CAPÍTULO 22
Bella llegó a Heathrow el viernes por la tarde, tres días después de la marcha de Edward. Cuando entró en la terminal lo buscó entre la gente. Le había prometido que iría a buscarla, incluso recibió un mensaje antes de embarcar pidiéndole su número de vuelo y confirmando la hora de su llegada, pero no estaba allí. No pudo evitar que una sensación de tristeza la embargara al descubrirlo.
—¡Señorita Swan!, ¡Señorita Swan! —Escuchó que la llamaban desde una esquina. Giró su cabeza para descubrir quien era y no pudo evitar asombrarse al ver allí de pie a Harry, el portero del edificio de Edward con un ramo de flores entre sus manos.
—¡Harry!, ¿Qué haces aquí?, ¿Estás esperando a alguien? —Preguntó sonriendo al hombre.
—Sí, a usted. Tome, las flores son suyas. —Respondió gentilmente Harry haciéndole entrega del ramo.
—Gracias. —La expresión confundida de Bella hizo que Harry sonriera y corriera a explicarse.
—En realidad no debe dármelas a mí, sino al Sr. Cullen. Son de él, está esperándola en el parking.
—¿Pero ¿Cómo…?
—El Sr Cullen necesitaba mi ayuda. Pensó que sería más fácil para ambos si no pisaba la terminal para evitar ser reconocido, así que me pidió que lo acompañase y bajase a recogerla mientras él la esperaba en el coche.
—Entonces… ¿Está aquí? —Preguntó esperanzada.
—En la plaza número 350 del aparcamiento. ¡Acompáñeme!
Juntos abandonaron la terminal en dirección al parking, dónde apoyado en su volvo plateado y cubierto por una gorra del Liverpool les esperaba Edward. Isabella al verlo corrió hasta él que la recibió con los brazos abiertos y se fundieron en un apasionado beso.
—¡Por fin eres mía! —Susurró Edward contra su boca.
Con una sonrisa de aceptación abandonaron el parking y pusieron rumbo a la ciudad. Durante todo el trayecto Bella les puso al día de lo ocurrido en los últimos días. Harry permanecía en un discreto segundo plano sentado en el asiento trasero, escuchando con atención lo que ella contaba y observando los cariñosos gestos que ambos se prodigaban.
Fue una señal de tráfico la que hizo que Bella se diera cuenta de algo importante.
—¡Un momento! Por aquí no se va a mi apartamento. Te has equivocado de dirección, Edward.
—No, voy en la dirección correcta. Nadie dijo que fueras a tu piso. En Escocia te dije que una vez aquí, serías toda para mí, así que vamos a mi casa.
—Pero..., pero… ¡No puedo!, ¡Mis cosas están allí y en esta maleta solo tengo ropa sucia!
—No te preocupes por eso. Digamos que Angela me ha ayudado en esa parte. Hay un bolso con algunas de tus cosas en mi habitación.
—Amiga traidora… —Se quejó ella.
—Más bien, una buena amiga. —Sonrió Edward.
Quince minutos después llegaron a su apartamento. Ambos se despidieron de Harry agradeciendo su ayuda. Entraron en el apartamento y soltaron el equipaje al lado de la puerta.
—¿Y ahora? —Preguntó enarcando una ceja— ¿Qué planes tienes para mí?
—Pues…, lo primero será prepararte la cena mientras disfrutas de una relajante ducha y después… —Continuó en tono sugerente agarrándola por la cintura— Creo recordar que me debes un masaje y tenemos que recuperar todo el tiempo perdido de estás semanas. —Finalizó mordiendo suavemente el labio inferior de ella.
—Me gusta el plan. ¿Me acompañarás a la ducha?
—No tendría la cena a tiempo si lo hiciera. Ve tú y disfruta. Lo tendré todo listo para cuando salgas.
Haciendo un mohín de fastidio y dejando atrás a un divertido Edward, Bella se encaminó hasta el baño, se deshizo de su ropa y se introdujo en la ducha dejando que el agua caliente relajara su cuerpo. No había sacado su neceser, ni siquiera había preparado su ropa. Tendría que conformarse con el gel de Edward y su mullida toalla.
Estaba enjabonando su cuerpo cuando notó una leve corriente de aire y cómo unas fuertes manos la apresaban por la cintura al tiempo que el cuerpo desnudo de Edward se pegaba a su espalda.
