XXIV

Me levanté de la cama sintiéndome esplendida, estirando mi cuerpo para terminar de despertarme; me encontraba en una habitación amplia, pintada de tonos claros con largos ventanales que dejaban colarse a la luz del sol de la manera más placentera. Caminé por el pasillo asomándome en la habitación continua a donde estaba, en ese lugar reinaba el color azul y los móviles de estrellas y planetas acompañados de los juguetes desparramados en el suelo alfombrado. Sobre la cama reposaba un pequeño bulto acurrucado entre las sábanas de cohetes que me hizo sonreír de inmediato. Caminé descalza sobre el suelo de madera llevando tan solo mi babydoll blanco puesto, llegué a la cocina modesta en donde me dispuse a hacer el desayuno. Ágilmente busqué los ingredientes del platillo que pensaba preparar mientras programaba la cafetera. Afuera el día estaba brillante, el sol recién llegaba a este lado de la Tierra anunciando la hora de despertar.

Al escuchar el "Beep" de la cafetera tomé una taza de los estantes junto con el envase transparente lleno de azúcar para después tomar la leche de la nevera. Pronto me encontraba bebiendo un delicioso café con leche mientras esperaba que los waffles estuvieran listos.

"Ding-Dong"

El sonido de la puerta me alertó de inmediato, no era normal que tocaran la puerta tan temprano, tal vez era el repartidor de periódico o de algún paquete. Con mi taza de café en mano caminé hasta la puerta viéndome en el espejo del recibidor asegurándome de que verme lo suficientemente presentable, refiriéndome a mi cabello. Tomé el suéter que guindaba del perchero y me lo puse tomando de nuevo la taza de café antes de abrir la puerta de color azul marino. Al abrir la puerta me encontré con que no era ningún repartidor, a decir verdad eran tres personas, tres hombres bien vestidos de mediana edad.

-¿Señora Tanner?- preguntó el del medio, alto, de voz grave y canoso.

-¿Si en qué puedo ayudarles?- pregunté inocentemente arreglando el suéter sobre mi cuerpo al sentir la brisa fresca. Ellos se miraron a los ojos antes de volver a mi.

-Somos del cuerpo Marine señora...venimos a darle noticias de su marido- dijo el de la derecha poniéndome los pelos de punta y la piel de gallina, estaba demasiado nerviosa como para responder.

-Señora Tanner...su esposo ha muerto- las palabras retumbaron en mis oídos haciendo que la taza de café cayera de mis manos de un solo golpe aunque para mi fue en cámara lenta, sentí el líquido caliente sobre mis pies pero no hice nada al respecto -Lo lamento- escuché decir sin embargo ya muy lejano.

De pronto estaba desorientada, el espacio a mi alrededor parecía expandirse y contraerse continuamente, los pasillos de la casa de movían desviándome por completo, los latidos de mi corazón eran ensordecedores, era lo único que podía escuchar, con las lágrimas en los ojos me apoyaba de las paredes para poder llegar a mi habitación. Abrí la puerta cayendo al suelo solo para descubrir que no estaba en donde yo pensaba. El suelo áspero se clavó en mis rodillas y canillas descubiertas haciéndome daño, alcé la mirada viendo a mi al rededor, me encontraba en una especie de ruinas, había humo, edificios destruidos, arena y cenizas en todas partes, el silencio era inminente, tanto que opacaba los latidos de mi corazón. Con dificultad me levanté del suelo sintiendo cada piedra en las plantas de mis pies, me giré viendo que allí detrás de mi se encontraba la puerta abierta por donde había llegado a aquel lugar, podía ver el pasillo de la casa así que me sentía más tranquila. Pero entonces al voltearme de nuevo me encontré con un escenario un tanto distinto: había humo, fuego proveniente de los edificios y numerosos cuerpos regados por el suelo.

"Inuyasha"

Pensé de inmediato corriendo a buscarlo, los cadáveres eran variados habían mujeres, niños y Marines. No fue si no hasta el tercer soldado que giré cuando por fin había encontrado a mi marido.

Muerto.

