La declaración obligada :P Los personajes pertenecen a Sthepanie Meyer y la increíble historia es de Drotuno, yo solo soy la traductora.

De nuevo me acompaña mi Beta y amiga Erica Castelo, y por ello gracias a ella también.


CAPÍTULO 25

BELLA

"La señora Cope dice que Bethy no se ha perdido de mucho, que está al corriente en clase," dijo Edward, dándome la espalda mientras le daba vuelta a mis huevos.

Asentí en silencio detrás de él, adormilada, metiendo mi cuchara de nuevo en el tarro de la mantequilla de maní y llevándola directamente a mi boca. Apenas si estaba escuchando lo que decía, porque estaba cocinando… con solo unos pantalones cortos de baloncesto y una gorra de béisbol hacia atrás—justo como lo hizo la primera vez que cocinó para mí. Su trasero era tan malditamente perfecto que apostaría a que veinticinco centavos rebotarían en él, y entonces intenté recordar si tenía algunos en mi bolso, porque de pronto quería intentar esa mierda, en serio—sin los pantalones cortos. Sonreí con la cuchara todavía en mi boca, pero mis ojos viajaron hacia arriba por su fuerte espalda hacia sus anchos hombros, por último, posándose en el nuevo y oscuro tatuaje en su brazo que ya casi sanaba.

Había ido un día después de la recaudación de fondos de Halloween, teniendo en cuenta que ya estábamos en Seattle, y Barry se lo hizo. No quiso postergarlo por más tiempo—algo sobre "nuevos comienzos" y "putos asuntos resueltos". No me importaba por qué; la maldita cosa se veía jodidamente caliente en él. Simplemente sexy y misterioso, osado y rudo, todo negro y finas volutas—como un puño alrededor de su bíceps. Para él era un poco de su historia, un recuerdo de su madre, y una excitación descomunal para mí, que solo aumentaba cada vez que flexionaba ese maldito brazo. Quería trazar con mi lengua cada curva, cada centímetro del león, y cada espiral, y me sorprendí lamiéndome los labios mientras lo miraba.

"¿Estás escuchando?" Me preguntó, quitándome el tarro de mantequilla de maní.

"¿A qué?"

"Um, a ," se echó a reír. "Y si esperas, amor, te estoy preparando el desayuno."

"Tenía hambre," bufé, balanceando mis piernas a cada lado de él mientras estaba sentada en la encimera. "Me dejaste dormir mientras tú y Bethy desayunaban."

Él había despertado muy temprano, fue a correr, se duchó, despertó a nuestra hija para que se preparara para ir con la señora Cope, le preparó el desayuno y su almuerzo, la fue a dejar, se detuvo en la ferretería, y ya estaba preparando mi desayuno. Algunas mañanas el hombre no se detenía, y yo dormía mientras hacía todo eso. Demonios, traía solo su camiseta y no había hecho una maldita cosa.

"Necesitabas dormir," me dijo, arrebatándome el tarro y poniéndole la tapa antes de que pudiera meter otra vez mi cuchara. "Para tu información, todos comemos de esto."

"Para tu información, hacen más," repliqué, sonriéndole. "Un millón de marcas en un estante. Es un concepto increíble, pero muy americano y exageradamente complaciente."

Se echó a reír, rodando los ojos, y guardó el tarro otra vez en el gabinete. "Aun así, tal vez no quiero tus babas en ella cuando me prepare mi sándwich de medianoche de mantequilla de maní con mermelada."

"Nunca antes te quejaste de mis babas, Edward," me reí entre dientes. "¿Por qué empezar ahora?"

Soltó una carcajada, sus mejillas tiñéndose con una pizca de rosa al mismo tiempo que servía mis huevos, tostadas y salchichas. "Come… verdadera comida, dulzura," me ordenó con una sexy ceja levantada, llevándose la cuchara que lamí hasta dejarla limpia y entregándome el plato y un tenedor. "Y te diré donde quiero de verdad que esté tu baba, además de en mi maldito tarro de mantequilla de maní."

Solté unas risitas, tomando un gran bocado de huevos mientras se sentaba en el banco a mi lado. Me dio una mirada divertida antes de abrir el periódico. Dios, simplemente amaba a ese maldito hombre. Soportaba a dos mujeres veinticuatro horas al día, siete días de la semana. Toleraba mis cambios de humor de embarazada, mis irracionales antojos que iban mucho más allá que un simple tarro de mantequilla de maní que ni siquiera era gracioso, y mi más reciente decisión de darle a Gravity unas semanas de descanso—al menos hasta después de las fiestas—solo porque sentí que todos los involucrados con nosotros necesitaban un maldito descanso para variar. No tuvo problema en ofrecerse para cocinar—no solo para Acción de Gracias, que estaba justo a la vuelta de la esquina, sino también para Navidad. Nunca se pierde una cita con el médico conmigo, ni se le pasa nada que tenga que ver con la escuela de Bethy.

Me acerqué, dejando un beso en su frente, justo debajo de su gorra. "Te amo," le dije simplemente, dándole una mordida a mi tostada.

Una dulce y cálida sonrisa curveó las comisuras de su boca, y al fin, sus ojos se dispararon hacia los míos. "También te amo. ¿Cómo dormiste?" Me preguntó, dejando a un lado el periódico y tirando de mí deslizándome por la encimera con un chillido hasta que quedé frente a él.

"Mejor. La acidez es una perra," le dije, tomando otro bocado de huevos.

"Tal vez tacos a la una de la mañana… es una mala idea, dulzura," dijo riéndose, sacudiendo su cabeza y frotando la parte externa de mis piernas desnudas al mismo tiempo.

"Sí," hice una mueca. "No me dejes hacer eso de nuevo. No importa cuánto te suplique."

Se echó a reír, cogiendo mi pierna y dejando un beso en mi rodilla. "Es mejor que las costillas a la barbacoa a las dos de la mañana," dijo con una sonrisa. "Al menos esta vez, son fáciles de preparar en un refrigerio de emergencia."

"Lo sé. Con Bethy, sí que eran extraños," dije con una risita, dejando mi plato perfectamente limpio sobre la encimera junto a nosotros, dejando mis manos libres para tomar su hermoso rostro con ellas. "¿Crees que lo sabremos hoy?" Le pregunté, sin dudar que él entendería a lo que me refería.

Edward sonrió, tirando de mí hacia la orilla de la encimera de manera que mis piernas estaban a cada lado de su pecho. Se inclinó, dejando un largo y dulce beso en mi creciente vientre. "Él es terriblemente tímido, dulzura. ¿No es así, hombrecito?" Canturreó, plantando otro beso, antes de reemplazarlo con su mano.

Solté una risita, porque el él no se había detenido, solo me había unido yo. "Entonces, él es como su padre cuando lo conocí," bromeé, pasando suavemente mis dedos sobre su barbilla sin rasurar, bajando por su cuello hacia sus hombros.

"Oh," gimió, su ceño frunciéndose. "Era tímido. Terriblemente tímido."

"Eras jodidamente lindo, eso es lo que eras," dije riendo, quitándole la gorra y poniéndola en la encimera. "Toda esa lindura… y demasiado tímido para usarlo."

Asintió, sonriendo como ese dulce chico que conocí una vez. "Eso es muy cierto," concordó en voz baja, inclinándose para besar mi pancita nuevamente. "Tendremos que trabajar en eso contigo, pequeño. Tu hermana te comerá vivo si eres demasiado tímido."

"No," me reí bajito, sacudiendo mi cabeza. "Probablemente lo vigilará como un halcón, y hará pedazos a cualquiera que se atreva a meterse con él, y nos llamarán a la escuela todos los días."

Edward se echó a reír, su frente pegándose a mi pecho y sus brazos rodeándome por completo. "Seguramente es lo más cercano a la verdad…"

"Probablemente sí," dije riendo, pasando mis dedos por su cabello de nuevo.

Planté un beso en el tope de su cabeza, dejando mi mejilla allí, solo para bajar la vista a su nuevo tatuaje. Sabía que algunas partes seguían sensibles y le daban comezón, pero en su mayor parte, había sanado. Tracé con mi dedo a lo largo de una de las finas y fluidas volutas, y Edward se echó hacia atrás para mirar.

