Hola a todoooos! Les traigo la actualización! Finalmente eh? Sé que a veces los dejo con el suspenso y me quieren matar, pero cumplo! (tarde pero seguro, dicen) Ojalá les guste y espero que este capítulo haya aclarado todas las dudas que pudieron tener, el próximo tal vez esté pronto (no quiero prometer nada porque ando muy líada) así que no se preocupen que esta historia está casi finalizada y no quedará como fic fantasma! Lo prometo :D

Bueno, nada más que decir, que lo disfruten! Saluditos!


Se preguntó cómo había llegado allí. Miró hacia todas direcciones pero como no había luz era difícil ver algo como para descubrirlo, ¿qué estaría sucediendo? ¿Sería otro sueño?

Sakura Kinomoto...— oyó, y se dio la vuelta, allí estaba aquella criatura una vez más. Brillaba en medio de la oscuridad reinante.

—Oh, hola— saludó. — ¿Qué está pasando?

Solo quería despedirme.

— ¿Eh?

Considero que, a pesar de que tuvimos algunas diferencias, logramos tratarnos con respeto y llevar a cabo la tarea que debíamos realizar— un corto silencio. —Gracias por haber cooperado.

—Por nada, me alegra saber que todo está bien ahora— se inclinó un poco. —Gracias a ti por haberme protegido, de otra manera, no estaría de regreso con mi familia, solo quisiera saber... ¿eso también fue por el equilibrio?

No exactamente, pero está permitido hacer excepciones por personas que valen la pena— Sakura sonrió y agitó la mano a modo de despedida, mientras miraba cómo desaparecía.

Entonces llamó su atención el escuchar pasos a su izquierda por lo que volteó a ver hacia allí. Se encontró con un hombre y una mujer caminando uno junto al otro, los reconoció de inmediato, después de todo los había visto innumerables veces en sus sueños. Ella tenía el cabello castaño largo hasta los muslos y sus ojos verdes parecían más felices, tal vez debido a su acompañante.

—Apola...— murmuró.

—Todo ha terminado al fin, tengo que agradecerte por ello— le sonrió. —Has actuado bien, actuaste mucho mejor que yo.

—Pero tú... falleciste ¿no es así?

—Sí, pero eso era lo que tenía que pasar— explicó. —En ese momento no quería entenderlo, ahora todo está claro para mí, así traje al mundo a un bebé, que creció y tuvo una familia... después surgió otra, y otra, y otra más... hasta llegar a ti... una parte de mí vive aún dentro de ti, y dentro de tus hijos... ¿son increíbles cierto? Las familias.

—Ciertamente lo son— contestó Sakura, sonriendo. — ¿Tú estarás bien?

—Por supuesto— miró a León que estaba junto a ella, feliz, y tomó su mano. —Estoy perfecta ahora...

—Comprendo.

—Dale recuerdos de mi parte a tu esposo— se miraron la una a la otra, comprendió al instante a qué se refería. —Lamento todos los problemas que te causé.

—No te preocupes— negó con la cabeza. —Ahora entiendo por qué sucedió así.

—Sí, lo sé— Apola asintió. —Ve con tu familia, seguro te están esperando.

Abrió los ojos a penas, muy débilmente, para percatarse de que se encontraba en los brazos de alguien. La conducía por la residencia Li, no pudo ver su rostro hasta que la depositó sobre la cama en la habitación principal, la habitación que habían compartido desde que se habían casado. Sus miradas se encontraron, pero Shaoran parecía algo distante, no supo descifrar qué era lo que había visto en sus ojos ¿dolor? ¿enojo? ¿desagrado? No podría asegurarlo.

Él se alejó y se marchó de la habitación, no sin antes decirle algo a su guardaespaldas, que no alcanzó a oír. En la habitación había otras personas pero estaba tan cansada que no conseguía enfocar la mirada lo suficiente como para descubrir quienes.

— ¿Mamá?— escuchó y giró un poco la cabeza. Era Shiori, la miraba con sus ojos llenos de preocupación. — ¿Eres tú?

—Hola cariño...— susurró.

—Mami...— estaba llorando y hablaba bajito por alguna razón, sonrió a penas para tranquilizarla. —Te extrañé mucho...

— ¿Dónde está tu hermano?

—Estoy aquí mamá— lo oyó y el pequeño se acercó, quiso llenar su frente de besos pero no era capaz de moverse. — ¿Estás bien?

