I'm back, yeah surprise, surprise... New year, new chapter. Voy a tratar de subir más seguido, perdón, perdón por estar tan ausente aunque cada vez queden menos lol
The Ones that were left behind
Masaki estaba terminando de lavar los platos en la cocina tras la cena. Podía escuchar la ducha corriendo con alguna de sus amigas bañándose y las otras hablando en el living. Últimamente, ella se abstraía en su mundo sin poder recuperar su mente del todo, perdiendo la percepción del tiempo, de lo que sucedía alrededor. Cuando estaba sola, era el peor de sus momentos. Cada segundo, cada hora en la que nadie estaba a su lado, ella lo utilizaba para llorar.
Las lágrimas parecían no poder detenerse. Ella simplemente se hacía un ovillo en un rincón y dejaba todo ese dolor salir que enmascaraba delante de sus amigas y compañeros. A veces tenía que huir al baño y respirar en un cubículo para no romperse en mil pedazos. Ese hueco en su corazón no parecía querer llenarse. La pérdida la carcomía por dentro, poco a poco, inmovilizándola, paralizando todo músculo de su cuerpo con la pena.
No había nada que pudiese hacer. Nada que pudiese solucionar, o alguna forma de revertir lo que había pasado. Ichiru no iba a volver.
Ichiru estaba muerto y ella estaba viva.
Volvió a sentir su corazón a punto de ahogarla, el nudo en la garganta previo a que el llanto comenzase. Respiró hondo una, dos, tres veces. No iba a poder detenerlo. Recurrió a otra técnica que había aprendido a través de sus días de duelo. Sus uñas se clavaron en su carne profundamente, lo suficiente como para causarle dolor y dejar marcas. Esa distracción, su cuerpo focalizándose en el dolor físico real, era suficiente como para evitar la pena que no parecía querer abandonarla.
Volvió a contar hasta diez y empezó a secar los platos.
- ¿Masaki?
La voz de Tsubaki la hizo saltar hasta el techo. No había notado su presencia y por la cara de ella, Tsubaki sabía todo lo que se había revuelto en su interior unos segundos antes. Desventajas de que tener una amiga que leyese auras. Ella lo sabía.
Masaki podía sentirlo en sus ojos, pero aún así Tsubaki no dijo nada más. No movió ni un músculo más. Solo se quedó allí, mirándole.
Mentir siempre le había dejado un sabor amargo en la boca. Evitaba hacerlo lo mejor que podía y en el departamento, mentir era sinceramente una perdida de tiempo. Tsubaki leía las auras, Ayame y Yuroichi eran detectores de mentiras humanos. Mentir era como ponerse una diana en medio de la frente para las preguntas. Masaki prefería directamente evitar hablar de ello, de sus emociones y sentimientos.
No contar la verdad sería como mentir. Ella lo sabía. La otra opción la destrozaba tanto por dentro que dejar ir con palabras ese dolor, para ella sería lo mismo que dejarla vacía como una cáscara. Ella tenía miedo que una vez que dejase ir todo lo que estaba sintiendo, no quedase nada de ella. Tenía miedo, ira, sed de venganza, soledad y una infinita tristeza.
Eso era lo único que existía en su interior.
Trataba de sonreír y volver a su yo de siempre, antes de estar a punto de morir, antes de perderle. Fingir no era lo mismo que ser. Repetirse a uno mismo que todo estaba bien no lo hacía cierto. Masaki rogaba que en algún momento ella misma se tragase la mentira y se volviera su nueva piel. Por Ichiru ella tenía que seguir adelante, por sus padres, por sus amigas, por Zero, por Kaito.
Ella ya no quería sentirse como en esa noche. Impotente, la damisela en peligro. Tan inútil y poco valiosa. El terror que le causaban esos seres era una mano en su tráquea diaria que se cerraba lentamente. Se estaba marchitando. Era una inocente flor que murió en pleno verano junto con él.
- Maki, Tsubaki.- Ayame se asomó recién duchada.- ¿Pasó algo?
Masaki sonrió y torció la cabeza esperando a que ambas mordieran la carnada y no preguntasen nada de su estado taciturno.
- No.- Tsubaki respondió por ella.- Vine a ver si Masaki necesitaba ayuda, pero ya había terminado.
- ¿Alguna novedad? - trató de cambiar el tema lejos de querer la atención sobre ella misma.
Ayame la miró por unos segundos sospechando algo en su actitud. Ayame sabía que no podría ayudarla a menos que Masaki se abriese, y tampoco podía forzarla.
- De hecho, sí. Kaien y Yagari me dijeron que ingresaron nuevos estudiantes enviados a ayudar con la reconstrucción, seguridad y los nuevos salvaguardas mágicos.- Ayame se sentó en la isla de la cocina agarrando un par de pastillas e ingiriéndolas con un poco de agua.- Probablemente terminemos con nuevas compañeras de cuartos temporales. Hasta que terminen de re acomodar todo o los nuevos terminen su trabajo en Asylum.
Tsubaki asintió sonriendo tenuemente. Masaki no pudo. Todo se movía muy rápido y ella estaba clavada en el mismo lugar, el mismo estado. ¿Ya todos se habían olvidado lo que habían perdido y querían poner a más chicos en peligro? Ella no entendía. No entendía a esas familias que habían mandado a esos chicos allí. No entendía a la escuela que seguía abierta. No se entendía a ella misma en cómo no se había ido ya. Huido de ese lugar para siempre lejos y nunca regresar. No sólo era la venganza. No sólo era saber que si huyese, ella de todos modos no sería la misma.
Algo en su interior, en la boca de su estómago, la obligaba a quedarse. A luchar hasta que aquellos que habían infringido tanto sufrimiento y destruido todo pagaran. Miró a Tsubaki y a Ayame que le sonrieron mientras ella las acompañaba al living. Kira, Mizuki, Dara, Yuro estaba ahí discutiendo algo que ella no escuchaba.
Era saber que si se iba, todas esas maravillosas personas que ella veía en ese preciso momento, todos los que había conocido en esa loca institución morirían uno a uno bajo las manos de Acnología. Si ella se iba y no luchaba, tener también sus muertes en su conciencia la volvería loca.
Kira iba a tirar los boletos. Por el amor a todo lo profano, iba a prenderlos fuego. Ninguna había querido ir con ella. Ya sea por estudios, por guardia como prefectos, por candidatura, o porque simplemente no se le daba la regalada gana (Yuro), todas y cada una de sus amigas habían rechazado la oportunidad. Incluso Ayame le había dicho que no los conocía ni pretendía hacerlo. ¿Qué pasaba con las groupies adolescentes hoy en día? Que decepción para ella.
Hasta Masaki la había rechazado tan abiertamente que podría bien haberla abofeteado. ¿Qué les pasaba a todas? Sentía que después de la batalla todo se estaba cayendo a pedazos. Humanas... ¿Quién podía entenderlas? Para ella la muerte no era una amenaza. Con menos de un siglo, tenía muchos más para seguir. En algún momento todos sus conocidos de ahora morirían y ella volvería al ciclo de estar sola. Estaba acostumbrada.
Kira siempre había pensado que su gemelo estaría por siempre con ella. Como se equivocó en eso. No había puesto en el tablero a los pura sangre. Ellos arruinaba todo. Su mirada se dirigió a través del patio trasero directamente hacia donde estaban los vampiros conglomerados. A pesar de no prenderse fuego bajo el Sol, la vista de ellos era demasiado sensible para la luz solar, y los irritaba. La luz del día los debilitaba terriblemente, incluidos a los pura sangre. Todos se obligaban a usar gafas de Sol para no estar con un instinto asesino elevado hacia cualquiera que pasase cerca. Era lo lógico después de todo.