Me arrodillé llorando tomando su rostro en mis brazos, estaba sucio y ensangrentado, frío y duro, sus ojos estaban abiertos sin embargo no veían a ningún lugar en específico y la luz que solía vivir en sus orbes doradas había desaparecido, ya no eran mis dos soles. Comencé a acariciar su cara con las manos temblorosas mientras me mecía hacia adelante y hacia atrás, miré el resto de su cuerpo dándome cuenta que tenía algunos retazos de piel quemados y numerosos agujeros en su torso. Mis llantos y lamentos aumentaron aun más, estaba apunto de gritar cuando de pronto escuché su voz.

-¿Mami qué pasa?- subí la mirada de inmediato, un bebé de tres años me miraba curioso y somnoliento, utilizaba unas pijamas de los alienígenas de Toy Story mientras que en su mano derecha colgaba un oso de felpa marrón, el pequeño tenía los ojos grandes y dorados, la piel tostada y el cabello hecho bucles negros por todo su cráneo -¿Mami por qué lloras? ¿Qué le pasó a papi mami?- la voz aguda de mi pequeño me atornillaba los oídos, no debería estar allí, no debería ver aquello tan terrible. Como no podía hablar estiré uno de mis brazos haciéndole entender que debía acercarse, él me miró de lado para luego comenzar a caminar con sus piecitos descalzos sobre la arena, estaba como a unos quince pasos de mi cuando de pronto se escuchó un estruendo paralizándonos a ambos, abrí mis ojos como platos viéndolo cuando entonces una granada cayó en los pies de mi bebé, él con su mano libre se agachó a tomarla viéndola con curiosidad para después verme de nuevo.

-¡No hijo suelta eso!- exclamé consiguiendo mi voz de nuevo, levantándome para ir tras él pero era muy tarde.

¡KABOOM!

Resonó en todo el lugar tumbándome al suelo de nuevo pero antes pude ver para mi desgracia como la bomba se activaba, como el fuego emanaba del pequeño artefacto explotando en inmensas llamaradas las cuales abrazaron el cuerpo de mi hijo, consumiéndolo en un segundo dejando tan solo cenizas.

-¡NO!- grité a todo pulmón llevándome las manos al cabello -¡MI HIJO NO!- exclamé una vez más rompiendo en llanto -¡INUYASHA!- lo llamé moviendo su cuerpo aunque sabia que no respondería lo necesitaba -Inuyasha lo siento no pude salvarlo...no pude salvarte...- dije acercándome a su cuerpo -Lo siento...- repetí llorando mientras me apoyaba sobre su mal herido torso sin importarme que pudiese mancharme de sangre. Entonces escuché algo caer cerca de mi, moví la mirada para ver que era otra granada y antes de poder hacer algo esta explotó abrazándome en sus llamas.

De un solo golpe me senté sobre la cama buscando aire, estaba sudando y temblando, de inmediato sentí sus brazos rodear mi cuerpo mientras sus grandes manos subían y bajaban por mis brazos al mismos tiempo que susurraba palabras de consuelo en mi oído.

-Fue solo un sueño, no es real amor, aquí estoy- Inuyasha repetía una y otra vez en mi oído. Yo respiraba profundo buscando tranquilizarme fijando mi mirada en la puerta del cuarto para después girarme y mirarlo -Ya pasó- me dijo acariciando mi mejilla pegando nuestras frentes.

-Lo siento- dije roncamente, él me dio un beso en la frente.

-Ven- con delicadeza nos acostó de nuevo en la cama, yo sobre su pecho siendo estrechada por sus brazos mientras sus manos hacían círculos sobre mi piel.

Esa era mi rutina de todas las noches, aunque Inuyasha había regresado aun tenía el trauma del aborto y de alguna manera no me olvidaba lo que había pasado con él. Las pesadillas ocurrían diariamente aunque cada vez eran menos nítidas solo contadas veces como esta por ejemplo hacían que me despertara bruscamente, generalmente me despertaba llorando sin razón alguna o gritando. A penas despertaba Inuyasha me consolaba entre su pecho calmándome notablemente hasta poder dormir de nuevo.