—Creí que estabas haciendo la cena. —Murmuró ella a media voz.
—Y lo he hecho. He sacado todos los paquetes y están listos para ser calentados en el microondas.
—Mentiroso. Pensé que cocinarías tú.
—Creí que sería más útil aquí, contigo. No iba a dejar que te ducharas tu sola.
—Pues me las estoy apañando bastante bien solita.
—No lo creo, no te has enjabonado bien aquí. —Señaló introduciendo sus dedos entre los húmedos pliegues de ella haciendo que se estremeciera y dejara caer su cabeza hacia atrás arrancándola un suspiro de placer. Suavemente, empezó un lento bombeo, induciendo a la pelvis de ella a buscar el tortuoso contacto. Aún con los ojos cerrados, y recorriendo el húmedo pecho de él, Bella tomó su miembro entre las manos y comenzó a acariciarle de la misma manera que estaba siendo asediada ella.
La humedad y el vapor del agua les envolvía haciendo que la temperatura, ya de por si elevada de ambos, aumentara más.
—Te necesitaba tanto, Bella. Te he extrañado tanto…
—Y yo a ti… ¡Ah! —Jadeo al tiempo que alcanzaba el orgasmo.
Sin darle tiempo a reponerse y cuando aún los últimos retazos de placer sacudían el cuerpo de ella, Edward, a punto de alcanzar su propia liberación, la agarró por las caderas y elevándola, enredo sus piernas en torno a su cintura y la penetró hasta notar como su miembro era envuelto y aprisionado por su húmeda cavidad. Apoyados contra la pared de la ducha, empezaron a moverse uno dentro del otro al tiempo que las gotas de agua mojaban sus cuerpos y ellos se dejaban llevar por el placer. Juntos; gimiendo, gritando y bebiendo de sus bocas, alcanzaron de nuevo el orgasmo.
Edward, aún con ella en brazos, envolvió sus cuerpos en una mullida toalla para secarse y se dirigió a la cama, dónde rendidos se dejaron llevar por el sueño.
No fue la única vez que hicieron el amor esa noche. Tras una pequeña siesta, Edward la despertó entre juguetonas caricias y después de calentar la cena que se había enfriado volvieron a amarse una vez más hasta quedar rendidos.
๗๗๗
—¿Te gustan las bodas? —Preguntó Edward situado detrás de ella mientras que le subia la cremallera de su vestido amarillo.
—¿Cómo? —Bella no sabía si le había escuchado bien.
—¿Qué si te gustan las bodas?, De hecho, ni siquiera sé tu opinión sobre el matrimonio, ¿Te gustaría casarte?
Bella notó como su cuerpo se encogía, lo que menos esperaba esa mañana es que Edward le hiciera esa pregunta.
—¿A qué viene esto? —Preguntó confundida.
—Tú solo respóndeme.
—Está bien; sí me gustan las bodas, sí me gustaría casarme... algún día..., lejano, no ahora, ni en dos días ni en un mes. En un futuro ... lejano.
—¡Vale, vale! Me queda claro. ¡Relájate y no empieces a darle vueltas a esa cabecita! ¡No voy a pedirte que te cases conmigo... por ahora!
—¿Cómo no quieres que mi cabeza se acelere? ¡Eres tú quien ha empezado a hablar de matrimonio!
—¿Te apetecería ir a una boda? —El tono pícaro de Edward unido a su mirada interrogante y divertida estaba empezando a poner nerviosa a Bella.
—¡Edward, no es divertido! ¿Qué está pasando?
—¡Sí que lo es! ¡Me encanta verte nerviosa! —Confesó besando suavemente sus labios— Emmet le pidió matrimonio hace dos días a Rosalie y ella aceptó. Iremos de boda en unos meses meses.
—¿En serio? ¡Me alegro por ellos!
—Y yo. Ambos se merecen ser felices, al igual que nosotros nos lo merecemos. Antes de conocerte, —Dijo abrazándola por la cintura— No se me había pasado por la cabeza la idea del matrimonio ni de tener hijos, pero ahora… Si miro al futuro y tengo que imaginarme algo así solo te veo a ti a mi lado, como mi esposa.
—Edward…
—Shhh. No estoy diciendo que sea ahora, pero quiero que sepas que quiero un compromiso contigo, a largo plazo; una vida juntos, un hogar… ¡Incluso tres o cuatro hijos! —Rio él.