"Ya casi ha sanado," dije en voz baja, y asintió, mirando de mí a su brazo. "¿Te gustó?"

"Es un poco tarde si no," dijo riéndose. "Pero sí, es mejor que lo que le llevé a Barry." Pausó por un momento, viendo mi dedo trazar los bordes. "Cuando decidí hacérmelo, sabía lo que estaba por empezar a hacer con mi padre. Sabía que era… peligroso, pero también sabía que hombres se habían perdido a sí mismos en ello. Se convirtieron en asesinos, sicarios, no quería eso, pero…"

"¿Pensaste que esto te recordaría de dónde venías—que te recordaría a tu mamá?"

Bufó, sacudiendo su cabeza y viéndose un poco atribulado, pero me miró. "Estuve malditamente cerca de convertirme en uno de esos hombres cuando fui a buscarte, Bella. Tan malditamente cerca…"

Le sonreí con tristeza, quitando el cabello de su frente y dejando un beso allí.

"C-Cuando l-le d-disparé a-a L-Lilith," me dijo, haciendo una pausa cuando su tartamudeo fue demasiado, pero no ayudó, "L-Lo hice c-con u-una s-sonrisa e-en m-mi p-puta c-cara…"

"Hey," lo tranquilicé, tomando su rostro entre mis manos y forzándolo a que me mirara. "Eso no te hace un monstruo, Edward. Te hace mi héroe. Me salvaste… y a él." Tomé su mano de mi cadera, colocándola sobre mi estómago. "Así que no te atrevas a decirme que te sientes muy mal o que estabas equivocado. Estabas muy lejos de estar equivocado, cariño."

Conocía a mi Edward, pero también conocía de experiencia el orgullo que se sentía de atrapar al fin a un tipo malo. Su sonrisa cuando le disparó a Lilith era por eso, no de una forma amenazadora—era simple orgullo de detener a alguien que nos había lastimado—pero Edward lidiaba con las cosas de forma diferente que otras personas.

"Entonces," dije con un suspiro, levantando un poco su brazo, "¿esto es para mí también? ¿Para recordarte que la familia es primero… siempre?"

Asintió, viéndose casi como un niño cuando lo hizo. "Siempre."

"¿Sin importar que se coman la mantequilla de maní del tarro? ¿Incluso si están de mal humor y embarazadas y no puedan contenerse a las diez en punto de la mañana?"

Sonrió, poniéndose de pie frente a mí, pero sin dejar la jaula de mis piernas. "Sin importar qué."

Me reí bajito, presionando mis labios en el centro del león con reverencia y amor. "Entonces, su significado eclipsa su belleza, Edward, porque tú siempre nos pones en primer lugar. Con o sin tatuaje".

Manos cálidas y callosas se deslizaron suavemente a cada lado de mi rostro, sus pulgares frotando suavemente mis pómulos. La frente de Edward golpeó con la mía, y sus ojos se cerraron. Mis propias manos no podían mantenerse lejos de su piel—suave y tersa a lo largo de sus costillas, dura y moldeada sobre su pecho y estómago, y caliente y musculosa al subir y bajar por su espalda. Pero no era suficiente para mí, de modo que lentamente levanté mi cabeza, presionando mis labios en los suyos al mismo tiempo que mis dedos se metían sigilosamente por debajo de la cintura de sus pantalones cortos y su ropa interior en su espalda baja.

Edward entrelazó sus dedos en mi cabello, y de pronto, nos perdimos. Simplemente nos dejamos llevar. Lo conocía lo bastante bien para saber que esto era un gracias, un alivio de poner en una perspectiva diferente algo que lo había estado molestando. Labios cálidos y húmedos encontraron los míos. Sabía a café, y estaba segura que yo sabía a desayuno, pero a ninguno de los dos nos importó.

Mis piernas se cerraron alrededor de sus muslos, al saber que su lesión ya no era un problema, y lo acerqué a mí. Al mismo tiempo, giró mi cabeza, su lengua reclamándome, probándome, y volviéndose insaciable.

Finalmente mis caderas giraron, encontrándolo duro y tenso contra mí, provocando que los dos gimiéramos lascivamente. Edward se apartó de mi boca, arrastrando largos y lentos besos hacia mi oreja.

"Dulzura… la cita con el médico," me recordó, sin disminuir sus movimientos, sin que sus manos evitaran deslizarse debajo de mi camiseta, encontrándome solo en bragas.

"No te detengas," dije en un jadeo contra su garganta al mismo tiempo que empujaba y tiraba de sus pantalones cortos. "Tenemos tiempo. Nos daremos maldito tiempo."

Se rio tan jodidamente sensual, abriendo su boca en el punto débil justo debajo de mi oreja mientras sus manos subían por mi piel, tomando al fin mis senos. Dios, estaba tan malditamente sensible cuando sus pulgares rozaron mis pezones que grité.

"Primero, saqueas la mantequilla de maní, y ahora, ¿quieres que te folle en nuestra encimera?" Me preguntó, y sentí su sonrisa traviesa contra la piel de mi cuello.

"Dios, sí," gruñí, tirando de su cabeza hacia atrás. "No es la primera vez, Edward," le dije, agarrando el frente de sus pantalones cortos.

"Uh, no," dijo entre su aliento, viendo mis manos cuando bajaba sus pantalones cortos tanto como podía, usando mi pie para empujarlos más abajo. "Definitivamente no es la primera vez, y maldición, será mejor que no sea la última," gimió, recogiendo mi camiseta y tirando de ella para quitármela. "Recuéstate bien, bebé," me dijo, agarrando mis bragas.

Siseé cuando mi espalda tocó el frío mármol de la encimera, pero levanté mis caderas para pudiera remover rápidamente mi ropa interior. Edward se volvió a poner entre mis piernas, sus manos apenas tocando todo mi cuerpo—mis senos, mis costados, mis muslos, y por último mi vientre, donde era innegable que estaba embarazada. Algunos días, me sentía gorda y miserable, pero cuando Edward me veía como lo estaba haciendo en ese momento, nunca me había sentido más hermosa, porque lo decía todo el tiempo.

"Joder, tan hermosa," susurró, sacudiendo su cabeza, sus dos manos tomando a nuestro bebé. Se inclinó sobre la encimera, apoyando sus fuertes brazos a cada lado de mí, para plantar un largo y lento beso en mi vientre, arremolinando su lengua sobre mi piel, justo debajo de mi ombligo.

Gemí al verlo, al sentir el suave roce de su pelo en mi piel cuando besó cicatrices hace mucho tiempo olvidadas. Se cernía sobre la parte baja de mi cuerpo, sus bíceps—y ese sexy tatuaje de mierda—flexionándose y moviéndose debajo de su piel. Su pecho se tensó por lo mucho que se estaba conteniendo, y su polla estaba orgullosamente en posición de firmes atrapada entre nosotros. Estaba tan cerca, pero tan jodidamente lejos.

"Ahora, Edward. ¡La quiero adentro, ahora!" Le susurré, aferrándome a sus muñecas, porque era lo que podía alcanzar.

Edward se irguió, frotando la parte externa de mis piernas, solo para deslizarse lentamente al interior. "Ábrete para mí, dulzura," me ordenó en ese tono bajo y carnal al mismo tiempo que colocaba mis talones al borde de la encimera. "Mmm," canturreó, sonriendo al deslizar su lengua por su labio inferior, mientras deslizaba su polla de forma provocadora entre mis pliegues. "Oh, siempre tan mojada para mí, amor. ¿Por mí, o por las hormonas?"

Dejé escapar una risa entrecortada, pero incrédula, porque era él, las hormonas, las estrellas alineadas, y la posición del sol por lo que a mí respecta. Era cada maldita cosa. El hombre solo tenía que sonreír en mi dirección, y joder, lo deseaba.