Al ser dada de alta del hospital fui a casa de mamá y Eric ya que el verano estaba por terminar y pronto tendría que ir a la universidad así que mamá quería que estuviera con ellos los últimos días antes de partir. Inuyasha muy decente pidió su permiso para quedarse conmigo lo cual yo pedí también, por suerte no hubo mucha pelea por parte de mis custodios, ambos, Eric y mamá apreciaban mucho a Inuyasha y aunque Eric estaba un poco escéptico acerca de la situación al final accedió. Inuyasha sabía como comportarse en mi casa así que no hacíamos nada "indebido", de todas maneras habían pasado diez días desde nuestro reencuentro y no habíamos hecho más que caricias y besos, la verdad entre mi estado físico y emocional junto con el suyo más el hecho de que estábamos al lado de mis hermanas y abajo de mi madre era un poco incómoda la situación al no poder sentirnos libres de hacer lo que quisiéramos.

A la mañana siguiente desperté por el sonido de una licuadora o algo parecido, abrí mis ojos perezosamente notando que me encontraba de lado con el brazo enyesado de Inuyasha rodeando mi cintura mientras sentía su pecho tras de mi junto con su rostro escondido en mi cuello. El respiró profundo de pronto apretándome aun más hacia él bajo las sábanas blancas.

-Buenos días- susurré sonriente disfrutando del lugar en donde estaba.

-Mmmm- respondió él haciéndome sonreír aun más mientras acariciaba sus dedos, jugueteando con el borde de su yeso.

-Creo que mi madre quería que nos despertáramos- le dije ante el sonido fastidioso de la licuadora.

-Las trillizas querrás decir- murmuró contra mi cuello acariciando mi nuca con sus labios.

-¿Qué querrán las demonias?-

-No lo sé pero no pienso moverme de aquí- sentenció firmemente.

-¿Desde cuándo estás despierto?- pregunté al notar que su voz no sonaba tan somnolienta como la mía.

-Una hora tal vez- dijo como si nada, yo me giré entonces para encontrarme a tan solo centímetros de su rostro al mismo tiempo que entrelazaba nuestras piernas. El tenía la cara fruncida sin embargo seguía con los ojos cerrados -Así no me gusta- dijo buscando mi cabello para esconderse en él.

-¿Ah, si?- susurré acercando mis labios a los suyos dándole un beso fugaz -¿No te gusta más así?- él sonrió.

-Puede ser, convénceme- sus ojos se abrieron mostrando esos hermosos soles que eran solo para mi. Con una sonrisa pícara acuné su rostro entre mis manos para después besarlo con todo el amor que sentía por él. Es impresionante como en tampoco tiempo me volví dependiente de alguien -Mmmm creo que si me gusta más así- me dijo entre besos haciéndome reír, de pronto se detuvo viéndome atentamente -Extrañaba tanto escuchar tu risa-

-Y yo estar junto a ti-

-Eso ni hablar- respondió revirando los ojos, ambos reímos de nuevo. Por fin se silencio la licuadora en algún lugar de la casa.

-Al fin- dije sonriendo.

-Shhh- me dijo quedándose muy quieto -Ahí vienen ¿Qué tal si las asustamos?-

-¿Cómo?-

-Probablemente vayan a entrar a despertarnos, cuando lo vayan a hacer las asustamos ¿Vale?- yo asentí cuando escuchamos unos pasos fuera de mi habitación, ambos nos miramos cómplices y cerramos los ojos fingiendo dormir. Escuché como las chicas entraban con "sigilo" al cuarto, cuchicheaban demasiado. Agudicé lo más que pude mi oído escuchando como una se colocaba de mi lado de la cama, otra debía estar del lado de Inuyasha y la tercera frente a nosotros.

-Uno- escuché a la que estaba a mi lado, sin embargo como estaba susurrando no estaba segura de quien era -Dos- escuché más lejos -Tres- en eso Inuyasha apretó mi mano y abrimos los ojos al mismo tiempo para después levantarnos gritando espantando a las chicas haciendo que gritaran asustadas cayendo redondas al piso haciendo que reventáramos en risas.