Y entre ellos, bajo por lo menos tres sombrillas estaba Sara, junto a Takuma. Eso no le iba a gustar a Ayame, ni un poquito, especialmente porque el rubio se veía enfermizo, más pálido de lo normal, y estaba sirviendo una bebida a Sara como si fuera su copero real. Kira a veces deseara que las películas de destino final no fueran ficción y accidentes así ocurriesen en la vida real. Específicamente a esa mujer en esos momentos.
- ¿Quién sacó a Regina Georg de cuarta de Chicas Pesadas?
Kira se volteó mirando a dos chicas en el césped almorzando tranquilamente. Una de ellas tenía el pelo anaranjado y corto, sus bucles parecían tener voluntad propia apuntando hacia todos lados. Era como ver una oveja naranja. Sus ojos, por otro lado, eran de un pálido azul tan frío como la Antártida misma. No sabía por qué pero esa mirada le hacía estremecerse.
Al lado, había la loli más llena de algodón de azúcar que había visto en la vida. Pelo rosado, cortado carré pero las ondas lo hacían más vivo. Grandes anteojos que ocultaban sus ojos color chocolate con una dulce y tímida mirada. Podía oler la dulzura y el romance que emanaba la niña como si estuviera hecha de vainilla. A pesar de su tamaño, ella y su compañera tenían el uniforme escolar.
- ¿ Qué miras, sanguijuela? - la chica de mal carácter le siseó.
- Nada, sólo viendo lo muy kamikaze que debes ser para ser nueva y hablar así de Sara.
- ¿ Qué vas a hacer? ¿Matarme por tu bella ama? - la chica se burló.
Kira le apuntó al conjunto de vampiros que se habían acercado mirándola con mala cara. Ella no pareció asustada. Kira le dio un Punto por ello aunque no le había gustado ser comparada con ellos, antes muerta que servir a un pura sangre.
- Con todo respeto, o ninguno también, deberías primero ver a tus enemigos antes de atacar a la única persona que puede que te defienda de ellos.
- Disculpe a Percy-chan.- la Loli de pelo rosado balbuceó nerviosa de la proximidad de los vampiros.- Ella habla sin pensar.
- Yo no tengo problema es que siga sacando el cuero de Sara mientras que no me culpen a mí cuando los vampiros que se le fuesen a echar encima terminen medio muertos.- ella sonrió a ambas dejando a relucir sus colmillos.- Tienen suerte que Sara no las escuche o serían comida de vampiro.
"Percy" medio sonrió y se volteó hacia ella.
- Por el modo en el que dices su nombre, parece que la quisieras seis pies bajo tierra. Me agradas.
- Referencia a los Gun's and Roses. ¿Dónde has estado toda mi vida?- Kira se carcajeó.- Kira Kain.
- Perséfone Cerberus.- se apuntó a si misma y después a su amiga.- Chiai Frigg. Somos nuevas, aquí. Amanecer nos llamó.
Kira meditó en las palabras de Ayame esa mañana en el desayuno. ¿Serían ellas las nuevas compañeras de cuarto? Percy volvió a mirar a Sara con cierto desprecio. Aunque no lo fueran, podrían ser más aliadas contra Shirabuki.
- ¿De casualidad van a hospedarse en el penthouse del edificio del fondo?
- ¿Lees mentes, Kain-san? - Chiai lo miró por encima de su licuado de fresa curiosamente.
Tanto Percy como ella rieron a carcajada limpia. Ojalá ella pudiese hacer eso, sería más fácil de atrapar a los malos. De saber la verdad.
- No, simplemente vivo ahí y una amiga me avisó que habría nuevas.
Sacó la llave de su bolsillo mostrando el número de departamento. Se preguntó si ya habían ido allí y dejado sus cosas. Tal vez debería dar una pequeña introducción de las chicas antes de mandarlas al descontrol y caos de los dormitorios. Especialmente de Masaki, despertador humano que siempre querría matar de no querer a esa mocosa. Hizo una mueca por un microsegundo.
Masaki ya no tenía esa chispa, esa energía. Masaki había cambiado.
Se preguntaba cuánto ella había cambiado después de la muerte de su hermano.
- ¿Ya han ido al cuarto? - cambió de tema para ocultar su cambio de humor.
- No, nuestras cosas están siendo cargadas ahora.- Chiai se encogió de hombros.
- Si me esperan después de clase podemos ir todas juntas.- Kira se ofreció.
Kira medio sonrió cuando ellas asintieron enérgicamente. Todo el almuerzo se dedicó a conocer con quien compartiría su departamento y no esperó que esas dos humanas opuestas le cayeran tan bien. Tal vez este semestre sería mejor que el anterior.
Perder a alguien deja una marca,
una herida, un tatuaje permanente.
Es esperar su llamada para escuchar su voz,
o su llegada por un abrazo que no será.
Es saber que no hay forma de recuperar el tiempo.
Es saber que lo único que queda es el recuerdo.
Tsubaki...
Tsubaki...
Por favor, Tsuki, Despierta.
Tsubaki abrió los ojos lentamente sintiendo sus miembros tensos por la posición en la que se había quedado dormida estudiando. Estaba en el aula sola pero había jurado que escuchaba la voz suave y monótona de Sasori. Su pecho dolía, sí. Era opacado por la ira que hervía su sangre a fuego lento. Ella nunca se había considerado una chica violenta, es más, aborrecía todo tipo de daño hacia los otros. Ya fuera físico como psicológico. La injusticia tampoco era de su agrado.
Trataba de equilibrar las cosas con sus pequeños actos pero no creía que pudiese ser suficiente. Ella era una simple humana nadando en una pecera llena de monstruos. Algunos, aunque buenos, seguían siendo peligrosos, y luego estaban los que querían asesinar a todo ser dentro de las paredes de esa escuela. No había forma de detenerlos por ahora. Solo quedaba esperar y rogar que esta vez pudiesen prevenir otra masacre.
Y luego estaba Sasori.
Era uno de los malos. Uno cuya traición como espía de Acnología había dejado su corazón partido en mil pedazos. Sinceramente no tenía noción de cuando había empezado a hacer mella en ella esos sentimientos. ¿Era por culpa de esos sueños? ¿O ella realmente sentía eso? Todo era tan confuso y a la vez pedía venganza por él. Si era sincera con ella misma, no creía poder luchar contra él. Más allá de su inutilidad física y la experiencia del asesino, ella sabía que no podría lastimarlo ni aunque quisiera. ¿Verlo morir? Le partiría el alma.
Volvió a alzar la máscara de su banco. Era el regalo de Sasori en el Beltaine, festival de los amantes. De eso parecía que habían pasado milenios y ella seguía tratando de averiguar por qué le había regalado eso. Todos le habían dicho que Sasori nunca regalaba nada a menos que le trajera un beneficio. ¿Cuál había sido entonces la ventaja que había ganado ese día? Ella no era nadie. Su confianza no le hubiese servido de nada. Ellos no se conocían.
- Si sigues mirando eso, le vas a dejar un agujero.- Kaname estaba parado en la puerta del aula.
Ella había elegido esa habitación porque estaba vacía y no habría clases hasta la noche. Así que por lo que fuera que el rey vampiro hubiese venido, no tenía que ver con su horario de estudio.
- Volviste.- ella notó obviamente sintiéndose como una tonta.
- Hace una hora o dos.- contestó él sentándose en el asiento frente al suyo.
Kaname esta vez parecía relajado con ella. No como las otras veces en las que ella sentía que era una bomba de tiempo a punto de explotar. Él tomó suavemente la máscara y miró los detalles con detenimiento.
- Sasori siempre fue bueno con sus manos. Cuando lo conocí no era lo que es hoy.
- ¿No?- ella lo miró cuidadosamente no pudiendo creer que Kaname estuviese hablando de su pasado o de Sasori.