Me sonrió, dejando un beso en el interior de mi muslo. "No respondas eso," se rio sensualmente. "No me importa. Siempre y cuando nunca dejes de desearme…"

"Edward," le susurré, clavando mis ojos en los suyos a medida que se posicionaba en mi entrada. Estiré mis brazos hacia él, y me dio sus manos, entrelazando nuestros dedos al mismo tiempo que se deslizaba por completo dentro de mí. "Oh, Dios…"

Mi espalda se arqueó, y apreté sus manos cuando esa sensación de culminación perfecta se apoderó de todo mi ser. Mis ojos rodaron dentro de mi cabeza al dejarnos llevar en nuestra maldita cocina.

~oOo~

EDWARD

"¿Te duele?" Preguntó Bethy en voz baja, y no puede contenerme de echar un vistazo a la sala para ver lo que estaban haciendo mis chicas.

Sonreí al ver que Bethy le daba a la creciente pancita de su madre una investigación completa mientras estaban acostadas en el sofá. Las dos estaban vestidas para dormir, mis dos morenas traían su cabello suelto en largas y suaves ondas, y las dos se veían malditamente adorables mientras las manitas de Bethy se movían sobre el vientre de casi cuatro meses de Bella, su pequeño ceño fruncido cuando subía un poco su camiseta. La película que veían había terminado, los créditos subían por la pantalla en silencio, pero al parecer mi hija había sentido curiosidad.

"No, niña hermosa," dijo Bella riéndose, levantando su mano para enroscar un mechón de cabello de Bethy en sus dedos. "No es un dolor de panza," le dijo, haciéndole cosquillas en su cuello, lo que provocó que Bethy chillara y se doblara sobre sí misma.

"Quiero saber si es un niño o una niña," dijo Bethy, prácticamente haciendo un puchero al cruzar los brazos sobre su pecho.

Nuestra hija no podía decidir qué es lo que quería—un hermano o una hermana. Era una discusión difícil para ella, en serio. Con una niña, podrían compartir juguetes, muñecas, y ropa—un futuro compañero de juegos innato. Sin embargo, estaba acostumbrada a Caleb, de manera que un niño era el concepto más fácil de imaginar para ella. De hecho, echaba de menos tenerlo cerca todo el tiempo ahora que todos habían regresado a sus vidas y rutinas normales.

"Pronto, cariño," se rio Bella, mirándome a los ojos al estar yo en el pasillo, porque lo sabíamos, pero el anuncio no se haría hasta el siguiente día, cuando todos estuvieran en nuestra casa para el día de Gracias.

"¿Mejor, podemos conseguir un perrito?" Bufó Bethy, viéndose bastante hostil sobre todo el asunto.

Me eché a reír junto con Bella, que dijo, "No, no podemos. Por favor, señorita Elizabeth, una importante adición a la familia a la vez. Cuando estés más grande y este de aquí llegue, entonces lo pensaremos, ¿está bien?"

Bethy no había abandonado la idea de recibir uno de los perritos de tía Kate, pero creíamos que el adaptarse al bebé sería una mierda suficientemente grande con la que lidiar sin añadir a todo el entrenamiento de un Husky. Después de una larga discusión, una enojada niña de tres años, y una llamada a tía Kate, que nos dijo que muy probablemente cruzaría a Maia de nuevo en primavera, habíamos decidido esperar. Esme dijo que una vez que llegara el bebé, podría ser que Bethy se sintiera excluida, por lo que un perrito podría darle algo en lo que centrarse por un tiempo mientras nuestra atención estaba en el nuevo pequeño. Bella y yo estábamos completamente indecisos.

"Tal vez para tu cumpleaños, pequeña dulzura," le dije evasivo, poniéndome de cuclillas junto a ellas frente al sofá. "Tienes que esperar, bebé."

"¿Cuántos años vas a cumplir?" Preguntó Bella, cambiando de tema sutilmente para distraerla.

"Cuatro," le dijo, levantando todos sus cinco dedos.

Sonreí, tirando de su pequeño pulgar para bajarlo. "Cuatro."

"Oh sí," dijo con una risita, sonando un poco como su tía Alice, lo que hizo que Bella y yo nos riéramos con ella. Sus enormes ojos verdes se clavaron en mi rostro, y levantó su mano y frotó mi mandíbula. "Te pintaste, papi."

"Seguro que sí," dije con un suspiro, rodando mis ojos y negando. "Si no es pintura, es mancha. Si no es mancha, es pegamento para madera." Me incliné y planté un beso en el vientre de Bella, que seguía descubierto por la examinación de Bethy. "Eres exigente, pequeño. Y todavía no estás aquí."

Las dos chicas se rieron, y Bella se acercó para besar mi frente. "¿Cómo vas, milusos?" Se rio entre dientes contra mi piel.

"Voy bien, y no… no me puedes ayudar. No gases, ¿recuerdas?" Gruñí, señalándola con un dedo.

"Lo sé, lo sé," dijo con un suspiro, sonriéndome con suficiencia. "Solo me estoy asegurando que no te estés matando por esto. Alguien puede dormir mañana en el sofá, si es necesario."

"Bueno, lo más probable es que alguien va a tener que hacerlo, bebé," le dije. "Mi papá y Esme van a quedarse en su casa aquí en Forks. De hecho, seguramente ya están allí. Tía Kate puede quedarse en la habitación de invitados, y pondremos un colchón de aire en el suelo de la nueva habitación para Mickey y Obie, ya que lo voy a llenar durante la noche. Si Tom decide venir, él puede quedarse con el sofá."

"Bueno, eso funciona," me dijo, levantándose un poco. "Rose y Emmett salen de Seattle temprano por la mañana. Cuando terminen aquí, se van a ir a Portland para visitar a los padres de Rose por lo que resta del fin de semana. Alec, si no me equivoco, ya está en Forks," me dijo, levantándome una ceja con esa última declaración.

Sonreí y asentí, porque la relación de Alec y Sarah había florecido desde Halloween. Abby lo adoraba, adoptando el nombre tío Alec para él, igual que Bethy. A él le encantaba—cada maldito segundo. Estaba bastante seguro que también había corazones rompiéndose por todo el puñetero país, porque ese hombre estaba oficialmente fuera de circulación—en corazón, cuerpo y alma. Lo habían conquistado dos chicas realmente dulces. Y mientras miraba a las mías, joder, no podía culparlo ni un poco, porque a veces, te hacían sentir como si fueras lo mejor en el mundo.

"¿Quién falta?" Pregunté, mirando a Bella, porque la puta lista era de un kilómetro de largo este año.

"Wes y Makenna," me respondió, acercando a Bethy y acurrucándola a su costado para que pudiera pasar sus dedos cariñosamente por el pelo de nuestra hija. "Van a llegar casi al mismo tiempo que Rose y Emmett. Alice y Jasper estarán aquí a primera hora. Jasper prometió ayudarte con las mesas y a hacer la fogata, y Alice prometió ayudarme a preparar las habitaciones para los invitados."

"No, si la pintura no ha secado," le advertí.

"¡Entiendo!" Se rio bajito. "Todas mis neuronas y las de este de aquí permanecerán intactas. Sin embargo, tú vas a quedar estúpido para el fin de semana, Edward. Termina por hoy, cariño."

Me reí entre dientes y asentí de acuerdo, dándole a su pancita una caricia amorosa, pero notando que nuestra hija se estaba quedando poco a poco dormida. Sus ojos se estaban cerrando, poniéndose pesados con cada pasada de los dedos de su madre por su cabello.

"Hey," ronroneé suavemente, levantando la barbilla de Bethy. "Hora de dormir, pequeño soldado," le susurré sin mucha autoridad, porque estaba muy seguro que no lo necesitaba.

"Sí, señor." Dio un gran bostezo, levantándose un poco y extendiendo sus brazos hacia mí después de darle el beso de las buenas noches a Bella.

Me levanté, cargándola en mis brazos y plantando un beso en su sien cuando descansó su cabeza en mi hombro. "Solo dulces sueños," le susurré, y solo pudo asentir contra mi cuello.

La llevé por el pasillo a su habitación, metiéndola a la cama. Con un último beso en su frente, le dije, "Te amo."

"También te amo, papi," murmuró, acurrucándose con el señor Conejo, y estaba muy seguro que estaba profundamente dormida antes de que regresara por el pasillo.