—Por supuesto, ¿tú estás bien?— lo vio cubrirse los ojos con los brazos, por supuesto, nunca le había gustado que lo vieran llorar, era orgulloso, como su padre.

—Sí mamá... estoy bien...

—Niños— era la voz de Mei Ling, sonaba como si hubiese estado llorando. —Por favor, salgan unos momentos, les prometo que después pueden estar con su madre...

De todas maneras Sakura no había aguantado más y se había quedado completamente dormida, se ocuparon de taparla con el edredón. Luego, Ryu extendió sus brazos sobre ella para analizar su condición física, además de que también quería comprobar que fuera la verdadera Sakura.

Mientras tanto, Shaoran se encontraba en su estudio, estupefacto y apoyándose sobre su escritorio, devanándose el cerebro, ya se había cansado de andar de un lado a otro. "Sakura... Sakura..." se repetía, él sabía que las personas fallecidas no podían regresar a la vida, era una norma inquebrantable, no importaba cuánto poder tuviera una persona. Entonces ¿por qué su esposa estaba en su casa una vez más? Él había visto con sus propios ojos cómo había desaparecido aquel día, habían utilizado su magia para realizar el hechizo que salvó a la ciudad, no entendía nada.

— ¿Qué está pasando...?— balbuceó. Se dio la vuelta al oír unos golpes en la puerta y cedió el paso.

—Hice el análisis— dijo Ryu, serio. —Es Sakura.

Shaoran, atónito, se dejó caer sobre el sillón que había a un costado y se agarró la cabeza con ambas manos. No sabía si correr hacia ella o si esperar un poco más.

—Es... no puedo creerlo...

—Su nivel mágico está por el suelo, tanto que no puede estar despierta por mucho tiempo— miró hacia un lado, con seriedad. —Casi al borde de la muerte.

—Al borde... ¿cómo es posible, Ryu?

—Bueno, no lo sé, supongo que nos contará cuando se despierte... Por ahora creo que deberías ir con tus hijos, están en la sala, algo conmocionados.

—C-Claro— salió corriendo del lugar y fue directo hacia ellos.

Los encontró sentados en el sofá, Shiori estaba abrazada a su hermano, ambos derramaban lágrimas de felicidad. Se sentía como un tonto. Shiori volteó al escucharlo llegar y frunció el ceño, fue como mirarse en un espejo, por lo general siempre le daba la impresión de que su hija se parecía mucho a su madre, pero en ese instante no era así.

Se aproximó a donde estaban y se arrodilló sobre la alfombra, mirándolos con orgullo, ambos se habían comportado mejor de lo que él lo había hecho.

—Shiori, ¿podrás perdonarme hija?— tomó su mano. —Tenías razón... tenías razón en todo...

—Papá... ¿estás feliz de que mamá esté de regreso?

—Lo estoy— asintió. —Es solo que aún me cuesta creerlo.

—No tenemos que olvidar a los que se van... si no se pondrán muy tristes...

—Sí, entiendo, lamento haberte hecho llorar... ¿estás contenta ahora?— la niña le sonrió y lo abrazó.

—Sí, mi mamá está otra vez con nosotros— Shaoran le acarició el pelo y les dijo que iría a verla, mientras tanto que fueran a jugar. Él les avisaría cuando Sakura estuviera mejor para recibirlos.

Antes de ingresar en su habitación respiró profundo, estaba muy nervioso, no sabía qué decirle o qué hacer, tenía tal conflicto en su cabeza que no estaba seguro por dónde debía comenzar. Abrió la puerta y la encontró recostada sobre la cama, profundamente dormida. A su lado había una silla, probablemente la había colocado Mei Ling para poder cuidarla durante un rato, se sentó allí y la contempló.

Estaba muy pálida, tanto que asustaba, puesto que parecía un cadáver, se angustió al pensar que podría haber pasado por muchas cosas durante el tiempo que no la habían visto. Además de que no podía dejar de pensar en la manera en que consiguió llegar hasta allí.

—Sakura... ¿qué fue lo que hiciste?— susurró, luego le apartó el cabello del rostro. Le había crecido hasta casi alcanzar sus hombros, prueba irrefutable de su ausencia. —No tienes idea de cuán horrible fue este último tiempo, y ahora estás aquí... como si nada...