—¿Tres o cuatro? —Preguntó sorprendida.
—Para empezar.
—¡Edward! ¡Estás loco!
—¡Por ti! —Confesó besando suavemente sus labios— Termina de prepararte o no llegaremos a tiempo.
—Sí, y con respecto a eso… ¿A dónde vamos?
—Ya lo verás.
๗๗๗
Las gotas de lluvia caían sobre el cristal del coche difuminando el paisaje que los envolvía. Se encontraban a las afueras de Londres, entrando en una preciosa urbanización rodeada de unos jardines excepcionalmente cuidados.
—La lluvia nos va a fastidiar la barbacoa. —Se quejó Edward haciendo un mohín de fastidio.
—¿Vamos de barbacoa?
—Más bien íbamos, con este tiempo será imposible hacerlo. A mi padre no le hará mucha gracia.
—¡Un momento! ¿Tú padre? —Pregunto sorprendida viendo como el coche tomaba la ñultima curva del camino y se estacionaba frente a una hermosa casa de dos plantas.
—Sí. ¡Bienvenida al hogar de los Cullen!
—¿Por qué no me lo has dicho antes? ¡Son tus padres!, ¡Voy a conocer a tu familia!
—A mi hermana ya la conoces y mis padres van a caer rendidos a tus pies. No te lo dije para que no te pusieras nerviosa. Mi madre está impaciente por conocerte desde que todo salió a la luz.
—¡Pero no he traido nada! NI unas flores, ni una botella de vino.. ¡Dirán que soy una desagradecida!
—Nadie dirá nada. Respira y echemos una carrera hasta la puerta o terminaremos empapados.
Bella inspiró prfundamente y corrió detrás de Edward cuando él le abrió la puerta del coche.
La puerta de la casa se abrió justo cuando ellos llegaron. Un hombre alto, rubio y de ojos azules que rondaba los cincuenta años les esperaba con una radiante sonrisa.
—¡Pasad chicos! ¡Parece que la tormenta se está acercando!
—¡Gracias, papá! ¡Lástima lo de la barbacoa!
—¡Oh, no te preocupes! Tu madre siempre tiene un plan B, lo tiene todo organizado en la cocina. Soy Carlisle, —Se presentó extendiendole la mano a Bella— El padre de Edward.
—Encantada, yo soy Bella.
—No sabes la ilusión que nos hace tenerte aquí. Es la primera vez que Edward nos presenta de manera oficial a su chica. Debo advertirte que mi esposa está especialmente emocionada. Sé que conoces a Alice, pues te diré que es igual a su madre.
—¡Papá! ¡No la asustes!. No le hagas caso, cielo. Mi madre es... menos intensa que Alice, Te encantará.
Juntos entraron en la casa. precedidos por Carlisle, atravesaron el salón decorado de una manera sencilla pero a la vez elegante. Llegaron hasta una enorme cocina poblada de mobiliario blanco y una enorme isla central donde Alice, y una mujer de estatura similar, cabello color caramelo y ojos verdes parecían estra concentradas en los fogones.
—Mamá, ¿No crees que te estás pasando? ¡Es demasiada comida! —Exclamó Alice apurando el útimo trago de su copa de vino blanco.
—¡Nunca es demasiado, hija! ¡Mejor que sobre a que falte! ¡Y más con invitados! —Añadió la mujer a modo de cariñosa regañina al tiempo que elecó la mirada y se fijó en os recién llegados— ¡Oh Dios mio! ¡Ya habéis llegado!, Tú debes ser Bella, ¿Cierto? —Preguntó limpiandose las manos y acortando la distancia que las separaba para estrecharla entre sus brazos ignorando de paso la presencia de su esposo y su hijo— Yo soy Esme. ¡Me alegra tanto conocerte!
Bella aceptó el cariñoso abrazo no sin sorpresa. Abrió la boca para responderle, pero Esme continuó hablando.
—Tengo que reconocer que me molestó enterrme de lo vuestro por la prensa, pero mi enfado desapareció rápido cuando mi hijo me prometió que te traería a casa.
—¿Ah, si? —Bella volteó para mirar a Edward de manera interrogante.