-¡¿Qué pasa?!- preguntó de pronto mi madre en la puerta, pero no podíamos hablar, habíamos comenzado a reír todos hasta llegar a las lágrimas -¡Me dieron un susto terrible! ¿Qué quieren que el bebé salga antes?-

Luego de pedir nuestras disculpas nos arreglamos pues las niñas querían que las lleváramos a casa de Megan, como mamá no estaba de ganas nos tocaba a nosotros. También mamá aprovechó para enviarnos al supermercado. Salimos en la van de mamá dejando a las chicas en casa de su amiga para después irnos al supermercado, la lista de víveres en mi bolsillo. Llegamos y comenzamos a hacer las compras sin apuro cuando de pronto llegamos a los refrigeradores específicamente en donde estaban los helados, sonriendo como una idiota no pude evitar quedarme parada viendo a los helados.

-¿Y a ti qué te pasa?- me preguntó parándose junto a mi viendo los helados sin entender -¿Quieres helado?- su ignorancia me hizo sonreír aun más.

-Aquí fue en donde nos vimos por primera vez- dije para verlo abrir los ojos como pompas de jabón para después explotar dibujando una sonrisa en su boca.

-No me había dado cuenta de eso- susurró en mi oído abrazándome para luego darme un beso en la mejilla -¿Vas a querer helado?- me reí para luego empujarlo y seguir con las compras.

Al regresar a casa y terminar de guardar todo Inuyasha y yo nos fuimos a la playa a recostarnos un rato en la arena, mamá dormía, Eric trabajaba, las trillizas no estaban y nuestros mejores amigos se habían escapado de Kiawah Island hace tres días para aprovechar los últimos días antes de que se acabara el verano para así poder revolcarse en algun lugar, la verdad no podía culparlos después de los últimos días, yo también quería revolcarme con Inuyasha, anhelaba sus caricias sobre mi piel pero aun sentía miedo.

-Tenemos que empezar a empacar- dijo de la nada Inuyasha tomándome fuera de base.

-¿Cómo dices?- pregunté sin entender.

-¿Comienzas clases en dos semanas no?- yo asentí sin saber a que se refería realmente -Bueno tenemos poco tiempo para ver y comprar el apartamento- la verdad había olvidado por completo ese detalle al que habíamos acordado.

-Pues me parece una gran idea pero tenemos que hablarlo con mamá ¿No crees?- obviamente no había hablado con mi madre al respecto.

-Hecho- dijo muy relajado levantándose para sentarse sobre la arena yo lo seguí sorprendida.

-¿Cómo dices?- pregunté viéndolo entre una mezcla de confusa, ilusionada y feliz.

-Mientras dormías en el hospital aproveché para hablar con tu madre y Eric- me quedé callada incitándolo a hablar –Al principio no estaban muy convencidos, les parecía algo descabellado realmente pero por suerte tus abuelos también estaban presentes y me apoyaron- sonrió triunfante –Dijeron que primero querían que viviéramos bajo su techo juntos para ver que tal nos comportábamos- todo tenía sentido, aquello explicaba las repentinas apariciones de mi madre en mi cuarto o Eric espiándonos desde la cocina mientras veíamos televisión –Hoy termina el período de prueba así que podemos irnos mañana mismo si así lo deseas- la emoción que me embargo no fue normal sin duda alguna, como un resorte salté sobre él tumbándolo de nuevo al suelo, él se rió abrazándome de vuelta, de pronto nos encontrábamos parados y él nos giraba conmigo en sus brazos –Eres mi condena Aome Engel- me dijo sonriendo mientras yo lo veía.

-Y perpetua- respondí plantando un beso en sus labios –Vamos a empacar- Al regresar a casa mamá estaba en la cocina buscando algún snack en la nevera, yo salí corriendo hasta ella abrazándola -¡Gracias, gracias!- dije recibiendo un abrazo de vuelta.

-Inuyasha nos das un momento a solas- él asintió y sin problemas desapareció por las escaleras, mamá me llevó hasta el sofá en donde nos desplomamos agarradas de manos –Mi vida, esto es sin duda un gran paso en tu vida y bastante rápido si me lo preguntas, pero creo que entiendo tu posición a demás no tengo mucha moral, ¿recuerdas que Eric comenzó a vivir con nosotras como al cuarto mes de estar juntos?- y cómo olvidarlo, realmente no lo soportaba pero con el curso de las semanas llegué a acostumbrarme y a apreciarlo como lo hacía en la actualidad –Creo que no debo parar su amor y aunque son jóvenes sé que es lo correcto y que sabrán manejarse con madurez, de igual manera si no funciona sabes que siempre estoy aquí para ti- los ojos de mi madre se aguaron mientras una de sus manos subía a mi rostro –Siempre serás mi tesoro- susurró acariciando mis mejillas –Dios estás hormonas- dijo haciéndome reír para luego abrazarla.

