N/A: He tenido serios problemas decidiendo cuál debería ser el final, porque no quería dejar de escribir :(
Pero los finales son inevitables, y el de este fic ya ha llegado. Espero que haya sido capaz de hacerle justicia y satisfaga vuestras expectativas (si es que las teníais).
Capítulo 25 – Y Vivieron Felices Y Comieron Lombrices
When I wake up and you're next to me
Gotta pinch myself cause you're a dream
You're beautiful, you're heavenly
Then you wake up with that smiling face
I know that I'm in the perfect place
- SoMo, I Do It All For You.
[Una semana después del Mundial]
Beca observa a Chloe recorrer otra vez el apartamento y la sigue, pegada a sus talones, en el quincuagésimo tour que hacen del piso.
Están solas, el señor que se lo va a alquilar ha salido a contestar una llamada, probablemente otro cliente interesado. Pasean tranquilamente por el salón y entran en la habitación más grande, la que probablemente sea suya. De ahí, pasan al baño que conecta con la segunda habitación y salen al pasillo de entrada. En frente, tienen la cocina, la puerta de entrada a la izquierda, y si siguen por la derecha, vuelven al salón.
Cuando su novia se para frente a las puertas acristaladas que dan a la terracita, Beca rodea su cintura con sus brazos y se estira para apoyar su mandíbula en el hombro de Chloe.
- Es este, ¿verdad? – inquiere en voz baja.
Lo sabe desde el primer momento en que Chloe vio el anuncio.
Estaba encantada con las fotos, un poco cutres si le preguntan a Beca, y le puso el portátil prácticamente pegado a los ojos mientras le contaba que era muy asequible para lo grande que era, que el precio incluía los gastos de comunidad y la luz, y que tendrían una habitación de sobra que podían convertir en un estudio para Beca.
Y sus ojos tenían ese brillo especial.
Beca lo supo entonces, pero ver la cara de Chloe al entrar en el polvoriento apartamento se lo confirmó.
La pelirroja asiente y se gira en su agarre, rodeando el cuello de Beca con sus brazos. Se miran un largo rato sin decir nada, hasta que la morena no puede resistir por más tiempo y sus labios se curvan automáticamente en una sonrisa ante la velada excitación que puede ver en el rostro de Chloe.
- Pues, ya tenemos piso.
- ¿Estás segura? – inquiere Chloe –. Si no te gusta, siempre podemos mir…
- Chlo – le corta Beca antes de que se lance a hablar sin pausas entre unas palabras y otras, como normalmente hace cuando se siente insegura sobre algo –. Es perfecto, estaríamos locas si dejásemos escapar una oportunidad así – le tranquiliza.
La pelirroja sonríe y le da un suave beso. Se separan justo a tiempo para escuchar al casero despedirse de quien haya llamado y volver a entrar en el apartamento. Desde donde ellas están, pueden ver el pasillo de entrada, de modo que el hombre solo tiene que caminar recto para estar de vuelta a su lado.
- ¿Y bien? – ladea la cabeza, sus cejas grisáceas arqueadas con expectación.
Beca y Chloe se miran, y se vuelven hacia el casero con sendas sonrisas excitadas en los labios.
- Nos lo quedamos – dicen a la vez.
[Dos semanas después del Mundial]
Mudarse trae consigo muchas emociones mezcladas.
Miedo.
A perder las grandes amistades que han formado con las Bellas. A la distancia de sus hermanas y amigas. A tener que comenzar a actuar y pensar como adultas. A fracasar. A estar cometiendo un grave error que lo estropee todo. A descubrir que la convivencia entre las dos no funciona y no están tan echas la una para la otra como creen. A que el amor muera, sobrepasado por tantas peleas, por el resentimiento. A que terminen odiándose. A dos corazones rotos.
Inmensa tristeza.
Por tener que dejar atrás la que ha sido su casa durante tres años. Por tener que despedirse de las que se han convertido en sus hermanas, sabiendo que, a partir de ese momento, cada una de ellas va a vivir su vida por separado, algunas hasta en ciudades/países diferentes. Por la posibilidad de que el fuerte lazo que un día las unió, se debilite por el hecho de no estar juntas todos los días y a todas horas.
Excitación.
Por comenzar una etapa nueva en sus vidas. Juntas. Por ver qué les deparará el futuro. Por comenzar sus trabajos y demostrar que valen y que pueden con todo lo que les echen encima. Por tener un piso para ambas y no tener que preocuparse por no hacer ruido. Por no tener que echar el cerrojo de la habitación. Por no tener que ser cuidadosas con las muestras de afecto dentro de su casa, porque ya no están rodeadas de ocho chicas ávidas por tener material para meterse con ellas.
O quizá de eso no se hayan librado del todo.
Están en medio de una celebración privada, estrenando su cama nueva en su apartamento nuevo, cuando escuchan a alguien aporrear la puerta principal con impaciencia.
La cabeza de Beca se alza del colchón con un gruñido frustrado y cruza miradas con Chloe, que ha dejado las maravillas que estaba haciendo con su lengua y gira la cabeza entre las piernas de la morena para mirar hacia el umbral de su habitación como si ahí fuera a aparecer la identidad de quien se está atreviendo a golpear la puerta de su piso de semejante forma.
- Ni se te ocurra – avisa Beca en un gruñido.
Sus piernas se tensan alrededor de los hombros de su novia para prevenir que se siga moviendo, pero Chloe no tiene problema alguno en deshacerse del agarre.
- ¡Chlo! – se queja la DJ. Su cuerpo prácticamente está vibrando en una súplica silenciosa por algo de alivio, pero su novia acaba de dejarle bien claro que prefiere ir a atender a quien sea que esté llamando antes que atender a sus necesidades.
La pelirroja recorre la habitación completamente desnuda y localiza su bata echa un guiñapo en una esquina, a medio camino entre estar colgada de la cómoda y caída en el suelo. Se ata el nudo alrededor de la cintura y se gira para regalarle una triste sonrisa de disculpa a la frustrada DJ.
- Lo siento, Becs, pero está claro que no tienen intención de parar de dar golpes hasta que no contestemos – observa con un suspiro. Tiene razón, porque siguen aporreando su puerta, solo que Beca no tiene la sangre precisamente acumulada en la cabeza y le cuesta darse cuenta de ese detalle –. Somos nuevas y no quiero que, en nuestra primera noche, despierten a todo el edificio por nuestra culpa.
La morena se deja caer contra el colchón con un llanto de protesta, pero no hace nada por detener a Chloe, así que la pelirroja se asegura de no estar enseñando nada indebido y se encamina al pasillo.
Antes de abrir la puerta, echa un vistazo por la mirilla y lo que encuentra al otro lado no es para nada lo que esperaba.
- ¿Puedo ayudarla? – pregunta dulcemente tras descorrer el cerrojo y abrir.
Una señora mayor, vestida también en una bata y zapatillas de andar por casa ortopédicas, baja el bastón que estaba utilizando para aporrear la puerta y descansa ambas manos, una sobre la otra, sobre la curvada empuñadura plateada.
- ¿Tienes alguna idea de la hora que es para andar haciendo esos ruidos? – le espeta la señora con voz cascada.
- ¿Perdona? – Chloe da un brinco al escuchar la exclamación que no viene de ella, sino de Beca, que se ha acercado tan silenciosamente que ninguna de las dos la ha escuchado, a pesar del frufrú de la sábana en la que se ha envuelto. La DJ abre más la puerta para hacerse ver y le lanza una mirada furibunda a la anciana –. Eres tú la que está aporreando nuestra puerta a las dos de la noche.
- Porque no me dejáis dormir con vuestros… – su rostro se arruga todavía más en una mueca de desagrado y parece escupir las siguientes palabras con tanto asco que parece que le saben amargas –, vuestros ruidos.
- Y tú no nos dejas… – sisea Beca de vuelta.
Pero Chloe la corta con un codazo a las costillas y se interpone entre ambas con su mejor sonrisa apaciguadora. Abre mucho los ojos y pone cara de inocencia, la misma que usaba cuando era pequeña para librarse de las broncas cuando la había liado gorda de alguna forma, o la misma que sigue usando a día de hoy cada vez que está a punto de recibir una multa.
- Lo sentimos mucho – se disculpa. Su voz es la de una persona que se arrepiente profundamente de haber hecho algo, y parece conseguir su objetivo porque la expresión de la señora se suaviza, por lo menos hasta que Beca bufa un "¡claro que no!" que le gana otro codazo –. Somos nuevas en el edificio y no teníamos ni idea de que las paredes son tan finas.
- Pues sí – la señora deja de intentar de matar a Beca con la mirada por encima del hombro de Chloe y se relaja un poco cuando se dirige a la pelirroja –. Son muy finas y se escucha todo.
- Ya – Chloe asiente y esboza una mueca de arrepentimiento –. Ahora que ya lo sabemos, le prometo que tendremos más cuidado. Sentimos haberle causado molestia alguna – añade un par de parpadeos tristes y se muerde el interior de la mejilla.
La señora no tiene nada que hacer ante eso, y parece olvidarse de su enfado anterior. Les da un seco "gracias", como si no estuviera acostumbrada a pronunciar esa palabra en particular, y se marcha entre crujidos de las suelas de goma de sus zapatillas de andar por casa.