Bella no se había movido del sofá, pero se cambió un poco su posición de manera que pude meterme entre ella y los cojines del respaldo. La envolví con mis brazos, besando la parte de atrás de su cabeza.

"¿Estás segura?" Le pregunté de forma críptica al mismo tiempo que extendía mis dedos sobre su pancita, porque sabía que entendería.

"Oh, sí," me dijo, girando su cabeza para acariciar mi mandíbula con su nariz. "Estoy muy segura. ¿Estás de acuerdo con ello?"

Me reí entre dientes, sacudiendo mi cabeza y rodando los ojos, finalmente clavando mi mirada en la suya. "Definitivamente."

"Excelente," me dijo con una dulce, pero muy dulce sonrisa. "Ahora, ayúdame a levantarme, y tú ve a ducharte. Hueles como a ferretería."

Me eché a reír, besando ruidosamente su cuello, antes de ayudarla a ponerse de pie. "Sí," le dije, de pie a su lado. "Y luego a la cama, porque mañana va a ser un largo día."

~oOo~

"Abby, Abby, bobabby… Banana fanna, fo fabby. Fi fai mo mabby…. Abby," Bethy, Abby y Emmett cantaban con fuerza desde el patio delantero.

Solté un resoplido, poniendo mis ojos en blanco mientras el tontarrón les enseñaba el juego de los nombres. Solo podría terminar mal, lo que fue treinta segundos después, cuando abrió su enorme boca de mierda.

"Ahora… ¡Buck!" Gritó, su cabeza dio vueltas cuando varias voces gritaron.

"¡Emmett, no te atrevas!" Rose, Bella y Mickey todas dijeron al mismo tiempo.

Oh, pero era demasiado tarde para esa mierda, porque las niñas se pusieron a ello.

"Banana fanna fo fuck (1)," cantaron felices, sin siquiera pensarlo, pero Alec le dio un manotazo a Emmett en la parte de atrás de la cabeza.

"Stunad," murmuró, dándole una mirada oscura después de llamarlo estúpido en italiano, y estaba muy seguro que si Alec no lo hubiese hecho, mi papá sí, porque su rostro estaba igual de horrorizado.

Todo esto podía verlo por las ventanas abiertas mientras trabajaba en la cocina con tía Kate. Todo estaba casi listo; solo estábamos esperando algunas cosas, y el pavo necesitaba cortarse. Bella, Rose, y Makenna estaban tratando de cubrir tres largas mesas juntas con manteles de plástico, Mickey y Jasper estaban agregando madera a la fogata, y mi papá, Eleazar, y Kurt estaban charlando en el porche delantero.

"¡Papá!" Lo llamé a través de la mosquitera. "Ven a cortar esta cosa."

Se rio entre dientes, sacudiendo la cabeza y abriendo la puerta. "Es tu casa."

"Es la tradición de mamá," le repliqué con una carcajada, dándole una palmada en la espalda una vez que cruzaba el umbral. "Así es que hazlo, viejo. He estado cocinando la maldita cosa desde las cuatro de la mañana. ¡Lo menos que puedes hacer es cortarlo!"

"Es algo bueno que te haya enseñado a cocinar, Edward Anthony," dijo tía Kate riéndose, rodándole los ojos a mi padre. "Hubieras crecido con pizza a domicilio."

Sonreí, agradecido de tener a alguien de mi lado cuando se trataba de la falta de talento culinario de mi padre. "Sí, ¿ves?"

"Cierra la boca, hijo. No es como si estuvieras desnutrido," me gruñó en respuesta, pero estaba conteniendo su sonrisa.

Mi padre cogió el cuchillo y comenzó a rebanar el pavo, pero me miró. "Si yo hago esto, tienes que hacer el brindis."

"Lo sé," le dije, mi voz seria, pero me puse a disponer los platos y los cubiertos—todo de plástico, porque que me jodan si iba a lavar tantos platos de mierda.

"Creo que está ocultando algo, Carlisle," susurró tía Kate dramáticamente. "Él y Bella han estado callados toda la maldita mañana."

Sonreí, guiñando un ojo en su dirección. "Metiche," le dije en broma, lo que solo la hizo reír y envolver un brazo alrededor de mi cintura.

Mi papá, sin embargo, me fulminó con la mirada, estudiándome, y finalmente murmuró, "Eso tiene que ser jodidamente bueno."

Cuando terminó de cortar el ave, llamé a todos para que se sirvieran sus platos. No había suficiente espacio dentro de mi casa para que comieran, por lo que Jasper me había ayudado a colocar las grandes mesas afuera y a comenzar una fogata en un hoyo cerca en caso de que el día se pusiera frío. Sin embargo, el clima se estaba portando bien, para variar. Era un día claro y fresco, el fuego solo intensificaba el feliz estado de ánimo de todos. Tal parecía que eliminar las amenazas provocó que todos estuvieran casi extremadamente emocionados—Emmett más que todos, porque en ese momento estaba alentando a las dos niñas a que asaran bombones, lo que hizo que Bethy entrara a la casa como si su cabello estuviera en llamas.

"¡P-Papy!" Dijo entusiasmada, sus mejillas rosas por haber jugado afuera toda la mañana. "Tío Em dice q-que d-deberíamos asal bombomes," me dijo, metiendo la cabeza en los gabinetes.

"Espera, tranquila, pequeña dulzura," dije riéndome, porque estaba acelerada y la palabra bombón viniendo de ella había sido su mejor pronunciación de una palabra hasta el momento. "Primero la cena. Entonces hablaremos de los s'mores (2), cariño."

"Aw, pero…"

"No… sin peros," me eché a reír, sacudiendo mi cabeza y poniéndola sobre un banco. "Te serviré un plato, Bethy. Eres igualita a tu madre… verdadera comida primero. Entonces hablaremos del postre."

"¡Oye!" Bella se rio y me reprendió al mismo tiempo, provocando que la casa llena de gente se riera. "¡Tengo una excusa!" Gruñó, rodándome los ojos.

"También ella," dijo Rose con una risita. "Solo tiene tres años."

Bella se acercó a Bethy, apachurrando cariñosamente su rostro con sus manos y besando sus dulces labios fruncidos. "Se están burlando de nosotras, niña hermosa. Solo porque chocolate y bombones derretidos son muy tentadores, mucho más que el pavo y el relleno."

Bethy soltó una risita y asintió. "Papi dice que la cena primero."

"Desafortunadamente, tiene razón, cariño," dijo Bella suspirando dramáticamente. "Pero estoy contigo con lo de los s'mores. Ven a buscarme después de la cena," le susurró con complicidad.

"Está bien," mi pequeña susurró en respuesta.

No se llevó mucho tiempo para que todos sirvieran su plato, regresaran a la mesa, y tomaran su asiento. Era la fiesta más grande que Bella y yo habíamos organizado, pero la ausencia de Sam saltaba a la vista. Suspiré, mirando a amigos que eran considerados familia—nuestro equipo—y noté los nuevos rostros en la mesa, como Kurt, Sarah, y Abby.

Eran días de fiesta como este, cuando todos estaban aquí, que los rostros ausentes flotaban más por mi mente. Mi madre, a quien le hubiese encantado una gran reunión como esta, con familiares queridos y no familiares por igual. Charlie, que había sacrificado toda maldita cosa para que Bella viviera de cierto modo una vida feliz y normal; sabía que ella lo echaba de menos, que se perdió el conocer su verdadero yo que solo fue descubierto después de su muerte. Y Sam, que no tenía una familia de la cual hablar y que se había unido a nosotros como un callado ángel guardián, que había amado a mi esposa como a una hija, y que se hubiese sentado en la esquina más lejana de la mesa, solo para poder ver a todos en su silenciosa forma acostumbrada. Hubiese observado todo, sonriendo al escuchar las burlas e insultos e historias graciosas.

Sentí una mano cálida tomar la mía, entrelazando nuestros dedos. Miré a Bella, pasando saliva con nerviosismo.

"Vas a estar bien," me susurró, inclinándose para besar mi mejilla.