-Gracias mamá…por quererme- susurré.

-¿A qué te refieres?- preguntó sin entender separándonos con delicadeza. Nunca habíamos tocado el tema que estaba a punto de abordar.

-Yo sé…yo sé que eras joven y que bueno…tuviste la oportunidad de abortarme…por eso te doy gracias…por quererme- sin darme cuenta estaba llorando junto con ella que me abrazo una vez más.

-¿Cómo no iba a quererte mi amor? Eres el fruto de un amor muy importante, aunque pasó lo que pasó tu padre y yo nos amábamos mucho, nunca se me pasó por la mente hacer algo como eso, siempre te quise desde el momento que me entere- nos separó de nuevo y nos veíamos a los ojos –Siempre te voy a querer- nos abrazamos una vez más y de pronto comenzamos a reírnos de nuestro momento emotivo –Sé que tu e Inuyasha van a estar bien-

Subí a mi habitación para encontrarme con Inuyasha moviéndose tranquilamente de un lado a otro recogiendo sus cosas mientras las colocaba en la maleta que había llevado a casa.

-¿Momento madre e hija?- preguntó al verme con una leve sonrisa probablemente notando mis ojos rojos e hinchados, yo bufé caminando hasta el baño para echarme agua fría -¿Qué te parece si nos vamos en dos días?- preguntó desde el marco de la puerta –Así nos da chance de recoger todo con tranquilidad- yo asentí sonriendo para luego caminar hasta él y darle un abrazo –Iré a decirle a tu mamá cuando nos vamos- lo dejé ir y comencé a arreglar todas mis cosas que por suerte aun seguían en la maleta, mis cosas seguían en sus respectivas cajas de la mudanza por lo que simplemente busqué entré ellas las cosas que me gustaría llevar a mi nuevo hogar, y a decir verdad habían muchas cosas que no teníamos como cubiertos, vasos, platos etc. Inuyasha regreso a eso de veinte minutos después –Listo-

-Oye tenemos que comprar platos y esas cosas- le dije mientras revisaba mis cajas.

-Todo listo, nos llevaremos mis cosas de mi casa aquí-

-¿Y qué hay de Miroku y Shippo?- pregunté entonces recordando a las personas que vivían con él.

-Pues…recuerda que Miroku y Sango también van a buscar apartamento con nosotros y pues Shippo puede quedarse en el hotel hasta que comience las clases- se me había olvidado ese inmenso detalle.

-¿Eso es lo que están haciendo Sango y Miroku?- pregunté.

-Nah, nos esperaran, ya le mande un mensaje diciéndole que nos vemos en dos días en el hotel en donde nos quedaremos hasta encontrar apartamento, claro, no creo que me responda ya que nos están ignorando desde que se fueron- yo reí ante su acotación, era cierto y la verdad no quería molestar más a mi amiga mientras aprovechaba su tiempo a solas con su novio de casi un año, creo que por eso no debió tener mucho problemas con sus padres en cuanto a vivir con él. En eso tomé uno de mis álbumes de cuando era pequeña y comencé a ver las fotos invitando a Inuyasha, riéndonos mientras contaba las historias detrás de cada imagen –Esto definitivamente viene con nosotros- dijo sonriente.

-Pues deberíamos buscar algunos en tu casa también- le dije recordando las fotos que me mostro la señora Izayoi.

-¿Qué te parece si le damos una visita a mi madre antes de ir a Atlanta? Creo que sería bueno teniendo en cuenta que no nos ha visto desde la boda de Hana- yo asentí, era realmente justo y necesario.

Para la noche ya habíamos terminado de empacar y clasificar todas mis cosas dejando a fuera solo lo necesario, nos acostamos cansados sobre la cama quedándonos dormidos inevitablemente. Aquella noche no soñé, no me desperté, no grité.