Chloe se despide de la vecina antes de que Beca tire de ella hacia dentro y cierre la puerta.
- Me recuerda a la señorita Rottenmeier – comenta Chloe, y libera por fin la risa que lleva aguantándose desde que vio a la señora desde la mirilla mientras Beca vuelve a echar el cerrojo.
- Esa mujer lo que tiene es envidia, seguro que ya tiene telarañas ahí abajo – bufa la DJ, su espalda contra la puerta –. No me dejáis dormir con vuestros ruidos – la imita, con voz aguda, y luego se pone los ojos en blanco a sí misma –. Necesita un buen orgasmo, señora Rottenmeier – musita como si estuviera hablando con la vecina.
Los ojos de Chloe relucen en la oscuridad del pasillo y se relame los labios, dando un paso hacia su novia, que no la ve venir porque sigue refunfuñando.
- Hablando de orgasmos… – dice, una sonrisa traviesa en su boca –. Si no recuerdo mal, nos quedamos a medias de algo.
Estira un brazo entre sus cuerpos y agarra una de las esquinas de la sábana que Beca ha enroscado a su alrededor para ocultar su desnudez. La desengancha y la tela blanca con florecitas cae a sus pies.
Da un paso adelante hasta que ya no hay nada de espacio entre ella y Beca, y sus dedos se cuelan directamente entre las piernas de su novia, sin preámbulo alguno. Acaricia la humedad que todavía está ahí acumulada y se muerde el labio.
- Creo que ya me acuerdo – musita antes de caer de rodillas frente a Beca.
No hace falta decir que, a la mañana siguiente, cuando se encuentran con la señora Rottenmeier en el portal, esta les lanza una mirada que habría fulminado a cualquier persona. Pero ellas solo son capaces de taparse las bocas para ocultar sus sonrisas, y echarse a reír con sonoras carcajadas en cuanto la mujer desaparece en el interior del ascensor.
[Dos meses después del Mundial]
Algo está vibrando, y no deja que se concentre.
Chloe alza la vista de la pila de papeles que está intentando descifrar y localiza el iPhone de Beca, la pantalla iluminada con una llamada entrante, sobre la mesita del centro. Deja el bolígrafo rojo sobre los exámenes que ha estado corrigiendo, baja las piernas de la mesita y sale corriendo hacia la cocina con el móvil en la mano.
- Becs, te están llamando – informa, inclinándose sobre la encimera con su brazo extendido hacia su novia.
La morena, que en ese momento tiene los brazos metidos hasta los codos en agua jabonosa mientras friega los platos de la cena, se gira hacia ella al verla entrar en la cocina y mira el móvil con el ceño fruncido. Mira otra vez sus manos sumergidas y hace un gesto de cabeza hacia Chloe.
- Cógelo tú – pide.
- Es un número privado, ¿va a ser así como me entere de que tienes una amante? – bromea la pelirroja con un guiño antes de deslizar el dedo sobre la pantalla iluminada del iPhone y contestar –. Teléfono de Beca Mitchell, esta es Chloe Beale al habla.
- ¿Está Reggie? – pregunta un hombre al otro lado de la línea. Su voz suena monótona, como si estuviera aburrido.
- No, creo que se equivoca. Aquí no hay ninguna Reggie – responde Chloe con el ceño fruncido.
En ese momento, escucha el agua salpicar y, al alzar la vista, ve a Beca sacar los brazos de golpe del fregadero y abalanzarse sobre ella con las manos empapadas de agua y jabón. Esas mismas manos se cierran en torno a la muñeca de Chloe, la del brazo con la que está sujetando el móvil, y Beca tira de ella para despegarlo de la oreja de la pelirroja y pegarlo a la suya.
- Sí, soy Reggie – jadea sobre el micrófono y decide ignorar la ceja cobriza que se arquea al escucharle identificarse con otro nombre.
- Ah, Reggie. Bien – dice Sammy, complacido –. Pensé que me había equivocado y yo nunca me equivoco.
- Lo sé, lo siento, señor. Ha contestado mi... – deja que su voz se apague, insegura de cómo referirse a Chloe ante su jefe. Alza la mirada y ve a su novia con la camisa de franela que le robó la primera vez que se acostaron juntas y que tendía a llevar sin pantalones, con un moño descuidado y las puntas de los dedos manchadas de rojo, señal de que ha estado corrigiendo exámenes. Sus labios se curvan solos en una sonrisa torcida –. Mi asistente.
Otra vez, cejas pelirrojas se arquean con interés, pero Beca se muerde el labio para disminuir su sonrisa y desvía la mirada. Sabe que, como continúe mirando a Chloe, se lo va a tomar como una invitación para comenzar a tentarla con su lengua en su cuerpo y necesita concentrarse en hablar con Sammy.
Además de que sería altamente inapropiado.
- Ah, ¿tienes una asistente? – su jefe silba al otro lado de la línea, impresionado –. Vaya, apuntas alto, ¿eh?
- Por supuesto, señor.
- Así me gusta, la ambición es algo que todos mis empleados deben tener.
Beca sonríe, satisfecha consigo misma. Dado el inicio un poco rocoso de su relación con Sammy, ahora siempre intenta impresionarle para demostrar que la oportunidad que le dio de trabajar con él no fue un error.
A veces – la mayoría, si es sincera – supone tener que ser un poco pelota, ya que el ego de Sammy es casi tan alto como el Empire State e igual de caprichoso que un gato mimado. Acarícialo de la forma equivocada, y quizá te lleves un arañazo. Hazlo bien, y le tendrás ronroneando bajo la palma de tu mano.
Y, si Beca quiere llegar a ser alguien en el mundo de la música, necesita tenerle ronroneando y panza arriba.
Así que se traga el orgullo y se convierte en su mejor versión de sí misma, servicial y dispuesta a soportar que le llamen de mil formas diferentes excepto por su verdadero nombre a lo largo del día.
- ¿Necesita algo?
- ¡Ah, sí! – exclama Sammy, como si acabara de acordarse de golpe de que no suele llamar a sus aprendices a las once de la noche de un sábado solo para charlar –. Mañana te quiero en una reunión. Es importante.
- Claro, por supuesto – asiente Beca, a pesar de que no puede evitar hacer una mueca de desagrado. Ir a Residual Heat para una reunión es lo último que le apetece hacer un domingo. Quedarse en la cama hasta tarde, durmiendo y teniendo sexo somnoliento y perezoso con Chloe, se parece más a su plan ideal –. ¿A qué hora?
- Nueve de la mañana. Sé puntual – remarca su jefe, y Beca casi se lo puede imaginar bajándose las gafas por la nariz para lanzarle una mirada amenazadora.
- Por supuesto, allí estaré.
- Bien. Ah y, ¿Reggie? – llama Sammy antes de que cualquiera de ellos pueda colgar –. Trae cafés. Expresso para mí, y un Mocha con hielo para nuestro cliente.
- Lo haré – promete Beca.
Internamente, sin embargo, suspira, porque creía que esa etapa de "tráeme café" y "cómprame un burrito" y, su favorita de todas, "repón el papel del váter", ya había pasado. Creía que ahora era una productora lícita, no una becaria a la que tenían haciendo los recados de todos.
Su jefe ni siquiera se despide, deja que la línea muera y Beca se queda escuchado los pitidos que indican que la llamada se ha acabado antes de que esta se corte sola.
Suelta el brazo de Chloe, quien ha escuchado la conversación entera y deja el iPhone sobre la encimera antes de rodearla lentamente. Arrastra una mano por el granito, sus dedos marcan el recorrido con pequeños pasos, y a medida que se acerca a su novia, su sonrisa se hace más pronunciada y traviesa.
- Así que, tu asistente, ¿eh?
Beca le devuelve la sonrisa y se encoge de hombros.
- No creía que meter a mi novia en la conversación fuera apropiado. Además... – azul medianoche recorre el cuerpo de Chloe de arriba abajo con un brillo apreciativo. Largos y finos dedos trepan por los bordes de la camisa de franela que enmarca la hermosa figura de su novia. Desabrocha un botón del escote y descubre un sujetador de encaje azul clarito –. Siempre he querido tener una asistente sexy.
- ¿Ah sí? – una ceja pelirroja se arquea en señal de interés.
- Sí – asiente la morena. Otro botón se suelta –. Aunque quizá tenga que despedirte, no eres muy eficiente en tu trabajo.
- Quizá fuera más eficiente si no tuviera que hacerlo... gratis – remarca Chloe, su voz baja y sensual.
- ¿Gratis? – exclama Beca, indignada –. Perdona, pero yo te pago justamente.
- ¿Cómo? Porque yo todavía no he visto dinero alguno en mi cuenta bancaria – le reta Chloe, su sonrisa tan grande que casi le llega de una oreja a otra.
- Eso es porque no te pago con dinero – responde Beca con sencillez, encogiéndose de hombros.
Otro botón se suelta.
- ¿Entonces con qué me pagas?
- Con mi amor – suelta un botón más y alza la mirada cuando escucha el bufido de Chloe. Su sonrisa se tuerce –, y con sexo alucinante, por supuesto – añade con un guiño.
Ante esa respuesta, Chloe no puede hacer nada más que reír, y Beca aprovecha para soltar los tres botones que le quedan. La camisa cae abierta y descubre el cuerpo semi desnudo de su novia, algo que nunca dejará de robarle la respiración.