Asentí, pero me puse de pie, sosteniendo mi cerveza. Las conversaciones se detuvieron cuando todos me miraron. "Mi madre tenía una tradición," comencé a decir, apoyando una mano en el hombro de Bella, pero fue su tranquilizadora mano sobre la mía la que me dio la fuerza ante la mención de mi madre. "Quería que realmente se dieran las gracias en Acción de Gracias. Ella estaba agradecida por muchas cosas." Suspiré, encontrándome con la mirada cariñosa y tranquila de Esme, y luego la de mi padre. "Ha sido… un año realmente extraño," dije, mirando hacia la mesa. Solté un profundo suspiro, porque alguien había dejado un lugar vacío al final de la mesa deliberadamente; apostaría a que Alec, Em y Jasper lo habían dispuesto. "Han sucedido cosas buenas, como la adición de Caleb y mi pequeño que viene en camino," les dije, sonriendo cuando fuertes ecos en conformidad estallaron en la mesa. "Estuvimos cerca de la muerte," añadí, mi voz más profunda de lo que era mi intención, porque mis ojos se posaron en mis chicas. "Y la pérdida de buenos hombres," dije con el ceño fruncido, porque Sam y Elam habían perdido sus vidas en esta última misión.

Miré alrededor de la mesa, cogiendo mi vaso. "La tradición de mi madre era hacer un brindis por lo que nos sentíamos agradecidos, pero este año no solo tengo uno. Tengo tres." Hice una pausa, mirando a Bella en busca de fortaleza, porque esta mierda no era fácil para mí.

"Mi primer gracias es para todos ustedes, por su ayuda, su duro trabajo, y la sangre, sudor, y lágrimas que se requirieron para recuperar a mis chicas, por terminar algo que era más grande de lo que esperábamos." Todos levantaron sus copas o cervezas, pero no bebieron. "Mi segundo gracias es para Sam," dije con voz ronca, pasando saliva otra vez. "Estoy muy seguro de que no estaría aquí sino fuera por él, por lo que hoy debe ser honrado," declaré, y todos levantamos nuestras copas nuevamente—aunque esta vez, en silencio. Me tomó un segundo hablar de nuevo, porque este era el agradecimiento más grande que tenía.

Miré a mi esposa, ofreciéndole una mano. "Ponte de pie, por favor, bebé," le susurré, mi ceño frunciéndose. "Y mi último gracias es para mi esposa," dije, sin poder evitar que la sonrisa se extendiera en mi rostro. Soltó una risita y me puso los ojos en blanco al mismo tiempo que se apoyaba en mí, lo que provocó que estallaran suaves risas alrededor de la mesa. "Me ha dado todo—una hermosa hija, un hogar perfecto, y ahora, me da—" Hice una pausa, riendo solo una vez y sacudiendo mi cabeza, porque estaba estúpidamente feliz "—un hijo." Miré hacia arriba cuando la mesa explotó en gritos de alegría, pero levanté mi mano, así que hicieron lo que pudieron para callarse. "Me gustaría presentarles a—" Me reí entre dientes, frotando el vientre de Bella que se estaba poniendo más grande y más hermoso cada día "—Samuel Masen Cullen."

~oOo~

BELLA

Hubo una pausa casi cómica, antes que toda la mesa estallara, porque Edward había estrellado sobre la mesa las últimas ecografías sin vergüenza, lo que me hizo reír. Todos habían hecho sus apuestas en un niño o una niña, estaba segura de ello, de modo que enterré mi rostro en el pecho de Edward en el momento en que el dinero empezó a cambiar de manos una vez que todos habían tomado su trago.

Mis chicas chillaron y se lanzaron hacia mí, apartándome de Edward, que había sido arrastrado hacia los brazos de Esme y Carlisle. Todos comenzaron a murmurar al mismo tiempo.

"¿En serio?" Makenna chilló, su rostro radiante y feliz. "De verdad, ¿en serio, en serio?"

"Y yo que apostaba que niño bonito solo podía hacer niñas," bromeó Mickey, envolviendo en un fuerte abrazo.

"Excelente, Bells," dijo Rose con una risita, besando un lado de mi cabeza. "Dios, Edward parece estar a punto de salir flotando," susurró en mi oído, y no pude evitar asentir de acuerdo, porque me sentía de la misma maldita forma.

"Un niño, un niño, un niño," repitió Alice en un chillido, mientras sonreía como una tonta, saltando de puntillas, y luego lanzándose a mis brazos.

Me pasaron de Jasper a Emmett, que me levantó en el aire, solo para que Edward y Carlisle le gritaran que no fuera muy tosco. Alec susurró sus felicitaciones contra mi frente, y luego estaba Eleazar, que me pasó a tía Kate. Siguieron sin parar—Kurt, Sarah, Obie, Tom—hasta que al fin, me vi envuelta en los cálidos y fuertes brazos de Carlisle que estaba prácticamente temblando.

"Demonios, sí, un nieto," gruñó, tomando mi rostro entre sus manos y sonriendo cuando solté unas risitas, porque amaba su título de Poppy. "Oh, seguro que le voy a enseñar a pescar," dijo riéndose, sacudiendo la cabeza.

"Ni siquiera ha nacido todavía," lo reprendió Esme, rodando los ojos y alejándome de él. "Vaya," dijo con una risita. "Se cumplió nuestro deseo, ¿eh, cariño?"

Sonreí y asentí, limpiando mis lágrimas de felicidad. Y de nuevo, imágenes de pequeñas botas de montaña, pequeños pantalones cargo cortos, y gorritas de béisbol hacia atrás pasan volando por mi mente. Vi mejillas regordetas junto con una sonrisa torcida y cabello alocado del mismo color que Edward.

"¿Por qué Masen, cariño? Edward no nos dijo," preguntó Carlisle cuando Esme se echó hacia atrás. Su mirada se disparó hacia su hijo al otro lado de la mesa, pero al parecer todos escucharon la pregunta y se callaron para la respuesta.

"Porque Edward ya estaba tomado," bromeé, limpiando mis lágrimas, pero sonreí cuando Emmett se rio entre dientes. "Sam me dio un regalo. Quería que parte de ese regalo estuviera unido a su nombre."

"¿Eh? Y yo hubiera esperado Charles," reflexionó Esme.

"Charlie odiaba su nombre," Carlisle y yo dijimos al mismo tiempo, lo que hizo que todos rieran juntos.

"Algo sobre un comercial de atún en la televisión y el que nombre estuviera muy trillado en la familia," dijo Carlisle con una carcajada.

"Sí, hubo un Charles en cada generación," les dije, mi nariz arrugándose. "No sé si es una tradición o falta de imaginación. Lo estoy honrando al no usar su nombre."

Carlisle se echó a reír, envolviéndome nuevamente en un abrazo.

"Y no vamos a usar Anthony," gruñó Edward en voz baja por detrás de mí. "Ni en sueños."

"Esa fue idea de tu madre," se rio Carlisle, apretando su hombro. "Es un nombre enérgico, chicos. Me siento muy feliz por ustedes."

"Querías nietos, viejo," le dijo Edward en broma, lo que me hizo buscar a Bethy.

Ella y Abby estaban sentadas juntas a la mesa, pero solo miraban a los adultos con ojos como platos. Mi pequeña se veía algo perdida con todo, así que le hice un gesto para que se acercara a mí. Se escabulló entre todos, esquivando las piernas de los adultos de derecha a izquierda, y la cargué para alejarla por un momento de la mesa, dejando que todos se sentaran con sus platos. Me senté con ella en los escalones del porche, quitando el cabello de su rostro.

"Es un hermano, niña bonita," le dije en voz baja, viendo como inclinaba un poco su cabeza hacia mí. "¿Qué piensas?"

Sonrió, mordiendo su labio inferior. "¿Un niño, cómo Caleb?"

Asentí, y Edward vino a arrodillarse a nuestro lado, prácticamente envolviéndonos en sus brazos. "Sip, un niño, como Caleb," le dije.

"Está bien," suspiró dramáticamente, lo que nos hizo reír, pero su mano cálida tocó mi pancita. "No puedes entrar en mi habitación, porque mami dice que no están permitidos los niños," dijo con voz fuerte. "Y sigo siendo el copiloto de mi papi," dijo con un bufido.