Al día siguiente pasamos toda la mañana y parte de la tarde recogiendo las cosas en casa de Inuyasha con ayuda de Shippo y Kohaku colocándolas en un remolque que le había prestado Seshomaru para poder trasladar todo lo que estaba en su casa junto con las mías que en comparación a las suyas no eran muchas. En la noche mamá y Baba organizaron una cena de despedida ya que al día siguiente pasaríamos el último día juntos en la playa y para que así pudiésemos descansar bien antes de nuestro viaje en el cual visitaríamos a la señora Izayoi para luego ir a Atlanta.

"Tin-tin-tin"

Sonó Baba con su copa de vino levántandose para dar un brindis, la cena era un tanto formal aunque al estar en familia todo era más relajado.

-Bueno chicos solo quiero dedicarles algunas palabras de aliento para esta nueva aventura que están a punto de emprender. Primero que nada, Inuyasha para Bill y para mi ya eres como nuestro hijo de verdad que te apreciamos muchísimo y nos encanta que estés con nuestra nieta- yo tomé la mano de Inuyasha mientras el le sonreía a Baba –Segundo pues tienen toda una vida por delante hijos míos así que disfrútenla al máximo y aprecien esos momentos juntos- aquello parecía la despedida de una boda pero bueno no quise interrumpir –Y tercero, les traje un regalito para su nuevo hogar- ¿Cómo aquello no me tomó por sorpresa? Baba se paró de la mesa para desaparecer por un momento en el armario en donde se guardaban las carteras etc, y volvió con un rectángulo envuelto en papel de regalo. Nos entregó el regalo y ambos nos vimos para después comenzar a desenvolver la caja, la abrimos y nos encontramos con una vasija plana y honda que tenía frutas de madera –Eso significa la prosperidad y abundancia en su casa- ambos sonreímos y pude notar como mi mamá rodaba los ojos con una sonrisa, aquello era típico de Baba.

-Gracias- dijimos ambos levantándonos para abrazarla.

-Nosotras también tenemos un regalo- dijeron las trillizas en unísono sacando de debajo de la mesa un rectángulo aun más grande pero plano, cuando lo tuve entre mis manos vi que era un porta retratos inmenso con fotos de todos nosotros –Para que no nos olviden- sonreímos aun más.

-Yo también te tengo un regalo Aome, pero ya está en el remolqué- yo miré a Opa curiosa mientras Inuyasha sonreía -¿Creíste que te ibas a ir sin el escritorio que con tanto esmero te hice?- preguntó haciendo que me levantara corriendo a abrazarlo, la verdad aquello significaba mucho para mi.

-Y nosotros tenemos algo más- dijo mamá sonriente, la verdad estaba abrumada por tantas cosas –Pero se los daremos cuando estén allá- yo asentí un poco curiosa pero decidí no preguntar más.

La cena terminó entre besos y abrazos por parte de mis abuelos, las trillizas dormidas en el sofá, mamá y Eric exhaustos y nosotros limpiando todo aunque estuviésemos cansados, al terminar arropamos a la chicas y fuimos a mi habitación acostándonos en la cama sin importar que aun estuviésemos bien vestidos, nos acurrucamos bajo las sábanas y cobijas pues el aire acondicionado estaba a millón, nos gustaba así ya que podíamos dormir más juntos.

-Buenas noches- dije contra su pecho.

-Buenas noches- respondió dándome un beso en la mejilla.

Al día siguiente fuimos a la playa con mi familia acompañados de Kohaku y Shippo por un rato, por desgracia Inuyasha se tuvo que ir al medio día a arreglar unas últimas cuestiones en el hotel antes de partir al día siguiente. Ese día aproveché lo más que pude el tiempo con mi familia, aunque no me iba para siempre y volveríamos en acción de gracias y para navidad, posiblemente antes por el nacimiento de mi hermano, sentía que me alejaría mucho. Al final de la tarde regresamos a casa luego de despedirme por enésima vez de mis abuelos, al llegar a casa y subir a mi cuarto encontré una nota sobre la cama la cual tomé con curiosidad.