Especialmente de Sasori como si fuesen viejos amigos, considerando que la última vez que los vio juntos (antes de su traición) ambos habían intentado de matarse el uno al otro con demasiado ímpetu.
- Para empezar, él era humano. - Kaname medio sonrió mirándola directamente a los ojos.- Aunque su cuerpo actual mantenga esa forma, ya no es el mismo.
Le devolvió la máscara con aire ausente y ella trató de sonreír sin éxito. ¿Cómo había llegado Sasori a ese grupo terrorista y por qué se habría unido a ellos? Tsubaki nunca podría comprenderlo. Ella no se imaginaba ninguna razón para ello.
- Él perdió muchas cosas.- el vampiro pareció leer sus pensamientos.- Y trató de recuperarlas de la peor manera. Era carpintero, hacía juguetes, sillas, artesanías. Todo lo que sus manos pudiesen crear. Llegó a mi pueblo natal después de que me fui, buscando nuevas oportunidades y un lugar tranquilo donde asentarse. Lo conocí cuando se había ganado el respeto del pueblo, y después de milenios de cruzárlo y hablar, después de toda la historia que pasó, fui el más...
Se detuvo cuando los vidrios empezaron a temblar por su furia. Ella lo entendió. Kaname también se culpaba por no haberlo previsto, por no haberlo detenido.
- Al parecer uno nunca termina de conocer a las personas. Ni con miles de años de rivalidad.
Ella nunca pensó que volvería a sentir pena por Kaname después de su orgullo herido. Pero tomó su mano tratando de reconfortarlo. Recordaba las palabras de Mizuki y Aidou. Él había vivido demasiado, perdido mucho más de lo que contaba y pocos inmortales como él habían sobrevivido a todos los que habían intentado matarlos. Sasori era con quien, a pesar de sus años de odio aparente, tenía un profundo vínculo. Por su hogar olvidado, por sus orígenes. Él tomó su mano, sin nigún indicio que hubiese entendido nada más que su intento de consuelo.
- Gracias.- dijo al soltarla.- Eres muy amable, Tsubaki.
- Yo te entiendo. Nunca conocí a nadie por siglos pero... entiendo que su traición te duele.
Él apretó su mandíbula y la analizó como si ella estuviese ocultando algo delante de su nariz. Se veía demasiado serio y concentrado. Tsubaki no sabía por qué.
- Él te atraía, te gustaba, ¿ no es cierto?
Ella no contestó. Si trataba de negarlo, sería demasiado evidente su mentira. Si lo aceptaba, ella no podría pensar en otra cosa. Era mejor olvidarlo, dejarlo atrás y nunca volver a tocar el tema. Ella sentía un gran agujero en su pecho, y su instinto decía que si no lo dejaba ir, este lo consumiría. Ese agujero negro en su pecho la consumiría sin dejar rastro de su existencia.
Si perdonaba lo que Sasori había hecho o se dejaba llevar por los sentimientos que él había generado, ella desaparecería.
- Buenas tardes, alumnos.- una voz profunda hizo estremecer a Ayame de pies a cabeza.
En efecto, el nuevo profesor de literatura había hecho presencia y los murmullos recorrían el salón emocionados y curiosos. Ayame se fijó en el hombre. Supuestamente, esta vez habían hecho su investigación correctamente para contratar al profesor, la híbrida ya no confiaba lo suficiente en el equipo de investigación e inteligencia. Habían bajado la guardia lo suficiente como para que no uno sino dos espías se colaran en Asylum e hicieran estragos.
Él sonrió afablemente mirando a cada uno por obre unos anteojos de pasta negros y escribió su nombre en el pizarrón: "Lachlain Kurt". Sus ojos eran cálidos como la miel y emanaba una paz que Ayame no creía posible hasta ese mismo día.
La clase comenzó con pocas vueltas y, a pesar de no ser una de las materias favoritas, Ayame sintió que el hombre la hizo llevadera. Su clase fue didáctica, divertida, hasta le hizo querer aprender aún más. Ayame se dio cuenta que el hombre era uno de esos maestros. No importaba lo que enseñase. Ese hombre podía transmitir el amor hacia su carrera, hacia su materia.
Y por más que Ayame lo estaba disfrutando, no podía pensar que algo malo había en él. Ese detalle que se le escapaba y hacía revolver su estómago la tuvo sobre el límite de su silla hasta el momento en el que la puerta se abrió minutos antes del recreo. Zero se detuvo allí con un cuaderno en la mano. El cuaderno que debían firmar los profesores para garantizar que la clase se había completado. Él no se movió ni un ápice, mirando fijamente a Lachlain.
- ¿Puedo ayudarle? - su r se arrastró con un acento visible.
Zero pareció despertar de su sueño y le alcanzó el libro de actas.
- Disculpe la interrupción.- Zero encontró su voz.- Yagari me envió a entregarle el libro de actas de literatura.
- Muchas gracias.
Lachlain tomó el cuaderno y Ayame pudo jurar que electricidad pareció sacudir levemente a Zero. Él la miró de reojo y ella asintió. También lo sentía. Esa horrible opresión, ese cosquilleo que estaba delante de alguien muy peligroso. El timbre sonó y ella salió casi tan rápido como el peli-plata. Los dos se detuvieron en seco al ver a Yuroichi de ropa casual en la puerta esperando.
- ¿Qué haces aquí?- ambos sonaron como si ella se hubiese vuelto loca.
Yuro ignoró a Zero completamente enfocándose en Ayame.
- Soy la guía, niñera del profesor hasta que se acostumbre a Asylum y sus dimensiones. - ella se encogió de hombros.
- Ah, Hakyoku-san.- Lachlain salió apoyándose en la puerta.- Un gusto volver a verte, ¿Yagari volvió a insistir en que yo te moleste?
- En tu defensa, no es ninguna molestia.- medio sonrió Yuroichi.
Ayame pudo notar al cazador tensarse y querer molerle la cara a golpes al nuevo profesor olvidándose por un segundo de aquella extraña sensación de terror que ambos sentían.
- Además, yo me busqué el castigo.- ella suspiró.- Suelo meterme en problemas fácilmente.
- Esperemos que a mi lado por un tiempo, puedas corregir esa manía.
Ayame se quedó de una pieza. ¿Era su imaginación a lo de recién había sido un coqueteo notorio? El profesor volvió al aula a juntar sus cosas y Ayame tuvo el impulso de tratar de detener a Yuro. Algo estúpido de su parte, eso solo garantizaría que la oji-plata se esforzase en cagarla.
-¿Estás loca? ¿Es que tienes muerto el gps de supervivencia?
- ¿Eh? ¿De qué mierda estás hablando?
Ayame se quiso tirar de los pelos. ¿Estaba hablando en serio? Por su rostro, pudo leer que sí. Yuro no sentía lo que Zero y ella sí, y ambos lo único que tenían en común era ser vampiros. Miró de reojo a otros estudiantes vampiros, también temblaban como si hubiesen pasado una navaja detrás de su nuca.
- Hakyoku- san, disculpa por interrumpir. ¿Sabes dónde venden el mejor café aquí?
Lachlain había salido del aula apoyado sobre la puerta con una sonrisa afable. Sus anteojos se deslizaron sobre su nariz mirándolos sobre estos. El hombre era atractivo, sí. Pero Ayame no confiaba ni un segundo en él.
- Si, por supuesto, Kurt-san.- Yuro sonrió causando un gruñido de Zero.
El profesor tomó sus pertenencias yendo tras la morocha hacia el otro lado de la escuela, contrario a la cafetería. Zero quiso ir tras ella siendo detenido por Ayame quién le miró con una advertencia.
- Ella te hubiese destrozado.- le advirtió.- No te quiere cerca... Y tampoco estamos hablando de una chiquilla indefensa.