Se me escapó una carcajada, pero miré a Edward. Estaba viendo a su hija con tanto amor, que era increíble—y un poco doloroso, para ser sinceros. Sabíamos que esto sería un cambio para ella, que sería algo gradual el mostrarle que la amábamos tanto como a Samuel. Bethy tenía que aprender a compartir a sus padres con un hermanito, y probablemente no sería fácil, pero por el momento, Edward le daría todo, porque no había forma de que le quitara lo único que los dos amaban tanto. Podía verlo en su rostro. Simplemente no podía.

Colocó una mano sobre su cabeza, inclinándose para besar la cima de ella. "Por supuesto que sí, pequeña dulzura," le susurró, porque su voz estaba llena de emoción. "Eso nunca cambiará," dijo con un suspiro contra su cabello.

"Tú tienes un rango más alto que él," dije con una risita, besando la frente de Edward, pero levantando la cabeza de Bethy. "Eres mayor, has estado más tiempo aquí, y vas a estar a cargo, niña hermosa," le expliqué, dándole a Edward un segundo para relajarse, pero se rio entre dientes por la forma en que lo dije y asintió de acuerdo.

La pancita de Bethy dio gruñido largo, y todos nos reímos, pero no pude contenerme.

"Oh, ahora quién oculta osos enojados, ¿eh?" Me reí entre dientes, haciéndole cosquillas en sus costados por lo que chilló estallando en risitas, su pequeño rostro poniéndose rosado mientras se reía con ganas, retorciéndose en mi regazo.

Edward la cargó, pero le levantó una ceja. "Ya sabes lo que eso significa, ¿cierto?" Le preguntó con voz baja y profunda, y ella sacudió su cabeza frenéticamente. "Significa… que estás… creciendo," gruñó, echándola hacia atrás de manera que pudiera atacar su pancita con trompetillas y hacerle cosquillas con su barba.

"¡No, no, no!" Gritó, todo su cuerpo retorciéndose y contoneándose en su agarre. Su pobre cara de un color rojo carmesí, pero su sonrisa era contagiosa. "¡No es cierto, papi!"

"Sí es cierto," la acusó, asegurándose de que su barbilla sin rasurar le hiciera cosquillas justo en el ombligo, y la pobrecita no podía decidirse si hacerse un ovillo o tratar de escaparse. Por fin la enderezó, y se relajó en sus brazos, lo que lo hizo reír. "Hora de comer, pequeño soldado," ordenó, usando su tono demandante.

"Sí, señor," dijo con un suspiro, todavía tratando de recuperar el aliento. Ella agarró su rostro, frunciéndole el ceño. "No más cosquillas," le ordenó, sonando igualita que él.

"Sí, señorita," dijo riéndose, poniéndola en el suelo, pero se volvió hacia mí cuando ella salió corriendo. "Ven, dulzura. Tú también necesitas comer."

Sonreí, besando su mandíbula afilada, ronroneando, "Sí, señor."

~oOo~

EDWARD

"Uh… no, no voy a ir de compras el viernes negro," dijo Bella con un resoplido, rodando los ojos, pero acercó a Bethy de nuevo a su pecho mientras asaban bombones juntas. "No hay nada en este planeta por lo que necesita pelear con un millón de gente haciendo fila."

"Es solo que estoy pensando en una computadora…" dijo Alice con voz soñadora. "Está como a mitad de precio…"

"No, Alice," Jasper y Bella dijeron al mismo tiempo.

"Tienes suficiente equipo de cómputo," añadió Bella, besando el tope de la cabeza de Bethy cuando los bombones parecían estar listos. "Lo que sea que necesites, hablaremos de ello después de año nuevo." Sacó la rama del fuego, haciendo rebotar a Bethy en su rodilla. "Muy bien, niña bonita. ¿Tienes listo nuestro chocolate y galletas Graham?"

"¡Sip!" Dijo Bethy sonriendo, viendo esos bombones dorados con una mirada muy parecida a la de un halcón que localizó un ratón. En sus manos tenía un plato de papel con dos pares de galletas y chocolate solo esperando a convertirse en ese revoltijo caliente y pegajoso que solo un s'more podía ser.

Sonreí, negando, porque mis chicas amaban sus botanas—palomitas de maíz, papas fritas, dulces… s'mores—y yo las amaba a ellas, así que era imposible que no me las comiera a besos cuando tramaban algo juntas.

Había menos gente en la casa ahora. La tía Kate, Mickey, Obie, y Tom iban a pasar la noche aquí antes de regresar a Seattle para tomar su vuelo de vuelta a Alaska el siguiente día. Alice y Jasper, que vivían justo a la vuelta de la esquina, seguían aquí, y también mi papá y Esme. Todos los demás se habían ido a casa o hacia otros compromisos familiares. Pero todos estábamos sentados en silencio alrededor del fuego y asando bombones, más que nada por Bethy.

Bella y Bethy estaban sentadas a los pies de la tumbona, y yo estaba en el respaldo, solo observándolas. En realidad, estaba esperando a que una de ellas me ofreciera una mordida de uno de esos chicos malos, porque cuando los aplastaban, tenía que admitir que se veían malditamente deliciosos.

"Ten, papi," dijo Bethy, subiendo a gatas por la tumbona hacia mi regazo. "¿Quieres un poco?"

"¿Cuál parte?" Me reí entre dientes, sacudiendo la cabeza. "¿La parte que está embarrada por toda tu cara, o la que está en esta mano?" Le pregunté, levantando su brazo que se aferraba con fuerza al s'more que goteaba. "Llevas más encima de lo que estás comiendo, pequeña dulzura."

Soltó una risita desde la que solía ser mi pierna lesionada, extendiendo su mano, y le di una mordida, a sabiendas que no podía comerse uno completo de todas formas.

"Definitivamente vas a necesitar un baño antes de irte a la cama, niña bonita," se rio Bella, moviéndose hacia atrás entre mis piernas y apoyándose en mi pecho.

"Yo me encargo de eso," dijo Esme riéndose, al haber visto todo el intercambio. "Termina, corazón, y vamos a bañarte. Ya es hora de ir a la cama, ¿cierto?"

"Cierto," le dije con un gesto de mi cabeza, tomando otro bocado que Bethy me ofrecía. Mis dos chicas se rieron cuando se escurrió manchando mi barbilla.

"Qué lindo," dijo Bella con una risita, levantando su mano para limpiarlo con su pulgar, solo meterlo en su boca.

Le sonreí con suficiencia, sacudiendo mi cabeza, porque prácticamente podía leer su mente—o su ojos oscureciéndose, en serio.

"Silencio, Edward," dijo con un bufido, poniendo los ojos en blanco. "No iba a dejar que se desperdiciara," murmuró, retorciéndose cuando le hice cosquillas en un costado por la mentira.

"Terminé," canturreó Bethy, levantando sus dos manos vacías, pero achocolatadas y pegajosas.

"No te muevas, cariño," le dije riéndome, agarrando sus muñecas y poniéndola de pie. "Ahora, deja que tu Nanny te dé un baño, ¿está bien?"

"Está bien, papi," estuvo de acuerdo, y empezó a inclinarse hacia mí para besarme.

"Oh no," me eché a reír, conteniéndola. "Te voy a besuquear todo lo que quieras… cuando estés limpia."

Sonrió, y era malvada y hermosa, igual que su madre cuando se le ocurría algo loco. Y Bella lo vio al instante, estallando en carcajadas, acompañada por todos los demás en el fuego.

"Elizabeth Renee, detente en este momento," le ordenó con una risita. "No lo hagas. Ya es bastante malo lo que voy a batallar con las manchas de chocolate en tu ropa. No necesito que sea toda una carga." Metió en su boca el último bocado de su postre y se levantó de mi regazo. "Ven, cariño. Voy a desvestirte en la lavandería. Además, necesito toallas y algunas cosas para todos."

"Bells, los veremos mañana," dijo Alice, levantándose del regazo de Jasper y abrazándola.

"Sí, estaremos aquí a tiempo para despedir a tía Kate y Mickey antes de que se vayan," añadió Jasper, chocando puños conmigo.