- En ese caso – dice Chloe cuando se repone de su risa –, creo que va siendo hora de que haga otro pago, Señorita Mitchell – ronronea, agitando los hombros para que la camisa abierta resbale por ellos y caiga al suelo, de forma que no lleve puesto nada más que ese indecente conjunto de lencería azul clarito.
- Yo también lo creo – musita Beca, su boca seca.
Tira de las caderas de Chloe para pegarlas a las suyas con algo de brusquedad, y atrapa sus labios entreabiertos en un beso hambriento. Reculan hasta que el culo de la pelirroja choca contra el borde de la encimera de granito y Beca no tarda en alzarla para que se siente sobre ella. Largas y tonificadas piernas rodean sus caderas para que no pueda irse muy lejos y la morena piensa que no hay otro sitio en el que quisiera estar que ahí.
A la mañana siguiente, Beca cruza las puertas de la sala de conferencias de Residual Heat a exactamente las nueve menos diez de la mañana.
Este logro se debe en gran parte a Chloe, porque ha sido quien se ha despertado a apagar la incesante alarma del móvil de Beca y a tirar a la morena de la cama por mucho que esta protestó y se agarró a las sábanas. Si bien es cierto que, para compensárselo, se metió con ella en la ducha y le dio un orgasmo que todavía tiene las piernas de Beca un poco temblorosas.
O quizá eso sean los nervios que siempre siente pre-reunión con un nuevo cliente.
Todavía no se ha olvidado de la sensación en su primera reunión grupal en Residual Heat, cuando Sammy les había contado que Snoop Dogg quería hacer un disco de navidad, y absolutamente nadie – Dax no cuenta – había aportado ideas. Esa fue la primera vez que Beca dudó de sí misma en algo relacionado con la música, la primera vez que se planteó si quizá no estaba hecha para ese mundo. Y no fue agradable.
De modo que, cada vez que hay una reunión con un nuevo cliente, teme volver a sentir eso. Teme que vuelvan las dudas.
Para distraerse de esos pensamientos, comienza a tararear para sí misma la canción que estaba sonando en la radio de la sala de descanso, y deposita los vasos de café en sus sitios correspondientes: el Expresso de Sammy en la cabecera de la mesa de cristal, y el Mocha con hielo en el lateral derecho. A su jefe le gusta que los artistas se sienten de espaldas al resto del estudio, y miren hacia la pared de la sala de conferencias que tiene adornada con algunos de los muchos premios que ha ganado para Residual Heat.
Acaba de dejar las servilletas y un plato con pastelitos en el centro de la mesa cuando escucha el woosh de la puerta de la sala de conferencias al abrirse y cerrarse detrás de alguien que se para abruptamente, a juzgar por el sonido de sus pasos.
Beca gira sobre los tacones de sus botas y su ceño se frunce al ver quién es.
- ¿Emily? – inquiere, extrañada –. ¿Qué haces tú aquí? Hoy no grabamos.
Sabe que la joven Bella es despistada, pero presentarse un domingo a las nueve de la mañana es otro nivel de despiste. Especialmente porque las sesiones que tienen concertadas para grabar su EP de presentación son martes y jueves por la tarde.
- Sammy me llamó – responde Emily, pero su tono es ascendente y hace que su respuesta suene más a una pregunta que a una afirmación. Se recoge su liso pelo tras las orejas con nerviosismo y mira a través de la pared acristalada de la sala de conferencias en busca de su jefe –. Dijo que había una reunión importante en la que tenía que estar.
- ¿Qué demonios? – musita Beca –. ¿Por qué…?
Justo en ese momento, la puerta vuelve a abrirse y cerrarse con otro woosh y Sammy entra en la sala. Como siempre, lleva sus típicas gafas de sol puestas a pesar de que no hace sol alguno, ha amanecido bastante nublado y con aspecto de tormenta, y se suelta los gruesos botones negros de su americana burdeos.
- Ah bien – exclama al alzar la mirada y tropezar con Emily y Beca. Rodea la mesa y se deja caer en la silla de la cabecera –. Justo las dos personas a las que yo quería ver – sus palabras, sorprendentemente, no son sarcásticas. Mira su Rolex dorado y sonríe –. Todavía tenemos unos minutos antes de que llegue, así que, disparad – agita ambas manos en el aire, señalándose a sí mismo, y espera.
Emily y Beca comparten una mirada confundida antes de volver a mirar hacia Sammy, que está devorando uno de los pastelitos.
- ¿Por qué estamos las dos aquí? – pregunta Beca. Aunque más bien se le escapa, porque nunca habría sonado tan brusca si hubiera sido consciente de que iba a decirlo en voz alta en lugar de simplemente pensarlo.
- Bien, pregunta acertada – le felicita Sammy sin dejarse afectar por la brusquedad –. En unos minutos, alguien muy famoso va a entrar por esa puerta – prosigue Sammy, señalando con un índice hacia la puerta acristalada de la sala de conferencias –. Alguien muy famoso que quiere comprar Flashlight para convertirla en un hit pop. Y, cuando entre por esa puerta – vuelve a señalarla –, quiero que sepáis que esa persona ha pedido explícitamente que estéis presentes para la reunión de hoy.
Emily se gira hacia Beca y musita un silencioso "¿¡qué?!" cargado de incredulidad al que la DJ no sabe qué contestar, porque ella se siente igual de perdida que la Heredera. Su cerebro está dando vueltas por dentro de su cabeza, haciendo sonar bocinas y gritando incoherencias, atascándose en cuanto intenta procesar la información que ha recibido.
- Ah, ¡ahí está! Puntual como siempre, cómo me gusta esta chica – exclama Sammy, saltando de su silla.
Está fuera de la sala en menos de lo que se tarda en parpadear, y para cuando Emily y Beca reaccionan, la alta figura de su jefe les bloquea la vista de quien sea que haya pedido verlas. Lo cual es muy frustrante.
- ¿Ves quién es? – susurra Beca, con la esperanza de que esos centímetros extra que le saca la Heredera le sirvan para descubrir la identidad de la artista.
- No – contesta Emily, frustrada, moviéndose de un lado a otro en la silla en un intento poco exitoso de esquivar a Sammy.
El líder de Residual Heat parlotea animadamente mientras dirige a la artista hacia la sala de conferencias, todavía bloqueándola de la vista de las Bellas, que saltan de sus asientos cuando Sammy tira de la puerta y la abre con un woosh.
- Aquí las tienes – dice, señalando hacia Beca y Emily con un gesto de la mano.
Por fin se hace a un lado, y cuando la identidad de la artista es desvelada, dos bocas caen abiertas.
Chloe está de vuelta a corregir los pocos exámenes que le quedan de la enorme pila que se trajo a casa, cuando escucha la puerta del apartamento abrirse y el tintineo de las llaves contra el llavero de las Barden Bellas.
Sabe que algo va mal al no recibir el jocoso "¡cariño, ya estoy en casa!" que Beca siempre grita cuando llega y sabe que Chloe ya está en casa. Se ha convertido una rutina más, algo que sale de forma automática ya. A no ser que haya ocurrido algo.
- ¿Qué tal la reunión? – alza la voz de forma que se le escuche bien desde la entrada, pero no recibe respuesta alguna, solo los golpes típicos de las botas de su novia al chocar contra el suelo cuando se las quita.
Definitivamente algo va mal.
Deposita los exámenes sobre la pila en la mesita del centro y frena al bolígrafo rojo de rodar hasta caer al suelo. Gira la cabeza al ver un movimiento por el rabillo del ojo y está frente a Beca en cuestión de una fracción de segundo.
- Bec, ¿qué ha pasado? ¿Estás bien? – inquiere al ver el pálido rostro de su novia, los ojos que parecen tener problemas para enfocar.
Cubre las mejillas de la morena con sus manos y sus pulgares dibujan círculos sobre la fría piel, a la espera de que Beca sea capaz de formar palabras y su boca deje de abrirse para solo dejar escapar sonidos silenciosos.
- Jessie J – musita la DJ al final.
- ¿Qué? – Chloe frunce el ceño, pensando que ha debido de escuchar mal porque eso no tiene sentido alguno.
- Jessie J – repite Beca con más firmeza. Azul medianoche se enfoca por fin y salta hacia los ojos de Chloe –. Jessie J quiere comprar Flashlight.
- ¿Qué?
Esta vez, la exclamación sale de entre sus labios más como un acto reflejo que por necesidad de que Beca vuelva a repetirse, porque Chloe ha escuchado perfectamente. Ha entendido perfectamente. Pero su cabeza da vueltas de forma repentina y ahora entiende por qué Beca luce como si acabara de ver a un fantasma.
- Quiere convertirla en el próximo hit pop, y nos ha pedido a Emily y a mí que le ayudemos con todo el proceso creativo – explica Beca, y todavía exuda incredulidad por cada poro de su cuerpo. Se lleva una mano al pelo para alborotarlo, sus ojos saltan por el salón antes de volver a los de Chloe –. Quiere que yo la produzca, Chlo – su voz es apenas un jadeo tembloroso –. La jodida Jessie J.