—Shaoran...— balbuceó, dormida. —No me olvides...

Recogió la lágrima que rodó por su mejilla y apretó la mandíbula, definitivamente había pasado por mucho para llegar hasta allí. Sin embargo, en su fuero interno, aún estaba algo molesto, no lo podía evitar, había tomado una decisión que afectaba a la familia completa, sin consultarle. Para no continuar pensando en todo aquello salió de la habitación, optando por dejarla descansar y concentrarse en su trabajo.


Había amanecido y, si bien no había tenido una noche de sueño muy buena, se levantó de un salto. Quería preparar el desayuno temprano para despertar a la mujer que no dejaba de dormir desde la tarde del día anterior, así que se apresuró a ir colocarse el delantal de cocina.

Se detuvo de repente al ver a su primo allí de pie con una jarra llena de jugo de naranjas. Estaba vestido de manera casual, peinado y lucía fresco como una margarita. La saludó sin dejar de prestar atención a lo que cocinaba, sonrió sin poder evitarlo.

—Buenos días— dijo Mei Ling y tomó asiento. — ¿Dormiste algo anoche?

—Sí, más o menos... no podía estar en la cama ya— respondió. —El desayuno de Sakura ya está listo ¿te importaría llevárselo?

— ¿Yo? ¿No deberías ir tú?

—Sí, bueno... tengo algunas cosas que hacer con urgencia... si no puedes se lo pediré a Ryu.

—Como quieras— se encogió de hombros. —Se lo llevo.

—Muchas gracias— le dio la espalda, colocó tostadas en un plato y se quitó el delantal. —Compré jalea de manzana, sé que a Shiori le gusta mucho... tengo que irme.

— ¿Tan pronto? ¿No desayunas?

—Comí un poco de cada cosa mientras lo preparaba, por favor llámenme si necesitan ayuda o si sucede algo.

—De acuerdo...— estaba totalmente anonadada, él no solía marcharse con tanta prisa.

—Nos vemos después.

—Que te vaya bien...— oyó la puerta cerrarse y parpadeó. — ¿Qué le pasa ahora...?

Decidió no preocuparse por su tonto primo y subió las escaleras con una bandeja llena de comida. La encontró aún dormida pero, al ver que se revolvía y balbuceaba, se dio cuenta que estaba teniendo pesadillas, así que optó por despertarla. La llamó varias veces sacudiéndola con suavidad hasta que la vio abrir los ojos, en un principio estaban desorientados, después de un rato se tranquilizó.

—Mei Ling...

—Buenos días Sakura— le dijo con una sonrisa emocionada. — ¿Cómo te sientes?

—Algo cansada...

—Me imaginaba, pero me pareció que tenías una pesadilla por eso te desperté así... además traje el desayuno, después puedes continuar durmiendo si quieres.

— ¿Qué hora es?— la voz de Sakura sonaba muy bajito.

—Las 7 am, es temprano aún.

—He dormido casi mediodía— se sentó en la cama con mucha dificultad, Mei Ling procuró ayudarla para que no perdiera el equilibrio. —Lo lamento...

—No te preocupes por eso— acercó la bandeja. —Come algo, seguro tienes hambre.

—Un poco— probó la sopa de miso y degustó el característico sabor de la que preparaba el dueño de casa. — ¿Lo preparó Shaoran?

—Así es, se levantó muy temprano para ello.

La joven de ojos verdes dejó el cuenco en la bandeja y bajó la mirada, no lo había visto otra vez, tan solo el día anterior cuando la había cargado al interior de la casa. ¿Aún podía considerarlo su esposo? Había llevado una vida de viudo durante cinco meses, tal vez se había acostumbrado a eso y no le interesaba regresar hacia atrás. Con solo pensarlo sintió una enorme tristeza. Tampoco había ido a dormir durante la noche, puesto que el otro lado de la cama estaba intacto.

— ¿Está ocupado?— se animó a preguntar.

—Dijo que debía ir a la oficina a resolver unos asuntos con urgencia.

—Ya veo...

—Vamos, seguro que más tarde te viene a ver, ahora come, no querrás estar sin fuerzas para siempre ¿o sí?

—Tienes razón.

—Sakura... tal vez no sea el momento adecuado pero... quisiera pedirte un consejo— se revolvió en su lugar, algo sonrojada. —Pues... seguro no lo sabes pero... Ryu y yo nos casamos hace poco más de tres meses...