Todos en torno al fuego comenzaron a levantarse, siguiendo a Esme, Bella y Bethy dentro de la casa, dejándonos solo a papá y a mí.

"Vamos, hijo," dijo con una risita, poniéndose de pie. "Te ayudaré a apagar este fuego."

"También tengo que cerrar con llave la carpintería," dije con un suspiro, gimiendo cuando me levanté, porque había sido un largo día. Uno bueno, pero joder, realmente largo.

"Hazlo. Yo me encargo de esto," me dijo, cogiendo una cubeta con agua.

Asentí, pasé una mano por mi cabello, y me alejé. Entré al toldo de mi taller, viendo la nueva cuna que había comenzado en el momento que regresamos a casa desde Alaska. Bella dijo que podíamos usar la de Bethy, pero parecía ser algo que tenía que hacer. Tal vez quería que cada uno de mis hijos tuviera algo único. Actualmente la de Bethy estaba bien sellada en el sótano, y era muy apropiada para ella—madera clara, maciza, pero decorada.

Pasé mi mano lentamente sobre la madera lisa, el sutil arco, y bajando hacia un lado. Esta sería diferente—mancha oscura, curvas simples, masculina. Estaba usando teca, en lugar del arce que había usado en la de Bethy.

"Maldición, es realmente excelente, hijo," dijo mi padre desde la entrada.

"Gracias," le dije en voz baja, cogiendo la lona para cubrirla, pero me detuve. La miré por un largo momento, y luego encontré la mirada de mi padre. "¿Por qué estoy más nervioso por un niño de lo que nunca lo estuve con Bethy?" Le pregunté, prácticamente soltando la pregunta, porque esta era la primera vez que teníamos un minuto para que yo preguntara, y sentía que solo él podría comprender.

Me dio una sonrisa sincera y negó. "Porque Bethy es una extensión de Bella," me respondió simplemente. "Cuidaste de Bella desde el principio, así que con Bethy fue fácil. Otra pequeña damisela en apuros, por decirlo así."

Sonreí, bufando una carcajada. "Supongo."

"Los hijos son diferentes," dijo con un suspiro, pasando sus dedos por cada pequeño barandal. "No mejor, o más; solo diferente. Preservan el apellido, les toma más tiempo entenderse a sí mismos, terminan cargando más responsabilidad sobre sus hombros, y necesitan dirección, porque con el tiempo tienen que convertirse en un hombre, un esposo, un padre." Tomó una respiración profunda, dejándola salir lentamente, y comprendí que estaba hablando de mí, no de mi hijo que venía en camino. "Estás nervioso, porque no quieres joder eso."

Solté un resoplido y asentí. "Sí. Es solo que… no quiero que cometa los mismos errores que yo."

Mi papá se rio, clavando sus ojos en los míos. "Eso era todo lo que deseaba para ti, ¿sabes? Pero hay algo que te hace sentir orgulloso cuando tu hijo quiere imitar todo lo que haces." Pausó por un momento, apoyándose en la cuna. "La última voluntad de tu madre fue que te permitiera ser lo que tú quisieras, que solo estuviera allí para ti cuando cayeras. Nunca quiso reprimirte en nada, Edward. Jamás. Si hubieses querido jugar béisbol el resto de tu vida, hubiese estado en las putas gradas en cada uno de los juegos. ¿Me entiendes?"

Asentí, tragando las emociones que se habían estado acumulando en mí desde que me había enterado que nuestro bebé iba a ser un Samuel en lugar de una Samantha, porque una vez que Bella y yo hablamos en serio sobre nombres, ninguno de los dos pudo pensar en nada más que en honrar a Sam—una vez más, siempre estábamos en la misma sintonía—pero Masen era algo con lo que me había sorprendido. Mi chica estaba determinada a tener mi historia, mi nombre vinculado a nuestro hijo de alguna forma.

Arrojé la lona sobre la cuna, y él me ayudó a asegurarme que estuviera totalmente cubierta antes de hablar de nuevo.

"Escucha, hijo," me dijo, colocando una mano sobre mi hombro "Si amas a Samuel si quiera una maldita fracción de lo mucho que amas a Bethy, estarás bien. Eres un padre increíble, Edward. Me gustaría tomar algo de crédito por eso, pero veo a Elizabeth en ti cuando estás con Bethy."

Sabía que estaba exagerando el ejemplo, porque hasta yo sabía que tenía escrito por todo el puñetero rostro que ya estaba perdido por Samuel, y no había nacido todavía. De pronto, extrañaba a mi madre con un anhelo que todo lo consumía, lo que a su vez hizo que necesitara a mi esposa. Necesitaba escuchar su voz diciéndome que todo estaba bien, que estaríamos bien, que no jodería esto.

"Liz tuvo que ser padre y madre para ti cuando estuve en el extranjero, e hizo un maldito buen trabajo," me susurró, apretando mi hombro. "No dudes de ti mismo, hijo. Pero si lo haces, solo da un paso atrás y escucha a Bella, porque ella no te permitirá joderlo. Lo sabes."

"Gracias, papá," dije con un suspiro, levantando la mano para bajar la puerta del taller, cerrándolo con llave.

Respiré hondo y lo dejé salir, porque me ayudó justo como pensé que lo haría. No siempre hablábamos así cuando estaba más joven, pero he llegado a comprender que a medida que maduraba, pude contarle mierda que nadie más entendería—cosas sobre nuestros trabajos, mis miedos. Tal vez solo fuimos mi mamá y yo en la primera etapa de mi crecimiento, pero cuando ella murió, él intervino mucho mejor del crédito que, creo, se da.

"Mmm," murmuró, y caminamos de regreso a la casa. Una vez dentro, me sonrió. "Me voy a robar un sándwich de pavo. No le digas a Esme," me susurró, dándome una palmada en la espalda, antes de meterse en la cocina como si fuera una misión encubierta.

Resoplé en una suave carcajada, rodándole mis ojos. "Eres bienvenido a quedarte, pero vas a tener que pasar la noche en el suelo. Hay un colchón de aire en la lavandería."

"No, pero gracias. Nos vamos a quedar en la ciudad. Volveremos mañana para despedir a Kate," me dijo, sin siquiera molestarse en sacar la cabeza del refrigerador. "Pero cerraré cuando nos vayamos."

"Sí, señor," me reí entre dientes, caminando por la sala. Tom, Obie, y Mickey, estaban todos acampados viendo una película, y me despedí con la mano cuando pasé junto a ellos.

Mi primera parada por el pasillo fue la habitación de Bethy. Me apoyé en la puerta, solo viendo a mis chicas. Bethy estaba colocada entre las piernas de Bella para que pudiera cepillar el cabello ahora limpio de nuestra hija. Los grandes bostezos de Bethy y sus ojos llorosos me dijeron que estaba a punto de terminar con el día.

"Hola, papi," me dijo mi pequeña, bostezando de nuevo. "Ya estoy limpia."

Sonreí, entrando en la habitación. "Bien, porque no estaba seguro cuánto tiempo más podía vivir sin besos," le dije encogiéndome de hombros, sentándome a un lado de Bella, que se estaba riendo de nosotros.

Dejó a un lado el cepillo, y Bethy subió a mi regazo. Agarró mi rostro y besó mi mejilla.

"¿Mejor ahora, papi?" Me preguntó, inclinando solo un poco su cabeza, pero otra vez dio un gran bostezo.

"Absolutamente," le dije, sonriéndole. "Hora de dormir, pequeño soldado," le dije, cargándola, y Bella y yo tiramos de las mantas para que pudiéramos meterla en la cama.

"Sí, señor," dijo con una risita, frunciendo los labios de forma adorable, y no pude resistirme.

Pegué mi frente a la suya, susurrando, "Solo dulces sueños, bebé."

"Bien," dijo en voz baja, sus ojos cerrándose cada vez más y más. "Te amo."

"También te amo," Bella y yo dijimos, besando su frente uno a la vez.

