengo que partir Hinata.

—Lo sé.

—Gracias…

—¿Por qué?

—Por quererme.

Los dos se miraron. Sasuke sintió su pecho arder, pero eso lo dejaría para después…

El grito de la mujer de cabello castaño llegó hasta sus oídos. ¿Por qué en ese momento? Los dos rieron cómplices…

—Adiós Hinata.

—Adiós Sasuke.

—Te quiero.

En su corazón reprimió muchas palabras, muchas cosas, muchas ideas. Oh, ojalá ella lo perdonara por sólo decirle te quiero.

Ojalá que el tiempo les diera un segundo encuentro.


N/A Lloré poquito sólo un poquito.

El final ya estaba desde que escribí este fic a inicios de noviembre del año pasado. Era algo inevitable. Oh, que triste y que lindo. ¿La canción? All of me / John Legend. Es la canción de su baile. Lo que está entre comillas «» y en cursiva es de mi autoría. Ja, ja. No sé como rayos me surgió esa inspiración tan romántica. Meeeh (y pensar que escribí un fic en donde... bueno, un fic oscuro, "La sombra de la realidad" pasense y vean por que lo digo). En fin, ¡GRACIAS! gracias por todas las alertas, los reviews, los comentarios en facebook, los likes, los comentarios, los digustos, la espera de mi ausencia, por todo... simplemente gracias.

Nos vamos a leer, oh sí. ESTA HISTORIA TENDRÁ SEGUNDA PARTE. Saldrá en noviembre o tal vez, no lo sé hasta después. Pero la habrá, eso tenganlo por seguro. ¿Próximos proyectos? Tengo muchísimos. Para los amantes del SasuxHina les tengo: Breaking the habit. Ese pronto lo sacaré a la luz.

Bien, me despido. Y sepan que estaré aquí...

Tamahara-chan es mi página en facebook por si quieren leer novedades.

¡Hasta pronto, saludos!