— ¡Oh, felicidades! No lo sabía— recibió como respuesta, sus ojos estaban brillantes de emoción.

—Gracias, en realidad no quisimos celebrar mucho, las cosas aquí no estaban bien así que fue algo muy pequeño e íntimo... lo que sucede es que... bueno...— su rubor aumentó. —Estoy embarazada...

—Mei Ling— Sakura se inclinó hacia ella y la abrazó, contenta. — ¡Eso es maravilloso! ¡De verdad! ¡Me alegro tanto por ustedes!

—Sí, estoy feliz... pero Ryu no lo sabe aún.

— ¿Eh? ¡Tienes que decirle!— la animó.

—No sé cómo... no hablamos sobre niños aún y... me preocupa que no lo quiera, ya sabes.

—Estoy segura de que será toda una sorpresa para él, pero dudo que no lo quiera, es suyo después de todo— le sonrió, con paciencia. —Yo tenía las mismas dudas que tú, créeme, todo estará bien.

Se abrazaron durante el resto de la mañana y conversaron sobre cosas de bebés hasta que Mei Ling tuvo que irse a la tienda para trabajar.

Mantuvo la esperanza de que se cumpliera lo que le había dicho acerca de Shaoran. Sin embargo no sucedió, pasaron las horas sin ninguna noticia del castaño. Los niños, Tomoyo, Kero, Yukito, Touya y su padre ya habían recibido la noticia de que estaba de regreso y se habían tomado el tiempo para correr a la residencia Li e ir a verla. Recibió abrazos y retos por todas partes pero nadie le pidió explicaciones, muy probablemente debido a su condición.

Estaba notablemente más delgada y pálida, parecía enferma de hecho, le recordó a los tiempos en los que había estado en el hospital. Por fortuna le hacía bien alimentarse con cosas nutritivas y se sentía absolutamente amada cada vez que veía a sus hijos correr hacia a ella para abrazarla, eso la reconfortaba muchísimo.

Su hermano le había contado que Shaoran había ido en persona a avisarles que ella estaba allí, para que se quedaran tranquilos. Le contó que hacía meses atrás había aparecido en la residencia Kinomoto con expresión lúgubre y rostro demacrado, a pedir sinceras disculpas a Fujitaka por no haber sido capaz de proteger a su hija. Aclaró que, al verlo tan serio aquella vez, no fue capaz de golpearlo y tuvo que tragarse la furia y aceptar que ella ya no estaba con ellos.

Sakura sonrió al recordar que le había dicho "idiota" y que le hizo jurar que no volvería a hacerlos pasar por algo así nunca más. Su hermano siempre había sido de los que le cuesta decir lo que sienten.

Escuchó golpes en la puerta y cedió el paso, esperanzada, pero no era la persona a la que quería ver, se trataba de Ryu.

— ¿Cómo te sientes?— le preguntó.

—Estoy mucho mejor, gracias por tus cuidados.

—No es nada, en verdad— sonrió, pero luego se puso serio. —Dime Sakura, ¿cómo es que estás aquí hablando conmigo ahora? Hasta donde sé, no hay persona en el mundo que sobreviva a perder su magia.

—Pues, me gustaría que Shaoran esté presente para hablar de eso, es una historia un tanto complicada.

—Entiendo, ¿al menos podrías responder una cosa?— ella asintió. — ¿Sabías antes de hacer el conjuro que regresarías a casa?

—No— contestó. —Si lo hubiese sabido, nunca habría funcionado, la idea era que entregara mi vida sabiendo lo que estaba haciendo.

—De acuerdo, menos mal que todo salió bien entonces... Dime, ¿quieres que te prepare algo en especial para comer?

—Cualquier cosa estará bien, no te preocupes por eso— dijo ella. —Shaoran... ¿él no ha vuelto aún?

—Debe estar por llegar, dijo que vendría a almorzar y a buscar unos papeles.

—Está ocupado, parece.

—Digamos que no podía concentrarse en lo que debía hacer, sé que has trabajado duro por tu cuenta pero... aquí tampoco fue sencillo.

—Sí, lo sé— bajó la vista. —Lamento haber causado problemas.