Podía escuchar a Esme y a tía Kate en la habitación de invitados, riendo como si fuera amigas de toda la vida, cuando Bella y yo caminábamos por el pasillo. Me hizo sonreír, porque estaba muy seguro que mi tía Kate echaba de menos a mi madre casi tanto como mi papá y yo, pero como tendía a hacer, Esme estaba empezando a ocupar ese papel.

Cerré la puerta de nuestra habitación, recargándome en ella, casi agotado de felicidad y alegría. A pesar de tener un increíble grupo de amigos y familiares, a pesar de la hermosa pequeña que dormía por el pasillo acurrucado con su señor Conejo, y a pesar del hijo que actualmente estaba en camino y que apenas podía esperar a conocer, al final de cada día toda mi vida se reducía a la mujer frente a mí.

"¿Estás bien, cariño?" Me preguntó Bella, su frente arrugándose mientras se quitaba los tenis y se sentaba a la orilla de la cama. "Te ves… perdido."

Sonreí un poco y me encogí de hombros. "A-Algunas v-veces m-me s-siento a-así," admití en voz baja, acercándome a ella y tirando de mi camiseta para quitármela. "Recuéstate, amor. Te ayudaré."

Sabía que se le estaba haciendo más difícil el agacharse, para hacer cosas simples como quitarse los calcetines. Tocarse los dedos se había hecho imposible hace unas tres semanas, algo que la hacía sentir eufórica y frustrada al mismo tiempo.

Bella se corrió al centro de la cama y levantó su pie con una risita. "Gracias," dijo riéndose, cuando le quité cada calcetín y los arrojé al piso, pero no me detuve allí.

Subiendo lentamente mis manos por sus mallas, agarré la cintura y también se las quité, dejándola con algo parecido a una camisa de vestir que le quedaba grande. Agarré la orilla de ese también, y Bella se rio entre dientes.

"Edward," me reprendió en un susurro, muy probablemente porque teníamos una maldita casa llena de gente, pero me importaba una mierda. Mi casa, mis reglas, mi tiempo, mi esposa.

"Q-Quiero v-verlo," le susurré en respuesta, y se tranquilizó, levantando sus brazos de manera que pudiera quitarle la camisa.

Llevaba un juego de ropa interior de un lindo color rosado con encaje negro, y parecía ser un representativo fan-puta-tástico de su personalidad. Dulce y traviesa, fuerte y frágil, perfecta y con defectos—todo al mismo maldito tiempo. Y joder, era hermosa.

Subí por su cuerpo, apoyando un brazo a un lado de su cabeza y deslizando el otro debajo de su espalda para subirla más en la cama. Me sonrió, mordiendo su labio inferior, pero parecía estar permitiéndome tener mi momento. Me senté sobre mis talones entre sus piernas, solo mirándola.

Pasé suavemente un pulgar sobre la vieja cicatriz en su muslo, recordando cómo había comenzado todo esto, cómo había conseguido lo mejor que me había pasado en la vida. Me incliné hacia adelante, plantando un beso en su creciente pancita y arrastrando mis labios por la cicatriz que quedaba del nacimiento de Bethy.

"Cariño, ¿estás bien?" Me preguntó Bella en voz baja, pasando sus dedos por mi cabello. "Habla conmigo, bebé."

Sonreí contra su vientre, frotando mi barba por su piel sensible y riendo cuando se retorció con una carcajada debajo de mí. "Samuel, dile a mami que necesita relajarse."

Bella me sonrió, sacudiendo su cabeza.

"Dile que es la cosa más linda que papi ha visto jamás," le susurré, sin que mis ojos se apartaran de los dulces marrón chocolate frente a mí. "Dile que de todas las cosas que hay que dar gracias, ella es la más importante."

"Edward," me susurró, estirando sus manos hacia mí, pero negué, porque no había terminado.

"No somos perfectos, hombrecito," dije con un suspiro, cerrando mis ojos y dejando suaves besos aquí y allá en su vientre. "Somos como un dolor en el trasero, en realidad, pero ya te amamos." Sonreí al escuchar la risa de Bella, pero continué. "Puedes ser, hacer, pensar, sentir lo que tú quieras, Samuel," le dije, recordando decirle estas mismas palabras a Bethy como en esta etapa del embarazo de Bella. "El mundo es tuyo para que lo tomes, amigo. Y te prometo que siempre habrá alguien que te apoye."

Al parecer, Bella no pudo soportarlo, de modo que se incorporó lo suficiente para tomar mi rostro entre sus manos, solo para caer hacia atrás conmigo. Me besó suavemente, mezclándose poco a poco con una sensación de urgencia. Probó mi labio superior, mi labio inferior, su legua suplicando la entrada, y la abrí para ella, un gemido se escapó de ambos mientras bebíamos el uno del otro como si nunca antes nos hubiésemos besado. Moví mi peso a un lado de ella, sin querer aplastarla, entrelacé mis dedos en su cabello, tirando de su cabeza hacia un lado de modo que pudiera besar ese punto débil que la volvía loca.

Besos cálidos y húmedos encontraron la piel de mi hombro, y me eché hacia atrás para ver como pegaba sus dulces labios al tatuaje en mi pecho al mismo tiempo que sus dedos trazaban el nuevo en mi brazo. Le gustaba el significado de ese, pero sabía que en el puto fondo encontraba esa mierda sexy, lo que tampoco era algo malo.

Una vez le dije a mi padre que no creía que ninguna mujer entendería alguna vez mi trabajo, mi pasado, mis errores. Su respuesta volvió a hacer eco en mi mente mientras veía a Bella recordarme en silencio que siempre podríamos volver a nosotros, a esto, al otro, sin importar lo abrumadora que la mierda podría ponerse. Ella siempre parecía comprenderlo—siempre parecía entender que no todo el tiempo tenía las palabras para expresarme de la forma correcta.

Mi chica y yo nos besamos como dos adolescentes liándose, pero no podía contenerme. Poco a poco, mis zapatos, mis calcetines, mis jeans, y su ropa interior quedaron en el suelo. Suaves risas salían de nosotros al intentar no hacer ruido, pero manos tentadoras, dientes mordelones, y labios húmedos provocaron gemidos cuando ciertos lugares fueron tocados de cierta forma. Y esa mierda no siempre era fácil de contener.

Sentí mi ansiedad, mis preocupaciones, mis miedos de criar a un hijo disminuir con cada beso, cada risita que podía provocar en Bella. Joder, nada importaba cuando estábamos juntos, porque no había una mierda que no pudiéramos superar. Y cuando finalmente me deslicé profundamente dentro de ella, mis recuerdos volvieron a hacer eco en mí.

"Las cosas que he hecho… que he visto…" Hice una mueca, sacudiendo mi cabeza. "Nadie entiende esa mierda. Joder, ni siquiera yo lo entiendo."

"La mujer correcta… ella te hará olvidar todo eso," mi papá dijo sabiamente.

Dios, él tenía tanta puta razón.


(1) Quise hacer una rima con algún mala palabra en español pero no se me ocurrió ninguna :P así que dejé la original en inglés, al fin todos sabemos que es una mala palabra, y para lo que nos importa jajajaja

(2) S'more es la forma abreviada de 'some more' o 'un poco más' y es un postre tradicional de Estados Unidos hecho con un bombón asado cubierto con chocolate entre dos galletas Graham.


¡Sí, fue un niño! Muchas ya se lo imaginaban y dijeron que el nombre sería Samuel, y así fue. Se introduce un nuevo miembro al equipo Samuel Masen Cullen. ¿Cómo creen que sea? ¿A quién creen que se parezca? Pues ya estamos en la recta final de esta hermosa historia, solo falta el epílogo. Tengo otras traducciones que estoy por empezar y me falta solo un capi para terminar la de 'Rental Exchange'. Gracias por acompañarme y dejarme sus palabras que me animan a continuar con esto. Esta semana me retrasé un poco, ya saben que no siempre van las cosas bien en nuestra vida real, pero mientras pueda aquí me tendrán compartiendo estás lindas historias. No les prometo que pueda cumplir sus deseos, pero si me gustaría saber de qué tipo de Edward o Bellas les gusta leer, para tener una idea de cuáles son sus gustos, así que espero sus respuestas. Saludos y nos leemos el martes.