La pelirroja por fin reacciona y de su garganta sale un grito tan agudo que podría hacer estallar todos los cristales de un kilómetro a la redonda. Lanza sus brazos alrededor del cuello de Beca y le da un abrazo tan fuerte que ninguna de ellas puede respirar bien por un largo rato, pero la morena responde al abrazo con la misma intensidad y a ninguna podría importarles menos la falta de aire.
Porque después de tanto pelear, de tanto temer, parece que Beca acaba de conseguir el tren que le lleve directa hasta su sueño.
Y lo mejor es que puede celebrarlo con su mayor fan, su mayor animadora, su mayor defensora.
La persona por la que, últimamente, su corazón late más fuerte y rápido que nunca.
[Tres meses después del Mundial]
Chloe está agobiada.
Pero está agobiada nivel: último año en Barden, con Beca desaparecida todo el día, las Bellas un desastre descoordinado que ha perdido su reputación y derechos, con DSM burlándose de ellos en las redes sociales y un futuro incierto en el que no puede pensar a no ser que quiera acabar en un ataque de pánico.
Solo que, adaptado a sus circunstancias actuales. A saber: a tres días de que se acaben sus tres meses de prueba en el colegio en el que trabaja como profesora, con la posibilidad de acceder a una plaza fija con mejor sueldo y seguro médico amenazada por la queja de un padre pretencioso que no vio correcto que Chloe castigara a su hijo por haber pegado a otro niño después de que este intentara darle un beso.
"Deberían ser castigados aquellos con inclinaciones impropias, y no los que intentan corregirlas o defenderse de ellas", lee la queja formal que el padre presentó a la dirección del colegio, y por la que Chloe ha sido llamada al despacho del director Scott a primera hora de la mañana.
Así que, sí, Chloe está agobiada.
Y cuando Chloe está agobiada, esas pequeñas manías que tiene Beca y que normalmente no le importan porque es capaz de ignorarlas, le ponen de los nervios.
- ¡Beca! – grita, los brazos en jarras mientras mira con intensidad al fregadero de la cocina. Espera con bastante impaciencia, golpeando el suelo con el pie, a que su novia se despegue del ordenador el tiempo suficiente como para arrastrar su culo a la cocina y responder a su grito.
- ¿Qué pasa? – bosteza la morena, estirándose.
- ¿Te cuesta tanto guardar las cosas en el lavavajillas? – espeta Chloe, señalando con un dedo acusatorio a los platos del desayuno que Beca ha dejado en el fregadero en lugar de limpiarlos o meterlos en el lavavajillas, junto con los de la merienda y cena, que todavía están ahí.
- Pensaba recogerlo luego – se encoge de hombros, claramente todavía demasiado dormida como para darse cuenta de que ahora no es el momento de ser tan despreocupada.
- ¿Cuándo? ¿Cuando sea una torre de platos? ¿O cuando les salgan moho?, porque yo desde luego no pienso recogerlos esta vez – sentencia.
Las cejas de Beca se arquean ante la brusquedad con la que habla su novia y alza ambas manos para calmarla. Se acerca al fregadero y empieza a recoger los platos acumulados, metiéndolos en el lavavajillas en su lugar. Al terminar se gira hacia Chloe y la analiza con la mirada, como evaluando si es seguro hablar o mejor desaparecer otra vez en el interior de su estudio para seguir trabajando.
- ¿Pasa algo? – pregunta suavemente.
- No.
- ¿Estás segura? – presiona, todavía intentando mantener su voz suave y calmada, y que no suene acusatoria –. Llevas un par de días muy tensa y distante, no te creas que no lo he notado – su suavidad se convierte casi en temor, y baja la mirada a sus pies enfundados en calcetines –. ¿He hecho algo mal?
- ¿Aparte de lo de los platos que te he repetido cincuenta veces, dices? – le ataca Chloe, a pesar de que se arrepiente casi al instante por la mueca que transforma el rostro de su novia.
- Aparte de eso, que ya he dicho que lo siento…
- Ya, claro. No debes de sentirlo mucho si luego, en cuanto me giro, vuelves a hacerlo – cruza los brazos firmemente sobre su pecho, el ceño fruncido.
Beca suspira y su rostro se torna preocupado. Da un paso adelante para acercarse a Chloe y su mano acaricia uno de sus brazos cruzados.
- Chlo, ¿qué está pasando? – inquiere con notable preocupación –. Porque esto no es sobre unos estúpidos platos. ¿Tienes algún problema en el colegio o…? – su voz se apaga y de nuevo desvía la vista en una señal de timidez y temor –. ¿O… conmigo?
La pelirroja se desinfla ante el temblor, casi imperceptible, en la voz de Beca. Deja caer ambos brazos y entrelaza sus dedos con los de Beca, dándole un apretón para conseguir que alce los ojos del suelo. Su expresión es de arrepentimiento cuando cruzan miradas y ve las nubes de dudas flotando por azul medianoche.
Su intención no es pagar sus nervios con Beca. Ella no tiene la culpa, y si es cierto que hace cosas que Chloe le ha pedido mil veces que no haga, está segura de que ella misma también comete errores. Al fin y al cabo, ninguna de las dos es perfecta.
- Lo siento – suspira. Sacude la cabeza con pesar, avergonzada de sí misma –. Tienes razón, estoy haciendo una montaña de un grano de arena.
Beca le devuelve el apretón en la mano y busca sus ojos.
- ¿Pasa algo? Sabes que puedes contarme lo que sea, ¿verdad?
- Por supuesto – le tranquiliza Chloe con una suave sonrisa, antes de negar con la cabeza para quitarle importancia a todo lo que acaba de ocurrir –. Solo estoy cansada, esta noche no he dormido bien, y lo estoy pagando contigo. Perdóname…
Beca no parece muy convencida, pero termina por aceptar esa explicación y le asegura que no pasa nada. Deposita un tierno beso en sus labios, y en vez de volver a desaparecer en su estudio para seguir trabajando, se queda en la cocina para prepararle el termo de café a Chloe.
Chloe se cuelga su bandolera de un hombro, coge las llaves y acepta el termo caliente que le tiende su novia con un dulce beso de regalo. Se despide de ella como si nada hubiera ocurrido, pero en cuanto escucha la puerta cerrarse a sus espaldas, su sonrisa es otra vez reemplazada por una expresión de angustia que le acompaña durante el corto viaje en coche hasta el colegio.
Cruza el aparcamiento de cemento bajo el débil sol de una mañana de septiembre, pero en vez de seguir el camino de todos los días hasta la sala de profesores para dejar sus cosas y prepararse antes del inicio de la clase, se desvía en el pasillo de la entrada hacia el ala derecha del colegio, donde están todos los despachos de la administración y dirección.
Su móvil vibra dentro del bolsillo exterior de su mochila, y solo lo saca lo suficiente como para poder leer las notificaciones acumuladas en la pantalla de bloqueo.
Bree (06.45): Todo irá bien, ya verás :* :* :*
Becs :3 (ahora): Cena y baño relajante esta noche? :D
La distracción que le proporcionan ambos mensajes es breve. Joanna, la secretaria, le regala una sonrisa compasiva cuando la ve aparecer en el umbral, y le indica con un gesto de la mano que puede pasar.
Chloe agarra con fuerza la tira de su mochila, tanta que deja de sentir los dedos por la falta de riego sanguíneo. Le acompaña la sensación de déjà-vu de la última vez que entró en un despacho de dirección: cuando les informaron que las Bellas eran una vergüenza nacional y no podrían competir nunca más.
Tiene que esforzarse por mantener su respiración regular y no sucumbir a las ganas de echarse a llorar y suplicar por el perdón – aunque, a día de hoy, todavía sigue convencida de que tomó la decisión correcta.
La puerta de caoba del despacho está abierta, pero, aun así, se detiene a golpear con los nudillos y espera a que la grave voz del director le permita pasar. El Dr. Scott está sentado en su gran silla de cuero negro, mirando algo en la pantalla de su Mac, el cual bloquea en cuanto Chloe entra tímidamente en el despacho.
- Buenos días, señorita Beale – le saluda e indica con un gesto de la mano que tome asiento en las sillas al otro lado de su imponente mesa de caoba –. Supongo que imagina por qué la he hecho llamar.
Chloe asiente y traga saliva.
- El incidente entre Travis Stendhal y James Howard.
El Dr. Scott asiente y apoya ambas manos sobre su mesa, los dedos entrelazados. Es un hombre calvo, muy alto y delgado, que resulta bastante imponente hasta el momento en que no es capaz de contener la sonrisa por más tiempo. Tiene arrugas en las esquinas de los ojos de tanto sonreír y sus cálidos ojos marrones muestran simpatía por detrás de sus finas gafas de montura metálica.
A Chloe siempre le ha parecido muy amable y divertido. Y hoy no es diferente; sin embargo, esta vez no le aporta calma alguna. Porque no sabe si tanta comprensión y delicadeza nace de la lástima que le da tener que despedirla, o si simplemente siempre trata igual todos los conflictos.
- Supongo que ya se ha enterado de que el señor Stendhal ha presentado una queja formal contra usted por su forma de resolver el conflicto.