"Iré por ti a las ocho, vamos a cenar,

Inuyasha"

Sonreí tontamente mordiéndome el labio, fui al baño rápidamente viendo que eran las seis y quería tomarme mi tiempo para arreglarme, hacía mucho que no me sentía tan bien, quería estar más linda que nunca olvidando todos mis problemas del pasado. Me bañe con dedicación aplicando gel de aromas y exfoliantes para que mi piel estuviese lisa, me afeité con delicadeza y lavé mi cabello propiciando suaves masajes en él. Al salir busqué en la maleta algo lindo que ponerme cuando me di cuenta que en la cama había una caja blanca con un listón rojo, me acerqué curiosa abriendo con delicadeza el regalo para desvelar un hermoso vestido de color azul rey, era sencillo nada elaborado, ajustado hasta la cintura y suelto hasta las rodillas, entonces noté otra nota dentro de la caja.

"Espero te guste"

Sonreí de nuevo, Inuyasha podía ser tan especial.

Busqué mis sandalias marrones, no tenía ganas de utilizar tacones y escarbé entre la ropa hasta encontrar el conjunto de encaje blanco que tanto me gustaba y que a demás no se vería ni se marcaría bajo el vestido.

Apliqué crema de aroma a fresa sobre mi piel acompañando con el perfume de Nina Richie que me había regalado mamá. Me maquille sin mucha cosa, solo lo necesario para después secar mi cabello con el secador dejándolo caer en hondas hasta mi cintura. Deslicé el vestido sobre mi cuerpo viendo como se amoldaba a mi figura a la perfección. Me miré en el espejo del baño y sonreí, hace tiempo que no me sentía tan bien. Miré el reloj y eran casi las ocho, terminé de recoger todo cuando escuché el timbre de la casa.

-¡Aome!- gritó mamá desde abajo, sonriente corrí a la planta de abajo sintiendo como si aquella fuese nuestra primera cita, el corazón me latía desesperado y podía sentir la sangre emposandose en mis mejillas –Luces hermosa- dijo mi madre pero a penas y puse atención a sus palabras cuando vi a Inuyasha parado en la entrada con unos pantalones negros y una camisa de vestir de botones blanca arremangada hasta los codos, lucía hermosísimo.

-Pasen buena noche chicos- dijo Eric desde la cocina.

-Te ves muy linda Aome- dijeron las trillizas al mismo tiempo.

-Nos vemos en un rato- respondí sonriendo, para tomar la mano de Inuyasha luego de darle un beso en la mejilla a mi madre. Caminamos hasta la moto de Inuyasha y entonces aquello fue como un flash back, Inuyasha colocaba una vez mas una venda sobre mis ojos -¿De nuevo?- pregunté sonriente.

-Es una sorpresa- susurró en mi oído –Luces preciosa- agregó para después guiarme sobre el asiento de la moto y partir. Luego de un rato nos detuvimos y comenzamos a caminar, todo estaba muy silencioso y de pronto me detuvo en seco para después alzarme en brazos de manera nupcial. Siguió avanzando conmigo en brazos cuando comencé a escuchar el sonido de las olas ¿Estábamos en la playa?

-Pensé que iríamos a un restaurante- dije sonriente al descifrar que no sería una cena convencional.

-¡Keh! Parece que no me conocieras- dijo bromeante –Agárrate fuerte- comando aferrándome con mayor fuerza contra su cuerpo. Caminamos un poco más, las olas sonaban más y más fuerte para después disiparse un poco en eso Inuyasha se detuvo colocándome en el suelo de nuevo –Listo- murmuró -¿Preparada?- yo asentí un poco nerviosa. Sentí sus manos detrás de mi cabeza deshaciendo el nudo de la venda revelando aquella vista ante mi.

Estábamos en mi lugar secreto frente al árbol de cayenas, a sus pies una manta con velas enmarcando el borde de la misma, por suerte no había casi brisa esa noche, habían unos platos y una cesta en el medio acompañados de una botella de vino con sus respectivas copas, en una esquina las conocidas cornetas con su respectivo Ipod, la luna estaba menguante pero brillante en el cielo, de las ramas descendían otras flores como lluvia, aquella vista era hermosa como sacada de una película.

-Es hermoso- susurré abrazándolo.

-Me alegra que te guste, estuve toda la tarde trabajando en ello-

-¿Estuviste toda la tarde haciendo esto?- pregunté un poco incrédula.

