Hola a todos, aquí les traigo nuevos capítulos de esta gran historia. Les agradezco mucho los comentarios que me dejaron. ¿Qué sucederá con Hyoga cuando se encuentre con Mascara de la Muerte? La respuesta esta en estos capítulos. Espero lo disfruten.
CAPITULO XXV.-
La casucha donde fue llevado era apenas un poco mayor que el que habían dejado, y tenía raros adornos en las paredes, pero apenas notó ese detalle, porque toda su atención se concretó en la figura central del lugar.
Mascara de la Muerte, descansaba su morena figura sobre una pila de almohadones, en un amplio diván teniendo a su lado un pequeño taburete incrustado en el que había café y detrás de él, de pie, inmóviles como si fueran de bronce, otros dos corpulentos guardias.
Hyoga se detuvo en la entrada, en la que Zeros se posiciono para hacer guardia, luego tomando una profunda respiración, con la cabeza erguida y paso elástico, atravesó pausadamente la puerta y se paró delante del jefe de la tribu Death Mask, mirándolo de frente con un gesto altanero en los labios y ojos insolentes, semicerrados.
Todos sus instintos se rebelaban contra la calma que él se había impuesto. Tenía ganas de gritar y de tratar de ganar la entrada que suponía estaba detrás de él o la otra puerta que estaba del otro lado, la cual recién había divisado y aprovechar la oscuridad exterior. Pero sabía que aún en el caso de que llegara al aire libre, nunca podría alejarse más de unos pasos de la casucha. Su mejor recurso era mantener ese aire arrogante, que era lo único que le impedía ceder a sus temores. Debía dar la impresión de intrepidez, aunque el miedo estuviera invadiendo su corazón. Detrás de una máscara de indiferencia sus ojos velados vigilaban atentamente al enemigo de su amor.
Este era, mayor que Ikki, con figura grande y ruda recostada entre cojines chillones, con rostro moreno y feroz, surcado por todas las marcas del vicio, labios gruesos y sensuales entreabiertos mostrando dientes amarillentos, ojos azules muy oscuros con una expresión de maldad tan bestial que el horror que le produjo le dejó bañado en un sudor frío. Su aspecto era de descuido, las ropas, de fino tejido, estaban llenas de manchas de sangre y arrugas, y las manos morenas extendidas sobre las rodillas parecían dos garras dispuestas a destrozar lo que tuviera delante. El sanguinario rostro se iluminó con un chispazo de satisfacción maliciosa al acercársele Hyoga, y en sus gruesos labios apareció una sonrisa perversa. Entonces, inclinando algo el cuerpo hacia adelante, lo descansó pesadamente en las manos que estaban sobre sus rodillas, y comenzó a estudiar al joven rubio con la mirada, hasta que sus ojos fueron a posarse en su rostro.
-Así que eres el nuevo juguete de mi "querido" Ikki de Fénix -dijo lentamente, con una repentina inflexión feroz al pronunciar el nombre de su enemigo-¡Ikki de Fénix! ¡Espero que se pudra el infierno!-agregó con rabia, escupiendo desdeñoso. Volvió a recostarse en los almohadones con un gruñido y bebió café ruidosamente.
Hyoga fijó sus ojos en él y se encontró inquieto cuando Mascara de la Muerte siguió recorriéndole incesantemente con sus ojos malignos, mientras una de sus manos jugueteaba con la empuñadura tallada de un puñal que llevaba en su cintura. Al fin al jefe Death Mask lo dominó la exasperación, e inclinándose de nuevo hacia adelante le hizo seña al rubio de que se acercara más. Hyoga vaciló, y en ese momento se oyó un rumor de una ligera disputa, y el hombre que intento envenenarle, eludiendo a Zeros que se había adelantado para contenerlo, se adentro en la casucha.
-¡Quítame las manos de encima maldito engendro!-grito Afrodita mientras se quitaba la mano de Zeros que lo sujetaba de uno de sus brazos.
-¿Afrodita, que demonios quieres?-pregunto Mascara de la Muerte, fastidiado por la presencia de su amante de turno.
-Solo quería estar presente para ver como le das las un "trato cordial" a tu nuevo "invitado"-respondió mirando siniestramente a Hyoga.
-Lo que vaya a darle o hacerle es cosa mía-contesto fastidiado-Tu solo molestas.
-¡¿Cómo que molesto?! ¡Eso no lo dijiste anoche en la cama!-exclamo Afrodita enfadado.
-Si hablamos de cama, tú ya me aburriste hace mucho-dijo Mascara de la Muerte con burla
-¡No! ¡Tú…tú no puedes remplazarme! ¡No te lo permitiré!-grito enojado
-¿Y que harás? ¿Matarás a tu competencia como lo hiciste con Shura?
El peliceleste se puso pálido al escuchar estas palabras.
-No…no se…de que hablas-tartamudeo.
-¿Creíste que no lo averiguaría? Uno de los guardias que puse a vigilarte te siguió y vio como lo mataste. ¿Sabes lo que sucede con los que me traicionan verdad?-dijo Mascara de la Muerte con crueldad.