—Hijo, al que por cierto ni has saludado. ¡Hola, mamá! Estoy bien, gracias, ¿Y tú? —Preguntó Edward irónicamente guiñandole un ojo a su madre.
—¡Oh, cállate! A ti te tengo muy visto. —Respondió a la broma lanzándole un pequeño beso— Hoy me interesa esta jovencita. Pero ven, siéntate aquí —Esme la acompañó hasta una silla situada frente a la isla central y tomó asiento a su lado— ¿Qué tal por Escocia?, ¿Qué tal tu padre?, Eres hija única, ¿verdad? Debe ser muy interesante trabajar en una editorial. Por cierto, las fotos no te hacen justicia, eres más guapa en que el tiempo haya arruinado la barbacoa, pero la trasladaremos del jardín al comedor será...
—¡Vale, vale, vale! ¡Dale un respiro mamá! —Intervino Edward acercandose hasta ella y tapando la boca de su madre con sus manos haciendola callar— ¡No pensé que serías peor que Alice!
—¡Es verdad! Yo al menos no parecia una loca cuando la conocí. Por cierto, ¡Hola, Bella! La histérica de mi madre ni siquiera me ha dejado saludarte.
Bella no pudo evitar responderle con una sonrisa.
—¿Estás bien? —Le preguntó Edward.
—Un poco abrumada, la verdad. ¡Es un placer conocerte, Esme!
—¡Ay, hija! Discúlpame, pero es que me ha podido la emoción. —Confesó la mujer deshaciendose del agarre de su hijo.
—Bueno, pues ahora que ya estamos más tranquilos y no parecemos una familia de locos desesperados por conocer a una chica... —Intervino Carlisle dirigiendo un simpático gesto hacia Isabella— Será mejor que pasemos al comedor y disfrutemos de esta deliciosa comida. Podemos ponernos al día entre palto y plato.
Y así fue. Disfrutaron de una magnífica comida solo entrubiada por el ruido de la lluvia y los truenos que arreciaban fuera. Bella y Edward fueron interrogados por como se conocieron además de todos los detalles de su relación. Bella les habló sobre ella, su trabajo y su familia y al mismo tiempo conoció todo lo relacionado con los padres de Edward. Esme aprovechó para enseñarle algunas fotos de cuando Edward y Alice eran pequeños, haciendo que ambos se sonrojaran y recordaran las travesuras que hicieron.
Por la tarde, Jasper, el novio de Alice se unió a ellos. Disfrutaron de una entretenida tarde jugando al trivial. Esme aprovechó un pequeño descanso para ir a preparar el café. Iba a coger la bandeja para volver al salón cuando la voz de su hijo la detuvo.
—Déjame a mi, mamá. ya lo llevo yo. —Se ofreció depositando un beso en la cabeza de la mujer y tomando la bandeja.
—Edward, espera. Quiero hablarte sobre Bella.
—¿Ocurre algo? —Preguntó extrañado puesto que su madre se había mostrado encantada durante toda la velada.
—Esa chica... es especial. ¡Cuídala y no metas la pata, hijo! Ella no es como las demás..
Edward sonrió a su madre.
—Lo sé. La amo y no la dejaré escapar.
¡Hola! ¿Qué tal todo?
Aquí os dejo el nuevo capítulo, ¿Qué os ha parecido el encuentro con la familia Cullen?
¿Qué ocurrirá ahora?
Aprovecho para dar las gracias por los favs, follows y reviews.
¿Queréis un adelanto de lo que ocurrirá en el siguiente capítulo?
Aquí os lo dejo:
—Bueno, seré un buen novio y buen hijo y pagaré por los delitos de mi padre y te compensaré con un maravilloso masaje de pies, pero antes… —Edward se incorporó y la tomó de los brazos para hacerla quedar sentada sobre la cama de nuevo— Quiero darte algo.
—¿A mí?
—Sí. Mete la mano en el bolsillo izquierdo de la chaqueta.
Bella hizo lo que él le pidió y palpó algo duro en el bolsillo. Lo sacó y descubrió una cajita rectangular de color amarillo decorada con un pequeño lazo blanco.
—¿Qué es esto? —Preguntó confundida
—Una especie de regalo… aunque, bien mirado puede ser un regalo para mí más que para ti. ¡Ábrelo!
¡Oh! ¿Qué será….?
Espero leer vuestras teorías en los comentarios.
Nos leemos el viernes.
Saludos.