Revuelve entre las diferentes montañitas de papeles que cubren su mesa de caoba hasta encontrar la montaña adecuada. Saca una carpeta marrón de cartón con algo escrito en la portada que Chloe no tiene tiempo de leer, y saca una hoja impresa. La alza para enseñar que es la carta mencionada, se recoloca las gafas y procede a leer por encima las palabras que llevan persiguiendo a Chloe desde que recibió esa misma carta por e-mail:
"Es de mi entender que ayer, día 10 de septiembre, mi hijo volvió el colegio profundamente afectado. Me contó que un niño de su clase, James Howard, había intentado besarle y que, por defenderse de ese acto indeseado, su profesora, la señorita Beale, le castigó.
Estoy en completo desacuerdo con la decisión de la señorita Beale y quisiera que esta carta tomase forma de una queja contra su forma de actuar. Deberían ser castigados aquellos con inclinaciones impropias, y no los que intentan corregirlas o defenderse de ellas.
Nunca antes habíamos tenido problema alguno con el colegio, y no nos gustaría que, por este incidente, se marchitara nuestra beneficiosa relación con Coban Academy.
Confiamos en que sepan tomar las medidas necesarias para que no se vuelva a repetir.
Sinceramente, Anthony Stendhal."
El Dr. Scott alza la mirada del papel, deja la carta de nuevo sobre la mesa dentro de la carpeta de cartón en la que ahora Chloe puede leer su propio nombre escrito pulcramente en la portada.
Una vez más, se las ha apañado para conseguir manchar un expediente que, de otra forma, estaría impoluto; y ese pensamiento es suficiente para traer lágrimas a sus ojos.
- Ahora bien, señorita Beale – le dice el director al quitarse las gafas y volver a cruzar las manos sobre su carpeta –. He hablado con los demás profesores – abre la tapa de la carpeta y sus ojos recorren algo que Chloe está demasiado lejos como para leer –, y todos solo tienen cosas buenas que decir sobre usted. Aparentemente, los niños la adoran y – recorre con un dedo las cifras en unas casillas del informe, con expresión de satisfacción –, sus resultados en su clase son extraordinarios – sus ojos marrones se despegan del papel para mirar a Chloe, y esta sabe que va a ser franco con ella –. Comprenderá que me sorprendió recibir una queja así, así que le voy a dar el beneficio de explicarse. ¿Hay algo que quiera añadir o decir en su defensa? – pregunta.
Normalmente, Chloe es el tipo de personas que huye de las confrontaciones. Normalmente, Chloe es el tipo de persona que agacha la cabeza y se mantiene en silencio. Normalmente, Chloe es el tipo de persona que aceptaría el veredicto sin protestar y asumiría su castigo, aunque crea que es injusto.
Pero, si hay algo que Beca le ha enseñado, es que en esta vida no puedes ser un felpudo. Tienes que ser la persona que se limpia los pies en él, porque incluso si luego te echan de la casa a patadas, por lo menos les habrás dejado algo por lo que te recordarán.
Así que, lucha contra su instinto natural, a pesar de que sus manos estén blancas por la fuerza con la que está agarrando la tira de su bandolera en su regazo, y defiende aquello en lo que cree.
- Yo… – su voz se quiebra por culpa del nudo de su garganta, y carraspea para aflojarlo lo suficiente como para que permita que pasen las palabras –. Comprendo que el señor Stendhal pueda sentir que su hijo fue la víctima, pero mi opinión no es la misma, señor.
Quizá la echen, pero no será sin que haya dejado claro lo que piensa sobre todo el asunto.
- No soy el tipo de persona que ve correcto celebrar la violencia y castigar a un niño que solo estaba siendo él mismo. Este mundo es suficientemente confuso y cruel con los niños como James, y no voy a ayudar a que sienta que hay algo malo en él cuando no es así – alza la barbilla en un gesto de desafío y se prepara para lo siguiente que quiere decir, sabedora de que es algo que tiene que dejar claro sin importar el resultado de esta reunión –. Si este es un colegio en el que comportamientos como el de Travis son premiados, y los niños como James reprimidos y culpabilizados, quizá no es el lugar adecuado para mí.
Sostiene la mirada del Dr. Scott durante un largo, doloroso y tenso minuto de silencio. Entonces, el rostro del director se rompe con una sonrisa satisfecha y asiente, como si lo que ha dicho Chloe fuera exactamente lo que esperaba oír.
- En ese caso, solo tengo una cosa más que decirle, señorita Beale – dice, cerrando la carpeta y echándola hacia un lado –. Doy por hecho que es consciente de que sus tres meses de prueba ya van a terminar – espera al asentimiento de Chloe para continuar –, de modo que, si quiere quedarse con nosotros en Coban Academy, estaremos encantados de darle una plaza fija en nuestra pequeña familia – extiende las manos sobre la mesa en un gesto invitador.
Chloe solo parpadea. Le pitan los oídos y es incapaz de comprender lo que acaba de escuchar. Es como si alguien empujara las palabras lejos de su cerebro en cuanto estas intentan acercarse. Por suerte, su reacción le parece graciosa al Dr. Scott, porque deja escapar una grave carcajada y se recuesta contra el respaldo de su silla.
- Mire, los padres siempre se van a quejar – le asegura con franco encogimiento de hombros –. Siempre van a esperar que su hijo tenga lo absoluto mejor, y no se van a conformar con nada menos. Pero – alza un dedo para remarcar la importancia de lo que va a decir –, eso no significa que los profesores no estén haciendo su trabajo correctamente.
El director le regala una cálida sonrisa y se levanta de su silla, cuyo respaldo vuelve a ponerse recto con un quejido de los muelles. Da la vuelta a la mesa de caoba y toma asiento en la otra silla libre que hay frente a Chloe, que sigue todavía sin ser capaz de pronunciar palabra alguna.
Si no se ha pellizcado todavía, es porque no quiere hacer el ridículo delante de su jefe si esto resulta no ser un sueño.
- Ya se lo dije en su letra de aceptación, pero se lo vuelvo a repetir – se recoloca la americana para que no se arrugue a estar sentado y apoya los antebrazos sobre sus rodillas, acercándose a Chloe. Sus ojos son honestos, con cierto tinte orgulloso –. Admiro sus ideales, su lealtad, y que esté dispuesta a arriesgarlo todo por mantenerlos. No todo el mundo es así – le felicita. Se recuesta en la silla y estira su corbata con las manos como quien acaricia a un gato –. Me gusta creer que en Coban Academy somos diferentes y estamos dispuestos a arriesgarnos por las cosas en las que creemos. Y por eso mismo creo que usted, señorita Beale, es perfecta para este colegio.
Chloe abre la boca y deja escapar un resoplido incrédulo.
- Pero… ¿Y el señor Stendhal? – inquiere –. No va a estar satisfecho con su decisión.
- Entonces, quizá él sea el que no está en el lugar adecuado – responde el Dr. Scott con un guiño despreocupado.
Se levanta de la silla y rodea otra vez su escritorio, pero, antes de sentarse, le echa un vistazo al reloj de cuco que cuelga de una de las paredes de su despacho.
- Ya son casi las ocho – informa, chasqueando la lengua con decepción. Se gira hacia Chloe con expresión esperanzadora, las cejas arqueadas y una sonrisa expectante –. ¿Qué me dice, pues? ¿Está preparada para seguir cambiando vidas, un niño a la vez?
Chloe solo es capaz de responder con una enorme sonrisa.
La cabeza de Beca golpea la puerta del apartamento con un seco thud cuando Chloe se abalanza sobre ella al segundo en que su novia le abre.
Atrapa los labios de la morena en un beso que es de todo menos tentativo, sus manos enmarcan las mejillas de Beca y todo su cuerpo la presiona contra la puerta todavía abierta de par en par. Cualquiera que salga al pasillo en ese momento, se va a encontrar con un espectáculo que no ha pedido, pero a ninguna de las dos parece importarles lo más mínimo, porque siguen devorándose como si llevaran años sin verse.
Chloe utiliza sus manos para ladear la cabeza de su novia, y su boca desciende sobre la delicada piel de su cuello sin un instante de duda. Deja húmedos besos sobre ella, y a medida que baja, sus dientes hacen acto de aparición y muerde sobre la zona donde un alocado pulso late contra sus labios.
Un sonoro gemido escapa de la garganta de Beca y Chloe se separa de su tentador cuello con una sonrisa. Cubre la boca de su novia con su mano y azul medianoche aparece tras párpados pesados, tan oscuro que parece negro bajo la pobre luz del pasillo del edificio.
- Sshh – sisea –. No querrás que la señora Rottenmeier nos vuelva a echar la bronca por ser ruidosas.
Beca aparta la cabeza de la mano para liberar su boca y poder responder, aunque lo primero que sale de entre sus labios es un gemido, ya que Chloe ha vuelto a devorar su cuello con todo lo que tiene y le es difícil hilar los pensamientos cuando su novia está haciendo esas cosas en su oreja con su lengua.
- No es que me queje – jadea –, pero ¿puedo saber a qué viene semejante recibimiento?
- Hoy tuve una reunión – musita Chloe contra piel caliente y enrojecida por sus dientes –, con el director – desciende sus besos hasta una clavícula, donde deja una marca que sabe que, en unas horas, estará morada –, por una queja de un padre – hace otra marca en la carne de un pecho que sobresale por encima del sujetador y el escote de la camiseta de tirantes que lleva puesta la DJ –. Pensé que iban a despedirme, pero resultó no ser nada grave – deposita más y más besos ardientes sobre las clavículas y escote de su novia.