- Hay algo mal en él.
Zero no podía, ni quería que ese hombre estuviera cerca de ella. En los últimos minutos, Yuro había sido más amable con ese desconocido que con cualquier persona en la faz de la tierra.
- Ella no lo siente, de todos modos. ¿No la viste? Ni siquiera sabía de qué estábamos hablando.
- Entonces, ¿qué hacemos? ¿Dejarla ir?
- No, le probamos lo que él es... Lo que nosotros percibimos.
Déjame salir de este profundo hueco.
Déjame controlar mi destino.
Hay algo escondido en mí,
en lo hondo de mi existencia.
Quiere sumirnos a todos en el caos,
quiere destruirte de adentro hacia afuera.
- Es la primera vez que alguien me sorprende.- ella admitió viendo lo que él le había traído.
Yuroichi no estaba mintiendo. Había pocos registros de su línea de ancestros, incluso en la asociación nadie parecía tener idea si Yoruichi había sido un mito o no. Pero efectivamente, el nuevo profesor le había traído una serie de documentos con su propia historia plasmada.
- Como te dije, tu familia y la mía tienen historia. Así que a mi familia siempre le gustó recaudar información para saber qué tanto podíamos estar en peligro. - Lachlain sonrió sobre el papel.
Yuro siempre se había considerado buena leyendo las expresiones del resto, sus emociones. Lachlain era la excepción como ella había notado. Era estar jugando póker con el mejor de la historia. Ella no podía saber sus palabras eran una amenaza, tristeza o simplemente un comentario. Su curiosidad seguía haciendo mella entre ambos. Ella rió, un poco para distender la tensión entre ambos. Ella no era la única estudiando al que estaba en la silla de enfrente.
Sus dedos pasaron desde Yoruichi mostrando que había tenido tres hijos. Dos de ellos no habían tenido descendencia. El tercero, del más joven, descendían toda su familia. Hakyoku no era un simple apellido. Significaba catástrofe y según este mapa de la historia había una razón. Ella podía ver que la mayoría ni siquiera había sobrevivido lo suficiente. Habían muerto uno tras otro, a penas pudiendo llegar a la adultez. Sus dedos trazaron el nombre de su padre y debajo de él, escritos estaban el nombre de Caleb y el de ella.
- Gracias por mostrarme esto. Significa mucho para mí.
- No hay por qué. Considero que toda persona debería saber su pasado para no cometer los mismos errores que los que vinieron antes de él o ella.- él le tomó la mano suavemente.- Sin contar que tú no creciste sabiendo historias de tus abuelos o tus ancestros.
- Sé lo básico. - ella se encogió de hombros. - La leyenda de la primera cazadora de mi familia. Se enemistó con algún clan de la noche que mató a sus hijos, a su esposo y se unió a la Asociación de pura suerte, prometiendo que su familia no descansaría hasta exterminar todos los monstruos. ¿Me faltó algo?
Ella medio sonrió al verlo reírse. Para haber estado enamorada toda su vida de Zero(probablemente todavía lo estaba), ella comparaba a ambos sin poder evitarlo. Zero siempre había sido una persona fría, seria y de pocas palabras. Esas características se habían profundizado al convertirse en vampiro. Sin contar que ahora tenía la perfección y la atracción de su condición de sanguijuela para volverlo irresistible. Era el típico chico cool y reservado de los programas de anime que Masaki veía. El genio, el prodigio. Sin ningún encanto pero de todos modos atraía mujeres.
Lachlain era todo lo opuesto. Era radiante, emanaba paz y una calidez que tras estar literalmente en una cama con un vampiro, Yuro necesitaba tocar. Su magnetismo era mucho más indómito, como si algo se ocultase en el interior queriendo salir. Era calmo y racional. Y cada vez que miraba a Yuroichi, ella no sentía que en cualquier momento terminaría con la garganta abierta y desangrándose. Tal vez era por eso. Yuroichi ya no podía confiar en Zero. Ya no quería confiar en Zero. Y a pesar que se sentía morir cada vez que él la miraba, una furia quemaba por dentro más fuerte que cualquier otro sentimiento. Incluso más que la culpa por lo que había sucedido a Ichiru.
- Yuro.- él llamó su atención y le sonrió tenuemente.- Si te estoy reteniendo, podemos irnos.
- No, lo siento.- ella tocó los papeles como si estos fueran un salvavidas en todo el caos de su mente.- A veces me sucede, me abstraigo tanto que olvido que estoy acompañada.
- Está bien. Eso me sucedía tras perder a toda mi familia. Lo entiendo.
Por primera vez desde que lo había conocido, ella leyó algo en sus ojos. Fue tan fugaz que ella podría haberlo imaginado.
- Mi familia.- se aventuró a adivinar.
- No te preocupes, no te culpo en absoluto de lo que sucedió.- él tomó otro sorbo de café.- Sería ilógico que lo hiciera, eres una niña.
Ella no pudo evitar reírse. Ni siquiera con los cazadores y cuando tenía 15 había sido considerada ni tratada como una mocosa. Y ese hombre venía y le hablaba como una, con cierto toque de burla. No sabía si aplaudir su valentía o sentirse ofendida. ¿Quién le consideraría una pequeña cuando había matado a decenas antes de cumplir los 13? ¿Qué era o quién para saber tanto de su familia y aún así no temerle?
- Disculpe, padre tiempo, no sabía que hablaba con un dinosaurio.
- Cuando tienes mí edad, todos parecen niños salvo raras excepciones.
Él tocó la punta de sus dedos a conciencia, jugando con ellos. Yuro sintió un calor abrasador subir por sus brazos hasta su pecho y bajar hasta la boca de su estómago. Lachlain sonrió como si pudiese leer su mente.
- ¿ Cuántos años tienes realmente? -ella se inclinó hacia adelante en la Mesa y él también.
Incluso detrás de sus lentes de descanso, que ella creía que eran solo para completar su fachada de buen chico y no tenían un propósito en sí, el brillo malicioso que a veces lograba ver relucía sus ojos ámbar.
- Digamos que el apodo que me acabas de dar me va como anillo al dedo... Diría que soy tan viejo cómo Kuran pero no estaría tan seguro si él es incluso un poco más joven.
Yuro se estremeció con esa media sonrisa que le dió. Su instinto en ese micro segundo gritó que era peligroso. Le gritó que corriera, pero su curiosidad, la atracción que no sabía de dónde provenía maldijo su supervivencia y la mandó por el caño.
- ¿No me vas a decir cuánto exactamente? - ella resopló enarcando una ceja.
- ¿Y revelar mis secretos tan fácilmente? No lo tomes a mal, Hakyoku, pero no soy uno de esos muchachos que puedes encandilar fácilmente.
- Lo sé.- ella terminó su café.- Eso sólo hace más divertido el juego.
Sandara llegó trotando al subsuelo del edificio B. Amanecer contenía a todos los prisioneros allí, y gracias a la magia de los magos, era una prisión mágica sin salida a aquellos que no estuviesen autorizados. Ya todos estaban allí esperándole. La mayoría de ellos hubiesen parecido seres normales de no ser por sus incríbles poderes. Dara planeaba para cuando terminase la escuela llevar un índice de todos los nombres y poderes que había podido lograr conocer.
Por primera vez podía pensar que encajaba en algún sitio y eso se lo debía a Itachi...Y a Asylum. Tobi terminaba de dar los últimos detalles a las ataduras de la chica que habían encontrado en el bosque. Según Ayame, la joven había estado aterrada de la posibilidad que "ellos" la encontrasen. Por ellos, todos habíamos asumido como Acnología. Sin embargo, ninguno en Amanecer quería morder el anzuelo. La idea de que una prisionera de ese grupo hubiese logrado escapar era tan atrayente como imposible.