—No, no se trata de eso...— Ryu estaba serio. —Sakura tienes que entender que no ya no eres solo tú, hace bastante tiempo que no eres solo tú, tienes dos hijos, un esposo que te adora... ellos no pueden ser felices aceptando que cargas con todo tú sola, espero que reflexiones un poco acerca de esto, de verdad.

—Sí, está bien— lo miró. —Gracias Ryu, por haber cuidado de los niños y, seguramente, de Shaoran también.

—No fue nada, somos amigos ¿cierto?— se encogió de hombros y se dispuso a salir de la habitación. —Prepararé algo dulce.

Afuera se cruzó con Shaoran en el pasillo, a punto de bromear acerca de que no soportaba mucho tiempo lejos de su esposa enmudeció al darse cuenta de que no entraba en la habitación sino que seguía de largo hacia su estudio. Fue tras él, tal vez había sucedido algo.

—Toc, toc— dijo golpeando la puerta abierta. — ¿Buscas algo?

—Unos documentos que firmé hace poco, la aprobación del nuevo 3er ministro, necesito que se ocupen de sus obligaciones mientras yo no esté en Hong Kong— explicó. —Tal vez tenga que viajar allí estos días, no lo sé, son demasiadas cosas que hacer.

—Wow, un segundo, ¿te irás? ¿Qué hay de Sakura?

— ¿Qué tiene Sakura?

—Bueno, no lo sé, quizás esté convaleciente en la cama y te necesite— vio que Shaoran fruncía a penas el ceño. —Está ahí ¿sabes? Ha preguntado por ti.

—Puedes decirle que tengo mucho trabajo.

— ¿Por qué no lo haces tú, eh?— se aproximó, enfadado. —Te has comportado como un idiota desde que llegó, ¿qué te pasa?

—Nada en absoluto.

—No te creo— negó con la cabeza y señaló la puerta. —Tu esposa, la que tanto anhelabas, está ahí, a unos metros de aquí, y tú ni siquiera te has molestado en ir a ver si continúa con vida...

— ¡Eso...!

— ¿Qué? ¿Vas a decir que pensabas que estaba bien?

—No... no es eso— el castaño bajó la mirada. —Es solo que... no sé cómo actuar...

— ¿De qué estás hablando?

—Estoy molesto, y feliz, y preocupado— se dejó caer sobre el sillón a un costado. —Tengo muchas cosas que decirle, y no sé por dónde empezar, además... ella ahora necesita descansar, no quiero... maldición, no quiero descargar la frustración que siento con ella... quiero que tengamos una conversación normal, sin emociones de por medio.

—Pues creo que deberías tranquilizarte y pensar qué le dirás pronto, porque ella está pensando que la has olvidado, cada vez que vamos a ver si está bien la encontramos teniendo pesadillas, a ver a qué hora lo entiendes.

Shaoran no contestó, permaneció allí un buen rato más, incluso cuando su amigo lo dejó a solas con sus pensamientos no reunió el valor para ir a donde ella estaba.


Ya había anochecido, otra vez. No pudo evitar pensar que se sentía algo sola a pesar de haber regresado a casa y tener a su familia cerca, puesto que la persona a la que deseaba ver no había aparecido aún. Después de dos días de descanso se encontraba notablemente mejor, podía ponerse de pie —con dificultad, claro— y caminar despacio. Ryu le había explicado que su cuerpo se estaba adaptando al bajo nivel mágico que poseía ahora, puesto que había pasado de tener un enorme poder a uno casi nulo.

Había recibido un regaño por parte de Mei Ling y Tomoyo el día anterior cuando ingresaron a la habitación y la encontraron practicando un hechizo sencillo, ya que no lo tenía permitido aún.

—Mamá— la voz de Shiori la sacó de sus pensamientos, estaba sobre la cama y no paraba de saltar. — ¿Sabes que vamos a cenar?

—No cariño, pero será pronto, ¿Teo dónde está?

—En su cuarto, aún no ha terminado su tarea, yo la hice rápido para venir aquí.

—No te esfuerces tanto, tómate tu tiempo.

—Está bien, ¿sabes? Creo que tengo un poder nuevo.

— ¿De verdad? Cuéntame, ¿qué es?

—Veo hilos.

— ¿Los hilos blancos? Ya me habías contado eso, cariño— la atrapó para que no se cayera por accidente, la niña se rió.

—No, no esos, es de color rojo... ¿cómo era que se llamaba? ¿Hilo del destino?