-La comida no se hizo sola- dijo tomándome por sorpresa –Pensé que nuestra ultima noche en Kiawah Island como residentes debía ser especial, sobretodo porque aquí te conocí y se que este lugar significa mucho para ti- con el pecho apretado le di un beso en los labios abrazándolo por el cuello –A comer- dijo rompiendo nuestra unión para mi disgusto –No me veas así, de verdad me esmeré mucho con la cena- sin poder evitarlo me reí y nos sentamos en la mana quitándonos los zapatos para estar más cómodos. Inuyasha abrió el vino sirviendo el líquido en nuestras copas, las tomamos y nos miramos a los ojos –Por siempre- dijo alzando la copa.

-Por siempre- asentí chocándola delicadamente con la suya. Inuyasha comenzó a servir la comida, para mi sorpresa bastante gourmet y deliciosa, me pareció que la había echo el chef del hotel pero decidí confiar en él.

-¿Me regalaría esta pieza señorita?- preguntó muy señorial cuando reposábamos la comida para después comer el postre.

-Con gusto caballero- respondí del mismo modo aguantando la risa, nos levantamos colocándonos en posición de baile, bueno, yo lo abrazaba por el cuello y el a mi por la cintura viéndonos a los ojos mientras la melodía de la canción sonaba mezclándose con las olas del mar.

Everytime I see your smile

it makes my heart beat fast

And though it's much too soon to tell

I'm hoping this will last

-Aome…- lo escuché decir.

-Dime-

-…-

-¿Inuyasha?-

-Escucha la canción-

'Cause I just always wanna have you

Right here by my side

The futures near but never certain

At least stay here for just tonight

I must have done something right

To deserve you in my life

I must have done something right along the way

I just can't get you off my mind and why would I even try?

Even when I close my eyes I dream about you all the time

And even if the moon fell down tonight,

There'd be nothing to worry about to worry about at all,

because you make the whole world shine

As long as you're here everything will be alright

Las lágrimas se formaron en mis ojos acompañadas de una sonrisa melancólica apoyé mi rostro sobre su pecho dejando que me moviera a su gusto.

-Esa canción explica todo lo que quisiera decir en este momento- Inuyasha era un poco tosco con sus expresiones y decir lo que sentía no era realmente su fuerte, pero todo eso era insignificante para mi –Tú eres mi ángel Aome…me salvaste, por eso…no importa a donde vaya se que siempre vas a estar conmigo- rompí en llanto abrazándolo aun más fuerte. Ahora comenzaría una nueva etapa una en la que esta persona tan importante para mi podría desaparecer en cualquier momento, lo que se avecinaba no era fácil.

-Inuyasha…- comencé tranquilizándome un poco al verlo a los ojos –Se que lo que nos espera no es nada fácil pero quiero que sepas que no te voy a dejar nunca más, siempre estaré a tu lado hasta cuando no estés, aquí me encontrarás- coloqué una mano sobre su corazón sintiendo como colocaba la suya sobre la mía –Te amo- susurré besándolo suavemente.

Nuestro beso se tornó más apasionado sin embargo delicado, era como si ambos tuviéramos miedo de romper al otro. Con toque de seda nos deshicimos de nuestras ropas dejándolas a un lado con cuidado de que no se quemaran con las velas. Inuyasha quitó todo sobre la manta para acostarme en ella viéndome directamente a los ojos en todo momento.

Aquella vez fue como ninguna, las caricias, los besos, su piel contra la mía, nuestros cuerpos finalmente juntos después de tanto tiempo fundiéndose en uno solo, allí es en donde debía estar, al lugar a donde pertenecía.

Yo estaría por siempre al lado de Inuyasha.


Me disculpo por la tardanza pero tuve un estanque, la inspiración se fue a pasear por un tiempo pero ya regresó! A partir de este punto digamos que comienza una nueva etapa para todos los personajes lo que significa nuevos acontecimientos, a lo mejor no de inmediato pero ya los tengo pensados!

Por cierto la canción se llama If the moon fell down tonight de Chace Coy (lo amo 3)

Y aquí está el link del vestido:

Gracias chicas por su apoyo aunque me tarde jejejeje las quiero un mundo! Díganme qué les pareció y qué quisieran ver en esta nueva etapa? Besos! V