Hasta que dos manos caen sobre sus hombros y la empujan lejos de Beca. Sorprendida, Chloe trastabilla hacia atrás y su espalda choca contra la otra pared del estrecho pasillo de entrada de su casa.
- ¿Cómo? – pregunta Beca, su rostro tan vacío de emoción que resulta casi estremecedor, y por fin cierra la puerta de su casa para impedir que ningún vecino escuche su conversación.
- Dos niños de mi clase se metieron en una pelea y el padre se quejó porque creía que había sido injusta con el castigo – explica Chloe con un poco más de información, aunque agita una mano en el aire y se encoge de hombros para quitarle gravedad al asunto.
Da un paso adelante para retomar las cosas donde las habían dejado, pero Beca vuelve a empujarla lejos de ella, y esta vez su rostro tiene una emoción que Chloe identifica con absoluta claridad: enfado.
- ¿Y se puede saber por qué me estoy enterando ahora de esto? – espeta.
- No creía que fuera tan grave y no veía nec…
- ¿Que no…? – le corta Beca con una risa incrédula –. Chloe, no me jodas, acabas de decir hace un minuto que creías que te iban a despedir.
- A ver, sí – resopla la pelirroja, frustrada –. Pero ya me conoces, tiendo a exagerar. Bree me dijo que las quejas son cosas normales y que no me preocupara, ella tiene una tía que es profes…
- Espera, espera – vuelve a interrumpir Beca, una mano alzada para indicarle que deje de hablar –. ¿Aubrey lo sabía? – exclama, sin poder creerse lo que acaba de escuchar –. ¿Y a mí no consideraste necesario contármelo?
Decir que se siente herida es quedarse corto. Creía que Chloe confiaba en ella y que sabía que podía contarle lo que fuera. Beca nunca la ha juzgado, siempre ha intentado ayudarle con lo que fuera y solucionar sus problemas juntas. E igual que ella le cuenta todos sus problemas, espera que Chloe haga lo mismo con ella. ¿Acaso no se basa en eso una relación?
- Esta mañana te he preguntado explícitamente si te ocurría algo, si estabas teniendo problemas en el colegio, y me has dicho que todo estaba bien – reprocha –. ¿Por qué no me lo dijiste, Chloe? ¿No confías en mí?
- Sabes que sí – responde ella sin un instante de duda, sus ojos intensos clavados en los de Beca desprenden ofensa por el hecho de que la DJ haya dudado de ella.
- ¿Entonces por qué no me lo dijiste? – pregunta, exasperada.
- ¡Porque tú ya tenías suficiente con lo tuyo! – grita Chloe, como una burbuja a la que han estado pinchando y pinchando, hasta que ya no lo soporta más y estalla –. Has estado muy estresada con el trabajo, estás produciendo con Jessie J, preparando el EP de Em, y solucionando los caprichos de tu jefe. Te levantas conmigo y te vas a dormir a las tantas de la noche. ¿No ves que estás agotada, Beca? – coge una agitada respiración y continúa en un gruñido enfadado –: Lo último que necesitabas era tener que preocuparte también de mis cosas.
- ¡Pero esa es la cuestión, Chloe! No puedes pretender ocultarme todo lo malo como si fuera una niña pequeña. Somos una pareja, y eso significa que tus cosas y tus problemas también son míos.
- No quiero ocultarte todo lo malo – se defiende Chloe –. Sé que no eres una niña pequeña y que puedes soportarlo, es solo que no veo la necesidad de cargarte con algo con lo que puedo lidiar yo sola.
- No podías lidiar con ello sola. Estabas comportándote como el año pasado en Barden, y si crees que no me he dado cuenta, entonces subestimas lo mucho que me preocupo por ti – le acusa Beca. Deja escapar un torrente de aire por la nariz y cierra los ojos un segundo para tranquilizarse y proseguir en un tono de voz dolorido –. Ver que estás mal, y no saber por qué, ni cómo ayudarte, es mil veces peor que si me hubieras contado desde un principio qué estaba pasando. No sabes la de ideas disparatadas que han cruzado por mi mente al intentar averiguar por qué de repente estabas actuando así – admite, entre avergonzada y asustada por algunas de las cosas que llegó a pensar.
Chloe suspira y acorta la distancia entre ambas con solo un paso. Acuna las mejillas de la morena entre sus manos, haciendo que alce la cabeza y la mire a los ojos.
- Me encanta que seas tan altruista, de verdad que sí – susurra la DJ, y en su azul medianoche no hay nada más que inadulterada honestidad –. Pero no vuelvas a ocultarme cosas, por favor. Sé que crees que puedes llevar todo el peso del mundo sobre los hombros y no quejarte nunca, pero Chlo, no tienes por qué. No tienes por qué lidiar con las cosas sola. Solo eres humana. Y sé por experiencia que guardarse todo para una misma es agotador – sus manos, que en algún momento han pasado a descansar sobre las caderas de la pelirroja, le dan un apretón para transmitir lo importante que es para ella que Chloe comprenda lo que está intentando decirle –. ¿Para qué estoy si no es para que me cuentes lo que te pasa? Habla conmigo, cuéntame tus problemas igual que yo te cuento los míos. Desahógate.
Chloe asiente y se inclina para atrapar los labios de Beca en un lento beso que ambas disfrutan hasta el último segundo. Se separan solo para coger aire, pero Chloe no se va muy allá, sino que descansa su frente sobre la de la morena porque sabe que, después de una pelea así, siempre necesitan más cercanía que nunca.
- Prométeme que me contarás las cosas a partir de ahora – pide Beca en un murmullo.
- Te lo prometo – acepta Chloe, y lo sella con otro beso.
- Lo que sea.
- Lo que sea.
Se quedan un rato más, disfrutando de su cercanía, de la sólida y cálida presencia de la otra en sus brazos.
- Entonces, ¿algo más que deba saber? – pregunta de repente Beca, al darse cuenta de que no sabe cuál fue el resultado de la reunión de Chloe con su director.
La pelirroja suspira desde su escondite en el hueco del cuello de su novia, pero una bombillita se enciende dentro de su cabeza y le da una idea. Se muerde los labios para que no se curven solos en una sonrisa que le delate y se esfuerza por mantener un tono de voz monótono.
- Oh, bueno – dice –. Es… una tontería de nada, pero bueno… Supongo que debería decirte que me han ofrecido una plaza fija, ¿no?
Beca vuelve a empujarla lejos de ella, pero esta vez en un contexto totalmente diferente, y le lanza una mirada incrédula mientras evalúa si le está tomando el pelo o no. Chloe no puede reprimir por más tiempo la sonrisa que tuerce sus labios y suelta una carcajada.
La morena abre la boca para regañarla, pero ni siquiera llega a emitir palabras. Se interrumpe a sí misma al lanzarse sobre Chloe y cortar su risa con sus labios y un beso hambriento. La diversión se convierte rápidamente en gemidos y jadeos cuando Beca descarga toda su frustración, y celebra la noticia, prácticamente devorando a Chloe contra la pared del pasillo.
La blusa de la pelirroja está desabrochada en cuestión de segundos, y su falda echa un churro alrededor de sus caderas, empujada ahí arriba por manos impacientes que recorren sus piernas y tiran de una de ellas para enroscarla alrededor de la cintura de la DJ. Labios dejan besos húmedos por su cuello y pecho, y Beca se aprovecha del sujetador con cierre frontal que Chloe escogió para esa mañana, porque así puede desengancharlo sin perder tiempo teniendo que desnudar completamente a la pelirroja de cintura para arriba.
Los dientes de la morena se cierran en torno a un pezón y lo mordisquean, sorben y lamen hasta que está tan erecto que casi duele, y Chloe tiene la espalda tan arqueada que solo la parte de atrás de su cabeza toca la pared contra la que Beca continúa empujándola con cada vaivén de sus caderas contra su sexo.
Beca la suelta de golpe como si le hubiera quemado, y Chloe tiene que reequilibrarse sobre dos pies. Mira a su novia en una pregunta silenciosa de por qué ha parado, pero la morena solo sonríe y se deja caer sobre dos rodillas frente a ella, de la misma forma que Chloe hizo en su primera noche en el apartamento.
Siente entonces lo que Beca debió sentir en ese momento: la boca repentinamente seca, el tsunami de puro deseo que recorre su cuerpo entero y hace que la cabeza le dé vueltas y se le aflojen las rodillas.
Finos dedos trepan por sus piernas y el interior de sus muslos, acariciando la piel a su paso, y tentando a Chloe todo lo que puede. Se enganchan en sus bragas y las deslizan lentamente hacia abajo, solo para volver a recorrer el mismo camino en sentido inverso y empujar sus piernas para que se abran.
Chloe ve a Beca relamerse segundos antes de que hunda su rostro en su sexo y gime, no muy segura de que vaya a ser capaz de salir viva de esta.
La hábil lengua de Beca se desliza por ella sin piedad alguna. Juega con su clítoris, pero también tienta su abertura. Está en todos lados y en ninguno en los que realmente la necesita. Pronto, sin embargo, la morena debe de darse cuenta de que los tirones desesperados de Chloe en su pelo solo se van a hacer más fuertes cuanto más le pique, y decide darle lo que tanto necesita.