Por lo menos la chica ahora estaba bañada, aseada y medianamente presentable. Tenía el pelo de un color caoba medio anaranjado que había sido cortado por la cantidad de mugre que tenía, era tan plana que con el pelo tan corto parecía un niño afeminado y sus ojos eran color café claro. Era como un cervatillo frente a las luces de un auto antes de ser atropellado. Según las palabras de Konan-sensei, ella no estaba lúcida. Repetía palabras en un idioma inexistente, veía a la nada por horas solo para tener estallidos de rabia y golpear al guardia de turno gritando profanidades. Hidan había estado a segundos de matarla al parecer.
Liberar esa clase de desastre al mundo, especialmente en una escuela llena de estudiantes humanos normales, era una muy mala idea. Así que ahora estaban interrogándola.
- Athena. - la llamó Kakuzu.- ¿Algún apellido?
Ella ni siquiera lo miró perforando con la mirada a Tobi que se alejaba.
- ¿Qué año es este? - preguntó en retorno.
- Yo soy el que hace las preguntas aquí.- el hombre con cinco corazones siseó.
Athena lo miró de mala gana y sonrió mostrándole sus pequeños pero afilados colmillos. Dara lo sintió como una amenaza y una burla. Le estaba diciendo que se podía ir a meter cactus en lugares donde el Sol no alumbraba mucho.
- 2018.- Dara resondió desde un costado.
Athena se fijó en ella y torció la cabeza con curiosidad.
- Mmmm, un alma inocente. Tú me agradas.
- ¿Lo suficiente como para responder mis preguntas?
Dara se aventuró a dar un paso más hacia el frente. Athena lo consideró por varios segundos y se encogió de hombros. Al parecer entre todas sus opciones, Sandara Sugiyama era la mejor, lo cual la convertía en el centro de atención por su repentina valentía. Tobi asintió dándole su aprobación. Todos sabían lo que debían preguntar.
- ¿Quién eres? - ella se sentó en el suelo delante de ella.
- Una alta sacerdotisa, la última de mi pueblo.- ella suspiró mirando a todos.
Sus grilletes comenzaron a arder, como en el juicio de Yuro dando a relucir el hechizo en ellos. Athena siseó y se revolvió en su silla.
- El juicio de Osiris. ¿Desde cuando los de tu clase se codean con magos?- agregó fulminando a Tobi una vez más.
- Tiempos desesperados, medidas desesperadas.- Nagato agregó del otro lado.- Todo se lo debemos a tus amigos de Acnología. Si sigues mintiendo y protegiéndolos, esos grilletes van a matarte del dolor.
Dara vio la furia alzarse en los ojos de esa chica. Nunca había visto tanto odio en una persona que estuviese en esa escuela, menos que menos que fuera de "los buenos".
- ¡Ellos no son nada mío! Asesinaron, torturaron, masacraron mi especie.
Athena comenzó a emitir un extraño fuego y luz dorada. Sus ojos pasaron al mismo color del fuego y ella siseo.
- Juzgada por lo más bajo de uds. Asesinos, terroristas, contrabandistas y peores.- Los ojos de Athena se fijaron en Dará y se calmaron un poco.- ¿Por qué estás tú entre ellos?
- Deseo proteger a mis amigos.- ella confesó. No tenía ningún problema en decirle la verdad si eso la hacía más dispuesta a responder. - Quiero proteger a alguien importante para mí de Acnologia. Si sabes algo de ellos que nos pueda ayudar, estaría muy agradecida.
Athena volvió a mirarla fijamente como si estuviese tratando de averiguar si Dará era alguien digno de confianza o no. Sandara mantuvo la mirada. Athena se notaba cansada, podía ver que era unos años mayor que ella físicamente pero tenía un halo dorado marcando su inmortalidad.
- No recuerdo mucho. - ella confesó.- Estuve encerrada por siglos bajo tierra.
- ¿Sabes dónde? ¿Cómo escapaste?
Athena se tensó y miró al suelo con una gran pena.
- Liberaron algo en la celda de al lado de la mía. Un ser... Oscuro y lleno de odio. Esa cosa llevaba casi el mismo tiempo que yo ahí, intentó muchas veces pasar a mí celda y asesinarle. - ella ocultó su rostro en sus manos temblando.- Vi mi oportunidad cuando fueron a abrir su celda y por dónde se había hecho paso más de una vez para devorarme, yo escapé cuando abrieron la puerta. Simplemente corrí... No sé hacia donde o por qué llegué aquí.
Dará supo que estaba diciendo la verdad. Lo que fuera que estaba al lado de su celda le daba un terror absoluto. Y ahora esa cosa estaba libre.
- Hay algo que no nos estás diciendo.
Dará se congeló al escuchar la voz de Sasuke en el recinto. Ella miró a su amigo de la infancia sentado entre el resto con una de esas camperas negras con nubes rojas. Él se acercó a Athena con ojos fríos y sonrió a medias.
- Cuando dijiste que eras una alta sacerdotisa y la última de tu clase, se activo el hechizo.- tomó uno de sus mechones más largos con cuidado.- Por tu odio hacia Acnologia veo que no estás mintiendo respecto a que masacraron a tu familia y a tu clan... Es probable que por tus poderes hayas tenido un alto cargo en tu sociedad.
Él dio vueltas alrededor de ella como un tiburón. Sasuke había activado el sharingan y la observaba fijamente. Dará se preguntó cuánto su amigo había cambiado y porque le daba escalofríos verlo de ese modo si no estaba haciendo nada malo. Era el frío que emanaba, ese instinto asesino. Athena se estremeció igual que ella.
- Yo creo que mientes para proteger a alguien, yo creo que la mentira es que eres la última. Hay alguien más como tú, alguien a quién quieres proteger. Alguien que ellos pueden tener para que seas su caballo de Troya y te manipulen porque me parece demasiado extraño que aquellas personas hayan dejado viva a una niña siglos viva. ¿Qué razón podrían tener?
Ella negó con la cabeza desesperada al verlo tomar su saga tan apaciblemente. Nada que ver con sus verdaderas intenciones.
- Ella no está con Dark Shyde, lo juro. Ella está a salvo.- Athena rogó con la mirada.- Mí hermana se salvó, ella quería utilizarse para atraparla, pero nunca la encontró. Lo juro, no soy un enemigo.
Tras dejarla de nuevo en si celda, el debate empezó con lo que hacer con ella. Había dicho la verdad al final, no pretendía daño. Pero si DS le quería tanto en su poder ellos tampoco le podían dejar ir.
- La dejaremos vivir en Asylum.- finalmente Nagato aceptó.- Mejor tenerla vigilada.
- ¿Y ponernos a todos en riesgo?- Hidan puso los ojos en blanco.- Excelente.
- Dara, ¿The importaría ser quién la tenga vigilada? - Konan le preguntó. - Ella parecía estar más... Cómoda contigo.
Sasuke se mantuvo en silencio en su rincón observándola. Ella no le parecía mala idea después de todo. Podía hacer eso, podía ayudar.
- ¿Y esos poderes? - Sasuke intervino.- ¿Van a dejarle tan libremente?
- Muy detallista.- Tobi sonó como si lo estuviese felicitando por su viveza.- Es cierto que es peligroso, debemos llamar a los magos para que bloqueen su poder hasta que la consideremos aliada de la institución. Muy buen trabajo hoy, Sasuke, Sandara.
Déjalo salir, todo ese dolor y lágrimas.
No puedes quedar mirando el pasado,
sin perder cada segundo del presente.
Sesgados por lo que se alimenta de las almas,
nuestro futuro ya fue robado,
¿no ves lo que te han hecho? ¿no lo sientes?
- Mizuki.