—Sí, así se llaman— contestó. —Puedes ver la gente que está destinada a conocerse con otra gente, son cientos de hilos, anudados en el dedo pequeño.

—Pero yo solo veo uno— se miraron. —Solo puedo ver uno, y brilla mucho.

— ¿Solo uno? No había conocido a nadie con ese poder antes— meditó unos momentos. — ¿Puedes ver el mío?

—Sí puedo— Sakura se perdió en la profundidad de los ojos de su hija, estaba muy seria, por un instante le pareció que sabía mucho más de lo que parecía a simple vista. —Está unido a mi papá... pero a él ya lo conocías.

—Entiendo— su corazón latía rápido. —Ese hilo no es uno corriente Shiori, es el hilo que conecta los corazones de dos personas.

— ¿Los corazones? Pero yo lo veo en los dedos...— Sakura sonrió para contener la risa.

—No me refería a eso, lo entenderás cuando crezcas hija, dime ¿puedes ver el tuyo?

—Sí— hizo un silencio. —Es raro.

— ¿Conoces a esa persona?— la niña asintió. — ¿Por qué es raro?

—No sé, se siente raro— se encogió de hombros, Sakura le acarició el cabello para que se relajara, la notaba más nerviosa. —Iré a ver si ya está la cena, tengo hambre.

—Está bien, ve— la liberó para que saliera de la habitación.

Una vez que fue hora de dormir no dejaba de dar vueltas en la cama, sentía sueño pero no era capaz de dormirse, lo que le había dicho Shiori había aclarado bastante su mente. Decidida a no continuar así se levantó y caminó lentamente hasta la puerta, como sintió que perdía el equilibrio varias veces se sostuvo caminando cerca de la pared, solo por las dudas.

Recorrió el pasillo que logró agitarla un poco y se encontró con la puerta de su despacho abierta, como siempre, puesto que rara vez la cerraba. Sabía que le gustaba que los pequeños interrumpieran su trabajo, sentía que lo relajaban.

Se detuvo en el umbral y apoyó la cabeza en el muro, cansada. Allí estaba él, concentrado en unos documentos, fruncía el ceño como solía hacer cuando algo estaba muy compenetrado, no la vería hasta que dijera algo.

— ¿No dormirás?— murmuró, su voz brotó temblorosa debido a los nervios.

Cuando la vio se quedó de piedra, se quitó los anteojos que usaba para teclear en su portátil y la miró fijamente. No estaba segura de qué era lo que se veía en sus ojos, estaba serio pero al mismo tiempo ese par ambarino tenía un brillo distinto.

— ¿Qué haces levantada?— se puso de pie, con calma. —Tienes que descansar...

— ¿Tú no descansas?— le preguntó, se llevó una mano al pecho como si así pudiera frenar los latidos de su corazón.

—Sí, por supuesto, en un momento.

—No puedes engañarme a mí, Shaoran.

"Pero tú a mí sí ¿o no? Eso es injusto" pensó él, atajando su lengua, no quería reprocharle en ese momento, a pesar de que estaba molesto se instó a respirar profundo y dejar de pensar en lo hermosa que era, pero no conseguía evitar que su mirada recorriera sus bonitas piernas y la curva de su cintura.

—Lo mejor es que vayas a dormir— dijo.

— ¿Tú has dormido aquí estos días?— su expresión era de tristeza. Él negó con la cabeza.

—No Sakura, me quedé en el cuarto de invitados— la vio cubrirse el rostro.

—Me odias ¿cierto?— balbuceó, aunque quiso refrenar el llanto no lo logró y empezó a sollozar.

Shaoran se quedó de piedra unos momentos, apretó los puños varias veces y se aproximó hacia a ella una vez que rodeó el escritorio. Dudó un poco antes de tocarla pero finalmente la abrazó y la apretó contra sí para consolarla, lo que menos había querido era hacerla llorar.

—Por favor, no llores...— murmuró. —Por supuesto que no te odio... Sakura, yo nunca podría odiarte, eres mi esposa.

— ¿Lo soy?— la apartó de pronto para mirarla a los ojos, preocupado y alterado.

— ¡Por supuesto que sí! O acaso... tú ya no...— tuvo miedo de seguir hablando y que ella confirmara lo que estaba pensando. —Solo quería darte espacio...

Recomiendo escuchar: "Pure" OST de Kimi ni Todoke.