-¡¡No!! ¡¡Por favor piedad!! ¡¡Piedad!!- Afrodita se arrojó a los pies de Mascara de la Muerte, aferrándose a sus rodillas con un ronco gemido.
Hyoga que había sido un silencioso testigo de la conversación, comprendió el significado del odio que le tenía Afrodita. Él era un rival, cuya llegada, para compartir los favores de su jefe, había despertado todos los celos en el favorito reinante. Una oleada de disgusto se mezcló al temor que le torturaba. Alzó la cabeza irritado, luchando contra el terror creciente, y por un momento cerró los ojos. Cuando volvió a mirar, Afrodita seguía acurrucado a los pies del jefe de los Death Mask, implorante y lloroso.
Mascara de la Muerte contempló con curiosidad a Afrodita, sus labios contraídos en una sonrisa malévola que dejaba al descubierto sus dientes amarillentos, y luego le apartó violentamente con una bofetada en la boca. Pero Afrodita se aferró más a él, con rostro desesperado brotándole de los labios un hilo de sangre.
Con un ronco gruñido que pareció el rugido sordo de una bestia salvaje, Mascara de la Muerte le tomó de la garganta y le sostuvo así un momento, mientras Afrodita agitaba las manos, impotente contra su férreo apretón. Luego lentamente sacó el largo puñal de su cintura y con la misma lentitud lo hundió en el pecho del peliceleste. Con indiferencia salvaje, antes de soltarlo, le corto una oreja de un rápido movimiento, la cual cayó en una de sus rodillas, luego limpió cuidadosamente el arma manchada de sangre en su ropa, y por último volvió a colocarla en su lugar, mientras arrojaba el cuerpo que rodó sobre la alfombra entre Hyoga y él.
Se produjo un silencio en la habitación y Hyoga notó cerca de él un ruido sordo y rítmico, parecido al tictac de un reloj grande, y se dio cuenta, con asombro, que era el latido de su corazón. Parecía haberse convertido en una estatua petrificada por el horror de los últimos momentos. Sus ojos no podían apartarse de la figura que yacía inmóvil en la alfombra delante suyo, con la herida abierta en el pecho y el orificio donde antes estuvo la oreja, de donde manaba sangre manchando las ropas oscuras de Afrodita y corriendo lentamente hasta la alfombra.
Hyoga estaba aturdido, no sabia que hacer, le parecía como si estuviera presenciando la escena de una película. Poso su mirada sobre el rostro de Afrodita. Tenía la boca abierta y los hilos de sangre se estaban secando, pero fueron los ojos desencajados, con expresión de agonía aún, los que hicieron despertar de repente a Hyoga, para comprender a plenitud lo que había sucedido y el peligro en que se encontraba.
Se sintió físicamente enfermo por un momento, pero se sobrepuso. Muy despacio fue levantando la cabeza y encontrando los ojos de Mascara de la Muerte fijos en él.
Hyoga lo miró de frente por encima del cadáver de Afrodita y... ¡se rió! Fue eso o un alarido. Los cabellos empapados en sudor se le pegaban a la frente y pensó si alguna vez se le aflojarían los dedos crispados. No debía hacer ningún signo, no debía gritar ni desmayarse, tenía que conservar el dominio de sí mismo hasta que llegara Ikki.
-¡Oh, dioses del Olimpo, mándenlo pronto!-pensó desesperadamente.
La risa vaciló histéricamente y se mordió el labio. Tenía que hacer algo que distrajera su atención de aquella horrible figura inmóvil a sus pies. Casi inconscientemente tomó la cigarrera que llevaba en el bolsillo y la sacó, apartando sus ojos del horrible espectáculo, y escogiendo un cigarrillo lo encendió lentamente, arrojó el fósforo prendido aún a la alfombra, entre los pies de Zeros que estaba cerca de él. Este no se había movido desde que no pudo impedir la entrada de Afrodita, y los dos guardias apostados detrás de los almohadones habían permanecido inmóviles, siguiendo apenas con su mirada la tragedia que se había desarrollado delante de ellos.
Mascara de la Muerte levanto la oreja de Afrodita que estaba sobre una de sus rodillas, la estudio con cuidado y ante el horror de Hyoga, lamió la sangre que lo manchaba dejándolo limpio.
-¡Oh, es una magnifica pieza para mi colección!-exclamo Mascara de la Muerte, sonriendo maniáticamente.
A una señal suya, Los dos corpulentos guardias avanzaron y se llevaron el cadáver de Afrodita, mientras Zeros esperaba pacientemente la orden de su jefe.
-Zeros, pon esto con mi colección-ordeno alegremente.
Este solo asintió con la cabeza y tomando la oreja se dirigió hacia la pared más cercana, donde lo clavo con una tachuela, luego se fue silenciosamente.
Mirando fijamente la pared, Hyoga comprendió de golpe que los extraños adornos que adornaban toda la habitación eran partes humanas, recuerdos de sus innumerables victimas.