Su madre parecía perdida desde hacía muchas décadas. A pesar de parecer tan joven como ella, sus ojos daban esa sombra espectral de los inmortales que habían vivido demasiado tiempo, que habían perdido y visto demasiado. Y Mizku cada día le temía más y más. En ese momento estaban solas, y ella le había hecho llamar a través de los criados. Mizuki veía a su madre día tras día perder su cordura y temía muchas veces algún brote que terminara por lastimar a ambas.
- Mamá, ¿está todo bien? - Mizu preguntó tímidamente.
No era solo la locura galopante de su madre lo que le asustaba. Su madre era la viva imagen, casi una réplica de ella, solo que con miles de años más. Mizuki le daba pavor la simple idea de terminar como ella. De que su propia hija estuviese en un futuro parada en la puerta tal como Mizuki temblando por tener que entrar en la habitación de su madre. Prefería jamás formar una familia a aceptar que ese era su destino trágico.
- Acércate, Mizuki, ¿ya no saludas con un beso a tu adorada madre?
La voz calma la hizo relajarse. No era una de esas ocasiones. Ella se arrodilló frente al futón de su madre y le besó suavemente su mejilla. Ella tenía una sonrisa pacífica y su piel estaba mucho más pálida que la vez anterior.
- Mi pequeña niña, deja de fruncir el ceño, van a salirte arrugas.- ella acarició alisando su frente con cariño.- No te preocupes por mí, me siento mejor, lo juro.
- ¿Recuerdas lo que sucedió la última vez? - ella preguntó tímidamente, temblando al pensar que podría causar otro de esos episodios.
- Tu hermano fue un poco bruto conmigo.- ella se frotó las muñecas donde las marcas del forcejeo seguían presentes.
Otro punto que no había podido ignorar: su madre ya no estaba curando como antes. Sus heridas, por muy menores que fueran, quedaban en su piel como si se tratase de un humano. No se regeneraba, no quería tampoco. Mizuki sabía lo que significaba porque noche tras noche los sueños y recuerdos se iban haciendo más fuertes, más vívidos. Ella ahogó un gemido de tristeza. No iba a llorar. No iba a desperdiciar el tiempo con eso cuando tenía los segundos contados con su madre.
- Él dijo que lo siente, mamam. - Mizuki aseguró tomando sus manos.- Todos lo hacemos. No queríamos lastimarte.
- Lo sé, mi pequeña.- su madre suspiró peinando su pelo.- Es que debo protegerte.
Mizuki se mordió el labio inferior y abrazó a su madre con todas sus fuerzas. No quería tener tan poco tiempo. No había pasado ni un siglo. No entendía como los humanos podían soportarlo. Amar tanto a alguien para verlo partir tan súbitamente. Toda célula de su cuerpo gritaba de dolor por ello. Los finos dedos de su madre desenredaron sus mechones con cuidado y amor infinito. Todo esto había sucedido por su culpa. Su madre moría por su culpa, por haber querido protegerla.
- Siento tu miedo, Mizuki.- ella se detuvo bruscamente y la sangre de Mizuki se heló.- Tengo que hacerlo, tengo que protegerte. Ellos volverán, y si no, será otros. Siempre los hay, no hay escapatoria. Mi madre lo sufrió, yo lo hice. Tu padre fue decapitado por ellos. No puedo permitir que esto te suceda a ti también.
Las manos de su madre se cerraron sobre sus muñecas como acero y Mizuki chilló asustada.
- Mamá, me estás lastimando.- gimoteó.
- Es la única manera, Mizuki.- repetía una y otra vez mirándola a los ojos enloquecida.- Es la única manera de protegerte, tienes que entenderlo.
Mizuki no tenía la fuerza para luchar contra ella. No podía lastimar a su madre sabiendo que no podría curarse. ¿Qué si el último golpe era definitivamente el que la matase? ¿Podría vivir ella con la carga de haberle dado el golpe de gracia? Le rogó que se detuviera, imploró, lloró...
- Mizuki, lo hago porque te amo.
- ¡Mizuki!
Ella saltó de su silla en la biblioteca y miró a quién había interrumpido su sueño. Todas esas horas extra ayudando a Aidou, por muchos créditos extra que le estuviese regalando Yagari, le estaban comiendo horas de estudio y sueño. A su lado estaba una persona de la que no había visto ni oído en estas semanas. Deidara la miraba con cierto aire de preocupación a la vez fríamente. Era como si estuviese irritado de tener sentimientos.
- Senpai.- ella se frotó los ojos tratando de sonreír.- ¿Cómo estás?
- Para la mierda, sinceramente.
Ella se removió en su silla incómoda cuando el silencio fue demasiado. Recordaba los fuegos artificiales que había hecho para ella, la primera cita de él. Y ahora veía una flor marchita y con un gran odio hacia todo.
- Hmmm. Tenías una pesadilla, por eso te desperté.- él comentó mirando los libros apilados que se llevaba.
Mizuki pensó ver mal cuando leyó 'Maldiciones y magia negra' en una tapa. Tal vez era una novela o algo. No pensaba que le interesasen esas cosas a Deidara.
- Si, no he estado durmiendo bien estas semanas.
- Mucho tiempo en privado con el rubio lamebotas genera eso en sus fans.
Deidara miró hacia otro lado con un gruñido cuando Mizuki captó el doble sentido de la palabra 'privado'. Ella no podía creer que él se refiriese a ella de tal forma. Que implicase que ella y Aidou estaban teniendo sexo o... ella le estaba dando su sangre.
- No es lo que crees.
- Yo no creo nada.- él se encogió de hombros.- Un vampiro famoso por sus acciones fuera de clase con señoritas solo buscaría a una chica bonita para dos cosas, Mizuki.
La boca de su estómago se encogió, al mismo tiempo que ella le daba ganas de vomitar. Por muy honesto y brusco que Deidara fuese en el pasado, él no lo hacía para herirla. En ese momento ella dudaba que él fuese ese mismo chico.
- Él no está interesado en mí de esa forma.
Por alguna razón, ella también dudó de sus propias palabras. Deidara bufó y se dio la medio vuelta.
- Recuerda de quién estamos hablando, Mizuki, no seas tan estúpida para pensar que él cambiaría su opinión sobre tí de una noche a la mañana. Los vampiros nobles solo están seriamente con vampirezas nobles.- él se fue caminando hacia la puerta.- No creas ni por un segundo que él tirara por la borda todo su futuro siendo el primogénito de su familia para enamorarse de tí.
Ella sintió su cara arder de la vergüenza y aunque sus palabras dolían, una voz en su cabeza le decía que él estaba diciendo la verdad. Ella quería lastimarlo. Tanto como sus palabras la habían herido a ella. Porque por mucho que ella hubiese progresado en su relación semi-amistosa con Aidou, él tenía razón y al parecer ella había sido lo suficientemente tonta como para fantasear con eso. Así que lo lastimó, tan bajo como pudo.
- No es mi culpa que Sasori te desechara y te abandonara, Deidara. Y si querías alejarme, ni te hubieses preocupado, por algo ni siquiera fui a ver si estabas vivo en tu taller de arte de pacotilla.
Deidara apretó la mandíbula y Mizuki cerró los puños. En sus ojos pudo ver lo que nunca antes había visto, el terrorista psicótico que Deidara alguna vez había sido.
Masaki abrió la puerta y casi dio una patada voladora al ver a una extraña en el departamente. Casi, porque después del entrenamiento con Yuro y Ayame sus músculos se negaban a cooperar. La chica de pelo rosado estaba comiendo una paleta de helado de frutilla mientras la miraba curiosamente. ¿Qué significaba? Les habían invadido el lugar, muy poco probable. Una alarma en el fondo de su cerebro le hizo recordar sobre las compañeras nuevas.
- Hola.- dijo tímidamente.