Notó que le costaba mantenerse en pie y decidió llevarla de vuelta al cuarto, la levantó en brazos. Ella lo miró algo avergonzada pero no se lo impidió, continuó derramando algunas lágrimas en el camino. Luego abrió la puerta e ingresó a la alcoba, la dejó sobre la cama para que pudiera descansar. Iba a salir cuando ella lo retuvo por la manga de su camisa.

—Shaoran... estás enojado ¿verdad?

—Lo estoy, pero eso no significa que te odie— suspiró, resignado y se sentó en la silla que habían dejado allí. —En realidad estoy algo confundido, han pasado demasiadas cosas... yo creí... creí que te había perdido para siempre— escondió el rostro entre sus manos, agobiado.

—Yo...— se secó las lágrimas. —Entenderé si no puedes perdonarme, después de todo te mentí.

Él clavó la mirada en ella, totalmente serio y volvió a suspirar, no se estaba expresando bien.

—No es por eso, sé por qué lo hiciste— contuvo el aliento por miedo al rechazo, pero se atrevió a acariciar su mejilla. —Tú eres desinteresada por naturaleza, solo quieres ayudar a las personas, incluso si eso cuesta tu propia vida, y por supuesto que ya lo confirmaste, no es por eso... ¿sabes lo que pensé cuando nos volvimos a encontrar y me di cuenta que nunca había dejado de amarte?

—No...

—Pensé: "esta persona merece ser feliz durante toda su vida porque tiene la capacidad de hacer felices a otros solo con sonreír"— bajó la mirada al suelo. —Por supuesto que me alegré de me permitieras a mí hacerte feliz, eso no lo negaré, quería estar a tu lado, pero siempre deseé para ti la mayor de las felicidades...

—Shaoran...— su corazón comenzó a latir fuerte cuando él se acercó y se sentó a su lado, sobre la cama.

—No puedo hacerte feliz si no estás aquí conmigo...— tomó su rostro, para que lo viera a los ojos. —No quiero perderte, te he extrañado hasta el punto en que pensé que me volvería loco, estoy enojado, pero no he dejado de amarte... no podría aunque quisiera.

—Quería verte, quería volver a verte pronto.

—Y yo, me alegra que hayas regresado a mi lado.

Besó su mejilla pero a ella no le alcanzó con eso, así que se apegó a él para besarlo en los labios. La respuesta fue inmediata, Shaoran la atrajo hacia él por la cintura casi de manera brusca pero luego se apartó para mirarla a los ojos.

—No quiero abusar, necesitas descansar...— susurró. Sakura, agitada, negó con la cabeza.

—Te necesito a ti...— deslizó los dedos por los botones de su camisa y fue abriéndolos lentamente.

Su esposo se debatía entre detenerla y dejarla continuar, admitía que sentía tal nivel de deseo que no quería frenar aquello, además, que Sakura luciera mucho mejor en comparación a la primera vez que la había visto, le daba pie para pensar que tal vez no sería malo perder un poquito el control con ella.

Finalmente sucumbió a la atracción que estaba sintiendo, la aferró besándola, hasta que sintió que tiraba de él y se dejó caer sobre ella.

Su piel era cálida, tal y como la recordaba, aún tenía la habilidad de estremecerlo completo con solo tocarlo.

Se amaron por el tiempo que habían estado distanciados.

Más tarde, uno junto al otro, se miraron a los ojos durante unos momentos, disfrutando simplemente de esa intimidad que compartían, felices de haber atravesado todas las barreras que la vida les había colocado enfrente.

—Te eché de menos...— murmuró Sakura, apoyando la frente en su pecho y dejando que la envolviera en sus brazos.

— ¿Dónde estuviste este tiempo?

—Pues... no estoy muy segura— lo miró. —Me mantuvo con él... me protegió.

— ¿Lo dices enserio?— tenía sus dudas.

—Sí— sonrió un poco. —No es como pensábamos, de verdad se esfuerza porque las cosas sean justas... yo no lo entendía tampoco pero cuando llevé a cabo el pacto fue como fusionarse con él por unos instantes... supe que no quería hacerme daño, solo requería mí magia...

—No entiendo cómo es posible que hayas sobrevivido a eso— la apretó contra sí, de solo pensarlo se inquietaba.