Su lengua se desliza entre sus pliegues para luego sumergirse en su interior, y Chloe, que no lo ve venir, deja escapar un sonoro gemido de alivio. Beca atrapa su clítoris entre los labios, tirando de él con suavidad, y vuelve a jugar a sumergirse y salir a un ritmo casi imposible de seguir.
Las rodillas de Chloe tiemblan tanto que no sabe si logrará sostenerse en pie como siga así. Pero Beca vuelve a sorprenderla una vez más, porque le da un cuidadoso mordisco a su clítoris y el cuerpo entero de la pelirroja es sacudido por los espasmos de un orgasmo que no puede prever.
Resbala por la pared hasta acabar sentada en el suelo frente a Beca, quien ríe y se inclina para darle un beso.
- Enhorabuena, por cierto – le felicita con una sonrisa pícara.
[Cuatro meses después del Mundial]
- ¿Dónde está el fuego? – bromea Beca cuando se da cuenta de que, por alguna razón, todas las mujeres están corriendo hacia la pista de baile.
- Van a lanzar el ramo – le responde un primo de CR que está sentado en su misma mesa.
La DJ coge su copa de vino y le da un sorbo mientras observa por encima del borde el espectáculo. Nunca ha entendido esta tradición, pero mucho menos entiende a la gente que se vuelve auténticamente loca por coger un simple ramo de flores. Beca ha llegado a ver peleas. Por un ramo de flores.
¿De verdad que a nadie más le suena estúpido?
Al otro lado del salón, un borrón rojo intenso capta su atención y se gira justo para ver a Chloe salir del baño, charlando y riendo con Aubrey. Cruzan miradas a pesar de la distancia y Beca le guiña un ojo a su novia.
Como tienen que atravesar el salón entero para volver a la mesa, la morena aprovecha para apreciar por quincuagésima vez la hermosa figura de Chloe: se ha alisado sus ondas cobrizas y las lleva peinadas con la raya al medio, sujetas tras orejas que ha adornado con pendientes dorados que destellan bajo las suaves luces del salón. Va subida en altos tacones de finas tiras rojas y se ha enfundado en un corto vestido del mismo rojo intenso con un amplio escote y una pequeña capa que cae por su espalda.
(- ¡Me siento como Wonder Woman! – exclama mientras la agita con los brazos.
- Solo te falta el lazo de la verdad – se burla Beca, esquivando por los pelos uno de los codos de su novia que casi le rompe la nariz por ir dando vueltas sobre sí misma como si fuera un helicóptero.
- Oh, ¿es esa la forma que tienes de decirme que te gustan los látigos, Mitchell? – Chloe sube y baja las cejas sugerentemente.
- Si es así, ¿qué piensas hacer al respecto, Beale? – reta.
- ¿Siri? – pregunta la pelirroja a su móvil –. ¿Dónde está la sex shop más cercana?
- No tengo permiso para responder a esa pregunta – contesta la voz robótica de la asistente del iPhone, causando que ambas chicas estallen en carcajadas.)
Sin embargo, no llegan a la mesa.
A medio camino, Aubrey se da cuenta del revuelo que está formando en la pista de baile y tira de Chloe hacia allí, obligándole a unirse a la tradición a la fuerza. La pelirroja le lanza una mirada de súplica para que vaya a rescatarla, pero Beca se limita a encogerse de hombros y se mantiene sentada en su silla, pensando que eso va a ser muy divertido de ver.
- Oh, no, no, no – exclama Amy la Gorda, que acaba de materializarse a su lado por arte de magia y le da un susto de muerte –. Tengo mucho dinero en esta apuesta como para que te quedes con el culo pegado a la silla.
Antes de que Beca tenga tiempo a reaccionar y preguntar de qué demonios está hablando, la australiana agarra sus brazos y tira de ella con tanta fuerza que casi sale disparada por el aire.
- ¡Amy! – protesta, intentando recuperar el equilibrio sobre sus tacones y no pisarse los largos pantalones de su mono.
- No me obligues a llevarte en brazos – advierte la rubia.
- ¿Qu…?
No puede terminar. La pregunta se la lleva el aire y se convierte en un grito estrangulado cuando Amy sale corriendo a toda velocidad hacia la pista de baile con Beca tras ella como si fuera una cometa. Se frena al borde del círculo y utiliza el impulso para empujar a Beca justo en todo el centro del tumulto de mujeres.
La DJ tropieza y tropieza hasta que encuentra el equilibrio solo porque no hay espacio ahí dentro como para caerse. Se da la vuelta en busca de una salida, queriendo escapar de allí antes de que la histeria se desate, pero otra persona es empujada al interior del círculo y reconoce la capa roja que cubre la espalda que choca contra ella.
- ¡Chlo! – dice, aliviada por no estar sola.
La pelirroja gira sobre sus tacones y su cara de susto se transforma en otra de alivio.
- ¿Qué está ocurriendo? – pregunta Chloe, estirando sus manos para agarrar las de la morena.
- No sé, algo sobre una apuesta – contesta Beca con la misma confusión que ve reflejada en los ojos de su novia.
Chloe frunce el ceño, pero lo que sea que va a decir queda ahogado cuando las mujeres que las rodean empiezan a chillar al ver aparecer a las novias en la pista de baile. Cynthia Rose lleva un elegante smoking blanco con una pajarita de un rojo oscuro, mientras que Denise ha optado por el tradicional vestido blanco y es la que lleva el deseado ramo de flores en las manos.
- ¿Quién quiere ser la siguiente? – pregunta, claramente encontrando la situación muy divertida.
Al contrario que Beca y Chloe, que se tapan los oídos cuando las mujeres vuelven a chillar, histéricas, y comienzan los empujones para buscar el sitio ideal. La DJ busca la mano de su novia y se aferra a ella con fuerza, negándose a ser separada de la única persona cuerda entre tanta locura.
Beca se gira hacia Chloe para que vea sus ojos en blanco y cómo les hace la burla. La pelirroja no puede evitar reírse y se pega bien a Beca cuando alguien vuelve a empujarla al intentar abrirse paso hacia los puestos de más adelante.
- Por favor que esto acabe pronto – pide la morena, rodeando la cintura de Chloe con su brazo en actitud protectora cuando vuelven a ser empujadas.
- ¡Allá va! – avisa Denise.
Esta vez los gritos son ensordecedores y ambas novias se hacen una mueca de dolor, temiendo por la salud de sus tímpanos. Las mujeres a su alrededor se vuelven auténticamente locas, gritando incoherencias y dándose codazos y empujones, trepando las unas sobre las otras para estar más altas, agitando los brazos en el aire.
Beca va a hacer un comentario sobre eso, pero algo colisiona directo contra su cara y su boca se llena de verde.
- ¿Qué coño? – exclama.
Abre los ojos y ve el ramo de flores descansando entre su cuerpo y el de Chloe, donde ha rebotado después de chocar con ella.
El silencio es instantáneo, y con él llega la calma. Entonces, de una forma que empieza sutil pero va haciéndose más cantosa a medida que avanza por el tumulto, las invitadas que tan desesperadamente habían estado pidiendo el ramo comienzan a ser empujadas por una fuerza imparable que se dirige directa hacia Beca y Chloe.
La morena, creyendo que es una mujer despechada que busca pelea, aprieta su agarre en la cintura de Chloe y las gira de forma que la pelirroja quede tras ella.
Pero, cuando las últimas invitadas desaparecen, descubren que es Amy la que se estaba abriendo paso a – literalmente – golpe de barriga. La australiana ve el ramo todavía enganchado entre sus cuerpos y todo su cuerpo se ilumina de alegría.
- ¡LO TIENE BLOE! – brama con toda la fuerza de sus pulmones, alzando las manos por encima de la cabeza.
Las Bellas responden a su grito como los perros a un silbido de su amo, y en un abrir y cerrar de ojos, las invitadas de boda han sido empujadas hacia atrás y Beca y Chloe están rodeadas por sus amigas, todas con enormes sonrisas.
- Sois las siguientes – anuncia Cynthia Rose con una sonrisa orgullosa.
Denise se asoma por encima de su hombro y corrobora sus palabras con un asentimiento. Todas las Bellas están asintiendo, en verdad, descubre Beca cuando gira la cabeza para mirar a sus amigas. Como Chloe se limita a reír despreocupadamente, la morena siente la necesidad de aclarar las cosas:
- Sabéis que eso es solo una tontería que se dice, ¿no? – dice, escéptica como siempre –. Igual que si ves un gato negro por la izquierda, tienes que tocar madera. O que, si pasas por debajo de una escalera, tienes siete años de mala suerte.
- Lo del gato es cierto – rebate Flo, que de momento se las ha apañado para evadir ser deportada utilizando su nombre falso y ha acudido a la boda con una desconcertante peluca rubia platino –. Mi hermano vio uno, y unos días más tarde tenía a todas las bandas de Guatemala intentando matarle. Tuvo que fingir su propia muerte y operarse la cara para cambiar su aspecto.
Se hace un tenso silencio durante el cual nadie sabe qué decir, como suele ser habitual cuando Flo o Lilly dicen alguna de sus típicas rarezas. Pero Stacie carraspea y suelta la cintura de Aubrey, que ha acudido a la boda como su cita – había habido muchos gritos de "¡lo sabía!", "te lo dije", y "pagadme lo que me debéis, morosas perdedoras" – para dar un paso adelante.