-¿Vives aquí? - le preguntó.
Ella asintió dejando su bolsa tirada en la cocina y yendo a buscar una botella de agua. No sabía como iba a poder vivir si entrenaba así todos los días. Ya estaba pensando en llorar y volver a la inutilidad de siempre.
- Me gusta tu pelo.
Al parecer la chiquilla la había seguido y ella automáticamente se tocó sus rizos arcoiris. Había aprendido a teñirse el pelo ella sola, y ahora era bastante buena con los resultados.
- Gracias. Soy Masaki Kuromizu.- ella le tendió la mano.- Gusto en conocerte.
- Chiai Frigg, recién llegamos con Kira-chan y Percy.- ella apuntó al living.- Estábamos jugando al Mortal Kombat, ¿te unes?
Ella siguió a la chica y efectivamente a Kira le estaban pegando la paliza de su vida en la playstation. Ella se sentó en un rincón observándolas. Percy era delgada y su pelo lacio era una clara burla al suyo. Tenía el mismo tono de anaranjado que ella si Masaki no se pintase el pelo, pero el de Percy era lacio y bello, radiante. Ella quería tocarlo simplemente de lo hermoso y suave que parecía.
- ¡Perra madre!- Kira chilló cuando perdió una vez más mientras Percy hacia una danza de la victoria algo rara.
Kira se dio cuenta de su presencia y la saludó todavía algo molesta por su aplastante derrota. Percy le sonrió, a Masaki no le agradó más. Le daba escalofríos, ver sus ojos celestes fríos y pálidos. La puerta volvió a abrirse y cerrarse cuando Tsubaki, Mizuki y Ayame llegaron de clase. Esta noche le tocaba a Yuro hacer guardia pero según Kira ya había pasado, conocido a las nuevas y se había ido más rápida que apurada.
De nuevo, todas las presentaciones. Al parecer, el nombre completo de la pelirroja era Perséfone Cerberus. Un nombre más tenebroso no había relacionado con la muerte o el infierno. A las demás no pareció importarle ni un poco. Rápidamente se sentaron en la mesa para merendar mientras Kira explicaba como se habían conocido. Masaki trató de sonreír y ser amable pero no se sentía con suficiente energía y eso nada tenía que ver con el entrenamiento.
Percy notó que la miraba fijamente así que le sacó la lengua juguetonamente. Masaki quería pensar que estaba mal en juzgarla a primera vista, pero ella no le caía bien. Ni un poquito y ella no era ese tipo de persona de rechazar nuevos solo por gusto.
- ¡Ya llegué! - Sandara entró al comedor con otra chica de apariencia más agresiva y clásicamente tomboy.- Chicas, quisiera presentarles a Athena...
Dara se quedó en silencio y miró a la chica.
- ¿Tienes apellido?
- No. En mi pueblo somos todas de la misma familia, todas descendemos de la misma ancestra.- ella respondió de mala gana.
- Oh, bueno, va a quedarse con nosotras.- ella notó las recién llegadas también y se aproximó a saludarlas.- Muchos gusto, soy Sandara Sugiyama.
Ayame se quedó viendo a la chica nueva y frunció el ceño.
- Casi ni te reconozco sin toda esa capa de mugre.- suspiró.- Eres la chica que encontramos en el bosque. Por cierto, soy Ayame Nii.
Athena inclinó la cabeza hacia un costado observándola y pareció recordarla.
- Oh, sí, ya me acuerdo, estabas con el humano y el vampiro.
Una a una se fueron presentando, Athena no parecía interesada en lo más mínimo. En ninguna de ellas, en nada. Sandara simplemente se encogió de hombros dejándola ser cuando se fue a sentar sola en una punta.
- Entonces, ¿qué es este lugar? - preguntó desde su rincón.
- Un santuario.- respondió Kira.- Un asilo para las criaturas de la noche, para que podamos vivir en armonía y paz.
- O eso es lo que se pretende.- Mizuki agregó suspirando.
Athena dio una carcajada seca mirando los botones del control de la televisión como si fuese lo más maravilloso del mundo. Masaki no pudo evitar reírse un poco. La primera vez en mucho tiempo. Ella había tratado de inculcarle a Yuro algo de educación sobre la tecnología inútilmente. Probablemente con ella fuese a suceder lo mismo.
- ¿Por qué se quedan en un lugar así? - Athena se dio la vuelta.- Veo un vampireza, una híbrida y asumo que el resto son Amaneceres. Quedarse en un lugar así es suicida simplemente porque Acnología odiaría un lugar así, querría destruirlo. Sin contar que el ideal puede ser hermoso, pero en la práctica dudo que puedan realizarlo. Es utópico.
- No es como si tuviesemos opción algunas de nosotras.- Sandara se encogió de hombros.- Yo no tengo lugar a dónde ir.
- Yo tampoco.- Ayame tomó la mano de su amiga reconfortándola.- Estamos aquí porque afuera es incluso más peligroso para nosotras.
Masaki sonrió al ver a Ayame hablando de ellas como un todo. Antes no solía hacerlo. Antes ella no se consideraba parte del grupo, era una solitaria. Ahora todo era distinto. Era una para todas y todas para una.
- Sin contar que Asylum es quién se interpone entre Acnología y lo que sea que deseen.- Tsubaki miró con tristeza la ventana.- Ellos protegen a los que no podrían protegerse solos de esa gente.
- Y aunque pudiese, no querría irme.- Mizuki sonrió ampliamente.- Hay gente que se volvió muy importante para mí aquí, saber que los dejaría solos a merced de esos tipos... No es mi estilo.
Athena sacudió la cabeza como si no pudiese comprender su razonamiento. Incluso Percy y Chiai parecían un poco sorprendidas por la forma en la que hablaban. Masaki sabía que de no ser por ellas, Zero y Kaito, ella se habría derrumbado hace mucho tiempo. Pero sus amigos le daban fuerza. Ella no podía quedarse abrazada a su dolor mientras ellas corrían peligro solo por estar pisando la escuela. Ella trataba, luchaba todos los días por seguir adelante.
- Tal vez lo aprendas a medida que vivas aquí.- Masaki se animó a hablar de nuevo.- Hay cosas que son difíciles de expresar con palabras.
Sandara asintió del otro lado de la mesa.
- Sé que has pasado por mucho, y por lo peor.- ella se sentó al lado de la gruñona novata.- Pero lo que viviste y viste ahí, no es todo así. Tienes que recordar que hay gente buena en el mundo.
El labio inferior de Athena tembló. Fruto de a rabia o de los recuerdos de todo lo que le había pasado. Masaki supo que fuese lo que fuese a pasar con ella, no volvería a confiar en nadie ni en nada. Había estado en el pozo donde toda maldad abundaba.
- Tu ingenuidad es algo bello, pero no es cierto. Todos los "buenos" tienen un precio. Todo lo que ves en algun momento morirá. - Athena se levantó rápidamente.- Porque lo único que saben hacer los humanos, las criaturas de la noche es destruir, profanar y matar todo lo que pueda a llegar tener esperanza. Y los que sobreviven a eso, son los que tienen que vivir con todo lo que vieron y no volverse como aquellos que les quitaron todo.
Athena se fue dando un portazo y Masaki no pudo evitar seguirla. Porque ella podía tener razón en muchas cosas pero estaba equivocada en un simple hecho. Hacer el mal, ser malvado o corromper el alma era una propia elección. No estaba en la naturaleza humana. No era lo único que los humanos sabían hacer y ella podía probarlo. Ella podía probar que la maldad no estaba en la naturaleza.
¿O tal vez sí lo estaba?
Ese es el destino de los sobrevivientes,
de aquellos que son dejados atrás.
Deben levantarse y volver a caminar.
Tú si sabes que por mucho que lo intentes,
en el interior de tu alma siempre lo sabrás.