—No tomó toda... reservó un poco, lo suficiente para que yo pudiera continuar con vida— explicó. —Me mantuvo descansando un tiempo, en el cuerpo de Chizuru hasta que mi alma volvió a adaptarse a un cuerpo humano, pero no lograba mantener la memoria mucho tiempo puesto que no era mío... finalmente descubrimos que no me adaptaría completamente y decidimos que regresaría a penas pudiera controlarlo y moverme bien. Sin embargo él pensaba que tal vez tú ya me habrías olvidado, decía que había sido testigo de la inconstancia humana desde hacía milenios, y que tendría tres días para encontrarte y convencerte de no olvidarme, puesto que no podía mantenerme más tiempo en un espacio fuera de la realidad... yo iría al otro mundo si no hacía que dijeras mi nombre...

— ¿No era más sencillo simplemente decirme que eras tú? Lo habría hecho lo antes posible.

—No podía decirte, sino el conjuro no funcionaría... la magia que proviene de los sentimientos...

—Es la más poderosa— finalizó y suspiró. —Lo sé... pero complica las cosas...

—Sin duda. Entonces pude salir del cuerpo de Chizuru y volver al mío... él no puede intervenir demasiado, o afectaría el equilibrio de nuestra vida— miró hacia el techo. —Tuve esta oportunidad gracias a ella.

— ¿Quién era ella?— preguntó el castaño.

—Chizuru Koji era una chica normal que no comprendía por qué su vida estaba llena de desgracias— explicó. —Todo se reducía a que estaba pagando el precio por algo que había pasado en su vida anterior... en ese momento era solo una niña llamada Viina... fue víctima de la atrocidad de las personas de su aldea.

— ¿Por qué pagaría el precio si fue una víctima?

—Porque ella se lo pidió a él— su voz era algo triste. —Le suplicó que no castigara a la única persona que había considerado su familia pero eso no era posible, porque no había equilibrio en que una persona que no debía morir pagara por las acciones de otra que sí lo merecía, esa persona era Apola, y su siguiente vida sería una absolutamente infeliz por no haber aceptado el pacto que se le había impuesto... a decir verdad suena todo muy injusto, pero el equilibrio a veces lo es...

— ¿Qué pasó después?— Shaoran estaba totalmente atrapado por el relato.

—Se llegó a un acuerdo, se le concedería a Viina su deseo debido a que perdió la vida de manera accidental, tendría la oportunidad de cargar con la mitad del precio que debía pagar Apola, y ayudar al siguiente sacrificio en caso de necesitarlo, entonces ambas reencarnaron, por desgracia sin poder conocerse la una a la otra.

—La señorita Koji entonces fue Viina, ¿y Apola?— Sakura clavó sus ojos verdes en los de su esposo, dudando si decirle o no. — ¿Qué? Dime, por favor.

—Nosotros conocimos a la que fue Apola como la joven llamada Lei Li.

Shaoran se quedó atónito, había esperado cualquier respuesta menos aquella. Se llenó de preguntas que no alcanzó a pronunciar así que permaneció en silencio, devanándose los sesos en busca de respuestas.

—Y fue por el destino que acarreaba que pasó todo lo que pasó— continuó ella. —"En este mundo no existen las coincidencias, solo lo inevitable" realmente empiezo a pensar que esa frase es verdad y que algunas cosas no pueden evitarse, al final me encontré con ella y me dijo que estaba bien porque ahora que todo había pasado ella podría descansar en paz, me pidió que te diera saludos.

—Lei... solo me alivia saber que descansa— negó con la cabeza. —Desde que él apareció, no dejo de recibir malas noticias.

—No es malo, de verdad.

—No pongo en duda tu palabra pero... no será mi mejor amigo, se llevó a mi esposa lejos de mí.

—Yo fui la que tomó la decisión, no quiero que pienses que se metió en mi cabeza o algo así.

—Sí, lo sé, no me lo recuerdes— la miró, algo fastidiado.

—No ocurrirá otra vez, quiero tener en cuenta sus sentimientos también— tomó su rostro. —Pero que sepas que no me arrepiento, porque gracias a eso seguimos con nuestras vidas en esta ciudad.

—Solo prométeme que no me dejarás otra vez, y que los problemas que tengamos los resolveremos juntos...

—Lo prometo felizmente, ahora todo estará bien— lo abrazó, sonriendo. —Gracias por recibirme una vez más.

—Gracias por quedarte conmigo, Sakura.