- Quizá sean tonterías, o quizá no – se encoge de hombros despreocupadamente –. No cambia el hecho de que lleváis años siendo un matrimonio – dibuja con el índice círculos en el aire en la dirección general en la que están ellas –, y ahora más que nunca.
- Amén – corean todas las Bellas.
- No os resistáis, tortolitos – les aconseja Amy la Gorda con voz mística –. Vais a vivir felices y comer lombrices juntas para el resto de la eternidad. Es inevitable.
- Eh, ¿Amy? – habla Emily, todavía con algo de timidez –. Se comen perdices, no lombrices.
- ¿Tú también lo has escuchado? Pensé que lo había imaginado – susurra Jessica notablemente aliviada por no ser la única.
- Eh, ¿Emily? – replica Amy, enseñando los dientes en una mueca de incomodidad –. No te ofendas, pero sigues siendo la persona más tonta del mundo. ¿Cómo van a comer perdices? Eso es algo así como... súper raro – su tono casi hace pensar que lo que ha dicho Emily es completamente ilógico, y si no fuera porque todas saben que la Heredera tiene razón, habrían creído que lo correcto es lo que dice la australiana.
Es el peligroso poder de Amy la Gorda.
- ¿Y comer lombrices no es raro? – rebate Emily, incrédula, a pesar de que Chloe, Stacie y Aubrey le están haciendo señales silenciosas para que no empiece una discusión inútil.
- Déjalo, Em – le aconseja Beca entre dientes con una sacudida de cabeza resignada.
- Mi bebida favorita es cóctel de seso de murciélago – musita Lilly de forma casi inaudible.
- Pues claro que no – continúa discutiendo Amy como si fuera obvio –. ¿Acaso nunca has ido a Euroarabia?
Cuando la Heredera vuelve a abrir la boca para corregir una vez más a la australiana, Beca y Chloe se mueven en tándem para cubrir su boca con sus manos e impedir que diga algo más que termine en una de las interminables, incorrectas e infumables lecciones de Amy.
- No merece la pena – susurra Chloe en el oído de la Heredera.
- Déjala a su bola – susurra Beca en su otro oído.
Aubrey le da un codazo a las costillas a Stacie, señalando la escena con la cabeza. La futura científica esboza una sonrisa maléfica y, cómo no, porque no podía faltar estando otra vez todas juntas, les saca una foto de la que ninguna de las tres es consciente.
Hasta que luego reciben a la vez la notificación en sus respectivos móviles.
El aca-matrimonio aconsejando a su aca-hija. Quién será el angelito y quién el diablillo ;) chlohuh bmitch47 Emily_Bella
HardonCatheryne: aca-adorable :*
Las tres alzan la vista de sus móviles y la fijan en la morena.
- ¡Stacie! – se quejan Beca y Emily a la vez.
- ¡Me encanta! – exclama Chloe, rápidamente dándole a like a la foto.
- Aca-matrimonio total – comenta Amy la Gorda en su intento de voz baja, que en realidad es el tono de voz normal de todo el mundo.
- Total – responden las demás Bellas en coro.
[Seis meses después del Mundial]
- ¡Ya estoy en casAAAAAHHH!
El saludo de Chloe se transforma en un grito de pura alegría, pero Beca no lo interpreta así porque segundos después aparece derrapando sobre sus calcetines en el pasillo. Choca contra la pared y la usa para darse impulso hasta detenerse con un resbalón frente a su novia, sus ojos volando sobre la pelirroja en busca de algo malo.
- ¿Qué ocurre? – pregunta, preocupada, al no encontrar nada.
- ¡Mira! – grita Chloe.
Su mano agita un grueso papel morado frente a las narices de Beca, y a la morena le llega una oleada de perfume que le hace marearse por lo fuerte que es. Agarra la muñeca inquieta de su novia para conseguir que pare de moverla y le quita el papel de las manos para inspeccionarlo.
Levanta la tapa y descubre algo escrito en el interior con una elaborada caligrafía dorada tan llena de rizos y tirabuzones, que cuesta entender lo que pone.
Tenemos el placer de invitarles a la unión en matrimonio de
Ronald "Bumper" Allen
Patricia "Amy la Gorda" Wilson
que se celebrará el próximo 20 de agosto en Tucson
- ¡Ja! – ríe Beca al descifrar el mensaje –. Con que nosotras éramos las siguientes, ¿eh?
Alza la vista de la invitación de boda para devolvérsela a Chloe, pero se queda congelada al ver lágrimas acumuladas en los ojos azul bebé de su novia. Entra en pánico, pensando que ha sido culpa de su comentario, y se lanza a intentar arreglar su metedura de pata.
- No… Si quieres… ¿Acaso quieres…? No pensé… – tartamudea, plenamente consciente de que no está diciendo nada más que palabras inconexas, pero incapaz de parar.
- ¡No! No lloro por eso – se apresura a tranquilizarle Chloe, y sus manos agarran las manos de la DJ con dulzura –. No son lágrimas tristes, son de alegría – aclara justo cuando una de las mencionadas lágrimas se desliza por su cara –. Es solo que… Me alegra tanto que dos personas como Bumper y Amy hayan encontrado el amor – llora, sorbiéndose la nariz.
- Oh, Chlo – ríe Beca con una tierna sacudida de cabeza.
Solo Chloe Beale lloraría de alegría al recibir una invitación de boda, porque solo Chloe Beale tiene un corazón tan grande y altruista latiendo dentro de su pecho.
Es una de las cosas que a Beca más le gusta de ella.
Acuna las mejillas de su novia, secando sus lágrimas con sus pulgares, y cubre sus labios de besos hasta que la pelirroja está tan ocupada riéndose y devolviéndoselos, que se olvida de llorar. Aunque sea de alegría.
[Once meses después del Mundial]
Abre los ojos y lo primero que ve es marrón.
Tiene una sensación de cosquillas en la nariz que no es capaz de quitarse solo por arrugarla, así que alza una mano y retira los pelos que están provocando esas cosquillas. Sabe que es pronto todavía por la escasa luz que se filtra bajo las oscuras cortinas de su habitación, y el cansancio que puede sentir en sus ojos y que le pesa en los párpados.
Deja escapar un largo suspiro y se estira sobre el colchón para hacer crujir todas y cada una de sus articulaciones. Entre sus brazos, Beca se adapta al cambio sin despertarse y Chloe puede volver a hundir su rostro en el hueco de su cuello una vez encuentra una nueva postura cómoda que no cause que se le duerma el brazo.
La lenta respiración de Beca y el silencio que reina en la habitación, combinado con el sueño que tiene, la arrullan como la nana de una madre hasta que sus párpados pesan tanto que no merece la pena seguir luchando por mantenerlos abiertos y se rinde a ellos.
Está a punto de quedarse dormida, en ese momento en el que ya no sientes tu cuerpo, cuando algo se enciende dentro de su cabeza y se da cuenta con un sobresalto de qué día es hoy. Sus ojos se abren de par en par, sus brazos se cierran con un poco más de fuerza alrededor de la durmiente figura de su novia, y sus labios se curvan solos en una somnolienta sonrisa de pura felicidad.
Hoy es su aniversario.
Hoy hace un año de aquella noche en que llevó a Beca a la piscina y la morena le confesó sus sentimientos. Hoy hace un año de aquella noche en que su relación de mejores amigas subió un escalón más y se convirtió en algo mil veces mejor de lo que jamás habría podido imaginar. Hoy hace un año de aquella noche en que comenzó la aventura más alocada, frustrante y maravillosa de su vida.
Beca se da la vuelta en su abrazo, hundiendo la cabeza en el hueco de su cuello, y musita un somnoliento "hhhmm". Deposita un suave beso, tan suave que Chloe habría pensado que se lo ha imaginado si la zona donde le han tocado los labios de Beca no estuviera repentinamente en llamas.
Suspira contra su piel y Chloe no reprime el escalofrío que recorre su cuerpo cuando el cálido aliento de su novia acaricia su piel desnuda.
- ¿Estás bien? – murmura la DJ, medio dormida.
Un año, y Beca sigue siendo la única persona que consigue volverle tan loca, en el mejor y el peor sentido de la expresión.
Un año, y Beca sigue siendo la única persona que su corazón anhela con tanta fuerza que a veces resulta hasta casi doloroso.
Un año, y al lado de Beca sigue siendo el único sitio en el que Chloe quiere estar.
Chloe aprieta su menudo cuerpo contra el suyo y deja escapar su propio suspiro satisfecho.
- Mejor que nunca – susurra de vuelta con una sonrisa.
FIN
N/A: Y se acabó lo que se daba.
Con 332 páginas de Word y un total de 181549 palabras, le pongo fin a mi pequeño bebé.
Ha sido un auténtico placer escribir esta historia, que comenzó de una forma y terminó creciendo mucho más de lo que tenía planeado. Y eso fue gracias a todos vosotros que me animabais a seguir escribiendo. Me he divertido muchísimo con las Bellas, y con todos vuestros comentarios. Ha sido un año académico muy duro, pero vosotros lo habéis hecho mucho más llevadero, y por eso os doy las gracias.
Espero veros por el resto de mis historias, porque este no es un adiós, sino un hasta pronto. Esto solo acaba de empezar ;)
Un abrazo enorme.