No hay forma de llenar el vacío que dejan lo que mueren,
no hay forma de olvidar y no recordar.
Volkodlak ni siquiera se asombraba cuando veía a Karalius, el gran terror de la magia, acostado en su sillón como si le perteneciera a él. Desde el retorno de Sasori, el asesino infame y la mascota favorita de Dark Shyde, su ama había casi desaparecido de las reuniones, ahora siendo manejadas por el mago oscuro con desgano. Y el brujo, aunque muy poderoso, no estaba acostumbrado a la soledad como él.
Según lo que sabía de Karalius, el brujo siempre había sido generado, vivido entre el gentío y el pecado, y al lado de su amante. Había muerto joven, por culpa de algún misterioso accidente. Sospechaba que Sasori algo tenía que ver debido a la cautela con la que Karalius se movía en la misma habitación que él.
- Karalius, ¿ A qué debo tu presencia? ¿Deseas algo de beber? - le ofreció el whisky que tenía en el aparador.
- Ah, lo que sea. - él gruñó.- Ya estoy al borde de decapitar a la mitad de los sirvientes de aquí.
Volkodlak rió entre dientes. Siglos, milenios de vida y el mago demoníaco seguía siendo un crío maleducado. Todos y todo era su juguete. Personas, cosas, guerras. Todo para él era un simple juego, diversión dispuesta para él.
- No deberías meterte con los siervos de Dark Shyde.- le dio un vaso y una pajilla.
- Estoy cansado del estado de mi cuerpo. No poder saborear nada, no sentir placer, ni dolor.- la voz de Karalius se fue haciendo un susurro.- No ser temido.
Ah, así que eso era. El mago sentía que ya no poseía el mismo poder sobre las personas que antes. Sus cuencas vacías de sus ojos parecieron brillar detrás de la máscara de la furia, fijos en el fondo de su vaso.
- ¿No lo extrañas, Volkodlak? - el brujo preguntó con un nuevo tono que le daba demasiados matices a esa pregunta.- La gente temblando con la simple mención de tu nombre, ofreciendo todo a su alcance para no atraer el mal que provees hacia ellos.
- Los dioses sobre la tierra ya no existen.- él suspiró cansado.- Todos tienen sus debilidades, su punto débil.
Karalius rió con un deje amargo. El mago oscuro nunca lo hacía por un buen motivo. Claro que con el correr del tiempo, su salvajismo y impredecibilidad sólo lo hacían más peligroso. Aunque lo había conocido en vida, él y Karalius no habían sido aliados hasta hace muy poco. Principalmente y probablemente porque él era uno de los pocos seres en la tierra que tenían tanto poder como él. Recodaba lo incauto que era, lo irascible y poco medido con sus emociones. Era reinado por ellas y no al revés. Sin embargo, era un joven inteligente, incauto pero brillante, capaz de masacrar todo un pueblo en unas pocas formas.
El poder que Volkodlak había adquirido mediante los largos años de vida, Karalius (o el niño que había nacido con otro nombre) había poseído desde su nacimiento. Era un prodigio del sufrimiento, del dolor y el odio. Era la semilla del mal que Dark Shyde había plantado para verla crecer, y envenenar a todo el mundo.
- Dices eso, pero sólo estás con nosotros para hacer pagar a aquellos que te dejaron en este estado.- Karalius se sentó sirviéndose otro trago con sus poderes.- A todo esto, encontraste a uno de tus descendientes, ¿no?
- Si, pero es inútil. Tanto como el anterior. Sucumbió a su parte irracional.- se estiró y tomó otro trago.- ¿Tú ves espíritus también?
Desde que habían atacado a Itachi y Sandara en el bosque, él estaba curioso por la familiaridad del fantasma. Algo en su pecho se había removido como si ellos se conociesen de algo. Tal vez era su imaginación. Dudaba que conocerlo, tal como a uno de sus descendientes, le fuera a servir algo.
- Si, ¿por qué la extraña pregunta? ¿Quieres contactar a alguien?
- No, en Asylum... Hubo un fantasma.
Karalius se rió libremente como si él hubiese dicho lo más estúpido del mundo.
- Ahí hay más almas en pena que en un cementerio. Puede incluso que hayas conocido a alguien.- él se encogió de hombros bebiendo otro trago.- Los dioses saben que yo he matado a varios en ese lugar solo con la idea de que quedasen condenados a rondar la tierra.
Los chillidos de dolor de Caleb interrumpieron sus pensamientos. Cada día el niño se ponía peor, perdiendo la batalla contra el veneno vampírico, perdiendo su cordura. Volkodlak se paró yendo hacia la puerta siendo bloqueado por el mismo brujo. Volkodlak le mostró sus dientes, dispuesto a arrancarla cada vértebra de su columna si hacía falta. Caleb seguía llorando y gritando esperando por él. Por alguien que detuviese el dolor.
- Muévete.- le ordenó.
- Sabes, Volkodlak, verte arrastrarte por ese niño, es penoso. Recuerdo la primera vez que te vi, pensé que eras magnífico. Todo lo que yo deseaba.- sus garras arañaron la tela de su camisa denotando que su deseo no era sólo mera admiración, Karalius había tenido sinfín de amantes, de todas las clases, razas y sexos.- Y ahora eres... Nada de lo que eras antes. Esa preocupación, esa necesidad de protegerlo... En tus días anteriores le hubieses sacado la cabeza sólo por su apellido.
- No pretendo que lo entiendas, Karalius, ni ahora ni en mil años.- él gruñó amenazante.- No voy a repetirlo por segunda vez.
Karalius dio un paso al costado bufando decepcionado. Esa no era la reacción que el brujo hubiese querido ver. Él lo sabía y no por eso iba a concederle sus deseos.
- Te has vuelto débil, Volkodlak.- Karalius se volvió a sentar en una silla.- Y esa debilidad puede ser explotada por todos.
- Lo sé.
Volkodlak no había planeado eso. No había si quiera considerado la posibilidad de sentir un afecto paternal por el niño, pero ya era demasiado tarde. Era más que obvio y Karalius tenía razón. Todo el que pudiese explotaría a Caleb y por ende a él para conseguir lo que quisiesen.
Karalius bostezó mirando la habitación de su antiguo senpai. Era un caos, y él era el que consideraba el rey de eso. Sus ojos vagaron por el estante donde algunas fotos se mostraban. Otro signo de debilidad. Él sonrió malvadamente al ver la que le interesaba. Vio la piel tersa, la sonrisa femenina y sus ojos brillantes. Karalius estaba celoso, no por la belleza. Sino por el simple hecho de que esa mujer tuviera un cuerpo vivo. Un cuerpo completo, no como el suyo.
- Siempre tuviste cierta rivalidad con él... Y ganas de amarrarlo a tu cama.
- ¿Celosa? - él dejó de mirar las pinturas y fotografías.
- No tanto como tú, parece.
Karalius se volteó mirando a Dark Shyde en la puerta. Su delgada figura siempre le daba la impresión de que podría partirla a la mitad como un escarbadientes. Era todo una vil mentira, como muchas que él amaba, que salían de ella. Él le tendió una mano. Por mucho que la odiase, también la admiraba.
- No era eso lo que estaba pensando.- le dijo.- Mi cuerpo...
- Estoy en ello.- ella acarició sus hombros.- Mi pequeño aprendiz, siempre has sido demasiado incauto e impaciente.
- ¿En serio?- sus cuencas brillaron con un halo espectral.
Ella sonrió acariciando la máscara que lo cubría.
- Ya extraño ver tu rostro y sentir tu piel contra la mía.
- Pero... Maestre, tus poderes.
- Pronto ya no me debilitaré, mi querido Karalius, pronto volveré a ser lo que fui alguna vez.
